viernes, 23 de octubre de 2026

CUENTOS CON VALORES: EL RESPETO

La memoria

Un hombre de cierta edad fue a una clínica para hacerse curar una herida en la mano. Tenía bastante prisa y, mientras se curaba, el médico le preguntó qué era eso tan urgente que tenía que hacer.

El anciano le dijo que tenía que ir a una residencia de ancianos para desayunar con su mujer, que vivía allí. Llevaba algún tiempo en ese lugar y tenía un Alzheimer muy avanzado. Mientras le acababa de vendar la herida, el doctor le preguntó si ella se alarmaría en caso de que él llegara tarde esa mañana.

- No -respondió-. Ella ya no sabe quién soy. Hace ya casi cinco años que no me reconoce.

- Entonces -preguntó el médico-, si ya no sabe quién es usted, ¿por qué esa necesidad de estar con ella todas las mañanas?

El anciano sonrió y dijo:

- Ella no sabe quién soy yo, pero yo todavía sé muy bien quién es ella.

jueves, 15 de octubre de 2026

NO TIENEN VINO

La verdad es que no tenemos vino.
Nos sobran las tinajas, y la fiesta
se enturbia para todos, porque el sino
es común y la sola sala es ésta.

Nos falta la alegría compartida.
Rotas las alas, sueltos los chacales,
hemos cegado el curso de la vida
entre los varios pueblos comensales.

¡Sangre nuestra y de Dios, vino completo,
embriáganos de Ti para este reto
de ser iguales en la alteridad.

Uva pisada en nuestra dura historia,
vino final bebido a plena gloria
en la bodega de la Trinidad!

Pedro Casaldáliga


martes, 13 de octubre de 2026

ENVÍAME A MÍ

Obras Misionales Pontificias y VIVAFE presentan «Envíame a mí», una canción creada con motivo del centenario del DOMUND. Nació en un camp de composición para expresar con un lenguaje actual la llamada cristiana al envío y convertirla en una respuesta que pueda cantarse, rezarse y compartirse.

El proyecto está impulsado por Obras Misionales Pontificias y VIVAFE. La canción se publica coincidiendo con el centenario del DOMUND y quiere seguir siendo una herramienta musical y pastoral más allá de esta celebración.

jueves, 8 de octubre de 2026

MORIR ACOMPAÑADO

Hay en la muerte de Francisco un aspecto que conviene valorar debidamente. Morir siempre se muere solo, la muerte es un trance personal e intransferible, también Francisco murió solo, pero se podría decir que la suya fue una “soledad habitada”.

Francisco quiso hacer de su propia muerte una gran celebración fraterna, en la que sobresale la comunión con Jesucristo, la centralidad de Cristo y del evangelio. Así y no de otra forma hay que entender e interpretar su petición de que se le lea el evangelio de San Juan, en el capítulo 13, a partir del lavatorio de los pies (Cf 1Cel. 110).

No hace falta decir el cariño y el cuidado que Francisco tenía por sus hermanos, a quienes, poco antes en el testamento les llama: “mis benditos hermanos” y hace estos gestos para indicarles el camino que tenían que tomar en el futuro. Francisco, muere rodeado por sus hermanos.

Pero, hay más. En los relatos de la “pascua” de Francisco, hay otro dato que es muy bonito y conviene resaltar. En la muerte de Francisco aparece una mujer: Jacoba de Settesoli, una amiga de Francisco a la que hizo saber de las condiciones finales en las que se encontraba y a la que rogó viniera a verle en sus últimos momentos y que le trajera un dulce que ella hacía, los “mostaccioli”. Cuentan los biógrafos que ella llegó a Santa María de la Porciúncula y Francisco la aceptó en la cabecera de su cama, contraviniendo las normas que había sobre la clausura, y Francisco dijo aquella simpática frase: “Abrid las puertas y haced pasar a la que está entrando, porque la disposición que prohíbe la entrada a las mujeres no reza con fray Jacoba” (3Cel 37).

Francisco, pues, muere solo, como todos, pero acompañado de Jesucristo, de sus hermanos, de las hermanas pobres de Santa Clara y de la amiga, Fray Jacoba de Settesoli. ¡Cuánta humanidad!

Carta de Asís, octubre 2026