lunes, 9 de febrero de 2026

CELEBRAMOS A FRAY LEOPOLDO

El día 9 de febrero celebramos la fiesta de fray Leopoldo de Alpandeire. Está en proceso de canonización. Fue beatificado el día 12 de septiembre de 2010. Es la figura más popular de los Capuchinos de España. En su tierra, en Andalucía, lo es especialmente. ¡Cuántas personas llevan su imagen en su cartera o en el coche y acuden ante su tumba para honrar su memoria y pedir su intercesión!. La cripta de la iglesia capuchina de Granada se ha convertido en un espacio de silencio, fe y consuelo. En su tumba, una frase resume toda su vida: “Haced siempre el bien”.

Dicen sus biógrafos que Francisco Tomás de San Juan Bautista Márquez Sánchez nació el 24 de junio de 1864 en Alpandeire, un pequeño pueblo blanco enclavado en la Serranía de Ronda, en la provincia de Málaga. Cuando tenía treinta años participó en la celebración de la beatificación del capuchino Diego José de Cádiz en Ronda. Aquella ceremonia, con la presencia de frailes capuchinos, le conmovió profundamente. Quedó impresionado por su humildad, su hábito sencillo y su entrega radical a Dios. Comprendió que esa era la vida que anhelaba vivir. Comenzó el proceso de formación dentro de los capuchinos y el 16 de noviembre de 1900 profesó los primeros votos, tomando el nombre de fray Leopoldo de Alpandeire.

Durante su vida desempeñó tareas humildes en los conventos andaluces en los que vivió: hortelano, cocinero, portero o sacristán. Tareas sencillas, pero que realizaba con una delicadeza espiritual admirable. Para él, cada acción era una forma de glorificar a Dios. Como él mismo decía, “donde hay amor y servicio, está Dios”.

El 21 de febrero de 1914, Fray Leopoldo fue destinado a Granada, ciudad en la que permaneció hasta su muerte, en 1956. Granada fue su hogar, su casa. La ciudad que conoció la figura del fraile caminante, de barba blanca y mirada compasiva, que recorría sus calles como limosnero, con su alforja y su bastón, repartiendo paz, buenos consejos y la oración del Avemaría.

En torno a él se creó una importante obra social, el Hogar Fray Leopoldo para el cuidado de mayores. Hoy, inspirados por el testimonio humilde y cercano de Fray Leopoldo, los capuchinos a través de nuestra obra social SERCADE (Servicio Capuchino para el Desarrollo) nos hemos comprometido a ampliar esa obra social con un nuevo proyecto: la Casa Común Fray Leopoldo, que consiste en la construcción de 85 apartamentos sociales modelo co-living. Queremos hacer en el centro de Granada un hogar para todos, especialmente quienes más lo necesitan. Somos conscientes de que muchas personas viven solas y de que también para los jóvenes acceder a una vivienda es un auténtico problema.

Fray Leopoldo no se conformó con hacer el bien: lo hizo con dulzura, con constancia y con fe.
Su vida es un recordatorio de que la santidad también se construye en lo cotidiano, en la fidelidad a lo pequeño y en el amor silencioso que transforma el mundo.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 5 de febrero de 2026

TEMPLOS Y GIMNASIOS

Esta viñeta de El Roto, publicada el día 3 de febrero, es un reflejo del mundo actual, donde muchos jóvenes ya no buscan a Dios porque creen que no lo necesitan, que basta con ser fuertes, exitosos o autosuficientes. El gimnasio representa el esfuerzo personal, la imagen, el “yo puedo solo”. El templo, en cambio, es el lugar donde reconocemos que no lo sabemos todo y que necesitamos a Dios y a los demás.

No está mal cuidar el cuerpo ni luchar por superarse, pero cuando eso ocupa el lugar de Dios, algo se rompe por dentro. El corazón humano no se llena solo con logros, seguidores o disciplina; necesita sentido, amor y esperanza. Dios no compite con nuestra fuerza, la completa. Él no nos quita nada, nos da un motivo para vivir y para amar.

La invitación es clara: no cambiar el templo por el gimnasio, sino aprender a unirlos. Cuidar el cuerpo, sí, pero también el alma. Ser fuertes, pero con un corazón abierto a Dios, que es quien nos sostiene cuando nuestras fuerzas ya no alcanzan.

Iván Alonso

martes, 3 de febrero de 2026

LA FRATERNIDAD REQUIERE TIEMPO

Generalmente, la vida fraterna, la pareja, la familia, los amigos recuerdan con agrado los primeros tiempos de la relación. En la mayoría de los casos fue en la juventud, cuando estábamos llenos de proyectos ilusionantes, todo estaba por hacer, íbamos a crear algo nuevo… Como si el mundo estuviera aún por estrenar.

Con el paso del tiempo, los proyectos fueron adecuándose a la realidad que resultó ser más mediana, sin tanto brillo. Nosotros mismos fuimos percibiendo que no éramos como nos veíamos en nuestros sueños. La imaginación del comienzo requería trabajo constante y fueron apareciendo los cansancios, los pequeños desengaños, nuestras limitaciones… Podría parecer que los proyectos tan ilusionantes de los comienzos dieron paso a las decepciones que fueron minando los motivos de las opciones que en su momento se tomaron.

Sin embargo, a medida que pasaba el tiempo, también fueron emergiendo dimensiones nunca sospechadas hasta entonces: modos nuevos de relación, más desde el cariño que desde la perfección, relaciones de fidelidad más que de cumplimiento de sueños, más de complicidad que de proyectos elevados… Además, las mismas palabras del comienzo iban adquiriendo más realismo y hondura, a la vez que nuevos sentidos: radicalidad, fidelidad, respeto, acompañar, sostener… La vida fraterna requiere tiempo para que vaya dando sus mejores frutos, y que no resultan para nada previstos. El paso del tiempo, y todo lo que ello conlleva, nos hizo percibir nuevas bellezas de la fraternidad.

Qué gozoso es hacer un recorrido por la historia de la fraternidad, de la familia, de los amigos… Dicho repaso es posible porque ha habido tiempo para hacer una vida de comunidad, de familia. Israel hacía un recordatorio de su historia de relación con Dios. Francisco hizo un repaso de su historia de relación con Dios y los hermanos.

Carta de Asís, febrero 2026

domingo, 1 de febrero de 2026

FELICES

Dijeron:
felices los importantes,
los radiantes, los esbeltos,
los que exhiben abundancias,
los que llegaron primero
los opulentos, los fuertes,
los que nunca naufragaron,
los que manejan los hilos,
los que siempre caen de pie.
La vida era una carrera
hasta conquistar la dicha
reservada a unos pocos.
Al escucharlo pensé,
qué infeliz soy.

Dijiste:
felices los pobres de espíritu,
los frágiles, los que lloran,
los rechazados, los abatidos,
los golpeados, los que se esfuerzan
aunque fracasen, los derrotados
que aún confían, los que aman.
Un dique se rompió.
Miré alrededor.
Otros ojos brillaban.
El silencio fue sed,
y empecé a beber de tus palabras.
Había esperanza
para las sombras de dentro.