jueves, 29 de octubre de 2026

EL ÚLTIMO POEMA DE FRANCISCO. PRIMERA PARTE

Francisco de Asís murió cantando. Así lo cuenta Tomás de Celano y así lo confirman, de maneras diversas, otras fuentes primitivas. Su muerte es la última estrofa de una vida plenamente dedicada al misterio de vivir. En este octavo centenario de su tránsito –y apenas un año después de haber celebrado los 800 años del Cántico de las Criaturas–, nuestro hermano Víctor Herrero nos propone releer esta muerte como se lee un poema: deteniéndose despacio en algunos detalles mínimos y, sin embargo, inagotables. El hábito prestado, la desnudez, la escucha del Evangelio, el pan partido, la llegada de la amiga y el vuelo insólito de las alondras componen, juntos, una de las páginas más hermosas y quizás menos leídas de la historia de la humanidad. Ofrecemos su reflexión en siete entradas mensuales.

Introducción.

Leer consiste en cosechar con los ojos”. Esta frase de Michel de Certeau, el jesuita francés que dedicó buena parte de su vida a estudiar el fenómeno místico, encierra una verdad sencilla y honda a la vez: dentro de un texto hay siempre un fruto que viene hacia nosotros. Antes de la cosecha hubo una espiga y, antes de la espiga, una siembra. Lo que ahora se recibe –el alimento, la palabra, el sentido– ha sido precedido por el trabajo silencioso de alguien que abonó la tierra y la cuidó. Leer, entonces, como todo lo que importa, es en el fondo un modo de agradecer.

El año pasado, 2025, se cumplieron ochocientos años de la composición del Cántico de las Criaturas, y ese aniversario trajo consigo un regalo continuo: la ocasión de detenerse, una y otra vez, en lo que ese poema dice todavía. Nada hacía prever que 2026 prolongara el don. Y, sin embargo, en el octavo centenario del tránsito de Francisco, vemos abierta la posibilidad de contemplar la muerte del santo –el tránsito del Poverello– no como un hecho biográfico sellado en el tiempo, no como algo que sucedió únicamente a la persona histórica de Francisco de Asís, sino como otro cántico, otro poema, otra cosecha infinita.

Tomás de Celano, el primero en escribir la vida de Francisco y en narrar su muerte, dejó unas palabras que sostienen por sí solas todo lo que sigue: al morir, Francisco “mortem cantando suscepit”, abre las manos, se convierte él mismo en mano abierta, y recibe a la muerte cantando. Su muerte es vida convertida en canción. Lo que sigue es un acercamiento, urdido con la delicadeza y la gratitud que el asunto exige, a algunos de los textos antiguos que narran esa muerte y que, al narrarla, entonan la verdadera melodía de la vida del santo. Acercarse a páginas de hace casi ochocientos años puede ser, también hoy, un modo de descubrir y aceptar la música viva de una existencia entera. A comienzos de este siglo, el poeta español José Hierro escribió que la poesía consiste en sanar, con palabras antiguas, heridas de ahora. Algo que duele hoy recibe, desde el tiempo remoto, el bálsamo de una bondad que alivia: el lenitivo del lenguaje. Ojalá lo que sigue alcance a curar también algo de lo que, en lo profundo, nos sigue doliendo a cada uno.

Son seis los momentos que componen este ‘Pliego’, seis detalles que los textos biográficos de Francisco ofrecen sobre su muerte. Pequeños, casi minúsculos, y sin embargo de un alcance casi sin fin, como el objetivo de un telescopio que, apuntando a un solo punto del cielo, descubre la galaxia entera. Detrás de una palabra hay otra, detrás de un gesto, otro, y detrás del hombre Francisco de Asís estamos cada uno de nosotros, en el ejercicio gozoso de vivir agradeciendo.

No se trata de reconstruir una crónica ni de fijar, con pretensiones de exactitud histórica, la sucesión precisa de aquella tarde de octubre de 1226 en Asís. Los biógrafos medievales no escriben como notarios que levantan acta de un fallecimiento; son discípulos que, releyendo lo sucedido, descubren en cada gesto una teología entera. Por eso cada uno de estos seis momentos admite dos lecturas: una, como el relato de lo que un hombre concreto hizo una tarde precisa de octubre; otra, como una clave que entrega, en su desnudez, la gramática de una vida rendida a Dios y a los hermanos. Ambas lecturas, lejos de estorbarse, se necesitan y se iluminan con reciprocidad.

Víctor Herrero, capuchino

Alegoría del octavo centenario de la muerte de San Francisco de Asís. Isaura Marcos

martes, 27 de octubre de 2026

ESPÍRITU DE ASÍS 2026: RESPETO AL DIFERENTE

En esta celebración del Espíritu de Asís, acogemos su lema «Respeto al diferente» como una llamada urgente, especialmente en medio de la creciente polarización que atraviesa nuestra sociedad y a la cual hizo alusión el papa León a lo largo de su viaje apostólico en Junio a España. Él nos recuerda que el diálogo forma parte de la vocación más profunda del ser humano y que toda convivencia verdaderamente justa nace del reconocimiento de la dignidad inviolable de cada persona, sin excepción.

San Francisco comprendió esta verdad con una claridad “desarmante”. En su enseñanza sobre el hermano perfecto nos muestra que cada ser humano posee un valor interior que no depende de méritos, apariencias ni posiciones. Su vida fue un testimonio constante de respeto hacia el diferente, de apertura confiada al otro y de búsqueda de la fraternidad universal

Por eso, en esta celebración queremos pedir el don de ese espíritu: que el diálogo venza la desconfianza, que la dignidad humana inspire nuestras decisiones y que aprendamos a mirar al otro —al diferente— como hermano. Que el Señor nos conceda caminar siempre movidos por la fuerza de la paz y del amor que Él nos regala.

viernes, 23 de octubre de 2026

CUENTOS CON VALORES: EL RESPETO

La memoria

Un hombre de cierta edad fue a una clínica para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa y, mientras se curaba, el médico le preguntó qué era eso tan urgente que tenía que hacer.

El anciano le dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer, que vivía allí. Llevaba algún tiempo en ese lugar y tenía un Alzheimer muy avanzado. Mientras le acababa de vendar la herida, el doctor le preguntó si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

- No -respondió-. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

- Entonces -preguntó el médico-, si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

El anciano sonrió y dijo:

- Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.

jueves, 15 de octubre de 2026

NO TIENEN VINO

La verdad es que no tenemos vino.
Nos sobran las tinajas, y la fiesta
se enturbia para todos, porque el sino
es común y la sola sala es ésta.

Nos falta la alegría compartida.
Rotas las alas, sueltos los chacales,
hemos cegado el curso de la vida
entre los varios pueblos comensales.

¡Sangre nuestra y de Dios, vino completo,
embriáganos de Ti para este reto
de ser iguales en la alteridad.

Uva pisada en nuestra dura historia,
vino final bebido a plena gloria
en la bodega de la Trinidad!

Pedro Casaldáliga