jueves, 28 de mayo de 2026

VOLVAMOS A LO PEQUEÑO

Hace unos días, un grupo de compañeros hablábamos de que hemos pasado de la sociedad de las tiendas pequeñas a la de las grandes superficies. Yo he sido la primera que se quedó deslumbrada cuando pusieron en mi ciudad un macrocentro comercial de no sé cuántas tiendas de primeras marcas, con cines, bares, restaurantes, zona de juegos…Aquello fue como creer que la modernidad había llegado. Sin embargo, donde vivo ahora, me encanta pasear por la calle Santa Cecilia y pasar por delante de la frutería, la pescadería, la papelería, la tienda de las torrijas, la de las golosinas o la de los pequeños electrodomésticos. Y no te digo nada cuando me pierdo entre la gente: ir a la carnicería y escuchar a un anciano octogenario decir que cuando se pone la bata de casa, parece un viejo (que lo parece, dice), todo mientras compra pollo y croquetas, te enseña que los avatares de la vida pueden sobrellevarse con sentido del humor.

Abogo por volver a lo pequeño, contemplar la rutina con nuevos ojos, sumergirte en la cotidianidad de todo con agradecimiento por tanta belleza escondida en cada detalle, cada rincón, cada gesto, cada tarea.

Nos perdemos en las grandezas. Queremos tener cuantos más amigos, mejor; estar en los grandes eventos y figurar en los mejores lugares o puestos. Pero, lo cierto es que el “fogonazo de lo colosal” nos desconecta de una realidad mucho más de verdad, que nos une y nos hace sentirnos parte de algo: de un barrio, de una comunidad, de una hermandad, de una familia.

Entiendo que Dios pensó lo mismo cuando decidió encarnarse en una humilde familia de un pequeño pueblo llamado Nazaret. En su vida diaria descubrió Jesús quién es el Padre y lo contó a través de parábolas sencillas que hablaban de ovejas, semillas, viñedos, lámparas de aceite, levadura, del hijo que despilfarra el dinero de la familia y del comerciante que es atracado en un camino. En sus palabras latía la rutina y lo cotidiano, porque ahí está Dios. En las pequeñas cosas, con las pequeñas gentes. Bendito sea.

Almudena Colorado

martes, 26 de mayo de 2026

ORACIÓN COMUNITARIA, MAYO 2026

Haz clic en la imagen para acceder a la oración comunitaria para este mes.

domingo, 24 de mayo de 2026

PENTECOSTÉS

A los cincuenta días de la fiesta de Pascua celebramos Pentecostés. Uno de los domingos más importantes del año después de Pascua.

En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha, de la cebada. Más tarde se unió la celebración de la Alianza en el monte Sinaí. En la tradición cristiana lo celebramos como la conclusión del tiempo de Pascua. Podemos decir que la fiesta de Pentecostés es el segundo domingo más importante del año litúrgico, donde tratamos de vivir la relación que existe entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo, que marca el nacimiento de la Iglesia y que está dentro de nosotros mismos inspirando nuestra vida y ayudándonos a ser testigos de la realidad que nos toca vivir.

Tenemos la tentación de creer que las cosas del Espíritu, “lo espiritual”, es algo que afecta a nuestra interioridad y ayuda a “evadirnos” o desentendernos de la realidad en que vivimos, y sin embargo no es así. La Comisión para la Doctrina de Fe de la Conferencia Episcopal Española hace poco tiempo que ha escrito un pequeño documento, una nota, titulada “cor ad cor loquitur” (el corazón habla al corazón) insistiendo en que la vida espiritual y el encuentro con Dios afecta a la persona en todas sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva.

Hay quienes constatan que hay un renacer de la fe cristiana en la sociedad actual española. Están surgiendo nuevas iniciativas y movimientos suscitados por el Espíritu Santo que tienen que ver con el primer anuncio de la fe. La Iglesia reconoce y valora la creatividad de los mismos, pero advierte que la fe no se puede quedar en pura emoción. “Anima a recuperar los sentimientos e integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana”. Los mismos obispos nos recuerdan que “el verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y con el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y en servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de tocar la carne de los últimos, no estamos siendo fieles al Evangelio. El corazón cristiano “es un corazón que ve” dónde hay necesidad de amor y actúa en consecuencia” (n.33)

En el mes de mayo tiene un protagonismo especial la figura de María. También estuvo reunida con los apóstoles el día de Pentecostés. Ella es la primera creyente. Acogió el anuncio del Ángel y le dio su asentimiento. Creyó y se comprometió.

Tal y como se afirma en el Catecismo, los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos sostienen la vida del cristiano. Que nos ayuden a vivir de tal manera que podamos reconocer y hacer en nuestra vida la voluntad de Dios.

Benjamín Echeverría, capuchino

viernes, 22 de mayo de 2026

CUENTOS CON VALORES: EL COMPARTIR

La caja de los besos

Un padre de familia contaba a un amigo lo que había pasado con una hija suya cuando esta tenía tres años. Se había enfadado con ella porque había estropeado un papel dorado de envolver forrando y adornando una caja para colocar debajo del árbol de Navidad. Al día siguiente, la pequeña le entregó la caja diciendo:

- Toma, papá. Este es mi regalo.

Abrió la caja emocionado, y volvió a regañar a la niña al comprobar que estaba vacía:

- ¿No sabes que cuando se da a alguien un regalo debe haber algo dentro? ¿Cómo se te ocurre regalarme una caja vacía?

La niña, medio llorosa, replicó:

- Pero, papá, no está vacía. La llené de besos para ti.

El padre, emocionado, abrazó a la pequeña y le pidió perdón por no haber visto en la caja sus besos.

Aquel padre conservó muchos años aquella caja sobre su mesilla de noche. Cuando se encontraba descorazonado la abría y sacaba de ella un beso de su hija, que reanimaba su corazón.

martes, 19 de mayo de 2026

EL VERBO QUISO DE MÍ

Para no ser Dios apenas,
el Verbo quiso de mí
la carne que hace al Hombre.
Y yo Le dije que sí,
para no ser niña apenas.

Para no ser vida apenas,
el Verbo quiso de mí
la carne que hace la muerte.
Y yo Le dije que sí,
para no ser madre apenas.

Y para ser Vida Eterna,
el Verbo quiso de mí
la carne que resucita.
Y yo Le dije que sí
para no ser Tiempo apenas.

Pedro Casaldáliga

viernes, 15 de mayo de 2026

EL LEGADO DE FRANCISCO: PAZ

Un trabajo interior

Francisco fue un verdadero constructor de paz, no porque viviera lejos de conflictos, sino porque se atrevió a desarmar su propio interior. Comprendió que la violencia no nace de las armas, sino del miedo, del orgullo herido, de la necesidad de tener razón.

Su paz brotaba de la oración, de la escucha profunda, de un silencio que no huye, sino que ordena. Cuando el corazón encuentra su centro, pierde el deseo de imponerse, de herir, de competir.

Por eso Francisco podía acercarse al enemigo sin miedo, reconciliar a quienes peleaban, hablar con suavidad incluso cuando nadie lo escuchaba. La paz que él vivía era activa: buscaba puentes, no trincheras.

Hoy nos deja el desafío de trabajar la paz en lo cotidiano: en la familia, en las redes, en el aula, en la calle. Aprender a responder con calma, a no prender fuego con las palabras, a no alimentar rencores. La paz es una elección que se renueva cada día.
  • ¿Qué cosas me roban la paz interior?
  • ¿Qué actitud mía suele generar conflicto en los demás?
  • ¿Qué puedo hacer para ser sembrador de paz en un ambiente concreto (familia, estudios, redes, amistades…)?

jueves, 7 de mayo de 2026

AMOR INTELIGENTE

Cuando se habla de trabajar la dimensión solidaria, es necesario un trabajo lo más eficaz posible para responder mejor a la situación de las personas a las que se quiere ayudar. Para ello muchas organizaciones echan mano de distintos análisis que hacen diversas ciencias: sociología, psicología, economía, medicina… Hay que saber cómo está la situación de las personas más necesitadas y cómo poder ayudar más eficientemente, de modo que el esfuerzo que supone la ayuda llegue a más personas y de modos más ajustados a sus necesidades. Hay que trabajar inteligentemente.

Esta vertiente de la solidaridad tiene sus peligros. Podemos caer, sin darnos cuenta, en fríos análisis, una mera gestión de recursos y cuantificación de los resultados. Pero perderíamos algo esencial en la ayuda a las personas: la conciencia de que trabajamos para las personas y no pensando en la cuenta de resultados en una empresa de producción.

Por ello, el trabajo solidario conlleva otra dimensión esencial que es la caridad, el amor en sus diversas formas: cercanía, afecto, empatía, ternura… Las personas a las que se quiere ayudar son más que meros números, más que solo gestión, más que resultados cuantificables. Estas personas tienen historia propia e intransferible, tienen sus propios gozos y dolores, su pasado y su futuro, sus miedos y esperanzas. La solidaridad adquiere una mirada más profundamente humana que la ciencia.

Y esta otra vertiente también tiene el riesgo de ir deslizándose hacia un sentimentalismo asistencialista. Caeríamos, como ha sucedido en tantos casos, en un sentimiento muy intenso hacia los necesitados pero sin querer ver la realidad en toda su crudeza y complejidad.

La solidaridad pide inteligencia y gestión, sin duda. Y a su vez, cercanía y cariño hacia las personas a las que se quiere ayudar. Como dijo Benedicto XVI: “No existe la inteligencia y después el amor: existe el amor rico en inteligencia y la inteligencia llena de amor.” (CV30)

Carta de Asís, mayo 2026

martes, 5 de mayo de 2026

MARÍA, MODELO Y CAMINO HOY

«María se puso en camino y fue aprisa a la montaña…» María es activa en la ayuda a pesar de las dificultades, ¿y nosotros? ¿Nos ponemos en camino? ¿Estamos acomodados en nuestro espacio de confort? ¿Somos de esperar o somos activos en la ayuda, en la búsqueda? ¿Esperamos a que el prójimo a quien ayudar nos caiga llovido del cielo? ¿Si las cosas vienen o van, pasan o no pasan, nos dan igual? ¿Nos sacrificamos para subir la montaña? ¿Afrontamos las dificultades en el camino, en el trabajo, la familia, los amigos, los estudios, en la enfermedad, como María?

«Y María… lo meditaba en su corazón». ¿Y nosotros, dónde guardamos lo que nos ocurre y lo que pasa a nuestro alrededor? En una sociedad de likes, todo a un click y disponibilidad inmediata; ¿reflexionamos y discernimos sobre lo que nos ocurre? ¿Somos capaces de discernir lo que pasa en pleno mayo del siglo XXI, desde las guerras, la pobreza, la falta de vocaciones, el secularismo, paro juvenil, crisis de valores? ¿A dónde vamos como ser humano? El ser humano y la ciencia, la razón, el humanismo cristiano, la tecnología… ¿Mantenemos algún tipo de diálogo con Dios?

«Haced lo que él os diga…» María es modelo de seguimiento, fe y conocimiento de su Hijo. Ella está pendiente de los pequeños detalles que nos hacen felices:, el vino en Cana no es sólo un milagro, es una persona que se da cuenta de que lo pequeño, lo que pasa desapercibido nos hace felices y qué dejarse fiar de su Hijo es llenarse de felicidad eterna.

¿Y nosotros a quien oímos, a quien seguimos, en quien confiamos?

Esta son tres sencillas actitudes y aptitudes en María son igual de actuales para vivir nuestra vida. Tengamos a María como modelo y como guía en nuestro camino por la vida.

Pablo Serrano