jueves, 13 de diciembre de 2018

EXPRESIONES DE LA BIBLIA REPULSIVAS

Hay expresiones de la Biblia que, si te detienes un poco en ellas, pueden resultar, por lo menos, chocantes, si no repulsivas. Es lo que me ocurrió el otro día con un versículo de un salmo: “Dios se complace en el pobre”. Había rezado con ese salmo muchas veces, pero esta vez lo leí de otra forma y me extrañó cómo Dios se podía complacer en la pobreza de una persona, cómo podría alegrarse del mal de un ser humano.

Es imposible que el Padre se regocije en la situación de sufrimiento de una persona. ¿Entonces qué quiere decir? Una posibilidad de interpretación puede ser entenderlo como “pobreza espiritual”, y así no nos extrañaría ver a Dios complacerse de la capacidad de acogida, desnudez, humildad y minoridad de una persona.

Pero yo lo relacioné con el Camino de Santiago que hemos realizado este agosto pasado. Hemos vivido una pobreza real por las palizas que suponían 9 ó 10 horas andando, la mochila a cuestas, la comida precaria, dormir en habitaciones de 40 con los ronquidos infernales, etc. Y todos hemos vuelto encantados, y Dios se habrá complacido de vernos en esa pobreza, porque hemos aprendido muchísimo a valorar las cosas que tenemos y sobre todo las personas que están cerca de nosotros y nos quieren. Hemos crecido en capacidad de agradecimiento, en alegría de vivir, en capacidad de disfrutar de cualquier cosa: saborear hasta las comidas más intragables; hacer una oración en un porche estrechísimo bajo la lluvia; una simple ducha que sabe a gloria; un bocata de salchichón a media mañana; una partida de cartas con otros peregrinos; una golosina; un abrazo… En medio de la pobreza ¡HEMOS VIVIDO de verdad!

Javier Morala, capuchino

martes, 11 de diciembre de 2018

SE HA HECHO CAMINO

Iniciado el mes de diciembre la sociedad nos empuja a adelantar la Navidad. Hay una llamada a preparar la Navidad, a darnos prisa para tener todo a punto. Claro que ésta, es una llamada que está orientada desde el punto de vista comercial. Se nos invita a que no nos falte de nada en esos días, en esas fiestas, que están marcadas por un gran acento familiar.

Para quienes somos creyentes, también la Iglesia nos hace una llamada a prepararnos para celebrar la Navidad. Tratamos de prepararnos desde el ritmo que nos marca la liturgia, la Palabra de Dios, sobre todo a través de la experiencia del Pueblo de Israel y de la Comunidad Cristiana escrita en la Biblia. Se nos invita a estar preparados, a velar, a orar, a recorrer todo un camino para acoger a este Dios que es el Dios con nosotros, el Dios en nosotros y el Dios entre nosotros.

Al escribir estas palabras y fijarme en el recorrido final de este trayecto, lo primero que viene a mi memoria es el relato de San Francisco de Asís de cómo quiso vivir la Navidad en Greccio. Esta experiencia es la que popularmente hace que unamos a San Francisco de Asís con la Navidad, que lo consideremos el inventor de los belenes, etc. Pero más que centrarme en ese relato, os recuerdo la experiencia y las palabras de Santa Clara de Asís al decir a sus hermanas que “el Hijo de Dios se ha hecho para nosotras camino”. Esta es la afirmación que os propongo para que reflexionemos sobre ella en este mes.

¿Cómo interpreto yo en mi vida esta frase?
¿Cómo lo concreto?
¿Cuál es el camino que se nos propone?

Quienes tratamos de vivir nuestra vida cristiana desde la experiencia de Francisco, cada día somos más conscientes de que él conoció a Jesús en el Evangelio y descubrió en él el tesoro de la humildad. Francisco optó de manera radical por la minoridad y quiso que sus hermanos se llamaran Hermanos Menores. Tal vez esta palabra “minoridad”, nos suena a otra época y nos cuesta entenderla. Pero también es verdad que, en estos tiempos en los que estamos tan preocupados por la búsqueda de la felicidad, del éxito, por conseguir bienes materiales, es cuando cobra todo su sentido. Elegir el camino del menor, optar por una vida sencilla, ir desapropiándonos de los bienes nos posibilita la libertad del corazón y nos acerca a lo esencial.

Si somos de esas personas que creemos que podemos con todo, que lo sabemos todo, que no necesitamos nada… seguramente creamos que tampoco necesitamos a Dios. Por el contrario, si sentimos que todo lo que tenemos es regalo, don, que somos limitados y pequeños… Dios sale a nuestro encuentro. Su presencia nos permite vivir desde la confianza, podemos acercarnos a los otros y descubrir juntos la confianza, la compasión, la sencillez del corazón y la alegría. Navidad nos permite hacer esta experiencia, pues como afirmó Santa Clara, el Hijo de Dios se ha hecho camino.

Benjamín Echeverría, capuchino

domingo, 9 de diciembre de 2018

ABRIR CAMINOS NUEVOS

En medio de la agitación, el ruido, la información y difusión constante de mensajes, ¿quién escuchará la “voz del desierto”? ¿quién nos hablará de lo esencial? Juan grita mucho. Lo hace porque ve al pueblo dormido y quiere despertarlo, lo ve apagado y quiere encender en su corazón la fe en un Dios salvador. Su grito se encuentra en una llamada: «preparad el camino del Señor». ¿Cómo abrirle caminos a Dios? ¿Cómo hacerle más sitio en nuestra vida?

Búsqueda personal. Para muchos, Dios está hoy encubierto por toda clase de prejuicios, dudas, malos recuerdos de la infancia o experiencias religiosas negativas. ¿Cómo descubrirlo? Lo primero es buscar al Dios vivo, que se nos revela en Jesucristo. Dios se deja encontrar por aquellos que lo buscan.

Atención interior. Para abrir un camino a Dios es necesario descender al fondo de nuestro corazón. Quien no busca a Dios en su interior es difícil que lo encuentre fuera.

Con un corazón sincero. Lo que más nos acerca al misterio de Dios es vivir en la verdad, no engañarnos a nosotros mismos, reconocer nuestros errores. El encuentro con Dios acontece cuando uno siente la necesidad interior.

En actitud confiada. Algunos no terminan de creerse que Dios solo es amor. Despertar la confianza en este amor es empezar a vivir de manera nueva y gozosa con Dios.

Caminos diferentes. Cada uno ha de hacer su propio recorrido. Dios nos acompaña a todos. No abandona a nadie, y menos cuando se encuentra perdido. Dios que conoce hasta el fondo el corazón de cada persona.

José Antonio Pagola

sábado, 8 de diciembre de 2018

MARÍA

Niña con el mundo en el alma.
Sutil, discreta, oyente,
capaz de afrontar riesgos.
Chiquilla de la espera,
que afronta la batalla
y vence al miedo.
Señora del Magníficat,
que canta la grandeza
velada en lo pequeño.
Y ya muy pronto, Madre.
Hogar de las primeras enseñanzas,
discípula del hijo hecho Maestro.
Valiente en la tormenta,
con él crucificada
abriéndote al Misterio.
Refugio de los pobres
que muestran, indefensos,
su desconsuelo
cuando duele la vida,
cuando falta el sustento.
Aún hoy sigues hablando,
atravesando el tiempo
mostrándonos la senda
que torna cada «Hágase»
en un nuevo comienzo.
 José María R. Olaizola, sj

martes, 4 de diciembre de 2018

ANDANDO POR CAMINOS AZAROSOS

No resulta difícil detectar entre los cristianos de base la sensación de que estamos abrumados. Cada día los periódicos nos sacuden con un terremoto que afecta a personas y situaciones muy sensibles de la comunidad cristiana. A la mañana siguiente, una nueva sacudida. No es fácil vivir “como si no”, porque al pasar la página, tienes un nuevo episodio que te deja perplejo.

Va ser verdad aquello de quien dice que la historia de la Iglesia es la historia de sus múltiples naufragios. Pero, ya desde el principio, queremos apelar a la esperanza y viene a la memoria aquel dicho, harto citado, que se atribuye a Séneca: «El buen piloto, aun con la vela rota y desarmado y todo, repara las reliquias de su nave para seguir su ruta».

Gran gesto de resistencia es recoger los despojos para seguir adelante. Pero hay que preguntarse hacia dónde. O, al menos, hay que hacerse a la idea de que es hora de caminos azarosos, de que estamos en medio del temporal, envueltos en la niebla y que es preciso mantener la fe en que, tras ella, el sol brilla con todo su esplendor.

Por eso nos preguntamos si el Adviento, tiempo de ahondamiento, no podría ser entendido como un manual para andar en tiempo de caminos azarosos, para recorrer sin parálisis, sin amargura, sin excusas, sin engaños, el tiempo tumultuoso en el que estamos envueltos. A ver si va a resultar que, como dice la física cuántica, el caos es una fuerza que se autoorganiza, que hay sendas ocultas bajo los nubarrones más oscuros.

Fidel Aizpurúa