jueves, 10 de septiembre de 2026
martes, 8 de septiembre de 2026
HERMANA MUERTE
El modo de afrontar la muerte está relacionado con el modo como se encara la vida. Existe el miedo a la muerte y el miedo a la vida y, a menudo, van de la mano. Quien juega la vida con entereza, quien la gasta por lo que merece la pena, quien camina llenando de vida sus días, al final del recorrido puede sentirse agradecido por todo lo vivido y puede acoger la muerte con paz. Francisco al final dice: “He concluido mi tarea; Cristo os enseñe la vuestra”.
Quien ha perdido la vida por ayudar otras vidas, puede tener la seguridad de que su vida no se ha perdido ni se perderá, sino que seguirá viva en otras vidas y en otros corazones. Y, desde las palabras de Jesús, puede creer que está bien guardada y abrazada en el corazón del Padre Dios. Así lo cree Francisco.
Francisco no aparece como alguien que sufre la muerte, sino como alguien que vive su muerte. Sabe lo que quiere hacer en ese momento: volver la mirada hacia Jesucristo, estar acompañado de hermanos, bendecir, agradecer, orar. Celebra su muerte uniéndola a la muerte de Jesús, confiándose en las manos del Padre, del que procede todo bien y toda vida. La muerte es la hermana muerte.
sábado, 5 de septiembre de 2026
ORACIÓN DEL TIEMPO DE LA CREACIÓN 2026
Agua Viva
Dios santo, cuyo Espíritu se cernía sobre las aguas en el principio, nos reunimos como parte de tu comunidad de toda la creación, sedientos de tu gracia. Te damos gracias por el don del agua, las venas de nuestra casa común, que sustenta al cedro y a la ballena, al pastizal y a la ciudad. Estamos agradecidos por las aguas locales que nutren nuestras tierras y a nuestras criaturas hermanas. Damos gracias porque, en tu jardín bien regado, cada gota es un testimonio sagrado de tu amor.
Sin embargo, confesamos que hemos tratado este don como si fuera una mera mercancía. Hemos asfixiado los mares con nuestros residuos y hemos visto cómo subían las mareas cálidas a modo de juicio. Lamentamos la tierra agrietada de quienes sufren la sequía y las lágrimas saladas de los refugiados climáticos. Derrite nuestros corazones helados, oh Dios, y deja que fluyan las aguas del arrepentimiento.
Señor de toda la Vida, prometiste que dondequiera que fluyera el río, todo cobraría vida. Despierta en nosotros el llamado a cuidar las aguas: a proteger las cuencas hidrográficas, a defender los derechos del agua y a honrar la dignidad de los sedientos. Que tu Palabra sea un manantial dentro de nosotros, que brote para la sanación de las naciones.
Que Dios nuestro Padre, que hizo brotar agua de la roca, nos sostenga en el desierto. Que Cristo nuestro Señor, que es el Agua Viva, nos renueve para la labor de la restauración. Y que el Espíritu Santo nos lleve en las corrientes de la gracia hasta que la justicia fluya como las aguas y la rectitud como un arroyo que nunca se seca. Amén.
martes, 30 de junio de 2026
miércoles, 24 de junio de 2026
CUENTOS CON VALORES: COMPROMISO
En una granja, un gato armaba mucho jaleo cada vez que se decidía a perseguir a un ratón. En vista de que aquel estrépito podía molestar al dueño de la casa, que solía roncar a la hora de la siesta, el perro se dirigió a ellos, pidiéndoles calma, pero no logró apaciguarlos.
Solicitó entonces ayuda al gallo vanidoso, pero este dijo que su sitio era el corral, que no entraba más adentro.
Habló luego con el chivo, para que con sus cuernos separara al gato y al ratón. Pero el chivo roía las hojas verdes del huerto y no deseaba interrumpir su banquete de frescura.
Entonces el perro prosiguió buscando ayuda y le contó el caso al buey, que descansaba rumiando, el cual se excusó diciendo que nunca le dejaban entrar en la parte habitada de la casa, así que no iba a acudir ahora a meterse en líos.
Cuando el perro regresó al lugar de la pelea, la desgracia había alcanzado una proporción insospechada. Resulta que el amo se desangraba inconsciente, porque el gato y el ratón, en su pelea, habían tirado una reja de arado que había en una repisa y lo había alcanzado en la cabeza.
Al día siguiente se celebraron los funerales. Según la costumbre, en esas ocasiones había que sacrificar un gallo; para dar de comer a los primeros parientes mataron al chivo y para las ceremonias del día octavo, como la concurrencia fue grande, terminó asado también el buey.
De esta manera, por no querer colaborar en una ayuda de poca importancia, perdieron la existencia los tres animales.


