jueves, 21 de marzo de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… Hacer lo posible para hacer de nuestro planeta un mejor lugar para vivir. Contribuir en lo personal, como familia y comunidad en tener una mayor consciencia en el uso de nuestros recursos naturales.

En hacer grandes cosas y al igual pequeñas, como reciclar la basura, llevar nuestras bolsas de tela al supermercado, no usar tanto el automóvil, en no desperdiciar, en cuidar nuestros jardines y áreas verdes, en ser más humanos con los animales… y todo esto no tanto por pura responsabilidad ecológica, sino como respuesta concreta de filiación con Dios, quien es el artífice de toda la Creación.

El patronazgo de San Francisco en la ecología es de sobra conocido, y no ha estado exenta de romanticismos y edulcorada en imágenes piadosas que solo rozan superficialmente una de las dimensiones del carisma franciscano más profundas: En la creación, cada ser tiene su parte de bondad, de utilidad, y es digno de ser amado por Dios y por las demás criaturas. Ser guardianes de la creación tiene su fundamento teológico en el alma que responde de forma coherente cuidando, respetando e incluso defendiendo nuestra casa común por ser un don gratuito y confiado por Dios.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, cuidar la integridad de la creación porque así, en belleza y perfección, Dios la pensó. Es proponer y realizar acciones ecológicas concretas dentro de un espíritu de caridad y en comunión con nuestros hermanos y con “todas sus criaturas”. Es reconocer a Dios en todas las cosas creadas, incluyéndonos a nosotros mismos y en el prójimo, despertando en la alabanza y la gratitud porque en fin, todo lo que ha salido de las manos de Dios tiene un sentido y es bueno.
espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 19 de marzo de 2019

DE LAS PIRÁMIDES AL FLEXO DE MI HABITACIÓN

Tardamos alrededor de una hora en llegar desde la Ciudad de México hasta Teotihuacán. Así llamaron los mexicas a una ciudad que se encontraron abandonada, y que en su esplendor –año 500 d.C.- llegó a tener más de 85.000 habitantes.

Primero subimos la pirámide del Sol. Jadeando por la verticalidad de sus muchos escalones, tuvimos que hacer varias paradas para descansar. Y cuando llegamos arriba sentimos la satisfacción de haber alcanzado la cima, y la conciencia de estar en un lugar sagrado para muchos humanos de aquellos tiempos. Un lugar, no sólo para sacar fotos, sino para contemplar, para respirar, para permanecer sin otra razón que la de empaparte de la realidad que te rodea.

Y entonces las preguntas aparecieron: cómo pudieron construir semejante “mole” con la tecnología de entonces; de dónde y cómo trajeron tanta piedra; quiénes mandarían realizarlo y quiénes serían los “currelas” del rascacielos de la época; qué significado tenían para ellos estas pirámides; cómo adorarían en este lugar a sus dioses. Cuestiones que me adentraron en el enigma de estas construcciones y que despertaron en mí el asombro, la admiración, el silencio.

Y en medio de esa quietud, con la mirada puesta en la pirámide de la Luna situada en frente, al otro lado de la Calzada de los Muertos, observo que detrás de ella hay una montañita de dimensiones mayores que esa pirámide. No es el Everest, todo lo contrario, es una montaña pequeña, vulgar, nada atrayente, que pasa desapercibida a todos los turistas y a mí mismo. Pero al ser más grande que la pirámide, me hago consciente de que merecería una admiración mayor que la que suscita la pirámide, aunque no recibe la visita de cientos de miles de turistas cada año. También podríamos preguntarnos cómo fue construida esa prominencia, con qué materiales, qué fuerzas la levantaron por encima del resto de la planicie, qué razón la creó, qué vida la habita… Tantas preguntas que nos abren al enorme misterio de un insignificante monte. Cuestiones que nos llevan a épocas geológicas admirables, al choque de placas tectónicas, a la formación de los materiales más simples a partir de partículas subatómicas, a la configuración de los continentes, a la erosión del viento y del agua durante miles de años, a la formación de la vegetación, a la aparición y desaparición de animales, y a una inteligencia que orienta y da sentido a todo este milagro.

Y me doy cuenta que, como esa montaña insignificante, cada pequeña realidad que rodea nuestra vida merece esa admiración: cada objeto de nuestra habitación, el flexo, un bolígrafo; cada planta de nuestra casa, cada edificio de nuestro barrio, cada persona de nuestro trabajo, cada ser vivo del planeta, cada una de los “cosas” del universo encierran un misterio, una historia infinita, una lógica admirable. ¡Te invito al asombro!

Javi Morala, capuchino

jueves, 14 de marzo de 2019

PREPARACIÓN DEL PRÓXIMO EJIF

El 8 y 9 de marzo se juntaron en el Colegio de las Hermanas Franciscanas de la Purísima Concepción en Madrid algunos jóvenes de los distintos grupos juveniles de la Familia Franciscana en España junto con el Equipo de PJV de la Interfranciscana para preparar el próximo Encuentro EJIF (Encuentro de Jóvenes Interfranciscana). Desde el primer momento venían motivados y con ganas de trabajar. Tuvimos tiempo para orar, pasarlo bien, formarnos y trabajar.

Acabado este encuentro, podemos aseguraros que el EJIF será todo un éxito. Id apuntando la fecha: 25-27 de octubre en el Colegio de El Batán de Madrid. Tendréis más noticias en breve.

Desde aquí, queremos agradecer a todos los jóvenes que están colaborando y trabajando para que el EJIF sea una experiencia inolvidable.

martes, 12 de marzo de 2019

OTRA CUARESMA... OTRA PASCUA

Anímate a vivir este año
otro tipo de Cuaresma:
más social,
más solidaria,
más entregada,
más ayudadora,
más compasiva.
Eso te llevará a vivir otra Pascua:
más fraterna,
más humana,
más luminosa,
más esperanzadora,
más tierna,
más nueva.
Una Cuaresma nueva
para una Pascua nueva
Escucha la voz de la profecía:
“Todo lo hago nuevo” (Ap 21,5).
Esta novedad hemos de forzarla
para que pueda ser.
Por eso este pregón
es una oferta,
un envite,
un reto.
Jesús, incansable caminante,
va a nuestro lado
en el itinerario cuaresmal.
Hagamos camino con él
abriéndonos a toda carne,
sobre todo la más necesitada,
a la más doliente,
a la más humilde.

Fidel Aizpurúa