TERCER DOMINGO DE CUARESMA
Siglos después, San Francisco de Asís cruza las líneas del miedo y de la guerra para encontrarse con el sultán Al-Malik al-Kamil. Un cristiano pobre frente a un líder musulmán poderoso. No va a imponer, ni a vencer, ni a debatir. Va a encontrarse. Va a amar.
Y ocurre lo mismo que en el pozo de Samaría: dos mundos distintos se miran sin armas, dos hombres se reconocen como hermanos. Jesús nos enseña que la fe comienza escuchando. Francisco aprende que la paz nace del respeto. Ambos ponen a la persona por encima de la raza, la religión y la cultura. Porque el Evangelio no se anuncia levantando muros, sino tendiendo puentes. No empieza diciendo “tú estás equivocado”, sino preguntando: ¿de qué tienes sed?
Tal vez hoy también nosotros estamos llamados a sentarnos junto al pozo del otro, a cruzar nuestras propias fronteras interiores y a descubrir que Dios ya está allí, esperando el encuentro.




