martes, 7 de julio de 2020

APRENDER A VIVIR

Suelen decir que siempre que llega una crisis, aumentan las preguntas, los “¿por qué?” que nos han llevado a tal situación. Volvemos entonces a repensar las cosas. Repensamos nuestro modelo de vida, lo cuestionamos y nos debatimos entre el agotamiento o caducidad del modelo desde el que hemos vivido y la necesidad de crear algo nuevo.

La crisis mundial generada por este Coronavirus nos lleva a replantearnos la vida, tras el tiempo de parón y confinamiento, de desescalada y vuelta a la normalidad. En este tiempo de verano, que en otros momentos habríamos planeado ya las vacaciones, los viajes o el tiempo de descanso, nos toca quedarnos en casa o bastante cerca de ella. Deseamos poner el mundo en movimiento de nuevo, pero necesitamos y buscamos seguridad y confianza en los pequeños pasos que vamos dando. De hecho, como afirma alguien, “la confianza es la nueva moneda de la nueva normalidad”.

Esta pandemia está acelerando los cambios que nos lleven a construir un mundo más sostenible y con un mayor sentido de solidaridad que nunca, pues vemos que todo está interconectado, que todos somos vecinos de todos y que juntos, no de manera individual, salimos adelante. Tomando como inspiración uno de los libros de José Antonio Marina, el o la Covid-19 nos ha llevado a “aprender a vivir”.

En principio parece que no hace falta aprender a vivir, pues vivir es algo espontáneo. Pero como el ser humano puede elegir distintos modelos de vida, el aprender a vivir indica aprender a vivir bien. Evidentemente, también se puede vivir mal. Si algo queremos es vivir en un mundo confortable, seguro y sano. Queremos lograr tres grandes objetivos: la salud la felicidad y la dignidad. Los tres están relacionados. Cuando pensamos en la vida de una persona, queremos que se desarrolle con una buena salud, una vida feliz y se comporte con dignidad en un mundo que colabora a su felicidad. Entre otras cosas, por eso huimos de la enfermedad, porque limita nuestro bienestar y nuestras posibilidades.

Para aprender o reaprender a vivir, os recuerdo y propongo para vuestra reflexión el número 205 de esta encíclica tan franciscana que es la Laudato Si: “Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle” (LS 205)

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 2 de julio de 2020

ORACIÓN DE FIN DE CURSO

Que tus despertares te despierten.
Y que al despertar, el día que empieza te entusiasme.
Y que nunca se transformen en rutinarios los rayos del sol
que se filtran por tu ventana a cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar
lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente,
aunque "solo" se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve,
para dirigir tu mirada hacia arriba y agradecer, por el milagro de la salud,
este misterioso y fantástico equilibrio interno.

Y que consigas expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos abracen.
Y que tus besos besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la labor realizada durante el día.
Y que tu sueño sea tranquilo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.
Y que no te creas más que nadie
porque solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.

Y que no olvides, ni por un instante,
que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio,
y que, si fuéramos realmente valientes,
bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.
Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida
que nos acoge, nos abraza y nos bendice.
¡Que tengas un feliz verano!

jueves, 25 de junio de 2020

HERMANO, HERMANA: DON Y TAREA

“Qué hermoso es vivir los hermanos unidos” dice el salmo 133. Y así es en efecto. Acompañar y ser acompañado en el camino de la vida, de la fe, es una de las experiencias más ricas de la vida. Caminar unidos a otras personas en un proyecto común, trabajar codo con codo en la tarea, sea ésta la que sea, nos hace sentirnos arropados y animados; es decir, nos sentimos más. Es una de las vocaciones de nuestra condición humana: ser hermanos, ser hermanas. La hermana, el hermano es un don impagable.

Junto a lo anterior, también se dejan ver las dificultades que nacen en todo camino fraterno. Somos distintos, tenemos diferentes caracteres, historias personales, percibimos de diverso modo las cosas. Todo esto nos exige madurez para saber sobrellevar las diferencias. En el transcurso del tiempo aparecen también los conflictos de convivencia por mil razones. Además, dichos conflictos son inevitables por mucho esmero que pongamos en evitarlos. No es fácil saber encaminarlos de modo satisfactorio. También hay que contar con nuestros egoísmos, nuestras torpezas, esos atascos inesperados que son obstáculo para la fraternidad. El hermano, la hermana es trabajo arduo.

Si sólo vivimos la parte del don, si únicamente reparamos en los aspectos satisfactorios de ser hermanos, hermanas, nos estamos engañando porque no asumimos la otra parte de la realidad. Si, al contrario, sólo somos capaces de ver lo dificultoso y trabajoso de la realidad, se nos hace imposible vivirlo y nos rendimos. La solución para poder vivir la fraternidad tampoco es el fruto de la media entre don y tarea. El fundamento para vivir al hermano y la hermana está en Dios. De él recibimos en verdad ese don y esa tarea de la fraternidad.

Carta de Asís, junio 2020

martes, 23 de junio de 2020

LA SORPRENDENTE LEVEDAD DEL SER

Hay algunas fórmulas religiosas que se me hacen difíciles de entender, e incluso me pueden llegar a incomodar interiormente. Durante mucho tiempo siempre que escuchaba “hasta mañana, si Dios quiere”, me salía decir: “¡claro que Dios quiere!”, y por dentro pensaba: “¡no se le va a ocurrir acabar con este mundo de un día para otro!”. Me daba la impresión de que con ese añadido, “si Dios quiere”, se daba la posibilidad de que Dios, con su mano poderosa, acabara caprichosamente con nuestras vidas, y eso no coincidía con la imagen de Dios que tenía y que tengo.

Pero la COVID-19 me ha hecho entenderlo de otra manera. Gracias a esta enfermedad, todos los planes que tenía de trabajo, de ocio, de reuniones, de celebración de Semana Santa, de encuentros de los capuchinos, de visitas a mi madre, todo el verano, TODO, absolutamente todo se ha ido al traste. Todo lo que me había proyectado en el futuro, todas las esperanzas y seguridades que había puesto en la realización de los planes en cinco o seis meses, se difuminaron y desaparecieron.

Si hubiera incluido ese “si Dios quiere” en la mirada al futuro, no es que hubiera responsabilizado a Dios de todo este desaguisado, porque no lo es, pero hubiera introducido una duda, una limitación en la realización de todos esos planes que parecían inamovibles y sobre los que estaba construyendo una cierta suficiencia, un control sobre la realidad y la vida. El “si Dios quiere” podría ayudarme a incluir en mis planes esa incertidumbre, esa debilidad y vulnerabilidad que rodea a toda realidad humana, ese saber que las cosas pueden suceder de una forma o de otra. Esta coletilla piadosa me avisaría de la falta de seguridad en lo que me propongo, que no desestabilizaría mi ser si estoy sustentado por algo más allá de todos esos sucesos. Si entendiera bien esta coletilla estaría más abierto a la realidad y menos encerrado en los proyectos personales propios.

Me estoy acordando de una parábola de Jesús. Un hombre recogió una enorme cosecha e ideó construir unos graneros más grandes y darse la buena vida durante muchos años. Dios le dijo: “¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?” (Lc 12, 20). La vida nos puede cambiar en un instante, y ¿para qué nos sirve todo lo que hemos planificado? Las cosas se sostienen en un hilo y no podemos darlas por seguras. Todas ellas pueden caer, pero nosotros estamos amarrados con el arnés de Dios que siempre nos sostiene.

No es otra cosa que “la levedad del ser”, pero podemos vivirla como “insoportable” que diría Milan Kundera, o como una posibilidad de encontrarnos con la sorpresa de la vida. Porque cada una de las situaciones que se culminan, cada uno de los planes que se realizan son un auténtico regalo porque podrían no haberse dado. Cada hecho, cada acto, cada realidad está flotando en la incertidumbre de su realización, y cuando acaece manifiesta la generosidad de la vida. Que salga el sol, que un pájaro cante, que hoy me despierte vivo, que haya personas que me quieran, que tenga un trozo de pan para comer, que pueda mover la mano, que pueda mirar, saborear, escuchar; cada uno de los actos que suceden podrían no hacerlo y por tanto son una maravilla, son un auténtico don. Si damos todo por seguro no nos sorprende lo que vivimos. En cambio, si somos conscientes de que las cosas pueden existir o no -dada “la levedad del ser”- nos van a parecer un milagro por el simple hecho de que sean, de que sucedan. Así que ese “si Dios quiere” no es un signo de la arbitrariedad de Dios con nosotros, sino de que todo es pero podría no serlo, de que todo flota en la posibilidad de ser. Y por tanto todo lo que existe se nos regala, y no es por merecimiento, ni por derecho, sino por la bondad desbordante de la vida.

Javi Morala, capuchino

jueves, 18 de junio de 2020

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE LA PIEDAD?

Algunos han definido a Jesús como un hombre “piadoso y liberal”. Es decir: él fue un judío piadoso con Dios y con las personas sin dejarse atrapar por la rigidez de los mecanismos religiosos. En aquella sociedad pensar en un judío ajeno a la piedad resulta difícil porque la piedad era el rostro visible de la fe en Dios.

Pero, por extraño que parezca, Jesús ha puesto el amor por encima de la piedad. Su ideal evangélico no es ser practicante piadoso de una religión, sino llegar a amar al otro con una amor de entrega total. Esto es algo que va más allá de los límites de la piedad.
  • No deja de ser sorprendente que, para Jesús, la piedad ha de ejercerse “en lo secreto” (Mt 6,6). Si la piedad se airea, si se hace para que aplaudan las personas, si tiene intenciones larvadas de poder y de honor, ha perdido todo su valor.
  • La piedad ha de ejercitarse, sobre todo en el caso de la caridad, en una especie de anonimato saludable, sin que la izquierda sepa lo que hace la derecha (Mt 6,3). La mucha publicidad desvirtúa los valores de la piedad. Alardear de ser piadoso es mostrar aquello de lo que en realidad careces.
  • Para Jesús la principal obra de piedad ha de realizarse con el cuerpo de los frágiles, de aquellos que están caídos en el camino (Lc 10,25-37). Si el cuerpo necesitado del otro no nos conmueve, si no suscita piedad en el fondo del corazón, no sirven de nada las formas de piedad que adopte nuestra religión.
  • La piedad, pues, como todos los elementos de la espiritualidad del reinado de Dios está sometida a la humanidad: sin humanidad no puede haber piedad.

Texto: Mt 2,37-39: «¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa se os deja desierta. Porque os digo que desde ahora en adelante no me veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor».
  • Es un texto tardío pero que quizá refleja algo que es difícil que lo sintamos nosotros, que no somos judíos: la piedad por la ciudad de Dios a la que se ama entrañablemente. Ante la ciudad que se desvía del camino marcado por Dios, Jesús siente una piedad honda que se enfrenta a la “criminalidad” con que se despacha a profetas y enviados. Una ciudad para la paz que engendra violencia. ¡Cómo no sentir piedad por ella! Sentir piedad por la propia ciudad.
  • Esa piedad es la que le hace poner esa metáfora de la gallina que cobija bajo sus alas a los pollitos. Se ha rechazado el amparo de Dios porque el corazón de la ciudad se ha vuelto duro y cruel. No hay sitio en la ciudad para la piedad y la compasión. En lugar de ser una ciudad de humanos se ha convertido en un lugar de inhumanidad.
  • Por eso, la falta de piedad va a llevar a la inhumanidad y ésta a que la ciudad quede desierta, sin futuro, sin horizonte. Una vida ciudadana sin esperanza donde vivir dentro de la ciudad se ha convertido en una lucha. No se habla aquí de la piedad religiosa, sino de algo más básico: la piedad humana suficiente para vivir como personas. Una ciudad sin esa piedad es un desierto, un lugar de fieras.

Aplicación: Para tener piedad de la ciudad en la que uno vive habría que, en expresión del papa Francisco, “ver la ciudad con los ojos de Dios”. Es decir, una mirada lleva de ciudadanía, de piedad y de implicación.

En EG 73 subraya cuatro puntos que, de entrada, merecen nuestro interés para leer la realidad ciudadana desde una piedad humanizadora:
  1. Se sorprende el papa de que la revelación diga que “la plenitud de la humanidad y de la historia se realice en una ciudad” (Ap 21,2-4). Siendo, como es, el hecho bíblico, en su conjunto, una realidad rural, por razones socioculturales, en su imaginario, las ciudades ocupan un lugar significativo primordial.
  2. Dice el papa, y causa un poco de sorpresa, que es preciso mirar la ciudad “con mirada contemplativa”. Y dice qué entiende por tal: “Descubrir al Dios que habita en los hogares, en sus calles, en sus plazas”. Un Dios ciudadano, urbanita, vecino del barrio.
  3. Por otra parte, la acción de Dios cobra rostro en la promoción de los valores humanos: “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia”. El rostro de Dios son los valores primordiales, humanos, básicos.
  4. Una certeza está siempre en el fondo: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa”. El ocultamiento de Dios no conlleva la imposibilidad del encuentro con él.
Esta manera de leer el hecho ciudadano desde la piedad puede contribuir a elevar el nivel de ciudadanía y a poner carne a la piedad religiosa que uno puede llevar dentro de su vivencia de fe.

Fidel Aizpurúa

martes, 16 de junio de 2020

GRACIAS

El final del invierno y el comienzo de la primavera ha sido distinto e inimaginable para todos. Nos ha tocado vivir una situación especialmente diferente. De sobras es sabido que la pandemia nos ha puesto a prueba a todos como suele ocurrir con las situaciones nuevas e inesperadas y el Centro Social San Antonio no ha sido una excepción.
Si hay algo que ha sobresalido por encima de todo en las personas, es la capacidad de ayudarnos unos a otros y ahora que por fin vemos en las calles las flores tan esperadas de la primavera y los rayos de sol, es momento de pronunciar una de las palabras más importantes de nuestro vocabulario: GRACIAS.
Gracias, porque aunque no entendieseis muy bien la situación que nos tocaba vivir, te has quedado en tu guarida evitando el contacto con los demás tal y como nos decían las autoridades sanitarias. Pocos son los que saben que tú no podías quedarte en casa… Lo tuyo queda muy lejos de lo que es una casa. Tu hogar se quedó reducido a un trastero, chamizo, casa abandonada, o simplemente un coche y en el mejor de los casos a un albergue…
Gracias, por esperar con paciencia en la fila para recoger tu bolsa con la comida y cena de todos los días y mantener la distancia de seguridad con las personas que te precedían.
Gracias, porque desde el primer día comprendiste lo importante de esta situación y mantuviste la distancia de seguridad con las demás personas, a pesar de que has pasado muchos días sin ver ni hablar con nadie.
Gracias, por comprender que eres una persona de riesgo por tu edad o tus problemas de salud y quedarte en tu alojamiento esperando con paciencia y resignación a que llegara tu bolsa con la comida y la cena de cada día, abriendo la puerta con una miranda de aliento y agradecimiento.
Gracias, por expresar tu agradecimiento todos los días, y repetir la misma frase: “Yo hoy aplaudo por ti”.
Gracias a ti también, que te viste sorprendido en tu pequeño negocio de restauración por esta pandemia, y no dudaste ni un momento en donar los alimentos que no ibas a poder emplear para quienes más lo necesitaban.
Gracias, por todas esas llamadas de teléfono, email, donde nos preguntabais como colaborar con las personas más vulnerables que a diario acuden a nuestro centro buscando una mano amiga.
Gracias, a nuestros mayores, que fuisteis los primeros en notar esta pandemia, quedándoos en casa y entendiendo rápidamente que había que colaborar entre todos.
Gracias, a todos nuestros voluntarios que de una forma u otra nos habéis hecho llegar la fuerza y las ganas para poder estar a la altura de las circunstancias y poder luchar con dignidad estos días tan difíciles.
Gracias, a todos los que de una forma u otra construís y trabajáis por esta sociedad sumando entre todos a pesar de las adversidades. Creyendo en las personas. Y luchando porque “una mayor dignidad es menos exclusión”.

Oscar Matés, Centro social san Antonio

domingo, 14 de junio de 2020

PAN TIERNO

Érase una vez un pan tierno, crujiente, de olor agradable y aspecto apetitoso. El pan se encontró rodeado de un grupo de niños que tenían muchas ganas de comer; pero cuando el pan los vio, tuvo miedo y corrió a esconderse… Pasó el tiempo y aquel pan que no quiso dejarse comer, se puso duro, lo encontraron y lo tiraron a la basura.

En cambio, había una vez un pan tierno, crujiente, de olor agradable y aspecto apetitoso. Llegó un grupo de niños con ganas de comer. Cuando el pan sintió que lo cortaba el cuchillo, no dijo nada, aunque pensó que se moría. Pero al sentir las manos y la boca de los niños, se sintió alegre. De pronto, el pan se dio cuenta de que no había muerto: se había transformado.

Jesús es el pan vivo, el pan tierno, crujiente, que no se esconde sino que se ofrece para ser comido, para alimentar y dar alegría a todos.

Además ese pan que se entrega nos invita a nosotros a transformarnos también en pan que se entrega para alimentar y dar vida a otros. El que parte y comparte el pan de la Eucaristía, debe partir y compartir el pan de cada día. Desde el principio, ningún cristiano se acercaba a la Eucaristía sin algo que ofrecer. Ninguna necesidad les dejaba indiferentes.

Como dice el Papa Francisco, al invitarnos a vivir “la alegría del evangelio”, la Eucaristía “no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (nº 47). Es para los caminantes, no para los que creen que han llegado a la meta. La propia imperfección no debe constituir un obstáculo para comulgar sino un estímulo y un acto de confianza en la acción del Señor: “un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades. A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y caídas” (nº 44).

Dice Jesús que el pan que él nos ofrece es su propia persona, y quien come de este pan vivirá para siempre. Buscamos un pan que no se endurezca ni se enmohezca, es decir, que nos mantenga vivos, sobre todo cuando nuestras fuerzas decaen, y que humanice nuestra relación con los demás. Según el propio Papa Francisco, “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia”.

Iñaki Otano


jueves, 11 de junio de 2020

ORACIÓN POR EL FIN DE LA PANDEMIA

Señor en este tiempo de pandemia hemos aprendido tanto, hemos cambiado y transformado nuestra forma de ser, pensar y actuar. Nos falta mucho por aprender y por crecer, pero hemos comenzado el camino.

Hemos aprendido que no podemos vivir solos, que la presencia del otro es indispensable. Que la cercanía, el contacto y el estar viviendo en comunidad son esenciales, que el desamor nos llena de soledad y tristeza.

Hemos aprendido, que los enfermos cuentan, que la corrupción mata, que la falta de equidad es una enfermedad gravísima y que la educación es necesaria.

Hemos aprendido que no necesitamos mucho para estar bien, para ser felices, para llegar a encontrarte a ti. Pues gracias al encuentro con nosotros mismos en el silencio del hogar y al calor de la presencia familiar, hemos aprendido a ver tu amor providente que nos auxilia.

Señor ya comprendimos lo necesario que es ser humanos sin olvidarnos del cielo. Lo urgente de valorar y respetar el amor, y la apremiante necesidad de recuperar esos espacios de encuentro con los demás, encuentros que antes dábamos por innecesarios y banales.

Esta prueba nos ha llevado a descubrir nuevas formas de amarte, verte, sentirte y descubrirte en nuestras vidas. Hemos podido adquirir una conciencia más clara de tu amor hacia nosotros, hemos logrado aprender a amar a los demás, amar al otro sin juzgar, sin temor…

Esta experiencia Señor, nos ha hecho olvidar tanto orgullo y vanidad que solo construye muros en vez de puentes, tanto prejuicio que aísla nuestra existencia y la priva de toda capacidad de amar.

Señor, ya hemos aprendido, por favor líbranos ya de esta prueba, permítenos volver a abrazarnos sin temor. Regálanos nuevamente la oportunidad de disfrutar las caricias, la presencia, la palabra cercana y real, el contacto sano y vital de la amistad.

Queremos disfrutar nuevamente de la naturaleza, del mundo, de la realidad. Dejar las paredes de casa para salir a demostrar que esto nos ha vuelto más humanos y menos orgullosos, hemos recordado que somos frágiles.

Líbranos de esta pandemia Señor, pero también de la pandemia de la inequidad, del desamor, de los odios, guerras, injusticias, y demás lastres que acaban con la humanidad, líbranos Señor de no haber aprendido nada. De salir y volver a cometer los mismos errores.

Que las sonrisas vuelvan pronto Señor, no permitas que tengamos que aprender a vivir con sonrisas ocultas tras un tapabocas. Por favor regrésanos ese don tan hermoso de sonreír y comunicar tu paz, que con las sonrisas vuelven también los saludos sinceros, los abrazos confidentes, las miradas dadoras de dignidad. Devuélvenos aquella gratificante sensación de comunidad.

Señor, hemos aprendido tanto sobre lo que en realidad es importante. Sobre lo que nos hace humanos y sobre todo lo que debemos cambiar, evitar y erradicar. Ayúdanos a no olvidar y que esas corrientes de la normalidad no nos arrastren hacia los ríos de aguas turbulentas de las que hemos salido.

Llévanos Señor a tu barca, aquella en la que tu voz apacigua la tormenta y nos regala la paz. Señor líbranos ya de esta prueba y regálanos tu paz… Amén.

Mauricio Montoya

martes, 9 de junio de 2020

CONSTRUIR EL FUTURO

Estamos pasando por un momento complicado a nivel mundial con la presencia de este Covid-19 entre nosotros. Hace pocos meses ninguno podíamos barruntar o prever la gravedad de esta situación. Aun teniendo un buen sistema sanitario, como es el nuestro, hemos comprobado que ha sido insuficiente y que el dolor se ha hecho presente entre nosotros de manera seria. Muchas personas han muerto. No les hemos podido acompañar como hubiéramos deseado, etc.

Durante todo este tiempo de pandemia se está hablado mucho del futuro que nos espera. Se nos ha advertido que va a haber muchos cambios en la sociedad, que vamos a comenzar un nuevo tiempo, que las cosas no van a ser como antes, etc. A mí no me gusta ser adivino y predecir lo que nos va a suceder. Es verdad que prever lo que nos puede suceder, por un lado nos ayuda a comportarnos de una determinada manera ante las circunstancias, buscando nuestra seguridad. Por otro lado, la vida, que es continuo cambio e incertidumbre, tiene su propia dinámica. Esta muchas veces desborda todas nuestras previsiones. Si algo experimentamos continuamente es que el futuro es incierto, aunque muchos de nuestros esfuerzos vayan encaminados a construir una seguridad desde la que vivir. Lo único que sabemos es que todo cambia.

Yo no sé si podemos hablar mucho de cómo va a ser nuestro mundo después del virus. Pero sí que podemos hablar de cómo queremos que sea. También nos han dicho que en este tiempo de confinamiento en nuestras casas vamos a aprender mucho, que vamos a salir fortalecidos a nivel personal y como sociedad. Está claro que todos podemos ser constructores de nuestro futuro y no simplemente personas que nos vamos adaptando a lo que nos sucede.

En este deseo de construcción y de acertar en ella, he recurrido al mundo sapiencial que refleja la Biblia deteniéndome en un aspecto concreto: los sabios, que son quienes ponen por escrito la sabiduría de la vida recogida desde la propia experiencia, nos dicen que el cambio de nuestras actitudes económicas nos puede ayudar a mejorar. En este mundo nuestro en el que estamos obsesionados con el tener y cada vez más, concretamente el Eclesiástico o Jesús Ben Sira (Eclo 29,21-23) nos anima a vivir desde la parquedad. Nos aconseja que seamos capaces de conformarnos con lo que tenemos, una vez cubiertas las necesidades básicas. Nos recomienda que busquemos lo esencial.

Ante estos consejos he recordado un frase de José Mújica, expresidente de Uruguay, que desde su experiencia también nos dice: “aprendí que si no puedes ser feliz con pocas cosas no vas a ser feliz con muchas cosas”.

Benjamín Echeverría, capuchino

domingo, 7 de junio de 2020

UN DIOS INSÓLITO

La biblista Dolores Aleixandre decía a los argentinos que “no debió ser fácil para los discípulos acostumbrarse a las imágenes sorprendentes que empleaba Jesús en sus parábolas para hablar de su Padre. Él mostraba un Dios desprovisto de los atributos propios de la divinidad (inmutabilidad, equidistancia, impasibilidad…) y dominado en cambio por emociones propias de los humanos. […]

Eran imágenes a las que sus discípulos no estaban acostumbrados y por eso el Maestro necesitó mucho tiempo y mucha paciente insistencia para desalojar las viejas ideas que poblaban su imaginación. Tenían que consentir a que Dios estuviera más allá de lo que pensaban sobre él, se abriera paso en sus corazones y les revelara quiénes eran para él: son una tierra sembrada de semillas destinadas a dar fruto (Mc 4, 3-9) y existen en ustedes brotes de vida que la mirada del Padre descubre (Mc 13, 28-29). Lo que él ha sembrado en su tierra posee tal dinamismo de crecimiento, que germina y crece más allá del control de ustedes (Mc 4, 26-29). No anden preocupados por la mezcla de cizaña que hay en su vida, lo que a su Padre le importa es todo lo bueno que ha sembrado en su corazón (Mc 13, 24-30).

Es verdad que son pequeños e insignificantes como un granito de mostaza, pero esa pequeñez esconde una fuerza capaz de transformarse en un gran árbol en el que vengan a posarse los pájaros (Mc 4, 30-32). Quizá lleguen a la sala del banquete andrajosos y polvorientos, pero son comensales invitados y deseados, y el Rey que los ha invitado los espera con la mesa puesta (Mt 22, 1-14). Alégrense de poseer talentos y recursos a invertir (Mt 25, 14-30); están a tiempo de hacerse amigos de los que van a abrirles las eternas moradas (Lc 16,9), porque tienen entre las manos aquello en lo que se lo juegan todo: pan, agua, techo, vestido compartidos con los que carecen de ello (Mt 25, 32-46). Lo propio de ustedes es perderse (Lc 15,3), alejarse (Lc 15, 11-32), dormirse (Mt 25, 1-13), endurecer su corazón (Mt 18, 23-35), endeudarse (Lc 7, 41-43)…, pero Alguien cree en su capacidad de dejarse encontrar y volver a casa, estar en vela, ser misericordiosos, convertir en amor sus deudas. Y si los desea, persigue, busca y espera tanto, es porque son valiosos a sus ojos”.

El texto del evangelio nos sitúa en el encuentro de Nicodemo con Jesús. Seguro que aquel encuentro fue fructificando a lo largo de la vida de Nicodemo. En las horas bajas, en que se creía minusvalorado o ignorado, recordaba la insistencia de Jesús en que Dios no lo envió para condenar a nadie sino para salvar a todos. Esa era su gran esperanza y sabía que, aun cuando pasase por malos momentos, podía confiar en quien le acogió y le invitó a soñar en una vida eterna.

Iñaki Otano

jueves, 4 de junio de 2020

VOLUNCLOUD

Voluncloud es una aplicación que consigue conectar directamente a personas voluntarias con demandantes de servicios de voluntariado.

Si quieres ofrecer tu solidaridad en estos momentos de Estado de Alarma por el Covid-19 (Coronavirus), a través de este proyecto gestionaremos y coordinaremos tu disponibilidad para tratar de encontrar espacios en los que puedas colaborar. Con la inscripción a este proyecto la persona accede a una bolsa de personas voluntarias. Dada la dificultad de la situación y el necesario respeto a las medidas de seguridad establecidas, se atenderá cada solicitud en función de las necesidades que se marquen desde las instituciones públicas y entidades. De igual forma recordamos que las personas interesadas en hacer voluntariado sanitario, deben llamar a los teléfonos indicados para ello. Este proyecto canaliza únicamente voluntariado solidario, no sanitario.

Ser voluntario o voluntaria es más fácil de lo que piensas gracias a Voluncloud. Sólo tienes que registrarte e indicar los ámbitos de actuación en los que te gustaría colaborar. Podrás actualizar tu información, consultar las ofertas y recibir propuestas que se ajusten a tus inquietudes. El proyecto está impulsado por la Plataforma del Voluntariado de España.

Accede a su página web a traves de este enlace

 

martes, 2 de junio de 2020

NO TEMERÁ LAS MALAS NOTICIAS

En todo este tiempo que llevamos acosados por el COVID-19 estoy prestando especial atención a Fernando Simón, director del Centro de Coordinación de Alertas y Emergencias Sanitarias del Ministerio de Sanidad. Sobre todo en los dos primeros meses de estado de alarma, he permanecido atento a los datos de fallecidos y contagiados que daba cada mañana. He estado pendiente de las tendencias, de los tantos por ciento de incremento, de si la inclinación de la curva aumentaba o no, de si llegábamos al pico, de si estábamos ya en la meseta, de si comenzábamos a descender, de si era efecto lunes o efecto martes, de si el incremento de las pruebas PCR relativizaba el aumento de los afectados, de las fases de desescalada, y de un largo y largo etcétera, que ya forma parte de nuestras conversaciones cotidianas.

En este estado de vigilancia constante de las cifras, me daba cuenta que algo no acababa de funcionar bien dentro de mí, pero no terminaba de saber qué era. Por un lado me entregaba a la escucha y análisis de las notificaciones de cada día, y por otra era consciente de que mi espíritu “se quejaba” en mi interior.

Hasta que un creyente me despertó a lo que sucedía: “no temerá las malas noticias” dice el salmo 112. Este verso me denunciaba porque yo sí temía las malas noticias. Me di cuenta que durante todo este tiempo había puesto toda mi esperanza en que las cifras mejoraran, y cada día me acercaba a la televisión anhelante de “buenas noticias” para que nuestra vida se resolviera. No solo estaba poniendo mi esperanza en algo que no dependía de mí, sino que percibía muy de fondo que los datos, las cifras, los números –positivos o negativos- no podían sostener mi esperanza. Eso era lo que me generaba esa inquietud por dentro. Es la misma experiencia de la que habla Jesús: “no estéis con el alma en un hilo buscando qué comer o qué beber” (Lc 12, 29).

Es verdad que detrás de esas cifras hay personas y familias sufriendo y eso entristece por dentro y te enfrenta al reto del sentido de la existencia. Y a la vez intuimos que, como dice el salmista, puede haber una esperanza más allá de las malas noticias, aunque estas te golpeen fuerte. Esto no quiere decir que tenga que olvidarme de las cifras, pero sí que puede haber una esperanza más allá del resultado de la rueda de prensa diaria del doctor Simón.

Y creo que en el fondo, es la misma intuición que ha provocado que tantas ventanas se engalanen con el dibujo del arco iris y el lema “Todo saldrá bien”. No es el resultado de creer ingenuamente que no va a haber muertos, ni dolor, ni incluso que no nos va a tocar de cerca. Es más bien, que creemos que, pase lo que pase, vamos a salir adelante; que hay algo que nos sostiene más allá de que las cosas no salgan bien, más allá de que los enfermos y fallecidos aumenten. Es la convicción profunda y a veces casi imperceptible, de que la vida está sustentada por debajo de lo aparente, que la vida tiene consistencia y sentido aunque el sufrimiento parezca cuestionarlos. Entonces sí, la persona que vive sostenida en esa convicción “no temerá las malas noticias”: ¡algo de eso es creer!

Javi Morala, capuchino

domingo, 31 de mayo de 2020

PENTECOSTÉS

Hay un episodio en los Hechos de los Apóstoles en el que Pablo llega a Éfeso y allí se encuentra con que los que se dicen seguidores de Jesús han sido bautizados, pero no han recibido el Espíritu Santo y no han oído hablar nunca de él.

Sigue indagando y le responden que el bautismo que ellos han recibido es el de Juan. Pablo se ve entonces obligado a aclarar que una cosa es el bautismo de Juan y otra el bautismo de los seguidores de Jesús. Aquel era una preparación de este. Lo que les diferencia es algo fundamental: el Espíritu, que daba también un rostro y estilo de vida nuevos. Recibir el Espíritu Santo significa entre otras cosas:
  • Superar el legalismo y llenarse de la libertad de los hijos de Dios;
  • sustituir una religión triste por la alegría del resucitado;
  • creer más en la buena noticia del evangelio que en una visión negativa y sin esperanza de la persona y de la sociedad;
  • no levantar muros de separación y condena sino crear fraternidad;
  • aceptar las renuncias inherentes a la vida para crecer en el amor.

Según los contemporáneos de los primeros cristianos, lo que más molestaba de estos a los judíos era su alegría y su aparente falta de normas: no ayunaban, no se circuncidaban, no despreciaban la ley pero tampoco eran esclavos de ella. A esos judíos les costaba entender que el amor puede llevar a dar la vida por el hermano, y esto más allá del mero cumplimiento. Lo mismo que el perdonar incluso al enemigo. Pero eso es posible porque el Espíritu está constantemente en acción inspirando a las personas actitudes evangélicas, y por tanto profundamente humanas, en situaciones concretas.

A Carlo Carretto (1910-1988), activo militante cristiano laico primero y después dedicado a una vida monacal de oración y acogida, le preguntaban por qué no abandonaba una Iglesia tan imperfecta y con tantos defectos. Reconociendo que ya su primer Papa, Pedro, había mostrado una gran fragilidad, Carretto decía: “No, no abandonaré la Iglesia fundada sobre una piedra tan quebradiza. ¿Para simplemente fundar otra sobre una piedra todavía más frágil? Porque eso soy yo. Pero, además, ¿qué cuentan las piedras? Lo que verdaderamente cuenta es la promesa de Cristo, el cemento que une las piedras, es decir el Espíritu Santo. Solo el Espíritu Santo es capaz de edificar la Iglesia con unas piedras mal talladas como lo somos nosotros. Solo el Espíritu Santo puede mantenernos unidos, a pesar de la fuerza centrífuga y disgregadora de nuestro ilimitado orgullo”.

Iñaki Otano 


sábado, 30 de mayo de 2020

FINAL DE MAYO

Estamos terminando Mayo, el mes de María, y mañana terminamos también el tiempo de Pascua con la fiesta de Pentecostés. Vamos a ponernos en las manos de nuestra madre, Pequeña María, y rezarle con la oración que ha escrito el Papa Francisco para este tiempo.

Oh María,
tu resplandeces siempre en nuestro camino
como signo de salvación y de esperanza
Confiamos en ti, Salud de los enfermos,
que junto a la cruz
te asociaste al dolor de Jesús,
manteniendo firme tu fe
Tú, salvación del pueblo
sabes lo que necesitamos
y estamos seguros de que proveerás
para que, como en Caná de Galilea
pueda volver la alegría y la fiesta
después de este momento de prueba.
Ayúdanos, Madre del Divino Amor,
a conformarnos a la voluntad del Padre
y hacer lo que nos diga Jesús
que ha tomado sobre sí nuestros sufrimientos
y se ha cargado con nuestros dolores
para llevarnos, a través de la cruz
a la alegría de la resurrección. Amén.

Papa Francisco

martes, 26 de mayo de 2020

CREAR FRATERNIDAD EN TIEMPO DE CORONAVIRUS

La epidemia del coronavirus nos está haciendo vivir circunstancias que jamás hubiéramos pensado. Estamos obligados/as a quedarnos en nuestras casas, tenemos prohibido el poder relacionarnos físicamente. No podemos visitar a los/as enfermos/as, ni despedirlos si se nos mueren seres queridos o cercanos.

No podemos ir a misa, ni siquiera tener una tertulia o fiesta familiar. Nos ha obligado a aislarnos, a distanciarnos, y, en muchos casos, a vivir con miedo y desconfianza.

En estas circunstancias ¿cómo podemos vivir la fraternidad? Nos damos cuenta de que necesitamos a los demás, sean estos familiares, amigos/as o creyentes con quienes vivir la fe. ¿Pero cómo podemos compartir, cómo podemos vivir la cercanía desde la distancia, o cómo podemos ayudarnos mutuamente?

Quizá es el momento de vivir y practicar la sencillez; es decir, echar mano a lo que tenemos a mano, porque es con lo que contamos.
  • Cuidar las relaciones en casa. Si estamos viviendo con algún o algunos familiares, hagamos por vivir este tiempo poniendo de nuestra parte lo que podamos por facilitar un buen ambiente, por ayudar, por estar activos/as.
  • El teléfono. Nos habíamos habituado cada vez más al whatsapp: mensajes cortos y muchos emoticonos. Fuera para felicitar o para agradecer, para recordar o para informar... Pero este es un tiempo en que no podemos conformarnos con mensajes escritos. Cojamos el teléfono, marquemos el número y hablemos con las personas que nos importan. Cuando queremos compartir cosas personales, que los mensajes escritos no sean una barrera. Hablemos.
  • Las video-llamadas. Sean a través del teléfono móvil o a través de otros medios como tablets u ordenadores, tenemos muchas posibilidades de ponernos en contacto con nuestros seres queridos o con aquellos que tienen un nombre en nuestro corazón. Aprovechemos este tiempo para estar de veras con las personas.
  • La solidaridad. Estamos en casa pero no estamos solos. Hay mucha gente que está trabajando por otros/as. Aplaudámosles, apoyémosles. Hay mucha gente que lo está pasando mal. Solidaricémonos con voluntariados, con aportaciones económicas, con cercanía humana.
  • Y con todo el mundo intentemos ser mensajeros/as de vida.
Carta de Asís, mayo 2020
 

domingo, 24 de mayo de 2020

ASCENSIÓN DEL SEÑOR: SUEÑO Y REALIDAD

El evangelio de hoy empieza diciendo que los once discípulos se fueron a Galilea. Jesús resucitado insistía en “volver a Galilea”. Es decir, recordar el primer amor, cuando me inundó el entusiasmo. El tiempo ha podido ir apagando esa llama y necesito reavivarla.

Probablemente en “Galilea”, en la memoria del amor primero, encontraré un nuevo impulso para vivir. Las cosas no serán lo mismo, pues el tiempo no ha pasado en balde. Ha cambiado el escenario y podría ser extemporáneo e inútil repetir exactamente aquellos momentos. Tengo que ir a Galilea no para quitarme años de encima sino para conseguir que aquella luz alumbre también hoy.

No es extraño que algunos vacilasen. Aquello de Galilea ¿sería solo un sueño? Es posible que tuviera mucho de sueño. Pero si no hay sueños no se camina. Solo que el camino produce cansancio y parece apagar los primeros ardores. Lo que tenía un hechizo ya no lo tiene porque ha sufrido un desgaste.

En 1993 el franciscano Javier Garrido escribió un libro con este título: “Ni santo ni mediocre”. Es deseable no ser “mediocre” porque este parece que ya se las sabe todas, que ya está instalado y se defiende en sus posiciones sin aspirar a más. Es diferente de esa persona que se sabe limitada e imperfecta pero que “busca la verdad por encima de todo”, “ama torpe pero sinceramente”, “lucha y confía”, “es un agradecido pero de esperanza corta”, “camina con humildad”.

Según Garrido, “amar el amor tal como uno se lo imagina desde el deseo ideal o las grandes causas… ayuda, sin duda, a despertar a la vida, al absoluto… Con los años, las grandes causas (individuales y colectivas) han de enraizarse en lo concreto: estas personas, esta tarea, estas mediaciones, estos condicionamientos”.

Se pueden truncar algunas de nuestras ilusionadas expectativas de futuro. Puede darse también la infidelidad al ideal soñado. Pero entonces “la misericordia de Dios nos espera ahí. Si sabemos acoger humildemente la revelación de nuestra infidelidad, la ternura de Dios nos abre otros horizontes más hermosos que nuestros sueños” (Réné.Voillaume)

Precisamente a aquel grupo de seguidores vacilantes, Jesús les encarga una tarea que les abra a otros horizontes: aunque os parezca que estáis lejos del ideal, no renunciéis a ser y formar discípulos; ofreced el bautismo, o sea, proponed la fe, el gozo de vivirla, con humildad y sin miedo; con vuestras palabras y acciones imperfectas, enseñad, aunque sea torpemente, lo que habáis aprendido de mí. No estáis ni estaréis nunca solos o abandonados: aunque me vaya, sabed que yo estoy con vosotros hasta el fin del mundo.

Iñaki Otano

sábado, 23 de mayo de 2020

ORACIÓN SEMANA LAUDATO SI'

Dios de amor, Creador del cielo y la tierra y de todo lo que contienen, nos creaste a tu imagen y nos hiciste custodios de toda tu creación.

Nos has bendecido con el sol, el aguay la tierra fértil para que todos pudiéramos alimentarnos. Abre nuestras mentes y toca nuestros corazones, para que podamos responder al don de tu creación.

Ayúdanos a ser conscientes de que nuestra casa común no sólo nos pertenece a nosotros, sino también a todas las criaturas y a todas las generaciones futuras, y que es nuestra responsabilidad preservarla. Que ayudemos a garantizar que cada persona cuente con la alimentación y los demás recursos que necesita.

Hazte presente entre los necesitados en estos tiempos difíciles, especialmente los más pobres y los que corren más riesgo de ser abandonados. Transforma nuestro miedo y sentimientos de soledad en esperanza y fraternidad para que podamos experimentar una verdadera conversión del corazón.

Ayúdanos a expresar nuestra solidaridad de forma creativa para hacer frente a las consecuencias de esta pandemia mundial, haznos valientes para acometer los cambios que se necesitan en busca del bien común, que podamos sentir ahora más que nunca que todos estamos interconectados y que somos interdependientes, permítenos escuchar y responder al clamor de la tierra y al clamor de los pobres. Que todos estos sufrimientos sean los dolores del nacimiento de un mundo más fraterno y sostenible.

Te lo pedimos por Cristo, Nuestro Señor. Amén

viernes, 22 de mayo de 2020

TODO ESTA CONECTADO

En el mundo todo está conectado. Esta afirmación es uno de los ejes importantes que atraviesa toda la encíclica Laudato sí’, según se nos dice en el n. 16 de la misma, y como podemos ver leyéndola. Hasta diez veces aparecen las frases todo está conectado o todo está relacionado. El mundo es un ecosistema y no se puede actuar sobre una parte sin que las otras no se sientan afectadas. Todos los seres que habitamos la Tierra somos una gran familia de hermanos y hermanas, que diría San Francisco de Asís.

Todo está relacionado. Afirmación científica y teológica
Que todo está relacionado es una afirmación científica y teológica a la vez. Desde un punto de vista teológico preferimos hablar de creación en vez de naturaleza, pues la “creación tiene que ver con un proyecto de amor de Dios”. Los relatos del libro del Génesis insisten en nuestro origen común. Haciendo descender a todos los seres humanos de Adán y Eva nos están indicando los lazos de fraternidad universal que nos unen. Pero no sólo a los seres humanos, sino también a todo lo que existe, pues todo tiene un origen común en Dios: “…siendo creados por el mismo Padre, todos los seres del universo estamos unidos por lazos invisibles y conformamos una especie de familia universal, una sublime comunión que nos mueve a un respeto sagrado, cariñoso y humilde” (LS 89). “Todo está relacionado y todos los seres humanos estamos juntos como hermanos y hermanas en una maravillosa peregrinación, entrelazados por el amor que Dios tiene a cada una de sus criaturas y que nos une también, con tierno cariño, al hermano sol, a la hermana luna, al hermano río y a la madre tierra” (LS 92, cf. LS 220)

Esta visión teológica se corresponde con la visión científica. Hoy día, los científicos están de acuerdo en que todo el universo tiene su origen en un único evento, el Bing Bang, y que en el planeta Tierra las especies fueron surgiendo por diferenciación progresiva a partir de troncos comunes. La ecología es una ciencia biológica que estudia las relaciones entre los organismos vivientes y el ambiente donde se desarrollan. Y esta ciencia nos dice que los distintos componentes del planeta –físicos, químicos y biológicos– están relacionados entre sí, que ni siquiera los átomos o las partículas subatómicas se pueden considerar por separado, y que “también las especies vivas conforman una red que nunca terminamos de reconocer y comprender. Buena parte de nuestra información genética se comparte con muchos seres vivos” (LS 138).

Consecuencias de esta visión para nuestra vida
Si todos los seres somos parte de una gran familia, quiere decir, en primer lugar, que “no podemos entender la naturaleza como algo separado de nosotros o como un mero marco de nuestra vida. Estamos incluidos en ella, somos parte de ella y estamos interpenetrados” (LS 139). No estamos por encima de las demás criaturas sino junto a ellas, como hermanos. Dependemos de la naturaleza pero, al mismo tiempo, por nuestra capacidad de sentir, pensar, amar y adorar (Boff), somos responsables de ella.

Esta visión de todos los seres de la creación, interdependientes y emparentados, formando parte de una sola familia, nos lleva ineludiblemente a reconocer el valor de cada cosa, del ser humano en modo especial, y a tener con todas las criaturas, humanas o no, una relación de respeto y de cuidado. Porque todo está conectado “no puede ser real un sentimiento de íntima unión con los demás seres de la naturaleza si al mismo tiempo en el corazón no hay ternura, compasión y preocupación por los seres humanos. Es evidente la incoherencia de quien lucha contra el tráfico de animales en riesgo de extinción, pero permanece completamente indiferente ante la trata de personas, se desentiende de los pobres o se empeña en destruir a otro ser humano que le desagrada (…). Por eso se requiere una preocupación por el ambiente unida al amor sincero hacia los seres humanos y a un constante compromiso ante los problemas de la sociedad” (LS 91). “Cuando no se reconoce en la realidad misma el valor de un pobre, de un embrión humano, de una persona con discapacidad –por poner sólo algunos ejemplos–, difícilmente se escucharán los gritos de la misma naturaleza” (LS 117). Aunque “también es verdad que la indiferencia o la crueldad ante las demás criaturas de este mundo siempre terminan trasladándose de algún modo al trato que damos a otros seres humanos” (LS 92), porque el corazón humano es uno solo. “El auténtico cuidado de nuestra propia vida y de nuestras relaciones con la naturaleza es inseparable de la fraternidad, la justicia y la fidelidad a los demás” (LS 70).

Dado que todo está íntimamente relacionado, el Papa propone tener una visión integral de la ecología que incorpore claramente las dimensiones humanas y sociales (LS 137). Y por eso, para afrontar la llamada crisis ecológica, que no es sólo una crisis medioambiental, sino que es también una crisis social, cultural, ética y espiritual, el Papa argumenta que no basta con las aportaciones de la ciencia y de la tecnología, sino que es necesario un diálogo entre las ciencias exactas, sociales y humanas, entre la economía y la política, entre las ciencias y las religiones y entre las religiones entre sí. Porque “los conocimientos fragmentarios y aislados, pueden convertirse en una forma de ignorancia si no se integran en una visión más amplia de la realidad” (LS 138). En ese sentido es necesario integrar la visión científica con la mirada contemplativa, capaz de captar la realidad como misterio que no se puede dominar. Y el Papa pone como modelo de esta mirada contemplativa a San Francisco de Asís.

Porque todo está relacionado existe un vínculo profundo entre las grandes cuestiones globales y las pequeñas acciones de nuestra vida cotidiana, como son el consumo, el uso de la energía, el tratamiento de los residuos, etc. Con nuestro estilo de vida podemos ser parte del problema o de la solución. Promover un desarrollo sostenible y solidario necesita de un estilo de vida, asentado sobre el cuidado, la compasión, la sobriedad compartida. Y necesita también de unas instituciones sociales sanas porque “cualquier menoscabo de la solidaridad y del civismo produce daños ambientales» (LS 142).

Hno. Vicente Felipe, ofm

jueves, 21 de mayo de 2020

SEMANA LAUDATO SI'

Esta semana recordamos y celebramos el 5º aniversario de Laudato Si'.

El 24 de mayo de 2015 el Papa Francisco promulgó la encíclica Laudato Si' y cinco años después, las enseñanzas de esta encíclica son más actuales que nunca dados los tremendos desafíos que enfrentamos a la luz de COVID-19. El llamamiento a "escuchar tanto el clamor de la tierra como el clamor de los pobres" es oportuno, puesto que queremos reforzar y reconstruir nuestra comunidad mundial, cuyo tejido social, ecológico y económico ha sido devastado.

El tema de la Semana Laudato Si' de este curso es "Todo está conectado" para subrayar nuestra interconexión como comunidad global y la necesidad de solidaridad más allá de las fronteras. Estos días son una invitación a reflexionar juntos sobre los dones y las enseñanzas de Laudato Si' en medio de nuestras crisis actuales, a orar como una familia mundial en el Día Mundial de Oración el 24 de mayo, y a prepararse para llevar Laudato Si' a la vida durante el Tiempo de la Creación y en el futuro.

martes, 19 de mayo de 2020

UNA ALEGRÍA SIN RAZONES

En todo este tiempo de confinamiento necesito andar todos los días para sudar un poco y despejar la mente y el cuerpo. No salgo a la calle, sino que camino en una cinta que nos regalaron, y últimamente haciéndolo coincidir con el tiempo del paseo de los niños. La cinta está al lado de una ventana y mientras me ejercito miro el trasiego de los papás con sus hijos. Me gusta verlos y me ha sorprendido varias veces que los pequeños saltan y corren contentos sin motivo aparente. Incluso cuando los padres les quitan el patinete y recortan su libertad tomándoles de la mano para cruzar el paso de cebra, ellos siguen saltando mostrando ese júbilo del corazón.

Me llama la atención que su alegría parece que no tiene motivos, que incluso cuando les quitan sus divertimentos siguen estando contentos. No hay que ser ingenuo. Sabemos que estos mismos niños llorarán a la primera frustración que reciban y esa dicha desaparecerá. Pero también es verdad que en lo cotidiano, cuando no hay razones para la alegría ni tampoco para la tristeza, en ellos surge un gozo instintivo. Da la impresión de que tuvieran una fuente de alegría en el fondo de sus personitas que hiciera surgir la alegría de forma espontánea y natural. Las circunstancias, los años, el dolor, van escondiendo esa fuente de alegría, pero no quiere decir que no la tengamos también los adultos.

Etty Hyllesum, judía holandesa, cuando está a punto de ser deportada a un campo de trabajos forzados nazi, nos sorprende con estos sentimientos: “soy tan feliz y estoy tan agradecida, y la vida me parece tan bonita y llena de sentido. Sí bonita y llena de sentido, mientras estoy aquí, al pie de la cama de mi amigo muerto, muerto demasiado joven, y a pesar de que pueda ser deportada a un lugar desconocido en cualquier momento. Dios mío te estoy agradecida por todo”. Alguien podría pensar que esta mujer vive desquiciada, pero su experiencia coincide con la de Francisco de Asís cuando escribe que la verdadera alegría no está en que todo te salga como deseas, sino en acoger con paciencia y calma que no te dejen entrar en tu propia casa en medio de la noche y el frío, y cuando insistas, no solo te despachen de allí sino que te insulten y maldigan. Ambos han encontrado el origen de la alegría más allá de las situaciones, muchas veces duras, que nos tocan vivir.

¿Cómo hacer brotar esa fuente de alegría? ¿Cómo caminar a su encuentro? ¿De dónde surge? ¿Cómo dejarse atraer por su frescura? ¿Cómo ir en su busca en medio de la propia tristeza y el sufrimiento de tantos seres humanos, de tantos hermanos? Me vienen a la cabeza estas palabras de Jesús: “Ahora vosotros estáis tristes; pero os volveré a visitar y os llenaréis de alegría y vuestra alegría nadie os la podrá quitar” (Jn 16, 22). Y así canta Rosalía con versos de San Juan de la Cruz: “Qué bien sé yo la fuente que mana y corre/ aunque es de noche/ (…) Sé que no puede haber cosa tan bella/ Y que cielos y tierra beben de ella”.

Javi Morala, capuchino

domingo, 17 de mayo de 2020

VIDA HUMANA DE VERDAD

Jesús parece establecer una relación directa entre el amor a Él y el cumplimiento de los mandamientos. Pero Jesús le pide al discípulo que cuanto Él nos manda no sea tomado como una imposición opresora a la que hay que responder penosamente, sino como una manifestación de amor que busca nuestro bien.

La actitud de Jesús es contraria a todo rigorismo. Como dice el moralista López Azpitarte, “toda forma de rigorismo, aunque se justifique con una serie de argumentos racionales, es la consecuencia lógica y una señal manifiesta de que o la persona no ha llegado a conocerse con una cierta profundidad o, sobre todo, de que busca condenar en el otro lo que no desea aceptar de ninguna manera para sí”. Es verdad: algunos que se muestran muy estrictos e inmisericordes con la fragilidad humana sorprenden a veces con debilidades que tenían celosamente escondidas bajo un caparazón de hierro.

La fe, cuando se trata de vivirla sinceramente, nos ayuda a ser honrados y honestos. Eso no significa que no se encuentren ejemplos admirables de coherencia y rectitud entre quienes no se reconocen creyentes. Pero “porque cree en Dios y se siente llamado a su amistad, porque busca la imitación y el seguimiento de Cristo, porque su persona constituye el amor más absoluto de la existencia, el cristiano posee una motivación extraordinaria que no la tendría a lo mejor si buscase solamente la honradez y honestidad de una conducta” Además “el amor impulsa y motiva un estilo de conducta, que resulta válido para todos los hombres y para el cristiano se convierte también en una respuesta agradecida al Señor”.

Por otra parte, la vida de Jesús y su mensaje nos ilumina y nos hace sensibles a valores éticos, que no siempre son fáciles de captar sin esa luz, pero que constituyen un gran bien para la persona y para la humanidad.

En resumen, “vivir cristianamente supone una vida auténticamente humana, y una vida auténticamente humana debe estar ya muy cercana a la fe. Si esta no cambia los valores éticos, sí produce un nuevo estilo de vivirlos en un clima de libertad y relaciones familiares con Dios. Este aire de familia crea una connaturalidad en el conocimiento del bien, que lleva incluso a la superación de la moral”.

Efectivamente, muchos hombres y mujeres han encontrado en la fe una palanca para su estima de todo lo humano y para su entrega generosa a cuanto signifique dignificación y humanización.

Iñaki Otano

jueves, 14 de mayo de 2020

¿QUÉ DICE LOS EVANGELIOS SOBRE LAS TRADICIONES?

El judaísmo había elaborado una jungla de preceptos y, con ellos, un montón de tradiciones que, por mecánica religiosa, llegaban a imponerse a la misma Escritura. Las más pequeñas costumbres se convertían en leyes primordiales.
Jesús es crítico con ese planteamiento. Tuvo que tomar distancia, poner un componente de secularidad, de sentido común. Es posible que muchas de estas críticas le trajeran problemas. Ser crítico con las tradiciones es la mejor manera de ser impopular.
  • Para Jesús está claro que lo humano está por delante de cualquier tradición, por sagrada que se la quiera (Mc 2,23-28). Hace falta mucha lucidez, claridad y valentía para posicionarse de manera tan clara a favor de la persona.
  • Para Jesús está claro también que la justicia está antes que la tradición (Mc 7,9-13). Desenmascarar la injusticia que ocultan las tradiciones es una de las más duras tareas. Quien lo hace, se granjea la animadversión de muchos.
  • Para Jesús la libertad está antes que las normas que terminan por aprisionar a la persona y a toda una cultura (Mc 7,1-5). Quien no aprecia la libertad como valor grande se somete a las tradiciones y se hace esclavo de ellas. Y, lo que es peor, pretende que todos acepten ese planteamiento y si no, se les persigue.
¿Dónde aprendió Jesús esta libertad? No es fácil saberlo; quizá en sus noches de oración. Pero nunca ponderaremos suficiente su libertad estando, como estaba, en un marco social y religioso tan coactivo.

Texto: Lc 11,46: «¡Ay de vosotros también, juristas, que abrumáis a la gente con cargas insoportables, mientras vosotros ni las rozáis con un dedo!».
  • Estas frases duras han sido aumentadas, sin duda, por la tensión entre el judaísmo y el cristianismo naciente. Pero también es muy probable que tengan el sabor del pensamiento de un Jesús crítico con la opresiva normativa de las tradiciones del bajo judaísmo.
  • Los juristas, la gente del derecho, se ha apropiado de la ley y de la tradición. Quizá se hace más fuerte en esta segunda, porque son las tradiciones las que moldean el comportamiento social de un pueblo preindustrial como lo era el de Jesús.
  • No legislan ni proponen tradiciones que reconforten al pueblo, sino que “abruman”. Y en ese abrumamiento anida el veneno del poder. En el fondo, el control de las tradiciones es una cuestión de poder y, con frecuencia, de poder opresor.
  • Por eso, las tradiciones generan “cargas insoportables”, maneras de vivir que terminan volviéndose contra la persona débil, que es la que más soporta las tradiciones, y que tiene menos capacidad de crítica para enfrentarlas. Se pliegan y hasta las defienden. Defender al que te oprime.
  • Pero quien hace esta obra “no roza ni con un dedo” para intentar llevar la carga que, con frecuencia, supone una tradición. Cargan el peso en los demás y ellos se llaman andana. Gente que con frecuencia no cambia, no se enmienda, no ve que estén siendo unos opresores. Un peso enorme para la sociedad, para la misma religión.
Aplicación: Comenzamos con una conocida parábola que dibuja bien la insensatez que es la defensa a ultranza de la tradición: «El gato que vivía en el monasterio hacía tanto ruido que distrajo los monjes de su práctica, así que el maestro dio órdenes atar al gato durante toda la práctica de la tarde.Cuando el profesor murió años más tarde, el gato continuó siendo atado durante la sesión de meditación. Y cuando, a la larga, el gato murió, otro gato fue traído al monasterio y siendo atado durante las sesiones de práctica.Siglos más tarde, eruditos descendientes del maestro de zen escribieron tratados sobre la significación espiritual de atar un gato para la práctica de la meditación».
  • Con frecuencia no se sabe de dónde arrancan las tradiciones. No es obstáculo para mantenerlas, a pesar de que el origen las cuestionaría.
  • A veces no se trata de suprimir, sino de reorientar, de encontrarle un sentido más actualizado y profundo.
  • El cristiano no menosprecia las tradiciones, pero ha de intentar situarlas en su justo lugar.
  • Si las tradiciones entran en conflicto con la persona, el cristiano opta decididamente por el valor de la persona.
  • Consagrar las tradiciones como bienes culturales o como comportamientos religiosos es, a veces, no querer hincar el diente al problema.
  • Libertad, justicia, dignidad, humanidad han de ser valores que siempre estén por delante de cualquier tradición.
Fidel Aizpurúa, capuchino

martes, 12 de mayo de 2020

PARAR

Cuando comenzamos este aislamiento forzoso muchos nos hacían ver las posibilidades escondidas en esta pandemia diciendo que era una oportunidad para parar y para realizar actividades que normalmente no practicamos. Después de todas estas semanas vividas, creo que acertaron más en lo segundo que en lo primero. Los WhatsApp arden, y nos hemos entregado al teletrabajo, las películas, la música, los juegos de mesa, la lectura, las llamadas de teléfono o las quedadas por videoconferencia, la gastronomía, el entretenimiento por internet, incluso el ejercicio físico en casa: ¡circulaban tablas para ejercitar una parte del cuerpo en cada día del mes! Todas esas actividades son maravillosas pero, aunque algunos nos lo propusimos, se nos está pasando la oportunidad de parar de verdad.

Mucho antes de que el confinamiento comenzara, en el primer día de un retiro en El Pardo (Madrid), después de la primera charla, llegué a la habitación y leí un poco. Antes de salir a darme un paseo por el río, aparté de mi mente el ordenador: la tentación continua de abrir los emails no leídos o de realizar los trabajos pendientes. Y tomé otra decisión: no llevarme el móvil al Manzanares y por tanto olvidarme de los WhatsApp que me llegaran.

Y entre la charla y la lectura espiritual, y esas dos decisiones, respiré hondo y todo mi corazón descansó. Es como si mi cuerpo, mi persona entera, hubiera entrado en otra dinámica, en otro “modo”, como cuando cambiamos a “modo avión” antes de despegar. Un modo que me relajaba, me esponjaba el corazón y, en el fondo, sentía que añoraba. ¿Y qué modo era ese?

Como hijo de esta cultura en la que vivo, participo de la obsesión social de la productividad, del rendimiento, como dice el filósofo Byun-Chul Han. Es por esto, por lo que creo que nos ha costado tanto parar en este tiempo de confinamiento. En el nuevo modo en el que entré en aquel retiro, no necesitaba hacer nada “productivo”, nada útil, nada con una finalidad: ni siquiera el paseo que me disponía a realizar iba destinado a hacer ejercicio. Pero es que incluso no necesitaba “hacer, parecer o tener” nada para llenar y alegrar el tiempo: me bastaba con dejarme “ser”, sin nada más. Había un aparente vacío en mi interior, pero que verdaderamente estaba lleno de algo real pero no identificable, como si fuera transparente, denso, y además imposible de gastar.

Durante el camino a lo largo del río, me di cuenta que normalmente abordo la vida como un cúmulo de tareas pendientes, que nunca son suficientes. En aquel momento me introducía en otra manera de ver la vida, en la que simplemente me dejaba empapar de ella, en la que sólo tenía que contemplarla, en la que mi misterio personal se fundía con el “misterio” de la vida y con el misterio de Dios. Un poco más adelante en el paseo me reconocía como un ser que lo había recibido todo, que todo lo que tenía eran puros regalos: nada lo sentía como fruto de mi esfuerzo. Y surgía la gratitud pero, sobre todo, aparecía la certeza de que lo más hondo de la vida es gratuidad, como si fuera el núcleo esencial de la existencia, lo que define la vida de la naturaleza y la vida humana. Y ese también era el “modo”, la dinámica en la que estaba entrando: modo “gratuidad”.

¡Qué diferente se vive la vida en modo “ser”, en modo “misterio” y en modo “gratuidad”! La realidad sigue siendo la misma pero la percibes con otra fuerza, con más color, con una intensidad y hondura inusuales.

En este tiempo de confinamiento nos resistimos a cambiar de “modo”. Cambiamos de actividades, pero el miedo al vacío nos aleja de pararnos de verdad: un miedo agravado, además, por la amenaza personal que supone el confinamiento. Y nos perdemos la vida que se nos regala cuando entramos en el modo “ser”, en el modo “misterio” y en el modo “gratuidad”. Haya acabado o no el aislamiento, todavía tenemos tiempo para cambiar de modo, para parar.

Javi Morala, capuchino

domingo, 10 de mayo de 2020

CAMINO A DIOS

Hay que reconocer que, para un gran número de nosotros, por muchas explicaciones que nos den, Dios sigue siendo un ser enigmático. Nos dicen que es Padre y seguimos con la sensación de huérfanos u olvidados, algunos acumulando desgracia tras desgracia. El mismo panorama del mundo hace que nos preguntemos por ese Dios Padre y la manera de acceder a Él en medio de tanto drama. Cierta desorientación nos invade.

Tomás y Felipe parecen también desorientados. El primero no sabe qué camino hay que seguir. El segundo quisiera despejar esa incógnita de Dios Padre.

Jesús no les da una lección de teología teórica sino que les viene a decir que tratar de asumir las actitudes de vida del mismo Jesús es el camino para conocer y llegar a Dios Padre. El teólogo José María Castillo dice que “Jesús vino a este mundo para vivir de tal manera, hacer tales cosas y decir tales palabras, que quedara bien claro, de una vez para siempre, que solo el que vive de esa manera y hace lo que hizo el propio Jesús, ese es el que acierta en el problema y el destino definitivo y último de la vida, que es lo que, en lenguaje religioso, llamamos Dios” Y el teólogo Ratzinger, que llegaría a ser el Papa Benedicto XVI, decía en 1972: “Lo que salva no es que uno conozca el nombre del Señor (Mt 7,21); lo que se le pide es que trate humanamente al Dios que se esconde en el hombre”.

Por tanto no se deben separar el Dios Padre y el Jesús humano. El obispo salvadoreño Oscar Romero (1917-1980), asesinado por su defensa de los derechos de los más desfavorecidos y beatificado en el año 2015, destacaba que el hombre es camino ineludible para llegar a Dios: “Hay un criterio para saber si Dios está cerca de nosotros o está lejos. Todo aquel que se preocupa del hambriento, del desnudo, del pobre, del desaparecido, del torturado, del prisionero, de toda carne que sufre, tiene cerca a Dios”. Para encontrar a Dios hay que tomar en serio al hombre, a toda persona humana.

Iñaki Otano

martes, 5 de mayo de 2020

PEQUEÑA MARÍA

María, hoy vengo a tu presencia
porque se me ha acabado el vino del amor y… ya se sabe:
uno no sabe lo que es el vino hasta que no se emborracha,
y uno no sabe lo que es el amor hasta que no se enamora.

María de los pequeños-grandes detalles,
en Caná sacaste del apuro a unos novios
mientras los otros estaban demasiado ocupados en pasarlo bien.
Sin ruido, sin llamar la atención, sin coger el micrófono…
Desde el silencio, desde el anonimato, desde el servicio desinteresado…
¡Cuánto, cuánto tengo que aprender de ti!

María de los pequeños-grandes detalles,
en mi hogar, en el colegio, en el barrio, en la parroquia…
préstame tus ojos para ver “aquello que falta”,
tus manos, para ponerme el mandil y seguir tu ejemplo,
tus pies, para darme a la fuga prescindiendo de la dichosa palmadita,
y tu corazón, sí, Madre, tu corazón, para sentir tu amor y compañía.

Una cama sin hacer, una bolsa de basura que tirar,
un SMS que mandar, un amigo que escuchar,
un anciano al que hablar, un libro que regalar,
una visita al hospital, unos apuntes que prestar,
una oración que compartir, una pelea que evitar…

(Un minuto de silencio vale más que mil horas de discusión dialéctica…
¡Te toca a ti, junto a María, seguir con el listado de los pequeños-grandes detalles…)

Virgen María, concédeme tu sabiduría,
la sabiduría de los pequeños-grandes detalles.

J.M. de Palazuelo

domingo, 3 de mayo de 2020

DEJARSE ACARICIAR

El oficio de pastor no era bien visto en tiempo de Jesús. Para la gente los pastores eran ladrones sin escrúpulos que se arrebataban las ovejas unos a otros y las abandonaban a la llegada del lobo. Así las ovejas andaban desorientadas, cambiando constantemente de pastor, que no se preocupaba de ellas más que por el provecho material que pudiera sacar.

Por eso, Jesús precisa que él es un pastor distinto, un pastor bueno, que sí se preocupa de que no le roben ni hagan desgraciada a ninguna. Para él cada una es un tesoro precioso e insustituible que no quiere perder. Así revive al Pastor bueno, que en el Antiguo Testamento era Dios mismo.

La oveja encontrará en su camino malos pastores, que intentarán robar, matar y hacer estragos según sus propios intereses. Tú déjate guiar por el pastor bueno.

En nuestras relaciones de todo tipo se introduce a veces la tentación de utilizar a la otra persona en beneficio propio. La cuido y la apoyo mientras me sirve, luego una cosa más que usar y tirar. Es una relación contaminada, a veces estrictamente formal.

La actitud de Jesús, el buen pastor, revelación del Dios Padre-Madre, es completamente distinta. Él me conoce a mí, tiene en cuenta a mi persona, mis cualidades y defectos, mi lado creyente y mi tendencia a la incredulidad, mis pasiones, lo que me preocupa y lo que escondo para salvar mi imagen. No me reprocha nada, me alienta. La verdadera felicidad consiste en acogerle y seguirle.

El Papa Francisco decía en una de sus homilías diarias que “el Señor conoce la bella ciencia de las caricias”. Pero añadía: "más difícil que amar a Dios es ¡dejarse amar por Él!” Y proponía “dejar que él se acerque a nosotros y sentirlo a nuestro lado. Dejar que él se haga tierno con nosotros, nos acaricie”.

Efectivamente, hay que dejarse querer por Dios, permitir que sea nuestro buen pastor, volcado y tierno con cada uno de nosotros. En consecuencia, Jesús no quiere que seamos intransigentes y agobiantes con los demás. Quiere que seamos comprensivos, más humanos que legalistas.

Iñaki Otano

sábado, 2 de mayo de 2020

ORAR ANTE EL CRISTO DE SAN DAMIÁN


Oración ante el Cristo de San Damián

¡Oh alto y glorioso Dios!,
ilumina las tinieblas de mi corazón
y dame fe recta,
esperanza cierta
y caridad perfecta,
sentido y conocimiento, Señor,
para que cumpla tu santo y veraz mandamiento.

S. Francisco de Asís

martes, 28 de abril de 2020

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE LA ORACIÓN?

Podría pensarse, de salida, que los evangelios hablan mucho sobre la oración. Pero, como hemos dicho, no son primariamente un libro religioso, sino de relaciones. Por eso, hablan de la oración moderadamente. Con ello, quizá, se esté queriendo decir que hay otros elementos en la vida cristiana con los que hay que contar (la economía, la justicia, la dignidad).

Jesús, no cabe duda, ha sido una persona que ha orado. Lo hacía por necesidad, para descubrir en su vida el camino que el Padre le iba marcando. Por eso ora en la noche, “cuando está todavía oscuro” (Mc 1,35). La oración en la noche y en descampado tiene un componente de dureza: las opciones de Jesús a las que le empuja el Padre no han sido fáciles (Mt 15,21-28).
  • Lo más importante de la oración de Jesús no es la cantidad sino la confianza (Mt 6,7). Si uno reza mucho y cree que eso le hace acreedor del beneficio de Dios, ora como los paganos. Si ora con confianza, aunque lo haga en silencio, percibe a Dios cerca de él.
  • La oración ha de ser “en lo escondido” (Mt 6,6), porque tiene el peligro de quedarse en lo externo, en el espectáculo. No hay que alardear de la oración.
  • La oración no garantiza nada, no hace a Dios deudor de uno (ni tampoco los santos). Porque decir “Señor, Señor” no es garantía de nada (Mt 7,21). La cuestión no es tanto la oración, sino la solidaridad y la justicia.
Podría sacarse falsamente la conclusión de que la oración no es importante. Nada de eso: es un dinamismo para la justicia, para la buena relación. Porque si orando nuestra relación con los demás es mala, algo no va bien. La oración tendría que hacernos más proclives al dolor ajeno, al diálogo, a la paciencia, al acompañamiento. Y, desde luego, hacer una defensa a ultranza l rito orante como algo que no se puede cambiar no parece derivarse del comportamiento de Jesús. Es algo que nos hemos inventado nosotros.

Texto: Lc 11,1-4: «Cuando oréis decid: Nuestro abba, hondamente humano, confiadamente te pedimos que amanezca la buena relación, que tu querer de amor envuelva todo en amor. El pan de la solidaridad sea hoy nuestro pan y el perdón que nos damos sea el lenguaje de tu perdón. Que la esperanza nos haga fuertes».

Sabemos que el padrenuestro se inspira en el Qadish judío. Como lo rezamos tanto, tenemos el peligro de hacerlo rutinariamente. Vamos a leer su trasfondo, por eso damos una versión libre del mismo:
  • Abba es el grito de la filiación (Rom 8,15): querido padre. Y es padre común, nuestro. Es “del cielo”, es decir, no como los padres de la tierra que son autoritarios (Jesús tiene a la figura del padre entre ceja y ceja). Un padre común, cariñoso, de nuestro lado, con nosotros.
  • El nombre de Dios se santifica en el marco de lo humano, no fuera de él. Es santo siendo humano en profundidad, acompañando nuestros caminos.
  • Cuando se pide la buena relación se está pidiendo la venida del reino, porque éste es, básicamente, una relación nueva, la fraternidad soñada.
  • La voluntad de Dios es que todo quede envuelto en amor, que el amor sea la medida de la realidad.
  • El pan de verdad, el de hoy del mañana, no puede ser el pan del egoísmo, sino el de la solidaridad, el pan compartido, el pan común.
  • El perdón que perdona, el rostro que perdona, revela el rostro de Dios (Gen 33,11). No perdonamos para que Dios nos perdone, sino para que su rostro se haga visible y creíble entre nosotros, para tener la certeza de que él nos mira.
  • La tentación es la desesperanza. No caer en ella haciendo acopio de esperanza entre los humanos, siendo siempre semilla de esperanza.

No estamos acostumbrados a orar con la tierra, no la hemos hecho lugar de oración. De esta manera ora el papa Francisco al final de la Laudato Si’:

Dios omnipotente,
que estás presente en todo el universo
y en la más pequeña de tus criaturas,
Tú, que rodeas con tu ternura todo lo que existe,
derrama en nosotros la fuerza de tu amor
para que cuidemos la vida y la belleza.
Inúndanos de paz, para que vivamos como hermanos y hermanas
sin dañar a nadie.
Dios de los pobres,
ayúdanos a rescatar
a los abandonados y olvidados de esta tierra
que tanto valen a tus ojos.
Sana nuestras vidas,
para que seamos protectores del mundo
y no depredadores,
para que sembremos hermosura
y no contaminación y destrucción.
Toca los corazones
de los que buscan sólo beneficios
a costa de los pobres y de la tierra.
Enséñanos a descubrir el valor de cada cosa,
a contemplar admirados,
a reconocer que estamos profundamente unidos
con todas las criaturas
en nuestro camino hacia tu luz infinita.
Gracias porque estás con nosotros todos los días.
Aliéntanos, por favor, en nuestra lucha
por la justicia, el amor y la paz.
  • Se ora al Dios presente en lo grande y en lo pequeño: Dios dentro.
  • Quien ora ha de cuidar la vida y la belleza. No se puede orar sin ese anhelo que descubrimos hoy
  • Para ello hace falta un corazón pacificado, inundado de paz.
  • No se ora solo por la tierra, sino también por los pobres que la habitan, sobre todo.
  • Hemos de rezar para sanar nuestro corazón de depredadores, para convertirlo en corazón que admira y contempla.
  • Aprender orando el valor de cada cosa y que estamos profundamente unidos con todas las criaturas.
  • Necesitamos aliento para vivir en la justicia, el amor y la paz.
Fidel Aizpurúa, capuchino

domingo, 26 de abril de 2020

LAS BRASAS

Hay unos versos de Antonio Machado que dicen: “Creí mi hogar apagado, revolví las cenizas… me quemé la mano”.

Algo de eso debió de sucederles a aquellos dos discípulos que dejaban la comunidad desencantados y se marchaban caminando a Emaús. Toda aquella experiencia y aquel entusiasmo que ellos habían vivido y sentido con Jesús parecían convertidos en cenizas. Sus sueños y proyectos de liberación se habían venido abajo.

Pero no podían simplemente pasar página, y por eso iban comentando lo sucedido, seguían hablando de Jesús. No lo podían olvidar. Y, mientras conversaban, Jesús en persona se acercó y se puso a caminar con ellos.

Los discípulos no son capaces de reconocerlo, pero Jesús ya está presente caminando con ellos. Las palabras y el testimonio de los que hablan con cariño de Jesús no caerán en saco roto. Es posible que los hijos y los jóvenes se alejen y haya momentos, más o menos largos, en que no quieran saber nada de la comunidad de creyentes. Pero probablemente las experiencias religiosas positivas que vivan serán, en los momentos de desconcierto o de huída, brasas que reaviven el fuego de Jesús.

Quédate con nosotros, dicen los dos discípulos a aquel acompañante que ha hecho arder sus corazones. Todavía no lo han reconocido, pero están a gusto con él y le ven algo especial. Las cenizas empiezan a revolverse. Y Jesús entró para quedarse con ellos.

En nuestra época, un problema grave en muchos jóvenes y mayores es que no tienen cenizas que revolver: no aparece ni por asomo en ellos el deseo de que Jesús se quede, porque nunca han oído hablar de él ni han experimentado su presencia. Es la que se ha llamado “la generación de los desheredados”. Se han quedado “sin herencia religiosa”, pues apenas han recibido, ni de la familia ni de la sociedad, experiencia religiosa alguna. Muchos de ellos “ya no niegan ni dudan; simplemente, no tienen ni idea”. (Pagola)

En contraposición, es significativo lo que Benedicto XVI respondió en una entrevista unos días antes de ser elegido Papa. Muestra que Jesús también está con los hombres y mujeres del siglo XXI. Decía el futuro Papa: “Lo que me sorprende no es la incredulidad, sino la fe. Lo que me sorprende no es el ateo, es el cristiano. El mundo nos aconseja el agnosticismo. Y realmente, en un mundo tan fragmentado y oscuro, millones de personas continúan creyendo. Esto es un milagro. Es el signo de que Dios actúa entre nosotros”.

Los de Emaús reconocieron a Jesús al partir el pan, es decir, al actualizar la última Cena. Para reconocer y hacer reconocer a Jesús, tenemos que vivir y comunicar todo lo que significa la Cena del Señor y su presencia: partir el pan para compartirlo, amarnos los unos a los otros, lavar los pies como Jesús, es decir, ponernos al servicio de los demás. En la medida que todo eso lo hagamos vida, Jesús será reconocido. Incluso podrá suscitar algún interrogante en quien no tiene ni idea de Él.

Iñaki Otano

sábado, 25 de abril de 2020

LOCKDOWN

Sí, hay miedo.
Sí, hay aislamiento.
Sí, hay pánico comprando.
Sí, hay enfermedad.
Sí, incluso hay muerte.
Pero,
Dicen que en Wuhan después de tantos años de ruido
Puedes escuchar los pájaros otra vez.
Dicen que después de solo unas semanas de silencio
El cielo ya no está lleno de humo
Pero azul y gris y claro.
Dicen que en las calles de Asís
La gente se está cantando el uno al otro
a través de las plazas vacías,
manteniendo sus ventanas abiertas
para que los que están solos
Puede escuchar los sonidos de la familia alrededor de ellos.
Dicen que un hotel en el oeste de Irlanda
Ofrece comidas gratis y entrega a la casa.
Hoy una mujer joven que conozco
Está ocupada difundiendo folletos con su número
a través del barrio
Para que los ancianos puedan tener a alguien a quien llamar.
Hoy iglesias, sinagogas, mezquitas y templos
se están preparando para dar la bienvenida
y refugio a los sin hogar, los enfermos, los cansados.
En todo el mundo la gente está ralentizando y reflexionando.
En todo el mundo la gente está mirando a sus vecinos de una nueva manera.
En todo el mundo la gente está despertando con una nueva realidad.
Por lo grandes que somos realmente.
A lo poco control que realmente tenemos.
A lo que realmente importa.
Para amar.
Así que oramos y recordamos eso.
Sí, hay miedo.
Pero no tiene que haber odio.
Sí, hay aislamiento.
Pero no tiene que haber soledad.
Sí, hay pánico comprando.
Pero no tiene que haber mezquindad.
Sí, hay enfermedad.
Pero no tiene que haber enfermedad del alma.
Sí, incluso hay muerte.
Pero siempre puede haber un renacimiento del amor.
Despierta con las decisiones que tomas en cuanto a cómo vivir ahora.
Hoy, respira.
Escucha, detrás de los ruidos de la fábrica de tu pánico.
Los pájaros están cantando de nuevo,
El cielo se está despejando,
La primavera está llegando,
Y siempre estamos abarcados por el amor.
Abre las ventanas de tu alma
Y aunque no seas capaz
para tocar a través de la plaza vacía,
Canta.

Richard Hendrick, capuchino

jueves, 23 de abril de 2020

AÚN ES TIEMPO

El tiempo de Pascua es un tiempo para el ánimo, para el coraje. Tiempo bueno para sueños y utopías. Si los sueños mueren, el cadáver somos nosotros. Por eso, se puede vivir el tiempo de Pascua (siempre en el afán de que no pase en balde) como un tiempo propicio para alimentar el sueño de recrear la comunidad de Jesús, aquello tan simple y tan verdadero de que «uno es vuestro Padre y todos vosotros sois hermanos» (Mt 23,10).

Decir que “aún es tiempo” no quiere decir que la cosa sea para ahora mismo. Al hablar de recrear, se está dejando de lado, como opción, el recuperar porque se cree que esto es, a la larga, más difícil que aquello. Para muchos queda demostrado, y con creces, que la posibilidad de recuperación se ha alejado. Los benévolos intentos que se han hecho, tanto a título personal (desde san Francisco hasta el papa Francisco) como colectivos (el Vat. II y los últimos Sínodos a modo de ejemplos) arrojan para muchos creyentes el mismo saldo: todo sigue más o menos igual en un estado de cosas que hace que la recuperación de la Iglesia sea tan difícil como los cambios en el capitalismo, los ejércitos o los nacionalismos excluyentes. Es preciso soñar otros caminos.

Además, se cree que esto se puede hacer sin dialéctica, sin exclusión, sin condena, aunque no sin perplejidad y dolor. Hay que alejarse de polémicas irrelevantes o estériles donde, aunque vayan disfrazadas, son las cuestiones de poder las que se hallan en el fondo. El respeto ha de presidir este proceso y también la certeza de que hay sectores difícilmente recuperables por lo que no tiene sentido entablar una relación dialéctica con ellos.

Ante la evidencia de la lentitud del proceso, hay quien piensa que jamás se llegará a modificar lo que ha perdurado durante siglos. Pero, en realidad, esos siglos son un pequeño paréntesis en la cultura humana y una sombra en los amplios desarrollos del planeta. Por eso, la lejanía del horizonte no implica su imposibilidad.

Precisamente porque se cree que la utopía de Jesús es una buena aportación a la espiritualidad del sueño humano hay quien anhela otro modo de ser vivido y ofrecido a la sociedad. Esta ausencia de intereses espurios es la gran fuerza del anhelo por recrear la comunidad de Jesús.

Creemos que Pascua puede ser tiempo propicio para esta clase de reflexiones y que se puede alimentar en este tiempo del triunfo de Jesús el sueño más querido por él, la comunidad nueva.

Fidel Aizpurúa, capuchino 

miércoles, 22 de abril de 2020

DÍA MUNDIAL DE LA TIERRA

Hoy se celebra el 50º Día Mundial de la Tierra. El papa Francisco en su catequesis, dedicada plenamente a esta jornada, recordó que hoy es una “oportunidad para renovar nuestro compromiso de amar nuestra Casa Común y de cuidarla, así como a los miembros más débiles de nuestra familia”.

Porque como lo ha dicho continuamente el Papa, en estos días de pandemia, “sólo juntos y asumiendo los más débiles podemos superar los desafíos globales”. Al respecto, Francisco mencionó su Encíclica Laudato "sobre el cuidado de la Casa Común", hoy, dijo, reflexionaremos juntos sobre esta responsabilidad que caracteriza "nuestro paso por esta tierra" (LS, 160).

Tras mencionar dos conferencias internacionales importantes, COP15 sobre Biodiversidad en Kunming (China) y COP26 sobre Cambio Climático en Glasgow (Reino Unido), el Pontífice instó a los líderes a ser conscientes de la importancia de trabajar juntos como comunidad internacional para la protección de nuestra casa común. Y alentó a una acción concertada también a nivel nacional y local. De manera que se pueda converger desde todas las condiciones sociales y también crear un movimiento de base desde abajo hacia arriba.

Así es como nació el propio Día Mundial de la Tierra, que se celebra hoy. Cada uno de nosotros puede hacer su pequeña contribución, dijo el Santo Padre, y retomó un momento de su encíclica Laudato Sí: "No debemos pensar que estos esfuerzos no cambiarán el mundo. Tales acciones difunden un bien en la sociedad que siempre da frutos más allá de lo que se puede ver, porque provocan dentro de esta tierra un bien que siempre tiende a difundirse, a veces de manera invisible".

www.vaticannews.va