jueves, 4 de junio de 2020

VOLUNCLOUD

Voluncloud es una aplicación que consigue conectar directamente a personas voluntarias con demandantes de servicios de voluntariado.

Si quieres ofrecer tu solidaridad en estos momentos de Estado de Alarma por el Covid-19 (Coronavirus), a través de este proyecto gestionaremos y coordinaremos tu disponibilidad para tratar de encontrar espacios en los que puedas colaborar. Con la inscripción a este proyecto la persona accede a una bolsa de personas voluntarias. Dada la dificultad de la situación y el necesario respeto a las medidas de seguridad establecidas, se atenderá cada solicitud en función de las necesidades que se marquen desde las instituciones públicas y entidades. De igual forma recordamos que las personas interesadas en hacer voluntariado sanitario, deben llamar a los teléfonos indicados para ello. Este proyecto canaliza únicamente voluntariado solidario, no sanitario.

Ser voluntario o voluntaria es más fácil de lo que piensas gracias a Voluncloud. Sólo tienes que registrarte e indicar los ámbitos de actuación en los que te gustaría colaborar. Podrás actualizar tu información, consultar las ofertas y recibir propuestas que se ajusten a tus inquietudes. El proyecto está impulsado por la Plataforma del Voluntariado de España.

Accede a su página web a traves de este enlace

 

martes, 2 de junio de 2020

NO TEMERÁ LAS MALAS NOTICIAS

En todo este tiempo que llevamos acosados por el COVID-19 estoy prestando especial atención a Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Sobre todo en los dos primeros meses de estado de alarma, he permanecido atento a los datos de fallecidos y contagiados que daba cada mañana. He estado pendiente de las tendencias, de los tantos por ciento de incremento, de si la inclinación de la curva aumentaba o no, de si llegábamos al pico, de si estábamos ya en la meseta, de si comenzábamos a descender, de si era efecto lunes o efecto martes, de si el incremento de las pruebas PCR relativizaba el aumento de los afectados, de las fases de desescalada, y de un largo y largo etcétera, que ya forma parte de nuestras conversaciones cotidianas.

En este estado de vigilancia constante de las cifras, me daba cuenta que algo no acababa de funcionar bien dentro de mí, pero no terminaba de saber qué era. Por un lado me entregaba a la escucha y análisis de las notificaciones de cada día, y por otra era consciente de que mi espíritu “se quejaba” en mi interior.

Hasta que un creyente me despertó a lo que sucedía: “no temerá las malas noticias” dice el salmo 112. Este verso me denunciaba porque yo sí temía las malas noticias. Me di cuenta que durante todo este tiempo había puesto toda mi esperanza en que las cifras mejoraran, y cada día me acercaba a la televisión anhelante de “buenas noticias” para que nuestra vida se resolviera. No solo estaba poniendo mi esperanza en algo que no dependía de mí, sino que percibía muy de fondo que los datos, las cifras, los números –positivos o negativos- no podían sostener mi esperanza. Eso era lo que me generaba esa inquietud por dentro. Es la misma experiencia de la que habla Jesús: “no estéis con el alma en un hilo buscando qué comer o qué beber” (Lc 12, 29).

Es verdad que detrás de esas cifras hay personas y familias sufriendo y eso entristece por dentro y te enfrenta al reto del sentido de la existencia. Y a la vez intuimos que, como dice el salmista, puede haber una esperanza más allá de las malas noticias, aunque estas te golpeen fuerte. Esto no quiere decir que tenga que olvidarme de las cifras, pero sí que puede haber una esperanza más allá del resultado de la rueda de prensa diaria del doctor Simón.

Y creo que en el fondo, es la misma intuición que ha provocado que tantas ventanas se engalanen con el dibujo del arco iris y el lema “Todo saldrá bien”. No es el resultado de creer ingenuamente que no va a haber muertos, ni dolor, ni incluso que no nos va a tocar de cerca. Es más bien, que creemos que, pase lo que pase, vamos a salir adelante; que hay algo que nos sostiene más allá de que las cosas no salgan bien, más allá de que los enfermos y fallecidos aumenten. Es la convicción profunda y a veces casi imperceptible, de que la vida está sustentada por debajo de lo aparente, que la vida tiene consistencia y sentido aunque el sufrimiento parezca cuestionarlos. Entonces sí, la persona que vive sostenida en esa convicción “no temerá las malas noticias”: ¡algo de eso es creer!

Javi Morala, capuchino

domingo, 31 de mayo de 2020

PENTECOSTÉS

Hay un episodio en los Hechos de los Apóstoles en el que Pablo llega a Éfeso y allí se encuentra con que los que se dicen seguidores de Jesús han sido bautizados, pero no han recibido el Espíritu Santo y no han oído hablar nunca de él.

Sigue indagando y le responden que el bautismo que ellos han recibido es el de Juan. Pablo se ve entonces obligado a aclarar que una cosa es el bautismo de Juan y otra el bautismo de los seguidores de Jesús. Aquel era una preparación de este. Lo que les diferencia es algo fundamental: el Espíritu, que daba también un rostro y estilo de vida nuevos. Recibir el Espíritu Santo significa entre otras cosas:
  • Superar el legalismo y llenarse de la libertad de los hijos de Dios;
  • sustituir una religión triste por la alegría del resucitado;
  • creer más en la buena noticia del evangelio que en una visión negativa y sin esperanza de la persona y de la sociedad;
  • no levantar muros de separación y condena sino crear fraternidad;
  • aceptar las renuncias inherentes a la vida para crecer en el amor.

Según los contemporáneos de los primeros cristianos, lo que más molestaba de estos a los judíos era su alegría y su aparente falta de normas: no ayunaban, no se circuncidaban, no despreciaban la ley pero tampoco eran esclavos de ella. A esos judíos les costaba entender que el amor puede llevar a dar la vida por el hermano, y esto más allá del mero cumplimiento. Lo mismo que el perdonar incluso al enemigo. Pero eso es posible porque el Espíritu está constantemente en acción inspirando a las personas actitudes evangélicas, y por tanto profundamente humanas, en situaciones concretas.

A Carlo Carretto (1910-1988), activo militante cristiano laico primero y después dedicado a una vida monacal de oración y acogida, le preguntaban por qué no abandonaba una Iglesia tan imperfecta y con tantos defectos. Reconociendo que ya su primer Papa, Pedro, había mostrado una gran fragilidad, Carretto decía: “No, no abandonaré la Iglesia fundada sobre una piedra tan quebradiza. ¿Para simplemente fundar otra sobre una piedra todavía más frágil? Porque eso soy yo. Pero, además, ¿qué cuentan las piedras? Lo que verdaderamente cuenta es la promesa de Cristo, el cemento que une las piedras, es decir el Espíritu Santo. Solo el Espíritu Santo es capaz de edificar la Iglesia con unas piedras mal talladas como lo somos nosotros. Solo el Espíritu Santo puede mantenernos unidos, a pesar de la fuerza centrífuga y disgregadora de nuestro ilimitado orgullo”.

Iñaki Otano 


sábado, 30 de mayo de 2020

FINAL DE MAYO

Estamos terminando Mayo, el mes de María, y mañana terminamos también el tiempo de Pascua con la fiesta de Pentecostés. Vamos a ponernos en las manos de nuestra madre, Pequeña María, y rezarle con la oración que ha escrito el Papa Francisco para este tiempo.

Oh María,
tu resplandeces siempre en nuestro camino
como signo de salvación y de esperanza
Confiamos en ti, Salud de los enfermos,
que junto a la cruz
te asociaste al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe
Tú, salvación del pueblo
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que proveerás
para que, como en Caná de Galilea
pueda volver la alegría y la fiesta
después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que nos diga Jesús
que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos
y se ha cargado con nuestros dolores
para llevarnos, a través de la cruz
a la alegría de la resurrección. Amén.

Papa Francisco