miércoles, 8 de diciembre de 2021

FIESTA DE LA INMACULADA

El saludo a la bienaventurada virgen María es una oración compuesta por san Francisco de Asís, Francisco veía en María, por su condición de madre, la prolongación de la misericordia, del amor y de la omnipotencia de Jesús, su hijo y redentor nuestro.

Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien.

Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya. Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios.

San Francisco de Asís

martes, 7 de diciembre de 2021

¿NO ES DEMASIADO?

Hay expresiones referidas a Dios, que pueden parecer excesivas, demasiado radicales: “La preferí [la sabiduría de Dios] a cetros y tronos, y, en su comparación, tuve en nada la riqueza” (Sab 7,7); “amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente y con todas tus fuerzas” (Mc 12, 30); “vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres” (Mt 12, 20). ¿No es demasiado exagerado plantearse las cosas así?

Alguna vez, en una noche en lugar despoblado, cuando la luna aparece majestuosa en la altura, no puedo dejar de mirarla y me da la impresión de que está flotando, como si alguien invisible la estuviera sosteniendo…

Cuando subo a un monte de una gran cordillera, como los Pirineos, si el día está despejado y se pueden ver todas las cumbres de alrededor me quedo boquiabierto contemplando esas moles de piedra, gigantes, inaccesibles, salvajes, desmedidas y abismales que me sobrecogen. ¿Cómo pueden existir semejantes formaciones inconmensurables? Me pregunto…

Cuando algún médico o biólogo me explica el funcionamiento de un órgano, como el pulmón, el hígado, el riñón u otros, y me habla de la complejidad de su funcionamiento, de la cantidad de detalles y variables que son necesarias para que no colapse, del milagro que supone que segundo a segundo continúe su actividad, no puedo más que cuestionarme: ¿cómo es posible? Y a continuación me acuerdo de la anatomía de cualquier ser vivo, como por ejemplo un árbol: cómo transforma la energía solar en orgánica, de la respiración de las hojas, de la savia que sube y baja por el tronco, de las raíces. Y me quedo asombrado de la maravilla que supone. Y vienen a mi cabeza otros vivientes… El interrogante por la vida me deja en silencio.

Si miro al mar con un poquito de calma, me siento desbordado ante los millones de metros cúbicos que alberga, con la inmensa cantidad de seres que contiene: algas, corales, plancton, mamíferos marinos y cientos de especies de peces… Esa profusión, variedad y multiplicidad de vivientes ¿de qué mente infinita han podido surgir?

Cuando, al atardecer, voy en el coche en dirección oeste y puedo ver el sol descender, se me regalan unos cielos anaranjados que nadie hubiera podido imaginar si no los hubiera visto. ¿A quién se le ha ocurrido semejante espectáculo?

Al mirar a un bebé, uno se queda embelesado sin saber por qué, a veces hasta el estremecimiento. ¿Cómo puede existir una cosa tan linda?

Cuando en medio del dolor o la injusticia, puedo hacer un poco de silencio, hay ocasiones que la indignación deja paso a la serenidad y puedo descansar en ese “venid a mí los que estáis cansados y agobiados” (Mt 11, 28). Me llega un sosiego más allá de lo razonable…

Todos estos sucesos que he descrito me remiten a Alguien más, a Algo que es origen de lo que existe. Pero si, además, me hago consciente de todas estas realidades a la vez, no puedo más que darme cuenta que el Misterio divino que me envuelve es alucinante, infinito, maravilloso, desbordante, inabarcable. Y ante Él me surge la admiración, la gratitud, el aplauso, incluso la adoración. Ahora sí entiendo expresiones de nuestra relación con lo Sagrado que alcanzan la totalidad de la persona y de manera absoluta. Al que es todo, ¿cómo no vivirlo con todo?

Javi Morala, capuchino

jueves, 2 de diciembre de 2021

ESTOY PENDIENTE

Estoy pendiente, Señor, de tus labios,
de tu Palabra, de tu Buena Noticia,
para escuchar tu voz en medio de tanto ruido,
para escucharle en mis hermanos más necesitados.

Estoy pendiente, Señor, de tus ojos,
de tu mirada cómplice, de tus guiños amorosos,
para ver tu rostro allí donde mis ojos se dirigen,
para verte en mis hermanos más pequeños.

Estoy pendiente, Señor, de tus manos,
manos que sirven, que abrazan, que aman,
para tocar y juntar mis manos con las tuyas,
para tocarte y juntarme con mis hermanos más débiles.

Estoy pendiente, Señor, de tus pies,
pisada firme que deja huella imborrable,
para seguir el camino que Tú me trazas cada día,
para seguirte en mis hermanos más pobres.

Estoy pendiente, Señor, de tu corazón,
corazón grande, cercano, abierto,
para sentir como te aproximas a mi vida,
para sentirte en mis hermanos, en los que Tú te haces presente.

Estoy pendiente, Señor, de tu venida,
para que este año, durante este camino de Adviento,
te descubra acercándote a mi corazón
y puede darte la mejor de las bienvenidas

J.M. de Palazuelo

martes, 30 de noviembre de 2021

PROHIBIDO QUEJARSE: RETIRO DE ADVIENTO

Hay una anécdota simpática en la vida del Papa Francisco que se hizo viral: un psicólogo, Salvo Noé, le regaló un cartel con el lema “Prohibido quejarse” (Vietato lamentarsi) y el Papa lo colocó en la puerta de su habitación de la residencia de santa Marta.

El coro de las lamentaciones es amplio en la sociedad y en la comunidad cristiana. Procede de un negativismo que ve todo negro. Todo va mal, la familia, la política, la juventud, la economía, la moral. Y un lento desgranar de quejas deja un regusto amargo en la boca e impide una vida medianamente disfrutante.

¿Puede uno irse alejando de ese coro? ¿Puede alguien que lo desee zafarse de esos tentáculos que terminan por envolverlo todo? ¿Se puede escapar de esa melodía pegajosa y gris que quita el color a las cosas y a la vida? ¿Puede uno no sucumbir al peso atosigante de la ceniza gris, peor que la del volcán de La Palma, con la que cubren los lamentos los caminos de la vida?

El Adviento, siempre lo decimos, es tiempo de esperanza. Ésta se bloquea con el continuo lamentarse. Por eso, este tiempo puede ser bueno para percatarse de lo invasivos que son los lamentos y de que tenemos posibilidad de abandonarlos. Estos caminos sencillos de espiritualidad, pero bien concretos, pueden ser una ayuda para nosotros este año.

Fidel Aizpurúa, capuchino

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domingo, 28 de noviembre de 2021

PRIMER DOMINGO DE ADVIENTO: YA VIENE

Estrenamos calendario. Hay que poner los relojes en hora. Comenzamos el año litúrgico con el tiempo de Adviento. La Iglesia, a través de los diversos tiempos -Adviento, Navidad, Cuaresma, Pascua y Tiempo Ordinario- quiere concienciarnos a los cristianos para que vivamos e interioricemos el misterio de la salvación, meditando y celebrando sus contenidos más importantes.

No solemos valorar correctamente el tiempo de Adviento; nos parece un tiempo sin identidad, breve, de trámite, de tránsito para la Navidad. Es verdad que es un tiempo intermedio, no definitivo, pero ineludible y decisivo. Es el tiempo de la vida, de la creación entera.

En tiempo litúrgica y existencialmente “fuerte”. Es el tiempo bíblico por excelencia. Un tiempo crístico, por cuanto todo él está orientado a Cristo y por Cristo...; un tiempo crítico, en cuanto que ayuda a desenmascarar impaciencias y utopías, y a purificar y consolidar la esperanza... Y un tiempo eclesial: el tiempo de la Iglesia que celebra su fe “mientras espera la gloriosa venida del Señor Jesucristo”.

Los textos bíblicos de este primer domingo pretenden suscitar en nosotros una reacción para que rompamos con ritmos de vida cansinos y rutinarios y elevemos los ojos a lo alto para descubrir esa figura que viene cargada de ilusión y salvación para la vida.

Este tiempo de Adviento no es, pues, solo, la evocación de Belén, no es un tiempo de añoranzas sino de esperanzas; no es un tiempo retrospectivo, sino la espera de la gran Navidad futura, cuando Dios nazca definitivamente en todo hombre y todo hombre renazca para Dios.

El Señor vino, vendrá y VIENE en cada instante y circunstancia, en cada urgencia del prójimo y en cada gracia. ¡No vivamos distraídos! ¡Y hay muchas formas de distraerse! ¡Y muchas distracciones!

REFLEXIÓN PERSONAL
  • ¿Con qué actitud me sitúo ante el Adviento?
  • ¿Mantengo esperanzas en la vida? ¿De qué tipo?
  • ¿Con qué alimento la esperanza?
Domingo Montero, capuchino