martes, 2 de junio de 2026

MES DE JESÚS

Hemos terminado el mes de mayo, el mes de María, y nos adentramos en junio, el mes de Jesús. Dos de las fiestas importantes en la tradición católica nos lo recuerdan: el Sagrado Corazón y el Corpus. Las dos nos hablan del amor incondicional de Cristo, que ama y ser entrega por nosotros sin límites. En muchos de nuestros pueblos y ciudades se celebran estos días de forma especial. Es una llamada de atención para que la devoción no se quede en un acto de piedad personal sin más, sino que tenga una dimensión comunitaria: para que otras personas tengan esperanza a la hora de afrontar sus días y se renueven el amor sin límites de nuestro Dios.

En la última encíclica que escribió el papa Francisco, “Dilexit nos”, animaba a volver al corazón. En este mundo “es necesario hablar nuevamente del corazón, apuntar hacia allí donde cada persona hace su síntesis; allí donde los seres concretos tienen la fuente y la raíz de todas sus demás potencias, convicciones, pasiones, elecciones… porque en la sociedad actual el ser humano tiene el riesgo de perder el centro de sí mismo”.

Pasadas estas fiestas nos llega la de san Antonio de Padua, a quien tenemos una devoción especial. San Antonio nos lleva a los primeros años de la creación de la familia franciscana, pues pertenece a aquella primera generación de hombres que quisieron formar parte del movimiento espiritual creado por Francisco de Asís. Este año estamos celebrando el 800 aniversario de su muerte.

San Antonio contribuyó mucho al desarrollo de la espiritualidad franciscana. Tenía un buen conocimiento bíblico y teológico que utilizó en su enseñanza y su predicación. Aunque en un año lo proclamaron santo, muchos años después, en 1946, el papa Pío XII lo proclamó doctor de la Iglesia dándole el título de “Doctor evangélico”, pues en sus sermones que dejó escritos ponía de manifiesto la belleza del Evangelio.

San Antonio escribió que “la caridad es el alma de la fe, hace que esté viva; sin el amor, la fe muere”. El amor siempre se orienta hacia el otro. Ayuda a dejar la propia realidad y va al encuentro de lo diferente, estableciendo una relación de acogida, cordialidad y amistad. El amor es tan central, que quien lo tiene, lo tiene todo. Por eso Jesús en el evangelio da tal importancia al amor al otro, que es idéntico al amor a Dios.

Nuestra fe cristiana afirma que Dios nos salva por amor. También nosotros reconocemos que es el amor esa fuente de energía nos ayuda y puede “salvar” a otros, porque convierte a quienes están o sentimos distantes en próximos y a los próximos en hermanos y hermanas.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 28 de mayo de 2026

VOLVAMOS A LO PEQUEÑO

Hace unos días, un grupo de compañeros hablábamos de que hemos pasado de la sociedad de las tiendas pequeñas a la de las grandes superficies. Yo he sido la primera que se quedó deslumbrada cuando pusieron en mi ciudad un macrocentro comercial de no sé cuántas tiendas de primeras marcas, con cines, bares, restaurantes, zona de juegos…Aquello fue como creer que la modernidad había llegado. Sin embargo, donde vivo ahora, me encanta pasear por la calle Santa Cecilia y pasar por delante de la frutería, la pescadería, la papelería, la tienda de las torrijas, la de las golosinas o la de los pequeños electrodomésticos. Y no te digo nada cuando me pierdo entre la gente: ir a la carnicería y escuchar a un anciano octogenario decir que cuando se pone la bata de casa, parece un viejo (que lo parece, dice), todo mientras compra pollo y croquetas, te enseña que los avatares de la vida pueden sobrellevarse con sentido del humor.

Abogo por volver a lo pequeño, contemplar la rutina con nuevos ojos, sumergirte en la cotidianidad de todo con agradecimiento por tanta belleza escondida en cada detalle, cada rincón, cada gesto, cada tarea.

Nos perdemos en las grandezas. Queremos tener cuantos más amigos, mejor; estar en los grandes eventos y figurar en los mejores lugares o puestos. Pero, lo cierto es que el “fogonazo de lo colosal” nos desconecta de una realidad mucho más de verdad, que nos une y nos hace sentirnos parte de algo: de un barrio, de una comunidad, de una hermandad, de una familia.

Entiendo que Dios pensó lo mismo cuando decidió encarnarse en una humilde familia de un pequeño pueblo llamado Nazaret. En su vida diaria descubrió Jesús quién es el Padre y lo contó a través de parábolas sencillas que hablaban de ovejas, semillas, viñedos, lámparas de aceite, levadura, del hijo que despilfarra el dinero de la familia y del comerciante que es atracado en un camino. En sus palabras latía la rutina y lo cotidiano, porque ahí está Dios. En las pequeñas cosas, con las pequeñas gentes. Bendito sea.

Almudena Colorado

martes, 26 de mayo de 2026

ORACIÓN COMUNITARIA, MAYO 2026

Haz clic en la imagen para acceder a la oración comunitaria para este mes.

domingo, 24 de mayo de 2026

PENTECOSTÉS

A los cincuenta días de la fiesta de Pascua celebramos Pentecostés. Uno de los domingos más importantes del año después de Pascua.

En el Antiguo Testamento era la fiesta de la cosecha, de la cebada. Más tarde se unió la celebración de la Alianza en el monte Sinaí. En la tradición cristiana lo celebramos como la conclusión del tiempo de Pascua. Podemos decir que la fiesta de Pentecostés es el segundo domingo más importante del año litúrgico, donde tratamos de vivir la relación que existe entre la Resurrección de Cristo, su Ascensión y la venida del Espíritu Santo, que marca el nacimiento de la Iglesia y que está dentro de nosotros mismos inspirando nuestra vida y ayudándonos a ser testigos de la realidad que nos toca vivir.

Tenemos la tentación de creer que las cosas del Espíritu, “lo espiritual”, es algo que afecta a nuestra interioridad y ayuda a “evadirnos” o desentendernos de la realidad en que vivimos, y sin embargo no es así. La Comisión para la Doctrina de Fe de la Conferencia Episcopal Española hace poco tiempo que ha escrito un pequeño documento, una nota, titulada “cor ad cor loquitur” (el corazón habla al corazón) insistiendo en que la vida espiritual y el encuentro con Dios afecta a la persona en todas sus dimensiones: afectiva, intelectual y volitiva.

Hay quienes constatan que hay un renacer de la fe cristiana en la sociedad actual española. Están surgiendo nuevas iniciativas y movimientos suscitados por el Espíritu Santo que tienen que ver con el primer anuncio de la fe. La Iglesia reconoce y valora la creatividad de los mismos, pero advierte que la fe no se puede quedar en pura emoción. “Anima a recuperar los sentimientos e integrarlos, sin menoscabo de la razón, en la vida cristiana”. Los mismos obispos nos recuerdan que “el verdadero encuentro con Cristo no solo transforma la interioridad del creyente, sino que lo impulsa al compromiso concreto con la Iglesia y con el mundo. La fe no puede quedarse en una experiencia meramente emocional, sino que se traduce en la caridad hacia los más pobres, en el testimonio y en servicio que transfiguran el mundo haciendo presentes en él los valores del Reino. Si no somos capaces de tocar la carne de los últimos, no estamos siendo fieles al Evangelio. El corazón cristiano “es un corazón que ve” dónde hay necesidad de amor y actúa en consecuencia” (n.33)

En el mes de mayo tiene un protagonismo especial la figura de María. También estuvo reunida con los apóstoles el día de Pentecostés. Ella es la primera creyente. Acogió el anuncio del Ángel y le dio su asentimiento. Creyó y se comprometió.

Tal y como se afirma en el Catecismo, los dones del Espíritu Santo son siete: sabiduría, entendimiento, consejo, fortaleza, ciencia, piedad y temor de Dios. Estos sostienen la vida del cristiano. Que nos ayuden a vivir de tal manera que podamos reconocer y hacer en nuestra vida la voluntad de Dios.

Benjamín Echeverría, capuchino

viernes, 22 de mayo de 2026

CUENTOS CON VALORES: EL COMPARTIR

La caja de los besos

Un padre de familia contaba a un amigo lo que había pasado con una hija suya cuando esta tenía tres años. Se había enfadado con ella porque había estropeado un papel dorado de envolver forrando y adornando una caja para colocar debajo del árbol de Navidad. Al día siguiente, la pequeña le entregó la caja diciendo:

- Toma, papá. Este es mi regalo.

Abrió la caja emocionado, y volvió a regañar a la niña al comprobar que estaba vacía:

- ¿No sabes que cuando se da a alguien un regalo debe haber algo dentro? ¿Cómo se te ocurre regalarme una caja vacía?

La niña, medio llorosa, replicó:

- Pero, papá, no está vacía. La llené de besos para ti.

El padre, emocionado, abrazó a la pequeña y le pidió perdón por no haber visto en la caja sus besos.

Aquel padre conservó muchos años aquella caja sobre su mesilla de noche. Cuando se encontraba descorazonado la abría y sacaba de ella un beso de su hija, que reanimaba su corazón.