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jueves, 26 de diciembre de 2013

CAMINOS DE AHONDAMIENTO EN EL MISTERIO

   Son caminos que el ambiente social no propicia mucho, pero que si se está atento, tampoco son tan difíciles y ya los vamos experimentando desde hace años:
  • El camino del silencio deseado: no impuesto, sino deseado, buscado, personalizado. Navidad es buen tiempo para el silencio, porque el silencio fue el envoltorio encarnacional en los días de su nacimiento y sigue siendo ahora una puerta al Misterio.
  • El camino del compartir sencillo: no solamente la mesa, la liturgia, la oración, al fiesta. También la palabra: hablemos algo de la navidad como misterio de pobreza y alegría. Confiémonos nuestros itinerarios personales.
  • El camino de la cercanía al débil: al que le cuesta más celebrar por lo que sea, a quien está más frío, más solo, más despegado, a quien pasa ya de estas cosas porque las tiene sabidas. Estar ahí diciendo con sencillez y con pocas palabras que el misterio sigue siendo atrayente si lo mira con ojos vivos.
  • El camino de la Palabra rumiada: porque Navidad es tiempo bueno para rumiar la Palabra, la “carta de la Encarnación y del amor” que es la 1 Jn. Tiempo para hacer más sitio a la Palabra.
  • El comino de la contemplación creacional: porque aunque es invierno, la creación sigue siendo hermosa, la hermosa tierra que acogió a Jesús como nos acoge a nosotros. Mirar la tierra, tocarla, besarla, abrazarla, llamarla hermana y madre.
  • El camino de la música profunda: la sencilla música que puede ser nuestro canto y que se prepare mejor que en otras ocasiones. O la gran música que podemos escuchar en el tocadiscos: el Mesías de Händel, siempre hermoso o el “Oratorio de Navidad” de Bach, enorme como toda su música religiosa.
  • El camino de la sencillez que comparte: la de quien sabe celebrar y la de quien sabe compartir porque, a la vez que mira el Misterio, mira su prolongación en el misterio humilde la vida de quien anda en necesidad, como la anduvo Jesús y su familia.

   No hemos de temer acostumbrarnos a celebrar la Navidad “de otra manera”. No es menos disfrutante que la que nos quiere contagiar el hecho social. Tiene otros gozos, otros valores, otras sensaciones, otros escalofríos. Pero, a la larga, puede ser mucho más satisfactoria. Asomarse al Misterio es, de alguna manera, contagiarse del Misterio.

Fidel Aizpurúa, capuchino


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