martes, 7 de abril de 2026

PASCUA: ES EL COMIENZO

Alguien escribió que “la Pascua y la primavera siempre han tenido mucho que ver. La Pascua es el -primer verdor- de la vida en la primavera. Desde hace diez mil años, los agricultores y los pastores lo han celebrado. El cereal crecía en los campos, los corderos corrían en los prados, la vida volvía, poderosa y bella. Todo era regalo bueno del Cielo y de la Tierra, de Dios o del Misterio, y había que agradecerlo”.

Esa experiencia que surge desde el agradecimiento y que es continuamente reinterpretada, es la que siempre impulsa a la Iglesia a seguir adelante. Tenemos la certeza de que Jesús, después de padecer y morir, fue resucitado, permanece con nosotros de un modo nuevo y nos acompañará a través de su Espíritu, de su fuerza. Con la Resurrección de Jesús comenzó un tiempo nuevo para la Iglesia. Es nuestro tiempo, en el que Jesús Resucitado nos hace testigos y nos bendice. Ahora es el tiempo de ser sus testigos, de vivir “a su modo”, de dar testimonio de Cristo, de su persona, su vida…

Este tiempo pascual nos invita a replantearnos nuestra fe. La Palabra de Dios nos presentará todos esos relatos de apariciones de Jesús a los suyos para recordarnos que el encuentro con Cristo acontece y se desarrolla en la vida cotidiana, en el día a día de nuestros quehaceres. Lo cual significa que la resurrección debe vivirse en el presente que nos toca vivir. Por eso en las apariciones pascuales tienen gran importancia las comidas donde el pan se parte, se reparte y se comparte, todo se pone en común y se presta servicio a los más necesitados, a quienes se encuentran en dificultad.

Estamos siendo testigos del tremendo sufrimiento y dolor causado a tantos miles de personas en guerras prolongadas, en fronteras cerradas, en pobreza y desolación. Es aquí, en medio de nuestra realidad cotidiana, en la que somos llamados a dar un testimonio de Esperanza y de Amor sin medida. El Resucitado se hace también presente en el trabajo que, con espíritu de solidaridad, realizan los discípulos y discípulas de manera sencilla. Es la experiencia de la Resurrección de Jesús la que posibilita a los discípulos seguir adelante. Él no nos deja solos.

La Pascua es también el tiempo de la confianza. Tiempo que, como creyentes ha de producir en nosotros una paz profunda, una confianza cada vez mayor, el sentimiento de que Él está en mi vida, de que estamos en buenas manos, a pesar de todas las desagradables experiencias de la vida. Recordando la canción de Amaral, “es nuestro tiempo tan extraño y violento. Parece que es el fin y solo es el comienzo”. Para los cristianos, el comienzo que todo lo hace nuevo.

Feliz Pascua de Resurrección.

Benjamín Echeverría, capuchino

domingo, 5 de abril de 2026

DOMINGO DE PASCUA: AL FINAL, HERMANOS

El lema de este curso es: “Al final, hermano”. Hoy nos permitimos añadir una “s”. “Al final, hermanos”. Sí, ese es el final de toda nuestra actividad cristiana y franciscana: dar a luz a la fraternidad, hacer nacer la buena relación. Ese era el gran sueño de Jesús.

Cuando el evangelio de Juan narra la resurrección de Jesús pone en boca de Jesús esta frase que dirige a la Magdalena: «Ve a decir a mis hermanos: ‘Subo a mi Padre que es vuestro Padre, a mi Dios que es vuestro Dios’». Es la única vez en que se llama a los discípulos “hermanos”. La resurrección es la fuerza que nos hace hermanos, familia, Por eso, porque somos hermanos y familia, el Padre de Jesús es Padre nuestro y el Dios de Jesús es el Dios nuestro. El Padre, Jesús y nosotros somos familia.

Por muchos caminos se nos va haciendo hermanos porque el misterio de la fraternidad tiene muchas puertas. Una de ellas es la ternura: los lazos de fraternidad y de familia se hacen fuerte por la ternura, Esto hace que mantengamos siempre vivo el deseo de caminar con otros.

Por eso Francisco solía exclamar lleno de alegría y posiblemente de ternura: «¡Qué suerte tan enorme es tener en el cielo uno como Jesús agradable, humilde, pacífico, dulce y amable y más que todas las cosas deseable!». Ese Jesús que celebramos en la Pascua es el que va confirmando nuestro grupo fraterno.

Hoy es un día para sentirse envuelto por la ternura y la fraternidad. Con la resurrección de Jesús celebramos el triunfo de Jesús, nuestro hermano, y el regalo enorme de nuestra fraternidad. Porque, por muchos y diversos que sean nuestros caminos, al final, hermanos. ¡Feliz Pascua de Resurrección, Pascua de ternura y fraternidad!

Piensa:
  • ¿Dí a tu manera la alegría que te da el ser fraternidad?
  • ¿Por qué nos cuesta tanto llegar a ser hermanos?
  • ¿Qué estás dispuesto/a dar para crear fraternidad?

viernes, 3 de abril de 2026

VIERNES SANTO: MIRAR CON TERNURA

Hay quien piensa que la ternura es poner cara de cordero degollado y que es cosa de gente débil. Pues no: la ternura es un valor de fuertes. Hace falta mucha fortaleza y mucho dominio de sí para vivir en la ternura.

Y podemos decir algo sin exageraciones: en Viernes Santo leemos y recordamos la Pasión de Jesús. Pues bien: si no pones ahí una buena dosis de ternura no entenderás nada. Y eso porque cómo vamos a entender algo de la entrega de Jesús sin caer en la cuenta de la ternura que había en su corazón. Posiblemente nunca hayamos pensado en Jesús como una persona tierna y empática. Pero sin esa clase de valores lo de Jesús resulta frío y rutinario, algo que no calienta el corazón.

Vivir en ternura supone cosas como éstas: percibir que hay en el mundo otros además de ti mismo, ponerse en la situación del más débil, intentar entender que los sufrimientos ajenos te conciernen. No me digas que no son estas cosas de gran calado y que tocan el fondo de la persona.

Tiene san Francisco una “Carta a un ministro”, a un superior, donde le dice: «que no haya en el mundo ningún hermano que, habiendo pecado todo lo que se pudiera pecar, se aleja jamás de ti después de haber visto tus ojos, sin tu misericordia». Eso resulta imposible sin la ternura.

Hoy habría que mirar todo con una mirada de ternura para descubrir el deseo de felicidad que anida en los pliegues del alma. Cuando mires la cruz de Jesús, mírala con ternura. Cuando mires la cara de tu hermano/a hazlo con ternura. Cuando leas los acontecimientos del día, pon una pizca de ternura. Verás cómo cambia todo. Hoy, día de Viernes Santo, día para mirar con ternura. No te penará.

Piensa:
  • ¿Crees que es tan importante la ternura para la vida y para la fe?
  • ¿Qué es mirar con ternura al otro?
  • Di una situación en la que, a tu juicio, es necesario hoy poner ternura.

jueves, 2 de abril de 2026

JUEVES SANTO: SERVIR CON BUENA CARA

El Jueves Santo es el día en que el servicio cristiano es el centro. Por eso leeremos a la tarde el hermoso relato del lavatorio de los pies.

Una primera cosa importante: pensamos y decimos que somos cristianos porque estamos bautizados, porque somos de un grupo franciscano, porque hemos hecho diversas catequesis, etc. Pero, según el evangelio, la identidad cristiana deriva del servicio. O sea: sirves, eres seguidor/a de Jesús; no sirves, tienes que trabajar más. Pretender ser cristiano sin servir es algo imposible.

Pero vamos a añadir un matiz que está implícito en el relato del lavatorio: hay que servir CON BUENA CARA. Porque servir con mala cara es destrozar el servicio mientras que hacerlo con buena cara indica que se hace con buen corazón. Cuando se sirve con buena cara es como si se dijera: es una gozada servirte, me alegra servirte, gracias por servirte. La buena cara le da un aire nuevo al servicio.

Por eso, el recordado Papa Francisco decía: «De vez en cuando aparece el milagro de una persona amable, que deja a un lado sus ansiedades y urgencias para prestar atención, para regalar una sonrisa, para decir una palabra que estimule, para posibilitar un espacio de escucha en medio de tanta indiferencia. Este esfuerzo, vivido cada día, es capaz de crear esa convivencia sana que vence las incomprensiones y previene los conflictos». Lee un par de veces esta frase porque merece la pena.

Y en la vida de san Francisco hay un episodio simpático: los ladrones de Montecasale bajaban del monte a pedir comida a los frailes. Francisco les dice a estos que tomen la cesta con alimentos y vayan al monte y que les sirvan “con buena cara”. Esto es lo que más les costaba a los frailes: servir a ladrones y encima con buena cara. Porque si se sirve con mala cara les estás diciendo, en el fondo, que no te quiero y que me revienta serviros.

Pon, pues, buena cara cuando sirvas. Recuerda en este día de Jueves Santo lo importante que es servir al hermano y lo necesario que es hacerlo de buena cara.

Piensa:
  • ¿Crees que servir es algo tan decisivo para la fe?
  • ¿Cómo es tu cara cuando sirves?
  • ¿Eres amable o áspero?

domingo, 29 de marzo de 2026

SER HERMANO EN EL TRIUNFO Y EN LA DERROTA

DOMINGO DE RAMOS

En el Domingo de Ramos, Jesús entra en Jerusalén entre cantos y palmas. Lo aclaman como Mesías, la multitud celebra y todo parece triunfo. Pero pocos días después, esas mismas voces callan… o gritan condena. Jesús no se deja engañar por los aplausos, sabe que el amor verdadero pasa por la cruz. No entra como rey poderoso, sino montado en un asno. Su camino no es el del éxito, sino el de la entrega.

Algo parecido ocurre con San Francisco de Asís. Tras su muerte, la Iglesia lo declara santo, se le honra, se le admira, se levantan templos en su nombre. Pero su mensaje más radical -la pobreza evangélica, la fraternidad sin fronteras, la simplicidad del Evangelio, la renovación profunda de la Iglesia y de la sociedad- muchas veces queda suavizado, ignorado o incluso olvidado.

Jesús fue aclamado… y crucificado. Francisco fue canonizado… y a menudo desactivado. Ambos nos recuerdan una verdad incómoda: Es fácil celebrar a los profetas, pero es mucho más difícil vivir lo que ellos vivieron.

El Domingo de Ramos nos confronta con una pregunta personal: ¿seguimos a Jesús solo cuando hay palmas, o también cuando llega la cruz? Porque el Reino no se construye con aplausos, sino con fidelidad. Y la santidad no consiste en ser recordados, sino en amar hasta el final.