miércoles, 30 de septiembre de 2020

ECOLOGÍA INTEGRAL

Hace cinco años el Papa Francisco nos regaló la encíclica Laudato Si´, poniendo en el centro de nuestra vida el desafío urgente de proteger nuestra casa común y la búsqueda de un desarrollo sostenible e integral. Para lograr esto el Papa Francisco hace la invitación a asumir una ecología integral. En estas líneas queremos compartir qué es la ecología integral desde la encíclica Laudato Si´.

El punto de partida para mirar qué es la ecología integral lo tenemos en san Francisco de Asís. Él es el ejemplo por excelencia del cuidado de lo que es débil y de una ecología integral, vivida con alegría y autenticidad. Él manifestó una atención particular hacia la creación de Dios y hacia los más pobres y abandonados. Amaba y era amado por su alegría, su entrega generosa, su corazón universal. Era un místico y un peregrino que vivía con simplicidad y en una maravillosa armonía con Dios, con los otros, con la naturaleza y consigo mismo. En él se advierte hasta qué punto son inseparables la preocupación por la naturaleza, la justicia con los pobres, el compromiso con la sociedad y la paz interior. (LS 10)

El principio de la ecología integral es saber que todo está íntimamente relacionado, y que los problemas actuales requieren una mirada que tenga en cuenta todos los factores de la crisis mundial. La ecología integral está formada por las relaciones entre ambiente económica, sociedad, cultura y vida cotidiana, estableciendo la noción de bien común, dignidad de la persona y cuidado del ambiente. La convicción de que en el mundo todo está conectado debe llevarnos a una nueva manera de relación con Dios, con el prójimo y con la tierra.

Algunas exigencias de la ecología integral que se nos presentan son: 1) buscar soluciones integrales que consideren las interacciones de los sistemas naturales entre sí y con los sistemas sociales, 2) Asegurar que se produzca una mejora integral en la calidad de vida humana, 3) Cuidar los lugares comunes, los marcos visuales y los hitos urbanos que acrecientan nuestro sentido de pertenencia, nuestra sensación de arraigo, 4) sacar las consecuencias del destino común de los bienes de la tierra el principio del bien común se convierte inmediatamente, como lógica e ineludible consecuencia, en un llamado a la solidaridad y en una opción preferencial por los más pobres., y 5) La necesaria relación de la vida del ser humano con la ley moral escrita en su propia naturaleza, necesaria para poder crear un ambiente más digno. (LS 137-157)

Una ecología integral implica dedicar algo de tiempo para recuperar la serena armonía con la creación, para reflexionar acerca de nuestro estilo de vida y nuestros ideales, para contemplar al Creador, que vive entre nosotros y en lo que nos rodea, cuya presencia «no debe ser fabricada sino descubierta, develada» (LS 225).

Estamos invitados a vivir una ecología integral por el bien de todos desde los simples gestos cotidianos donde rompemos la lógica de la violencia, del aprovechamiento, del egoísmo. Reflexionemos sobre nuestro estilo de vida y miremos en qué podemos cambiar. Un cambio necesario por el bien de todos.

Néstor Wer, capuchino
 

lunes, 28 de septiembre de 2020

SOLIDARIDAD Y AMOR

Nadie quiere ser tenido por insolidario. Todos, de una u otra manera, queremos vernos como hombres y mujeres solidarias; preocuparnos por los demás, ser personas que no piensan sólo en sí mismas, etc. En los ambientes en los que normalmente nos movemos está valorado esta virtud de la solidaridad. Hay como una especie de mandato, una obligación social: “tengo que ayudar a los demás”.

Ojalá haya descubierto que esto de la solidaridad es más que un mandato, porque es también, y sobre todo, algo que toca mi corazón. Cuando percibo que soy capaz de salir de mí y centrarme en otras personas que me necesitan parece que crezco, que soy útil, que me hace ser más. Hay un cierto gozo en lo que hago por los demás. Descubrir esto es un paso importante como persona.

Pero también sucede que más allá de lo que yo sienta, de lo que yo perciba que me hace como persona al ayudar a los demás, es la misma situación de debilidad e indefensión de otros la que me movilizan a ayudarles. Quizá no sienta gozo en ello, además tal vez me venga mal ahora y no tenga ganas de nada de esto, pero la realidad que veo activa en mí salir de mi ensimismamiento e ir hacia los otros. Ya no es coherencia moral con un mandato externo, ni depende de lo que sienta de gratificante o no; es algo que nace de más adentro.

Hay personas que tienen incorporada en su vida y en su ser la certeza de que sólo saliendo hacia los demás, abriéndose a las realidades humanas y respondiendo en la manera que puedan a las necesidades de los que más lo necesitan, responden mejor a lo que llevan dentro de sí. Si no fueran solidarias, se negarían a sí mismas. La solidaridad así vivida ya no tiene nada que ver con un mandato, sino que se parece más al amor.

Mantener siempre atentos los oídos
Al grito del dolor de los demás
Y escuchar su llamada de socorro
Es solidaridad

Mantener la mirada siempre alerta
Y los ojos tendidos sobre el mar,
En busca de algún naufrago en peligro...
Es solidaridad

Sentir como algo propio el sufrimiento
Del hermano de aquí y del de allá;
Hacer propia la angustia de los pobres...
Es solidaridad

Llegar a ser la voz de los humildes,
Descubrir la injusticia y la maldad,
Denunciar al injusto y al malvado...
Es solidaridad

Dejarse transportar por un mensaje
Cargado de esperanza, amor y paz,
Hasta apretar la mano del hermano...
Es solidaridad

Compartir los peligros en la lucha
Por vivir en justicia y libertad,
Arriesgado en amor hasta la vida...
Es solidaridad

Entregar por amor hasta la vida
Es la prueba mayor de la amistada:
Es vivir y morir con Jesucristo
Es solidaridad

Carta de Asís, septiembre 2020

miércoles, 23 de septiembre de 2020

SAN PÍO DE PIETRELCINA



Hará florecer en la Iglesia de Dios, en un terreno casi árido y seco, bellísimas flores; pero, ¡Dios mío!, antes de que esto suceda, qué dura prueba nos está reservada. Es necesario atravesar toda una noche de tinieblas, tan oscuras que nuestra patria nunca ha visto otras semejantes hasta el día hoy. Pero, si es verdad que para muchos esta prueba extrema será como la piedra que les haga tropezar, para la mayoría será una medicina saludable para recuperar la salud.

¡Benditos los ojos que verán despuntar este nuevo día! En medio de la prueba que hemos comenzado a atravesar, y que para nosotros de modo especial será muy dura, dirijamos la mirada más allá de esta profunda oscuridad, fijémosla en aquel día que surgirá y que nos baste para consolarnos en el dulcísimo Señor.

Padre Pío

lunes, 21 de septiembre de 2020

PASARÁN

Este rap fue escrito por Nach, rapero español, que invitó a Juanes a que se sumara a esta iniciativa para concientizar sobre la realidades de los migrantes.

sábado, 19 de septiembre de 2020

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE LAS RELACIONES HUMANAS?

Lo importante para la religión son las relaciones con Dios. Son tan importantes que las otras relaciones, las humanas, parecen contar menos o casi no cuentan. Sin embargo, para los evangelios, todas las relaciones cuentan y, de alguna manera, las humanas ocupan casi el todo del asunto.

Por eso, no nos equivocamos si pensamos que los evangelios son, ante todo, un libro de relaciones humanas. De ahí que si el contacto con el evangelio no mejora las relaciones personales es que, todavía, no está haciendo su obra.
  • Para Jesús, las relaciones con Dios habrían de alejarse de las relaciones con una divinidad y parecerse a la relación de amor que existe entre un padre y su hijo querido (de ahí el título de abbá y las relaciones de hondura de Lc 15,11-32). Unas relaciones frías no son las que propone Jesús. Un Dios lejos de los caminos humanos, no es el Dios de Jesús. Es preciso “humanizar” a Dios.
  • La relación con los humildes es clara: la respuesta que damos al sufrimiento del otro dice qué tipo de persona somos. Por eso mismo, la gran pregunta de la compasión humana es simple: “¿Qué puedo hacer por ti?” (Mc 10,46-52). Ahí es donde se juega la relación nueva que Jesús propone.
  • Por otra parte, la relación con el poder, una de las más importantes a nivel social, Jesús la enfoca con claridad: conviene alejarse de las estructuras de poder porque ellas van a lo suyo. De ahí que haya que “devolver” al César el poder que quiere tener y desde ese alejamiento se podrá construir una relación crítica con él (Mc 12,13-17).
Despojar a los evangelios de su componente relacional es apagar la llama que arde en su interior.

Texto: Jn 7,1-10: «Inmediatamente después de esto, recorría Jesús la Galilea, pues no quería andar por Judea, porque los judíos buscaban matarlo. Se acercaba la gran fiesta judía de las tiendas.De modo que su gente le dijo:-Trasládate de aquí y márchate a Judea, así tus discípulos presenciarán esas obras que haces, pues nadie hace las cosas clandestinamente si busca ser conocido. Si haces estas cosas, manifiéstate al mundo. De hecho, tampoco su gente creía en él.Jesús les contestó:-Para mí, todavía no es el momento; para vosotros, en cambio, cualquier momento es bueno. El mundo no tiene motivo para odiaros; a mí, en cambio, me odia, porque de él yo denuncio que su modo de obrar es perverso. Subid vosotros a la fiesta, yo no subo a esta fiesta, porque para mí el momento no ha llegado aún.Dicho esto, él se quedó en Galilea; sin embargo, cuando sus parientes habían subido a la fiesta subió él también; no abiertamente, sino clandestinamente».

La relación de Jesús con “su gente” no ha sido fácil. estaban siempre al acecho a ver si podían sacar algún beneficio. No entienden los planteamientos del reino.
  •  Jesús no se pliega a esa presión y se zafa de ella situándose en la sombra, clandestinamente. Sabe que si en la medida en que el reino se publicita, se echa a perder. Cree en la fuerza de lo secreto, de lo oculto.
  • La propuesta de su gente es que se “manifieste” como se manifiesta un Dios, inapelablemente, incondicionalmente, opresivamente. Jesús rehúye un planteamiento así porque el reino es para quien lo acepta del corazón, no una imposición de la que uno no pueda escapar. Las relaciones del reino son libres y de corazón, no obligatorias.
  • Para dar adhesión a Jesús hay que enfocar su propuesta desde parámetros de relación humanizadora. Como entren otra clase de intereses, la cosa se pervierte. Es el modo “perverso” de obrar del mundo, de los mecanismos opresores, de la relación explotadora.
Aplicación: Una lectura social de los textos podría darles otro color. Ese color sería entenderlos más como textos de relación social que como textos religiosos. Las maneras habituales de leer la Palabra suelen ser espirituales o morales. De la lectura se deducen unas actitudes espirituales que, con frecuencia, al no tener arraigo antropológico, derivan en espiritualistas, sin conexión con la vida, sin evaluación. Todo queda en el mundo de lo impreciso, de aquello que, aunque no funcione, no se cuestiona.

O bien se hace una lectura moral: se deducen de ella unas actitudes y comportamientos morales que, también a veces, resultan algo extremos, fruto de un moralismo que se aleja de la misma Biblia. Son perspectivas que pueden seguir siendo útiles, siempre que se hagan con un poco de profundidad y no les atrape la superficialidad y la rutina. Si no, el cansancio envuelve a la Palabra y la esclerotiza.

Habría otro camino para devolver brillo a la Palabra y para iluminar comportamientos de vida: hacer lo que llamaríamos una lectura social de la Palabra. Una tal lectura es aquella que pretende mezclar la capacidad germinativa de la semilla de la Palabra con la tierra de la historia, de la sociedad. Y pretende hacerlo de una manera sistemática y ahondada no como un derivado moral sino como algo perteneciente al simple hecho de leer. Esto trae como resultado positivo que el texto adquiere perfiles que las lecturas espiritual y moral habían borrado por repetitivas y desvela la evidencia de que el campo de la vida queda iluminado por una espiritualidad que hace de lámpara para los titubeantes pasos de los humanos por la historia. Como decimos, cuando esta lectura se hace de manera sistemática, no esporádica y con profundidad, los resultados son nuevos.

Para hacer este tipo de lectura, quien trabaja su fe sabe que es preciso manejar la herramienta hermenéutica de la benignidad crítica. Esta es una manera peculiar de leer el hecho social: se trata de hacerlo con sentido crítico y con amor social a la vez. Sin este amor a la vida la lectura de la Palabra será hierática, fría y dogmatizante. Sin sentido crítico se cae en tales contradicciones y simplismos que la persona de hoy se vuelve de espaldas con un gesto de menosprecio hacia la ingenuidad de quien no aplica al hecho religioso los mismos parámetros de adultez que al resto de la vida.

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 16 de septiembre de 2020

LA MEJOR COMBINACIÓN POSIBLE

Cada año, la mejor semana es la de los Pirineos. Es una gozada poder contemplar unos montes agrestes, los colados casi verticales, esas praderas altas, los ibones que jalonan el camino, unas florecitas minúsculas y preciosas, esa marmota que corretea moviendo sus caderas o el valle glaciar inmensamente poblado de piedras. Es muy satisfactorio también recoger en el trayecto frambuesas, arándanos o fresitas. Son tantos los lugares maravillosos que uno contempla, que se le esponja el corazón. Además, eso de calzarse las botas y ponerse la mochila es como abrirse a la libertad, volver a encontrarse con uno mismo, elevar el alma hasta el infinito, cargar de nuevo las pilas.

Pero este año he sido consciente de otro regalo añadido. Quizás más especial que los anteriores, si cabe. Me he dado cuenta de las actitudes de cada uno de los que íbamos en la travesía, y me han llenado de agradecimiento, de sentido y de alegría. Son muchos los ejemplos: los que se han encargado de lo de todos: de comprar la comida, de ofrecer su coche para el viaje, de reservar los refugios; la que, como una madre, prepara el tomate cada comida y lo reparte para que cubra el pan de siete personas; el que no le importa quedarse atrás y acompañar al que ese día está un poco más flojo y le cuesta subir; la que tiene la lucidez suficiente para detenerse ante una frustración o cansancio mayúsculo, digerir el revoltijo interno y bajar al refugio con una sonrisa; el que con una broma construye una ambiente de cordialidad; la que es capaz de adaptarse a la novedad con alegría; los que se ofrecen para llevar de lo común en su mochila, aunque todos queramos, “muy generosamente”, que se coma primero la comida que cargamos; los que afrontan sus miedos; los que adaptan sus planes a las necesidades del grupo; los que acogen las limitaciones de los demás y no se las echan en cara, sino que intentan sostenerlas. Y miles y miles de detalles más, de los que se ofrecen, están disponibles, atentos, cuidadosos, acogedores.

Y pensando en estas cosas me venía a la cabeza ese texto de san Pablo que anuncia que en el Reino definitivo “Dios será todo en todos” (1 Corintios 15, 28). Sí, en esta travesía y en tantas situaciones que vivimos cada día, Dios es en nosotros, y ya se está haciendo realidad su Reino de compasión, de cuidado mutuo, de cercanía, de bondad. Y por eso nos sentimos tan plenos, porque vivimos algo de ese destino al que estamos llamados en lo hondo del corazón, nos encontramos con el anhelo definitivo de nuestra materia, de nuestro ser interior. Es como volver al hogar originario del que tenemos sed continuamente. En esta travesía habéis hecho realidad los valores de un mundo nuevo, de una humanidad de corazón enternecido. Y por eso ha sido tremendamente bella esta combinación de pura naturaleza y cuidado mutuo. ¡¡¡MUCHAS GRACIAS!!!

Javi Morala, capuchino

lunes, 14 de septiembre de 2020

LEMA DEL CURSO 2020-2021: CUIDEMOS LA CASA

El Papa Francisco sorprendió al mundo con su encíclica "Laudato Si", donde nos invitaba a ser responsables de la casa común, y donde aborda el problema ecológico desde una perspectiva integral, como una temática social, fundamentados en la fe.
Laudato si’, mi’ Signore, (Alabado seas, mi Señor), cantaba san Francisco de Asís. En ese hermoso cántico nos recordaba que nuestra casa común es también como una hermana, con la cual compartimos la existencia, y como una madre bella que nos acoge entre sus brazos...
Ahora, frente al deterioro ambiental global, quiero dirigirme a cada persona que habita este planeta...
En esta encíclica, intento especialmente entrar en diálogo con todos acerca de nuestra casa común.
Dios ama a la humanidad y busca la dignidad de las personas, pero necesita de nuestra colaboración y solidaridad. La justicia pasa necesariamente por el cuidado ecológico de la creación.

La tierra no nos pertenece; nosotros formamos parte de ella, porque fue en ella donde Dios nos generó para que fuésemos hermanos. Se nos ofrece un mundo, natural y humano, al que pertenecemos y que hemos de cuidar para que todos podamos disfrutar de él en condiciones de igualdad.

Todo, la creación y nuestros hermanos, son un regalo que se nos ofrece; cuidarlos y ponernos a su servicio, ofreciendo nuestro ser y nuestro tiempo, es el único modo de responder al grito que la creación y los más pobres nos lanzan.

El lema “Cuidemos la casa” es una llamada a ofrecer nuestras pequeñas acciones cotidianas, que tienen un poder transformador más grande de lo que pensamos.

Además, desde el 24 de mayo estamos en el “Año Laudato Si”, recordando el quinto aniversario de la publicación la encíclica, un tiempo especial para reflexionar sobre este texto social y ecológico hasta el 24 de mayo del próximo 2021.

En la sección de "Recursos" se encuentra el material que hemos preparado para este curso. Un saludo de paz y bien.

Comisión de Pastoral Juvenil

sábado, 12 de septiembre de 2020

ESPACIO SEGURO

En estos tiempos que vivimos de intentar adaptarnos a la nueva normalidad, buscando el sano equilibrio de la prudencia, aunque a veces tentando a la insensatez; me llama intensamente la atención ver estos carteles en bares, tiendas, incluso como anuncio de unas jornadas deportivas solidarias... «espacio seguro».

Esta propaganda se concreta en dependientes con mascarilla, empleados contando el número de clientes y otros desinfectando, máquina automática expendedora de gel hidroalcohólico, mesas muy separadas, asientos censurados, flechas para diferenciar los movimientos de las personas...

No sé qué especie de conexión neuronal se ha creado en mi cerebro, pero si se cumplen estas normas, me siento segura. Sin embargo, basta que descubra alguna nariz asomando sobre su mascarilla, o que huela humo de tabaco para notar que mi cuerpo se pone en alerta.

¿Sí? ¿Eso es seguridad? En este tiempo, eso parece. Pero a más anuncios que veo prometiéndome la seguridad en un paisaje con voluntad de asepsia, más siento que algo en mí se revela, y no es negacionismo, ¡no tiene nada que ver! Me cuestiona esto de «lo seguro».

Me he preguntado mucho en este último tiempo, dada esta situación global, y en vistas a irme a vivir a un país donde la violencia es un cotidiano, ¿dónde pongo mi seguridad? ¿con quién me siento segura? Soy de las que tengo los días bien programados, que me gusta saber qué va a pasar, que cuanto menos deje a la improvisación... mejor.

Controlo llevar la mascarilla, separarme de la gente, lavarme las manos... Pero ante la incertidumbre de cuándo me podré ir; el separarme, despojarme de la gente que son hogar; los miedos que aparecen ante una tierra y cultura desconocida; la inseguridad sobre si sabré responder a lo que se necesita; y muchas otras verdades que me hacen vacilar... Ahí, donde soy más humana, más frágil... solo tengo un espacio seguro, y es el que Dios me hace sentir al sostenerme, cuando respiro hondo y Él me invade de su Paz.
Y tú... en tu verdad más profunda, ¿en quién te sientes seguro?

Valle Chías, rjm


miércoles, 9 de septiembre de 2020

"HERMANOS TODOS", NUEVA ENCÍCLICA DEL PAPA

El sábado 3 de octubre, el papa Francisco se dirigirá al Sagrado Convento de Asís para firmar su nueva encíclica. Así lo ha confirmado el director de la Oficina de Prensa del convento, Enzo Fortunato, quien también ha revelado el nombre del documento papal: ‘Hermanos todos’. Esta es la tercera encíclica de su pontificado, tras ‘Lumen fidei’ y ‘Laudato si’’.

Durante los últimos meses, Francisco ha resaltado en numerosas ocasiones que la crisis del coronavirus ha desvelado las miserias de una “economía enferma”, que está sobreexplotando los recursos naturales y a los propios seres humanos. En su meditación para Vida Nueva, ‘Un plan para resucitar’, apoyaba la idea de “actuar como un solo pueblo, incluso ante las otras epidemias que nos acechan”, para conseguir, así, “un impacto real”.

“¿Seremos capaces de actuar responsablemente frente al hambre que padecen tantos, sabiendo que hay alimentos para todos? ¿Seguiremos mirando para otro lado con un silencio cómplice ante esas guerras alimentadas por deseos de dominio y de poder? ¿Estaremos dispuestos a cambiar los estilos de vida que sumergen a tantos en la pobreza, promoviendo y animándonos a llevar una vida más austera y humana que posibilite un reparto equitativo de los recursos?”, se preguntaba Francisco. “Ojalá nos encuentre con los anticuerpos necesarios de la justicia, la caridad y la solidaridad”.

vidanuevadigital.com 

sábado, 5 de septiembre de 2020

TIEMPO DE LA CREACIÓN 2020

El Tiempo de la Creación es la época del año en que los 2,2 billones de cristianos del mundo son invitados a orar y cuidar de la creación. Se celebra anualmente del 1 de septiembre al 4 de octubre. El Tiempo de la Creación une a toda la familia cristiana en torno a un propósito común. 

El 1 de Septiembre fue proclamado como el día de la Jornada Mundial de Oración por la Creación por el Patriarca Ecuménico Dimitrios I, de la Iglesia Ortodoxa Oriental, en 1989, y fue adoptado por otras grandes Iglesias Europeas Cristianas en 2001, y por el Papa Francisco para la Iglesia Católica en 2015. En los últimos años muchas iglesias cristianas han comenzado a celebrar el Tiempo de la Creación, entre el 1 de septiembre y el 4 de octubre, que es la fiesta de San Francisco de Asís, la cual se festeja en algunos países occidentales. San Francisco es el autor del Cántico de la Criaturas, y patrono de quienes promueven el cuidado de la ecología. Varias declaraciones de los últimos años han llamado a los creyentes a vivir esta celebración de un mes, como las de los Obispos Católicos de Filipinas en 2003, la Tercera Asamblea Ecuménica Europea de Sibiu en 2007 y el Consejo Mundial de Iglesias en 2008.

Como seguidores de Cristo de todo el mundo, compartimos un papel como administradores de la creación de Dios. Vemos que nuestro bienestar está entretejido con su bienestar. Nos alegramos de tener esta oportunidad para cuidar la casa común, junto con nuestras hermanas y hermanos que la comparten.

Este año, el tema es “Jubileo por la Tierra”. Te invitamos a reflexionar sobre la relación integral entre el descanso para la Tierra y las formas de vida ecológicas, económicas, sociales y políticas. Este año en particular, la necesidad de sistemas justos y sostenibles ha sido revelada por los efectos de largo alcance de la pandemia mundial de COVID-19. 

 

 

miércoles, 2 de septiembre de 2020

CUIDAR LA VIDA

Es un año complicado este que estamos viviendo. La sabiduría popular dice que “año bisiesto, año siniestro”. Pero no pensábamos que iba a ser tan complicado y difícil como el que estamos pasando. Van corriendo los días, ajustándonos y reajustándonos a la pandemia que estamos viviendo.

No sólo repercute en la economía, sino en la vida. Nos han cambiado los planes y ritmo de trabajo. A nivel de familia, el confinamiento ha hecho tener que reajustar la vida familiar. La enfermedad se ha hecho presente de forma dura. Los planes de vacaciones o de verano han tenido que posponerse o reajustarse también. El golpe a sido fuerte a todos los niveles: personal, social, económico… De alguna manera nos encontramos paralizados ante las dificultades que nos impiden volver a otros tiempos y modos de vida y de relación. La gente tiene miedo al contagio. Las medidas tomadas para prevenir los contagios como el mantenimiento de la distancia de seguridad, el aforo que hay que guardar en las tiendas, iglesias y lugares públicos cerrados, el número de personas que pueden reunirse para celebrar algo, el cuidado y visitas a nuestros mayores… han cambiado el modo de relacionarnos con los demás.

Ante esta situación necesitamos volver sobre nosotros mismos y ser conscientes del sentido que damos a nuestra vida. Toda persona necesita cuestionarse, interrogarse, plantearse esas cuestiones radicales, existenciales: ¿En qué apoyo mi vida? ¿Cuál es su cimiento? ¿Por qué y para qué vivo? Como dicen los sabios y entendidos en cuestiones humanas, quien sabe de dónde viene y hacia dónde va en la vida, ya sabe mucho y definitivo en la existencia.

Las personas creyentes, al hacernos este tipo de planteamientos, nos preguntamos qué lugar damos a Dios, qué importancia tiene en nuestro vivir. Creemos que la vida es don de Dios y que Él nos acompaña en nuestro caminar. En este tiempo nos encontramos con la tarea de cuidar la vida, la nuestra y la de los demás. Las autoridades sanitarias nos dan una serie de recomendaciones para ello y no podemos obviarlas.

Cuando creemos y confiamos en Él nos damos cuenta de que la fe nos ayuda a enfocar nuestra existencia y todo lo que la rodea: nuestra entrega, nuestro trabajo, nuestra salud… Es verdad que, como en los viajes de avión, también encontramos turbulencias que nos inquietan. Estas en la vida tienen que ver con enfermedades, crisis personales o familiares, cuestiones económicas, cuestionamientos religiosos… Estas también se sobrellevan si sentimos a Dios como el fundamento en el apoyarnos, la roca que nos salva, la piedra angular… Vivir desde este convencimiento es fuente de gran serenidad y confianza en la vida.

Benjamín Echeverría, capuchino

miércoles, 26 de agosto de 2020

VER CON EL CORAZÓN

Sólo con el corazón se puede ver bien; lo esencial es invisible para los ojos.”

Esta frase gigantesca, que cuesta “digerirla” en su totalidad, está en El Principito, un texto del francés Antoine de Saint-Exupéry, publicado en 1943. Quién no ha leído esta maravillosa y profunda obra de la literatura universal, incluso, algunos seguro miraron la película que se hizo para resaltar esta obra.

El corazón, una parte del cuerpo sin la cual no se puede vivir, es todo un símbolo en temas diferentes para referirse al misterio del amor, del sentir y de la vida. “Ver con el corazón”, ésta frase la neurociencia la descartaría, haciendo comprender como sucede en realidad en el cuerpo y la sique humana el proceso del afecto o amor, no es este el interés a desarrollar.

“Ver con el corazón…”, retomemos la frase con toda libertad, hondura y sensibilidad humana, así como llega. En estos días de pandemia y confinamiento, al mismo tiempo de dolor y muerte, nos hemos encontrado con los límites existenciales de nuestra humana creaturidad, de nuestro ser especies finitas, de saber que no somos “supermen” o la “mujer maravilla”, cuentos alienantes de la ideología del gobierno guerrerista de los EEUU. En realidad, hemos experimentado con sensibilidad los límites colectivos como especie de este único planeta; al mismo tiempo, nos damos cuenta que estamos relacionados, que somos interdependientes con los otras creaturas, con los otros vivientes que habitan en “igualdad” esta CASA COMÙN.

“ver con el corazón…”, es una manera simbólica de decir, desde donde vemos la vida, con qué “ojos” estamos mirado, desde dónde vemos, qué se mueve en el interior al ver lo que vemos, y que sentires pensantes surgen al ver al otro: humano, animal, planta, bacterias y el territorio con todos sus ecosistemas. Esto nos lleva a preguntarnos, cómo experimentamos dentro de nosotros, en ese misterio vital que define nuestra vida, que es el amar y ser amados. Desde Jesús es preciso el amar, “dar la vida por quien se ama”; la propuesta del Reino de Dios, incluye amar al enemigo, orar por ese humano considerado enemigo. También, desde las bienaventuranzas, amar es trabajar por una sociedad justa, equitativa y solidaria; es considerar al otro con reverencia y dignidad, no por su actuar moral o ético, sino por su ser humano; así con las creaturas, que son posibles ser amadas en su diversidad y belleza sin defensa.

“Ver con el corazón…”, es una frase que hizo vida san Francisco de Asís, que le va con su propuesta de espiritualidad y praxis en la realidad. Francisco logró ver la pobreza evangélica en ser menores, la fraternidad ante la desigualdad jerárquica y feudal, en el leproso un humano con dignidad, en la ermita de san Damián un Cristo pobre con los pobres, y en cada criatura los vestigios del Dios creador, por eso las llamó: hermana agua, hermano viento, y la hermana madre tierra. Esta frase tomada con todo su simbolismo e interpretada desde un sentir pensante, tiene para muchos aprendizajes y prácticas colectivas.

“Ver con el corazón”, nos lleva a defender y proteger la vida en toda su biodiversidad, a los más frágiles, enfermos y empobrecidos, y unirnos con un mismo sentir, a las luchas con los pueblos que defienden sus territorios, el patrimonio ancestral y los bienes naturales.

René Arturo Flores, OFM

sábado, 22 de agosto de 2020

LISTA DE DESEOS



Que tu vida esté llena de inspiración, de motivos para levantarte cada mañana, de listas de deseos y de sueños por cumplir. No importa si son pequeños, grandes o al parecer imposibles (no incluyas robar un banco). Cuando cumplas uno y disfrutes de manera absurda tacharlo de tu lista, piensa: ¿ahora qué otra cosa podría llenarme de inspiración?

Aunque no lo parezca es muy importante que algo nos motive, nos inspire y nos mueva a ser mejores personas cada día. Lo bueno es que la lista puede ser tan extensa como tú lo desees, no hay límite, no hay ley que prohiba soñar.

Sin importar la edad que tengas, no te canses de llenarte de ilusión. Si me estás leyendo y tienes 20, ¿qué quieres lograr?, ¿ya casi alcanzas esa meta que te hace suspirar? Si tienes 30, ¿qué cosas has dejado en la lista de espera?, ¿qué te impide alcanzar ese sueño?

Si tienes 40, 50 o 60 ¿has podido tachar la mayoría de deseos de tu lista? Si tienes 70, 80, 90 ¿te identificas con el hombre de este video?, ¿te queda mucho por lograr?, ¿te sientes orgulloso de tus decisiones?

¡Qué nada te robe las ganas de soñar, y de soñar en grande! Ningún sueño es demasiado pequeño, ningún logro inútil y ninguna súplica a Dios ignorada. Qué hermosa es la vida cuando en todos los propósitos que quieres alcanzar está incluido Dios.

Tomado de catholic-link.com

miércoles, 19 de agosto de 2020

VIDA SOSTENIDA

Nos llaman la atención las personas que son valientes, personas que han tomado decisiones que han marcado su vida y la vida de los demás cambiando la realidad visiblemente a mejor. Son dignos de admiración los que han arriesgado su vida, su bienestar, su dinero, o lo que sea en las ONGs, en campañas arriesgadas a favor de los desfavorecidos, en luchas por un mundo más justo... También nos causan asombro quienes han sido capaces de dar un paso adelante en contra de las injusticias, han roto con ataduras personales y colectivas. Sin duda que necesitamos personas de este estilo para despertarnos de nuestros letargos, de nuestras costumbres de siempre, para avivar nuestra conciencia y nuestras vidas en lo más humano que tenemos.

También hay personas que, sin ningún heroísmo, sostienen la vida de un modo permanente: personas que invierten largos tiempos y energías en cuidar a alguna persona enferma, en sobrellevar la convivencia complicada con familiares de difícil trato, madres y padres que aguantan un trabajo deshumanizador por sacar adelante la familia... Nadie sabe de su nivel de sufrimiento, de insatisfacción y de frustración que ello conlleva porque los demás no ven la situación, ni les interesa ver.

Lo que esto sí supone es un alto nivel de determinación, de disciplina y renuncia para estas personas. Una situación así puede hacer asomar a la persona al sinsentido y al fracaso de su vida. Pero también puede llevarle a ahondar la confianza en la existencia, sin necesidad de éxitos ni espléndidas victorias, porque sabe llevar a cabo lo que verdaderamente vale en la vida y la hace perdurar. Estas personas sostienen la vida. Estas personas viven lo humano en su grado máximo ya que dan calidad a la vida no solo en un momento, sino a lo largo de toda ella.

Decimos que en el principio Dios creó el mundo. También debemos decir que Dios sostiene la vida con su amor sostenido. Estas personas son signos vivientes de ello.

Carta de Asís, agosto 2020 

miércoles, 12 de agosto de 2020

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE EL MÁS ALLÁ?

No podía ser menos: Jesús pertenece a una cultura espiritual donde se concibe el cielo como una realidad física afuera y arriba. Allí mora Dios y las huestes celestiales. Y además de un “lugar” se entiende que el cielo es lugar de retribución, donde Dios dará premio a los buenos y castigo a los malos. Esto, que ha pasado al cristianismo de lleno, estaba en la mente de todo judío piadoso, si exceptuamos algunos que no creían en el más allá, como los saduceos, según dicen los evangelios (Lc 20,27).

Pero en el caso de Jesús la cosa tiene sus matices: no hablan mucho los evangelios del más allá porque se entiende que son para más acá. El sueño de Jesús, el reinado de Dios, apunta a las relaciones del más acá sobre todo. Por eso, aunque hablan del cielo no lo hacen con profusión. Y cuando lo hace resaltan valores contraculturales:
  • Cree que en el cielo funciona lo que debe funcionar en la tierra: el amparo a los débiles. Por eso, los ángeles del cielo ven el rostro de los niños y cuando estos son heridos, salen a cumplir la venganza del Dios que ampara (así interpretaban textos como Mt 18,10).
  • Cree que el cielo es un lugar de libertad, la que habría de existir en este mundo, Por eso, la pregunta absurda del relato de la mujer que tuvo siete maridos es “¿de quién va a ser?” (Lc 20,34-36). Nadie es propiedad de nadie. Ese habría de ser el planteamiento vigente ya hoy.
  • Cree que el cielo es lugar de justicia, la que no se da aquí y por la que hay que luchar cayendo en la cuenta del afán devorador y autorreferencial que rige en la vida de los poderosos (Lc 16,19-21).

De manera que los valores “celestiales” son los que habría que ir incorporando a la historia para que se adecuase al sueño del reino.

Texto: Jn 14,23: «Uno que me ama cumplirá mi mensaje y mi Padre le demostrará su amor: vendremos a él y nos quedaremos a vivir con él».
  • Este texto es, sin duda, la cumbre de la mística joánica. El evangelio culmina en los relatos de la pasión y resurrección, la hora de Jesús. Pero la espiritualidad encuentra aquí su motivo más importante.
  • Todo parte de un dinamismo de amor: no se puede entender bien esto que se va a decir si no se parte del amor. Hacerlo desde planteamientos ideológicos o incluso religiosos es bloquearse.
  • Lo que se va a decir es la mayor demostración de amor que el Padre ha tenido con la historia. El Padre quiere dejarnos deslumbrados, atrapados en la hermosura de un planteamiento singular.
  • Y este el planteamiento: el Padre y Jesús han tomado una decisión de vértigo: venir a poner su morada en la historia, en el fondo del ser, en la fuente de la vida. De tal manera que, propiamente hablando, no hay cielo fuera y arriba, sino dentro y abajo. Ahí en ese fondo de la necesidad histórica es donde Dios ha puesto su morada para no irse nunca más.
  • De ahí que, si se quiere encontrar a Dios, si se quiere “ir al cielo”, la gran tarea es ahondar en la historia, bajar a su fondo, por débil, herido y frío que sea. Los trabajos de la fe son sanear el fondo de la historia, abrirle un horizonte a la vida, iluminar la trayectoria de la persona.

Aplicación: La búsqueda religiosa tiende al ascenso, al cielo. Toda la gestualidad religiosa, con su capacidad de evocación, apunta siempre a lo alto. Las cosmogonías religiosas siempre son deudoras de lo alto. Esto sería algo inocuo si no conllevara la postergación y hasta el menosprecio de lo bajo. Aspirar a lo alto, a los bienes de arriba ha sido un topos de la cultura cristiana. La dirección hacia lo alto ha sido la medida de la idea de la mística que han manejado las personas espirituales.

Sin embargo, ya desde el mismo evangelio, puede haber otra manera de redireccionar la experiencia religiosa: apuntar a lo hondo, elaborar una espiritualidad del descenso, entender la plenitud como una bajada a lo profundo, creer que la vida no está fuera sino dentro de lo que existe.

Este cambio de dirección tiene grandes consecuencias: se deriva de él un creciente amor a la tierra, al cosmos, como casa de la vida sin necesidad de apelar a otras vidas; se deduce la solidaridad con todas las realidades que habitan esta casa y que también apuntan a lo profundo; conlleva, así mismo, el cambio de mirada creyente que apuntaba un más allá inexistente para dirigirse a un más acá existente; se concluye, como hemos dicho, el imaginario de un Dios dentro entendido como principio dinamizador de lo que es.

Quizá sin darse cuenta, quien va trabajando su fe reorienta la dirección de su espiritualidad hacia lo profundo y va vislumbrando que una espiritualidad de descenso no solamente se ajusta mejor a su imaginario nuevo, sino que le abre las puertas a un gozo vital que difícilmente lo lograba la mística de una búsqueda hacia lo alto. Podría parecer que estas son cosas de mero componente ideológico, pero pertenecen a los hondos y, a veces, indiscernidos movimientos del alma donde se juegan las verdaderas orientaciones de la vida.

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 5 de agosto de 2020

MIRAR HACIA ATRÁS PARA CAMINAR CON MÁS FUERZA

Hoy no es un día más, es un día diferente. Llevo en España, alejado de mi familia, exactamente un año. Este es el primer pensamiento que me viene al cabeza, recién levantado, mientras miro por la ventana de mi humilde habitación antes de ir a trabajar. Son las 5:30 de la mañana, todavía es noche cerrada y observo en el termómetro de la farmacia que hay enfrente de mi ventana, que en la calle hay - 4ºC. Me sumerjo en mis pensamientos mientras me voy aseando y vistiendo. Hoy descubriré el verdadero frío exterior de esta ciudad y de este país. El frio físico, porque el frío interior llevo justo un año experimentándolo.

Empiezo a recordar y a hacer balance de este último año y medio. De todas las cosas que han sucedido en mi vida. Todo dio un giro inesperado tras las manifestaciones en las calles de mi ciudad natal, en Nicaragua, por defender una sociedad mejor para mis hijos y mi familia. Por defender los derechos humanos. En esa manifestación fui fichado por la policía de mi país y empecé a tener problemas. Sufrí extorsión por parte de la gente del gobierno y tuve que abandonar mi país, a mi familia y toda la vida que hasta entonces había construido. ¡Dios mío! Cómo me acuerdo de mis hijos, que ganas tengo de abrazarlos, de achucharlos, de jugar con ellos… Todavía me tengo que seguir conformando con que me enseñen las notas del colegio o que me muestren los regalos de Navidad en video llamada…. Y de mi esposa, nadie imagina las ganas que tengo de abrazarla…De irnos de paseo y comernos un helado hablando de nuestras cosas… Cada día que pasa soy más consciente de que ellos son la fuerza y el empuje que necesito para luchar por mejorar mi situación y para que todo cambie…

Mientras pongo la cafetera para desayunar, sigo pensando en si todo este esfuerzo vale la pena… “Si hubiera sabido que iba a vivir todo este sufrimiento... No hubiese ido a esa manifestación….” Salir de mi país ha sido muchísimo más duro que lo yo pensaba. Quien me iba a decir a mí que después de 7 años de estudios en la universidad, cursando los estudios de ingeniería informática, me iba a ver en la situación que estoy viviendo. Encontrar trabajo en Europa no está siendo nada fácil, ¡Dichosos papeles! En este lado del mundo sin papeles, sin identificación, no cuentas para la sociedad, es como si fueses un mueble o un árbol de esos que están en cualquier paseo, rodeado de mucha gente a tu lado, pero solo unos pocos son capaces de verte.

Me saca de mis pensamientos la alarma del microondas avisándome de que la leche ya está lista. Desayuno apresuradamente y pongo rumbo a la calle para acudir al trabajo. Mientras camino hacia la parada del autobús, me hago consciente del frío que hace cuando veo que los coches están cubiertos de hielo. Les hago una foto para mandársela a mis hijos para que vean lo diferente que es esto a su día a día. A ellos les cuesta creer que aquí haga tanto frío y que sea tan diferente. Mientras hago la foto me surge un sentimiento de agradecimiento pleno hacia este país y a sus gentes, de cómo me han acogido y particularmente a la gente del Centro Social San Antonio.

¡Madre mía! Recuerdo muy bien el primer día que llegue a San Antonio… La entrevista con la trabajadora social, y el primer día que comí en el comedor… (Ese día sí que estaba mal), no veía la luz, pero aun así me di cuenta de que tanto los voluntarios como los usuarios del comedor trataban de darme ánimos. Desde ese primer día empecé a luchar para intentar cambiar la situación, y a trabajar por los objetivos que me había propuesto, que no son otros más que asentarme en este país y poder traer a mi familia, sabiendo con resignación que no podré regresar al mío mientras no cambie la situación política que existe actualmente ya que si volviera me llevarían preso. Este tiempo está resultando duro, demasiado duro diría yo. A veces preferiría seguir comiendo frijoles y que el futuro siga siendo tan poco prometedor como es el de mi país, pero el amor a mis hijos hace que no tire la toalla y siga luchando cada día. La verdad es que a pesar de mi difícil situación, he tenido mucha suerte. Por el camino me he encontrado con gente buena, nuevos amigos y amistades muy gratificantes. En el centro social me han ayudado en todo esto. Ellos son los que durante este tiempo me han sostenido, cubriendo mis necesidades más básicas. Puedo acudir a su comedor desde el primer día que me entrevisté con la trabajadora social y me han proporcionado ropa de abrigo y mantas para pasar el duro invierno de esta tierra, no sé qué hubiera pasado si no hubiese conocido este centro, estaré eternamente agradecido...

Sin apenas darme cuenta llego a la parada del autobús y a lo lejos vislumbro el autobús que me deja en el polígono, enseguida llega me subo y me siento al lado del conductor como todas las mañanas. Hoy después de un año de vivir en esta ciudad siento que voy dando pasos, tengo un trabajo a media jornada que me aporta un ingresos económicos para poder ir viviendo y ayudar a mi familia; además de ir ahorrando para que en un futuro no muy lejano pueda traer a mi familia aquí conmigo. Pero también soy consciente de que quedan días duros por vivir hasta que logre el objetivo tan preciado de abrazar a mi familia y poder obsequiarles a mi hijos, un futuro más esperanzador que el que ahora mismo tienen en nuestro país.

Sé que no estoy solo, que cerca de mí en el Centro Social San Antonio me ayudarán en todo lo que puedan con comida, ropa y otros servicios; y que además tanto voluntarios como trabajadores del mismo intentarán acompañarme en el plano afectivo como hacen actualmente aunque no sea lo mismo que el amor de mi familia, pero se agradece el cariño de los demás. Aquí he conocido nuevas personas, nuevos amigos donde encontrar una mirada de apoyo o de complicidad, en definitiva, en sentirme apoyado y comprendido. Es mi “otra familia”.

Apenas sin darme cuenta hemos llegado a la parada del almacén donde me debo de bajar. Me sorprenden los rayos de luz de un nuevo amanecer con un sentimiento. Pese a los días oscuros está mereciendo la pena. Ya que todos los días sale el sol…

sercade.org

domingo, 2 de agosto de 2020

OÍD, ESCUCHADME, INCLINAR

No son tres verbos cualquiera los que encontramos en la 1ª lectura de este domingo del libro de Isaías. Desde el primero al tercero hay sin lugar a dudas un cambio de actitud, una postura de acercamiento, un ejercicio claro de voluntad.

Todos sabemos que “oír” no es el verbo que más acerca a una realidad, a algo que alguien te quiere confiar. El verbo oír no va más allá de la percepción de una serie de sonidos con los que no hay implicación y pasan sin “rozar” nuestra vida. Bien distinto es escuchar: la voluntad, el interés, el gusto por conocer se ponen en juego y entonces el milagro de la comunicación aparece. Si además hay una acción clara que acompaña a esa escucha como es el inclinarse para prestar toda la atención a quien me habla, se obra el milagro de la apertura y el acompañamiento.

En estos tiempos que corren nos hemos encontrado seguro cantidad se situaciones que ponen de manifiesto estos tres verbos. Hemos oído cantidad de noticias que nos han apabullado y solo hemos decidido en el mejor de los casos quedarnos con alguna. Esa, la hemos escuchado y si aportaba algo valioso a nuestra vida, hemos inclinado nuestro oído para después incluso compartirla. Igual sucede con la gente que nos rodea y que ha venido a nosotros a compartir.

En nuestra relación con Dios, que no se hace de otra manera que a través de la vida, el proceso es el mismo. No hay relación con Dios si no hay experiencia y no hay experiencia si no hay escucha profunda. Andar atareados, oyéndolo todo, es mantenernos distraídos y caer en el agobio, el cansancio y la tristeza. Solo desde la experiencia del silencio activo es como se escucha y a partir de ahí puede uno inclinarse para acercarse a los demás e incluso a uno mismo. De esta forma, “adentrándonos más adentro en la espesura, ¿quién podrá separarnos de su amor?”.

En la situación en la que el evangelio de este domingo nos pone a Jesús, el recorrido fue claro: oyó, escuchó el lamento de los que con Él iban y se inclinó a su necesidad. Aunque más bien lo que hizo Jesús es que cada uno atravesara la barrera de su yo para oír al otro, escuchara su anhelo y se inclinara a compartir lo que traía consigo y así surgió el milagro de los cinco panes y los dos peces.

Ahí tenemos la tarea, hacia afuera pero también hacia adentro: no dejemos de escuchar nuestro grito más profundo e inclinémonos hacia la realidad que nos habita.

Clara López

martes, 28 de julio de 2020

EN LAS MANOS DE DIOS

Es una expresión muy utilizada en distintas circunstancias, muchas veces, para decir que humanamente ya no podemos hacer nada más (enfermedad, muerte, exámenes,...); otras veces para indicar el azar, aquello que no podemos dominar (“que sea lo que Dios quiera”), pero también para indicar aquella confianza de fondo que nos crea la relación con Dios.

Cuando Dios no es algo sobre lo que pensamos sino una relación personal... cuando Dios no es una causa en torno a la cual hemos construido una ideología sino alguien a quien nos abrimos cada día para escuchar, agradecer, obedecer, alabar... entonces nos brota espontáneamente por dentro la sensación de estar en sus manos, nos brota la confianza de que Dios está presente en nuestras vidas actuando, cuidando, animando, dando vida. No sabríamos explicar bien cómo, pero es algo que no podemos negar porque se nos hace evidente. Es como una confianza de fondo que sustenta todo.

A veces se nos nubla esta confianza... por distintas circunstancias: por falta de cuidado hemos ido abandonando la relación, o hemos caído en rutinas que nos han alejado el corazón, o bien golpes de la vida que nos hacen cuestionar todo: enfermedad, muerte de algún ser querido, escándalos eclesiales, cuestionamientos de un entorno secular... En esos momentos necesitamos volver a las raíces de la confianza, a la relación personal con Dios.

En ello nos ayuda el hacer memoria afectiva de lo vivido con Dios, de nuestra historia de relación. También nos ayudan los Salmos de confianza. Y sobre todo, el pedir el Espíritu Santo. Pedir a Dios Padre el Espíritu Santo para poder vivir ese momento, esa circunstancia que nos oscurece la confianza con Él: “pase lo que pase, que me pase contigo, Señor”.

Carta de Asís, julio 2020

miércoles, 22 de julio de 2020

HUMILDES BELLEZAS

Como tantas veces, subía despistado las escaleras de casa y una forma extraña en la exuberante planta del rellano llamó mi atención. De una de sus ramas estaba surgiendo un brote, una nueva hoja enrollada sobre sí misma despertaba a la vida. Me quedé admirando su joven frescura, su fragilidad llena de energía, y sobre todo, la vida que escondía y la que prometía.

Durante los siguientes días me paraba observando cómo ese brote iba abriéndose. Era maravilloso ver los cambios que se sucedían jornada tras jornada. Si hasta ese momento las plantas se me presentaban como simples estatuas inmóviles, ahora descubría esta como un ser en movimiento, como un individuo que manifestaba su estar vivo.

Y llegó el día en que la nueva hoja se desplegó completamente ante mis ojos. Hinchada de orgullo, brillante, redondeada, enorme, con un verde más claro que el resto de sus hermanas, se presentaba en sociedad y reivindicaba su existencia en el mundo. Mi mirada quedó atrapada por esta novedad. Mis ojos embelesados percibían los matices de su forma y color, y se adentraban en el espectáculo que ofrecía y en el misterio que encerraba.

Una frase se compuso dentro de mí: “Dios tiene que estar orgulloso de este ser”. Esta sentencia no se refería a una pretendida soberbia del creador sino que Dios, como yo, tendría que estar también admirando la maravilla de esa criatura: la combinación de elementos químicos que dan lugar a pigmentos, sales, proteínas e infinidad de sustancias; las células dispuestas para generar sus órganos; la disposición de las hojas como placas solares que convierten la luz en energía orgánica, en combustible. ¡Qué inabarcable maravilla! Se hacían realidad esos versos de Benjamín González Buelta referidos a Dios: “En tus fantasías infinitas ensayas los ritmos y colores, los perfumes y siluetas con los que te acercas a nosotros, en el humilde sacramento de las bellezas pasajeras”.

Y de pronto, como en un espejo, me vi reflejado en lo que descubría en aquella planta. Si los lirios del campo revelaban a Jesús el cuidado de Dios por las personas, aquella hoja esplendorosa me desvelaba este mensaje: “Dios tiene que estar orgulloso también de mí”. Yahveh tenía que estar pensando sobre mí cosas semejantes a estas: “¡Qué mixtura de sustancias químicas tan delicada! ¡Qué combinación de células más precisa! ¡Qué espectro de movimientos tan complejo! Y todo ello completado con algo cualitativamente diferente al mundo material y orgánico: esa delicada nube de la conciencia personal y esa capacidad, no solo existencial sino también práctica, de la libertad”.

Me descubría mirado así por Dios como lo sentía aquel creyente de hace 2300 años: “sus ojos [de Dios] están observando al mundo, sus pupilas examinan a los hombres” (Salmo 11, 4). El Altísimo también se admira de mi existencia y disfruta con ella: “¿qué es el hombre para que te fijes en él, el ser humano para que te cuides de él?” (Salmo 8, 5). El Dios de las estrellas se abaja para mirarnos, danza con nosotros en este universo acompasado, se asombra de nuestra existencia, se complace en nuestra maravillosa fragilidad. ¿No será eso la vida, un baile a veces melodioso y otras frenético, de Dios con nosotros?

Javi Morala, capuchino

martes, 14 de julio de 2020

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE EL AMOR?

Ante Jesús se abrían en su época dos caminos espirituales a seguir: el de la ley o el del amor. El primero fue el tomado por el fariseísmo en general: se creía que cumplir las leyes religiosas con detalle le hacía a uno acreedor del favor de Dios. De ahí que los creyentes se lanzaban a tumba abierta al cumplimiento escrupuloso de las leyes.

Jesús ha tomado otro camino: el del amor. Lo que justifica a uno ante Dios no es lo que hace, sino lo que ama. Más allá de las limitaciones, las actitudes de compasión, de entrega, de amor son lo que define al seguidor de Jesús. Por eso, todos lo sabemos, Jesús ha hecho del amor el núcleo de su mensaje.
  • Cuando Jesús quiere dejar su testamento definitivo dice que eso consiste en amar como él ha amado (Jn 13,34-35). Jesús ha amado asimétricamente, cuando nosotros estábamos sin fuerzas, cuando no podíamos devolverle. Este es el distintivo del seguidor de Jesús.
  • Jesús cree que el “amor más grande” no es el amor a Dios, sino el amor al otro (Jn 15,13). Dar la vida, entregarla en cada acto de generosidad es el camino para amar a Dios. Un amor de componente histórico.
  • Así es: cuando a Jesús se le pregunta por el mayor mandamiento responde como dice la ley: el amor a Dios. Pero añade que hay un segundo que pasa a ser primero: el amor al hermano (Mt 22,34-40). Y de alguna forma, este segundo que pasa a ser como el primero tienen un rango de primariedad porque hace visible al primero: si no se ama al hermano a quien se ve ¿cómo se va amar a Dios a quien no se ve? (1 Jn 4,20).
Por eso el gran trabajo que habrá que hacer desde la vida y desde la fe es no apearse del amor y mantenerse creyente en que ese es el camino que nos lleva a Dios.

Texto: Jn 13,21-27: «Dicho esto, Jesús, profundamente conmovido, declaró y dijo:-Os aseguro que uno de vosotros me va a entregar.Los discípulos se miraron unos a otros perplejos, por no saber de quién lo decía. Uno de ellos, al que Jesús tanto amaba, estaba a la mesa a su derecha. Simón Pedro le hizo señas para que averiguase por quién lo decía. Entonces él, sin más, apoyándose en el pecho de Jesús, le preguntó:-Señor, ¿quién es?Le contestó Jesús:- Aquel a quien yo le dé un trozo de pan untado.Y untando el pan se lo dio a Judas, hijo de Simón el Iscariote. Detrás del pan, entró en él Satanás».

  • Hemos comentado otras veces este texto. Es insólito el modo como Jesús señala a quien le va a entregar. No hay un gesto así (el pan untado) en toda la Biblia. ¿Qué significa? Es un gesto de amor (como la madre que da panes untados a sus niños). Viene a decir: aunque me entregues, yo te sigo amando.
  • Es un gesto de amor en el límite donde se muestran las honduras del corazón de Jesús: podría haber reaccionado a la traición con rechazo, pero lo hace con amor continuado. Lo que él dice que distingue a sus seguidores, el amor entregado, lo pone en práctica el primero él en su vida.
  • Aunque haya entrado en él Satanás, Judas sigue siendo para Jesús un amigo al que no negará un beso en el momento de la entrega (Lc 22,48), gesto insólito también para designar ante los guardias a aquel a quien han de detener.

Aplicación: Todos nos vimos conmovidos este verano con aquella foto de un hombre de El Salvador ahogado abrazando a su hijita, también ahogada, cuando intentaban cruzar el río Bravo para entrar en Estados unidos. Es la foto del mal que encarnan nuestros estilos excluyentes que no consideran humanos a los frágiles. Fotos como esas deberían golpearnos la conciencia y estar siempre presentes ante nuestros ojos.

Puede leerse como un gesto último de amor: el padre que muere sin poder salvar de la muerte a su hija. Ese abrazo que no vale para nada en realidad es hermoso. Es el abrazo que se dan los crucificados de la tierra y que de algún modo ha de tener su fecundidad.

Es la foto del amor más grande, del amor del que hablaba Jesús, que no duda en entregar la vida por quien ama aunque parezca que no vale para nada porque no han logrado pasar el río. Pero ese gesto de amor tendría que conmovernos y, de alguna manera, hacernos sensibles a toda exclusión. El sueño de Jesús habla de algo de eso.

El papa Francisco, en un gesto de un cierto despecho profético, agradeció ese día a los mejicanos que sean tan acogedores. No dijo nada de los del otro lado, pero a buen entendedor…

Fidel Aizpurúa, capuchino

martes, 7 de julio de 2020

APRENDER A VIVIR

Suelen decir que siempre que llega una crisis, aumentan las preguntas, los “¿por qué?” que nos han llevado a tal situación. Volvemos entonces a repensar las cosas. Repensamos nuestro modelo de vida, lo cuestionamos y nos debatimos entre el agotamiento o caducidad del modelo desde el que hemos vivido y la necesidad de crear algo nuevo.

La crisis mundial generada por este Coronavirus nos lleva a replantearnos la vida, tras el tiempo de parón y confinamiento, de desescalada y vuelta a la normalidad. En este tiempo de verano, que en otros momentos habríamos planeado ya las vacaciones, los viajes o el tiempo de descanso, nos toca quedarnos en casa o bastante cerca de ella. Deseamos poner el mundo en movimiento de nuevo, pero necesitamos y buscamos seguridad y confianza en los pequeños pasos que vamos dando. De hecho, como afirma alguien, “la confianza es la nueva moneda de la nueva normalidad”.

Esta pandemia está acelerando los cambios que nos lleven a construir un mundo más sostenible y con un mayor sentido de solidaridad que nunca, pues vemos que todo está interconectado, que todos somos vecinos de todos y que juntos, no de manera individual, salimos adelante. Tomando como inspiración uno de los libros de José Antonio Marina, el o la Covid-19 nos ha llevado a “aprender a vivir”.

En principio parece que no hace falta aprender a vivir, pues vivir es algo espontáneo. Pero como el ser humano puede elegir distintos modelos de vida, el aprender a vivir indica aprender a vivir bien. Evidentemente, también se puede vivir mal. Si algo queremos es vivir en un mundo confortable, seguro y sano. Queremos lograr tres grandes objetivos: la salud la felicidad y la dignidad. Los tres están relacionados. Cuando pensamos en la vida de una persona, queremos que se desarrolle con una buena salud, una vida feliz y se comporte con dignidad en un mundo que colabora a su felicidad. Entre otras cosas, por eso huimos de la enfermedad, porque limita nuestro bienestar y nuestras posibilidades.

Para aprender o reaprender a vivir, os recuerdo y propongo para vuestra reflexión el número 205 de esta encíclica tan franciscana que es la Laudato Si: “Sin embargo, no todo está perdido, porque los seres humanos, capaces de degradarse hasta el extremo, también pueden sobreponerse, volver a optar por el bien y regenerarse, más allá de todos los condicionamientos mentales y sociales que les impongan. Son capaces de mirarse a sí mismos con honestidad, de sacar a la luz su propio hastío y de iniciar caminos nuevos hacia la verdadera libertad. No hay sistemas que anulen por completo la apertura al bien, a la verdad y a la belleza, ni la capacidad de reacción que Dios sigue alentando desde lo profundo de los corazones humanos. A cada persona de este mundo le pido que no olvide esa dignidad suya que nadie tiene derecho a quitarle” (LS 205)

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 2 de julio de 2020

ORACIÓN DE FIN DE CURSO

Que tus despertares te despierten.
Y que al despertar, el día que empieza te entusiasme.
Y que nunca se transformen en rutinarios los rayos del sol
que se filtran por tu ventana a cada nuevo amanecer.
Y que tengas la lucidez de concentrarte y de rescatar
lo más positivo de cada persona que se cruce en tu camino.
Y que no te olvides de saborear la comida, detenidamente,
aunque "solo" se trate de pan y agua.
Y que encuentres algún momento durante el día, aunque sea corto y breve,
para dirigir tu mirada hacia arriba y agradecer, por el milagro de la salud,
este misterioso y fantástico equilibrio interno.

Y que consigas expresar el amor que sientes por tus seres queridos.
Y que tus brazos abracen.
Y que tus besos besen.
Y que los atardeceres te sorprendan, y que nunca dejen de maravillarte.
Y que llegues cansado y satisfecho al anochecer por la labor realizada durante el día.
Y que tu sueño sea tranquilo, reparador y sin sobresaltos.
Y que no confundas tu trabajo con tu vida, ni tampoco el valor de las cosas con su precio.
Y que no te creas más que nadie
porque solo los ignorantes desconocen que no somos más que polvo y ceniza.

Y que no olvides, ni por un instante,
que cada segundo de vida es un regalo, un obsequio,
y que, si fuéramos realmente valientes,
bailaríamos y cantaríamos de alegría al tomar conciencia de ello.
Como un pequeñísimo homenaje al misterio de la vida
que nos acoge, nos abraza y nos bendice.
¡Que tengas un feliz verano!

jueves, 25 de junio de 2020

HERMANO, HERMANA: DON Y TAREA

“Qué hermoso es vivir los hermanos unidos” dice el salmo 133. Y así es en efecto. Acompañar y ser acompañado en el camino de la vida, de la fe, es una de las experiencias más ricas de la vida. Caminar unidos a otras personas en un proyecto común, trabajar codo con codo en la tarea, sea ésta la que sea, nos hace sentirnos arropados y animados; es decir, nos sentimos más. Es una de las vocaciones de nuestra condición humana: ser hermanos, ser hermanas. La hermana, el hermano es un don impagable.

Junto a lo anterior, también se dejan ver las dificultades que nacen en todo camino fraterno. Somos distintos, tenemos diferentes caracteres, historias personales, percibimos de diverso modo las cosas. Todo esto nos exige madurez para saber sobrellevar las diferencias. En el transcurso del tiempo aparecen también los conflictos de convivencia por mil razones. Además, dichos conflictos son inevitables por mucho esmero que pongamos en evitarlos. No es fácil saber encaminarlos de modo satisfactorio. También hay que contar con nuestros egoísmos, nuestras torpezas, esos atascos inesperados que son obstáculo para la fraternidad. El hermano, la hermana es trabajo arduo.

Si sólo vivimos la parte del don, si únicamente reparamos en los aspectos satisfactorios de ser hermanos, hermanas, nos estamos engañando porque no asumimos la otra parte de la realidad. Si, al contrario, sólo somos capaces de ver lo dificultoso y trabajoso de la realidad, se nos hace imposible vivirlo y nos rendimos. La solución para poder vivir la fraternidad tampoco es el fruto de la media entre don y tarea. El fundamento para vivir al hermano y la hermana está en Dios. De él recibimos en verdad ese don y esa tarea de la fraternidad.

Carta de Asís, junio 2020

martes, 23 de junio de 2020

LA SORPRENDENTE LEVEDAD DEL SER

Hay algunas fórmulas religiosas que se me hacen difíciles de entender, e incluso me pueden llegar a incomodar interiormente. Durante mucho tiempo siempre que escuchaba “hasta mañana, si Dios quiere”, me salía decir: “¡claro que Dios quiere!”, y por dentro pensaba: “¡no se le va a ocurrir acabar con este mundo de un día para otro!”. Me daba la impresión de que con ese añadido, “si Dios quiere”, se daba la posibilidad de que Dios, con su mano poderosa, acabara caprichosamente con nuestras vidas, y eso no coincidía con la imagen de Dios que tenía y que tengo.

Pero la COVID-19 me ha hecho entenderlo de otra manera. Gracias a esta enfermedad, todos los planes que tenía de trabajo, de ocio, de reuniones, de celebración de Semana Santa, de encuentros de los capuchinos, de visitas a mi madre, todo el verano, TODO, absolutamente todo se ha ido al traste. Todo lo que me había proyectado en el futuro, todas las esperanzas y seguridades que había puesto en la realización de los planes en cinco o seis meses, se difuminaron y desaparecieron.

Si hubiera incluido ese “si Dios quiere” en la mirada al futuro, no es que hubiera responsabilizado a Dios de todo este desaguisado, porque no lo es, pero hubiera introducido una duda, una limitación en la realización de todos esos planes que parecían inamovibles y sobre los que estaba construyendo una cierta suficiencia, un control sobre la realidad y la vida. El “si Dios quiere” podría ayudarme a incluir en mis planes esa incertidumbre, esa debilidad y vulnerabilidad que rodea a toda realidad humana, ese saber que las cosas pueden suceder de una forma o de otra. Esta coletilla piadosa me avisaría de la falta de seguridad en lo que me propongo, que no desestabilizaría mi ser si estoy sustentado por algo más allá de todos esos sucesos. Si entendiera bien esta coletilla estaría más abierto a la realidad y menos encerrado en los proyectos personales propios.

Me estoy acordando de una parábola de Jesús. Un hombre recogió una enorme cosecha e ideó construir unos graneros más grandes y darse la buena vida durante muchos años. Dios le dijo: “¡Necio, esta noche te reclamarán la vida! Lo que has preparado, ¿para quién será?” (Lc 12, 20). La vida nos puede cambiar en un instante, y ¿para qué nos sirve todo lo que hemos planificado? Las cosas se sostienen en un hilo y no podemos darlas por seguras. Todas ellas pueden caer, pero nosotros estamos amarrados con el arnés de Dios que siempre nos sostiene.

No es otra cosa que “la levedad del ser”, pero podemos vivirla como “insoportable” que diría Milan Kundera, o como una posibilidad de encontrarnos con la sorpresa de la vida. Porque cada una de las situaciones que se culminan, cada uno de los planes que se realizan son un auténtico regalo porque podrían no haberse dado. Cada hecho, cada acto, cada realidad está flotando en la incertidumbre de su realización, y cuando acaece manifiesta la generosidad de la vida. Que salga el sol, que un pájaro cante, que hoy me despierte vivo, que haya personas que me quieran, que tenga un trozo de pan para comer, que pueda mover la mano, que pueda mirar, saborear, escuchar; cada uno de los actos que suceden podrían no hacerlo y por tanto son una maravilla, son un auténtico don. Si damos todo por seguro no nos sorprende lo que vivimos. En cambio, si somos conscientes de que las cosas pueden existir o no -dada “la levedad del ser”- nos van a parecer un milagro por el simple hecho de que sean, de que sucedan. Así que ese “si Dios quiere” no es un signo de la arbitrariedad de Dios con nosotros, sino de que todo es pero podría no serlo, de que todo flota en la posibilidad de ser. Y por tanto todo lo que existe se nos regala, y no es por merecimiento, ni por derecho, sino por la bondad desbordante de la vida.

Javi Morala, capuchino

jueves, 18 de junio de 2020

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE LA PIEDAD?

Algunos han definido a Jesús como un hombre “piadoso y liberal”. Es decir: él fue un judío piadoso con Dios y con las personas sin dejarse atrapar por la rigidez de los mecanismos religiosos. En aquella sociedad pensar en un judío ajeno a la piedad resulta difícil porque la piedad era el rostro visible de la fe en Dios.

Pero, por extraño que parezca, Jesús ha puesto el amor por encima de la piedad. Su ideal evangélico no es ser practicante piadoso de una religión, sino llegar a amar al otro con una amor de entrega total. Esto es algo que va más allá de los límites de la piedad.
  • No deja de ser sorprendente que, para Jesús, la piedad ha de ejercerse “en lo secreto” (Mt 6,6). Si la piedad se airea, si se hace para que aplaudan las personas, si tiene intenciones larvadas de poder y de honor, ha perdido todo su valor.
  • La piedad ha de ejercitarse, sobre todo en el caso de la caridad, en una especie de anonimato saludable, sin que la izquierda sepa lo que hace la derecha (Mt 6,3). La mucha publicidad desvirtúa los valores de la piedad. Alardear de ser piadoso es mostrar aquello de lo que en realidad careces.
  • Para Jesús la principal obra de piedad ha de realizarse con el cuerpo de los frágiles, de aquellos que están caídos en el camino (Lc 10,25-37). Si el cuerpo necesitado del otro no nos conmueve, si no suscita piedad en el fondo del corazón, no sirven de nada las formas de piedad que adopte nuestra religión.
  • La piedad, pues, como todos los elementos de la espiritualidad del reinado de Dios está sometida a la humanidad: sin humanidad no puede haber piedad.

Texto: Mt 2,37-39: «¡Jerusalén, Jerusalén, la que mata a los profetas y apedrea a los que son enviados a ella! ¡Cuántas veces quise juntar a tus hijos, como la gallina junta sus pollitos debajo de sus alas, y no quisiste! He aquí, vuestra casa se os deja desierta. Porque os digo que desde ahora en adelante no me veréis más hasta que digáis: Bendito el que viene en nombre del Señor».
  • Es un texto tardío pero que quizá refleja algo que es difícil que lo sintamos nosotros, que no somos judíos: la piedad por la ciudad de Dios a la que se ama entrañablemente. Ante la ciudad que se desvía del camino marcado por Dios, Jesús siente una piedad honda que se enfrenta a la “criminalidad” con que se despacha a profetas y enviados. Una ciudad para la paz que engendra violencia. ¡Cómo no sentir piedad por ella! Sentir piedad por la propia ciudad.
  • Esa piedad es la que le hace poner esa metáfora de la gallina que cobija bajo sus alas a los pollitos. Se ha rechazado el amparo de Dios porque el corazón de la ciudad se ha vuelto duro y cruel. No hay sitio en la ciudad para la piedad y la compasión. En lugar de ser una ciudad de humanos se ha convertido en un lugar de inhumanidad.
  • Por eso, la falta de piedad va a llevar a la inhumanidad y ésta a que la ciudad quede desierta, sin futuro, sin horizonte. Una vida ciudadana sin esperanza donde vivir dentro de la ciudad se ha convertido en una lucha. No se habla aquí de la piedad religiosa, sino de algo más básico: la piedad humana suficiente para vivir como personas. Una ciudad sin esa piedad es un desierto, un lugar de fieras.

Aplicación: Para tener piedad de la ciudad en la que uno vive habría que, en expresión del papa Francisco, “ver la ciudad con los ojos de Dios”. Es decir, una mirada lleva de ciudadanía, de piedad y de implicación.

En EG 73 subraya cuatro puntos que, de entrada, merecen nuestro interés para leer la realidad ciudadana desde una piedad humanizadora:
  1. Se sorprende el papa de que la revelación diga que “la plenitud de la humanidad y de la historia se realice en una ciudad” (Ap 21,2-4). Siendo, como es, el hecho bíblico, en su conjunto, una realidad rural, por razones socioculturales, en su imaginario, las ciudades ocupan un lugar significativo primordial.
  2. Dice el papa, y causa un poco de sorpresa, que es preciso mirar la ciudad “con mirada contemplativa”. Y dice qué entiende por tal: “Descubrir al Dios que habita en los hogares, en sus calles, en sus plazas”. Un Dios ciudadano, urbanita, vecino del barrio.
  3. Por otra parte, la acción de Dios cobra rostro en la promoción de los valores humanos: “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo del bien, de verdad, de justicia”. El rostro de Dios son los valores primordiales, humanos, básicos.
  4. Una certeza está siempre en el fondo: “Dios no se oculta a aquellos que lo buscan con corazón sincero, aunque lo hagan a tientas, de manera imprecisa y difusa”. El ocultamiento de Dios no conlleva la imposibilidad del encuentro con él.
Esta manera de leer el hecho ciudadano desde la piedad puede contribuir a elevar el nivel de ciudadanía y a poner carne a la piedad religiosa que uno puede llevar dentro de su vivencia de fe.

Fidel Aizpurúa

martes, 16 de junio de 2020

GRACIAS

El final del invierno y el comienzo de la primavera ha sido distinto e inimaginable para todos. Nos ha tocado vivir una situación especialmente diferente. De sobras es sabido que la pandemia nos ha puesto a prueba a todos como suele ocurrir con las situaciones nuevas e inesperadas y el Centro Social San Antonio no ha sido una excepción.
Si hay algo que ha sobresalido por encima de todo en las personas, es la capacidad de ayudarnos unos a otros y ahora que por fin vemos en las calles las flores tan esperadas de la primavera y los rayos de sol, es momento de pronunciar una de las palabras más importantes de nuestro vocabulario: GRACIAS.
Gracias, porque aunque no entendieseis muy bien la situación que nos tocaba vivir, te has quedado en tu guarida evitando el contacto con los demás tal y como nos decían las autoridades sanitarias. Pocos son los que saben que tú no podías quedarte en casa… Lo tuyo queda muy lejos de lo que es una casa. Tu hogar se quedó reducido a un trastero, chamizo, casa abandonada, o simplemente un coche y en el mejor de los casos a un albergue…
Gracias, por esperar con paciencia en la fila para recoger tu bolsa con la comida y cena de todos los días y mantener la distancia de seguridad con las personas que te precedían.
Gracias, porque desde el primer día comprendiste lo importante de esta situación y mantuviste la distancia de seguridad con las demás personas, a pesar de que has pasado muchos días sin ver ni hablar con nadie.
Gracias, por comprender que eres una persona de riesgo por tu edad o tus problemas de salud y quedarte en tu alojamiento esperando con paciencia y resignación a que llegara tu bolsa con la comida y la cena de cada día, abriendo la puerta con una miranda de aliento y agradecimiento.
Gracias, por expresar tu agradecimiento todos los días, y repetir la misma frase: “Yo hoy aplaudo por ti”.
Gracias a ti también, que te viste sorprendido en tu pequeño negocio de restauración por esta pandemia, y no dudaste ni un momento en donar los alimentos que no ibas a poder emplear para quienes más lo necesitaban.
Gracias, por todas esas llamadas de teléfono, email, donde nos preguntabais como colaborar con las personas más vulnerables que a diario acuden a nuestro centro buscando una mano amiga.
Gracias, a nuestros mayores, que fuisteis los primeros en notar esta pandemia, quedándoos en casa y entendiendo rápidamente que había que colaborar entre todos.
Gracias, a todos nuestros voluntarios que de una forma u otra nos habéis hecho llegar la fuerza y las ganas para poder estar a la altura de las circunstancias y poder luchar con dignidad estos días tan difíciles.
Gracias, a todos los que de una forma u otra construís y trabajáis por esta sociedad sumando entre todos a pesar de las adversidades. Creyendo en las personas. Y luchando porque “una mayor dignidad es menos exclusión”.

Oscar Matés, Centro social san Antonio

domingo, 14 de junio de 2020

PAN TIERNO

Érase una vez un pan tierno, crujiente, de olor agradable y aspecto apetitoso. El pan se encontró rodeado de un grupo de niños que tenían muchas ganas de comer; pero cuando el pan los vio, tuvo miedo y corrió a esconderse… Pasó el tiempo y aquel pan que no quiso dejarse comer, se puso duro, lo encontraron y lo tiraron a la basura.

En cambio, había una vez un pan tierno, crujiente, de olor agradable y aspecto apetitoso. Llegó un grupo de niños con ganas de comer. Cuando el pan sintió que lo cortaba el cuchillo, no dijo nada, aunque pensó que se moría. Pero al sentir las manos y la boca de los niños, se sintió alegre. De pronto, el pan se dio cuenta de que no había muerto: se había transformado.

Jesús es el pan vivo, el pan tierno, crujiente, que no se esconde sino que se ofrece para ser comido, para alimentar y dar alegría a todos.

Además ese pan que se entrega nos invita a nosotros a transformarnos también en pan que se entrega para alimentar y dar vida a otros. El que parte y comparte el pan de la Eucaristía, debe partir y compartir el pan de cada día. Desde el principio, ningún cristiano se acercaba a la Eucaristía sin algo que ofrecer. Ninguna necesidad les dejaba indiferentes.

Como dice el Papa Francisco, al invitarnos a vivir “la alegría del evangelio”, la Eucaristía “no es un premio para los perfectos, sino un generoso remedio y un alimento para los débiles” (nº 47). Es para los caminantes, no para los que creen que han llegado a la meta. La propia imperfección no debe constituir un obstáculo para comulgar sino un estímulo y un acto de confianza en la acción del Señor: “un pequeño paso, en medio de grandes límites humanos, puede ser más agradable a Dios que la vida exteriormente correcta de quien transcurre sus días sin enfrentar importantes dificultades. A todos debe llegar el consuelo y el estímulo del amor salvífico de Dios, que obra misteriosamente en cada persona, más allá de sus defectos y caídas” (nº 44).

Dice Jesús que el pan que él nos ofrece es su propia persona, y quien come de este pan vivirá para siempre. Buscamos un pan que no se endurezca ni se enmohezca, es decir, que nos mantenga vivos, sobre todo cuando nuestras fuerzas decaen, y que humanice nuestra relación con los demás. Según el propio Papa Francisco, “Dios vive entre los ciudadanos promoviendo la solidaridad, la fraternidad, el deseo de bien, de verdad, de justicia”.

Iñaki Otano


jueves, 11 de junio de 2020

ORACIÓN POR EL FIN DE LA PANDEMIA

Señor en este tiempo de pandemia hemos aprendido tanto, hemos cambiado y transformado nuestra forma de ser, pensar y actuar. Nos falta mucho por aprender y por crecer, pero hemos comenzado el camino.

Hemos aprendido que no podemos vivir solos, que la presencia del otro es indispensable. Que la cercanía, el contacto y el estar viviendo en comunidad son esenciales, que el desamor nos llena de soledad y tristeza.

Hemos aprendido, que los enfermos cuentan, que la corrupción mata, que la falta de equidad es una enfermedad gravísima y que la educación es necesaria.

Hemos aprendido que no necesitamos mucho para estar bien, para ser felices, para llegar a encontrarte a ti. Pues gracias al encuentro con nosotros mismos en el silencio del hogar y al calor de la presencia familiar, hemos aprendido a ver tu amor providente que nos auxilia.

Señor ya comprendimos lo necesario que es ser humanos sin olvidarnos del cielo. Lo urgente de valorar y respetar el amor, y la apremiante necesidad de recuperar esos espacios de encuentro con los demás, encuentros que antes dábamos por innecesarios y banales.

Esta prueba nos ha llevado a descubrir nuevas formas de amarte, verte, sentirte y descubrirte en nuestras vidas. Hemos podido adquirir una conciencia más clara de tu amor hacia nosotros, hemos logrado aprender a amar a los demás, amar al otro sin juzgar, sin temor…

Esta experiencia Señor, nos ha hecho olvidar tanto orgullo y vanidad que solo construye muros en vez de puentes, tanto prejuicio que aísla nuestra existencia y la priva de toda capacidad de amar.

Señor, ya hemos aprendido, por favor líbranos ya de esta prueba, permítenos volver a abrazarnos sin temor. Regálanos nuevamente la oportunidad de disfrutar las caricias, la presencia, la palabra cercana y real, el contacto sano y vital de la amistad.

Queremos disfrutar nuevamente de la naturaleza, del mundo, de la realidad. Dejar las paredes de casa para salir a demostrar que esto nos ha vuelto más humanos y menos orgullosos, hemos recordado que somos frágiles.

Líbranos de esta pandemia Señor, pero también de la pandemia de la inequidad, del desamor, de los odios, guerras, injusticias, y demás lastres que acaban con la humanidad, líbranos Señor de no haber aprendido nada. De salir y volver a cometer los mismos errores.

Que las sonrisas vuelvan pronto Señor, no permitas que tengamos que aprender a vivir con sonrisas ocultas tras un tapabocas. Por favor regrésanos ese don tan hermoso de sonreír y comunicar tu paz, que con las sonrisas vuelven también los saludos sinceros, los abrazos confidentes, las miradas dadoras de dignidad. Devuélvenos aquella gratificante sensación de comunidad.

Señor, hemos aprendido tanto sobre lo que en realidad es importante. Sobre lo que nos hace humanos y sobre todo lo que debemos cambiar, evitar y erradicar. Ayúdanos a no olvidar y que esas corrientes de la normalidad no nos arrastren hacia los ríos de aguas turbulentas de las que hemos salido.

Llévanos Señor a tu barca, aquella en la que tu voz apacigua la tormenta y nos regala la paz. Señor líbranos ya de esta prueba y regálanos tu paz… Amén.

Mauricio Montoya

martes, 9 de junio de 2020

CONSTRUIR EL FUTURO

Estamos pasando por un momento complicado a nivel mundial con la presencia de este Covid-19 entre nosotros. Hace pocos meses ninguno podíamos barruntar o prever la gravedad de esta situación. Aun teniendo un buen sistema sanitario, como es el nuestro, hemos comprobado que ha sido insuficiente y que el dolor se ha hecho presente entre nosotros de manera seria. Muchas personas han muerto. No les hemos podido acompañar como hubiéramos deseado, etc.

Durante todo este tiempo de pandemia se está hablado mucho del futuro que nos espera. Se nos ha advertido que va a haber muchos cambios en la sociedad, que vamos a comenzar un nuevo tiempo, que las cosas no van a ser como antes, etc. A mí no me gusta ser adivino y predecir lo que nos va a suceder. Es verdad que prever lo que nos puede suceder, por un lado nos ayuda a comportarnos de una determinada manera ante las circunstancias, buscando nuestra seguridad. Por otro lado, la vida, que es continuo cambio e incertidumbre, tiene su propia dinámica. Esta muchas veces desborda todas nuestras previsiones. Si algo experimentamos continuamente es que el futuro es incierto, aunque muchos de nuestros esfuerzos vayan encaminados a construir una seguridad desde la que vivir. Lo único que sabemos es que todo cambia.

Yo no sé si podemos hablar mucho de cómo va a ser nuestro mundo después del virus. Pero sí que podemos hablar de cómo queremos que sea. También nos han dicho que en este tiempo de confinamiento en nuestras casas vamos a aprender mucho, que vamos a salir fortalecidos a nivel personal y como sociedad. Está claro que todos podemos ser constructores de nuestro futuro y no simplemente personas que nos vamos adaptando a lo que nos sucede.

En este deseo de construcción y de acertar en ella, he recurrido al mundo sapiencial que refleja la Biblia deteniéndome en un aspecto concreto: los sabios, que son quienes ponen por escrito la sabiduría de la vida recogida desde la propia experiencia, nos dicen que el cambio de nuestras actitudes económicas nos puede ayudar a mejorar. En este mundo nuestro en el que estamos obsesionados con el tener y cada vez más, concretamente el Eclesiástico o Jesús Ben Sira (Eclo 29,21-23) nos anima a vivir desde la parquedad. Nos aconseja que seamos capaces de conformarnos con lo que tenemos, una vez cubiertas las necesidades básicas. Nos recomienda que busquemos lo esencial.

Ante estos consejos he recordado un frase de José Mújica, expresidente de Uruguay, que desde su experiencia también nos dice: “aprendí que si no puedes ser feliz con pocas cosas no vas a ser feliz con muchas cosas”.

Benjamín Echeverría, capuchino

domingo, 7 de junio de 2020

UN DIOS INSÓLITO

La biblista Dolores Aleixandre decía a los argentinos que “no debió ser fácil para los discípulos acostumbrarse a las imágenes sorprendentes que empleaba Jesús en sus parábolas para hablar de su Padre. Él mostraba un Dios desprovisto de los atributos propios de la divinidad (inmutabilidad, equidistancia, impasibilidad…) y dominado en cambio por emociones propias de los humanos. […]

Eran imágenes a las que sus discípulos no estaban acostumbrados y por eso el Maestro necesitó mucho tiempo y mucha paciente insistencia para desalojar las viejas ideas que poblaban su imaginación. Tenían que consentir a que Dios estuviera más allá de lo que pensaban sobre él, se abriera paso en sus corazones y les revelara quiénes eran para él: son una tierra sembrada de semillas destinadas a dar fruto (Mc 4, 3-9) y existen en ustedes brotes de vida que la mirada del Padre descubre (Mc 13, 28-29). Lo que él ha sembrado en su tierra posee tal dinamismo de crecimiento, que germina y crece más allá del control de ustedes (Mc 4, 26-29). No anden preocupados por la mezcla de cizaña que hay en su vida, lo que a su Padre le importa es todo lo bueno que ha sembrado en su corazón (Mc 13, 24-30).

Es verdad que son pequeños e insignificantes como un granito de mostaza, pero esa pequeñez esconde una fuerza capaz de transformarse en un gran árbol en el que vengan a posarse los pájaros (Mc 4, 30-32). Quizá lleguen a la sala del banquete andrajosos y polvorientos, pero son comensales invitados y deseados, y el Rey que los ha invitado los espera con la mesa puesta (Mt 22, 1-14). Alégrense de poseer talentos y recursos a invertir (Mt 25, 14-30); están a tiempo de hacerse amigos de los que van a abrirles las eternas moradas (Lc 16,9), porque tienen entre las manos aquello en lo que se lo juegan todo: pan, agua, techo, vestido compartidos con los que carecen de ello (Mt 25, 32-46). Lo propio de ustedes es perderse (Lc 15,3), alejarse (Lc 15, 11-32), dormirse (Mt 25, 1-13), endurecer su corazón (Mt 18, 23-35), endeudarse (Lc 7, 41-43)…, pero Alguien cree en su capacidad de dejarse encontrar y volver a casa, estar en vela, ser misericordiosos, convertir en amor sus deudas. Y si los desea, persigue, busca y espera tanto, es porque son valiosos a sus ojos”.

El texto del evangelio nos sitúa en el encuentro de Nicodemo con Jesús. Seguro que aquel encuentro fue fructificando a lo largo de la vida de Nicodemo. En las horas bajas, en que se creía minusvalorado o ignorado, recordaba la insistencia de Jesús en que Dios no lo envió para condenar a nadie sino para salvar a todos. Esa era su gran esperanza y sabía que, aun cuando pasase por malos momentos, podía confiar en quien le acogió y le invitó a soñar en una vida eterna.

Iñaki Otano