jueves, 23 de abril de 2026

CUENTOS CON VALORES: LA AUSTERIDAD

Los tres dones

Cierta vez, un pobre hombre logró congraciarse con un dios que le ofreció tres dones, que tendría que pedir echando tres veces los dados.

El hombre volvió feliz a su casa y comunicó a su mujer la noticia de su dicha. Ella, llena de alegría, le dijo en seguida que echase los dados para pedir, primero, riquezas. El hombre repuso a esto:

- Los dos tenemos la nariz pequeña y fea, por lo que la gente se ríe de nosotros; pidamos primero una hermosa nariz aguileña, pues la riqueza no puede quitarnos tal deformidad.

Pero la mujer prefería obtener primero la riqueza y, tomándole la mano, contuvo la echada de los dados; él la retiró apresuradamente y en el mismo instante arrojó los dados exclamando:

- ¡Que tengamos bellas narices y nada más que narices!

El cuerpo se les cubrió, de inmediato, de muchas y hermosas narices, pero les resultaba un estorbo tan grande que convinieron en echar los dados por segunda vez para pedir su eliminación.

Así sucedió, mas, perdiendo sus propias narices, quedaron del todo desnarigados. De esa manera desperdiciaron dos dones y, completamente acongojados, no sabían qué hacer. No les quedaba más que un solo don para pedir. Habiendo perdido sus propias narices quedaban peor que antes. Ni en sueños imaginaron ese trance.

Deseaban tener una hermosa nariz, pero temían que se les interrogase acerca de semejante transformación y que los tomasen por dos grandes tontos, incapaces de remediarlo ni aun con la ayuda de las tres gracias. De manera que se pusieron de acuerdo y volvieron a echar los dados pidiendo nuevamente la misma fea y pequeña nariz de antes.

martes, 21 de abril de 2026

EL LEGADO DE FRANCISCO: FRATERNIDAD

Hacer espacio al otro

La fraternidad de Francisco no se apoyaba en simpatías ni afinidades. Era un compromiso profundo con la idea de que todos somos parte de una misma historia. Para él, cada persona tenía un lugar insustituible en el mundo, sin importar su origen, su carácter o su pasado.

Esta manera de entender la fraternidad lo llevó a convivir con hombres muy distintos entre sí, a escuchar incluso a quienes lo juzgaban y a acercarse a aquellos de quienes otros huían. Sabía que la fraternidad exige paciencia, perdón, humor y mucha humildad.

Francisco nos enseña que la fraternidad se construye con pasos pequeños: un gesto de acogida, una palabra que cura, una presencia que no abandona. Es acercarse al que está solo, tender la mano al que se equivoca y celebrar el bien del otro como propio.

Ser hermanos no siempre es fácil, pero es el camino que ensancha el corazón y sana el mundo desde dentro.
  • ¿Me cuesta hacer espacio en mi vida para personas distintas a mí? ¿Por qué?
  • ¿A quién estoy llamado hoy a acercarme con más paciencia o compasión?
  • ¿Qué gesto fraterno he recibido últimamente que me haya hecho bien?

jueves, 16 de abril de 2026

ACUÉRDATE DE JESUCRISTO

"Acuérdate de Jesucristo,
resucitado de entre los muertos..."
(Me acuerdo muy bien de Él.
A todas horas.
Me acuerdo de Él, buscándolo;
sintiéndome buscado
por Sus Ojos gloriosamente humanos).

"En Él nuestras penas..."
(La soledad innata, donde crezco
como un tallo de menta.
El complejo indecible que me envuelve
las raíces del alma más profundas,
abiertas solo a Dios, como al océano...
La durísima cruz de esta esperanza
donde cuelgo seguro y desgarrado.
La infinita ternura que me abrasa
como un viejo rescoldo
de montañas nativas.
La impaciencia sin citas y sin puertos ... ) .

"En Él nuestra Paz..."
(La Paz pedida siempre.
La Paz nunca lograda.
La extraña Paz divina que me lleva
como un barco crujiente y jubiloso.
La Paz que doy, sangrándome de ella,
como una densa leche).

"¡En Él la Esperanza y en Él la Salvación!"
(...Y entre tanto celebro Su Memoria,
a noche abierta, cada día...).

Pedro Casaldáliga

martes, 14 de abril de 2026

SANA SOSPECHA

Cuántas veces nos habremos sorprendido al descubrir las motivaciones verdaderas que nos han movido a la hora de tomar decisiones en la vida. Nunca hay una razón única que nos lleva a optar por esto o por lo otro. Siempre se dan una serie de justificaciones para decidir una cosa o la otra. No me comprometo en una relación con una persona porque quiero preservar mi libertad. Al tiempo, caigo en la cuenta que detrás de mi celo por mi independencia hay un miedo al compromiso, a ligarme a una persona. Así me hago consciente de mis dificultades de relación profundas. Las dos razones son verdaderas, pero la segunda tiene mayor incidencia en mí, aunque esté solapada.

La cuestión es ser conscientes de ello, ser sabedores de aquello que nos mueve en verdad. Y además de eso, caer en la cuenta del grado de influencia que tiene en nosotros cada uno de los motivos que entran en juego.

Por ello, solemos desarrollar una sana sospecha sobre las razones más fuertes que nos decimos a nosotros mismos a hora de tomar decisiones en la vida; no sea que detrás de ellas se escondan otras de mayor hondura e importancia y no las hayamos visto.

Esta sana sospecha la deberemos aplicar también, y sobre todo, en el terreno de las razones espirituales que nos mueven. Los actos de caridad pueden camuflar la búsqueda de buena autoimagen o de cierto paternalismo; con apariencia de corrección fraterna se puede estar tapando la animadversión hacia la otra persona; la entrega y cercanía en el acompañamiento la necesidad de cariño afectivo… Así podríamos seguir hasta el infinito.

La cuestión no es ir de puritanos, con la conciencia limpia de polvo y paja rayando el escrúpulo. Sino que se nos invita a vivir con humildad y lucidez las motivaciones que nos mueven en la vida, en las relaciones, en la fe... aplicando una sana sospecha. Dios no busca puros; sí humildes pecadores.

Carta de Asís, abril 2026

jueves, 9 de abril de 2026

CUANDO LA ESPERANZA SE NIEGA A MORIR

“El primer día de la semana, María la Magdalena fue al sepulcro al amanecer, cuando aún estaba oscuro, y vio la losa quitada del sepulcro” Jn 20,1. Hay momentos en la vida en los que todo parece haber llegado tarde; la fe, las respuestas o la luz. Caminamos con el corazón cansado, guiados más por la costumbre que por la esperanza, y aun así seguimos avanzando. No porque entendamos, sino porque amar nos empuja a no quedarnos quietos. Buscar cuando todavía está oscuro es, quizás, el acto más honesto de fe.

La experiencia de Dios casi nunca comienza con certezas espectaculares, sino con una ruptura silenciosa de lo esperado. Lo que parecía definitivo se mueve, y en ese desconcierto surge la pregunta decisiva, ¿y si la historia no terminó donde creíamos? Cada persona se acerca al misterio de modo distinto; unos observan desde lejos, otros se atreven a entrar. Pero ninguna búsqueda nacida del amor es inútil. La fe no es competencia ni prisa, es un camino donde cada paso sincero cuenta. Dios no siempre se impone con señales deslumbrantes, a veces se deja intuir en lo pequeño, en lo aparentemente frágil y en detalles que solo el corazón atento reconoce.

Creer no significa comprenderlo todo, sino aprender a mirar de otra manera. Es aceptar que no todo se explica, pero todo puede abrirse al sentido. La fe madura cuando dejamos de buscar solo lo que perdimos y empezamos a descubrir lo que está naciendo. Incluso las ausencias pueden ser fértiles. Porque cuando aún está oscuro, la esperanza ya trabaja en silencio, preparando una luz que todavía no vemos, pero que comienza a amanecer. Porque Dios no siempre se presenta como presencia evidente; a veces se revela como esperanza que se niega a morir, incluso cuando todavía está oscuro.

Saúl Marrero