jueves, 17 de octubre de 2019

EN LA CASA DEL PADRE

Padre, como cuando era un niño y te miraba
lleno de devoción, igualmente te miro
hoy, que ya soy un hombre, y cansado suspiro
por las grietas de un tiempo donde nada pasaba.

En el jardín de pájaros, alguien lanza la taba:
una niña que mira con ojos de zafiro
bajo un cielo impasible, sin percibir el giro
incesante de un mundo que empieza donde acaba.

Hoy he vuelto a tu abrazo por veredas de nieve,
persiguiendo el constante murmullo de la era,
el olor de la hierba, la seca luz de enero.

Ya me alcanza tu mano al final del sendero.
Ya descanso a tus pies, rendido, mientras fuera
se iluminan los campos como hogueras de nieve.

Alejandro Martín
(De La fiesta de los vivos)


martes, 15 de octubre de 2019

¿POR QUÉ NOS CUESTA TANTO AMAR LA VIDA?

Hay muchas personas que afirman amar apasionadamente la vida y que, en consecuencia, tienen muchas ganas de vivir. Estas personas son jóvenes, o tienen buena salud, o les va bien en los negocios, o se sienten queridas. La vida les sonríe. Desde ahí parece lógico y fácil decir que se ama la vida. Pero el panorama es muy distinto cuando las cosas no funcionan, cuando la enfermedad nos visita y se instala en nuestra cercanía, cuando nos muerde la soledad y no encontramos el sosiego, cuando las limitaciones económicas nos amargan los días, cuando, en fin, nos sentimos excluidos del banquete de la vida. La misma cercanía de la muerte nos deja sin alegría y pone su última gota de acíbar en nuestro caminar.

Es entonces cuando se desata nuestro desamor contra la vida y decimos que es dura y un valle de lágrimas, que no merece la pena desgastarse por ella y que, a la larga, no sirve para nada. La misma espiritualidad cristiana, o una parte de ella, ha generado desde los viejos tiempos bíblicos una manera de pensar en que se decía que, al ser de tan poco valor la existencia humana, había que anhelar “la otra vida” en la que se nos daría el gozo y la fortuna que aquí se nos había negado. Se elaboró entonces la certeza de que “estábamos de paso”, en una morada transitoria, prestada, a la que no convenía dedicarle mucho esfuerzo. Había más bien que reservar las fuerzas y los anhelos para las eternas moradas.

Este desenfoque que ha llegado a tratar con tan poca benignidad y con tan escasa valoración el camino humano quizá brote de la experiencia de transitoriedad de la vida. Siempre se ha creído que lo nuestro era tan efímero que considerarlo como un valor no tenía sentido. Ya el viejo Píndaro (siglo V a.C.) decía en uno de sus versos: “Somos efímeros, ¿qué es uno?, ¿qué no es? Sombra de un sueño, el hombre” (Píndaro, Pítica VIII, 95-96). Seres de un día, así se nos considera. La imaginación poética vio la existencia humana sometida a la singularidad de ese día de la vida, breve recorrido luminoso o nublado de la luz por el cielo. Una luz que surge aún sin saber lo que va a iluminar, y que en un punto del horizonte se extinguirá. Más allá de este sentimiento de transitoriedad, la fe cristiana quiere dar consistencia a la vida haciendo ver que ella, en sí misma, y por obra de la creación del amor de Dios, merece la pena. Que su valor sobrepasa a su limitación y que sus fronteras, tan breves, se ven desbordadas por el calor que Dios mismo ha puesto en ella. Sin esta nueva perspectiva no solamente no se entiende la vida sino que, además, tampoco se entiende el amor del Padre.

Francisco de Asís ha sido uno que, en un mundo de enormes limitaciones personales y sociales, ha descubierto y vivido el gusto por la vida. Ha sabido mantener una mirada de benevolencia y de amor sobre esta pobre vida y la ha llegado a ver valiosa y rica como el mejor don de Dios a nosotros. Por otra parte, el mundo de hoy está necesitado, como siempre y más, de esa profecía del gusto por la vida ya que el peligro de la pérdida de sentido que siempre ha sido compañero de camino de las personas es hoy más acuciante que nunca. Es por eso que la fe en el valor de la vida es parte irrenunciable del credo franciscano.

Con esta mirada benigna y valorativa sobre la realidad se puede entender correctamente que el final al que está destinada como plenitud, no como fuga del presente, sea la realidad misma de Dios. Dice E. Sábato: “Cualquiera que sean las circunstancias de la vida, nadie le podrá quitar esa pertenencia a una historia sagrada: siempre la vida quedará incluida en la mirada de los dioses” (E. Sábato, Antes del fin…, p.43). Así es, porque la vida está en la mirada y en el corazón del Padre y tiene, por encima de sus limitaciones, un valor inapreciable. La adultez cristiana y la franciscana se miden, entre otras cosas, por una correcta valoración de la existencia, el mejor don del amor del Padre a sus criaturas.
Fidel Aizpurúa, capuchino

jueves, 10 de octubre de 2019

EN LO PEQUEÑO

Es en lo pequeño
donde se gestan las grandes historias.
En la desnudez vulnerable,
en el hambre de evangelio,
en la caricia tímida,
en la palabra discreta,
en la revolución silenciosa.
Así es tu amor.
Un grano de mostaza
que ya anuncia un árbol.
Levadura invisible
que entreteje,
en lo profundo,
una justicia inmortal
que ha de alzarse
al calor del fuego
que es tu anuncio.

Es en lo pequeño, sí,
donde cabe tu verdad.

Magnificat recitado
por una muchacha pobre.
Letras en la arena
que solo el pecador entiende.
Perfume guardado
para la fiesta especial.
Amistad de un leproso
que regresa a dar las gracias.
Campesino que ayuda
a cargar la cruz.
Cabellos que secan
lágrimas de agotamiento y culpa.
Humano temor que pide:
¿Velad conmigo?

Así, en lo pequeño,
explota el Reino.
Y otra vez sin enterarnos.
José María R. Olaizola

martes, 8 de octubre de 2019

A DIOS LE GUSTA LO PEQUEÑO

Para entrar en el Reino de los cielos, hace falta un pasaporte: ser pequeño. Ésta es la identidad que nos distingue delante de Dios; la virtud que más nos acerca a Él. Una canción dice: “¿Qué tendrá lo pequeño, que a Dios tanto le agrada?” Cristo nos enseña en este Evangelio que ser pequeño significa volver a ser niño. Implica un cambio, recuperar cada día aquel tesoro que se va desgastando con los años…

Un niño tiene las manos pequeñas. Todo le queda grande, todo le sobrepasa, en todas las sillas sus pies quedan colgando. Pero es feliz aunque no tenga el control de todo. Más aún: su felicidad consiste en que no quiere controlarlo todo. El niño vive para recibir, para descubrir, para sorprenderse. La grandeza de un niño no está en su poder sobre cosas y personas; más bien él es libre de este deseo de gobernar su mundo. Y así como él encuentra su seguridad en papá y mamá, cada uno de nosotros cuenta con un Padre maravilloso, quien de verdad lo gobierna todo para nuestro bien. Cuando sentimos que nuestras manos son pequeñas, que no podemos agarrarlo todo y dirigir las circunstancias…ésta es la oportunidad para ser niños de nuevo, poniendo nuestra confianza en Dios.

Un niño está apenas entrando al mundo. Le falta experiencia. Cada día aprende algo nuevo. Y si cae al dar los primeros pasos, pronto su mamá lo levanta para que siga aprendiendo a caminar. Esto también es ser pequeño. No somos perfectos ni lo sabemos todo. ¡Cuántas veces cometemos errores, nos caemos, o nos perdemos! Pero esta realidad no es un motivo para desanimarnos. Todo lo contrario: saber que nos hemos perdido nos abre las puertas para descubrir que Dios nos busca. Cuando admitimos la caída con sencillez de niño, podemos alegrarnos con mayor gratitud hacia Dios que nos levanta. Al reconocer los propios límites nos damos cuenta que tenemos un Padre de Amor y misericordia sin límites.
Javier Castellanos LC

domingo, 6 de octubre de 2019

DALE LA VUELTA

El primer miércoles de octubre se celebró el Día Mundial de la Parálisis Cerebral. “Dale la Vuelta” es la nueva y divertida campaña de sensibilización de Aspace, que nace con el objetivo de dar a conocer, en tono de humor, las dificultades diarias de las personas con parálisis cerebral.

viernes, 4 de octubre de 2019

FELIZ DÍA DE SAN FRANCISCO

Francesco un rebelde, pero un rebelde de interioridad. Tenía el coraje de la dulzura en oposición al supuesto coraje de la agresión. Quería que nos quedáramos en la Iglesia, con gran respeto por el Papa, los sacerdotes, fueran cuales fueran sus defectos, porque son los únicos autorizados, dijo, para consagrar el pan y el vino. Esto puede inspirar hoy a todos aquellos que se preguntan si deberían abandonar la Iglesia en el contexto de la crisis que está atravesando. En la época de Francisco, los problemas que afectaban a la Iglesia eran mucho peores que los de hoy, su opción era creer en la Iglesia  y continuar estando dentro de ella.
Michel Sauquet

miércoles, 2 de octubre de 2019

CREO EN LA IGLESIA

El 25 de marzo de este año, en Loreto, junto a la Santa Casa, lugar que atendemos los Capuchinos, el papa Francisco firmó uno de esos grandes documentos dirigido a los jóvenes y a todo el pueblo de Dios.Lleva por nombre Christus vivit, (Vive Cristo) y es una exhortación apostólica escrita a raíz del sínodo sobre la juventud del año pasado.

Como el mismo papa afirma, “es una carta que recuerda algunas convicciones de nuestra fe y que al mismo tiempo alienta a crecer en la santidad y en el compromiso con la propia vocación”. El papa insistentemente nos anima a vivir nuestra vida cristiana poniendo nuestra mirada en la persona de Jesús. Nos invita a profundizar en él, a redescubrirlo. De hecho, en este documento al que hago referencia Francisco es consciente de que “para muchos jóvenes, Dios, la religión y la Iglesia son palabras vacías, en cambio son sensibles a la figura de Jesús, cuando viene presentada de modo atractivo y eficaz”.

Recuerdo a otro Francisco, el de Asís, que unos siglos antes, tras unos años de búsqueda y de replanteamiento de su vida, se encontró con Jesucristo y su mensaje del Evangelio. Le impactó tanto que quiso hacer de él su forma de vida. La Iglesia de aquel tiempo tampoco era ideal, pero él tuvo claro que quería vivir su fe dentro de ella, no al margen. En ella siempre es posible encontrar a Cristo. Nos unimos también a este deseo del papa: “pidamos al Señor que libere a la Iglesia de los que quieren avejentarla, esclerotizarla en el pasado, detenerla, volverla inmóvil”.

El gran sueño del de Asís fue la fraternidad. El Francisco actual, el papa, nos anima a que todos nos sintamos hermanos y cercanos. Aunque los miembros de la Iglesia no tenemos que ser “bichos raros”, “tenemos que atrevernos a ser distintos, a mostrar otros sueños que este mundo no ofrece , a testimoniar la belleza de la generosidad, del servicio, de la pureza, de la fortaleza, del perdón, de la fidelidad a la propia vocación, de la oración, de la lucha por la justicia y el bien común, del amor a los pobres, de la amistad social”.

La Iglesia de Cristo, muchas veces es reflejo de lo que sucede en la sociedad. Muestra ese lado oscuro cuando no escucha la llamada del Señor y pone su mirada en falsas seguridades. A pesar de todo, también en este tiempo y en esta sociedad y en esta iglesia, como san Francisco de Asís, decimos: “Te adoramos, Señor Jesucristo, aquí y en todas las iglesias en el mundo entero. Y te bendecimos pues, por tu santa Cruz redimiste al mundo”.

Benjamín Echeverría, capuchino

lunes, 30 de septiembre de 2019

SOLIDARIDAD E INFORMACIÓN

Vivimos en medio de tantas noticias, datos, comentarios, estudios de opinión, etc. que se nos hace difícil discernir entre lo que es cierto y lo que no lo es. Esto se acrecienta en el ámbito de la solidaridad, y más con los inmigrantes. Se nos desgarra el corazón al ver imágenes de personas en situaciones límites de vida y muerte: salto de vallas, familias enteras rescatadas en alta mar, columnas de hombres y mujeres huyendo de la guerra y el hambre... También nos llegan noticias de inmigrantes que roban, que actúan sin ningún civismo, de abusos en la recepción de ayudas institucionales, de conflictos interreligiosos, etc. Esto crea en más de uno miedo y sospecha hacia los diferentes, hacia los que han venido de fuera.

Sin embargo, no todo lo que se dice es cierto; nos movemos muchas veces entre medias verdades. Muchas de las informaciones son tendenciosas. Y hay que decirlo: hay mucho bulo en materia de inmigración. Qué nos dicen y cómo influye más de lo que creemos en nuestro pensamiento y comportamiento; en nuestra solidaridad.

Por ello, nuestra acción solidaria está pidiendo verificar, en la medida que podamos, qué y cuánto hay de cierto en todo lo que nos llega. Para ello hay unas pocas preguntas que hacerse ante cada noticia que nos llega. Estas podrían ser unas cuantas:
  • Quién dice la noticia, dónde ha aparecido (periódico, radio, televisión...). Cuantas más fuentes fiables sean, más probable que la noticia sea cierta.
  • Conocer lo más posible el contexto, la situación, el tiempo y el lugar del hecho. Un hecho sin contexto lleva a confusión.
  • Nunca es suficiente leer un titular. Los titulares no informan, llaman la atención.
  • Las citas (“ha dicho fulano”) no sirven si no se sabe dónde y cuándo.
Ya dijo Jesús: “Sed sencillos como palomas y astutos como serpientes”. En estos tiempos donde no controlamos lo que sabemos, un acto de solidaridad es ejercitarnos por buscar la verdad de las personas necesitadas.
Carta de Asís, septiembre 2019 

martes, 24 de septiembre de 2019

LA COMPASIÓN DEL GRILLO Y DE LA NOCHE

Estaba de travesía en mitad de los Pirineos. Descendíamos por en un sendero sencillo y suave desde el Refugio de I`lla. El aire refrescaba mis pulmones y sentía como si me alimentara cada célula. Mis pies pisaban amortiguados por la mullida tierra. La brisa me traía el aroma del pinar que me rodeaba. Oía el rumor del agua en un torrente cercano. Mis ojos se posaban en la hierba, los árboles, el agua, el cielo azul, las montañas pedregosas, y con todo eso, se veían totalmente recompensados.

Me sentía saciado, como que todo estaba preparado para darme satisfacción; era algo así como que los elementos habían quedado de acuerdo en regalarme sus dones, como que todo mi entorno quisiera cuidarme y me tratara con su mayor suavidad, con la máxima generosidad: el aire me refrescaba, el pinar me llenaba de sus aromas, la armonía del arroyo me acunaba, el verdor me reconfortaba. Sentía que la creación entera estaba hecha para mí, que por todos los lados me ofrecía sus encantos; como que cada elemento, con sus posibilidades, me abrazaba suavemente. Me sentía arropado por todo mi entorno.

Y entendí que no era un hecho aislado. No se trataba de una sensación sólo válida para ese momento, sino que me hablaba de la realidad del universo, de un mundo creado, no a mi servicio, pero sí para mi cuidado. Y entonces entendí mejor eso que decía Jesús: “hasta los cabellos de vuestra cabeza están todos contados” (Mt 10, 30). Su atención por nosotros es máxima, aunque no nos demos cuenta la mayoría de las veces. Él tiene un cuidado por cada uno de nosotros muy especial, que se concreta en miles de regalos que nos brinda cada día, en cada instante, por el solo hecho de existir. Y a la vez, cada uno de nosotros, además de ser cuidados por toda la creación, somos regalo para los demás, somos posibilidad de misericordia para cada persona, para cada criatura.

Como dice Eloy Sánchez Rosillo, yo también era un mendigo antes de darme cuenta:

Muchas veces morí por no tener.
Yo era un mendigo y nadie me amparaba,
hasta que supe un día, no sé cómo,
la compasión del grillo y de la noche,
la caridad del alba.

Yo también creí que estaba muerto por “no tener”, pero, a veces, se me revela “la compasión” de la existencia, “la caridad” de lo que me rodea y me siento absolutamente amparado, totalmente saciado, aunque aparentemente tenga muy poco.

Javi Morala, capuchino

domingo, 22 de septiembre de 2019

PEQUEÑOS

Los Hermanos Menores Capuchinos de España, llevamos un tiempo pensando en cómo orientar nuestra vida en un futuro cercano. En esa reflexión creemos que la minoridad es un elemento clave de nuestra espiritualidad, por eso le hemos dedicado varios encuentros de profundización y sensibilización. Nos gustaría que todas las realidades pastorales de la provincia interiorizaran la riqueza de la minoridad y por eso proponemos este tema para el curso 2019-2020.

La minoridad es algo propio y esencial del franciscanismo. La orden capuchina reflexionó sobre ella en el 7º Consejo Plenario de la Orden, que en su documento final dice, entre otras cosas:
  • Francisco en las Alabanzas al Dios Altísimo proclama: “¡Tú eres humildad!” (AID 4). En efecto nuestro Dios Trinitario es por naturaleza relacional, esto es, es libre comunión de Personas sin dominación o subordinación. A causa de su semejanza con Dios, los hombres progresivamente realizan una libre comunión de personas sin dominación ni subordinación, llegando así a la verdadera humildad.
  • La minoridad nace en Francisco de Asís como asombro frente al amor de Dios, que, para librarnos del mal y para introducirnos en la vida divina, no dudó en entregar a su Hijo que se hizo hombre y se hizo obediente hasta la muerte de cruz (Fil 2,6-8; 2CtaF 1), haciéndose así menor y sometido a todos.
  • En su camino de conversión, Francisco encontró el fundamento de la minoridad en el Dios-hombre, en el Cristo crucificado de San Damián, pasando a través del leproso. El encuentro con este hombre abandonado y excluido de la sociedad y del sistema de su tiempo, hizo que ‘saliese’ del siglo y cambiase su condición social y su residencia, emigrando del centro a la periferia de Rivotorto y de Santa María de los Ángeles, esto es, se hizo menor.
Pero la minoridad no es un camino natural que se elige espontáneamente, si no que necesita de un trabajo y un empeño para adquirir y mantener un espíritu de servicio y de minoridad, que se nutre de la oración y de la contemplación. Además la pobreza vivida en fraternidad no tendría consistencia social sin la minoridad, le faltaría el espíritu.

Decía el Papa Francisco a los participantes en el Capítulo general de los capuchinos del año 2018: “La minoridad que caracteriza a los seguidores de Francisco es un don precioso y de gran necesidad para la Iglesia y para la humanidad de nuestro tiempo. Así actúa el Señor: hace las cosas simplemente. La humildad y la simplicidad son el estilo de Dios; y este es el estilo que todos los cristianos estamos llamados a asumir en nuestra vida y en nuestra misión. La verdadera grandeza es hacerse pequeños y servidores.”

La minoridad debe ser pues la brújula que oriente todo nuestro trabajo y reflexión. Desde esta perspectiva y fundamentos surge el lema de este año: “Pequeños”. En la sección de recursos encontrareis todo el material que hemos preparado. Esperamos que lo compartáis y utilicéis en vuestro trabajo pastoral.

jueves, 19 de septiembre de 2019

LETANÍA Y CREDO

Qué lejos queda siempre todo.
Qué lejos las estrellas, sí, pero qué lejos
también las multitudes que pasan sin mirarme.
Son los que llamo hermanos.
Qué lejanos los ojos como mármoles negros
a la luz de una vela, y qué lejanas
son las manos de Cristo.
¿Qué nos queda después de tanta lluvia?
Un charco de verdades donde mojar la lengua
para alejarnos luego en la sequía.
Qué lejano el instante de ahora mismo,
luz y ceniza al mismo tiempo.
Pero tú sonreíste y me abrazaste
en la orilla de abril del Lago Blanco,
y algo de aquel abrazo alcanza todo
aunque todo lo lejos siga quedando lejos.

Alejandro Martín (De Aquel lugar)

martes, 17 de septiembre de 2019

TIERRA SANTA DONDE LA PALABRA SE HACE VIDA

Cuando en mi trabajo descubrieron que era catequista y animadora de grupos jóvenes en su formación cristiana desde el carisma franciscano quedaron sorprendidos, a lo que yo les respondí: “¿y por qué no?”.
Nuestra opción por vivir el mensaje del evangelio en nuestro día a día, desde lo sencillo y el amor al prójimo, la tomamos desde nuestra adolescencia participando y formando parte de los grupos de jóvenes parroquiales. A través de ellos, la catequesis de confirmación se convierte no sólo en meros encuentros de formación o dinámicas sino también momentos de reflexiones, oraciones, pascuas, campamentos, etc., pero… ¿qué pasaría si todo ese conocimiento y todas esas vivencias se pudieran plasmar realmente en una experiencia personal caminando por los mismos lugares donde Jesús vivió, predicó y murió? Lugares donde la Palabra, tras más de dos mil años, aún continua viva y sigue enamorando a quienes, en un momento de nuestra vida, nos atrevimos a decir con letras mayúsculas “QUIERO SEGUIRTE MAESTRO” para continuar construyendo ese sueño que Dios tiene para nosotros.
Pues esa experiencia comenzó con una llamada allá por Octubre para ver si estaría interesada en ir a Tierra Santa este verano con la Pastoral Juvenil. Sin pensarlo, sin saber fechas ni precios, no dudé en decir que si y, a fecha de hoy, puedo decir que ha sido una experiencia personal fantástica donde lo esperado ha sido superado con creces.
La aventura empezó el 16 de Agosto. Convocados de toda España (Asturias, Valladolid, Logroño, Zaragoza, Madrid, Murcia, Totana y Santander) estábamos en el aeropuerto de Barajas (Madrid) a primera hora de la mañana. Listos con nuestras maletas, llenas no sólo de enseres personales sino también de ilusiones y ganas por visitar un lugar donde cada paso que das no se queda en algo meramente físico sino que habla de nuestra propia historia cristiana, nos dispusimos a comenzar un viaje que no sabíamos lo que nos iba a deparar.
Nos alojamos primeramente en la casa que los Hermanos Capuchinos tienen en Jerusalén y donde Kevin, guardián de la casa, y el resto de hermanos que formaban la fraternidad nos dieron la bienvenida haciendo auténtico su carisma franciscano de acogida y fraternidad ya que nos sentimos como en nuestra propia casa durante nuestra estancia.
Gracias a las importantes y valiosas explicaciones del hermano Víctor Herrero, fraile capuchino de la fraternidad de Valladolid que estuvo viviendo en esta ciudad, la peregrinación por Jerusalén nos dio la oportunidad de conocer y visitar muchos emplazamientos clave de nuestro origen cristiano, ayudándonos a comprender cómo se desarrolló el contexto histórico de la ciudad, así como el de Jesús y sus contemporáneos.
Describir todos y cada uno de los lugares que visitamos en el viaje conllevaría muchas páginas, estarían llenas de pensamientos, emociones, recuerdos y huellas que difícilmente serán borradas cuando hayan pasado unos años y me siga acordando de este viaje.
En Jerusalén, dentro de la ciudad vieja, pudimos descubrir una ciudad donde la diversidad política, social, cultural y religiosa es capaz de convivir dentro de un orden teniendo como pilar central a Dios. Una ciudad, donde los peregrinos que llegamos de cualquier lugar del mundo somos acogidos para dejarnos seducir y conquistar por todo lo que nos puede ofrecer no sólo desde un prisma didáctico sino también en lo que a lo espiritual y religioso se refiere.
Visitamos importantes localizaciones como el Huerto de los Olivos, la Iglesia del Pater Noster donde la paz y el silencio que allí emanaban favoreció el tener un momento de oración y encuentro con Dios; la Iglesia de Getsemaní la cual me impresionó los bellísimos mosaicos que allí se albergan y por lo que representó en la vida de Jesús; la Iglesia franciscana de la Flagelación, Bethesda, el Monte Sión donde pudimos ver la tumba del Rey David, el Cenáculo y la Iglesia de la Dormición. Cerca del monte del Monte Sión, bajamos hasta La Iglesia de San Pedro en Gallicantu, donde también queda representado con gran delicadeza artística la triple negación de Pedro a Jesús.
Tuvimos ocasión de visitar el Muro de las Lamentaciones, el lugar más sagrado para el judaísmo y que representa el último remanente del Templo donde el culto y la peregrinación dan vida a la actividad diaria de este enclave. También visitamos la explanada de las mezquitas, en la que preside el Domo de la Roca, lugar sacro y actualmente de culto islámico pero de gran importancia histórica también para judíos y cristianos.
Haciendo parada en la Iglesia del Santo Sepulcro pude vivir un desencuentro interior donde lo turístico y lo espiritual luchaban por igual en un lugar sacro. Nada más entrar me llegó a la mente el pasaje de Jesús echando a los mercaderes del templo. Dicha sensación de “puro turisteo” creo que arrebata el respeto que el lugar merecía. No obstante, la importancia histórica de tener allí localizado el Monte del Calvario y el Santo Sepulcro, hizo que el momento de la plegaria adquiriera un mayor sentimiento de comprensión del sacrificio que Jesús hizo por nosotros.
La visita al desierto era uno de los lugares que más me intrigaba antes de comenzar el viaje. La gran fortaleza de Herodes en Masada, desde la cual se podía ver una gran llanura hasta alcanzar el Mar Muerto y la frontera con Jordania, hace entender la grandeza de esta Tierra. Para finalizar aquel día, cerca del Monasterio de San Jorge de Koziba, realizamos una oración en el desierto; una oración donde el silencio, la Palabra del Evangelio y el visionado de ese trayecto que tantas veces había hecho el propio Jesús, removió en nosotros sentimientos que nos acercaron aún más al camino que estábamos recorriendo junto a Jesús.
Antes de irnos de Jerusalén pudimos contemplar la historia moderna del pueblo judío visitando el museo del Holocausto. Además, por su cercanía a la ciudad vieja, aprovechamos también para visitar la ciudad de Belén donde se alberga la Iglesia de la Natividad, y el pequeño pueblo de Ein Karem.
De camino a Nazaret llegamos a la ciudad de Galilea. Allí visitamos lugares que aparecen en los evangelios y de gran importancia en la vida de Jesús como fue Tabgha, Cafarnaún y el Monte Tabor. Antes de abandonar Galilea dimos un paseo en barco por el lago, donde un ambiente sereno y tranquilo mantenido por el propio sonido del mar, dio pie a que tuviéramos un momento de reflexión personal.
En Nazaret fuimos acogidos por las Hermanas del Rosario. Durante los dos últimos días del viaje pudimos visitar la Basílica de la Anunciación y la Iglesia de San José en Nazaret, así como las ruinas arqueológicas de las ciudades herodianas de Cesarea de Filipo y Cesarea del Mar.
Tras una semana de mi llegada de Tierra Santa y aterrizar en la cotidianidad de mi día a día, sé con certeza que tomé la decisión correcta. Hacer un viaje de éstas características con animadores de grupos juveniles, que convencidos como yo de hacer realidad el mensaje del Evangelio, hace que vuelva con ganas e ilusión de dejar huella de mi vivencia personal de estos días en mi comunidad parroquial. Huellas del compromiso que cada uno puso en esa última celebración de la Eucaristía en Nazaret. Huellas, que más allá de la pérdida de una maleta o de un móvil, de tener ampollas por todo lo andado por Jerusalén, de escuchar el himno nacional en medio del mar de Galilea o de estropearse la furgoneta de camino a casa… no hacen más que unir con mayor fuerza a quienes formamos la familia capuchina en España. Crecer con todo lo vivido durante estos días es parte de nuestro camino cristiano y franciscano.
Dar las gracias a todos y cada uno de los hicisteis de este viaje una experiencia única. Y haciendo mías las palabras de Felipe: “¿A qué hemos venido? ¡¡A jugar!!”…. estoy convencida que seguiremos jugando por mucho tiempo.

Sheila Merino, pastoral juvenil de Usera.

jueves, 12 de septiembre de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… entender que es una propuesta universal, abierta a todo tipo de personas y, como el cristianismo, no es cuestión de gente selecta, perfecta o sobrehumana, sino para todo aquel que lo intenta y que quiere hacer la diferencia en este mundo que parece conformarse con replegarse en sí mismo y seguir su inercia hacia el sin sentido y la nada.

El franciscanismo no es una certificación, ni algo que requiera una adhesión formal, y aunque algunos reclamen exclusividad, todo aquel que quiera ser franciscano puede hacerlo desde su realidad y vocación. Unos pueden tener la gracia especialísima de hacerlo dentro de alguna de las tres órdenes como frailes menores, hermanas Clarisas o como hermanos y hermanas seglares; y otros, en congregaciones, movimientos y grupos, o como benefactores, servidores y devotos.

Así como ser cristiano de verdad no es nada facil, seguir un carisma como el franciscano tampoco lo es. Cuesta, cuesta mucho porque entramos todos los días en violencia con nuestros propios impulsos y manías y, además, en estar constantemente confrontados con un mundo empachado en secularismo. Mucha razón tiene San Pablo que nos recuerda que «llevamos este tesoro en recipientes de barro»; por tanto no debemos estar centrados en nuestras fuerzas sino en Dios: «una fuerza tan extraordinaria es de Dios y no de nosotros.» (2Cor 4, 7)

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, apostar por construir una mejor versión de nosotros mismos, paso a paso, como San Francisco, quien no llegó de golpe a la perfección, sino que tuvo que «pasar poco a poco de la carne al espíritu» (2 Cel 11). Abiertos a Dios y su gracia, como reza su “Saludo a la Bienaventurada Virgen María” en la que pide «la gracia e iluminación del Espíritu Santo… Para hacernos, de infieles, fieles a Dios» (SalVM 6).
espirituyvidaofm.wordpress.com

sábado, 7 de septiembre de 2019

LA ACADEMIA FRASH ALISTA SUPERHEROES EN LAS ALQUERÍAS

La semana del 2 al 10 de agosto se celebró una nueva edición del campamento de Juventudes Franciscanas de Totana, que tuvo lugar en las Aulas de Naturaleza de Las Alquerías, ubicadas en Sierra Espuña (Murcia). En esta ocasión, la temática del campamento fue "los Superhéroes", convirtiéndose el recinto en la Academia FRASH (Franciscan Super Hero), en la que los acampados serían preparados para descubrir su superpoder y aprender a usarlo en beneficio de la sociedad.

Cada día estaba enfocado a un superhéroe, y durante esa jornada se trabajaba el valor principal del mismo, presentado con un video en la oración de la mañana: Los Superheroes-Nuestros superpoderes, Superman-Disponibilidad, Wonder Woman-Fe, Ironman-Sensibilidad, Los Increibles-Equipo, Batman-Superación, Spiderman-Constancia, Hulk-Templanza, Los Vengadores-Familia JUFRA.

La gran novedad de este año fue que, durante los primeros cuatro días (del 2 al 6), pequeños y grandes coincidieron en el lugar, realizando algunas actividades separados y otros mezclados entre sí. Durante esos días, los pequeños realizaban por dinámicas grupales, la oración de la tarde y talleres para elaborar el regalo del amigo invisible. Del mismo modo, los mayores también realizaron talleres de vida, en los que se trataba de concienciar sobre un uso moderado de redes sociales, además de las mencionadas dinámicas y la oración de la tarde. Por otra parte, cada pequeño realizó un disfraz de superhéroe que luciría en la velada de la última noche.

Si que realizaban juntos la presentación del día, algunos de los juegos (otros por separado), e incluso se celebró una velada la última noche de los pequeños, en la que se integraron ambas edades, y mostraron sus habilidades de canto, baile, magia, etc.

Por otra parte, cabe destacar la celebración de la misa, oficiada el domingo por el párroco del convento de las Tres Avemarías, el Padre Pedro, en la que cada grupo de los pequeños se encargó de una parte de la celebración (Perdón, Peticiones, Ofrendas, etc.), mientras que los grandes se encargaron de la decoración y ambientación de la ceremonia.

Una vez se marcharon los pequeños con una despedida emotiva y el reparto del regalo del amigo invisible, los adolescentes afrontaban los últimos días de campamento. Al día siguiente, se realizaba la excursión al parque acuático de Vera (Almería) como punto de inflexión tras la partida de los niños.

En los días venideros, unido a las actividades que realizaban anteriormente (juegos, dinámicas, talleres de vida, etc.), los mayores también participaron de un taller para el regalo del amigo invisible -en el que también participaron los monitores-, escalada preparada por Javi (responsable de las instalaciones) o juegos de agua.

Finalmente, llegó el día de bajada, y tras recoger sus pertenencias y dejar las instalaciones limpias y ordenadas, era el momento de poner punto final a otra edición más del campamento de JUFRA, en la que tanto pequeños y adolescentes se unieron para generar un clima mágico en un lugar inigualable junto a monitores y cocineras.

Alberto Heredia

miércoles, 31 de julio de 2019

VIVENCIA GOZOSA DE DIOS

Jesús, en la última cena les dice a sus discípulos: “Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea pleno” (Jn 15,11).

No sé si hemos aprendido a gozar de Dios, o mejor dicho, no sé si hemos gozado a Dios de tal manera que se nos ha hecho auténtica Vida con mayúsculas.

A Dios lo pensamos mucho, nos hemos vuelto muy cerebrales, queremos saber muchas cosas sobre Él. Incluso tenemos una imagen mucho más positiva que antaño. Pero eso no siempre nos ha llevado a vivirlo así. Hay un salto muy grande de nuestro pensamiento a la relación personal. Es importante pensar bien de Dios, pero mucho más importante es vivirlo.

Como si la imagen positiva surgiera de nuestro pensamiento pero no de la vivencia, de la relación. Con lo cual esa imagen, aunque sea positiva, no afecta a nuestra vida, y seguimos en ella inmersos en nuestros miedos, en nuestros quebraderos de cabeza, en nuestras búsquedas de felicidad. Porque Dios no se ha vuelto para nosotros en fuente de vida, de gozo.

Jesús insiste mucho en esto. Para él es esencial que alejemos nuestros temores, y aprendamos a confiar con auténtica inocencia, como los niños, o como los pecadores y las prostitutas, que sabiéndose sin ningún derecho confían en la misericordia de Dios como el hijo pródigo.

Y a Jesús, cuando comienza a hablar del Padre, le sale la ternura y el gozo por todos los poros. Le da gracias por cómo hace las cosas y se las revela a los pequeños, le pide por cada uno de los suyos, alaba su bondad porque hace llover sobre buenos y malos, se admira de que su Padre trabaja siempre, se confía a Él retirándose continuamente a orar, e incluso en sus momentos más trágicos se pone en sus manos, aunque tenga la sensación de que le ha abandonado.

Es hora de pasar a Dios del pensamiento a la vida, al corazón, a nuestro centro personal. Es hora de descubrir el gozo de la vida con Dios.
Carta de Asís, julio 2019

jueves, 25 de julio de 2019

UNA FANTASÍA DE HÉROE

Cuando de pequeño iba a misa, muchas veces mi cabeza desconectaba de lo que se celebraba y comenzaba a imaginar historias que ocurrían, allí mismo, en el templo. Una de las aventuras que más se repetían en mis fantasías, consistía en que personas armadas entraban en la iglesia atemorizando a los fieles. Entonces surgía el pequeño Javier que entre saltos, piruetas, golpes certeros y una agilidad pasmosa desarmaba a “los malos” y salvaba a los asistentes de esa eucaristía.

Creo que esta tendencia a imaginarse como héroe no es una “neura” mía, sino que todos la hemos vivido, y de hecho, nos atrae especialmente cuando aparece en las películas: como cuando el pequeño Frodo Bolson consigue destruir el anillo y vencer al malvado Sauron; o el caso del frágil Harry Potter o el de la historia del huérfano que se convierte en Spiderman.

Seguro que hay un elemento de narcisismo en esta atracción por el personaje del héroe pero también puede haber algo más hondo. Cuando decimos que Dios “nos eligió” (Ef 1, 4) expresamos algo parecido: que somos elegidos, que cada uno de nosotros estamos llamados para una misión, que nuestra vida tiene un objetivo. Y continúa diciendo la carta a los Efesios: “Él [Dios] nos eligió para que fuésemos santos (…) nos ha destinado a ser sus hijos”, es decir estamos llamados a algo grande, tenemos en el fondo de nuestro ser una llamada al absoluto, una atracción por lo definitivo, un impulso hacia lo más importante. Es como que todo nuestro ser empatiza, sintoniza, cuando algo conecta con el sentido último. Porque ¿puede haber mayor héroe o superior grandeza que vivir como santo* o hijo de Dios?

*Santo: el que vive el momento presente colmándolo de amor (Papa Francisco)

Javi Morala. capuchino 

martes, 23 de julio de 2019

URBASA

No es tarea fácil describir lo que es Urbasa. Es complicado explicar las miles de cosas que hacemos aquí, y de todo lo que ellas significan.

Todo empieza, cuando tras unos juegos de presentación, nos vamos conociendo y se hacen los grupos de trabajo, grupo con el que toda la semana iras realizando las tareas, desde fregar los platos, a preparar oraciones.

Comencemos por el principio, la mañana. Si tu grupo no pone el desayuno, podrás dormir un poquito más, pero cuidado, no llegues tarde porque si no ganarás el temido oso perezoso. La habitación que tenga más osos perezosos tiene que fregar el último día ¿No querrás ser la habitación afortunada?

Una vez acabado el desayuno, nos preparamos para hacer una caminata, que dura toda la mañana (salvo un día, que hacemos un voluntariado en la sierra) con nuestro trabajo de limpieza intentamos agradecer a la sierra todo lo maravilloso que nos regala. En las caminatas, disfrutamos plenamente del paraíso natural que es Urbasa, y de nuestro almuerzo típico: chocolate, cacahuetes y galletas.

Al regresar a la casa, echamos un piscinazo y comemos. Las comidas son el momento perfecto para hacer un momento pinza, un juego en el que debes estar atento a las preguntas que te hacen y procurar responder con el nombre de la otra persona. Si tienes la pinza en ese momento, te ganaras un minipunto. El que más minipuntos tenga, dará el famoso discurso de Urbasa el último día. Muy importante, ¡no puedes pasar la pinza en las oraciones, talleres, ni a la hora de dormir!

Las tardes, disfrutamos con el tiempo libre, dinámicas con contenido que nos hacen reflexionar sobre diversos temas y los talleres, para hacerle nuestro regalo al amigo invisible. También tenemos una salita para poder escribirle notas en secreto a nuestro amigo invisible y sepa lo mucho que le queremos en secreto.

Luego llega la hora de la oración, un momento para reflexionar, pensar y profundizar en diversos temas todos juntos. Un momento, para abrirse, si uno quiere, a los demás. Y por fin llega la cena, y si hay suerte, podemos disfrutar de la noche con una velada haciendo algún juego. Entonces, una vez acabada, nos preparamos para ir a la cama y estar con fuerzas al día siguiente.

Urbasa es mucho más que un campamento, es una familia que se va forjando cada día de la semana.
Rafa Carramiñana

sábado, 20 de julio de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… ser incluyentes con los que son diferentes a mí. En el corazón de Cristo no hay distinciones y no podemos por tanto, discriminar al prójimo por ninguna razón y circunstancia.

El humanismo que siempre ha emanado desde el cristianismo y que está presente en cada persona de buena voluntad, no dispone al gustillo de la vida ajena, de todo lo que es y hace Dios en el otro. El humanismo franciscano, es mucho más que una doctrina o sistema de pensamiento, es una comprensión de la vida, un estilo de vida, un comportamiento y un modo de tratar y de comprender al mundo, a todos los seres y a los otros.

Somos hombres y mujeres, diferentes entre sí y nos relacionamos de mil maneras y cada uno, no queda afuera del hecho de haber sido creadas por Dios Uno y Trino: amadas por el Padre, redimidas por Jesucristo y sustentadas por Espíritu Santo en una fraternidad universal.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, tratar de ver a los demás sin juicio ni prejuicio. No importa su sexo, edad, color, religión o raza; no importa su belleza, riqueza o su orientación o condición sexual; es tratar de comprender a cada persona más allá del sentido utilitario, estético, romántico y político. Este enfoque sobrepasa el racionalismo y el discurso ideológico: La experiencia franciscana es una experiencia fraterna de la vida y de la existencia personal y comunitaria frente a los hombres, los seres, las cosas, frente a los acontecimientos y frente a Dios. Es un modo vital de realizar la paz, la justicia y la ecología, como experiencia y como perspectiva, como cultura y como utopía, haciendo vida la exhortación de San Francisco: «Bienaventurado el siervo que ama y respeta tanto a su hermano cuando está lejos de él, como cuando está con él, y no dice nada detrás de él, que no pueda decir con caridad delante de él.» (Adm. 25)

espirituyvidaofm.wordpress.com

miércoles, 17 de julio de 2019

VERANO, TIEMPO DE SENCILLEZ

Me llamó la atención el titulo de un breve artículo: “¿Por qué tenemos miedo a ser sencillos?”. Me llamó la atención porque quienes vivimos nuestra vida desde la espiritualidad franciscana consideramos la sencillez como un valor y como un deseo, aunque no siempre lo hagamos realidad en nuestra vida.

A medida que van pasando los años somos conscientes de que hemos construido una sociedad demasiado complicada. Nos parece que antes todo era más fácil, sencillo y natural. Ahora nos vamos llenando de burocracia, protocolos, “papeleos”, etc. La misma tecnología, que parecía que nos iba a simplificar la vida, no ha tenido ese efecto, sino el contrario. Nos facilita muchas cosas, pero también la complica y va dejando en la cuneta a personas que no tienen fácil acceso a ella. No es extraño que en nuestras conversaciones acabemos concluyendo: Pero, ¡qué complicada es o hacemos la vida!

Creo que el tiempo de verano nos puede ayudar a orientarnos desde la sencillez. De alguna manera deseamos desconectar del ritmo diario, de horarios, agobios, prisas, etc. Quisiéramos vivir de manera más lenta y tranquila, saboreando el tiempo, contemplando la belleza y las cosas que suceden cada día.

Quien escribe el articulo al que hago referencia indica que “el arte de ser sencillo nos ayuda a poner a las cosas y a las personas en sus lugares, revelando también cuál es nuestro lugar en la existencia”. Afirma también que “la sencillez descomplica y nos hace ver los hechos con menos “ego” de nosotros mismos, sin elegir culpables para nuestras propias frustraciones”.

En nuestra imaginación creemos que “la salvación” y nuestro acierto nos viene de algo grande, llamativo, deslumbrante o que destaque por encima de los demás. Sin embargo, tenemos que recordar las palabras de San Francisco de Asís en el Saludo a las Virtudes: ¡Salve, reina sabiduría!, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez…La pura santa sencillez confunde a toda la sabiduría de este mundo y a la sabiduría del cuerpo. San Francisco enlaza la sabiduría con la sencillez. El tiempo de verano tal vez nos ayude a saborear o descubrir la sabiduría de la sencillez a la hora de mirarnos, de decidir y planear, y sobre todo, en el momento de comprendernos a nosotros mismos ya los demás.
Benjamín Echeverría, capuchino

miércoles, 26 de junio de 2019

DECEPCIONES

¿Quién no se ha sentido decepcionado? He creído que mi matrimonio, mi comunidad, mi familia colmaría lo que ansiaba desde joven. En ello he invertido tiempo, energía, ganas, dinero, dedicación... Sin embargo, por una u otra razón, no ha resultado como yo lo esperaba. Ya sabía que nadie es perfecto; pero cuando, a pesar de haberse puesto lo mejor por parte de uno, no se obtiene lo deseado, y además nunca se obtendrá tal como lo había soñado, nace en el corazón esa sensación de haber sigo engañado. Aparece el dolor del desencanto, la frustración, no solo por lo que no ha podido ser, sino el desengaño por la vida misma. Pierdo la esperanza en las personas y en mí.

Aparecen ciertas tentaciones. Uno puede refugiarse en Dios desde el resentimiento y, aunque parezca que la herida se haya curado, pasado un tiempo, volverá a supurar. Se dice que el tiempo lo cura todo, pero si no se dan algunos pasos, no hay sanación. También está la opción de afrontar a la vida desde el dolor que ha producido la decepción, y sin proponérmelo entinto todo con el tono del cinismo.

Para que la fraternidad, comunidad, la convivencia no pierda vida profunda y se vuelva generadora de vida son necesarios algunos pasos: tiempo para poder mirar con un mínimo de distancia y objetividad necesarias para poder calibrar las verdaderas dimensiones de lo ocurrido; ensanchar la mirada del mundo de las relaciones, es decir, no obsesionarse con la herida sufrida; aprovechar la situación para ahondar con cierto criterio el lugar y papel que juega uno en la relación; y sobre todo, aprender a captar la mirada de Dios en todo ello.

En el fondo, Dios mismo ha tenido grandes motivos para la decepción con nosotros, pero una y otra vez nos mira con misericordia. Aunque tengamos que poner, otra vez más, mucho de nuestra parte, su mirada nos sana.
Carta de Asís, junio 2019 

miércoles, 19 de junio de 2019

ALEGRÍA EN EL GRIS COTIDIANO

Muchas veces nos presentan un escenario envidiable de vidas de éxito, de mujeres elegantes y guapísimas, de chicos de cine con abdómenes musculosos, de empresarios innovadores con grandes beneficios, de bodas reales, de cantantes de moda, de deportistas campeones, de biografías de revista, de parejas ideales, de infantas y princesas. Probablemente somos conscientes de que todo este plantel tiene algo de artificial, pero también, muy sutilmente, se nos introyecta un ideal de vida, por el que sin darnos cuenta suspiramos. Y cuando planificamos nuestro futuro pensamos como indispensable una vida brillante, de éxito, de reconocimiento, siendo admirados en el campo profesional en el que trabajemos, con una familia siempre sonriente y sin conflictos no contratiempos.

Ahora que acabamos de terminar la Pascua, en una aparición de Jesús a los apóstoles, hay una frase muy iluminadora cuando dice Jesús: “Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo” (Lc 24, 39). ¿Qué quiere remarcar? Que es “el mismo”, pero el mismo ¿de cuándo o que quién? La respuesta está en su invitación: “Mirad mis manos y mis pies” taladrados. Quiere hacernos ver que el Jesús triunfante, victorioso de la resurrección es “el mismo” que hace tres días estaba siendo maltratado con burlas y látigo, el mismo que, aun estando lleno de bondad, fue torturado y asesinado en la cruz, como los malditos. Parece que Jesús nos quiere recordar que su victoria va asociada al sufrimiento. Es como si nos avisara que el triunfo en la vida tiene que pasar por el gris de la realidad, por el fango del fracaso. Que hay un río de vida que corre por el subsuelo de la existencia que está lejos de las historias brillantes y de las fascinantes biografías luminosas. Por tanto podemos encontrar mucha alegría en los grises cotidianos, que no tienen por qué ser mediocres; podemos descubrir la dicha en la falta de novedad y de reconocimiento, incluso en el fracaso y el sufrimiento.

No es masoquismo, pero creo que todos hemos tenido experiencia de que nuestra vida tenía sentido -con toda la plenitud que supone- después que un amigo desahogue contigo sus sufrimientos, por muy desagradable que aparezca.

Algo de esto descubrió Francisco de Asís cuando nos invitaba a la desapropiación y a la minoridad, a no construir nuestros proyectos vitales sobre el “ego”, a no creer que nuestra identidad se edifica sobre un pedestal. Desde aquí habla de la Perfecta Alegría en medio del fracaso. ¿Por eso nos diría Jesús que el Reino de Dios es de los pobres? (Lc 6, 20)
Javi Morala, capuchino 

martes, 4 de junio de 2019

SERVIDOR DE ESPERANZA

Este año los Capuchinos celebramos el cuarto aniversario de la muerte de San Lorenzo de Brindis, doctor de la Iglesia. Es el único santo capuchino que está enterrado en nuestro país, en Villafranca del Bierzo, León. Entre las numerosas cualidades que tuvo este hombre está la de mediador. Mediador de paz en un tiempo de fuertes conflictos.

En muchos momentos a lo largo de la historia nos encontramos con personas que, dentro del Iglesia ejercen este servicio para que otros se puedan entender. El Papa actual, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, La Alegría del Evangelio, afirma que “la Evangelización también implica un camino de diálogo”. La Iglesia tiene que dialogar con los Estados, con la sociedad y con los otros creyentes que no forman parte de la Iglesia Católica. Y, aunque la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones, acompaña las propuestas que mejor responden a la dignidad de la persona humana y al bien común. Así, desde los valores fundamentales de la existencia humana trasmite unas convicciones que luego pueden traducirse en acciones políticas.

Recuerdo al Papa Francisco en su reciente viaje apostólico a Marruecos. Decía que “Dios le ha permitido dar un paso más en el camino de diálogo y encuentro con los hermanos y hermanas musulmanes para ser servidor de la esperanza en el mundo de hoy”. Él es el Pontífice, el constructor de puentes, constructor también de esperanza. Como él mismo dijo, “servir a la esperanza, en un tiempo como el nuestro, significa, ante todo, construir puentes entre las civilizaciones”.

El viaje del Papa o peregrinación a Marruecos ha seguido las huellas de dos santos muy distanciados en el tiempo: Francisco de Asís y Juan Pablo II. Hace 800 años, San Francisco de Asís llevó el mensaje de paz y fraternidad al sultán al-Malik al-Kamil; en 1985, el Papa Wojtyla visitó al Rey Hassan II.

Puede resultar llamativo el acercamiento o estas visitas a los musulmanes, cuando estamos en un mundo en el que los medios de comunicación presentan sobre todo lo que nos separa de ellos o la incapacidad para reconciliar dos mundos distintos. Nuestra tradición creyente nos recuerda que con los musulmanes somos descendientes del mismo Padre, Abraham. De ahí esta visita o gesto de cercanía de parte del Papa Francisco. El Santo Padre nos recuerda que hay varias religiones y que algunas nacen de la cultura, pero siempre miran al cielo, miran a Dios. En esa tarea de mediación nos anima que no temamos la diferencia. Debemos temer si no trabajamos en fraternidad, para caminar juntos en la vida.
Benjamín Echeverría, capuchino

sábado, 1 de junio de 2019

CONFIRMACIONES EN TOTANA

Un grupo de 25 chavales de la Jufra de Totana se confirmaron el 10 de mayo en la Parroquia de las Tres Avemarías de Totana. Fue una celebración muy familiar y participativa, en la que estuvimos presentes muchos de los que formamos esta preciosa familia que es Jufra.

Enhorabuena a los confirmandos y gracias a todos por vuestra asistencia y participación. Recordar que la Confirmacion no es una meta, sino una etapa más en nuestro camino de seguimiento de Jesús al estilo de Francisco de Asís.

De hecho ya estamos preparando el campamento de este verano y pronto tendremos más información de las fechas y temática del mismo. ¡Hasta pronto!

martes, 28 de mayo de 2019

MIS DINEROS

A más de uno le extrañará que se tenga que hablar de nuestros dineros en un ámbito como éste de la espiritualidad franciscana. Lo que hacemos con nuestros bienes materiales es un buen reflejo de lo que vivimos por dentro y de las verdaderas motivaciones que nos impulsan en la vida. Por ello, mirando a mi economía y el modo con el que funciono, veré con más claridad lo que vivo y me hace vivir.

Hay tres ámbitos básicos que ayudan a ver mi solidaridad con los demás mirando mis dineros. El primer ámbito es la procedencia de mis bienes: algunos son recibidos (de mis padres, de ayudas, etc.), otros los habré trabajado (del sueldo, de mi trabajo directo...) y otros los habré ganado de otros bienes (rentas, alquileres...). Dicha procedencia y su gestión me dan pistas sobre mi solidaridad. El segundo ámbito corresponde al uso que hago de mis bienes: qué necesidades cubro, cómo hago el gasto, qué caprichos tengo, la gestión racional o el despilfarro... También esto me refleja. Y el tercer ámbito habla de cuánto, cómo, con quién... comparto mis bienes. Tendemos a reducir la solidaridad al tercero de los ámbitos señalados, pero los dos primeros también están implicados en ella.

Analizar y describir el origen y el uso que doy a mis bienes me ayudaría a mirar la calidad y profundidad de mi solidaridad más que la buena voluntad que me mueve. Ciertamente mis bienes no sólo son los materiales, porque también soy dueño de mi tiempo, de mis capacidades, habilidades, etc. Pero los bienes materiales, comenzando por el dinero, tienen tal poder de atracción que más que ser nosotros los poseedores, somos los poseídos por ellos, si no vivimos atentos a su poder seductor.

La solidaridad requiere en nosotros una conciencia despierta para saber y decidir que antes que los bienes están las personas, comenzando por nosotros mismos. Y supone un corazón abierto a los demás y sus necesidades. Porque allí donde está mi tesoro está mi corazón.
Carta de Asís, mayo 2019

jueves, 23 de mayo de 2019

MANOS DE PASCUA

Que seamos, Señor, manos unidas
en oración y en el don.
Unidas a tus Manos en las del Padre,
unidas a las alas fecundas del Espíritu,
unidas a las manos de los pobres.

Manos del Evangelio,
sembradoras de Vida,
lámparas de Esperanza,
vuelos de Paz.

Unidas a tus Manos solidarias,
partiendo el Pan de todos.
Unidas a tus Manos traspasadas
en las cruces del mundo.

Unidas a tus Manos ya gloriosas de Pascua.
Manos abiertas, sin fronteras,
hasta donde haya manos.
Capaces de estrechar el Mundo entero,
fieles al Tercer Mundo,
siendo fieles al Reino.

Tensas en la pasión por la Justicia,
tiernas en el Amor.
Manos que dan lo que reciben,
en la gratuidad multiplicada,
siempre más manos,
siempre más unidas.

Pedro Casaldáliga

martes, 21 de mayo de 2019

EL SEMÁFORO EN ROJO Y EL CORAZÓN EN VERDE

Estaba de pie frente al semáforo en rojo. Eran las diez de la noche y volvía cansado y hambriento de un viaje en tren y de un día entero fuera de casa. En la espera, respiraba hondo y el oxígeno renovaba las células y despejaba mi cansancio mental. Cada inspiración era más placentera todavía; pero el disfrute iba más allá de lo meramente físico. Era como si el tiempo se hubiera parado; como que la existencia completa se recogiera en aquel instante; como que toda la vida estuviera, con su intensidad infinita, latiendo en ese momento. No necesitaba nada más, lo tenía todo. Ese instante insignificante me sostenía.

Todavía estaba el paso de peatones en rojo, cuando un señor lo cruzó apresuradamente. Me veía reflejado en él cuando tantas veces he obrado de manera semejante, sintiéndome “el más listo de la clase” porque vivía más intensamente, porque podía arañarle unos segundos al reloj. Segundos que me permitieran hacer otra cosa más, que me posibilitaran incorporar a mi mochila de realizaciones una actividad suplementaria, colgar en mi pecho inflado una medalla más. Es el autoengaño de que la vida tiene más sentido si la llenas de actividades, que el aburrimiento se puede borrar con entretenimientos, que es posible huir del vacío personal con placer, que puedes engrandecer tu persona alimentando tu ego.

Me parece que aprovecho más el tiempo cuando el reloj marca mi ritmo vital y no me doy cuenta que me pierdo la intensidad de la vida anclada en cada instante aparentemente insignificante. Ahora entiendo mejor eso que le dijo Isabel a su prima María de Nazaret cuando fue a verla: “Feliz tú porque has creído”. Es feliz porque cree que la existencia está preñada de Dios, porque sabe que su presencia lo inunda todo. No hace falta buscar algo extraordinario o emocionante para gozar de la vida. Cada momento, cada encuentro, por trivial que parezca, tiene escondido un fuego esperándonos. No vayamos ansiosos en su busca, despejemos interferencias y dejemos que nos alcance, que nos sorprenda.
Javier Morala, capuchino

jueves, 16 de mayo de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… no poder separar la grandeza humana de la cruz de Cristo; porque es precisamente su cruz la que nos empuja a no renunciar a amar la vida en sí misma y en los demás, y a defenderla y dignificarla con todos nuestros medios posibles.

Es en la cruz dónde Cristo nos da muestra de su amor redentor y es en la cruz como entendemos el seguimiento de Jesús de Nazaret: es el eje del Universo y el núcleo de lo más divino que hay en el cosmos. En San Francisco entendemos que una persona que no asume su cruz es un ser que ha renunciado a serlo en plenitud. Porque precisamente es la cruz lo que cohesiona la fidelidad del hombre a sí mismo y a su misión en la vida. Es en la cruz como el servicio gozoso y gratuito se manifiesta como una fuerza realizadora de su mejor y más plena personalidad, que no es traicionada en aras de la evasión de estar abiertos al los demás o a la propia comodidad y conveniencia; pues la cruz de Cristo solo se desarrollan en felicidad y fecundidad aquellas cualidades del hombre entregadas al servicio del bien común.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, abrazar la cruz y proclamar con nuestra vida, como Francisco: «Conozco a Cristo pobre y crucificado, y eso me basta» (2Cel, 105)

espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 14 de mayo de 2019

EL ANUNCIO DE UN AMANECER

Puede parecer que hablar hoy de posibilidades nuevas es aventurarse en el terreno de la mera teoría, de la especulación, de lo que no tiene un lado práctico. Cuando se van acumulando años y experiencias con ellos, parece que va decayendo la certeza de que nuestra vida tenga nuevas posibilidades, nuevos caminos, nuevos sueños, nuevos lugares de amor. Creemos que ya no estamos para eso: pasó el tiempo de lo nuevo.

Y, sin embargo, cada mañana está repleta de signos que anuncian una nueva posibilidad: la luz nueva, el rocío que promete fecundidad, el sol que se asoma con un brillo nuevo cada día, el viento en las ramas que no pasó ayer, el agua del río que es tan nueva que ni sabemos dónde estará la que se fue. La naturaleza tiene el lenguaje de la nueva posibilidad cada jornada, cada estación, cada año, cada ciclo.

La resurrección de Jesús se suma a ese movimiento y habla de una formidable novedad después de una dura derrota. Habla de un entusiasmo recuperado tras una bajada al sótano del abandono. Emplea el lenguaje de la alegría tras el paso por el largo desierto de la pena más negra.

¿Cómo no hablar de nuevas posibilidades? ¿Cómo dejarle al desaliento la última palabra? ¿Cómo abandonarse a las lágrimas cuando, tras ellas, puede haber un sol rutilante?

Queremos reflexionar sobre algo hermoso: la certeza que emana de la resurrección de Jesús de que nuestra sociedad, nuestra Iglesia, cada uno de nosotros, tiene posibilidades nuevas que le están esperando a la vuelta de la esquina, que no se ha acabado el tiempo de los sueños, que las utopías humildes pueden cobrar carne en un pequeño camino de vida.

Al fin y al cabo, la resurrección es más una verdad de vida que una verdad de fe. Por eso, quien se siente atraído por ella entenderá con facilidad que la puerta de nuevas posibilidades está abierta. Jesús nos la abrió.
Fidel Aizpurúa

jueves, 9 de mayo de 2019

CONSECUENCIAS DE UN CORAZÓN RESUCITADO

  • Levantarse cada mañana será muy diferente sabiendo que Él nos espera en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, en cualquier situación...
  • Encontrarse con la familia, los vecinos, los amigos, los compañeros de trabajo o de colegio y, sobre todo, con los más pequeños, será un sacramento: pues Él se hará presente en cada uno de ellos.
  • Sonreír se convertirá en una actividad medicinal, curativa, pues surgirá de un corazón resucitado, aliviando, inmediatamente, las penas y recetando esperanza y ganas de vivir.
  • Estudiar no será solo para el aprobado, sino sobre todo para ensanchar la mente y el espíritu y poder compartir más y mejor los talentos que Él sigue poniendo en cada uno de nosotros.
  • Fracasar seguirá existiendo en el diccionario, pero tendrá otro significado. Me explico: nos caeremos las mismas veces, incluso más, pero Él nos levantará una, dos, tres, cien..., las veces que sean necesarias. Tan solo tenemos que darle la mano.
  • Orar pasará a ser algo tan común como respirar o moverse. Hablar, amigablemente, amorosamente con Él, que se manifiesta vivo y presente en nuestras vidas, será algo fantástico, maravilloso.
  • Hallaremos el cielo, la Felicidad, en la tierra (en nuestros ambientes) pues el cielo es Él y Él está vivo en nuestros corazones.
  • Creeremos en Él de una manera dichosa, festiva, pues, desde que Él resucitó, la fe es una manera gozosa de entender el mundo, la vida.
  • El miedo a los problemas, a la enfermedad, a la mediocridad, a la muerte... se verá eclipsado por la Vida y la Paz de Aquel que está entre nosotros y dentro de nosotros.
  • Vivir será ir muriendo poco a poco, paso a paso, pedazo a pedazo. Gastándonos y desgastándonos por el otro, partiéndonos y compartiéndonos por el otro... hasta llegar a habitar, un día y para siempre, en el Corazón del Resucitado.
José María Escudero

martes, 7 de mayo de 2019

MARÍA

A lo largo del año nos encontramos con varios días, fiestas, dedicadas a la Virgen María. Al llegar el mes de mayo, dedicamos todo un mes en su honor. Gran parte de los actos de devoción mariana tienen lugar en este mes de las flores.

Comenzamos siempre el año, el uno de enero, como fiesta dedicada a la Virgen. Me viene a la memoria que entonces el Papa Francisco, nos decía que había que comenzar este año con una actitud de asombro, “porque la vida es un don que siempre nos ofrece la posibilidad de comenzar de nuevo”.

Sin esa capacidad de asombrarnos, corremos el riesgo de vivir la vida de forma gris, rutinaria. También nuestra vida de fe y nuestra Iglesia corren el mismo peligro. Al llegar el mes de mayo, el de las flores, podemos renovar nuestra mirada acompañados por María. De he hecho, como nos dice el Papa, “un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos, viviremos en la misma casa, pero no como hermanos. La familia humana se fundamenta en las madres…” Quienes somos de tradición matriarcal lo entendemos muy bien. En este mundo fragmentado, en el que hay tanta soledad y dispersión, en este mundo totalmente conectado que parece cada vez más desunido, la figura de María nos recuerda que para consolar no son suficientes las palabras, sino que se necesita la presencia. Ella está presente como Madre, dispuesta a abrazar nuestra vida.

Dios no prescindió de la madre. Por eso también nosotros la necesitamos. Los Evangelios nos recuerdan que Jesús nos dio a su madre en un momento especial, no en un momento cualquiera. Nos la dio en la Cruz. Así lo expresó ante el discípulo amado, ante cada discípulo: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27).

De alguna manera pedimos y queremos que la Madre de Dios nos agarre de la mano y nos enseñe su mirada sobre la vida. Le pedimos que vuelva su mirada sobre nosotros. Así lo expresamos en le rezo de la Salve: “vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos”. Ella es la Reina de la Paz, que nos lleva por el camino del bien, crea unidad entre los hijos y educa en la compasión.

En este mes de mayo, hagamos nuestras estas palabras de San Bernardo Abad: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No la apartes de tu boca, no la apartes de tu corazón y, para conseguir la ayuda de su oración, no te separes del ejemplo de su vida. Si la sigues, no te extraviarás; si le suplicas, no te desesperarás; si piensas en ella, no te equivocarás; si te coges a ella, no te derrumbarás; si te protege, no tendrás miedo; si te guía, no te cansarás; si te es favorable, alcanzarás la meta, y así experimentarás que con razón se dijo: Y el nombre de la Virgen era María”.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 2 de mayo de 2019

SEGUIR LA NUBE

No nos queda otra. Es a lo que estamos llamados, allí donde se mueve la nube, el pueblo la sigue, porque sabe que esa es la experiencia vital de Dios. Los acontecimientos se suceden y la mayoría de las veces no podemos hacer nada por evitarlos pero sí se puede escoger la actitud: quedarme en la intemperie donde por el juicio, la resistencia, la no capacidad de amoldarse todo parece que hiere más y el frío de lo externo ataca el alma o seguir el viaje de la vida amparados bajo la nube y dejar que ella nos guíe y nos lleve donde no queremos pero amparados, moldeables, sin resistencias… Tenemos capacidad de elegir cómo movernos por el desierto de la vida, donde todo sucede en lo cotidiano, donde no se esperan grandes cosas sino que cada cosa se hace grande.

Es cuestión de actitud, es cuestión de verlo en el tiempo de Dios.

Clara López

martes, 30 de abril de 2019

BALONCESTO Y RESURRECCIÓN

Hablamos mucho de la resurrección de Jesús y, a veces, parece que es un poco abstracto, lejano a mí. Pero si el Jesús crucificado ha superado la muerte, eso también tiene que ver con nuestra vida y cómo abordamos el sinsentido que se nos impone ante el sufrimiento, la enfermedad y la misma muerte.

Cuando tenía 16 años y jugaba al baloncesto, yo soñaba con dedicar mi vida a este deporte tan espectacular. Era lo que más feliz me hacía y me ilusionaba pensando que un día pudiera dedicarme a ello. Cuando jugaba me olvidaba de todo, y realmente toda mi vida giraba en torno al basket. Pero ni mi altura, ni mi técnica eran suficientes y no me dediqué al baloncesto. Fue un fracaso para mí, y a pesar de ello ahora me siento muy contento con mi vida, pleno de sentido.

Cuando decimos que con la resurrección de Jesús, el mal, el fracaso no tienen la última palabra, creo que estamos hablando de algo parecido a lo que me ocurrió, aunque fuera una simple experiencia juvenil. La resurrección de Jesús no me evita mi fracaso personal, pero sí me da la certeza de que ese fracaso no acabará conmigo, no me llevará a la infelicidad. Me ocurra lo que me ocurra, Dios sostiene mi vida, Dios ha vencido sobre el mal. Puedo caer en la enfermedad, me puede salir todo mal en la vida, puedo fracasar en los estudios o en el trabajo, puedo morirme… pero nada de eso va a acabar conmigo, sigo teniendo miles de puertas abiertas a la Vida Plena.

Jesús pasó por el sufrimiento, el dolor y la muerte. La victoria de la resurrección no nos va a evitar a nosotros el dolor, el fracaso, la muerte, pero nos va a asegurar que, pase lo que pase, podemos confiar en que todo va a acabar bien, la vida me va a traer algo bueno con lo que me ocurra, estamos hechos para vivir en plenitud con Él. En Jesús “crucificado-resucitado”, Dios sufre como nosotros, muere para nosotros, en Jesús “crucificado-resucitado” Dios está por nosotros para siempre. Entonces sí que podemos decir: “¡Feliz Pascua de Resurrección!”
Javi Morala, capuchino 

jueves, 25 de abril de 2019

VIVIR ES CONFIAR

Nacemos confiados y confiando en la vida y en las personas que nos acogen. Confiadamente crecemos, arropados por las personas que nos quieren, abiertos a las novedades inéditas que nos ofrece todo. Sólo así es posible adentrarse en la vida. A medida que nos vamos haciendo adultos, vamos aprendiendo que la realidad no responde a nuestros deseos e ilusiones. Conocemos el fracaso; hay personas que nos desengañan; incluso nosotros mismos no damos la talla que esperábamos. Todo esto nos frustra, nos hace sufrir y nos enseña a vivir prevenidos. En el fondo, los golpes de la vida nos vuelven desconfiados.

Hay épocas de la vida en las que estamos de vuelta de todo y puede introducirse en nosotros ese “realismo” que entinta todo de escepticismo; como que en el fondo nada vale la pena. Más incluso; puede llegar a asomar en nosotros una especie de amargura que enturbia todo lo que vivimos y enrarece las relaciones con las personas. Las motivaciones más auténticas que nos movieron en otras épocas (esposo/esposa, hijos, proyectos de solidaridad, relación con Dios...) se desfiguran y desaparecen. Quizá no lo decimos, pero sabemos que estamos tocados en lo más hondo de nuestro corazón.

Justamente en ese camino se nos ofrece la posibilidad de hacer el acto de confianza más radical que nunca habíamos creído que se nos pediría. En lo más profundo del corazón nos debatimos si la vida está cerrada a lo que controlamos o está abierta a lo inesperado. No es un acto heroico, sino de humildad, de abrirnos a la promesa amorosa de Alguien que nos ofrece como nunca su amor. Esto se da en pequeños actos de confianza, pero que denotan una radical consistencia de nuestras personas en la vida y en relación con Dios. La confianza ya no es fruto de la bisoñez, sino dentro del realismo más profundo alimentado por la fe. En el fondo, desconfiar es un sinvivir y la vida en verdad consiste en confiar.
Carta de Asís, abril 2019

domingo, 21 de abril de 2019

PASCUA FLORIDA

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y Tú te muestras, acercas y ofreces
con todo lo que es y tiene la naturaleza.

Eres flor, hierbabuena y también pradera,
risa de junco, tapiz multicolor y agua de regato,
rama reverdecida columpiándose en una enredadera.

Eres bosque con su espesura y música,
llanura, valle y ladera, según la hora,
y esas cumbres que nos llaman y desafían.

Eres el fruto de los árboles que germinan en la tierra,
el trino de los pájaros que anidan y vuelan,
y las nubes y el viento que entre ellos se recrean.

Me sorprendes, gustas y enamoras como las cerezas,
como los melocotones de secano me perfumas
y en ese racimo de uvas dejas tu santo y seña.

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y mi corazón gusta tu savia, voz y palabra
para soñar, soñarte y seguir por tus sendas.

A veces, Señor, a veces, es Pascua florida.

Florentino Ulibarri

sábado, 20 de abril de 2019

SÁBADO SANTO: DÍA DEL AMOR QUE ESPERA SIEMPRE

Tal vez hayas visto en estas últimas semanas una película que encoge el alma: Cafarnaún. Es la historia de la dura vida de un niño pobrísimo y su familia en un suburbio de una ciudad libanesa. Todas las esperanzas del niño se frustran: preservar a su hermanita de un matrimonio prematuro, aportar algo de dinero a su pobrísima familia, cuidar de otro niño más pobre que él y apartarlo de su venta a los traficantes. Todo se frustra hasta el punto de que demanda a sus padres por haberle traído a este mundo. Una auténtica desolación

Pero la película termina con una foto fija en la que alguien le demanda que sonría para hacerle, con esa foto, el carnet de identidad. Y esa sonrisa final, fija en la cámara, es el lenguaje de la esperanza, la certeza de que las desdichas de los pobres acabarán y la evidencia de que la esperanza brotará en las pequeñas grietas del más duro asfalto.

Porque si te preguntas qué es lo que se celebra en el Sábado Santo, cómo darle la vuelta a este día un tanto extraño en que no hay ni sacramentos ni celebraciones, la respuesta puede ser esta: es el día del amor que espera siempre, el día del amor que atisba cualquier rendija para decir que está ahí, que sigue esperando porque lo alimenta la ternura.

Las leyendas primitivas del franciscanismo cuentan que un Cristo, el de san Damián, una hermosa tabla bizantina, “le habló” a san Francisco. No hay que entender eso como si una tabla pudiese hablar. Le habló el Cristo del amor que espera. Y le vino a decir: Francisco, mi amor por ti espera que tú llegues a vivir esta vida tuya desde el amor más sencillo y fraterno.

Así lo entendió y así lo vivió. Por eso escribía a sus hermanos en sus cartas: “No os guardéis nada para vosotros y así os recibirá el que a vosotros se entrega”. O lo que es lo mismo: no mates la esperanza ni en ti ni en nadie porque hay alguien, Jesús, que siempre ha esperado en ti.

Quizá en la celebración de esta noche, en la Vigilia Pascual, además de la luz, ese signo de esperanza que tan evocador es en la oscuridad de noche habría que añadir el cofre de las esperanzas, esa caja donde depositamos nuestras esperanzas de ahora. Y cuando celebremos el recuerdo de su entrega, en el momento de la consagración, abramos el cofre y pongamos nuestras esperanzas junto a su cuerpo y sangre para que las haga vida y nos anime a hacerlas vida.

Para pensar, rezar o compartir:
  1. ¿Cuáles son tus esperanzas?
  2. ¿Cómo superas el desaliento?
  3. ¿Crees que Jesús sostiene tus esperanzas?
 

viernes, 19 de abril de 2019

VIERNES SANTO: DÍA DEL AMOR LOCO

Un diario daba hace no mucho la extraña noticia de una muchacha inglesa que, habiendo perdido el tren para ir a ver a su novio, no se le ocurrió mejor cosa que coger una locomotora que esta parada en la estación y largarse con ella. Cuando la policía la detuvo, uno de los agentes le espetó: “Pero ¿tú estás loca?”. Y dice la nota que ella le respondió: “Y usted, ¿no ha hecho nunca locuras por amor?”

No vamos a justificar el disparate que es lanzarse por la vía con un tren robado. Eso no tiene ni pies ni cabeza. Pero la respuesta de la chica es interesante: ¿No has hecho nunca locuras por amor? ¿No las vas a hacer nunca? Pues quizá a tu amor le falta esa pizca de locura que lo hace único.

Es que, cuando nos preguntamos ¿qué hay detrás de la celebración del Viernes Santo, del recuerdo explícito de la pasión del Señor, de la veneración de su cruz pobre? Lo que hay es justamente eso: un amor loco. Un amor de uno que ha sufrido locura por nosotros y por eso no le ha importado llegar hasta el límite de ese amor, hasta el abandono total por quien se ama.

Por eso el día de Viernes Santo bien podría ser llamado “Día del amor loco”, día de todos aquellos locos que aman a fondo perdido, con entregas totales, sin reparar en las consecuencias de su amor. ¿Le vamos a quitar al Evangelio esta pizca de locura? Y si le quitas al Evangelio, la locura, la desmesura, la aventura, el riesgo, ¿qué le queda?

La tradición religiosa posterior ha atribuido a san Francisco una frase que, sin ser suya, bien podría haberla dicho. Cuenta esa tradición que san Francisco iba por los caminos gritando “el Amor no es amado, el Amor no es amado”. Le dolía tanto que no se entendiera la vida de Jesús como una ofrenda de amor total que eso le sacaba de quicio y le hacía sufrir.

En la celebración de hoy veneraremos la cruz del Señor como signo último de su total entrega. Quizá habría que rodear esa cruz, áspera, con flores hermosas para indicar que, más allá de la aspereza, lo que hay detrás es el amor a prueba de cualquier decepción de un Jesús que nos ha acogido en nuestra más profunda realidad. Algo de esto es lo que hay si le das la vuelta al Viernes Santo.

A nada que salgas al campo encontrarás los espinos florecidos. Sus florecillas blancas son símbolo de la cruz florecida. Por eso estamos seguros, cuando nos preguntamos qué hay detrás, en el fondo, de la celebración del Viernes Santo, la respuesta es clara: el amor loco de Jesús por nosotros, tan loco como esas florecillas que brotan de la aspereza del espino, de la dureza de nuestro corazón.

Para pensar, rezar o compartir:
  1. ¿Te parece hermosa la espiritualidad del “amor loco”?
  2. ¿Crees que habría que rodear la cruz áspera de Jesús con flores hermosas?
  3. ¿Puedes contar alguna locura que hayas hecho por amor?

jueves, 18 de abril de 2019

JUEVES SANTO: DÍA DEL AMOR QUE NUNCA SE CANSA

Hay personas que nunca se cansan de amar, que no sucumben ni al cansancio ni al abandono. Entre las víctimas del accidente aéreo de Etiopía del mes pasado había una cooperante de una ONG, la gallega Pilar Martínez, que iba a trabajar en Kenia. Ni siquiera llegó a su destino. Su amor por los humildes le llevó a poner en juego su vida. Y la perdió. Uno se pregunta ¿por qué no se cansa la buena gente de hacer el bien? No hay respuesta para esa honda actitud.

O sí la hay: no se cansan porque les habita el amor verdadero al otro. Y el amor de calidad es incansable. Justamente es eso lo que celebramos en el Jueves Santo si sabemos darle la vuelta al mero rito, a la mera costumbre. Un amor que nunca se cansa, ése es el amor de Jesús. Amó hasta el final. Lo intentó hasta el final.

Cuando todo estaba perdido, él dio a Judas un pan untado, signo del amor con que las madres dan a sus niños un pan untado, como para decirle: tú me fallarás, tú me traicionarás, pero yo te sigo amando porque no puedo hacer otra cosa sino amarte, y porque no me canso de amarte aunque tú me hayas descartado. Es una maravilla el amor incansable de quien ama a fondo.

Francisco de Asís tenía por sus hermanos un amor de esa clase. Por eso le escribía al superior de una comunidad en la que un hermano iba por extraños derroteros: “Ámalo más que a mí y mil veces que pecare en tu presencia, perdónale mil veces”. Un amor que se cansa, aun con razones, no es el amor de aquellos que queremos seguir a Jesús y apreciamos a Francisco.

San Pablo repetía una y mil veces a sus amigos de Tesalónica: no os canséis de hacer el bien. Porque el desaliento es vecino de quien hace el bien y su voz es insidiosa: deja de hacer el bien, no se merece que te portes bien con él, no le des la razón que no tiene. Y desde esos principios, el bien se amilana, se acobarda y, fatigado, se abandona.

Hay un poema hermoso de Mario Benedetti que dice: “No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento”. No se trata de ser ciego, de no saber ver las cosas, de no querer discernir. Se trata de resistir a la tentación del abandono cuando las cosas no vienen bien dadas.

En este Jueves Santo, si le das la vuelta, verás en el fondo el terco y fiel amor de Jesús por cada uno de nosotros. Si queremos celebrarlo bien habríamos de ir pensando en ser constantes en el amor, en no tirar la toalla al primer fallo, en dar segundas oportunidades. Nadie dijo que amar fuera fácil.

Para pensar, rezar o dialogar:
  1. ¿Por qué nos cuesta tanto ser constantes en amar?
  2. ¿Por qué no damos segundas oportunidades?
  3. ¿Te encanta el perfil de un Jesús que ama sin cansarse?

martes, 16 de abril de 2019

DALE LA VUELTA A LA PASCUA

De una manera u otra, hemos estado durante todo el año intentado dar la vuelta a la realidad para leerla más profundamente, con más contenido espiritual. Eso mismo queremos hacer ante la Pascua de este año.

Así es: la Semana Santa es, perdónese la expresión, un inmenso teatro religioso con muchas formas de representación, todas muy valiosas y respetables. Pero uno puede preguntarse: ¿qué es lo que realmente hay detrás? ¿Qué es lo que late en el fondo de todas esas representaciones bienintencionadas? ¿Cuál es el núcleo de lo que celebramos?

Y a nada que uno piensen, la respuesta se impone: es una aventura de amor, algo que tiene que ver con el latir de aquel Jesús de Nazaret que recordamos y que sentimos más vivo que nunca en estos días.

Por eso, el Jueves Santo comprenderemos mejor el amor de Jesús que no conoce el cansancio; el Viernes Santo nos quedaremos perplejos ante el amor loco de Jesús que se da hasta el límite; y el Sábado Santo se nos dirá que es el día del amor que nutre y sostiene todas las esperanzas.

Decía san Francisco que habríamos de pedir a Dios vivir “iluminados por él para poder seguir las huellas de Jesús”. Eso es justamente lo que queremos hacer en estos días de la Semana Santa: reunirnos en torno a la brillante y humilde luz que es Jesús y animarnos, los unos a los otros, a no desistir en el camino del Evangelio. Así la Pascua será Pascua de vida.