jueves, 2 de abril de 2026

JUEVES SANTO: SERVIR CON BUENA CARA

El Jueves Santo es el día en que el servicio cristiano es el centro. Por eso leeremos a la tarde el hermoso relato del lavatorio de los pies.

Una primera cosa importante: pensamos y decimos que somos cristianos porque estamos bautizados, porque somos de un grupo franciscano, porque hemos hecho diversas catequesis, etc. Pero, según el evangelio, la identidad cristiana deriva del servicio. O sea: sirves, eres seguidor/a de Jesús; no sirves, tienes que trabajar más. Pretender ser cristiano sin servir es algo imposible.

Pero vamos a añadir un matiz que está implícito en el relato del lavatorio: hay que servir CON BUENA CARA. Porque servir con mala cara es destrozar el servicio mientras que hacerlo con buena cara indica que se hace con buen corazón. Cuando se sirve con buena cara es como si se dijera: es una gozada servirte, me alegra servirte, gracias por servirte. La buena cara le da un aire nuevo al servicio.

Por eso, el recordado Papa Francisco decía: «De vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos». Lee un par de veces esta frase porque merece la pena.

Y en la vida de san Francisco hay un episodio simpático: los ladrones de Montecasale bajaban del monte a pedir comida a los frailes. Francisco les dice a estos que tomen la cesta con alimentos y vayan al monte y que les sirvan “con buena cara”. Esto es lo que más les costaba a los frailes: servir a ladrones y encima con buena cara. Porque si se sirve con mala cara les estás diciendo, en el fondo, que no te quiero y que me revienta serviros.

Pon, pues, buena cara cuando sirvas. Recuerda en este día de Jueves Santo lo importante que es servir al hermano y lo necesario que es hacerlo de buena cara.

Piensa:
  • ¿Crees que servir es algo tan decisivo para la fe?
  • ¿Cómo es tu cara cuando sirves?
  • ¿Eres amable o áspero?

domingo, 29 de marzo de 2026

SER HERMANO EN EL TRIUNFO Y EN LA DERROTA

DOMINGO DE RAMOS

En el Domingo de Ramos, Jesús entra en Jerusalén entre cantos y palmas. Lo aclaman como Mesías, la multitud celebra y todo parece triunfo. Pero pocos días después, esas mismas voces callan… o gritan condena. Jesús no se deja engañar por los aplausos, sabe que el amor verdadero pasa por la cruz. No entra como rey poderoso, sino montado en un asno. Su camino no es el del éxito, sino el de la entrega.

Algo parecido ocurre con San Francisco de Asís. Tras su muerte, la Iglesia lo declara santo, se le honra, se le admira, se levantan templos en su nombre. Pero su mensaje más radical -la pobreza evangélica, la fraternidad sin fronteras, la simplicidad del Evangelio, la renovación profunda de la Iglesia y de la sociedad- muchas veces queda suavizado, ignorado o incluso olvidado.

Jesús fue aclamado… y crucificado. Francisco fue canonizado… y a menudo desactivado. Ambos nos recuerdan una verdad incómoda: Es fácil celebrar a los profetas, pero es mucho más difícil vivir lo que ellos vivieron.

El Domingo de Ramos nos confronta con una pregunta personal: ¿seguimos a Jesús solo cuando hay palmas, o también cuando llega la cruz? Porque el Reino no se construye con aplausos, sino con fidelidad. Y la santidad no consiste en ser recordados, sino en amar hasta el final.


jueves, 26 de marzo de 2026

CUENTOS CON VALORES: LA HONESTIDAD

La semilla de la verdad

En un pueblo lejano, el rey convocó a todos los jóvenes a una audiencia privada con él, en la cual les daría un importante mensaje. Muchos jóvenes asistieron, y el rey les dijo: Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros. Al cabo de seis meses deberéis traerme en una maceta la planta que haya crecido y la planta más bella ganará la mano de mi hija y, en consecuencia, el reino.

Así se hizo. Pasó el tiempo. Había un joven que plantó su semilla y esta no germinaba; mientras tanto, todos los demás jóvenes del reino no paraban de hablar y mostrar las hermosas plantas y flores que habían sembrado en sus macetas. Pasaron los seis meses y todos los jóvenes desfilaban hacia el castillo con hermosísimas y exóticas plantas.

El joven estaba demasiado triste, pues su semilla nunca germinó, y ni siquiera quería ir al palacio; pero su madre insistía en que debía ir, pues era un participante y debía estar allí.

Con la cabeza baja y muy avergonzado, desfiló el último hacia el palacio, con su maceta vacía. Todos los jóvenes hablaban de sus plantas y, al ver a nuestro amigo, prorrumpieron en risas y burlas. El alboroto fue interrumpido por la llegada del rey.

Todos hicieron sus reverencias, mientras el rey se paseaba entre las macetas admirando las plantas.

Finalizada la inspección hizo llamar a su hija y después llamó de entre todos al joven que llevó su maceta vacía; atónitos, todos esperaban la explicación de aquella acción. El rey dijo entonces: Este es el nuevo heredero del trono y se casará con mi hija, pues a todos ustedes se les dio una semilla infértil y todos trataron de engañarme plantando otras plantas; pero este joven tuvo el valor de presentarse y mostrar su maceta vacía, siendo sincero, leal y valiente, cualidades que un futuro rey debe tener y que mi hija merece.

PASCUA 2026

Este año volveremos a celebrar la Pascua en Urbasa con jóvenes de nuestras presencias capuchinas, del jueves día 2 hasta el domingo día 5 de abril. Compartiremos en este blog las reflexiones y algunos de los materiales que utilizaremos para aquellos que no podáis estar físicamente. Será una hermosa manera de conectar en la distancia. Hasta pronto.

martes, 24 de marzo de 2026

EL LEGADO DE FRANCISCO: EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

Escuchar el latido del mundo

Para Francisco, la creación no era un recurso útil ni un escenario bonito. Era una familia viva. Veía en cada criatura un destello del amor de Dios: el sol que calienta, el viento que acaricia, la luna que serena, los animales que enseñan. Su espiritualidad brotaba de la contemplación, de detenerse, de escuchar el latido de la vida que lo rodeaba.

Su respeto por la naturaleza no era un gesto romántico, sino una forma de relacionarse con el mundo desde la gratitud y la responsabilidad. Cuidar la creación era, para él, un acto de justicia y de amor. Reconocía que no somos dueños de la tierra, sino huéspedes que recibieron un regalo para custodiarlo.

Hoy, su legado es más urgente que nunca. Nos recuerda que cada gesto —reciclar, no desperdiciar, proteger, plantar, respetar— es un acto espiritual. Es mirar el mundo como él lo miraba: no como un objeto, sino como un hermano que merece cariño.

Preguntas para la reflexión personal
  •  ¿Qué parte de la naturaleza me hace sentir más conectado con Dios o conmigo mismo?
  • ¿Cómo trato, en el día a día, los recursos que uso?
  • ¿Qué pequeño gesto concreto podría hacer para cuidar mejor la creación?