miércoles, 17 de junio de 2026

EUCARISTÍA

Mis manos, esas manos y Tus Manos
hacemos este gesto, compartida
la mesa y el destino, como hermanos.
Las vidas en Tu Muerte y en Tu Vida.

Unidos en el pan los muchos granos,
iremos aprendiendo a ser la unida
Ciudad de Dios, Ciudad de los Humanos.
Comiéndote sabremos ser comida.

El vino de sus venas nos provoca.
El pan que ellos no tienen nos convoca
a ser Contigo el pan de cada día.

Llamados por la luz de Tu Memoria,
marchamos hacia el Reino haciendo historia,
fraterna y subversiva Eucaristía.

Pedro Casaldáliga

sábado, 13 de junio de 2026

SAN ANTONIO DE PADUA

Oración a San Antonio de Padua

San Antonio, amigo de Jesús,
enséñanos a buscar a Dios en nuestra vida.
Que tu corazón, lleno de amor,
despierte al nuestro de su letargo.

Tú viviste el Evangelio sin miedo,
con la alegría sencilla de san Francisco.
Haz que aprendamos a servir,
a compartir y a cuidar de los demás.

Que no tengamos vergüenza de creer,
ni miedo de amar como Cristo amó.
Ayúdanos a escuchar su Palabra
y a convertirla en vida cada día.

Camina con nosotros en nuestros sueños,
en nuestras dudas y en nuestras luchas.
Que podamos, siguiendo tus pasos,
hacer del mundo un lugar más fraterno.

Amén.

jueves, 11 de junio de 2026

EL LEGADO DE FRANCISCO: CUIDAR AL DÉBIL

Ver el rostro de Dios donde otros no miran

El encuentro con el leproso fue, para Francisco, el punto de inflexión de su vida. Allí donde él antes sentía rechazo, miedo o incomodidad, descubrió una revelación: que en los más frágiles se escondía el rostro de Dios.

Cuidar de los débiles no era para él una obligación moral, sino una respuesta espontánea al amor recibido. Francisco se acercaba a quienes estaban solos, tocaba a los enfermos que nadie quería tocar, trataba con ternura a los pobres a los que otros ignoraban.

Su actitud nos enseña que el cuidado empieza por la mirada: una mirada que reconoce dignidad incluso donde el mundo ve estorbo. Cuidar de los débiles es dejar que el corazón se ensanche hasta sentir como propio el dolor ajeno. Es transformar el egoísmo en servicio, la indiferencia en compromiso.

Francisco entendió que la grandeza verdadera se mide por la capacidad de amar a quienes no pueden devolver nada. En ese amor se encuentra la fuerza que cambia el mundo sin hacer ruido.
  • ¿A quiénes suelo evitar por incomodidad o prejuicio?
  • ¿Cuándo he sentido que alguien cuidó de mí en mi debilidad?
  • ¿Qué pequeño acto de cercanía puedo ofrecer hoy a alguien que lo necesita?

martes, 9 de junio de 2026

LLEVADOS POR EL AMOR

Los primeros tiempos de una comunidad, una familia, un grupo de amistad llevan consigo dosis de gratificación y satisfacción. Los primeros pasos de una relación fraterna generalmente suelen ser agradecidos porque aunque requieran esfuerzo y trabajo son ilusionantes; hay tanto por hacer, tanto por estrenar… Según va pasando el tiempo y van apareciendo las dificultades, los problemas nada fáciles de resolver, y se va viendo que a pesar de nuestra buena voluntad no se logran las metas que nos propusimos tal como soñábamos, aquellas primeras energías menguan y surgen preguntas sobre la viabilidad de la fraternidad, de si merece la pena la apuesta hecha en otro tiempo.

Como no podemos rendirnos a las primeras de cambio, va asomando en la fraternidad como la obligación de redoblar los esfuerzos por salvarla. Cada miembro deberá poner más de sí. Es la hora de revisar y purificar las motivaciones de fondo que estaban en aquellos comienzos. Puede resultar que no había más que ideales, sueños, ilusiones. Puede que en medio de esos sueños e ilusiones también había relación sana y auténtica. Es la hora de mantener el esfuerzo, pero no por obligación sino por amor, por saber por quién y para quién vivimos nuestra vida. Un profesional se esfuerza por el sueldo, sea este monetario o de otro estilo; una madre no se esfuerza por obligación, sino por amor.

Los miembros de la fraternidad irán aprendiendo los caminos que ayudan a que sean llevados por el amor, no por la mera obligación. El esfuerzo que requiere la relación será llevado por el amor. Para ello, habrá que buscar los alimentos que nutran ese amor. La paga de dicho esfuerzo no será el salario sino más amor, o el mismo amor con dosis de nuevos condimentos que van enriqueciendo la relación: paciencia, generosidad, bondad, fe, esperanza…

Carta de Asís, junio 2026