jueves, 8 de abril de 2021

EL TRIUNFO DE LOS PEQUEÑOS

Hay un librito de Carlos Severri con este título. En él pretende motivar a los niños al juego del ajedrez, haciéndoles ver que también los pequeños pueden ganar partidas a los grandes. Y eso puede hacernos conectar con la espiritualidad de la Pascua: un triunfo de pequeños, de derrotados, de caídos que se levantan.

La fe ha envuelto la celebración de la Pascua de brillo, de luz, de épica, de triunfo. Consideramos que la Pascua no solamente es un triunfo grande de Jesús, sino que es el triunfo máximo de la vida. Y es cierto. Pero no hay que olvidar su origen: ¿cómo entenderían los primeros seguidores el triunfo de la resurrección? ¿Cómo algo para ser publicitado a bombo y platillo o como algo hermoso, pero pequeño, que se guarda en el corazón y que saca a la persona de sus derrotas?

Puede ser la Pascua un tiempo bueno para, uniéndose a Jesús, celebrar los pequeños triunfos de cada día como lenguaje de vida y de esperanza. Quizá en lo pequeño habite mayor verdad que en las celebraciones pomposas. Tal vez la resurrección de Jesús es el lenguaje de vida en lo pequeño, en lo pobre, en lo humilde. No se quiere quitar esplendor a la Pascua, sino situarla en otro marco, más entrañable, más vivo y, tal vez, más real.

De esta manera puede que la Pascua de este año pase de ser una verdad de fe a convertirse en un sencillo dinamismo de vida. Saber que hay triunfo en lo pequeño es lo que puede hacer que el seguidor de Jesús viva su resurrección como promesa del propio triunfo, más allá de cualquier limitación.

Fidel Aizpurúa, capuchino

martes, 6 de abril de 2021

RESURRECCIÓN

El año pasado, al atardecer del día 27 de marzo, el Papa Francisco se encontraba solo en medio de la lluvia y de la gran plaza del Vaticano. En una celebración austera, se acercaba a poner al pie de la Cruz los dolores de la humanidad en este tiempo de pandemia. Vivimos una Semana Santa especial pues se cancelaron las celebraciones y actos de piedad con los que el pueblo cristiano ha celebrado a lo largo de la historia los misterios de la Pasión, Muerte y Resurrección de Jesús.

Ha pasado un año y seguimos con restricciones, toques de queda, alarmas que nos intranquilizan y amenazan. Hemos pasado por distintas olas en las que la muerte ha estado presente en medio de nuestras familias y sociedad. Como un día dijeron los apóstoles, en este tiempo nos hemos dirigido a Dios con aquellas palabras u otras parecidas en las que hemos expresado nuestro desconcierto y nuestros miedos: “Señor, ¿No te importa que nos hundamos?”

Para muchos, como recordaba entonces el Papa, esta también será una Pascua de soledad, vivida en medio de los lutos y dificultades que genera esta pandemia con las muertes, sufrimientos y problemas de salud y económicos.

En medio de la muerte los cristianos seguimos hablando de vida, de vida plena, de vida eterna. No olvidamos que el Resucitado es el Crucificado, que lleva en su cuerpo las llagas y heridas de la pasión. A Él le miramos para que cure las heridas de esta humanidad tan “tocada” y desolada.

Cristo resucitado es la fuente profunda de nuestra esperanza. Su resurrección sigue aconteciendo este año, no es algo del pasado. En nuestro mundo, a pesar de las dificultades también aparecen nuevos brotes de resurrección. En medio de la oscuridad siempre surge algo nuevo. Me gusta recordar esa imagen que Leonard Cohen proponía en la letra de una de sus canciones: “Hay una grieta en todo. Así es como entra la luz”.

Escribía el Papa Francisco unos años antes de la pandemia estas palabras en ese gran documento que marca y orienta su pontificado: “Ahí está, viene otra vez, lucha por florecer de nuevo. La resurrección de Cristo provoca por todas partes gérmenes de ese mundo nuevo; y aunque se los corte, vuelven a surgir, porque la resurrección del Señor ya ha penetrado la trama oculta de esta historia, porque Jesús no ha resucitado en vano. ¡No nos quedemos al margen de esa marcha de la esperanza viva!” (EG 278)

Para todos vosotros, ¡Feliz Pascua de Resurrección!

Benjamín Echeverría, capuchino

domingo, 4 de abril de 2021

DOMINGO DE RESURRECCIÓN

Muchas veces uno duda de si este camino nuestro merece la pena. Jesús Resucitado nos dice: sí merece la pena, tú mereces la pena.

Y, aunque nos suene un poco lejana la cosa, habla también de que esta realidad será transfigurada, distinta, plena. No sabemos cómo será el asunto. Pero la Resurrección de Jesús es la potencia que tiene dentro lo creado y que se expande a velocidades increíbles.

O sea, que estamos metidos en un torbellino de vida y de amor. La Resurrección es algo más que una verdad de fe. Es una certeza: saber que tu vida puede ser hermosa si amas al otro, a las cosas y al mismo Dios. Vivir cambiados por el amor. Eso es la resurrección.

Si la gente con la que vives ve en tus ojos el brillo del amor, estás haciendo la mejor propaganda de la resurrección. ¡Feliz Pascua!

viernes, 2 de abril de 2021

VIERNES SANTO

Hoy hacemos memorial de la Pasión y la muerte de Jesús. Aunque sea una realidad que celebramos año tras año, esa periodicidad no resta ni un ápice al conmovedor e incluso indignado sentimiento que nos brotan del injusto juicio, la tortura y el asesinato cruel de un inocente, Jesús de Nazaret. En medio de ese dolor ponemos junto a la cruz, con un silencio sagrado, a tantas víctimas inocentes que sufren injustamente la violencia, el acoso, la pobreza o la huida de su propia tierra.

jueves, 1 de abril de 2021

JUEVES SANTO

«Hoy estamos ante la gran oportunidad de manifestar nuestra esencia fraterna», dice el papa Francisco en la encíclica Fratelli tutti, porque hoy más que nunca el amor manifestado por Jesús a los suyos nos enseña que amar en una invitación a recomenzar de nuevo. El amor no tiene límites, ni fronteras, no sabe de economía ni de política. Se hace entrega y servicio con el amigo, el hermano, el pobre y el refugiado. La entrega de Jesús de su propia vida es la exhortación constante para descubrir y sacar a la luz nuestra esencia fraterna.

El mayor don que podemos descubrir en este Jueves Santo es que Jesús con su muerte nos hace hijos y hermanos, nos capacita para mirar al otro con un amor que tiende manos a los que caen en el mar, que se enreda con los que viven en la calle o han perdido su trabajo. Un amor abierto a transformar un mundo de desesperanza e incertidumbre en un mundo lleno de luz y de vida.

Tiende tu mano y enrédate, Cáritas 2021

miércoles, 31 de marzo de 2021

PASCUA JUFRA 2021 - ONLINE

 Pincha en la imagen para acceder a la web de la Pascua Online de este año.

martes, 30 de marzo de 2021

PEQUEÑOS INTERROGANTES

Los grandes interrogantes que llevamos en nuestro interior permanecen siempre: ¿quiénes somos?, ¿de dónde venimos?, ¿para quién vivimos? Estas preguntas no son una ralladura sino el signo más alto de la trascendencia del ser humano y de la capacidad que tenemos de no quedarnos en la superficie de las cosas. 

Mirando el mundo con verdad y sinceridad intuimos no solo la belleza de lo que nos rodea sino también su precariedad y fragilidad. Esto nos hace sentir una profunda insatisfacción y una inquietud que ninguna realidad concreta logra colmar pero que confirma que nuestro corazón es una ventana abierta al infinito. 

Al intentar responder con verdad estas preguntas, descubrimos la iniciativa de Dios: Él sale a nuestro encuentro y nos da a conocer el misterio de su amor. Y en Jesús, que murió, resucitó y nos dio el Espíritu santo, nos hace partícipes de la vida misma de Dios y miembros de Su familia. En Cristo podemos encontrar las respuestas a nuestras preguntas y nos propone compartir su misma vida y así aprender a vivir, aprender lo que es el hombre, aprender lo que soy yo.

Al empezar la Semana Santa, ¿cuáles son las preguntas que te rondan en la cabeza? ¿Prefieres esconder la cabeza como el avestruz o te atreves a contestarlas? Si quieres, en Cristo puedes encontrar la respuesta a tus preguntas. ¿Te atreves a acompañarle en esta Semana Santa? 

oracionfranciscana.com


domingo, 28 de marzo de 2021

ECOEVANGELIO: ENTREGARNOS Y SERVIR AL FLORECIMIENTO DE TODA FORMA DE VIDA

Hace algunos meses leía planteamientos inverosímiles acerca de cómo enfrentar los efectos de la crisis climática, en concreto me detenía en la propuesta de algunos economistas al afirmar que, el fin de las abejas es un bien, porque nos obligará a la polinización mecánica por un ejército de robots polinizadores, cosa que ya sucede en China pero con mano de obra humana, la de los pobres. Otra propuesta encontrada era la de fabricar un alga capaz de absorber el CO2 (G. Giraud). La agenda oculta de estas propuestas, bien lo sabemos, no es la preservación de la vida sino la apuesta por la tecnociencia aliada a una economía basada en la producción y consumo ilimitado (cf. LS 34). Jugar a ser Dios, con esa pretensión de sustituir una belleza irremplazable e irrecuperable por otra creada por nosotros (cf. LS 34) es una forma perversa de querer suplantar a Dios con consecuencias nefastas para todas las formas de vida que compartimos este planeta.

En el Evangelio de este domingo descubriremos dos elementos contrastantes: Jesús es aclamado en su entrada a Jerusalén y al mismo tiempo vive el drama de la pasión. Juan nos cuenta que el signo de entrar a la ciudad montado sobre un borrico no fue comprendido por sus discípulos, porque «no llega en una suntuosa carroza real, ni a caballo, como los grandes del mundo, sino en un asno prestado» (Benedicto XVI). Este signo mesiánico los discípulos solo lo comprenderán a la luz de la crucifixión (Jn 12,12-16). Nosotros, también como los discípulos podemos quedarnos en esa especie bipolar de creer: aclamar a Jesús en su grandeza, pero no asumir el significado de esta exaltación en nuestro seguimiento. La primera lectura (Flp 2,5-11) nos da pistas para profundizarlo. Pablo invita a tener los mismos sentimientos de Cristo Jesús, “el cual, siendo de condición divina no consideró codiciable el ser igual a Dios. Al contrario, se despojó de su grandeza, se humilló, y se hizo obediente hasta la muerte en la cruz (cf. Flp 2, 6-8). Según R. Guridi, Jesús no renuncia a su igualdad con Dios, pero no la utiliza para su propio beneficio o para obtener ventajas. Jesús muestra con su vida que la igualdad divina significa, en última instancia, donación y entrega de uno mismo. En contraste a la opción de Jesús, en el Génesis, encontramos la tentación de suplantar a Dios, lo que destruye la armonía entre el Creador, la humanidad y todo lo creado (cf. LS 66). El abajamiento de Jesús renueva y da plenitud a toda lo creado porque Dios reconoce su entrega y lo exhalta haciéndolo Señor de toda la creación (cf. Flp 2, 9-11).

El mensaje del EcoEvangelio de este domingo quiere invitarnos a mirar a Jesús en su abajamiento y entrega hasta la cruz y desde ahí ubicarnos en nuestro rol y lugar en el mundo. No pretendamos ser como Dios, o en todo caso, creer que tenemos súper poderes para intervenir en el mundo, don de nuestro Creador. Laudato si’, nos dirá: «No somos Dios, la tierra nos precede y nos ha sido dada» (LS 67). Alterar la armonía existente en nuestro mundo nos pasará una factura muy alta que quizás nunca podremos pagar. Si bien hemos de asumir nuestro rol de administradores en la Casa común, no podemos sacar provecho de ello y destruir lo que nos ha sido dado. Con nuestra inteligencia, sabiduría y corazón hemos de entregarnos y servir al florecimiento de toda forma de vida. Esto presupone estar libres interiormente, de otra manera es difícil superar la voracidad que arruina el mundo. La libertad interior nos la da Dios. Si dejamos que Él nos habite podremos ir más allá del solo “administrar”; contemplaremos nuestro mundo con actitud agradecida y alabaremos a nuestro Creador que vive entre nosotros y en lo que nos rodea (cf. LS 225).

Hna. Gladys de la Cruz HCJC

miércoles, 24 de marzo de 2021

CUANDO EL ESPÍRITU TOCA EL ALMA

Nos está tocando vivir épocas de grandes incertidumbres en muchos ámbitos: sanitario, económico, social… También en lo espiritual. Nunca antes habíamos conocido tal pluralidad de ofertas de espiritualidad. Siendo importante estar abiertos a dimensiones más allá de lo material, de lo controlable por las ciencias humanas, también es cierto que incluso lo espiritual lo podemos vivir como producto de nuestro trabajo. Dicho en una frase: “yo me lo guiso, yo me lo como”. Pero así, nos perdemos la gran novedad de la verdadera espiritualidad: la apertura a Él.

Los testimonios dicen que Dios irrumpe misteriosamente en la vida de la persona. Esta irrupción no es fruto de ninguna preparación, sino de una apertura arriesgada a su posible presencia. Es esa sed profunda que somos, que nada la puede llenar y que se expone a lo inesperado. Y de un modo callado para todos, menos para el sujeto, Dios irrumpe discretamente en la vida de la persona. Es algo que sorprende y que lo invade todo, porque se da en lo más hondo, allá donde comienzan a tomar cuerpo todas las otras dimensiones de la persona. Es el Espíritu que ha tocado el alma.

Este suceso, nada programado, empuja a buscar ámbitos de silencio y oración para darle cauce a Él en nuestra vida; pide callar para poder “escuchar” a alguien distinto a uno mismo. Se dice que arde el corazón, que alienta la libertad como nada antes, que nos da forma nueva; se habla de un amor que estructura absolutamente todo… Y por otra parte, no nos evade del mundo, sino que nos inserta en él como nunca antes, pero totalmente renovados, de un modo libre y generoso abierto a todos; en medio del mundo. Nuestra cripta interior está habitada por el Espíritu.

Se habla de hombres y mujeres nuevos, porque han sido tocados por Dios.

Carta de Asís, marzo 2021

domingo, 21 de marzo de 2021

ECOEVANGELIO: MOSTRAR A JESÚS CUIDANDO NUESTRA CASA COMÚN

La región de América Latina es considerada la más peligrosa para ejercer activismo medio ambiental. Así lo dio a conocer Global Witness, organismo dedicado a recopilar este tipo de datos. En su informe 2019, “Defendiendo el mañana”, denunciaron que 212 activistas fueron asesinados en el mundo, las dos terceras partes eran de Latinoamérica. Estos son los mártires de hoy, testigos que han dado la vida por su comunidad, por su familia, por el mundo entero, protegiendo el medioambiente y la tierra. Estas vidas silenciadas nos recuerdan a un tal Jesús de Nazaret.

Testimonio y dar la vida para que otros vivan son elementos del Evangelio de este V domingo de Cuaresma. El texto dice que algunos griegos se acercaron a Felipe con la siguiente petición: “Señor, queremos ver a Jesús” (cf. Jn 12,21). La petición muestra la mediación para entrar en contacto con Jesús. Esta misma resuena también como imperativo para la misión. También hoy la humanidad quiere ver a Jesús y nosotros tenemos la responsabilidad de llevarlos a Él. Formas de hacerlo hay muchas, pero ninguna exime el testimonio. Y hoy ser testigos del Señor también tiene notas de cuidado por la creación. «Vivir la vocación de ser protectores de la obra de Dios es parte esencial de una existencia virtuosa, no consiste en algo opcional ni es un aspecto secundario de la experiencia cristiana» (LS 217), nos dice el Papa Francisco en la encíclica Laudato si’. Si hoy no ven en nosotros convicción y decisión por el cuidado de nuestra casa común, poco podremos decir de Jesús; por lo menos a las nuevas generaciones que tienen gran simpatía con el tema ecológico y se adhieren a Él con radicalidad. En esta línea, no solo no es extraño que el cristiano se involucre en búsquedas comunitarias con este fin, sino que es el camino para lograr cambios duraderos (cf. LS 219). «A problemas sociales se responde con redes comunitarias, no con la mera suma de bienes individuales» (LS 219).

Hoy quienes mejor han entendido esta consigna son los defensores ambientales; su voz profética es un llamado a la acción por el bien común. Ellos pertenecen a esa cadena humana que muriendo dan fruto abundante, como el Maestro. Junto a Él muchos siguen corriendo con la misma suerte (cf. Jn 12,26), como el hermano Paul McAuley.

El EcoEvangelio quiere resaltar el valor de una vida entregada a una causa común en favor de la Creación y también quiere destacar el bien que podemos hacer unidos. Para este mes de marzo puedes conocer y sumarte a la marcha organizada por Juventud por el clima. Los hombres y mujeres de este tiempo quieren ver a Jesús y nuestro compromiso por el cuidado de la creación es el modo imperioso de mostrárselos.

Hna.Gladys de la Cruz HCJC

jueves, 18 de marzo de 2021

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE EL PERDÓN?

Como el evangelio apunta al interior de la persona, a las estructuras más elementales de lo que somos siempre con la intención de humanizarlas, no ha de extrañar que sus páginas estén transidas de la espiritualidad del perdón. Los conflictos acompañan la vida humana y, por ello, el perdón se hace imprescindible para la convivencia.

Jesús ha incorporado ese perdón humano a los valores del reino, de tal forma que no se puede entender su propuesta sin adentrarse en la espiritualidad del perdón. Desde el evangelio, el tema del perdón apunta a la persona concreta pero se extiende también a la sociedad e, incluso, al cosmos.

  • Una de las notas del perdón evangélico es que ha de ser fácil. En la parábola del compañero que no perdona a quien le debe una nadería (Mt 18,21-35) una de las cosas más hermosas no es solo la generosidad de quien perdona mucho, sino que lo hace sin alharacas, como una cosa normal. El perdón habría de ser fácil, sin muchos requisitos, como algo normal en la vida, no como una heroicidad (fuera, al menos, de casos límite).
  • Otra nota es que ha de ser un perdón generoso, no medido, no normado ni siquiera por la generosidad religiosa, sino por la generosidad del corazón (70 veces 7: Mt 18,21). Si se mide el perdón con cuentagotas se corre el riesgo de deformarlo, de supeditarlo a normas y leyes. La generosidad a la hora de perdonar desvela las actitudes profundas del corazón.
  • Y, finalmente, habría de ser el perdón sin límites (Lc 23,34). Al menos habría que tener esto como un horizonte al que se tiende, aunque muchas veces nos quedemos muy cortos. Es el difícil perdón a los enemigos para quienes apuntan al horizonte del evangelio (Mt 5,44).

Texto: Lc 15,11-32: «Se acercaban a Jesús los publicanos y pecadores para escucharle. Y los fariseos y los escribas murmuraban entre ellos: «Ése acoge a los pecadores y come con ellos». Jesús les dijo esta parábola: «Un hombre tenía dos hijos; el menor dijo a su padre: «Padre, dame la parte que me toca de la herencia». El padre les repartió los bienes. Días después, el hijo menor, juntando todo lo suyo, emigró a un país lejano, y allí derrochó su fortuna viviendo perdidamente. Cuando lo había gastado todo, vino por aquella tierra un hambre terrible y empezó él a pasar necesidad. Y tanto le insistió a un habitante de aquel país, que lo mandó a sus campos a cuidar cerdos. Sentía ganas de llenarse el estómago de las algarrobas que comían los cerdos, y nadie le daba de comer.Recapacitando entonces, se dijo: «Cuántos jornaleros de mi padre tienen abundancia de pan, mientras yo aquí me muero de hambre. Me pondré en camino adonde está mi padre, y le diré: Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo, trátame como a uno de tus jornaleros». Se puso en camino hacia donde estaba su padre; cuando todavía estaba lejos, su padre lo vio y se conmovió; y, echando a correr, lo recibió con abrazos y besos. Su hijo le dijo: «Padre, he pecado contra el cielo y contra ti, ya no merezco llamarme hijo tuyo.» Pero el padre dijo a sus criados: «Sacad en seguida el mejor traje y vístanlo; ponedle un anillo en la mano y sandalias en los pies; traed el ternero cebado y matadlo; celebremos un banquete, porque este hijo mío estaba muerto y ha revivido; estaba perdido, y lo hemos encontrado». Y empezaron el banquete. Su hijo mayor estaba en el campo. Cuando al volver se acercaba a la casa, oyó la música y el baile, y llamando a uno de los mozos, le preguntó qué pasaba. Éste le contestó: «Ha vuelto tu hermano; y tu padre ha matado el ternero cebado, porque lo ha recobrado con salud». Él se indignó y se negaba a entrar, pero su padre salió e intentaba persuadirlo. Y él replicó a su padre: «Mira: en tantos años como te sirvo sin desobedecer nunca una orden tuya, a mí nunca me has dado un cabrito para tener un banquete con mis amigos; y cuando viene ese hijo tuyo que se ha comido tus bienes con malas mujeres, le matas el ternero cebado». El padre le dijo: «Hijo, tú siempre estás conmigo, y todo lo mío es tuyo: deberías alegrarte, porque este hermano tuyo estaba muerto y ha revivido; estaba perdido y lo hemos encontrado».

  • Si hablamos del perdón y del Padre que perdona siempre (así habría de denominarse el pasaje) tenemos que volver a este relato. Además de fácil, generoso y hasta el límite, el perdón del evangelio habría de ser olvidadizo. Nos cuesta olvidar. Decimos: perdono pero no olvido. El recuerdo del agravio es casi peor que el mismo agravio, imposible de borrar.
  • Pero el padre de la parábola olvida el agravio, no lo saca a relucir (podría haberlo hecho). No justifica el comportamiento del pródigo, pero no vuelve sobre ello. Para él es agua pasada y, con tal de recobrarlo con vida (lo elemental), es capaz de reorientar la convivencia que no será fácil con el hermano mayor (que ve que el pródigo va a comer de lo suyo). Está dispuesto a remodelar la vida familiar con tal de acoger al hijo. Un perdón que está dispuesto a cambios.
  • El gran motor de todo este proceso es la esperanza: cree el padre que siempre hay una semilla de esperanza en toda persona, por derrotada que esté. Creer en la persona, creer en la inviolable dignidad, es el cimiento del perdón.

Aplicación: El perdón voluntario puede ser un elemento socializador. Una visión deformada, vengativa y legalista, lleva a la persona a pensar que el perdón como elemento de mejora en las relaciones sociales ha de ser requisito previo en todo proceso conflictivo. Pero en realidad “la petición de perdón y el arrepentimiento forman parte de un ámbito íntimo y moral que solo puede surgir de un proceso personal, voluntario, sincero y auténtico, y no de una norma imperativa….Por lo tanto, no deberían plantearse como una condición previa que obligatoriamente deben cumplir ‘los otros’ para poder iniciar un proceso de reconciliación, sino como un resultado que puede brotar a partir de poner éste en marcha…La clave está en dónde situamos la petición de perdón, si lo hacemos como condición de partida y requisito obligatorio o como parte y consecuencia voluntaria del propio proceso” (J. Fernández). La renuncia al perdón como requisito puede brotar de una valoración humanista de los procesos personales y se presenta como imprescindible para una alternativa social. Mientras incluyamos el perdón en el ámbito de las obligaciones, difícilmente habremos superado el simple marco legal que, generalmente, contempla el perdón de manera meramente marginal.

Fidel Aizpurúa, capuchino

sábado, 13 de marzo de 2021

COMPROMETIDOS CON LA VIDA

Al acercarnos al discurso ecológico, en más de alguna ocasión escuchamos planteamientos catastróficos como el colapso eminente de nuestro planeta. Ciertamente esto es innegable, no hay forma de desdecir este futuro poco esperanzador si seguimos sosteniendo un consumo infinito en un planeta que es finito. Pero no solo es nuestra forma de consumo insostenible lo que amenaza la vida en nuestro planeta; la era nuclear en la que vivimos también pone entredicho la vida en el futuro. Nagazaki e Hiroshima son referentes para imaginarnos una posible autodestrucción, obviamente con efectos magnificados en el siglo actual. La teóloga Sallie Mc Fague, escribe que, como ninguna otra generación, nos enfrentamos a la tentación de ser creadores de no vida en una imitación invertida de nuestro creador. ¿Cómo podemos leer desde la fe esta posibilidad latente de autodestrucción de la vida?, ¿desde dónde nuestro cristianismo es capaz de aportar para sostener la vida presente y futura?

En el Evangelio de este domingo, IV de Cuaresma, encontramos luces que despiertan nuestra esperanza y compromiso. El amor nos ha salvado, nos dice Juan, «Porque tanto amó Dios al mundo, que entregó a su Hijo unigénito…Porque Dios no envío a su Hijo al mundo no para condenarlo, sino para salvarlo por medio de él» (Jn 3,16-17). Juan pone el acento de la salvación en el amor de Dios, no en el pecado de la creatura. Su amor es fiel, y como en el primer instante creador, suceda lo que suceda, sigue encontrando valioso lo creado y sigue comprometiéndose con su destino. Su amor salvador alcanza lo inaudito en la encarnación de su Hijo; en Él y con Él afirma lo valioso de la creación entera. En este amor fiel entendemos la vida de Jesús, quien muere salvándonos en la cruz. Pero no es solo su muerte la que nos salva sino toda su vida entregada por amor. Los evangelios hablan de esta existencia sanadora, salvadora y reconciliadora que lo llevó hasta la cruz. La entrega por amor es el presupuesto de la crucifixión, pero también el de la resurrección. En el Resucitado tenemos nuestra esperanza y junto a Él, con la creación entera avanzamos hacia el término común que es Dios (cf. LS 83).

Mientras avanzamos por este mundo, los seres humanos dotados de inteligencia y de amor, tenemos la responsabilidad de reconducir todas las criaturas a su Creador (cf. LS 83). Por eso, es importante tomar conciencia del amor salvífico de Dios. Sabernos amados y valiosos desde siempre hasta el extremo de la cruz, no puede dejarnos impasibles ante el sufrimiento y la amenaza de la muerte. Mirar al Jesús terreno y su relación tan concreta y amable con todo el mundo (cf. LS 100), nos cuestiona en nuestra capacidad de amar y de reconciliar. En este punto ha querido centrarse el EcoEvangelio, en nuestro seguimiento de Jesús, que nos lleva a concebirnos próximos y comprometidos con la vida, a la que se entrega cada día, que se compromete en pequeños y grandes gestos creadores de ambientes de paz. Porque desde la fe creemos que cada acto de amor que hagamos en favor de la creación y del hermano es un acto solidario junto al resucitado, que está llevando a su plenitud todo lo creado, hasta que «Dios sea todo en todo» (1 Co 15,28).

Hna. Gladys de la Cruz HCJC

jueves, 11 de marzo de 2021

PERSUASIÓN AMOROSA O CÓMO ACTÚA DIOS

Estando con las reflexiones que planteaba en el artículo del 11 de febrero de 2021, me encontré un texto de un catedrático de la Universidad de Sidney y profesor de Genética - Charles Birch - que decía algo parecido, y me sentí que no era un extraño con ideas particulares, queriéndome hacer un Dios a mi medida. Decía así: “La naturaleza de la actividad divina en el universo no es otra que la persuasión amorosa. Cobré clara conciencia de que los conceptos de omnipotencia y gobernante divino no son aplicables ya; antes bien, el amor persuasivo es el único poder que cuenta. (…) Dios actúa en tanto en cuanto es sentido por sus criaturas, ya sean estas, protones o personas. Como amor persuasivo, Dios confronta sin cesar al mundo con las posibilidades de su futuro”.

Nosotros, desde nuestra libertad, podemos decidir si actuamos movidos por ese amor o nos dejamos llevar por nuestros intereses egocéntricos. Dios nos ofrece toda su fuerza para cambiar el mundo, pero no lo hace “pasando por encima” de la realidad, contra la libertad humana, la creación o las leyes naturales; sino que actúa incorporando su amor al mundo, a cada criatura, contando con cada ser humano: somos nosotros los que podemos acoger ese amor y transformar la historia, haciendo presente a Dios mismo en este mundo: “Tuve hambre y me diste de comer” (Mt 25). El mismo Jesús vincula el “Reino de Dios” –es decir el espacio o el tiempo donde actúa Dios- con el cambio de vida de cada uno y también lo vincula con adhesión personal a su Buena Noticia. Lo hace cuando anuncia: “está cerca el Reino de Dios. Convertíos y creed en el Evangelio” (Mc 1, 15).

Entonces ¿todo actuar de Dios es a través de las personas? Ya dijimos que también es el que sostiene el mundo, el que da vida -con su aliento- a cada criatura y a cada elemento que existe. ¿Entonces, aparte de mantener la creación, Dios no actúa sino a través de las personas? Creo que muchos tenemos experiencias que nos dicen que hay algo más. En algunas ocasiones ocurre que actuamos siguiendo las palabras de Jesús y suceden cosas inesperadas que podríamos llamar providencia. Ya hace muchos años, la pastoral juvenil de los capuchinos estábamos arreglando una casa en Montañana, cerca de Zaragoza. Allí cada uno aportaba lo que podía, y entre todos se iba reparando, con muy poco dinero porque no lo teníamos. Además de que había un ambiente maravilloso, de pronto nos decían que nos regalaban toda la madera para el suelo de las habitaciones, o que nos prestaban - sin cobrarnos nada- una máquina que necesitábamos. Es decir, además de toda la transformación personal que supone el abrirse al Espíritu de Dios, también cuando nos fiamos del Padre hacemos real en el hoy el Reino de Dios, es decir generamos una dinámica de amor. Y en esa dinámica del Reino suceden cosas que no son explicables, pero que creo que tienen que ver con que dejamos que Dios actúe entre nosotros, de alguna manera le damos cancha. Es como que Dios no se impone, sino que pide que le abramos la puerta para poder actuar entre nosotros: hasta ese extremo llega la libertad que nos da. Por eso no es que Dios actúe en compensación de nuestro ser buenos o porque hemos rezado mucho, sino porque le dejamos espacio para que él se haga presente: es el “hágase” de María.

¿Y entonces, Dios no actúa si no le dejamos espacio? Pues sí, ya hemos dicho que el Creador nos agasaja con la vida en cada momento y la llena de regalos. Pero no sólo eso, sino que nos acompaña, nos comprende, nos consuela, nos impulsa, nos corrige, nos orienta, nos descarga, nos ofrece otra oportunidad, nos cuida, nos da esperanza, nos descansa… ¡Qué suerte tenemos!

Javi Morala, capuchino

domingo, 7 de marzo de 2021

ECOEVANGELIO: CUIDAR EL TEMPLO DE LA VIDA

La concepción de separar o contraponer el mundo espiritual del material, si bien no es de origen cristiano, esta ha dominado por mucho tiempo la espiritualidad y la forma de vivir nuestro cristianismo. Dicha división se palpa en el reparo que ponemos cuando se agrede un lugar sagrado, como los templos, pero poco expresamos cuando la dignidad de la persona es pisoteada o la tierra es saqueada. Ambas acciones son reprobables, pero curiosamente una pesa sobre las otras. La tradición cristiana considera que, en Cristo, cada bautizado es templo vivo del Espíritu Santo y la naturaleza es lugar donde Dios se manifiesta; en este sentido se ha dicho acertadamente: el mundo no es Dios, pero sí su templo.

En el Antiguo Testamento se describe el Edén como la montaña santa de Dios (cf. Ez 28,14), en este lugar se alaba a Dios (cf. Sal 48); el Santo cubre los cielos y la tierra está llena de su gloria (cf. Hab 3,3). Por un lado, después de la desobediencia, el hombre y la mujer, ya no tienen acceso libre a este lugar santísimo, a este templo (Gn 3,24). Por otro lado, la vida de Jesús puede verse desde la perspectiva de templo; si éste es el lugar privilegiado de la presencia de Dios en medio de su pueblo, Jesús es el templo por excelencia. Juan especialmente así lo presenta, en concreto en este domingo, no solo describe la autoridad de Jesús en el templo, sino resalta que el templo es Jesús mismo (cf. Jn 2,21). Él es el verdadero templo espiritual del cual nosotros somos las piedras vivas (1 Pe 2,4-5) y en Él y por Él la creación alcanza su reconciliación y plenitud (cf. Col 1,20).

El mensaje del EcoEvangelio de este domingo nos invita a estar atentos y alzar la voz contra lo que profana el templo en modo amplio, el templo de la vida. Si bien debemos ocuparnos de dignificar nuestros espacios sagrados, como los templos, lugares donde nos reunimos como comunidad creyente para orar, así también debemos proteger la vida humana y la creación entera, porque cada persona, cada criatura, la naturaleza entera manifiesta a Dios y es lugar de su presencia (cf. LS 88).

Hna. Gladys de la Cruz HCJC

viernes, 5 de marzo de 2021

TANTO RUIDO

Necesito un Telediario que no hable solo de política y covid. Necesito un periódico que saque en portada un poema y una tertulia de radio que debata sobre el candidato a maestro del año. Necesito volver a las conversaciones de bar sobre el frío que hace en invierno y el calor que hace en verano. Necesito menos ruido mediático y más ruido del mar. Vivimos una infoxicación de política y covid que nos impide profundizar en otros temas. Se nos pasan los días mirando cifras de contagios, vacunas por poner y vacunas por venir. Comentando las estadísticas de voto que nos muestran (siempre orientadas) y las falsas promesas de los candidatos políticos... y con tanto ruido, no se oyó el ruido del mar. 

Necesitamos cambiar un poco el foco. Sin quitar importancia a la pandemia y a la política, que la tienen, pero siendo conscientes de que nuestra vida abarca mucho más que solo estos dos temas.

El actor John Krasinski, protagonista de The Office, saturado de malas noticias y gente enfadada en redes sociales, creó en marzo de 2020 el canal de YouTube "Sorne Good News" ("Algunas buenas noticias"). Os recomiendo echarle un vistazo.

Todo comenzó con un tuit de Krasinski en el que pedía a sus seguidores que le enviaran historias optimistas, con final feliz. La sorpresa fue que sus seguidores le enviaron miles de buenas noticias: fotografías, vídeos caseros y cientos de historias que son positivas.

Estemos atentos a ese otro ruido, el que llena, alegra la vida y da esperanza. Y si no lo encontramos, quizá, como Krasinski, tendremos que pedirlo. Seguro que nos sorprenderían las respuestas.

Fernando Mosteiro

miércoles, 3 de marzo de 2021

CON CORAZÓN DE PADRE

Este año 2021 es el año de San José. “Con corazón de padre”, el es título de la carta apostólica que el papa Francisco escribió hace unos meses con motivo del 150 aniversario de la declaración de San José como patrono de la Iglesia universal.

El día 19 de marzo celebramos su fiesta, el día del Padre. Es también el patrono de los trabajadores, el custodio del Redentor y patrono de la buena muerte. Nos recuerda el Papa que, después de María, Madre de Dios, ningún otro santo ocupa tanto espacio en el Magisterio de los Papas como San José. Aun así, es el hombre que pasa desapercibido, el de la presencia diaria, discreta y oculta.

Este papel discreto y “segundón” que le concede la Sagrada Escritura nos lleva a recordar a tantas personas que aparentemente ocultas o en segunda línea tienen un protagonismo especial en nuestro mundo. El tiempo de pandemia nos lo ha revelado de forma especial. Hemos descubierto que hay una serie de personas colectivos a nuestro alrededor que tienen una función o tarea esencial. Sin todas estas personas, sin hacer lo que ellos hacen, siempre al servicio de los demás, se paraliza el mundo, se nos complica mucho más la vida. Es curioso que hasta ahora no nos habíamos dado cuenta, pues nuestra mirada y atención estaban puestas en las vidas de otras personas famosas que aparecen en primera página y portadas de diversos medios de comunicación.

En esta carta el papa Francisco nos presenta distintos aspectos de la figura de San José. Entre otras cosas nos dice de él que es “el padre de la valentía creativa”. Es una cualidad que surge en toda persona cuando tiene que hacer frente a las dificultades. Muchas veces éstas nos paralizan, nos bloquean, hacen que miremos para otro lado o que escondamos la cabeza, como el avestruz, hasta que pase el peligro. Sin embargo, también sabemos que suelen ser las dificultades las que nos hacen reaccionar y buscar recursos y cualidades que nos parecía que no teníamos. Ellas movilizan y agudizan nuestro ingenio para seguir haciendo frente a la vida.

Lo cierto es que la Sagrada Escritura nos presenta a un san José y a una familia envuelta, casi siempre, en dificultades. También el nuestro es un tiempo difícil, del que decimos que tenemos que salir todos juntos, fortalecidos, mejores, con muchas cosas aprendidas... Ante la realidad que nos toca vivir y afrontar, podemos tener en algunos momentos la sensación de que Dios se ha situado al margen de nuestra vida, que está tan lejano que no nos escucha ni se acuerda de nosotros… como si no le importáramos. Por eso el Papa nos recuerda que “Dios siempre logra salvar lo que es importante, con la condición de que tengamos la misma valentía creativa del carpintero de Nazaret, que sabía transformar un problema en una oportunidad, anteponiendo siempre la confianza en la Providencia”. 

Benjamín Echeverría, capuchino

domingo, 28 de febrero de 2021

ECOEVANGELIO: LA MONTAÑA, LUGAR DE SUBIDA INTERIOR

Navegando en internet encontré el slogan de una agencia de viajes de montañas, que decía: Descubre lo que se siente estando en la cima de una montaña, no dejes que te lo cuenten. Traigo al caso este hecho, porque me hizo pensar en la experiencia de oración como encuentro personal con el Señor, del que todos somos capaces y del que no podremos gozar si solo escuchamos las experiencias que otros nos cuentan. La oración cristiana tiene mucho de montaña; bíblicamente simboliza un lugar de subida, no solo exterior, sino sobre todo interior. También para otras religiones y tradiciones culturales, la montaña es símbolo de lo sagrado. En general, el monte tiene en sí un efecto atrayente al misterio; en la cima, creyentes o no, experimentan la conexión con algo que los supera. Quizás esta sea la razón por la cual muchos escaladores van acumulando conquistas en alturas, anhelando sumar siempre más.

El Evangelio de este domingo, segundo de Cuaresma, se desarrolla en una montaña. Recordemos que el anterior tuvo lugar en el desierto. Marcos nos cuenta que Jesús sube a la montaña con Pedro, Santiago y Juan, y ahí se transfigura (cf. Mc 9,2). El evangelista da cuenta de esta experiencia haciendo notar que las vestiduras de Jesús se volvieron blancas y deslumbraban (cf. Mc 9,3). El Papa emérito, Benedicto XVI, en su comentario de la Transfiguración dice que este «es un acontecimiento de oración; se ve claramente lo que sucede en la conversación de Jesús con el Padre: la íntima compenetración de su ser con Dios, que se convierte en luz pura», por eso, se hace notar que las vestiduras deslumbran.

El mensaje de este domingo es una clara invitación a retomar nuestra experiencia de oración; ésta ha de volver al centro de nuestra cotidianidad tan ajetreada, con pocos espacios para respirar a Dios, y volver a sentir su amor presente e incondicional. El EcoEvangelio, de este domingo, se plantea en esta línea, resalta la subida a la montaña, porque los cristianos "no escapamos del mundo, ni negamos la naturaleza cuando queremos encontrarnos con Dios" (LS 235). Jesús nos ha elegido también a nosotros para subir a la montaña junto a Él, para liberarnos del peso de la vida cotidiana y respirar el aire puro de la Creación. Esta subida nos dará altura interior y nos permitirá intuir al Creador.

Hna. Gladys de la Cruz HCJC

jueves, 25 de febrero de 2021

TRÁTAME CON CORTESÍA

No vivimos tiempos en los cuales se valore la cortesía en las relaciones. Hoy prima la efectividad, el modo de hablar directo, sin florituras. Solemos tender a un trato donde se vaya al grano. Así, no nos perdemos en las formas ni perdemos tanta energía en el envoltorio y nos centramos más en el contenido. Seguramente estamos bajo la influencia del modo de vida productivo que aspira conseguir el máximo resultado con el mínimo esfuerzo. Poco a poco este modo de relación se ha extendido a otros ámbitos de las relaciones humanas.

Y sin embargo, hay terrenos humanos donde no cabe este tipo de relación que busca la efectividad, sino que más bien se requiere gratuidad, generosidad. Por ejemplo, en las relaciones fraternas, familiares, de amistad, no se atiende tanto al beneficio sino al trato mismo, a la relación por la relación. En estos territorios humanos los modos, las formas, el envoltorio sí ayuda a llegar y a trabajar los fondos.

Qué importante es tratar a las personas con cortesía, porque una caridad sin cortesía es una aspereza. Que en las relaciones fraternas no se dé un cierto cuidado, una mínima delicadeza y amabilidad es señal de que hay una torpeza para relacionarse, o quizá sea un acto de superioridad y menosprecio hacia el hermano, la hermana. Porque la cortesía no son florituras sino uno de los medios adecuados para trabajar el amor y el aprecio.

La cortesía, que no la relación barroca y empalagosa, es como el lubrificante que facilita las relaciones humanas y hace que las diferencias sean mejor asumidas para una mayor integración en el ámbito fraterno. Más incluso; hasta los asuntos quizá vidriosos puedan ser abordados con mayor naturalidad. Hermano, hermana, tratémonos con cortesía.

Carta de Asís, febrero 2021

martes, 23 de febrero de 2021

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE LA GENEROSIDAD?

No es que los evangelios reporten una doctrina organizada sobre la generosidad. Pero da la impresión de que es “salsa” para todos los guisos. Por lo que se puede decir que la propuesta de Jesús no se puede entender bien desde la tacañería, la racanería y el egoísmo del “todo para mí”. La propuesta de Jesús es para corazones generosos.

Más aún, no cabe duda de que uno de los rasgos del perfil de Dios que Jesús nos propone es el de un Dios generoso. Los mecanismos religiosos tienden a inocularnos la idea de un Dios tacaño al que hay que pedirle mucho para que nos otorgue lo que necesitamos. Ese modo de entender al Dios de Jesús se hace incomprensible. Dios es Dios de generosidad total, de gracia sobreabundante (Rom 5,20).
  • Se anima a dar porque “se os dará”, es decir, porque ya se os ha dado (Lc 6,38). Comprender la generosidad de un Dios que se nos da a nosotros sin medida es lo que ha de hacernos generosos con los demás. Así es, ya antes que nosotros demos se nos ha dado una medida “remecida”. Rebosante.
  • A la hora de dar hasta las campanas tiemblan, dice el dicho popular. Y, por eso, no solo damos con cuentagotas, sino que seleccionamos muy bien a quien damos para que lo utilice bien, para que nos pueda devolver el favor, o por otros intereses. Pero el evangelio propone que no hagamos cálculos a la hora de dar y que seamos generosos con cualquiera que demanda nuestra ayuda (Lc 6,30).
  • Más aún, los grandes milagros de la vida parten de pequeños gestos de generosidad (como se ve en Jn 6,9: dos panes de cebada y dos pescaditos en salmuera). Porque para el planteamiento de Jesús lo importante no es la cantidad sino en el amor del corazón con el que se da.
Texto: Mt 20,1-16: «El reino de los cielos se parece a un propietario que al amanecer salió a contratar jornaleros para su viña. Después de ajustarse con ellos en un denario por jornada, los mandó a la viña.Salió otra vez a media mañana, vio a otros que estaban en la plaza sin trabajo y les dijo: “Id también vosotros a mi viña y os pagaré lo debido”. Ellos fueron. Salió de nuevo hacia mediodía y a media tarde, e hizo lo mismo.Salió al caer la tarde y encontró a otros, parados, y les dijo: “¿Cómo es que estáis aquí el día entero sin trabajar?”. Le respondieron: “Nadie nos ha contratado”. Él les dijo: “Id también vosotros a mi viña”.Cuando oscureció, el dueño dijo al capataz: “Llama a los jornaleros y págales el jornal, empezando por los últimos y acabando por los primeros”. Vinieron los del atardecer y recibieron un denario cada uno.Cuando llegaron los primeros, pensaban que recibirían más, pero ellos también recibieron un denario cada uno. Al recibirlo se pusieron a protestar contra el amo: “Estos últimos han trabajado solo una hora y los has tratado igual que a nosotros, que hemos aguantado el peso del día y el bochorno”.Él replicó a uno de ellos: “Amigo, no te hago ninguna injusticia. ¿No nos ajustamos en un denario? Toma lo tuyo y vete. Quiero darle a este último igual que a ti. ¿Es que no tengo libertad para hacer lo que quiera en mis asuntos? ¿O vas a tener tú envidia porque yo soy generoso?”. Así, los últimos serán primeros y los primeros, últimos».
  • El perfil de un Dios generoso molesta a quien ha trabajado, aunque haya recibido lo convenido. No tolera la generosidad de Dios que da la misma cuota de dicha a todos, la merezcan o no. En el fondo, el mecanismo religioso quiere hacer a Dios deudor nuestro, no generoso benefactor.
  • Dios obra con la libertad del amor. Y, sin hacer perjuicio a nadie, se vuelca en el débil y necesitado no porque lo crea mejor que el fuerte, sino porque su debilidad le hace acreedor de una cuota más alta de amor. Eso es lo que no entiende quien mide todo con los parámetros de la mera justicia, justicia que, lógicamente, Dios no se la salta. Pero su generosidad va más allá.
  • El perfil de un Dios generoso, derrochón, espléndido no entra, a veces en el cálculo religioso que funciona con el parámetro de los méritos debidos, no del amor y la necesidad. El Dios de Jesús, no cabe duda, es el Dios de la total generosidad. Aducir méritos es no entenderlo.
  • Por eso, ante él, todos estamos en el mismo nivel, últimos y primeros igualados. Creerse en niveles distintos, con exigencias por los servicios prestados es no haber entendido la propuesta de Jesús, propuesta de generosidad.

Aplicación: Una derivación de este texto es cómo construir una ética de generosidad política para el perdón social difícil. Es requisito imprescindible el de una fe inquebrantable en las posibilidades de cambio humano. Si se descree de ello, la cosa resulta imposible. Porque, dado el pertinaz comportamiento inhumano de la persona a lo largo de las épocas, la certeza de la imposibilidad del logro de un corazón humano, de “carne”, aparece en ocasiones como imposible. La persistencia en el amor político de muchas personas a lo largo de la historia testifica acerca de una inquebrantable fe en la posibilidad de cambio, de mejora, de manera distinta de vivir. Una «nube de testigos» corrobora con su vida, y no pocas veces con su muerte, esta fe. “Son profetas que nos dirigen una palabra viva e inquietante que nos ayuda a salir de la situación engañosa en la que fácilmente quedamos atrapados”. Esa situación engañosa no es otra sino la idea extendida y profundizada de que cambiar a mejor es imposible. Por eso mismo el amor político “canta en la noche”, como diría B. Brecht, y resiste al amargor de la vida haciendo que no sea superior al disfrute y a la alegría de vivir entre humanos. 

Tanto organizaciones públicas como personas privadas están empeñadas en trabajar el minado camino de la convivencia entre víctimas y victimarios. Una condición para la memoria y la convivencia es que los victimarios hagan un reconocimiento del daño causado, que quede claro el reconocimiento social del sufrimiento de las víctimas. Y otra condición es que las víctimas, por encima de su hondo sufrimiento, se sitúen en un terreno de una cierta confluencia, lo más alejada posible del odio, la revancha y la venganza. 

En segundo lugar, otro criterio para una ética de generosidad política es la flexibilización del paradigma, la creencia de que no hay modelos únicos de convivencia, la certeza de que se pueden proponer maneras alternativas, siquiera parciales, para poder llegar a una convivencia en un sistema flexible. La radicalización de los sistemas no lleva más que a la exclusión.

Y, finalmente, una lectura rápida y superficial del acontecer social puede llevarnos a creer que solamente existen modos sistematizados de vida, caracterizados en esta época nuestra por el denominador del poder y del lucro (el tan traído y llevado neoliberalismo). Y es cierto que las estructuras sistémicas van por ahí arrastrando en esa enorme corriente no solamente a quien se beneficia de esta orientación, sino también a quien no quisiera ir por ahí, o eso es lo que dice, y se ve obligado a entrar en el torbellino de un crudo neoliberalismo.

Fidel Aizpurúa, capuchino

sábado, 20 de febrero de 2021

ECOEVANGELIO: LA TENTACIÓN DE OFENDER A LA CREACIÓN

Al cristianismo se le ha acusado de ser una religión antropocéntrica, según una errada interpretación del relato del Génesis que invita a dominar la tierra (cf. Gn 1, 28). Los críticos ven, en dicho versículo, una clara justificación para destruir salvajemente la naturaleza. El Papa Francisco, reconociendo que si bien, los cristianos en algunos momentos han hecho una incorrecta interpretación de este pasaje bíblico, hoy señala rechazar con fuerza toda interpretación que justifique y motive el dominio absoluto del ser humano sobre las demás criaturas (cf. LS 67).

El Evangelio de este domingo primero de Cuaresma es un ejemplo claro de que a lo largo de la Biblia no solo encontramos profundas motivaciones para custodiar la creación, sino razones que fundamentan nuestra obligación dentro de ella, como parte de nuestra fe cristiana (cf. LS 64). Efectivamente, se trata del escueto versículo con el que el evangelista Marcos señala que Jesús fue conducido al desierto y ahí convivía con las fieras salvajes y los ángeles le servían (cf. Mc 1,13). Claramente la imagen del desierto es antagónica a la del Jardín del Edén, sin embargo, en este lugar inhóspito se da la reconciliación y la salvación. Las fieras salvajes conviven pacíficamente con Jesús, como el hombre lo hacía en el principio de la creación, antes de la ruptura con Dios por el pecado. Marcos corrobora en Jesús lo que Isaías anunció de los tiempos mesiánicos, en el antiguo testamento: «habitará el lobo con el cordero, la pantera se tumbará con el cabrito…» (Is 11,6). El evangelista muestra en Jesús al Mesías que reconcilia y trae la paz a toda la creación. El papa Benedicto XVI, refiriéndose a este versículo, dice: "Donde el pecado es vencido, donde se restablece la armonía del hombre con Dios, se produce la reconciliación de la creación".

Desde esta contextualización bíblica, el EcoEvangelio de esta semana nos invita a introducirnos al desierto de la cuaresma y a ejemplo de Jesús rechazar toda tentación que nos confronte con la creación. Estos cuarenta días pueden ser propicios para "examinar nuestras vidas y reconocer de qué modo ofendemos a la Creación de Dios con nuestras acciones y nuestra incapacidad de actuar" (LS 218). 

Hna. Gladys de la Cruz HCJC

jueves, 18 de febrero de 2021

CONVERTIRSE AL GUSTO POR LA VIDA

Quizá sea mucho decir que en este último año la vida se nos ha roto. No, la vida sigue terca, tenaz, luchadora a la vez que nuestro planeta continúa dando vueltas. La vida sigue pero reconocemos con facilidad que, además de complicada, se ha vuelto sosa, fría, triste. Las pequeñas alegrías que la sostenían (encuentros, abrazos, fiestas, movilidad, etc.) se han venido abajo en razón del control de la pandemia, sin conseguirlo. A ello se añade la pesadilla de no saber hasta cuándo vamos a tener que estar en semejante situación. De tal manera que se está tambaleando la certeza de que vivir así merezca la pena. Hay quien dice: “volveremos a lo de antes”. Y otros dicen: “volveremos a otra cosa”. Nadie lo sabe. Mientras tanto, el día a día está delante nosotros.

Ante una situación así hay quien se deja llevar por la desesperanza, ensombrece su alma y vive con disgusto desde que se levanta por la mañana. Pero también hay quien sigue tratando de mirar con agradecimiento lo que hay y vive con un gozo comedido abierto siempre a lo nuevo que, así lo cree, habita en lo frágil. No sueña tanto con lo distinto, sino con mirar de otra manera lo que se tiene. El filósofo Séneca decía: “El buen piloto, aun con la vela rota y desarmado y todo, repara las reliquias de su nave para seguir su ruta”. Pues de eso se trata, de seguir viviendo en una situación distinta y no fácil, y de seguir viviendo agradecidos.

Por eso hablamos de mantener vivo el gusto por la vida. Si, por la razón que sea, se pierde ese gusto, todo se vuelve gris, sin relieve, rutinario, soso. Si, por el contrario, se gusta lo que se tiene, se agradece lo que se recibe, se contempla lo que la vida nos da en la oferta de cada día, elaboraremos de otro modo las dificultades y la pesadumbre no entrará tan fácilmente en nuestra casa.

De manera que quizá podamos decir que la conversión cuaresmal puede entenderse como convertirse cada día al gusto por la vida, no perderlo, aumentarlo si es posible, contagiar amor por estos caminos nuestros tan pobres pero que, además de no tener otros, encierran dentro una belleza escondida. Es una sabiduría y un arte saber gustar esa belleza humilde. Quizá el tiempo de Cuaresma de este año nos pueda ayudar a ello con lo que nuestro caminar diario tendrá otro color. Si aprendemos a vivir con gusto la vida, viviremos también con más gusto la fe.

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 17 de febrero de 2021

MIÉRCOLES DE CENIZA

Cuando Francisco de Asís quería conocer la voluntad de Dios sobre su vida, abría tres veces el Evangelio y lo que ahí se leía era la norma que había que seguir. Eso mismo vamos a hacer hoy nosotros: abriremos tres veces el Evangelio para escuchar la llamada a la conversión que nos hace el Evangelio en este miércoles de ceniza al comenzar la Cuaresma:
  • Lc 5,32: “No he venido a llamar a justos, sino a pecadores para que se conviertan”.
Todos estamos llamados a la conversión. No importan cuáles sean nuestras limitaciones e incoherencias. Hoy el Evangelio te llama a la conversión.
  • Lc 13,8-9: “Señor, deja a la higuera estéril un año más sin cortarla a ver si da fruto”.
Nosotros somos esa higuera muchas veces estéril, con pocos frutos de humanidad y de bondad. Dios no corta la higuera de nuestra vida ni después de un año ni nunca. Siempre espera que demos fruto.
  • Lc 15,7: “Os digo que habrá más alegría en el cielo por un solo pecador que se convierta que por noventa y nueve justos que no necesitan conversión”.

Cuando nuestra vida mejora, cambia, se entrega a los demás, se convierte, hay alegría en el cielo. Estamos llamados en la Cuaresma a ser alegría para Dios mejorando nuestra vida, viviendo en bondad y amor.

Oración

Señor Jesús, hermano totalmente convertido
al corazón del Padre,
acompaña nuestros caminos cuaresmales
que iniciamos hoy.

Tú llamas a pecadores,
nos sentimos llamados y agradecidos.
Tú no cortas la higuera,
nos sentimos con la responsabilidad
de dar frutos de humanidad.
Tú dices que somos alegría del cielo
cuando amamos con generosidad.

Enséñanos a amar
para que la Cuaresma de este año
sea un tiempo de vida
que nos adentre
en el corazón de la Pascua.
Amén.

martes, 16 de febrero de 2021

PEDACITOS DE OTROS

Hace un tiempo, viendo el programa «La Voz», el cantante Pablo López decía que él estaba hecho de pedacitos de otras personas en clara referencia a la canción de su compañero de programa Antonio Orozco que dice: estoy hecho de pedacitos de ti. Al tomar conciencia de esta frase me llené de agradecimiento y de responsabilidad a partes iguales.

Agradecimiento por tantas personas que se han acercado a mi vida para ser inspiración, ejemplo, ya que estoy hecho de pedacitos de cada una de ellas, y por otro lado, de responsabilidad, por sentirme invitado a ser parte de esta cadena de generosidad, entrega y pasión por los demás que su ejemplo me ha dado.

Sin duda, alguien del que tenemos todos pedacitos es Jesús. Sus enseñanzas, sus propuestas, sus gestos, su humanidad, su pasión por las personas han sido y son pinceladas que han ido dibujando nuestras vidas y nuestra existencia.

Y para terminar una invitación: reconocer de qué pedacitos de otras personas estáis hechos y hacerles llegar a esas personas un agradecimiento a través de un correo, una llamada, un detalle, y si ya no están entre nosotros pues a hacer memoria agradecida por sus vidas y sus enseñanzas.

Agus Couto Picos

domingo, 14 de febrero de 2021

ECOEVANGELIO: JESÚS INTEGRA AL QUE HA SIDO DESCARTADO

La cultura del descarte es una categoría asociada al pensamiento pastoral del Papa Francisco. Continuamente lo integra en sus discursos y en documentos magisteriales como Evangelii Gaudium, Laudato Si' y últimamente en Fratelli Tutti. En Evangelli Gaudium expresa que, en nuestra sociedad actual hemos dado inicio a la "cultura del descarte", que además promovemos. Ya no se trata solo de la explotación o de la opresión, sino que, los excluidos de este tiempo son desechos, sobrantes (Cf. EG 53). Frente a esto, el Papa también denuncia: la globalización de la indiferencia y la cultura del bienestar que nos anestesia (Cf. EG 54).

En un contexto de emergencia sanitaria como la que vivimos, el Evangelio de este domingo 14 de febrero, nos resulta profundamente cuestionador y alentador. Jesús toca a un leproso. Su gesto restituye la salud e integra al marginado de la sociedad, porque eso era precisamente un leproso, un impuro descartado de la comunidad. Este acento puesto en la integración, tiene una razón existencial. El Evangelio dice: "lo tocó y quedó limpio". La sociedad religiosa judía se movía en categorías de pureza e impureza, solo los puros, los limpios eran benditos y gratos a Dios. Jesús revoluciona esta mentalidad. No son los puros, religiosamente hablando, los que tienen garantizada la bendición de Dios, sino los que apuestan por la vida y por la integración, como lo hizo el leproso, que se acercó a Jesús y recuperó no solo su salud sino su inclusión en la comunidad.

Jesús, Palabra y Gesto, que limpia y que integra, nos alienta a liberarnos de la mentalidad del descarte y de la anestesia del bienestar, "Ya no lloramos ante el drama de los demás ni nos interesa cuidarlos, como si todo fuera una responsabilidad ajena que no nos incumbe” (EG 54). El EcoEvangelio de esta semana quiere ser una invitación tomar conciencia de la cultura del descarte, referida a la exclusión humana y a la que daña al planeta, llenándolo rápidamente de desechos. Los discípulos de Jesús hemos de decir no a la cultura del descarte y promover la cultura de la solidaridad y del encuentro, que finalmente repercute también en la salud de nuestro Planeta.

Hna. Gladys de la Cruz HCJC
 

jueves, 11 de febrero de 2021

¿CÓMO ACTÚA DIOS?

Prometí seguir hablando de cómo actúa Dios en la historia, en nuestra vida. Es uno de los temas que más me ha inquietado en mi recorrido personal y que todavía sigue cuestionándome. Un problema que mi mente intenta solventar desde su educación cientifista y desde su fe. Consciente de que es más complejo de lo que yo pueda explicar en unas líneas –y de lo que probablemente el ser humano pueda entender nunca- y que no lo puedo encerrar o controlar en una simple reflexión, todos estos años he querido hacérmelo más razonable y entendible.

Nunca me ha convencido la imagen del Dios intervencionista que actúa arbitrariamente en favor de unos y no tiene en cuenta a otros en su enfermedad o sufrimiento. Dios actuaría desde el milagro, interrumpiendo el modo de suceder de los acontecimientos, contraviniendo las leyes que Él mismo ha establecido en la naturaleza. No creo en este Dios mal entendidamente omnipotente, que decide que las cosas ocurran de una forma y no de otra, más propio de algunos pasajes del Antiguo Testamento. Mis tripas se agrietan de dolor cuando oigo expresiones del tipo: “ha muerto porque Dios así lo ha querido”, o “es voluntad de Dios que tenga cáncer”, etc. Jesús luchó contra el mal y el sufrimiento que se encontró.

Pero huyendo de esta concepción desviada del Todopoderoso, durante mucho tiempo, caí en el otro extremo: un Dios que sólo ha intervenido en el origen de la historia, en la creación, y luego ha dejado que ésta vaya fluyendo regida únicamente por sus leyes: concepción propia de los deístas. Esta idea es muy respetuosa con la ciencia y con la autonomía del ser humano y del mundo –que creo que hay que mantener- pero hace que Dios desaparezca, hace que en la práctica Dios no actúe, viviríamos como si no existiera.

¿Entonces si no creo en un Dios intervencionista ni tampoco en un Dios que inicia el universo y lo deja funcionar, en quién creo? Hay una frase del evangelio que me dio mucha luz cuando caí en la cuenta de todo su significado: “Bendito sea el Señor (…) porque ha visitado a su pueblo, suscitándonos una fuerza de salvación” (Lc 1, 68-69). Es decir, una de las formas que Dios tiene de hacerse presente, de “visitarnos”, de cambiar el rumbo de la historia es llenándonos de su fuerza, colmándonos de su Espíritu, dándonos su amor. Esa fuerza llena el universo y lo mantiene vivo y lanzado a la vida: es decir toda criatura, todo proceso natural está habitado y sustentado por Dios, como decía San Pablo: “todo se mantiene en él” (Col 1, 17).

Si leemos estos versículos del profeta Isaías: “Mirad, el Señor Dios llega con poder, y su brazo manda. Mirad, viene con él su salario, y su recompensa lo precede. Como un pastor que apacienta el rebaño, su brazo lo reúne, toma en brazos los corderos y hace recostar a las madres” (40, 10-11). La primera parte nos podría hacer pensar que Dios va a actuar imponiéndose con su brazo y su poder. Pero después nos indica el modo de actuar: enseñando, consolando, cuidando las debilidades, etc.

De hecho el momento de mayor fragilidad de Dios, cuando su hijo muere sádicamente en la cruz, es el momento de mayor potencia de Dios y de Jesús, cuando han sacado a la humanidad de las garras de la muerte, cuando han redimido al mundo.

Pero todavía hay más que decir: ¡continuará!

Javi Morala, capuchino

martes, 9 de febrero de 2021

HOY CELEBRAMOS A FRAY LEOPOLDO

Hoy celebramos al Beato Fray Leopoldo de Alpandeire, un ejemplo de minoridad franciscana que llevó el mensaje de paz y bien por las calles de Granada. Su oración sencilla, su cercanía a todos y los favores que la gente recibía por su intercesión, extendieron su fama de santidad no sólo en Andalucía, sino también en muchos lugares de la geografía española.

Fray Leopoldo, humilde limosnero del amor, con sus alforjas repletas de caridad y las tres Ave Marías en los labios y el corazón, tenía fijada la mirada en el cielo y en el corazón de las personas con las que se encontraba y los pies en el suelo de las estrechas y empinadas callejas de Granada.

Pidiendo limosna, se convertía él mismo en limosna de consuelo, de salud del cuerpo y del alma, de ternura, de ejemplaridad y de esperanza para los demás, especialmente para los más necesitados.

Te invitamos a conocer o a recordar su figura a través de este documental.