jueves, 18 de octubre de 2018

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… correr el riesgo de que nos critiquen y nos persigan. Así pasó con Jesús y siglos después con San Francisco, quienes fueron juzgados, rechazados y no estuvieron exentos de la burla y el maltrato. Porque la persecución es parte del anuncio del Evangelio.

No ha existido ningún santo al cual las cosas le hayan salido perfectas, como en un guión de película. El heroísmo en Cristo, no se entiende como los son los héroes del mundo, que son atractivos, grandes y poderosos, sino desde el heroísmo de la cruz y nadie de nosotros es más que el maestro (Cf. Lc 6, 40).

Como personas, no podemos negar que se nos antoja ser los mejores en todo y que los que nos rodean sean como nuestro particular club de fans. Pero no. Observar el Evangelio, es la primera prerrogativa del alma franciscana, y es por tanto optar por el camino estrecho.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, tomarse la fe en serio, muy en serio, aunque esto conlleve la burla, la crítica y las persecuciones… pero no desde el pesimismo y la tristeza, sino desde la alegría, la esperanza y la paz.

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martes, 16 de octubre de 2018

NOSTALGIA DE FRANCISCO

Hoy tengo nostalgia de Francisco.

Miro la Iglesia, tan llena de cosas esperanzadoras y, a la vez, tan desbordada de corrupción, de enfrentamientos fraternos, de trincheras… y añoro a Francisco.

Aquel hombre pequeño amó profundamente a la Iglesia y, aún en su rebeldía, fue fiel y nunca pronunció una palabra de reproche, aunque el celo lo consumiera por dentro.

Cada vez más a menudo me asalta la desesperanza. El silencio de Dios, su aparente ausencia de este mundo y, tantas veces, de su Iglesia me hacen ver todo oscuro. Y es entonces cuando Francisco enciende mi esperanza.

Francisco de Asís es, más allá de todo, el hombre que evidencia que es posible seguir a Cristo, pobre y crucificado. El hombre que nos muestra que se puede vivir sin tener y ser feliz. Que se puede renovar la Iglesia, que se puede reconstruir la Iglesia, sin necesidad de atrincherarse en tradiciones, ideologías, dogmas o ritos.

Francisco vivió el Evangelio, sin glosa, sin interpretarlo, al pie de la letra y con eso, simplemente, cambió la sociedad de su tiempo y la Iglesia que amenazaba ruina.

Cuando miro al mundo y la Iglesia de hoy, insisto, con sus grandes luces y sombras, tengo nostalgia de Francisco… o de uno que, como él, nos muestre el Camino, pobre, descalzo y junto a los marginados.
Gabriel López Santamaría

jueves, 11 de octubre de 2018

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… encontrar inspiración en el hermano Francisco de Asís, para que como él, podamos responder al llamado cotidiano de vivir una relación profunda y radical con el Sumo Dios Vivo y Verdadero.

La oración debe ser nuestro alimento cotidiano. Y así junto a los hermanos frailes, clarisas y seglares, también podamos asumir rutinas piadosas y vida litúrgica para que se conviertan en hábitos y que nos vayan fortaleciendo en nuestra voluntad, haciéndonos cristianos cada vez más disciplinados y ordenados. Sin que nadie nos lo pida, porque no hay mayor libertad que la disciplina auto impuesta. Así, como con los atletas de algún deporte que se ejercitan, porque el Reino de los Cielos no es cosa de flojos. Y verdaderamente el premio del Cielo es más grande que cualquier premio o trofeo del mundo.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, construir una relación de intimidad con Jesucristo. Romper la falsa barrera que nos hace pensar que Dios es pasivo, lejano y frío, sino dar el salto de fe que nos lleve a una experiencia de comunión con Él. La fidelidad en el amor con Dios es un aspecto fundamental de la espiritualidad franciscana. Es con nuestra vida, con todo lo bueno que tenemos y somos, aún y con todas nuestras fragilidades, igual con todos nuestros actos y trabajos, es como los franciscanos y franciscanas mostramos nuestra filiación de amor con Dios, uno y trino.

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martes, 9 de octubre de 2018

UNA DE BLABLACAR

Últimamente estoy utilizando para viajar empresas como Amovens o BlaBlaCar que facilitan compartir gastos y encontrar alternativas a las posibilidades que ofrece el transporte público. La última vez viajé con una chica encantadora: dispuesta a favorecer el viaje, cercana en el trato, con una conversación muy interesante sobre nutrición y otros temas, cuestionándose muchas de nuestras formas de vida. Se mostró como una persona inquieta, que reflexiona y que no se conforma con lo que la sociedad nos propone.

Me sorprendió la riqueza interior de esta chica porque no era una persona elegida, sino que era la que me había tocado por casualidad. Lo que me confirmaba algo que me había dicho muchas veces a mí mismo: que en toda persona se esconde una riqueza inmensa. Podamos captarlo o no, todo ser humano tiene una perla interior, una valía incalculable.

¿Y qué tienen este tipo de espacios que hacen que aparezca lo mejor de la persona y no esa otra parte más oscura que también todos tenemos? Creo que es la actitud de disponibilidad, de flexibilidad, de acogida a la otra persona: es una especie de predisposición a la cercanía, a la amabilidad, a la generosidad.

Sin querer coger esta situación por los pelos, creo que esta predisposición de generosidad genera Reino de Dios, y a la inversa: el Reino de Dios provoca estas actitudes de cercanía y bondad. Creo que el Reino suscita el cariño, el amor. Es que, este mundo es mucho más hermoso cuando se generan espacios, aunque sean mínimos, de cuidado mutuo, de preocupación por el otro, de amparo, de fraternidad. Por eso, aunque la chica de BlaBlaCar no lo supiera, estaba consiguiendo que, nada más y nada menos, el mismo Reino de Dios se hiciera presente en ese viaje. ¡Muchas gracias maja!

Javi Morala, capuchino

jueves, 4 de octubre de 2018

DÍA DE SAN FRANCISCO

Francisco supo descubrir el lado oculto de las cosas, supo escuchar la música sencilla que el ruido no deja oír, supo sentir los latidos del corazón del mundo que están debajo de la piel, en el fondo de las cosas. Supo dar la vuelta a las cosas, mirarlas con otros ojos, amarlas sin necesidad de poseerlas.

Él solía decir que no haríamos nada con cantar las glorias de los santos si nosotros, de alguna manera, no los imitábamos. Por eso, la fiesta de san Francisco nos ha de llevar a dar la vuelta a las cosas, a leerlas con otros ojos, a descubrir con compasión emocionada el valor de la persona que camina conmigo.

¡Feliz día!