lunes, 13 de noviembre de 2017

DÍA MUNDIAL DE LA AMABILIDAD

El Día Mundial de la Amabilidad se celebra todos los años el 13 de noviembre con el propósito de hacer un llamamiento para ser felices y contribuir a la felicidad de todas las personas a nuestro alrededor. Este día se originó en los años 60 como respuesta a los altercados violentos entre estudiantes y policías en la universidad de Tokio; y a partir de 1997 fue promovida por la World Kindness Movement de Tokio con la idea de dedicar un día a la amabilidad. Su presidente pensaba que, si cada uno tenía una pequeña atención diaria con los demás, la amabilidad acabaría por llenar el campus, la ciudad y el país. A lo largo de los años, más países se han unido a esta iniciativa que valora la importancia de la amabilidad a nivel mundial. También llamado Día de la Bondad, este movimiento la define como una actitud y una forma de relacionarse con los demás y establece que las personas amables son:
  1. Empáticas: que significa que intentan comprender lo que motiva la actitud de los demás.
  2. Modestas: al no presumir de sus éxitos ante los demás.
  3. Pacientes: para no enfadarse frente a las acciones de los que los rodean.
  4. Generosas: al ofrecer su tiempo y comprensión.
  5. Respetuosas: escuchando sin juzgar.

jueves, 9 de noviembre de 2017

FRAGILIDAD Y FELICIDAD

A menudo suelo ir a pasear a orillas del río Pisuerga. El otro día mientras disfrutaba del camino vi una escena muy expresiva. Un señor anciano intentaba caminar ayudado por otro más joven, que yo interpreté que era su hijo. El mayor no se sostenía, iba arrastrando las piernas con la boca abierta y con un babero que le cubría todo el pecho. El más joven no sólo le mantenía en equilibrio sino que le cargaba y hacía toda la fuerza necesaria para el movimiento. La fragilidad de la escena era máxima.

Esa situación me revelaba que la vida es debilidad, que la vulnerabilidad es una condición propia no sólo de la persona, sino también del universo, de la historia. Como que la fragilidad atraviesa toda la realidad y esta persona mayor estaba ayudándome a mí, a su hijo y a muchas personas a adentrarnos en esa verdad apabullante. Dicho así, “asumir nuestra fragilidad” no nos asusta demasiado porque parece una frase filosófica, teórica. Pero si ponemos rostro a esta idea con el dolor, la incapacidad, la enfermedad, la limitación, la injusticia y la muerte concretas, ya nos cuesta mucho más. Por eso es tan importante que personas como aquel anciano, nos ayuden a integrar la debilidad porque instintivamente tendemos a rehuir de la vulnerabilidad, creemos que es una maldición, como pensaba Francisco de los leprosos antes de su conversión. Preferimos y prefiero mantenerme en el control de las situaciones, en la racionalidad y seguridad que me da sentirme con recursos suficientes ante cualquier dificultad.

Cuando en la capilla miro al crucificado, me está alertando de la misma realidad: “la humanidad, que yo he asumido –me dice Jesús- , es pura vulnerabilidad. Y para zambullirme en este mundo no podía otra cosa sino aceptar y vivir en mí esta fragilidad, expresada en la violencia, el abandono, el dolor, la humillación, el sinsentido y la muerte que sufrí”.

Pero es que la debilidad no es ni mucho menos una maldición, una tara que me marca e incapacita durante toda la vida, una carga que aplasta la realidad y al ser humano. Aceptar la debilidad es la condición de posibilidad para una vida plena: es lo que me permite ralentizar el ritmo existencial; lo que me obliga a buscar un sentido de la realidad más allá de lo funcional; lo que me abre a la vida y a los demás liberándome de mi autosuficiencia; es lo que me capacita para la compasión y el perdón; es lo que me centra en el ser y no en el poder, en el aparentar o en el tener; asumir la propia debilidad también es condición necesaria para vivir la fraternidad; y es también lo que hace posible que adecue mis expectativas a la realidad y por tanto que disminuya mi nivel de frustración.

La fragilidad como camino para una existencia plena la expresa la Palabra: derriba del trono a los poderosos y enaltece a los humildes, a los hambrientos los colma de bienes (Lc 1, 52); porque los sedientos, los perseguidos, los pobres, los que lloran, los débiles pueden ser los verdaderos bienaventurados, los auténticamente dichosos (Mt 5, 1-12). Muy parecido a lo que decía Pablo: “la fuerza se realiza en la debilidad” (2Cor 12, 9). Por eso los ídolos de nuestra sociedad nunca van a responder a lo que nuestra persona necesita: deportistas, modelos, adinerados, famosos, etc., todos parecen esconder la fragilidad que nos sustenta y nosotros nos hacemos la ilusión de que es posible prescindir de esa parte esencial del ser humano.
Javi Morala, capuchino

martes, 7 de noviembre de 2017

MESA DE ROLDÁN

Algo se están diciendo aquí la roca,
el mar y el cielo.
         En esta incandescencia
se está hablando un lenguaje
inaccesible al hombre.
                                   Algo más grande
que nosotros se está diciendo; un mudo
clamor de luz se extiende
y nos envuelve como
una bóveda astral. El pasmo es
nuestro único saber. Sólo nos cabe
asistir al misterio desde este
lado del invisible
muro que nos separa, unir a él
nuestro mejor silencio

y provisionalmente resignarnos
a llamarlo Belleza.

Miguel d´Ors

viernes, 3 de noviembre de 2017

ACOMPAÑAR EN EL SENTIMIENTO

Llegamos a noviembre. Para los romanos era el noveno mes del año, de ahí su nombre. Con los cambios que sufrió el calendario ha quedado en el penúltimo puesto del año. “Glorioso mes…” que empieza con la celebración de Todos los Santos y con el recuerdo de los difuntos, la visita al cementerio, el comienzo del frío… Es el mes de días cortos.

Al pensar sobre él me ha venido a la cabeza el lugar que tiene en estos días el recuerdo, la nostalgia y la oración por los difuntos. Ante la muerte de alguien cercano experimentamos distintos gestos de cercanía y solidaridad. Es un momento difícil, por mucho que lo esperemos o nos lo vayamos tragando.

Quien se acerca a nosotros suele expresar su apoyo con un beso, con el silencio, un abrazo o una frase: “lo siento”, “mi más sentido pésame” o “te acompaño en el sentimiento”. Tal vez pensemos que éstas son frases hechas, puro formalismo, al que recurrimos para salir de esa situación. Sin embargo, a través de ellas expresamos lo importante que es la necesidad de manifestar el apoyo desde la comprensión emocional de la situación que se está viviendo.

A mí me gusta esa expresión de “te acompaño en el sentimiento”. Acompañar es compartir, estar junto a la otra persona, empatizar, acercarse y dolerse con su dolor.

Recurriendo al diccionario etimológico, esa palabra tiene un significado especial: “acción de comer un mismo pan”. Eso es acompañar.

“Acompañar en el sentimiento” no es únicamente una frase para salir al paso de esas situaciones, en las que la muerte se hace presente en medio de nosotros.

Expresa también la preocupación y el dolor real por los amigos y amigas que están lejos. Es dejarte afectar por tantas tragedias que suceden en nuestro mundo: ante la noticia de un atentado, de un terremoto, ante el desastre de un huracán… Es ser sensible ante lo que sucede cerca y lejos de nosotros.

En principio, acompañar no significa sentir lo mismo, sino “sentir junto a”. Ayudar a quien está en un pozo no es meterse en ese pozo. Acompañar en el sentimiento es, justamente, una manera de darle importancia a lo que está sintiendo y viviendo la otra persona. De hecho, muchas veces experimentamos que es precisamente el acompañar y el ser acompañado lo que permite a una persona salir del dolor, para seguir sintiéndose persona, por encima de todas las circunstancias a las que tiene que hacer frente.

Benjamín Echeverría, capuchino