miércoles, 31 de julio de 2019

VIVENCIA GOZOSA DE DIOS

Jesús, en la última cena les dice a sus discípulos: “Os he dicho esto para que mi gozo esté en vosotros, y vuestro gozo sea pleno” (Jn 15,11).

No sé si hemos aprendido a gozar de Dios, o mejor dicho, no sé si hemos gozado a Dios de tal manera que se nos ha hecho auténtica Vida con mayúsculas.

A Dios lo pensamos mucho, nos hemos vuelto muy cerebrales, queremos saber muchas cosas sobre Él. Incluso tenemos una imagen mucho más positiva que antaño. Pero eso no siempre nos ha llevado a vivirlo así. Hay un salto muy grande de nuestro pensamiento a la relación personal. Es importante pensar bien de Dios, pero mucho más importante es vivirlo.

Como si la imagen positiva surgiera de nuestro pensamiento pero no de la vivencia, de la relación. Con lo cual esa imagen, aunque sea positiva, no afecta a nuestra vida, y seguimos en ella inmersos en nuestros miedos, en nuestros quebraderos de cabeza, en nuestras búsquedas de felicidad. Porque Dios no se ha vuelto para nosotros en fuente de vida, de gozo.

Jesús insiste mucho en esto. Para él es esencial que alejemos nuestros temores, y aprendamos a confiar con auténtica inocencia, como los niños, o como los pecadores y las prostitutas, que sabiéndose sin ningún derecho confían en la misericordia de Dios como el hijo pródigo.

Y a Jesús, cuando comienza a hablar del Padre, le sale la ternura y el gozo por todos los poros. Le da gracias por cómo hace las cosas y se las revela a los pequeños, le pide por cada uno de los suyos, alaba su bondad porque hace llover sobre buenos y malos, se admira de que su Padre trabaja siempre, se confía a Él retirándose continuamente a orar, e incluso en sus momentos más trágicos se pone en sus manos, aunque tenga la sensación de que le ha abandonado.

Es hora de pasar a Dios del pensamiento a la vida, al corazón, a nuestro centro personal. Es hora de descubrir el gozo de la vida con Dios.
Carta de Asís, julio 2019

jueves, 25 de julio de 2019

UNA FANTASÍA DE HÉROE

Cuando de pequeño iba a misa, muchas veces mi cabeza desconectaba de lo que se celebraba y comenzaba a imaginar historias que ocurrían, allí mismo, en el templo. Una de las aventuras que más se repetían en mis fantasías, consistía en que personas armadas entraban en la iglesia atemorizando a los fieles. Entonces surgía el pequeño Javier que entre saltos, piruetas, golpes certeros y una agilidad pasmosa desarmaba a “los malos” y salvaba a los asistentes de esa eucaristía.

Creo que esta tendencia a imaginarse como héroe no es una “neura” mía, sino que todos la hemos vivido, y de hecho, nos atrae especialmente cuando aparece en las películas: como cuando el pequeño Frodo Bolson consigue destruir el anillo y vencer al malvado Sauron; o el caso del frágil Harry Potter o el de la historia del huérfano que se convierte en Spiderman.

Seguro que hay un elemento de narcisismo en esta atracción por el personaje del héroe pero también puede haber algo más hondo. Cuando decimos que Dios “nos eligió” (Ef 1, 4) expresamos algo parecido: que somos elegidos, que cada uno de nosotros estamos llamados para una misión, que nuestra vida tiene un objetivo. Y continúa diciendo la carta a los Efesios: “Él [Dios] nos eligió para que fuésemos santos (…) nos ha destinado a ser sus hijos”, es decir estamos llamados a algo grande, tenemos en el fondo de nuestro ser una llamada al absoluto, una atracción por lo definitivo, un impulso hacia lo más importante. Es como que todo nuestro ser empatiza, sintoniza, cuando algo conecta con el sentido último. Porque ¿puede haber mayor héroe o superior grandeza que vivir como santo* o hijo de Dios?

*Santo: el que vive el momento presente colmándolo de amor (Papa Francisco)

Javi Morala. capuchino 

martes, 23 de julio de 2019

URBASA

No es tarea fácil describir lo que es Urbasa. Es complicado explicar las miles de cosas que hacemos aquí, y de todo lo que ellas significan.

Todo empieza, cuando tras unos juegos de presentación, nos vamos conociendo y se hacen los grupos de trabajo, grupo con el que toda la semana iras realizando las tareas, desde fregar los platos, a preparar oraciones.

Comencemos por el principio, la mañana. Si tu grupo no pone el desayuno, podrás dormir un poquito más, pero cuidado, no llegues tarde porque si no ganarás el temido oso perezoso. La habitación que tenga más osos perezosos tiene que fregar el último día ¿No querrás ser la habitación afortunada?

Una vez acabado el desayuno, nos preparamos para hacer una caminata, que dura toda la mañana (salvo un día, que hacemos un voluntariado en la sierra) con nuestro trabajo de limpieza intentamos agradecer a la sierra todo lo maravilloso que nos regala. En las caminatas, disfrutamos plenamente del paraíso natural que es Urbasa, y de nuestro almuerzo típico: chocolate, cacahuetes y galletas.

Al regresar a la casa, echamos un piscinazo y comemos. Las comidas son el momento perfecto para hacer un momento pinza, un juego en el que debes estar atento a las preguntas que te hacen y procurar responder con el nombre de la otra persona. Si tienes la pinza en ese momento, te ganaras un minipunto. El que más minipuntos tenga, dará el famoso discurso de Urbasa el último día. Muy importante, ¡no puedes pasar la pinza en las oraciones, talleres, ni a la hora de dormir!

Las tardes, disfrutamos con el tiempo libre, dinámicas con contenido que nos hacen reflexionar sobre diversos temas y los talleres, para hacerle nuestro regalo al amigo invisible. También tenemos una salita para poder escribirle notas en secreto a nuestro amigo invisible y sepa lo mucho que le queremos en secreto.

Luego llega la hora de la oración, un momento para reflexionar, pensar y profundizar en diversos temas todos juntos. Un momento, para abrirse, si uno quiere, a los demás. Y por fin llega la cena, y si hay suerte, podemos disfrutar de la noche con una velada haciendo algún juego. Entonces, una vez acabada, nos preparamos para ir a la cama y estar con fuerzas al día siguiente.

Urbasa es mucho más que un campamento, es una familia que se va forjando cada día de la semana.
Rafa Carramiñana

sábado, 20 de julio de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… ser incluyentes con los que son diferentes a mí. En el corazón de Cristo no hay distinciones y no podemos por tanto, discriminar al prójimo por ninguna razón y circunstancia.

El humanismo que siempre ha emanado desde el cristianismo y que está presente en cada persona de buena voluntad, no dispone al gustillo de la vida ajena, de todo lo que es y hace Dios en el otro. El humanismo franciscano, es mucho más que una doctrina o sistema de pensamiento, es una comprensión de la vida, un estilo de vida, un comportamiento y un modo de tratar y de comprender al mundo, a todos los seres y a los otros.

Somos hombres y mujeres, diferentes entre sí y nos relacionamos de mil maneras y cada uno, no queda afuera del hecho de haber sido creadas por Dios Uno y Trino: amadas por el Padre, redimidas por Jesucristo y sustentadas por Espíritu Santo en una fraternidad universal.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, tratar de ver a los demás sin juicio ni prejuicio. No importa su sexo, edad, color, religión o raza; no importa su belleza, riqueza o su orientación o condición sexual; es tratar de comprender a cada persona más allá del sentido utilitario, estético, romántico y político. Este enfoque sobrepasa el racionalismo y el discurso ideológico: La experiencia franciscana es una experiencia fraterna de la vida y de la existencia personal y comunitaria frente a los hombres, los seres, las cosas, frente a los acontecimientos y frente a Dios. Es un modo vital de realizar la paz, la justicia y la ecología, como experiencia y como perspectiva, como cultura y como utopía, haciendo vida la exhortación de San Francisco: «Bienaventurado el siervo que ama y respeta tanto a su hermano cuando está lejos de él, como cuando está con él, y no dice nada detrás de él, que no pueda decir con caridad delante de él.» (Adm. 25)

espirituyvidaofm.wordpress.com

miércoles, 17 de julio de 2019

VERANO, TIEMPO DE SENCILLEZ

Me llamó la atención el titulo de un breve artículo: “¿Por qué tenemos miedo a ser sencillos?”. Me llamó la atención porque quienes vivimos nuestra vida desde la espiritualidad franciscana consideramos la sencillez como un valor y como un deseo, aunque no siempre lo hagamos realidad en nuestra vida.

A medida que van pasando los años somos conscientes de que hemos construido una sociedad demasiado complicada. Nos parece que antes todo era más fácil, sencillo y natural. Ahora nos vamos llenando de burocracia, protocolos, “papeleos”, etc. La misma tecnología, que parecía que nos iba a simplificar la vida, no ha tenido ese efecto, sino el contrario. Nos facilita muchas cosas, pero también la complica y va dejando en la cuneta a personas que no tienen fácil acceso a ella. No es extraño que en nuestras conversaciones acabemos concluyendo: Pero, ¡qué complicada es o hacemos la vida!

Creo que el tiempo de verano nos puede ayudar a orientarnos desde la sencillez. De alguna manera deseamos desconectar del ritmo diario, de horarios, agobios, prisas, etc. Quisiéramos vivir de manera más lenta y tranquila, saboreando el tiempo, contemplando la belleza y las cosas que suceden cada día.

Quien escribe el articulo al que hago referencia indica que “el arte de ser sencillo nos ayuda a poner a las cosas y a las personas en sus lugares, revelando también cuál es nuestro lugar en la existencia”. Afirma también que “la sencillez descomplica y nos hace ver los hechos con menos “ego” de nosotros mismos, sin elegir culpables para nuestras propias frustraciones”.

En nuestra imaginación creemos que “la salvación” y nuestro acierto nos viene de algo grande, llamativo, deslumbrante o que destaque por encima de los demás. Sin embargo, tenemos que recordar las palabras de San Francisco de Asís en el Saludo a las Virtudes: ¡Salve, reina sabiduría!, el Señor te salve con tu hermana la santa pura sencillez…La pura santa sencillez confunde a toda la sabiduría de este mundo y a la sabiduría del cuerpo. San Francisco enlaza la sabiduría con la sencillez. El tiempo de verano tal vez nos ayude a saborear o descubrir la sabiduría de la sencillez a la hora de mirarnos, de decidir y planear, y sobre todo, en el momento de comprendernos a nosotros mismos ya los demás.
Benjamín Echeverría, capuchino

miércoles, 26 de junio de 2019

DECEPCIONES

¿Quién no se ha sentido decepcionado? He creído que mi matrimonio, mi comunidad, mi familia colmaría lo que ansiaba desde joven. En ello he invertido tiempo, energía, ganas, dinero, dedicación... Sin embargo, por una u otra razón, no ha resultado como yo lo esperaba. Ya sabía que nadie es perfecto; pero cuando, a pesar de haberse puesto lo mejor por parte de uno, no se obtiene lo deseado, y además nunca se obtendrá tal como lo había soñado, nace en el corazón esa sensación de haber sigo engañado. Aparece el dolor del desencanto, la frustración, no solo por lo que no ha podido ser, sino el desengaño por la vida misma. Pierdo la esperanza en las personas y en mí.

Aparecen ciertas tentaciones. Uno puede refugiarse en Dios desde el resentimiento y, aunque parezca que la herida se haya curado, pasado un tiempo, volverá a supurar. Se dice que el tiempo lo cura todo, pero si no se dan algunos pasos, no hay sanación. También está la opción de afrontar a la vida desde el dolor que ha producido la decepción, y sin proponérmelo entinto todo con el tono del cinismo.

Para que la fraternidad, comunidad, la convivencia no pierda vida profunda y se vuelva generadora de vida son necesarios algunos pasos: tiempo para poder mirar con un mínimo de distancia y objetividad necesarias para poder calibrar las verdaderas dimensiones de lo ocurrido; ensanchar la mirada del mundo de las relaciones, es decir, no obsesionarse con la herida sufrida; aprovechar la situación para ahondar con cierto criterio el lugar y papel que juega uno en la relación; y sobre todo, aprender a captar la mirada de Dios en todo ello.

En el fondo, Dios mismo ha tenido grandes motivos para la decepción con nosotros, pero una y otra vez nos mira con misericordia. Aunque tengamos que poner, otra vez más, mucho de nuestra parte, su mirada nos sana.
Carta de Asís, junio 2019 

miércoles, 19 de junio de 2019

ALEGRÍA EN EL GRIS COTIDIANO

Muchas veces nos presentan un escenario envidiable de vidas de éxito, de mujeres elegantes y guapísimas, de chicos de cine con abdómenes musculosos, de empresarios innovadores con grandes beneficios, de bodas reales, de cantantes de moda, de deportistas campeones, de biografías de revista, de parejas ideales, de infantas y princesas. Probablemente somos conscientes de que todo este plantel tiene algo de artificial, pero también, muy sutilmente, se nos introyecta un ideal de vida, por el que sin darnos cuenta suspiramos. Y cuando planificamos nuestro futuro pensamos como indispensable una vida brillante, de éxito, de reconocimiento, siendo admirados en el campo profesional en el que trabajemos, con una familia siempre sonriente y sin conflictos no contratiempos.

Ahora que acabamos de terminar la Pascua, en una aparición de Jesús a los apóstoles, hay una frase muy iluminadora cuando dice Jesús: “Mirad mis manos y mis pies: soy yo mismo” (Lc 24, 39). ¿Qué quiere remarcar? Que es “el mismo”, pero el mismo ¿de cuándo o que quién? La respuesta está en su invitación: “Mirad mis manos y mis pies” taladrados. Quiere hacernos ver que el Jesús triunfante, victorioso de la resurrección es “el mismo” que hace tres días estaba siendo maltratado con burlas y látigo, el mismo que, aun estando lleno de bondad, fue torturado y asesinado en la cruz, como los malditos. Parece que Jesús nos quiere recordar que su victoria va asociada al sufrimiento. Es como si nos avisara que el triunfo en la vida tiene que pasar por el gris de la realidad, por el fango del fracaso. Que hay un río de vida que corre por el subsuelo de la existencia que está lejos de las historias brillantes y de las fascinantes biografías luminosas. Por tanto podemos encontrar mucha alegría en los grises cotidianos, que no tienen por qué ser mediocres; podemos descubrir la dicha en la falta de novedad y de reconocimiento, incluso en el fracaso y el sufrimiento.

No es masoquismo, pero creo que todos hemos tenido experiencia de que nuestra vida tenía sentido -con toda la plenitud que supone- después que un amigo desahogue contigo sus sufrimientos, por muy desagradable que aparezca.

Algo de esto descubrió Francisco de Asís cuando nos invitaba a la desapropiación y a la minoridad, a no construir nuestros proyectos vitales sobre el “ego”, a no creer que nuestra identidad se edifica sobre un pedestal. Desde aquí habla de la Perfecta Alegría en medio del fracaso. ¿Por eso nos diría Jesús que el Reino de Dios es de los pobres? (Lc 6, 20)
Javi Morala, capuchino 

martes, 4 de junio de 2019

SERVIDOR DE ESPERANZA

Este año los Capuchinos celebramos el cuarto aniversario de la muerte de San Lorenzo de Brindis, doctor de la Iglesia. Es el único santo capuchino que está enterrado en nuestro país, en Villafranca del Bierzo, León. Entre las numerosas cualidades que tuvo este hombre está la de mediador. Mediador de paz en un tiempo de fuertes conflictos.

En muchos momentos a lo largo de la historia nos encontramos con personas que, dentro del Iglesia ejercen este servicio para que otros se puedan entender. El Papa actual, en la Exhortación Apostólica Evangelii Gaudium, La Alegría del Evangelio, afirma que “la Evangelización también implica un camino de diálogo”. La Iglesia tiene que dialogar con los Estados, con la sociedad y con los otros creyentes que no forman parte de la Iglesia Católica. Y, aunque la Iglesia no tiene soluciones para todas las cuestiones, acompaña las propuestas que mejor responden a la dignidad de la persona humana y al bien común. Así, desde los valores fundamentales de la existencia humana trasmite unas convicciones que luego pueden traducirse en acciones políticas.

Recuerdo al Papa Francisco en su reciente viaje apostólico a Marruecos. Decía que “Dios le ha permitido dar un paso más en el camino de diálogo y encuentro con los hermanos y hermanas musulmanes para ser servidor de la esperanza en el mundo de hoy”. Él es el Pontífice, el constructor de puentes, constructor también de esperanza. Como él mismo dijo, “servir a la esperanza, en un tiempo como el nuestro, significa, ante todo, construir puentes entre las civilizaciones”.

El viaje del Papa o peregrinación a Marruecos ha seguido las huellas de dos santos muy distanciados en el tiempo: Francisco de Asís y Juan Pablo II. Hace 800 años, San Francisco de Asís llevó el mensaje de paz y fraternidad al sultán al-Malik al-Kamil; en 1985, el Papa Wojtyla visitó al Rey Hassan II.

Puede resultar llamativo el acercamiento o estas visitas a los musulmanes, cuando estamos en un mundo en el que los medios de comunicación presentan sobre todo lo que nos separa de ellos o la incapacidad para reconciliar dos mundos distintos. Nuestra tradición creyente nos recuerda que con los musulmanes somos descendientes del mismo Padre, Abraham. De ahí esta visita o gesto de cercanía de parte del Papa Francisco. El Santo Padre nos recuerda que hay varias religiones y que algunas nacen de la cultura, pero siempre miran al cielo, miran a Dios. En esa tarea de mediación nos anima que no temamos la diferencia. Debemos temer si no trabajamos en fraternidad, para caminar juntos en la vida.
Benjamín Echeverría, capuchino

sábado, 1 de junio de 2019

CONFIRMACIONES EN TOTANA

Un grupo de 25 chavales de la Jufra de Totana se confirmaron el 10 de mayo en la Parroquia de las Tres Avemarías de Totana. Fue una celebración muy familiar y participativa, en la que estuvimos presentes muchos de los que formamos esta preciosa familia que es Jufra.

Enhorabuena a los confirmandos y gracias a todos por vuestra asistencia y participación. Recordar que la Confirmacion no es una meta, sino una etapa más en nuestro camino de seguimiento de Jesús al estilo de Francisco de Asís.

De hecho ya estamos preparando el campamento de este verano y pronto tendremos más información de las fechas y temática del mismo. ¡Hasta pronto!

martes, 28 de mayo de 2019

MIS DINEROS

A más de uno le extrañará que se tenga que hablar de nuestros dineros en un ámbito como éste de la espiritualidad franciscana. Lo que hacemos con nuestros bienes materiales es un buen reflejo de lo que vivimos por dentro y de las verdaderas motivaciones que nos impulsan en la vida. Por ello, mirando a mi economía y el modo con el que funciono, veré con más claridad lo que vivo y me hace vivir.

Hay tres ámbitos básicos que ayudan a ver mi solidaridad con los demás mirando mis dineros. El primer ámbito es la procedencia de mis bienes: algunos son recibidos (de mis padres, de ayudas, etc.), otros los habré trabajado (del sueldo, de mi trabajo directo...) y otros los habré ganado de otros bienes (rentas, alquileres...). Dicha procedencia y su gestión me dan pistas sobre mi solidaridad. El segundo ámbito corresponde al uso que hago de mis bienes: qué necesidades cubro, cómo hago el gasto, qué caprichos tengo, la gestión racional o el despilfarro... También esto me refleja. Y el tercer ámbito habla de cuánto, cómo, con quién... comparto mis bienes. Tendemos a reducir la solidaridad al tercero de los ámbitos señalados, pero los dos primeros también están implicados en ella.

Analizar y describir el origen y el uso que doy a mis bienes me ayudaría a mirar la calidad y profundidad de mi solidaridad más que la buena voluntad que me mueve. Ciertamente mis bienes no sólo son los materiales, porque también soy dueño de mi tiempo, de mis capacidades, habilidades, etc. Pero los bienes materiales, comenzando por el dinero, tienen tal poder de atracción que más que ser nosotros los poseedores, somos los poseídos por ellos, si no vivimos atentos a su poder seductor.

La solidaridad requiere en nosotros una conciencia despierta para saber y decidir que antes que los bienes están las personas, comenzando por nosotros mismos. Y supone un corazón abierto a los demás y sus necesidades. Porque allí donde está mi tesoro está mi corazón.
Carta de Asís, mayo 2019

jueves, 23 de mayo de 2019

MANOS DE PASCUA

Que seamos, Señor, manos unidas
en oración y en el don.
Unidas a tus Manos en las del Padre,
unidas a las alas fecundas del Espíritu,
unidas a las manos de los pobres.

Manos del Evangelio,
sembradoras de Vida,
lámparas de Esperanza,
vuelos de Paz.

Unidas a tus Manos solidarias,
partiendo el Pan de todos.
Unidas a tus Manos traspasadas
en las cruces del mundo.

Unidas a tus Manos ya gloriosas de Pascua.
Manos abiertas, sin fronteras,
hasta donde haya manos.
Capaces de estrechar el Mundo entero,
fieles al Tercer Mundo,
siendo fieles al Reino.

Tensas en la pasión por la Justicia,
tiernas en el Amor.
Manos que dan lo que reciben,
en la gratuidad multiplicada,
siempre más manos,
siempre más unidas.

Pedro Casaldáliga

martes, 21 de mayo de 2019

EL SEMÁFORO EN ROJO Y EL CORAZÓN EN VERDE

Estaba de pie frente al semáforo en rojo. Eran las diez de la noche y volvía cansado y hambriento de un viaje en tren y de un día entero fuera de casa. En la espera, respiraba hondo y el oxígeno renovaba las células y despejaba mi cansancio mental. Cada inspiración era más placentera todavía; pero el disfrute iba más allá de lo meramente físico. Era como si el tiempo se hubiera parado; como que la existencia completa se recogiera en aquel instante; como que toda la vida estuviera, con su intensidad infinita, latiendo en ese momento. No necesitaba nada más, lo tenía todo. Ese instante insignificante me sostenía.

Todavía estaba el paso de peatones en rojo, cuando un señor lo cruzó apresuradamente. Me veía reflejado en él cuando tantas veces he obrado de manera semejante, sintiéndome “el más listo de la clase” porque vivía más intensamente, porque podía arañarle unos segundos al reloj. Segundos que me permitieran hacer otra cosa más, que me posibilitaran incorporar a mi mochila de realizaciones una actividad suplementaria, colgar en mi pecho inflado una medalla más. Es el autoengaño de que la vida tiene más sentido si la llenas de actividades, que el aburrimiento se puede borrar con entretenimientos, que es posible huir del vacío personal con placer, que puedes engrandecer tu persona alimentando tu ego.

Me parece que aprovecho más el tiempo cuando el reloj marca mi ritmo vital y no me doy cuenta que me pierdo la intensidad de la vida anclada en cada instante aparentemente insignificante. Ahora entiendo mejor eso que le dijo Isabel a su prima María de Nazaret cuando fue a verla: “Feliz tú porque has creído”. Es feliz porque cree que la existencia está preñada de Dios, porque sabe que su presencia lo inunda todo. No hace falta buscar algo extraordinario o emocionante para gozar de la vida. Cada momento, cada encuentro, por trivial que parezca, tiene escondido un fuego esperándonos. No vayamos ansiosos en su busca, despejemos interferencias y dejemos que nos alcance, que nos sorprenda.
Javier Morala, capuchino

jueves, 16 de mayo de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… no poder separar la grandeza humana de la cruz de Cristo; porque es precisamente su cruz la que nos empuja a no renunciar a amar la vida en sí misma y en los demás, y a defenderla y dignificarla con todos nuestros medios posibles.

Es en la cruz dónde Cristo nos da muestra de su amor redentor y es en la cruz como entendemos el seguimiento de Jesús de Nazaret: es el eje del Universo y el núcleo de lo más divino que hay en el cosmos. En San Francisco entendemos que una persona que no asume su cruz es un ser que ha renunciado a serlo en plenitud. Porque precisamente es la cruz lo que cohesiona la fidelidad del hombre a sí mismo y a su misión en la vida. Es en la cruz como el servicio gozoso y gratuito se manifiesta como una fuerza realizadora de su mejor y más plena personalidad, que no es traicionada en aras de la evasión de estar abiertos al los demás o a la propia comodidad y conveniencia; pues la cruz de Cristo solo se desarrollan en felicidad y fecundidad aquellas cualidades del hombre entregadas al servicio del bien común.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, abrazar la cruz y proclamar con nuestra vida, como Francisco: «Conozco a Cristo pobre y crucificado, y eso me basta» (2Cel, 105)

espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 14 de mayo de 2019

EL ANUNCIO DE UN AMANECER

Puede parecer que hablar hoy de posibilidades nuevas es aventurarse en el terreno de la mera teoría, de la especulación, de lo que no tiene un lado práctico. Cuando se van acumulando años y experiencias con ellos, parece que va decayendo la certeza de que nuestra vida tenga nuevas posibilidades, nuevos caminos, nuevos sueños, nuevos lugares de amor. Creemos que ya no estamos para eso: pasó el tiempo de lo nuevo.

Y, sin embargo, cada mañana está repleta de signos que anuncian una nueva posibilidad: la luz nueva, el rocío que promete fecundidad, el sol que se asoma con un brillo nuevo cada día, el viento en las ramas que no pasó ayer, el agua del río que es tan nueva que ni sabemos dónde estará la que se fue. La naturaleza tiene el lenguaje de la nueva posibilidad cada jornada, cada estación, cada año, cada ciclo.

La resurrección de Jesús se suma a ese movimiento y habla de una formidable novedad después de una dura derrota. Habla de un entusiasmo recuperado tras una bajada al sótano del abandono. Emplea el lenguaje de la alegría tras el paso por el largo desierto de la pena más negra.

¿Cómo no hablar de nuevas posibilidades? ¿Cómo dejarle al desaliento la última palabra? ¿Cómo abandonarse a las lágrimas cuando, tras ellas, puede haber un sol rutilante?

Queremos reflexionar sobre algo hermoso: la certeza que emana de la resurrección de Jesús de que nuestra sociedad, nuestra Iglesia, cada uno de nosotros, tiene posibilidades nuevas que le están esperando a la vuelta de la esquina, que no se ha acabado el tiempo de los sueños, que las utopías humildes pueden cobrar carne en un pequeño camino de vida.

Al fin y al cabo, la resurrección es más una verdad de vida que una verdad de fe. Por eso, quien se siente atraído por ella entenderá con facilidad que la puerta de nuevas posibilidades está abierta. Jesús nos la abrió.
Fidel Aizpurúa

jueves, 9 de mayo de 2019

CONSECUENCIAS DE UN CORAZÓN RESUCITADO

  • Levantarse cada mañana será muy diferente sabiendo que Él nos espera en cualquier lugar, en cualquier circunstancia, en cualquier situación...
  • Encontrarse con la familia, los vecinos, los amigos, los compañeros de trabajo o de colegio y, sobre todo, con los más pequeños, será un sacramento: pues Él se hará presente en cada uno de ellos.
  • Sonreír se convertirá en una actividad medicinal, curativa, pues surgirá de un corazón resucitado, aliviando, inmediatamente, las penas y recetando esperanza y ganas de vivir.
  • Estudiar no será solo para el aprobado, sino sobre todo para ensanchar la mente y el espíritu y poder compartir más y mejor los talentos que Él sigue poniendo en cada uno de nosotros.
  • Fracasar seguirá existiendo en el diccionario, pero tendrá otro significado. Me explico: nos caeremos las mismas veces, incluso más, pero Él nos levantará una, dos, tres, cien..., las veces que sean necesarias. Tan solo tenemos que darle la mano.
  • Orar pasará a ser algo tan común como respirar o moverse. Hablar, amigablemente, amorosamente con Él, que se manifiesta vivo y presente en nuestras vidas, será algo fantástico, maravilloso.
  • Hallaremos el cielo, la Felicidad, en la tierra (en nuestros ambientes) pues el cielo es Él y Él está vivo en nuestros corazones.
  • Creeremos en Él de una manera dichosa, festiva, pues, desde que Él resucitó, la fe es una manera gozosa de entender el mundo, la vida.
  • El miedo a los problemas, a la enfermedad, a la mediocridad, a la muerte... se verá eclipsado por la Vida y la Paz de Aquel que está entre nosotros y dentro de nosotros.
  • Vivir será ir muriendo poco a poco, paso a paso, pedazo a pedazo. Gastándonos y desgastándonos por el otro, partiéndonos y compartiéndonos por el otro... hasta llegar a habitar, un día y para siempre, en el Corazón del Resucitado.
José María Escudero

martes, 7 de mayo de 2019

MARÍA

A lo largo del año nos encontramos con varios días, fiestas, dedicadas a la Virgen María. Al llegar el mes de mayo, dedicamos todo un mes en su honor. Gran parte de los actos de devoción mariana tienen lugar en este mes de las flores.

Comenzamos siempre el año, el uno de enero, como fiesta dedicada a la Virgen. Me viene a la memoria que entonces el Papa Francisco, nos decía que había que comenzar este año con una actitud de asombro, “porque la vida es un don que siempre nos ofrece la posibilidad de comenzar de nuevo”.

Sin esa capacidad de asombrarnos, corremos el riesgo de vivir la vida de forma gris, rutinaria. También nuestra vida de fe y nuestra Iglesia corren el mismo peligro. Al llegar el mes de mayo, el de las flores, podemos renovar nuestra mirada acompañados por María. De he hecho, como nos dice el Papa, “un mundo que mira al futuro sin mirada materna es miope. Podrá aumentar los beneficios, pero ya no sabrá ver a los hombres como hijos. Tendrá ganancias, pero no serán para todos, viviremos en la misma casa, pero no como hermanos. La familia humana se fundamenta en las madres…” Quienes somos de tradición matriarcal lo entendemos muy bien. En este mundo fragmentado, en el que hay tanta soledad y dispersión, en este mundo totalmente conectado que parece cada vez más desunido, la figura de María nos recuerda que para consolar no son suficientes las palabras, sino que se necesita la presencia. Ella está presente como Madre, dispuesta a abrazar nuestra vida.

Dios no prescindió de la madre. Por eso también nosotros la necesitamos. Los Evangelios nos recuerdan que Jesús nos dio a su madre en un momento especial, no en un momento cualquiera. Nos la dio en la Cruz. Así lo expresó ante el discípulo amado, ante cada discípulo: “Ahí tienes a tu madre” (Jn 19,27).

De alguna manera pedimos y queremos que la Madre de Dios nos agarre de la mano y nos enseñe su mirada sobre la vida. Le pedimos que vuelva su mirada sobre nosotros. Así lo expresamos en le rezo de la Salve: “vuelve a nosotros tus ojos misericordiosos”. Ella es la Reina de la Paz, que nos lleva por el camino del bien, crea unidad entre los hijos y educa en la compasión.

En este mes de mayo, hagamos nuestras estas palabras de San Bernardo Abad: “En los peligros, en las angustias, en las dudas, piensa en María, invoca a María. No la apartes de tu boca, no la apartes de tu corazón y, para conseguir la ayuda de su oración, no te separes del ejemplo de su vida. Si la sigues, no te extraviarás; si le suplicas, no te desesperarás; si piensas en ella, no te equivocarás; si te coges a ella, no te derrumbarás; si te protege, no tendrás miedo; si te guía, no te cansarás; si te es favorable, alcanzarás la meta, y así experimentarás que con razón se dijo: Y el nombre de la Virgen era María”.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 2 de mayo de 2019

SEGUIR LA NUBE

No nos queda otra. Es a lo que estamos llamados, allí donde se mueve la nube, el pueblo la sigue, porque sabe que esa es la experiencia vital de Dios. Los acontecimientos se suceden y la mayoría de las veces no podemos hacer nada por evitarlos pero sí se puede escoger la actitud: quedarme en la intemperie donde por el juicio, la resistencia, la no capacidad de amoldarse todo parece que hiere más y el frío de lo externo ataca el alma o seguir el viaje de la vida amparados bajo la nube y dejar que ella nos guíe y nos lleve donde no queremos pero amparados, moldeables, sin resistencias… Tenemos capacidad de elegir cómo movernos por el desierto de la vida, donde todo sucede en lo cotidiano, donde no se esperan grandes cosas sino que cada cosa se hace grande.

Es cuestión de actitud, es cuestión de verlo en el tiempo de Dios.

Clara López

martes, 30 de abril de 2019

BALONCESTO Y RESURRECCIÓN

Hablamos mucho de la resurrección de Jesús y, a veces, parece que es un poco abstracto, lejano a mí. Pero si el Jesús crucificado ha superado la muerte, eso también tiene que ver con nuestra vida y cómo abordamos el sinsentido que se nos impone ante el sufrimiento, la enfermedad y la misma muerte.

Cuando tenía 16 años y jugaba al baloncesto, yo soñaba con dedicar mi vida a este deporte tan espectacular. Era lo que más feliz me hacía y me ilusionaba pensando que un día pudiera dedicarme a ello. Cuando jugaba me olvidaba de todo, y realmente toda mi vida giraba en torno al basket. Pero ni mi altura, ni mi técnica eran suficientes y no me dediqué al baloncesto. Fue un fracaso para mí, y a pesar de ello ahora me siento muy contento con mi vida, pleno de sentido.

Cuando decimos que con la resurrección de Jesús, el mal, el fracaso no tienen la última palabra, creo que estamos hablando de algo parecido a lo que me ocurrió, aunque fuera una simple experiencia juvenil. La resurrección de Jesús no me evita mi fracaso personal, pero sí me da la certeza de que ese fracaso no acabará conmigo, no me llevará a la infelicidad. Me ocurra lo que me ocurra, Dios sostiene mi vida, Dios ha vencido sobre el mal. Puedo caer en la enfermedad, me puede salir todo mal en la vida, puedo fracasar en los estudios o en el trabajo, puedo morirme… pero nada de eso va a acabar conmigo, sigo teniendo miles de puertas abiertas a la Vida Plena.

Jesús pasó por el sufrimiento, el dolor y la muerte. La victoria de la resurrección no nos va a evitar a nosotros el dolor, el fracaso, la muerte, pero nos va a asegurar que, pase lo que pase, podemos confiar en que todo va a acabar bien, la vida me va a traer algo bueno con lo que me ocurra, estamos hechos para vivir en plenitud con Él. En Jesús “crucificado-resucitado”, Dios sufre como nosotros, muere para nosotros, en Jesús “crucificado-resucitado” Dios está por nosotros para siempre. Entonces sí que podemos decir: “¡Feliz Pascua de Resurrección!”
Javi Morala, capuchino 

jueves, 25 de abril de 2019

VIVIR ES CONFIAR

Nacemos confiados y confiando en la vida y en las personas que nos acogen. Confiadamente crecemos, arropados por las personas que nos quieren, abiertos a las novedades inéditas que nos ofrece todo. Sólo así es posible adentrarse en la vida. A medida que nos vamos haciendo adultos, vamos aprendiendo que la realidad no responde a nuestros deseos e ilusiones. Conocemos el fracaso; hay personas que nos desengañan; incluso nosotros mismos no damos la talla que esperábamos. Todo esto nos frustra, nos hace sufrir y nos enseña a vivir prevenidos. En el fondo, los golpes de la vida nos vuelven desconfiados.

Hay épocas de la vida en las que estamos de vuelta de todo y puede introducirse en nosotros ese “realismo” que entinta todo de escepticismo; como que en el fondo nada vale la pena. Más incluso; puede llegar a asomar en nosotros una especie de amargura que enturbia todo lo que vivimos y enrarece las relaciones con las personas. Las motivaciones más auténticas que nos movieron en otras épocas (esposo/esposa, hijos, proyectos de solidaridad, relación con Dios...) se desfiguran y desaparecen. Quizá no lo decimos, pero sabemos que estamos tocados en lo más hondo de nuestro corazón.

Justamente en ese camino se nos ofrece la posibilidad de hacer el acto de confianza más radical que nunca habíamos creído que se nos pediría. En lo más profundo del corazón nos debatimos si la vida está cerrada a lo que controlamos o está abierta a lo inesperado. No es un acto heroico, sino de humildad, de abrirnos a la promesa amorosa de Alguien que nos ofrece como nunca su amor. Esto se da en pequeños actos de confianza, pero que denotan una radical consistencia de nuestras personas en la vida y en relación con Dios. La confianza ya no es fruto de la bisoñez, sino dentro del realismo más profundo alimentado por la fe. En el fondo, desconfiar es un sinvivir y la vida en verdad consiste en confiar.
Carta de Asís, abril 2019

domingo, 21 de abril de 2019

PASCUA FLORIDA

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y Tú te muestras, acercas y ofreces
con todo lo que es y tiene la naturaleza.

Eres flor, hierbabuena y también pradera,
risa de junco, tapiz multicolor y agua de regato,
rama reverdecida columpiándose en una enredadera.

Eres bosque con su espesura y música,
llanura, valle y ladera, según la hora,
y esas cumbres que nos llaman y desafían.

Eres el fruto de los árboles que germinan en la tierra,
el trino de los pájaros que anidan y vuelan,
y las nubes y el viento que entre ellos se recrean.

Me sorprendes, gustas y enamoras como las cerezas,
como los melocotones de secano me perfumas
y en ese racimo de uvas dejas tu santo y seña.

A veces, Señor, a veces estalla la primavera
y mi corazón gusta tu savia, voz y palabra
para soñar, soñarte y seguir por tus sendas.

A veces, Señor, a veces, es Pascua florida.

Florentino Ulibarri

sábado, 20 de abril de 2019

SÁBADO SANTO: DÍA DEL AMOR QUE ESPERA SIEMPRE

Tal vez hayas visto en estas últimas semanas una película que encoge el alma: Cafarnaún. Es la historia de la dura vida de un niño pobrísimo y su familia en un suburbio de una ciudad libanesa. Todas las esperanzas del niño se frustran: preservar a su hermanita de un matrimonio prematuro, aportar algo de dinero a su pobrísima familia, cuidar de otro niño más pobre que él y apartarlo de su venta a los traficantes. Todo se frustra hasta el punto de que demanda a sus padres por haberle traído a este mundo. Una auténtica desolación

Pero la película termina con una foto fija en la que alguien le demanda que sonría para hacerle, con esa foto, el carnet de identidad. Y esa sonrisa final, fija en la cámara, es el lenguaje de la esperanza, la certeza de que las desdichas de los pobres acabarán y la evidencia de que la esperanza brotará en las pequeñas grietas del más duro asfalto.

Porque si te preguntas qué es lo que se celebra en el Sábado Santo, cómo darle la vuelta a este día un tanto extraño en que no hay ni sacramentos ni celebraciones, la respuesta puede ser esta: es el día del amor que espera siempre, el día del amor que atisba cualquier rendija para decir que está ahí, que sigue esperando porque lo alimenta la ternura.

Las leyendas primitivas del franciscanismo cuentan que un Cristo, el de san Damián, una hermosa tabla bizantina, “le habló” a san Francisco. No hay que entender eso como si una tabla pudiese hablar. Le habló el Cristo del amor que espera. Y le vino a decir: Francisco, mi amor por ti espera que tú llegues a vivir esta vida tuya desde el amor más sencillo y fraterno.

Así lo entendió y así lo vivió. Por eso escribía a sus hermanos en sus cartas: “No os guardéis nada para vosotros y así os recibirá el que a vosotros se entrega”. O lo que es lo mismo: no mates la esperanza ni en ti ni en nadie porque hay alguien, Jesús, que siempre ha esperado en ti.

Quizá en la celebración de esta noche, en la Vigilia Pascual, además de la luz, ese signo de esperanza que tan evocador es en la oscuridad de noche habría que añadir el cofre de las esperanzas, esa caja donde depositamos nuestras esperanzas de ahora. Y cuando celebremos el recuerdo de su entrega, en el momento de la consagración, abramos el cofre y pongamos nuestras esperanzas junto a su cuerpo y sangre para que las haga vida y nos anime a hacerlas vida.

Para pensar, rezar o compartir:
  1. ¿Cuáles son tus esperanzas?
  2. ¿Cómo superas el desaliento?
  3. ¿Crees que Jesús sostiene tus esperanzas?
 

viernes, 19 de abril de 2019

VIERNES SANTO: DÍA DEL AMOR LOCO

Un diario daba hace no mucho la extraña noticia de una muchacha inglesa que, habiendo perdido el tren para ir a ver a su novio, no se le ocurrió mejor cosa que coger una locomotora que esta parada en la estación y largarse con ella. Cuando la policía la detuvo, uno de los agentes le espetó: “Pero ¿tú estás loca?”. Y dice la nota que ella le respondió: “Y usted, ¿no ha hecho nunca locuras por amor?”

No vamos a justificar el disparate que es lanzarse por la vía con un tren robado. Eso no tiene ni pies ni cabeza. Pero la respuesta de la chica es interesante: ¿No has hecho nunca locuras por amor? ¿No las vas a hacer nunca? Pues quizá a tu amor le falta esa pizca de locura que lo hace único.

Es que, cuando nos preguntamos ¿qué hay detrás de la celebración del Viernes Santo, del recuerdo explícito de la pasión del Señor, de la veneración de su cruz pobre? Lo que hay es justamente eso: un amor loco. Un amor de uno que ha sufrido locura por nosotros y por eso no le ha importado llegar hasta el límite de ese amor, hasta el abandono total por quien se ama.

Por eso el día de Viernes Santo bien podría ser llamado “Día del amor loco”, día de todos aquellos locos que aman a fondo perdido, con entregas totales, sin reparar en las consecuencias de su amor. ¿Le vamos a quitar al Evangelio esta pizca de locura? Y si le quitas al Evangelio, la locura, la desmesura, la aventura, el riesgo, ¿qué le queda?

La tradición religiosa posterior ha atribuido a san Francisco una frase que, sin ser suya, bien podría haberla dicho. Cuenta esa tradición que san Francisco iba por los caminos gritando “el Amor no es amado, el Amor no es amado”. Le dolía tanto que no se entendiera la vida de Jesús como una ofrenda de amor total que eso le sacaba de quicio y le hacía sufrir.

En la celebración de hoy veneraremos la cruz del Señor como signo último de su total entrega. Quizá habría que rodear esa cruz, áspera, con flores hermosas para indicar que, más allá de la aspereza, lo que hay detrás es el amor a prueba de cualquier decepción de un Jesús que nos ha acogido en nuestra más profunda realidad. Algo de esto es lo que hay si le das la vuelta al Viernes Santo.

A nada que salgas al campo encontrarás los espinos florecidos. Sus florecillas blancas son símbolo de la cruz florecida. Por eso estamos seguros, cuando nos preguntamos qué hay detrás, en el fondo, de la celebración del Viernes Santo, la respuesta es clara: el amor loco de Jesús por nosotros, tan loco como esas florecillas que brotan de la aspereza del espino, de la dureza de nuestro corazón.

Para pensar, rezar o compartir:
  1. ¿Te parece hermosa la espiritualidad del “amor loco”?
  2. ¿Crees que habría que rodear la cruz áspera de Jesús con flores hermosas?
  3. ¿Puedes contar alguna locura que hayas hecho por amor?

jueves, 18 de abril de 2019

JUEVES SANTO: DÍA DEL AMOR QUE NUNCA SE CANSA

Hay personas que nunca se cansan de amar, que no sucumben ni al cansancio ni al abandono. Entre las víctimas del accidente aéreo de Etiopía del mes pasado había una cooperante de una ONG, la gallega Pilar Martínez, que iba a trabajar en Kenia. Ni siquiera llegó a su destino. Su amor por los humildes le llevó a poner en juego su vida. Y la perdió. Uno se pregunta ¿por qué no se cansa la buena gente de hacer el bien? No hay respuesta para esa honda actitud.

O sí la hay: no se cansan porque les habita el amor verdadero al otro. Y el amor de calidad es incansable. Justamente es eso lo que celebramos en el Jueves Santo si sabemos darle la vuelta al mero rito, a la mera costumbre. Un amor que nunca se cansa, ése es el amor de Jesús. Amó hasta el final. Lo intentó hasta el final.

Cuando todo estaba perdido, él dio a Judas un pan untado, signo del amor con que las madres dan a sus niños un pan untado, como para decirle: tú me fallarás, tú me traicionarás, pero yo te sigo amando porque no puedo hacer otra cosa sino amarte, y porque no me canso de amarte aunque tú me hayas descartado. Es una maravilla el amor incansable de quien ama a fondo.

Francisco de Asís tenía por sus hermanos un amor de esa clase. Por eso le escribía al superior de una comunidad en la que un hermano iba por extraños derroteros: “Ámalo más que a mí y mil veces que pecare en tu presencia, perdónale mil veces”. Un amor que se cansa, aun con razones, no es el amor de aquellos que queremos seguir a Jesús y apreciamos a Francisco.

San Pablo repetía una y mil veces a sus amigos de Tesalónica: no os canséis de hacer el bien. Porque el desaliento es vecino de quien hace el bien y su voz es insidiosa: deja de hacer el bien, no se merece que te portes bien con él, no le des la razón que no tiene. Y desde esos principios, el bien se amilana, se acobarda y, fatigado, se abandona.

Hay un poema hermoso de Mario Benedetti que dice: “No te rindas, por favor no cedas, aunque el frío queme, aunque el miedo muerda, aunque el sol se esconda, y se calle el viento”. No se trata de ser ciego, de no saber ver las cosas, de no querer discernir. Se trata de resistir a la tentación del abandono cuando las cosas no vienen bien dadas.

En este Jueves Santo, si le das la vuelta, verás en el fondo el terco y fiel amor de Jesús por cada uno de nosotros. Si queremos celebrarlo bien habríamos de ir pensando en ser constantes en el amor, en no tirar la toalla al primer fallo, en dar segundas oportunidades. Nadie dijo que amar fuera fácil.

Para pensar, rezar o dialogar:
  1. ¿Por qué nos cuesta tanto ser constantes en amar?
  2. ¿Por qué no damos segundas oportunidades?
  3. ¿Te encanta el perfil de un Jesús que ama sin cansarse?

martes, 16 de abril de 2019

DALE LA VUELTA A LA PASCUA

De una manera u otra, hemos estado durante todo el año intentado dar la vuelta a la realidad para leerla más profundamente, con más contenido espiritual. Eso mismo queremos hacer ante la Pascua de este año.

Así es: la Semana Santa es, perdónese la expresión, un inmenso teatro religioso con muchas formas de representación, todas muy valiosas y respetables. Pero uno puede preguntarse: ¿qué es lo que realmente hay detrás? ¿Qué es lo que late en el fondo de todas esas representaciones bienintencionadas? ¿Cuál es el núcleo de lo que celebramos?

Y a nada que uno piensen, la respuesta se impone: es una aventura de amor, algo que tiene que ver con el latir de aquel Jesús de Nazaret que recordamos y que sentimos más vivo que nunca en estos días.

Por eso, el Jueves Santo comprenderemos mejor el amor de Jesús que no conoce el cansancio; el Viernes Santo nos quedaremos perplejos ante el amor loco de Jesús que se da hasta el límite; y el Sábado Santo se nos dirá que es el día del amor que nutre y sostiene todas las esperanzas.

Decía san Francisco que habríamos de pedir a Dios vivir “iluminados por él para poder seguir las huellas de Jesús”. Eso es justamente lo que queremos hacer en estos días de la Semana Santa: reunirnos en torno a la brillante y humilde luz que es Jesús y animarnos, los unos a los otros, a no desistir en el camino del Evangelio. Así la Pascua será Pascua de vida.

domingo, 14 de abril de 2019

A LOMOS DE UN BURRO

EL LENGUAJE DE LA PASIÓN EN LA NATURALEZA

Un buen ejercicio de desierto en esta Semana Santa puede ser leer en el gran libro de la naturaleza la realidad de la Pasión y Resurrección de Jesús. Las criaturas, por más que a nosotros nos parezcan mudas, hablan a su manera. Sería bueno que te sentares en el campo, a la sombra de un árbol y miraras despacio, lentamente, dejando que corra el tiempo, ese gran libro de la naturaleza que tienes delante.
  • Las piedras: Mira las piedras y recuerda a Jesús que fue condenado en un patio de la casa del gobernador Pilato que llaman “el empedrado”. Aquellas piedras escucharon una sentencia injusta. Únete al silencio de las piedras que dicen: fue algo injusto porque se condenaba a una persona buena.
  • El agua: Quizá esté cerca un arroyo. Escucha el lenguaje humilde del agua. Recuerda a aquel que dijo en la cruz: tengo sed. Siente en tu boca y en tu corazón la sed de Jesús. Es sed de agua y sed de amor. Quizá la segunda puedas saciarla tú.
  • Los senderos: Tendrás delante pequeños senderos que van y vienen por la montaña. Que te lleven a aquel Jesús de tantos caminos. Que termines en el camino de Jerusalén, el camino del final, que los discípulos andaban con temor y Jesús con una decisión que nos deja anonadados.
  • Las nubes: Tal vez el día esté nublado o se vean algunas nubecillas en el horizonte. Que te conecten con las “nubes” oscuras y negras que cayeron sobre el corazón de los que seguían a Jesús hasta llegar a abandonarlo en el peor trance de su vida. El mismo Jesús, con su cercanía de resucitado, las disiparía más tarde.
  • El viento: Quizá escuches el viento. Trata de sentirlo en el interior. Recuerda al que dijo que nacer de nuevo era escuchar el viento nuevo del amor. Mira a Jesús envuelto en ese viento cuando va a morir, aunque él no lo sienta.
  • El árbol: Te puede recordar ese árbol que tienes cerca, su tronco abrupto, aquel otro árbol, el madero de la cruz que Jesús tuvo que llevar él mismo al Calvario y en el que fue ajusticiado. Conmuévete con solo recordarlo, siente el amor que cuelga de ese tronco.
  • Los montes: Quizá en lontananza se perfilan algunos montes. Recuerda el monte Calvario y a quien fue asesinado en un monte fuera de la ciudad. Sube a ese monte y venera con el corazón a quien te mira.
  • Las flores: Puede que ahí donde estas o cerca haya un espino florecido con sus florecillas blancas o cualquier otra flor humilde y callada al borde del camino. Acuérdate de Jesús resucitado, flor renacida desde la más profunda de las oscuridades, perfume callado que aún sentimos quienes le amamos.

Para pensar, rezar o dialogar:
  1. ¿Con qué creatura de las mencionadas te quedas?
  2. ¿Piensas que la naturaleza puede ser lenguaje de amor?
  3. ¿Sientes a Jesús vivo y cercano?

jueves, 11 de abril de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… ser incluyentes con los que son diferentes a mi. En el corazón de Cristo no hay distinciones y no podemos por tanto, discriminar al prójimo por ninguna razón y circunstancia.

El humanismo que siempre ha emanado desde el cristianismo y que esta presente en cada persona de buena voluntad, no dispone al gustillo de la vida ajena, de todo lo que es y hace Dios en el otro. El humanismo franciscano, es mucho más que una doctrina o sistema de pensamiento, es una comprensión de la vida, un estilo de vida, un comportamiento y un modo de tratar y de comprender al mundo, a todos los seres y a los otros.

Somos hombres y mujeres, diferentes entre sí y nos relacionamos de mil maneras y cada uno, no queda afuera del hecho de haber sido creadas por Dios Uno y Trino: amadas por el Padre, redimidas por Jesucristo y sustentadas por Espíritu Santo en una fraternidad universal.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, tratar de ver a los demás sin juicio ni prejuicio. No importa su sexo, edad, color, religión o raza; no importa su belleza, riqueza o su orientación o condición sexual; es tratar de comprender a cada persona más allá del sentido utilitario, estético, romántico y político. Este enfoque sobrepasa el racionalismo y el discurso ideológico: La experiencia franciscana es una experiencia fraterna de la vida y de la existencia personal y comunitaria frente a los hombres, los seres, las cosas, frente a los acontecimientos y frente a Dios. Es un modo vital de realizar la paz, la justicia y la ecología, como experiencia y como perspectiva, como cultura y como utopía, haciendo vida la exhortación de San Francisco: «Bienaventurado el siervo que ama y respeta tanto a su hermano cuando está lejos de él, como cuando está con él, y no dice nada detrás de él, que no pueda decir con caridad delante de él.» (Adm 25)

espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 9 de abril de 2019

CAMINAR HACIA LA FRATERNIDAD

Estamos necesitados de generosidad para leer lo que nos va pasando de una manera amparadora. De lo contrario el juicio comienza a funcionar. Y una vida en las afueras con el juicio por compañero tal vez no merezca la pena.

El año 2010 se otorgó el Premio Príncipe de Asturias al sociólogo, filósofo y ensayista polaco de origen judío Zygmunt. Baumann. En su breve discurso dijo: «Es en dicho mundo, en un mundo donde la única certeza es la certeza de la incertidumbre, en el que estamos destinados a intentar, una y otra vez y siempre de forma inconclusa, comprendernos a nosotros mismos y comprender a los demás, destinados a comunicar y de ese modo, a vivir el uno con y para el otro».

El camino hacia la fraternidad es tan largo como el mismo caminar humano. Cansarse de él es como cansarse de ser humano. Una pérdida. De ahí que siempre que se reflexiona sobre este tema haya que concluir reafirmando la fe en el camino de la fraternidad. Nos va en ello el gozo y el sentido de la vida. Y también el del Evangelio.

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 3 de abril de 2019

EL DIOS DE LAS SORPRESAS

Abril es tiempo de celebración, tiempo de Pascua. Las fiestas mas importantes de nuestra fe cristiana cambian cada año de fecha. Para ver cuando la celebramos tenemos que mirar a la luna.

Es muy sencillo. El domingo de Pascua o domingo de Resurrección se celebra siempre el domingo inmediatamente posterior a la primera luna llena después del equinoccio de marzo, es decir, el comienzo de la primavera. Son fechas situadas no antes del 22 de marzo y el 25 de abril como muy tarde. Por eso unos años “cae” pronto la Pascua y otros tarde.

En este mes, este año, los cristianos celebramos la resurrección de Cristo, la fiesta más importante del calendario litúrgico. En los tres primeros siglos del cristianismo fue la única fiesta que se celebraba. El origen de la fecha se debe a que la muerte de Cristo tuvo lugar en torno a la fiesta de la Pascua Judía. Mientras que los judíos celebran y conmemoran su salida de Egipto y el fin de la Esclavitud, los cristianos celebramos la resurrección de Jesús. Un año más recordamos y revivimos los últimos acontecimientos de la vida de Jesús. La Palabra de Dios, los Evangelios, la naturaleza, las tradiciones de nuestra tierra, etc, acompañan nuestra experiencia creyente.

Celebrar la Pascua, como afirma el Papa Francisco, “es volver a creer que Dios irrumpe y no deja de irrumpir en nuestras historias desafiando nuestros «conformantes» y paralizadores determinismos. Celebrar la Pascua es dejar que Jesús venza esa pusilánime actitud que tantas veces nos rodea e intenta sepultar todo tipo de esperanza”.

Resuena en este tiempo de manera especial un anuncio claro: el Señor ha resucitado. Este es el anuncio que sostiene nuestra esperanza y la transforma en gestos concretos de caridad. La Resurrección de Jesús reaviva nuestra esperanza y creatividad para hacer frente a la vida, pues vivimos con la convicción de que no vamos solos.

La tradición cristiana y la experiencia creyente nos recuerda que los anuncios de Dios son siempre sorpresas, porque nuestro Dios es el Dios de las sorpresas. Dios no sabe hacer un anuncio sin sorprendernos. Y la sorpresa es lo que conmueve el corazón. Las sorpresas de Dios a las personas creyentes nos sacuden, nos ponen en camino inmediatamente, sin esperar. Y así la primera reacción de la gente que experimenta esa sorpresa de Dios es la de movilizarse, incluso la de correr. Corren para ver. Así aparece en numerosas páginas del Nuevo Testamento. También hoy cuando sucede algo extraordinario, la gente corre a ver. Las sorpresas, las buenas noticias, se dan siempre así: deprisa. Un año más el Resucitado nos espera en Galilea, nos invita a volver al lugar donde empezó todo, para escuchar dentro de cada uno: No tengas miedo, sígueme.

Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 26 de marzo de 2019

PADRE NUESTRO

Si hay algo que toca el corazón de Francisco es la relación personal con Dios. Dios es el amor no amado, es Aquél que lo ha dado todo, hasta lo inimaginable, por amor a nosotros. Dios nos ama de tal modo que no le ha importado que su propio Hijo tenga que morir por nosotros, por puro amor.

Es desde esta clave de relación de amor desde donde vive Francisco a Dios. Y por eso tiene alma de enamorado, porque se sabe envuelto en ese amor incondicionalmente entregado de Dios.

Francisco mira a Jesús, y ve en Él el reflejo de ese amor. Ve en Jesús al hombre que ha encarnado el amor entregado de Dios haciéndose el último, el más pequeño, el más pobre. Ve en Jesús a Aquél que ha vivido las bienaventuranzas en carne propia, a Aquél que se ha abajado hasta lavarnos los pies, a Aquél que nos ha amado hasta dar su vida “como cordero llevado al matadero”.

Francisco se ha visto envuelto en este amor de Dios, y por eso ha querido ser pequeño como Jesús, último como Jesús, amor apasionado como Jesús, hombre de paz como Jesús, hermano de todos como Jesús.

Y por eso, en su oración le gusta dirigirse a Dios como lo hacía Jesús, llamándole Padre, sintiéndose confiadamente en sus brazos, proclamando su grandeza -Tú eres el bien, Tú eres fuerte, Tú eres santo…-, deseando que se haga realidad su presencia en este mundo -“el amor no es amado” era su gemido- y poniendo en sus manos su día a día y su vida.

Desde lo más hondo de su ser le brota continuamente la oración, porque se sabe amado, y sabe que ese amor es el que ha transformado su vida.

Carta de Asís, marzo 2019 

jueves, 21 de marzo de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… Hacer lo posible para hacer de nuestro planeta un mejor lugar para vivir. Contribuir en lo personal, como familia y comunidad en tener una mayor consciencia en el uso de nuestros recursos naturales.

En hacer grandes cosas y al igual pequeñas, como reciclar la basura, llevar nuestras bolsas de tela al supermercado, no usar tanto el automóvil, en no desperdiciar, en cuidar nuestros jardines y áreas verdes, en ser más humanos con los animales… y todo esto no tanto por pura responsabilidad ecológica, sino como respuesta concreta de filiación con Dios, quien es el artífice de toda la Creación.

El patronazgo de San Francisco en la ecología es de sobra conocido, y no ha estado exenta de romanticismos y edulcorada en imágenes piadosas que solo rozan superficialmente una de las dimensiones del carisma franciscano más profundas: En la creación, cada ser tiene su parte de bondad, de utilidad, y es digno de ser amado por Dios y por las demás criaturas. Ser guardianes de la creación tiene su fundamento teológico en el alma que responde de forma coherente cuidando, respetando e incluso defendiendo nuestra casa común por ser un don gratuito y confiado por Dios.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, cuidar la integridad de la creación porque así, en belleza y perfección, Dios la pensó. Es proponer y realizar acciones ecológicas concretas dentro de un espíritu de caridad y en comunión con nuestros hermanos y con “todas sus criaturas”. Es reconocer a Dios en todas las cosas creadas, incluyéndonos a nosotros mismos y en el prójimo, despertando en la alabanza y la gratitud porque en fin, todo lo que ha salido de las manos de Dios tiene un sentido y es bueno.
espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 19 de marzo de 2019

DE LAS PIRÁMIDES AL FLEXO DE MI HABITACIÓN

Tardamos alrededor de una hora en llegar desde la Ciudad de México hasta Teotihuacán. Así llamaron los mexicas a una ciudad que se encontraron abandonada, y que en su esplendor –año 500 d.C.- llegó a tener más de 85.000 habitantes.

Primero subimos la pirámide del Sol. Jadeando por la verticalidad de sus muchos escalones, tuvimos que hacer varias paradas para descansar. Y cuando llegamos arriba sentimos la satisfacción de haber alcanzado la cima, y la conciencia de estar en un lugar sagrado para muchos humanos de aquellos tiempos. Un lugar, no sólo para sacar fotos, sino para contemplar, para respirar, para permanecer sin otra razón que la de empaparte de la realidad que te rodea.

Y entonces las preguntas aparecieron: cómo pudieron construir semejante “mole” con la tecnología de entonces; de dónde y cómo trajeron tanta piedra; quiénes mandarían realizarlo y quiénes serían los “currelas” del rascacielos de la época; qué significado tenían para ellos estas pirámides; cómo adorarían en este lugar a sus dioses. Cuestiones que me adentraron en el enigma de estas construcciones y que despertaron en mí el asombro, la admiración, el silencio.

Y en medio de esa quietud, con la mirada puesta en la pirámide de la Luna situada en frente, al otro lado de la Calzada de los Muertos, observo que detrás de ella hay una montañita de dimensiones mayores que esa pirámide. No es el Everest, todo lo contrario, es una montaña pequeña, vulgar, nada atrayente, que pasa desapercibida a todos los turistas y a mí mismo. Pero al ser más grande que la pirámide, me hago consciente de que merecería una admiración mayor que la que suscita la pirámide, aunque no recibe la visita de cientos de miles de turistas cada año. También podríamos preguntarnos cómo fue construida esa prominencia, con qué materiales, qué fuerzas la levantaron por encima del resto de la planicie, qué razón la creó, qué vida la habita… Tantas preguntas que nos abren al enorme misterio de un insignificante monte. Cuestiones que nos llevan a épocas geológicas admirables, al choque de placas tectónicas, a la formación de los materiales más simples a partir de partículas subatómicas, a la configuración de los continentes, a la erosión del viento y del agua durante miles de años, a la formación de la vegetación, a la aparición y desaparición de animales, y a una inteligencia que orienta y da sentido a todo este milagro.

Y me doy cuenta que, como esa montaña insignificante, cada pequeña realidad que rodea nuestra vida merece esa admiración: cada objeto de nuestra habitación, el flexo, un bolígrafo; cada planta de nuestra casa, cada edificio de nuestro barrio, cada persona de nuestro trabajo, cada ser vivo del planeta, cada una de los “cosas” del universo encierran un misterio, una historia infinita, una lógica admirable. ¡Te invito al asombro!

Javi Morala, capuchino

jueves, 14 de marzo de 2019

PREPARACIÓN DEL PRÓXIMO EJIF

El 8 y 9 de marzo se juntaron en el Colegio de las Hermanas Franciscanas de la Purísima Concepción en Madrid algunos jóvenes de los distintos grupos juveniles de la Familia Franciscana en España junto con el Equipo de PJV de la Interfranciscana para preparar el próximo Encuentro EJIF (Encuentro de Jóvenes Interfranciscana). Desde el primer momento venían motivados y con ganas de trabajar. Tuvimos tiempo para orar, pasarlo bien, formarnos y trabajar.

Acabado este encuentro, podemos aseguraros que el EJIF será todo un éxito. Id apuntando la fecha: 25-27 de octubre en el Colegio de El Batán de Madrid. Tendréis más noticias en breve.

Desde aquí, queremos agradecer a todos los jóvenes que están colaborando y trabajando para que el EJIF sea una experiencia inolvidable.

martes, 12 de marzo de 2019

OTRA CUARESMA... OTRA PASCUA

Anímate a vivir este año
otro tipo de Cuaresma:
más social,
más solidaria,
más entregada,
más ayudadora,
más compasiva.
Eso te llevará a vivir otra Pascua:
más fraterna,
más humana,
más luminosa,
más esperanzadora,
más tierna,
más nueva.
Una Cuaresma nueva
para una Pascua nueva
Escucha la voz de la profecía:
“Todo lo hago nuevo” (Ap 21,5).
Esta novedad hemos de forzarla
para que pueda ser.
Por eso este pregón
es una oferta,
un envite,
un reto.
Jesús, incansable caminante,
va a nuestro lado
en el itinerario cuaresmal.
Hagamos camino con él
abriéndonos a toda carne,
sobre todo la más necesitada,
a la más doliente,
a la más humilde.

Fidel Aizpurúa

miércoles, 6 de marzo de 2019

PREGÓN DE LA CUARESMA

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas
;y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barrerasni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espírituy exponiéndonos,
desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,
...¡y a la aventura, cada día!

martes, 26 de febrero de 2019

GRACIAS HERMANO. GRACIAS HERMANA

Se dice que lo más efectivo es lo afectivo. Ciertamente, cuando algo toca el corazón adquiere una gran relevancia en nuestra vida. Y entre todos los ámbitos, las relaciones humanas tienen un lugar especial. Hay personas que siempre han estado presentes en nuestras vidas desde que nacimos: nuestros padres, hermanos, familia… Somos gracias a ellos. No siempre ha sido fácil porque nadie es perfecto y las mayores heridas son producidas por las personas más cercanas. Pero si al hacernos adultos sabemos asumir todo lo vivido con ellos como parte de nuestra historia, nos nace agradecer lo que nos han dado.

Hay otras personas que nos hemos ido topando por la vida. Las hay que se mantienen en nuestro ámbito de relaciones, otras han desaparecido después de un tiempo de intensa relación quizá. En todas estas relaciones hemos participado en el nacimiento y desarrollo de la relación. Han sido y son un regalo porque con y en dichas relaciones hemos ido desplegándonos como personas. Habrá habido meteduras de pata y desencuentros, sin duda. Pero así hemos podido ir aprendiendo quiénes somos y nos han resultado estímulos para crecer como personas. Tenemos grandes motivos para gradecer.

En otros casos, ha habido personas que nos han pedido ayuda o colaboración y nos han introducido en territorios humanos que no eran los nuestros. Pero nos han abierto a dimensiones y situaciones humanas que nos han ensanchado el corazón, nos han hecho salir de nosotros mismos y de nuestros mundos controlados. Así, aunque, quizá nos han incomodado, turbado e incluso enfadado, han resultado ser un acicate para una mayor humanidad en nosotros. Estos han sido una bendición en nuestra vida y es motivo de gozo y agradecimiento.

Y también está Dios, que nos ha ido poniendo en nuestras vidas personas que nos han hablado de Él, con palabras o sin ellas, pero que han supuesto una fisura en nuestro mundo personal cerrado para abrirnos al misterio de su presencia en este mundo. Gracias infinitas por ellas.

Carta de Asís, febrero 2019 

martes, 12 de febrero de 2019

EL JESÚS MIXTECO

Tardamos 12 horas en volar desde Madrid a la Ciudad de México. Al día siguiente tomamos un autobús que tardó más de 5 horas en llevarnos a Nochixtlán, en el estado de Oaxaca. Allí el hermano Justino nos llevó en carro a Chalcatongo, en la Mixteca Alta. Después de recorrer carreteras asfaltadas y no asfaltadas, de subir cerros y de bajarlos, llegamos ya entrada la noche.

Al día siguiente, en aquel lugar aparentemente recóndito, cuando apenas había amanecido, rezamos la oración de la mañana frente a este Cristo de la imagen, adaptación del Cristo de San Damián. Un Jesús vivo y crucificado con rasgos mexicanos, rodeado de personajes con apariencia y vestiduras mixtecas, y con el centurión y Longinos convertidos en soldados mexicanos. Sus colores y los símbolos que lo jalonan son propios de esta cultura indígena tan desconocida para mí.

Y con los ojos inundados en este Cristo tal peculiar oí esta antífona: “A Cristo, que se nos ha manifestado, venid, adorémosle”. Miraba a un Jesús mixteco y oía que Cristo se nos había manifestado. Y se me hizo patente que en cada una de las personas que me iba a encontrar, allá en este estado de Oaxaca, Jesús se me iba a manifestar; que en el pueblo sencillo y castigado de la Mixteca Alta con el que iba a relacionarme, Cristo se me iba a revelar. Se dada una identificación entre Jesús y esta gente tan pobre y acogedora. El “diosito de Nazaret” se unía al destino de estas gentes: miraba a Jesús y me encontraba con estos mixtecos; y en la mirada a cada uno de estos oaxaqueños se me daba la oportunidad de toparme con el mismísimo Jesús. ¡¡Qué grande es este Dios nuestro encarnado!!

Y me doy cuenta que no tengo que irme tan lejos para tener esta experiencia de la presencia de Jesús en las personas que me encuentro cada día. Y encima, la antífona termina diciendo: “adorémosle”. Que cada uno se diga a sí mismo las consecuencias que tiene…

Javi Morala, capuchino

jueves, 7 de febrero de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… ser coherentes en un mundo donde parece que la autenticidad debe estar siempre maquillada. El mundo está poblado de apariencias externas y no repara en la belleza que reposa en corazón del prójimo, en lo verdaderamente valioso, en el hálito de vida y singularidad de todo lo que ha salido de las manos creadoras de Dios para con todas sus criaturas.

San Francisco seduce porque es coherente y auténtico, deseando ardientemente vivir lo que creía y decía. El luchó a lo largo de toda la vida, en sí mismo y en sus hermanos, contra cualquier forma de hipocresía, que quiere actuar para «aparecer» (cf. 2 Cel 130-135). Siente horror a la mentira y las componendas. Para él, la simplicidad de una persona que vive coherentemente la verdad en sus actos cotidianos es más contagiosa que mil discursos. «El que obra la verdad -y no el que sólo la piensa- va a la luz» (Jn 3, 21).

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, no tener dobleces, no tener doble agenda, ni dos caras… Porque somos lo que somos ante Dios y nada más.

espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 5 de febrero de 2019

LA VIDA CONSAGRADA, PRESENCIA DEL AMOR DE DIOS

El calendario está lleno de días especiales que nos ayudan a romper la monotonía. Solemnidades y fiestas, santos, días internacionales, mundiales… Uno de esos días significativos para los religiosos y religiosas, para todas las personas consagradas es el dos de febrero, día de la Presentación del Señor, día de la Candelaria. En esa fecha celebramos la jornada de la Vida Consagrada.

Hace ya unos cuantos años, en 1996, el Papa Juan Pablo II convocó un Sínodo sobre la Vida Consagrada en la Iglesia. Decía el Papa que “a lo largo de los siglos nunca han faltado hombres y mujeres que, dóciles a la llamada del Padre y a la moción del Espíritu, han elegido este camino de especial seguimiento de Cristo, para dedicarse a Él con corazón «indiviso» (cf. 1 Co 7, 34). También ellos, como los Apóstoles, han dejado todo para estar con Él y ponerse, como Él, al servicio de Dios y de los hermanos. De este modo han contribuido a manifestar el misterio y la misión de la Iglesia con los múltiples carismas de vida espiritual y apostólica que les distribuía el Espíritu Santo, y por ello han cooperado también a renovar la sociedad” (VC1).

Este año, celebramos este día con el lema: Padre nuestro. La Vida Consagrada, Presencia del amor de Dios. Queremos recordarnos que la vida consagrada es presencia del amor de Dios. Cada consagrado, con su vida y testimonio, anuncia que Dios es Padre, un Dios que ama con entrañas de misericordia.

Cada familia religiosa, cada Orden o Congregación intenta reflejar y expresar en su vida y en sus obras algún aspecto, algún detalle, que expresó Jesús en su vida. Cada grupo religioso tiene una manera concreta de situarse dentro de la Iglesia y de la sociedad. En el encuentro que tuvimos los Capuchinos con el Papa Francisco durante el Capítulo General último, el “Señor Papa”, pues así lo llamaba San Francisco de Asís, nos pidió a los Capuchinos tres cosas: en primer lugar, cercanía a la gente. Sois los frailes del pueblo y tenéis que mantener esa cercanía que os ha caracterizado a lo largo de la historia. En segundo lugar, nos decía que somos hombres capaces de resolver los conflictos, de hacer la paz, con aquella sabiduría que proviene propiamente de la cercanía; y sobre todo hacer la paz en las conciencias. Por eso nos pedía que continuemos nuestra tarea de ser hombres de reconciliación, no solo a través del sacramente del perdón desde el confesonario. Y finalmente otra cosa que resaltaba de nuestra vida es la oración simple. Vosotros sois hombres de oración, pero simple. Una oración de tú a tú con el Señor, con la Virgen, con los santos… Conservad esta simplicidad en la oración. Hombres de paz, de oración simple, hombres del pueblo, hombres de reconciliación. Así quiere la Iglesia que seáis: conservad esto. Y con aquella libertad y simplicidad que es propia de vuestro carisma.

Que estos deseos del Papa los llevemos y nos ayudéis a llevarlos a la práctica día a día.

Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 29 de enero de 2019

ME HAGO PRÓJIMO

Suceden fenómenos curiosos en el campo de la solidaridad. No nos cuesta hacer un acto solidario con personas que no conocemos, que están lejos, que no hemos tenido trato con ellas ni la tendremos previsiblemente. Es fácil ser solidario cuando se concreta en sólo una firma digital. En cambio, nos resulta más complicado hacernos solidarios con la persona que conocemos de cerca, con su historia sabida, con su modo concreto de vida, de relación, de manera de pensar, etc. y que requerirá tiempo y dedicación en el futuro. Es necesario primeramente hacerme prójimo de ella, próximo.

No me hago prójimo de alguien simplemente porque haga algo a favor de ella, o porque piense igual que ella, o seamos del mismo pueblo, o tengamos el mismo enemigo. En una palabra: no me hago solidario de alguien porque me caiga simpática. Me hago prójimo de una persona porque soy capaz de situarme en su lugar y así, percibiendo su sufrimiento, actúo a favor suya. Todas las circunstancias que me acercan a la otra personas (cultura, manera de pensar, origen, etc.) me ayudarán a acertar mejor en mis actos solidarios, pero no son el origen de mi movimiento solidario.

Hacerme prójimo requiere un proceso de muchas cosas: cuanto más conozca a la otra persona más me haré cargo de su situación, cuanto más me acerque mejor podré verla, cuanto más me exponga a ella más podré aprender de ella...; Y así, iré dándome cuenta de qué podré aportarle dada mi realidad, llena de posibilidades y de limitaciones. Pero sobre todo, podré empatizar con ella, padecer con ella. Esto último es lo que sostiene la solidaridad: es el dolor captado en el otro lo que me moviliza y motiva a hacer.

Dice el texto del Éxodo que Yahvé dijo a Moisés: “He visto la aflicción de mi pueblo en Egipto, he oído el clamor que le arrancan sus opresores y conozco sus angustias. Voy a bajar para librarlo”. Dios se hace solidario de su pueblo porque se hace prójimo, próximo.

Carta de Asís, enero 2019

jueves, 24 de enero de 2019

CORTOMETRAJE COGS


Cogs es un cortometraje de animación que está dando la vuelta al mundo. En los casi tres minutos que dura, nos invita a reflexionar sobre la educación, la vida y nuestra perspectiva sobre ella. El proyecto nace debido al lanzamiento internacional de una nueva organización que pretende plantear nuevas formas de pensamiento a través de un sistema educativo global más justo e igualitario: AIME.

La película está dirigida por el oscarizado director Laurent Witz, y cuenta la historia de un mundo construido a través de un sistema mecánico que favorece tan solo a algunos. En este mundo encontramos a dos personajes cuyas vidas prediseñadas por los sistemas y las circunstancias en las cuales nacieron

En Australia, AIME está trabajando con decenas de miles de niños para cambiar el curso de sus vidas a través de un sistema educativo alternativo basado en la igualdad de oportunidades. Está siendo un éxito, tanto es así que la organización está realizando su lanzamiento internacional, para el cual, como decimos, ha llevado a cabo este cortometraje.
Texto tomado de concienciacultural.com

martes, 22 de enero de 2019

ECUMENISMO VITAL

Para entender en maneras distintas la colaboración evangelizadora es preciso crecer en ecumenismo vital que no se refiere directamente a nada religioso sino a la capacidad para empatizar con el camino humano se sitúe este en cualquiera de los puntos del planeta. Es el tema del mestizaje, de la interculturalidad, etc., con el elemento de una espiritualidad englobante. Y quizá, más a la base, es la capacidad de conectar con todo lo vivo de lo que hacemos parte. Una mentalidad de conexión estrecha y selectiva entenderá siempre la colaboración misionera bajo el peligro de la creencia de cultura superior y de la consiguiente imposición.

Por el contrario quien tenga la capacidad de conexión entenderá con facilidad los modos de colaboración eclesial que puedan ayudarle, a él también, a crecer como persona y creyente. Una misión que no suscita crecimiento y disfrute personal carece de un apoyo fundamental.
Fidel Aizpurúa