jueves, 15 de noviembre de 2018

OTOÑO

Caen las hojas y parece que llegaran de lejos,
como si en el cielo se fueran marchitando jardines
muy lejanos;
caen y dicen con sus gestos: no.

Y en la noche cae, pesada, la tierra,
desde todos los astros en la soledad.

Caemos todos. Esa mano cae.
y mira las otras: pasa en todas lo mismo.

y hay Alguien sin embargo que sostiene la caída
con dulzura infinita entre sus manos.

Rainer María Rilke

martes, 13 de noviembre de 2018

UN FILÓN DE MINERAL BRILLANTE

Desde la ventana de nuestra casa me gusta mirar a la gente de la calle. Veo gente humilde que trabaja duramente para sacar a sus familias adelante. Hay pobres que rebuscan en la sobras del mercado de fruta y verdura. Hay personas de mirada transparente que encierran una perla escondida en su corazón. Quiero ver a hombres y mujeres que trabajan para que en el mundo haya más justicia. Hay otros con gesto de sufrimiento. Observo a jóvenes tristes que esperan el autobús envueltos en sus auriculares. También hay madres que cuidan a sus criaturas con ternura y misericordia.

Pero parece que todos ellos, todos nosotros, estamos llamados a la frustración. Un sentimiento de fracaso puede instalarse en nuestro interior porque los parámetros de nuestra vida no coinciden con la belleza, el éxito, la juventud, el erotismo o la riqueza que se han instalado en nuestra cultura como caminos hacia la felicidad.

Algo así también debió encontrarse Jesús de Nazaret y desde aquel montículo cercano al lago de Galilea, miraba a la gente sencilla y también veía pobres, humildes, limpios de corazón, tristes y misericordiosos, trabajadores por la paz y buscadores de justicia. Pero con un viraje de ciento ochenta grados superaba la percepción de fracaso que les invadía y les ofrecía una nueva mirada para sus vidas. No estaban condenados a la frustración sino que les mostraba, en medio de la roca gris, una veta de felicidad que todavía no habían encontrado. Y así les gritaba: “felices los pobres, los tristes, los humildes; felices los misericordiosos, los de limpios corazón o los que trabajan por la paz; y también felices los perseguidos o los que reciben calumnias”.

Y es que ese filón de mineral brillante que esconde la montaña, muchas veces oscura y siniestra de la vida cotidiana, la forman unos componentes un tanto peculiares: mucha humanidad, el consuelo personal del mismo Dios, la herencia de la Tierra, una vida plenificada, misericordia a raudales, una dignidad incuestionable, la contemplación del creador, una confianza básica en la vida y en el futuro de ésta… Todo ello también es susceptible de formar parte de nuestra vida, pero puede estar enterrado debajo del sufrimiento o la tristeza, ocultado por nuestra sencillez, pobreza o los problemas que nos superan. Excavemos para encontrar esa otra veta de felicidad, ese mineral de vida escondido que no nos resuelve ni cambia la vida, pero que nos ayuda a ver la existencia en sus infinitos matices, con toda su riqueza y esperanza.
Javi  Morala, capuchino

jueves, 8 de noviembre de 2018

CARTA DEL SÍNODO DE LOS JOVENES

Octubre ha sido el mes del Sínodo de los jóvenes, donde el Papa y los obispos han escuchado a los jóvenes y en ellos el querer de Dios. Os dejamos la Carta que han escrito los padres sinodales a los jóvenes del mundo.

Nos dirigimos a vosotros, jóvenes del mundo, nosotros como padres sinodales, con una palabra de esperanza, de confianza, de consuelo. En estos días hemos estado reunidos para escuchar la voz de Jesús, “el Cristo eternamente joven” y reconocer en Él vuestras muchas voces, vuestros gritos de alegría, los lamentos, los silencios.

Conocemos vuestras búsquedas interiores, vuestras alegrías y esperanzas, los dolores y las angustias que os inquietan. Deseamos que ahora podáis escuchar una palabra nuestra: queremos ayudaros en vuestras alegrías para que vuestras esperanzas se transformen en ideales. Estamos seguro que estáis dispuestos a entregaros con vuestras ganas de vivir para que vuestros sueños se hagan realidad en vuestra existencia y en la historia humana.

Que nuestras debilidades no os desanimen, que la fragilidad y los pecados no sean la causa de perder vuestra confianza. La Iglesia es vuestra madre, no os abandona y está dispuesta a acompañaros por caminos nuevos, por las alturas donde el viento del Espíritu sopla con más fuerza, haciendo desaparecer las nieblas de la indiferencia, de la superficialidad, del desánimo.

Cuando el mundo, que Dios ha amado tanto hasta darle a su Hijo Jesús, se fija en las cosas, en el éxito inmediato, en el placer y aplasta a los más débiles, vosotros debéis ayudarle a levantar la mirada hacia el amor, la belleza, la verdad, la justicia.

Durante un mes hemos caminado juntamente con algunos de vosotros y con muchos otros unidos por la oración y el afecto. Deseamos continuar ahora el camino en cada lugar de la tierra donde el Señor Jesús nos envía como discípulos misioneros.

La Iglesia y el mundo tienen necesidad urgente de vuestro entusiasmo. Hacéos compañeros de camino de los más débiles, de los pobres, de los heridos por la vida.

Sois el presente, sed el futuro más luminoso.

martes, 6 de noviembre de 2018

NOVIEMBRE: MES DEL RECUERDO

El mes de noviembre nos trae a cada uno de nosotros el recuerdo de nuestros seres queridos difuntos. Comenzamos el mes recordando a Todos los Santos. Al día siguiente la Iglesia nos invita a conmemorar a todos los fieles difuntos. En los primeros días del mes se visita el cementerio para rezar por los seres queridos que nos han dejado.

Me parecen interesantes las palabras y la enseñanza del Papa emérito, Benedicto XVI, quien en una de sus audiencias decía que es como ir a visitarlos para expresarles, una vez más, nuestro afecto, para sentirlos todavía cercanos… El ser humano desde siempre se ha preocupado de sus muertos y ha tratado de darles una especie de segunda vida a través de la atención, el cuidado y el afecto. En cierto sentido, se quiere conservar su experiencia de vida; y, de modo paradójico, precisamente desde las tumbas, ante las cuales se agolpan los recuerdos, descubrimos cómo vivieron, qué amaron, qué temieron, qué esperaron y qué detestaron. Las tumbas son casi un espejo de su mundo…El camino de la muerte, en realidad, es una senda de esperanza; y recorrer nuestros cementerios, así como leer las inscripciones sobre las tumbas, es realizar un camino marcado por la esperanza de eternidad.

La solemnidad de Todos los Santos y la Conmemoración de todos los fieles difuntos nos dicen que solamente quien puede reconocer una gran esperanza en la muerte, puede también vivir una vida a partir de la esperanza. El hombre necesita eternidad, y para él cualquier otra esperanza es demasiado breve, es demasiado limitada. Las personas creyentes sentimos que nuestra vida está unida a Dios, a un Dios que salió de su aislamiento y lejanía y se hizo cercano, entró en nuestra vida y nos dice: «Yo soy la resurrección y la vida: el que cree en mí, aunque haya muerto, vivirá; y el que está vivo y cree en mí no morirá para siempre» (Jn 11, 25-26).

Sentimos que el amor requiere y pide eternidad, y no se puede aceptar que la muerte lo destruya en un momento. Por eso los cristianos en medio de la muerte seguimos hablando de vida, de vida eterna, de vida plena.

Al ir a los cementerios y rezar con afecto y amor por nuestros difuntos, se nos invita, una vez más, a renovar con valentía y con fuerza nuestra fe en la vida eterna, más aún, a vivir con esta gran esperanza y testimoniarla al mundo. Y precisamente la fe en la vida eterna da al cristiano la valentía de amar aún más intensamente nuestra tierra y de trabajar por construirle un futuro, por darle una esperanza verdadera y firme.

Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 30 de octubre de 2018

L@S HERMAN@S MAYORES

Los hermanos, las hermanas mayores nos van enseñando los secretos de la vida. No son maestros porque han estudiado más que nosotros, o porque han tenido más tiempo para aprender. Son aquellos hermanos y hermanas que les ha tocado, por lo que sea, buscar y discernir más, combinando saber y experiencia. Se nota en ellos una vida personal, fidelidad a sí mismos, libertad que no depende de ser aprobados o rechazados, autenticidad, humildad, búsqueda...

Estas personas nos ayudan a vivir desde más adentro y mirando la realidad nuestra y del entorno desde más allá. Notamos que son nuestros hermanos/as mayores en que algo de nosotros por dentro conecta con ellos, aunque no sepamos poner en palabras. Como si al verlos y escucharlos algo en nuestro interior despertara, se clarificara, vibrara al unísono. Percibimos una verdad de vida que nos da más vida, sentido, luz, ánimo... Es como si fueran por delante en la aventura de la vida.

Seguramente ellos/ellas no se den cuenta de todo esto porque ya tienen bastante con vivir atentos y vigilantes a lo que la vida les está deparando. Y si se les dice algo de lo anterior, hasta se extrañarían de lo que se dice de ellos. Tener un hermano, una hermana mayor es una gran suerte porque no nos sentimos huérfanos en nuestro caminar.

Y lo que es una bendición es tener un hermano, una hermana mayor en la fe. Percibir en ellos, con sus luces y sombras, que su vida, su fe no es fruto de su esfuerzo, sino que lo viven como regalo; tienen conciencia de pecadores, pero no quedan anulados por ello; la tienen enraizada en la vida y la alimentan desde dentro; su alimento es el amor discreto, personal, trabajado, sufrido y gozado. Son un don de Dios.

Carta de Asís, octubre 2018

martes, 23 de octubre de 2018

SOPORTAR AL HERMANO FRÁGIL

El mes de octubre nos acerca un año más a San Francisco de Asís pues celebramos su fiesta. Recordamos su vida, su espiritualidad, esa manera de entender la vida y el mundo que trata de animarnos a muchos de nosotros en nuestra manera de afrontar nuestra vida como personas creyentes.

En este tiempo ha venido a mi memoria uno de sus avisos espirituales, una de sus Admoniciones, que habla de la compasión del prójimo. Decía San Francisco: “Dichoso el hombre que soporta a su prójimo según su fragilidad en aquello que querría ser soportado por él, si estuviese en un caso semejante”. (Adm 18)

Vivimos tiempos complicados y de un gran desconcierto. Hay realidades que nos superan, vidas desgarradas, tensiones sociales que parecen no tener solución. Ante las necesidades de tantas personas tenemos el peligro de replegarnos, cerrarnos en nosotros mismos, intentar olvidarnos de los demás. Poco a poco se va generando una sensación de miedo. A nivel político y social se nos alerta de que el modo que tiene nuestra sociedad para afrontar tal desconcierto es a través de los populismos de tintes autoritarios, de políticas que tienden al proteccionismo económico y de remarcar las diferencias sobre los otros. La insistencia en la seguridad en nuestra tierra últimamente se ha convertido en una de las prioridades y preocupaciones para la mayoría de las personas.

San Francisco, en esta frase que os cito, vuelve de manera sencilla a lo que es el mensaje de Jesús expresado en el Evangelio: el amor mutuo y la ayuda que deben brindarse no solo a los cristianos, sino a todas las personas. Él habla de “soportar” y “ser soportado”. Francisco no da a esta palabra, a “soportar”, ninguna connotación negativa. Él nos habla de la gratuidad que ha de haber en las relaciones con las personas, del apoyo y sostenimiento de las mismas. Pues, si estuviéramos nosotros mismos en una situación semejante, también nos gustaría experimentar el apoyo y la ayuda por parte de los demás.

Este consejo de Francisco podemos decir que es de “sentido común”, pero también sabemos que este sentido suele fallar... Si queremos crecer en humanidad, en fraternidad, nuestro horizonte debe estar marcado por la construcción de una sociedad en la que tengamos presente la situación de los que están más abajo y peor lo pasan. Francisco de Asís nos invita a hacernos la siguiente pregunta: ¿Qué es bueno para nuestra vida? Y, estoy convencido de que es bueno para mí aquello que también contribuye a mejorar la vida de la mayoría de las personas.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 18 de octubre de 2018

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… correr el riesgo de que nos critiquen y nos persigan. Así pasó con Jesús y siglos después con San Francisco, quienes fueron juzgados, rechazados y no estuvieron exentos de la burla y el maltrato. Porque la persecución es parte del anuncio del Evangelio.

No ha existido ningún santo al cual las cosas le hayan salido perfectas, como en un guión de película. El heroísmo en Cristo, no se entiende como los son los héroes del mundo, que son atractivos, grandes y poderosos, sino desde el heroísmo de la cruz y nadie de nosotros es más que el maestro (Cf. Lc 6, 40).

Como personas, no podemos negar que se nos antoja ser los mejores en todo y que los que nos rodean sean como nuestro particular club de fans. Pero no. Observar el Evangelio, es la primera prerrogativa del alma franciscana, y es por tanto optar por el camino estrecho.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, tomarse la fe en serio, muy en serio, aunque esto conlleve la burla, la crítica y las persecuciones… pero no desde el pesimismo y la tristeza, sino desde la alegría, la esperanza y la paz.

espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 16 de octubre de 2018

NOSTALGIA DE FRANCISCO

Hoy tengo nostalgia de Francisco.

Miro la Iglesia, tan llena de cosas esperanzadoras y, a la vez, tan desbordada de corrupción, de enfrentamientos fraternos, de trincheras… y añoro a Francisco.

Aquel hombre pequeño amó profundamente a la Iglesia y, aún en su rebeldía, fue fiel y nunca pronunció una palabra de reproche, aunque el celo lo consumiera por dentro.

Cada vez más a menudo me asalta la desesperanza. El silencio de Dios, su aparente ausencia de este mundo y, tantas veces, de su Iglesia me hacen ver todo oscuro. Y es entonces cuando Francisco enciende mi esperanza.

Francisco de Asís es, más allá de todo, el hombre que evidencia que es posible seguir a Cristo, pobre y crucificado. El hombre que nos muestra que se puede vivir sin tener y ser feliz. Que se puede renovar la Iglesia, que se puede reconstruir la Iglesia, sin necesidad de atrincherarse en tradiciones, ideologías, dogmas o ritos.

Francisco vivió el Evangelio, sin glosa, sin interpretarlo, al pie de la letra y con eso, simplemente, cambió la sociedad de su tiempo y la Iglesia que amenazaba ruina.

Cuando miro al mundo y la Iglesia de hoy, insisto, con sus grandes luces y sombras, tengo nostalgia de Francisco… o de uno que, como él, nos muestre el Camino, pobre, descalzo y junto a los marginados.
Gabriel López Santamaría

jueves, 11 de octubre de 2018

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… encontrar inspiración en el hermano Francisco de Asís, para que como él, podamos responder al llamado cotidiano de vivir una relación profunda y radical con el Sumo Dios Vivo y Verdadero.

La oración debe ser nuestro alimento cotidiano. Y así junto a los hermanos frailes, clarisas y seglares, también podamos asumir rutinas piadosas y vida litúrgica para que se conviertan en hábitos y que nos vayan fortaleciendo en nuestra voluntad, haciéndonos cristianos cada vez más disciplinados y ordenados. Sin que nadie nos lo pida, porque no hay mayor libertad que la disciplina auto impuesta. Así, como con los atletas de algún deporte que se ejercitan, porque el Reino de los Cielos no es cosa de flojos. Y verdaderamente el premio del Cielo es más grande que cualquier premio o trofeo del mundo.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, construir una relación de intimidad con Jesucristo. Romper la falsa barrera que nos hace pensar que Dios es pasivo, lejano y frío, sino dar el salto de fe que nos lleve a una experiencia de comunión con Él. La fidelidad en el amor con Dios es un aspecto fundamental de la espiritualidad franciscana. Es con nuestra vida, con todo lo bueno que tenemos y somos, aún y con todas nuestras fragilidades, igual con todos nuestros actos y trabajos, es como los franciscanos y franciscanas mostramos nuestra filiación de amor con Dios, uno y trino.

espirituyvidaofm.wordpress.com

martes, 9 de octubre de 2018

UNA DE BLABLACAR

Últimamente estoy utilizando para viajar empresas como Amovens o BlaBlaCar que facilitan compartir gastos y encontrar alternativas a las posibilidades que ofrece el transporte público. La última vez viajé con una chica encantadora: dispuesta a favorecer el viaje, cercana en el trato, con una conversación muy interesante sobre nutrición y otros temas, cuestionándose muchas de nuestras formas de vida. Se mostró como una persona inquieta, que reflexiona y que no se conforma con lo que la sociedad nos propone.

Me sorprendió la riqueza interior de esta chica porque no era una persona elegida, sino que era la que me había tocado por casualidad. Lo que me confirmaba algo que me había dicho muchas veces a mí mismo: que en toda persona se esconde una riqueza inmensa. Podamos captarlo o no, todo ser humano tiene una perla interior, una valía incalculable.

¿Y qué tienen este tipo de espacios que hacen que aparezca lo mejor de la persona y no esa otra parte más oscura que también todos tenemos? Creo que es la actitud de disponibilidad, de flexibilidad, de acogida a la otra persona: es una especie de predisposición a la cercanía, a la amabilidad, a la generosidad.

Sin querer coger esta situación por los pelos, creo que esta predisposición de generosidad genera Reino de Dios, y a la inversa: el Reino de Dios provoca estas actitudes de cercanía y bondad. Creo que el Reino suscita el cariño, el amor. Es que, este mundo es mucho más hermoso cuando se generan espacios, aunque sean mínimos, de cuidado mutuo, de preocupación por el otro, de amparo, de fraternidad. Por eso, aunque la chica de BlaBlaCar no lo supiera, estaba consiguiendo que, nada más y nada menos, el mismo Reino de Dios se hiciera presente en ese viaje. ¡Muchas gracias maja!

Javi Morala, capuchino

jueves, 4 de octubre de 2018

DÍA DE SAN FRANCISCO

Francisco supo descubrir el lado oculto de las cosas, supo escuchar la música sencilla que el ruido no deja oír, supo sentir los latidos del corazón del mundo que están debajo de la piel, en el fondo de las cosas. Supo dar la vuelta a las cosas, mirarlas con otros ojos, amarlas sin necesidad de poseerlas.

Él solía decir que no haríamos nada con cantar las glorias de los santos si nosotros, de alguna manera, no los imitábamos. Por eso, la fiesta de san Francisco nos ha de llevar a dar la vuelta a las cosas, a leerlas con otros ojos, a descubrir con compasión emocionada el valor de la persona que camina conmigo.

¡Feliz día!

martes, 2 de octubre de 2018

DALE LA VUELTA

En la película Francesco de Michele Soavi hay una escena simpática que se repite varias veces: Francisco y Clara, de niños, juegan en un prado de Asís. Y, de repente, el niño Francisco se pone boca abajo y le dice a la niña su gran descubrimiento: “Es el cielo el que aguanta la tierra”.

Es que Francisco fue uno que dio la vuelta a las cosas, que las miró con otros ojos, desde otra perspectiva. No se puso en el lugar en el que nos ponemos todos y desde donde valoramos y juzgamos todos. Él encontró otro lugar, otra manera de mirar a las personas y a la creación. Y eso le llevó a un descubrimiento genial: encontró que toda la realidad era hermana. Y desde esa “vuelta” construyó toda su vida. Y, aunque tuvo momentos malos, el conjunto fue fenomenal, disfrutante, humano, deslumbrante.

Quizá sea necesaria una cierta dosis de ingenuidad, un valor que se valora poco, pero que puede dar muy buenos resultados. Ser ingenuo no es ser tonto. Es tener controlada la malicia, no ir siempre con el colmillo retorcido ni creer que el otro siempre me va a dar una puñalada. Es no descreer de la bondad del corazón del otro. Se trata de mantener una cierta inocencia, una capacidad de admiración que guarda un ¡oh! en la recámara para sacarlo en los mejores momentos.

Resulta sorprendente que algunos físicos cuánticos hablen de que, para entender los intrincados postulados de tal física, hay que seguir manteniendo vivo el niño que llevamos dentro. Quizá eso sea lo que les hace pensar e imaginar el cosmos desde una perspectiva tan diversa a la de la física convencional. Ese dar la vuelta a la desconfianza recibida es la que les abre a mundos que nos maravillan.

No creamos que estemos descubriendo la pólvora. Hace ya muchos años, el viejo san Pablo decía a sus amigos de Roma: “Dejaos renovar por la transformación de la mente”. Una mente transformada es una mente que sabe dar vuelta a las cosas, que se asoma a ventanas nuevas desde las que se ven paisajes distintos.

Por eso mismo, no temas cambiar, porque cambiar es síntoma de vida, siempre que permanezca lo esencial, lo único: el amor. No temas a las novedades, siempre que lo nuevo sea un espolear el corazón para abrirse a los huertos cerrados del corazón del otro. No te conformes con lo que se te da, trabájalo por tu cuenta para descubrir esa senda de vida que te aproxima a la dicha.

Hace unos años en el palacio de los deportes de Madrid el cantante Álvaro Fraile cantaba aquella canción “Dale la vuelta al orden, dale la vuelta”, porque, decía, siempre está junto al poderoso el débil y el pobre que reclaman justicia. Puede parecer excesivo, pero es cuestión de ir haciéndolo, poco a poco.

Por eso, además de “Dale vuelta”, habría que decir “Date la vuelta” a ti mismo, a tu manera de pensar, de entender la vida, de entender la fe, de mirar el mundo. Míralo todo con esos ojos de dentro que descubren mundos nuevos en los pequeños y cansinos caminos de cada día.
Fidel Aizpurúa

miércoles, 26 de septiembre de 2018

EL DESPRENDIMIENTO

Es curioso el sentido de propiedad que vivimos en nuestra cultura occidental. Casi todo tiene algún propietario: tierras, cosas, inventos, ideas... Más incluso: se llega hasta la apropiación de la persona. Hemos convertido el mundo en propiedad de alguien. Este modo de pensar y vivir convierte todo en objeto de compraventa.

En el camino hemos perdido ciertas maneras de ver y de vivir importantes para una vida auténticamente humana: las cosas comunes, la comunicación de bienes y servicios, la comunión de vida... El afán de apropiación nos deshumaniza, nos vuelve competidores, compradores y vendedores de todo, mercantilizando hasta lo más sagrado. Y nuestra vida se resiente en lo más profundo porque cosificamos y destruimos lo que nunca ha sido de nadie: la vida y todo lo que hay en ella.

Ante esto van apareciendo voces que nos invitan a la desapropiación, a mirar y dejarnos mirar más desde la gratuidad, a acoger todo como don. Lo más maravilloso de lo que somos y vivimos no es logro sino regalo, comenzando por las condiciones básicas para la vida: el aire, la naturaleza, este planeta... Pero los mejores regalos de la vida son las personas, gracias a las cuales somos. En este sentido, estamos asistiendo a una recuperación de la sensibilidad por una vida no basada en la propiedad sino en la solidaridad. Ahí están los movimientos por el decrecimiento, la vida sencilla y austera para vivir mejor (“con menos vives más”), etc. No se propone una vida angelical, comer sin trabajar, dar sin recibir, etc.; no. Es comenzar a vivir poniendo freno al afán de apropiación tan inserto en nuestra cultura occidental. Es dar cabida a otros modos más humanos y proporcionales a la realidad de este planeta y de esta humanidad.

El Evangelio es la mayor proclamación de la gratuidad de la vida. Vivir requiere esfuerzo pero no se convierte en propiedad privada. El que más ha dado gratis, el más desapropiado es Dios mismo que se nos ha dado todo él en Jesús. Y el que más nos hace vivir es Dios mismo que “hace salir el sol sobre buenos y malos...”.

Carta de Asís, septiembre 2018

miércoles, 19 de septiembre de 2018

SER TODISTA

A menudo nos encontramos con nuevas palabras que incorporamos a nuestro lenguaje. Eso es lo que me ha pasado a mí con la palabra “todista”. He tenido que mirar en distintos lugares para ver qué es lo que significa, pues no aparece en el diccionario. Os ofrezco mi “descubrimiento” a modo de reflexión.

Parece ser que se utiliza esta palabra con cierto matiz negativo refiriéndose a las empresas o profesionales que quieren abarcar muchas áreas y no están especializados en nada. Por otro lado, de manera coloquial, se aplica a la persona que lo quiere todo. Me centro en esta segunda acepción.

El mundo de la publicidad y del consumo se encargan de recordarnos que no tenemos por qué renunciar a nada, que podemos tenerlo todo, que tenemos que tenerlo todo, que no podemos no tenerlo todo. Así ese “Todo”, se convierte en una forma de ser. Por eso se nos anima a ser “Todista”. Es el signo de los tiempos. Se nos quiere hacer creer que un todista lo puede tener todo, libertad y seguridad, lo real y lo posible, lo limitado y lo ilimitado.

Sin embargo, las contradicciones forman parte de nuestra vida. Nos encontramos con personas que parece que lo tienen todo, jóvenes y mayores, pero sienten que su vida no es del todo completa. Escuchamos también las quejas de los padres y madres hacia sus hijos, resumidas en una frase: “Pero si se lo he dado todo…” Las generaciones mayores, que han vivido toda clase de privaciones y necesidades, al mirar a las jóvenes sienten que éstas han tenido de todo. Sin embargo, hay personas a las que parece que siempre les falta algo porque todo les parece poco.

No es fácil salir de esa espiral del tenerlo y quererlo todo. Como decía Eric From: “el hombre puede ser un esclavo sin cadenas”. De hecho, ese afán de poseerlo todo nos muestra que interiormente estamos atados a un montón de caprichos y de falsas ilusiones. Creemos que vivimos en la sociedad más libre, con más posibilidades que nunca, etc. y sin embargo nos cuesta cada día más pararnos un poco a reflexionar y a replantearnos nuestra forma de vida.

Nuestra gran equivocación es creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, de salud, de suerte, de seguridad… Todo esto es importante. Pero nos equivocamos si luchamos por tenerlo todo. Todo menos Dios.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 13 de septiembre de 2018

CAMPAMENTO JUFRACHEF

Como viene siendo habitual, cada mes de agosto, tuvo lugar el campamento de las Juventudes Franciscanas de Totana. El lugar, como no podía ser de otra manera, fue el Aula de Naturaleza de las Alquerías, situado en el Parque Regional de Sierra Espuña.

Se desarrollaron dos tandas de campamentos: el de pequeños, con niños desde los 8 a 12 años, se llevó a cabo del día 6 al 9 de Agosto; mientras que el de los grandes, preparado para adolescentes de entre 14 y 17 años, fue del 10 al 16 de Agosto. En ambos campamentos, la temática fue “Jufrachef”, por lo que las diversas actividades estuvieron enfocadas al mundo culinario.

Los pequeños, que fueron los primeros en llegar, participaron en juegos y gymkanas, como un pasapalabra culinario, y elaboraron el regalo del amigo invisible, un tarro de sal con colores y un marco de fotos, en talleres. También se realizó una marcha para que los pequeños conocieran el entorno, y hubo tiempo para la reflexión en las dinámicas (las cuales realizaban separados en grupos) y en la oración de la tarde y la mañana. Los propios acampados también se encargaban de mantener limpio el recinto, ya que realizaban diariamente las tareas por grupos: limpieza de la comida, cena, duchas y aseos, y recogida de basura.

Como no podía ser de otra manera, en Jufrachef, los acampados también se adentraron en el mundo de la cocina y realizaron un delicioso postre por grupo, que posteriormente presentarían ante un jurado en una gala en la que se entregarían los galardones “Estrella Michelin”.

Por último, los acampados realizaron en grupo una evaluación del campamento, se realizaron la limpieza de cabañas y la despedida del campamento, con la entrega del regalo del amigo invisible, y pusieron fin al primero de los campamentos.

El día 12 les llegaba el turno a los “mayores”, que, al igual que los pequeños, realizaron diversas actividades. La gran novedad fue la excursión realizada a la Granja Escuela del Collado, en Mazarrón. Allí, los acampados cocinaron un trozo de pan personalizado, con la forma que ellos quisieron, y también se bañaron en la piscina del complejo. También, como novedad, el taller consistió en realizar una camiseta con un dibujo personalizado, el cual realizaban con virutas de plastidercor, para su amigo invisible.

El último día del campamento, marcado por la gran tormenta que precipitó sobre las Alquerías, puso fin a 11 días de diversión y buen ambiente entre monitores, premonitores, cocineras y acampados de ambas tandas. Sin duda, pusimos ese sabor a la vida tan necesario, que nos acompañará durante todo el año en nuestra rutina, y que mantendremos los sábados reunidos en JUFRA.
Alberto Heredia, Jufra de Totana 

martes, 11 de septiembre de 2018

EL CAMINO DE SANTIAGO POR LA COSTA

Una de las cosas que aprendí en el Camino de Santiago es que es, en los momentos más complicados en los que la gente une sus fuerzas para superar un obstáculo.

Fue ahí cuando nos encontramos dieciocho personas, algunos completos desconocidos, otros, en cambio, amigos de la infancia, de diferentes edades, con distintas inquietudes y de diversos puntos de la geografía española con un mismo reto: superar los próximos 300 kilómetros y llegar a la Catedral de Santiago de Compostela.

Llegamos un miércoles por la tarde a un pequeño albergue después de casi un día entero viajando. Ya que desconocíamos cual iba a ser la dinámica de las próximas dos semanas, el tiempo que nos quedaba hasta la cena lo empleamos para organizarnos e intercambiar las primeras palabras con quienes iban a ser nuestros compañeros peregrinos.

Durante los siguientes doce días nos levantamos más pronto que tarde -entre las cinco y media y las seis- y al mismo tiempo que el sol salía por el horizonte, nosotros ya estábamos dando nuestros primeros pasos. A lo largo de la mañana no solo hablábamos o compartíamos cacahuetes y chocolate, también teníamos momentos de reflexión individual mediante la denominada “hilera”, en la que se nos planteaba una cuestión, una idea, y siguiendo la fila india que marcaba el grupo, cada uno intentaba obtener alguna conclusión acerca del tema. Había días en los que nuestra respuesta era clara y concisa, habíamos pensado en el tema anteriormente y no se nos hacía desconocido. Otros días, en cambio, era imposible concentrarse, buscar respuesta o incluso recordar la pregunta planeada. Para poner orden a nuestras ideas, durante la tarde buscábamos un pequeño momento en el que nos reuníamos todos con el fin de compartir nuestros pensamientos, vivencias e incluso diferentes dudas que nos surgían a partir de la dada.

Conforme pasaban los días crecían nuestros lazos y el sentimiento de grupo. Esto nos llevó no solo a compartir comidas, pasta de dientes y cervezas, si no a descubrir las personas con las que pasábamos andando ocho horas. Descubrimos las historias de cada uno de nosotros, desde los mejores momentos vividos hasta nuestros peores secretos. Forjamos nuevas amistades y fortalecimos aquellas que ya teníamos.

Por otra parte, estoy orgullosa de poder decir que no solo recorrimos kilómetros, también conocimos los pueblos donde nos alojábamos, hablamos con su gente y probamos la gastronomía típica; llevándonos con nosotros un poquito de ahí donde habíamos estado.

A su vez, conocimos a lo largo del camino a otros peregrinos con los que intercambiamos experiencias de las etapas e intereses de nuestra vida cotidiana.

A pesar de que todo el camino fue una experiencia renovadora, el momento más emocionante fue la llegada a Santiago. El último albergue en el que nos alojábamos estaba a tan solo cuatro kilómetros de nuestro destino por lo que la última etapa fue un paseo en comparación al resto de días. Nos levantamos pronto, el cansancio acumulado se notaba en nuestras pisadas, sin embargo, nuestras expresiones eran cuanto menos nerviosas, llenas de alegría. No tardamos más de una hora en llegar a nuestro destino. Era un día lluvioso, y aunque el agua no calaba, todas las aceras resbalaban, lo que hizo que una peregrina que iba delante de nosotros se cayese. En ese desafortunado tropiezo se rompió la rodilla, justo a escasos metros de completar su larga peregrinación. Este incidente nos marcó a todos y nos hizo ver que, si alguno no llegase al destino, una parte de nosotros tampoco llegaría, éramos un grupo.

Después de trescientos kilómetros, con los sentimientos a flor de piel y cogidos de la mano, pasamos por el arco que llevaba finalmente a la plaza del Obradoiro. Ya no dolían las ampollas ni las rodillas. El cansancio se había vuelto insignificante. Frente a nosotros se hallaba la fachada de la Catedral de Santiago y a pesar de estar mojada y el cielo gris, la situación nos inundó de felicidad y satisfacción.
No puedo explicar con palabras el sentimiento que esto produce, supongo que para cada persona es diferente y tienes que descubrirlo; pero puedo asegurarte que es, cuanto menos, gratificante.
Irene Cobo, Jufra de Zaragoza

jueves, 6 de septiembre de 2018

LA RESACA DE LAS VACACIONES

Algo que intento que no falte en mis vacaciones de verano es una travesía por Pirineos. Este año hemos caminado siguiendo un tramo de la GR-10 (la transpirenaica francesa), en la zona de Béarn. Muchas de las veces que volvía la mirada para tomar aire, en medio de una subida de varias horas, me encontraba con un valle de montaña verdísimo, de mucha altura e inclinación, con unas paredes casi verticales que, mezcladas con la roca, despertaban en mí asombro y admiración. Además, no era sólo ese valle, sino que estaba superpuesto a varios más, con un horizonte de cumbres rocosas como telón de fondo. El conjunto era sorprendente, bellísimo y me acercaba a lo que tiene el mundo de infinito, de inconmensurable, de trascendente, de mágico, de Dios.

Y, de alguna forma, también me reconcilia con la vida porque me surge decir algo parecido a esto: “¡Qué bello es el mundo!”. Me podréis responder diciendo que en el mundo hay también muchas realidades espeluznantes, horribles. Es verdad, pero creo que la belleza, es anterior, es primera, es más básica y esencial al mundo que lo repugnante de este. Es algo muy parecido a lo que expresa Josep María Esquirol en su libro La penúltima bondad: “a pesar de que el mal es muy radical, el bien aún lo es más; el mundo humano se sostiene por la bondad”.
Javi Morala, capuchino

martes, 4 de septiembre de 2018

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO: FRATERNIDAD

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… caminar en fraternidad, tratar como hermanos tanto a propios y como a extraños. Desechar la idea de vernos tanto el ombligo y mejor tratar de ver más a los ojos de los que están a nuestro lado.

Seguir el Santo Evangelio evitando caminos solitarios, aprendiendo a compartir, a respetar, a tolerar, a perdonar, a echarnos la mano y amarnos aunque cueste mucho e incluso parezca absurdo para los demás, porque así con esa transparencia amaba nuestro maestro Jesús.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, optar por la unidad aunque muchos quieran o les convenga dividirnos. Ser un solo rebaño, en fraternidad, con el corazón vuelto al Señor para anunciar al mundo, con la vida y la palabra, que sólo él es grande, altísimo y todo poderoso, pero al mismo tiempo íntimo, cercano y todo cariñoso.

espirituyvidaofm.wordpress.com

miércoles, 29 de agosto de 2018

¿QUIÉN SOMOS?

Esta es una pregunta que nos hacemos continuamente: “¿Quién soy yo?” Y no nos resulta fácil responder. Tenemos tantas facetas, tenemos tantos ángulos desde los que mirarnos, que no nos es fácil una mirada de conjunto o una mirada que nos haga de guía para encajar todas las piezas que nos conforman.

Pero vamos a hacer un pequeño intento de colocarnos ante el espejo, pero ante el espejo de Dios. Porque somos lo que somos a los ojos de Dios. Por tanto, somos como Dios nos ve. Y para ello, nos vamos a servir de Pedro.

Cuando Jesús pregunta a Pedro “¿Me amas?” no ignora nada de Pedro. Pedro podría mirarse al espejo y decir: “soy un hombre capaz, soy padre de familia, pescador, y además con liderazgo. Soy hombre de una pieza, que me lo juego todo a una carta. Soy un hombre de fe, que ha creído en Jesús y lo he seguido dejándolo todo.” Y es verdad, o casi. También podría añadir: “soy un creído, un falso y un traidor. He estado tentado por la grandeza, por querer ocupar el primer puesto al lado de Jesús, me he peleado con mis compañeros, y he acabado traicionando al hombre que más he querido en este mundo”. Y esto también es verdad. Pero tampoco toda la verdad ni mucho menos.

Porque la verdad de Pedro es que ha sido elegido por Jesús, ha sido estimado y estimulado por Jesús, ha sido reprendido por Jesús, ha sido mirado por Jesús en su negación, ha sido llamado por Jesús para confesar su amor y su tarea.

La verdad de Pedro es Jesús. Cada vez que, en vez de mirar a Jesús, se ha mirado a sí mismo, se ha hundido, o se ha visto envuelto en su soberbia. Y la verdad de Pedro es Jesús, porque lo ha amado incluso en el pecado. Lo ha amado hasta dar la vida por él. ¿Qué importan todos los análisis que hacíamos comparados con esto?

Solo cuando nos miramos a la luz del amor de Dios sabemos quién somos.

Carta de Asís, agosto 2018


miércoles, 15 de agosto de 2018

EL ANHELO DE UNA VIDA PLENA

Resulta casi imposible encontrar términos alternativos a los ya consagrados, desde siglos, por el vocabulario religioso. Uno de ellos es el término “santidad”. Si abrimos cualquier diccionario bíblico ahí está expresada con exactitud toda la espiritualidad en torno a la santidad religiosa. Cambiar eso resulta casi imposible.

Y ¿por qué cambiarlo? Porque el encasillamiento del tema lo ha alejado tanto de la vida real de los creyentes, que hoy un término como el de “santidad” resulta irrelevante para ellos y no sube una pulsación el interior de la mayoría de quienes nos decimos cristianos.

El Papa Francisco ha hecho un esfuerzo gigantesco en la exhortación “Gaudete et exultate” por aproximar a la cotidianeidad del seguir de Jesús ese tema de la santidad. Pero no logra romper el “maleficio” del término y nos tememos que un documento, tan hermoso y tan bien intencionado, quede en nada en relación con la vida de los creyentes de a pie.

¿Existe la posibilidad de dar con otra expresión alternativa que lleve a una orientación espiritual distinta a la tradicional de la “santidad”? ¿Podríamos intentarlo con la expresión “vida plena”?

La primera objeción a una “traducción” tal, brotaría de quien piensa, y piensa bien, que aspirar a una vida plena en esta historia nuestra mezclada irremediablemente a la limitación, a la gran limitación a veces, es no solo una imposibilidad sino una ironía inaceptable para quien aguanta pesos enormes.

Por eso mismo, habrá que entender tal aspiración de una manera dinámica: la vida plena es un horizonte, un anhelo, una luz, a la que se puede tender desde el punto, por muy oscuro que sea, en el que uno se encuentra. Es, ciertamente, una aspiración, pero es también un dinamismo, una fuerza que anida en los últimos pliegues del alma.

Los trabajos que se hagan, sobre todo, para que al frágil le sea “soñable” la posibilidad de una vida más plena, son trabajos de honda humanidad y de honda fe. No nos parece que sean trabajos ingenuamente soñados, de total imposibilidad. La vida de cada día muestra que esos trabajos tejen la alfombra de la dicha que logra contraponerse al inevitable telar que elabora la muerte.

Además, el anhelo de la vida plena se hace compatible con el cosmos en expansión, termine este en plenitud o no, ya que el concepto mismo de plenitud puede que sea ajeno a la realidad del cosmos. Pero es compatible en su devenir, porque la expansión cósmica puede ser leída sin finalidad, pero puede entenderse como un grito de proporciones vedadas a nosotros que apunta a plenitudes cósmicas, sean estas las que sean.

Y además, para terminar, se adecúa al pequeño camino diario, a un kilómetro de la propia casa, que quiere hacer ver que lo pleno no es un espejismo, sino un anhelo de curso legal, un algo inerradicable del “arcaico corazón” del que nos habló B. Atxaga.

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 8 de agosto de 2018

ELOGIO DE LA AMABILIDAD (O EN QUÉ MOMENTO PERDIMOS LA CORTESÍA) 2ª PARTE

La vuelta a la afectividad tras la crisis

La crisis económica que detonó en 2008 cambió el sentido del estudio de Elzo y Silvestre, al punto que en 2014, dentro del Informe sobre exclusión y desarrollo social en España de la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) redefinía el estado del individualismo placentero y protegido como individualismo no placentero y desprotegido. Este nuevo estudio recoge que el 52% de la población sentía que había descendido de clase social económica durante la crisis.

Ante el fallo del Estado del Bienestar se estableció un discurso de la queja, de la protesta, que de alguna forma renovó la confianza en las personas. La amabilidad, entendida como la afectividad entre iguales, regresó cuando nos sentimos individuos, sí, pero desprotegidos, cuando empatizamos de nuevo con los problemas colectivos. Movimientos como el 15-M, o el posicionamiento del feminismo como valor en las sucesivas manifestaciones del 8 de marzo o ante la sentencia del caso de La Manada muestran que la afectividad, que la amabilidad, permanece. De no existir sería imposible que hubieran surgido lemas como "yo te creo, hermana".

"Vivimos en sociedades de individuos, pero con una fuerte implicación afectiva", subraya José Antonio Santiago, que apostilla: "El problema es cómo canalizarlos en acciones colectivas". Para el profesor de Sociología estamos lejos de ser "una sociedad atomizada", y pone como ejemplo la actitud ante los mayores en situación de dependencia: "Todo lo que tiene que ver con los cuidados todavía es una cuestión que se vive muy de puertas para adentro", en un núcleo de afecto y amabilidad. Es la consecuencia, explica, de que el Estado del Bienestar español se nutra del modelo de familia mediterráneo. Del clan, dicho en lenguaje plano.

Del individualismo a la singularidad

La pérdida de la sociedad cortés, amable en las muchas situaciones sociales de ocio o de obligación compartidas, y la defensa del individualismo no son el punto final de nuestra relación con los demás. El sociólogo francés Danilo Martuccelli defiende la existencia de una sociedad singularista, que sostiene que las singularidades del individuo le distinguen ante la idea de que nuestras vidas están estandarizadas y que con una vida social más compleja es más difícil encontrarnos con iguales. Dicho de otro modo: por estadística, una persona con una afición muy concreta —coleccionar sellos prusianos del XIX, por ejemplo— difícilmente encontrará en su entorno próximo individuos que compartan su afición, pero se aferrará a esa particularidad, a esa singularidad, como factor diferencial del resto.

La de Martuccelli es una idea que comparte Santiago, que pone como ejemplo los objetos de consumo: cada vez son más singulares. "Pensemos en la música: antes, cuando querías escuchar una canción tenías que comprarte el disco, todo el disco. Ahora, creas tu propia lista, canción a canción en Spotify, y la compartes, sin necesidad de comprar el disco". Sucede lo mismo con determinada alimentación. El chocolate ya no es solo chocolate: hay diferentes tipos, tamaños, mezclas y texturas para atender, precisamente, a las demandas singulares.

"La vida social —prosigue el profesor Santiago— lleva consigo este proceso de singularización, que es paralelo al de estandarización. Estamos rodeados de singularidades que dificultan encontrarse con iguales en la misma situación que uno. Contrariamente, para los obreros de fábrica del XIX era fácil encontrarse entre sí: compartían sueldos, trabajo, horarios y procedencia". Y es precisamente en el XIX cuando emergen los movimientos sociales de corte obrero. En el siglo XXI, al reducirse esas tareas colectivas y extenderse las individuales y, posteriormente, las singulares, es más complejo empatizar con situaciones ajenas y ser amables. Y en consecuencia se multiplica la actitud de ver al otro como un ser ajeno: "Es tu problema, no el mío".

La ventana digital

Cualquier mirada a las relaciones asociales actuales tiene que pasar por la ventana digital: internet y las diversas redes sociales. En la sociedad singularista de Martuccelli, es el entorno digital el que permite establecer relaciones entre individuos singulares. En primer lugar, porque dan una voz. No hace mucho, antes de la revolución digital, las voces públicas estaban limitadas a las instituciones: llámense partidos políticos, instituciones, portavoces religiosos o sindicales. Hoy, cada persona con acceso a conexión a internet tiene, si lo desea, una voz pública, y capacidad de encontrar a quien comparte sus intereses. La construcción de nuestro entorno social no es ya por proximidad física o por las circunstancias vitales. La proximidad se produce en una dimensión digital. Nos buscamos más que encontrarnos en canales diferentes de los tradicionales, y con códigos afectivos distintos.

Así que pese a todo seguimos siendo una sociedad amable, aunque de un modo distinto: menos formal en las distancias cortas. Tal vez se ha perdido la costumbre de saludarnos cada mañana, pero la fuerza de los movimientos colectivos demuestra que los lazos afectivos sociales mantienen su vigor. No somos una sociedad amable en el sentido cortés, porque nos hemos construido como una sociedad de la urgencia, de la falta de tiempo, del estrés. Y quizá por eso no nos queda tiempo para darnos los buenos días. O eso creemos.

Javier Dale

miércoles, 1 de agosto de 2018

ELOGIO DE LA AMABILIDAD (O EN QUÉ MOMENTO PERDIMOS LA CORTESÍA) 1ª PARTE

Para cerrar la campaña de este año ofrecemos este "Elogio de la amabilidad" de Javier Dale.

Cuando uno visita el Palacio Real de Madrid puede dejarse sorprender con el contenido de sus salones (el edificio tiene más de 3.400 habitaciones), pero es inevitable acabar reparando en una particularidad: la ausencia casi absoluta de pasillos. Las estancias se conectan unas con otras, de modo que la manera más habitual de ir de una habitación a otra cinco estancias más alejada es atravesando todas y cada una de las cámaras interpuestas entre ambas.

El Palacio Real es una construcción del siglo XVIII, una época en la que la intimidad, que hoy es todo un derecho, no era ni siquiera un valor. Por eso no existen los pasillos: porque las habitaciones no eran tanto espacios privados como estancias de tránsito donde socializar y ser amable. Y con la corte como modelo de comportamiento, los hábitos de la corte —la cortesía— no eran tanto un trámite como una forma de hacer.

En el mundo actual —donde la conciencia individual es dominante— la cortesía, entendida como la amabilidad en las formas entre personas, se ha perdido. Encontrarse con un "buenos días", con un "que pase una buena tarde" o con un saludo casual pero cortés entre desconocidos es una rareza, particularmente en las ciudades ¿Hemos perdido la capacidad de ser amables unos con otros? ¿Vivimos, de alguna manera, enfrentados a los demás?

Los individuos se distancian de las instituciones

"Es evidente que en la sociedad hay una búsqueda de espacios individuales", explica el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Santiago. "No solo de espacios sino de tiempos. Cada vez se reivindican más los momentos de intimidad, bien para estar con uno mismo o simplemente para no hacer nada".

La sensación del tiempo propio como un valor conlleva incluso que el rato de ocio, generalmente empleado para la vida social, derive en una especie de cadena de montaje: una tarde de distensión es una tarde de planes consecutivos y cerrados, dibujados en una agenda. "Las personas quieren rentabilizar su tiempo, lo que provoca una sensación de estrés", sostiene Santiago. Es así: a veces, relacionarse con otras personas se convierte en una actividad para la que no tenemos tiempo.

Santiago añade que "hemos pasado de ser sociedades donde las instituciones ejercían un poder muy fuerte sobre los individuos a sociedades donde los individuos marcan distancias y pueden elegir y tomar decisiones que antes les venían dadas por las instituciones". Un ejemplo está en el cambio del modelo familiar: se ha pasado de la familia nuclear normativa y de la presión que ejercía ("a ver cuándo te casas", "¿para cuándo los hijos?") a un modelo que acepta lo que antes estaba estigmatizado, como puede ser el de las parejas que no se casan, las madres solteras, las parejas del mismo sexo o, incluso, la soltería elegida.

El Estado del Bienestar y el "atrévete"

No obstante, el profesor de la UCM opina que hoy en día no existe una sociedad más egoísta, sino que es la propia sociedad la que fomenta la individualidad. "Hay un cambio de relación entre la sociedad y el individuo. Porque es el propio entorno el que impone a las personas un discurso individual: sé tú mismo, sé responsable, atrévete, busca la realización personal".

A la sociedad individual que habitamos se le suman las contradicciones del beneficio que supone el Estado del Bienestar, al menos antes de la crisis económica. En su libro, Un individualismo placentero y protegido (Deusto, 2010), los profesores Javier Elzo y María Silvestre señalan una paradoja que se manifiesta en la sociedad española: "La protección viene de la mano de una concepción del Estado de bienestar protector y prácticamente omnipresente (…) El individuo se afirma en su principio de libertad individual, pero se protege desde una concepción universalista del papel del Estado social". Esto es, como sociedad individualista anteponemos nuestros deseos a los de los demás, pero sustentamos esa libertad en las obligaciones de un Estado que, en ocasiones, damos por supuesto y del que no nos sentimos obligados a participar.

El trabajo de Elzo y Silvestre señala además que la evolución del grado de satisfacción de la sociedad española entre 1981 y 2008, fundamentado en el Estado del Bienestar, no alimentó la confianza entre las personas: si en 1981 el 61% de la población afirmaba ser prudente a la hora de confiar en la gente, en 2008 esa cifra aumentaba tres puntos, hasta el 64%. ¿Cómo se puede ser amable con alguien en quien no confías?

Javier Dale

miércoles, 25 de julio de 2018

DESCUBRIR A DIOS EN LAS CRIATURAS

El jesuita Toni Catalá, en una de sus reflexiones, nos dice que nuestra mirada a la realidad, al entorno, a las personas... normalmente es juzgadora, aunque pensemos que es una mirada religiosa. Y nos pone el ejemplo de Simón el fariseo. Cuando Jesús está en casa de Simón el fariseo y entra la pecadora de la ciudad los dos miran a la misma mujer pero no perciben la misma realidad. El fariseo percibe comportamientos “morales”, Jesús percibe a una criatura del Dios de la Vida que está rota. La mirada de Jesús no es religiosa, sino evangélica. Y nos damos cuenta de que la mirada Jesús y Simón generan prácticas diversas.

Siguiendo en la misma línea de reflexión, tenemos la cita de un gran jurista italiano, Francesco Carnelutti:

“Ante mis ojos pasaron asesinos, violadores, parricidas, ladrones, y toda esa humanidad desconcertante, reducida con frecuencia a la condición animal. Y vi que el Dios de los cristianos se identificaba con ellos, sin excepciones ni exclusiones. No se identificaba sólo con la aristocracia de los presos políticos, o con los condenados injustamente, sino con el delincuente común. Entonces comprendí que ninguna fantasía religiosa podía haber inventado un Dios así. Sólo el propio creador de esa humanidad oscura y desesperada podía haberse identificado con ella”

Mirar cómo Dios habita en las criaturas y percibirlo en ellas no está en función del comportamiento de las mismas, esto es lo “normal” y “natural”, sino percibir a Dios en las criaturas sólo lo podemos hacer cuando nos dejarnos transformar el corazón y la mirada por el Compasivo.

Sólo cuando tenemos la profunda persuasión de la radical dignidad del otro porque es de Dios, sólo cuando percibimos la naturaleza como obra de sus manos nuestra mirada se limpia y todo lo empezamos a ver con “ojos nuevos”.

Carta de Asís, julio 2018

viernes, 13 de julio de 2018

EDIFICAR SOBRE LA ARENA

Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena.
Borges

martes, 10 de julio de 2018

EL DESEO TIENE UN ANHELO DE INFINITO

Todos hemos oído o incluso conocemos casos en los que personas compran compulsivamente ropa u otro tipo de objetos, sin necesitarlos. Llenan la casa y los armarios de cosas que ni siquiera utilizan. Estos hombres o mujeres pueden decir que compran por aburrimiento, por insatisfacción con ellas mismas, etc. Detrás de todo deseo, también de los compulsivos, hay un sentimiento de carencia personal. Ya lo dice el Salmo 63 (62) referido al deseo del mismo Dios: “Oh Dios, (…). Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti como tierra reseca agostada sin agua”. Me llama la atención que el deseo de Dios toma cuerpo “en nuestra tierra reseca”. El sabernos carentes nos despierta el deseo de Dios y todo auténtico deseo. Nos reconocemos como incompletos, faltos de algo, y esa conciencia nos lanza a la búsqueda de otra cosa. Pero nosotros lo tenemos todo: tiramos comida; los juguetes de los niños no caben en las casas; cambiamos de ropa cada temporada; queremos el último modelo de móvil o coche; ayer era la peluquería o la depilación y hoy es la manicura o la cirugía. Por eso, nuestra cultura saciada, tiene atrofiado el deseo profundo y corre tras deseos efímeros. Somos una sociedad saciada e insatisfecha, colmada y vacía.

Pero creo que, además de esta conciencia de seres incompletos, necesitamos aceptar que la carencia forma parte de nuestra vida de forma natural y saludable, porque si no, podemos entender la fragilidad como una maldición, no como un elemento propio de mi camino personal. Y aceptarla de forma serena, manteniéndome pacientemente en la necesidad, sin correr ansiosamente por cubrir esa pobreza, me hace conectar con el deseo profundo, no con los deseos mentirosos.

Francisco de Asís organizó toda su juventud en torno al deseo caballeresco. Pero, en la guerra, es hecho prisionero y cae enfermo, con lo que su ideal se desbarata. Él podría hacer amputado su ideal de ser caballero pero orienta toda esa energía del deseo hacia otro lugar: el Altísimo. Se convierte en Juglar para cantar sus maravillas, y celebra sus esponsales con la dama pobreza. Francisco sondea sus deseos de ser caballero y descubre qué hay en ellos de pernicioso - la violencia, el ansia de poder y posesión- y qué hay de verdadero, de constructivo - la belleza, el compromiso, la entrega de una vida por un ideal-. Esa capacidad de orientar el deseo, sin castrarlo, de potenciar lo auténtico y desechar lo negativo es lo que canaliza nuestra energía vital.

Es lo mismo que hace Jesús cuando va por el lago de Galilea llamando a que le sigan. Los discípulos le dirían: “¡pero sí estamos muy bien siendo pescadores!”. Y Jesús contesta: “Os haré pescadores de hombres” (Mt 4, 19). Es decir, Jesús orienta ese deseo de ser pescadores y además lo lanza al infinito, lo trasciende: “os haré pescadores de hombres”. Por eso, como cita José A. García, personas no creyentes como Horkheimer hablan del “anhelo de lo totalmente Otro”, o Nietzsche dirá que “el gozo, término del deseo, quiere ser eterno”. Porque el deseo humano tiene un anhelo de infinito.

Javi Morala, capuchino

domingo, 8 de julio de 2018

PREGÓN PARA PASAR UNAS VACACIONES MARAVILLOSAS

Amiga, amigo:
Aunque tuviese todo el dinero del mundo
para poder elegir los mejores destinos vocacionales...,
si no veraneo con Jesús, mi corazón seguirá estando
en el mismo lugar de todos los años:
en la monotonía, el aburrimiento y la desdicha.

Aunque tuviese dos, tres, seis meses de vacaciones...,
si no paso ese tiempo con Jesús, serán días perdidos, tiempo inútil.

Aunque tuviese amigos en todos partes del mundo,
si entre ellos no se encuentra Jesús, de nada me sirve.
"enchufes" en las embajadas, contactos en hoteles cinco estrellas...,

Amiga, amigo:
El verano con Jesús es maravilloso, agradable;
no es para nada aburrido ni costoso ni monótono.
En un verano con Jesús todo lo aprendes,
todo lo conoces, todo lo disfrutas, todo lo amas.
El verano con Jesús no falla nunca.

Amiga, amigo:
Las vacaciones podrán ser suprimidas, las playas podrán desaparecer,
los hoteles de ensueño cerrar sus puertas,
los lugares paradisiacos dejar de tener su encanto,
incluso la gastronomía exquisita podrá perder su exquisito sabor...
Sin embargo, Jesús, y con Él la posibilidad
de unas vacaciones 10..., jamás desaparecerá.

Amiga, amigo:
De ti depende pasar unos días magníficos, unas semanas de ensueño.
Tú, Jesús y un verano por delante.
Tú, Jesús y una vida llena de Sol, de Amor, de Felicidad.
¡Tú decides!
José María Escudero

martes, 3 de julio de 2018

SLOW LIFE

Aprovechamos el tiempo de verano para salir, viajar, intentar desconectar del ritmo acelerado. Queremos hacer cosas a las que no llegamos a lo largo del año, pues el ritmo y las tareas a las que hacer frente nos lo impiden.

Actualmente, vivimos a toda velocidad, y el mundo que nos rodea se mueve con más rapidez que nunca. Día a día nos esforzamos por conseguir ser más eficientes, por hacer más cosas y más rápido. Sin embargo estamos convencidos que este estilo de vida genera mayor estrés, ansiedad, malestar físico y psíquico entre nosotros. En este tiempo, la playa, el monte, el pueblo, un viaje, etc son alguno de los modos o posibilidades que tenemos para desconectar.

Al pensar en el tiempo de verano, en cómo vamos a organizarnos las vacaciones, si es que podemos, me he acordado de ese movimiento o filosofía de vida que se da en nuestro mundo de “Slow Life”, desacelerar para ser más feliz.

Dentro de nuestra sociedad hace algunos años surgió este movimiento alternativo a esa forma acelerada de vida. Es un movimiento o filosofía que reacciona contra el ritmo desenfrenado de la vida, con el objetivo de disfrutar y saborear la vida al máximo. Nos propone que seamos capaces de dedicarnos a hacer las cosas tranquilamente, sin ninguna prisa y disfrutando de cada una de ellas.

De hecho, quienes lo practican nos dicen que este modo de vida nos hace más sensible a un mayor contacto con la naturaleza, nos educa para la solidaridad y no la competitividad, nos ayuda en la creación de un sistema sanitario más personalizado y un trabajo más creativo. La lentitud aporta tranquilidad y relax para que podamos conectarnos con ese deseo de felicidad que anida en nosotros.

Una vida lenta, sin prisas, no es sinónimo de pasividad, de ir a paso de tortuga, sino de realizar la actividad de otra manera. Nos invita a vivir la vida más despacio y más conscientemente para poder disfrutar de ella. Parece que si te tomas las cosas de otro modo es que eres un vago y que no quieres hacerlo. Cuando precisamente, haciendo las cosas con más calma se hacen mejor, se disfrutan más, le puedes poner más atención y cariño, y eso te permite recargar de nuevo las pilas.

Benjamín Echeverría, capuchino

viernes, 29 de junio de 2018

BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA

Cuántas veces hemos oído en la toma de posesión de algún cargo la expresión: “tomo este cargo como servicio a la comunidad”. Y luego vemos muchas veces que, a la vista de todos o disimuladamente, el servicio es a los intereses de uno mismo. En nuestra época no se nos hace fácil entender bien eso de la autoridad como servicio. Y ciertamente, en todo colectivo humano hay alguien que formal o informalmente funciona como autoridad con ascendencia sobre los demás. ¿Cómo ejercer ese papel de modo que sea al servicio de la comunidad?

La autoridad no es un estado sino un modo de relación, algo dinámico, en continuo movimiento, en continuo ejercicio, tanto por parte del que lo detenta como por parte de los que están bajo dicha autoridad. También es cierto que en cada contexto la autoridad ha adquirido una forma diferente. De todos modos, hay algunos aspectos importantes para que sea verdad eso del “servicio de la autoridad”.

Uno es que la autoridad no es propiedad del que debe ejercerlo. Es una gran tentación la apropiación de la autoridad por parte de la persona que ejerce. En la fraternidad, entre hermanos la autoridad no se consigue sino se recibe, por lo que no es propiedad sino concesión. Así, es sólo temporal, caduco. Y otro de los aspectos de la autoridad entre hermanos, hermanas, es que el destinatario de ese ejercicio responsable son las personas de la fraternidad. Así, la mirada no se fija en el sistema, en el orden del colectivo, en la lógica del organismo, etc. sino en las personas que formamos la fraternidad. La autoridad no es dominio sino una forma de servicio temporal, una forma de ser hermano determinada por un tiempo.

Si se pierde estas intuiciones el ejercicio de la autoridad en la fraternidad podrá derivar en otras cosas: autoritarismo, caos, mero equilibrio de fuerzas, etc. y los que saldrán perdiendo serán los pequeños en primer lugar, y todos a fin de cuentas. Jesús tenía autoridad, como nadie, pero lo ejerció dando su vida por todos.
Carta de Asís, junio 2018 

martes, 26 de junio de 2018

EL ARREPENTIDO



«El Arrepentido» es una canción interpretada por Melendi, con Carlos Vives, publicada en el álbum «Ahora» en febrero del 2018. Esta canción reflexiona sobre distintas actitudes que nos impiden vivir en el momento presente. Acompañamos al videoclip unos puntos para pensar sobre este tema.

1. A veces vivimos como ciegos
Vamos por la vida sin prestar mucha atención en lo que pasa a nuestro alrededor. La canción habla de cuando estamos tan metidos en el pasado o en el futuro que somos como «sordos, ciegos y mudos». No es malo recordar viejos tiempos o hacer proyectos para el futuro pero a veces estas actitudes no nos dejan vivir prestando atención al momento presente.

2. El dolor nos puede impedir ver claramente
Cuando estamos muy heridos podemos recurrir a encerrarnos en nosotros mismos y echarle la culpa a los demás de nuestros problemas. Parecería la forma más fácil de lidiar con la situación pero a medida que pasa el tiempo esa herida nos va impidiendo vivir con alegría y vamos caminando con un dolor muy grande en el corazón.

3. Jesús viene a devolvernos la vista
Él conoce nuestras cegueras mejor que nadie y quiere curarlas todas. Sólo tenemos que pedírselo y nos va a devolver la vista y sanar todo ese dolor que nos impide ver. Podemos acercarnos a la Adoración Eucarística para hablar con Él, contarle todo lo que nos pasa, poner en sus manos las preocupaciones y miedos que ocupan nuestra mente y pedirle la confianza para vivir con alegría la situación que estemos pasando en este momento.

4. Cuando despertamos podemos escuchar el grito del planeta
Cuando empezamos a vivir en el ahora, nos damos cuenta que no estamos solos, que tenemos hermanos y que necesitan de nosotros. Descubrimos que tenemos mil y una oportunidades para amar en nuestro día a día; mil y una oportunidades para celebrar esta vida tan linda que Dios nos regala, y mil y una oportunidades para encontrarnos con nuestros hermanos en mi familia, en el trabajo, en el estudio y con mis amigos.

Tomado de catholic-link.com

martes, 19 de junio de 2018

RECUPERAR LAS COSAS SENCILLAS

Tendemos a dar poca importancia a los detalles y a las cosas pequeñas. Nos dejamos encandilar por las cosas complejas y espectaculares, corremos tras de ellas frenéticamente y terminamos agotados, incapaces de disfrutar lo que tenemos. Benjamin Franklin decía: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Estamos rodeados por cosas sencillas que se esconden a nuestra mirada distraída. No tenemos tiempo para mirar las estrellas. Sería bueno que un día de estos contemplemos un amanecer: los rayos del sol que acarician lo que tocan, el canto de los pájaros que saludan el nuevo día, la multitud de pequeños animales que hacen sentir que en la tierra estalla la vida por doquier. Pongamos atención a este ritual que generalmente nos pasa inadvertido y observemos lo que sucede en nuestro ánimo.

Las cosas sencillas de la vida nos hacen sentir vivos. Si cada día pudiéramos detenernos en esas pequeñas cosas que nos rodean, tal vez nuestro día se llenaría de armonía y paz interior. La contemplación de las cosas pequeñas y humildes nos lleva a descubrirnos a nosotros mismos desde lo sencillo. Si nos detenemos unos minutos en nuestro propio ser, descubrimos la grandeza de la vida que nos envuelve, nos acoge, nos invita a vivirla y sentirla. Entonces nos percatamos de la fuerza escondida en nuestro interior y nos sentimos grandes en nuestra pequeñez, seguros en nuestra debilidad. Entonces nos amamos con nuestras virtudes y defectos, nuestra grandeza y fragilidad. No esperemos el día en que extrañaremos las cosas simples que no supimos y no quisimos valorar.

Benjamín Monroy, Ofm

martes, 12 de junio de 2018

UN HOSPITAL: UN TROCITO DE REINO

Hace unas semanas me tocó acompañar a mi madre en el hospital. Hay momentos de mucho movimiento y otros de una tranquilidad pasmosa que hacen descender el biorritmo y, a veces también, el ánimo. En una de esas tardes, después de comer, donde los minutos se suceden sin otro aliciente que los ronquidos de las pacientes, me di cuenta de una circunstancia.

En un hospital las limpiadoras se afanan cada día para que todo esté pulcro y ordenado; las auxiliares cambian la cama, traen la comida y asean al paciente; con los amables celadores recorres las instalaciones en busca de una radiografía o un TAC, como si de una ruta turística se tratara; las enfermeras ponen vías, hacen curas, suministran la medicación, miden las constantes, calman el dolor físico y emocional con su alegría y su buen hacer; los médicos -los grandes esperados- se preocupan por la paciente, realizan decenas de pruebas para descartar una enfermedad y la otra, explican con tacto el diagnóstico y el pronóstico; y hay que contar también con las personas que están en los laboratorios, los trabajadores de la cocina, de la lavandería, secretaría-recepción, información, informática, etc.

En aquella tarde apática, desperté y me hice consciente de que aquel lugar era una estructura de cientos de trabajadores, pensada y organizada para el cuidado de las personas más vulnerables, de las personas que en otros contextos no son valoradas. Da igual de qué condición social seas, si tienes dinero o no, si eres famoso o un marginado: allí se hace todo lo posible para que recuperes la salud. Muchos podrían decir que tales o cuales personas no merecerían esos cuidados; que no se lo han ganado, que no son de aquí, que no vale la pena tanto gasto. Pero no. Superando la aporofobia, la cultura del descarte, el economicismo, el egocentrismo cultural y la supuesta productividad, los hospitales son capaces de gestionar un ejército de personas y capacidades al servicio de los más débiles. Algo así debe ser el Reino de Dios, algo así debe ser la vida plena, la Vida con mayúsculas. Un trocito de cielo se está construyendo ya en estos edificios llenos de dolor y consuelo.

Luego me di cuenta que este descubrimiento no había sido una mera ocurrencia mía, sino que ya aparece en la bóveda de la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel. En su visión del juicio final, los que consiguen subir a la presencia del Padre están ayudándose unos a otros, los más fuertes a los más débiles, los que más pueden a los que menos pueden: como en nuestros hospitales.

Gracias a todos los que hacéis posible que experimentemos la maravilla del Reino de Dios ya aquí en esta bendita tierra.
Javi Morala, capuchino

martes, 5 de junio de 2018

ALEGRAOS Y REGOCIJAOS

El papa Francisco acaba de publicar otro gran documento, una Exhortación Apostólica sobre la Llamada a la Santidad en el Mundo Contemporáneo. “Gaudete et Exsultate”, “Alegraos y regocijaos” (Mt 5, 12). No es un tratado sobre la santidad.

El objetivo o el deseo del Papa es que seamos conscientes de la llamada a la santidad que el Señor nos hace a cada uno de nosotros. Haciendo referencia a un texto de la Carta a los Hebreos, nos invita a reconocer que tenemos «una nube ingente de testigos» (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor (GE.3).

Es importante que seamos conscientes de que cada uno de nosotros tiene que recorrer su propio camino, su propia vida. Hemos hecho distintas opciones, hemos elegido estilos distintos de vida, creyendo que eso era lo mejor para nosotros mismos. Desde lo que vivimos cada uno estamos llamados a acertar con lo mejor de nosotros mismos y a sacarlo a la luz… Estamos llamados a hacer la voluntad de Dios.

En este mes de junio recordamos dentro de la familia franciscana al santo más popular, a San Antonio de Padua. Un hombre de origen portugués que, impactado por la muerte de los primeros mártires franciscanos en Marruecos, decidió sumarse al movimiento que se estaba creando en torno a San Francisco de Asís. Al principio pasó desapercibido dentro de la fraternidad franciscana, pero en seguida sus hermanos se dieron cuenta de sus cualidades y capacidades intelectuales.

Cuando Francisco se enteró de que Antonio enseñaba teología a los frailes les escribió estas palabras: «Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción». De esta manera le advertía de la tentación de convertir la experiencia cristiana en un conjunto de elucubraciones mentales que terminan alejándonos de la frescura del Evangelio. En esta misma línea se sitúa al Papa al hablarnos de la santidad: “me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad” (GE.7)

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 31 de mayo de 2018

BEBER LA VERDAD DE LA VIDA

Esta evocación parte de un suceso puntual: estando en Taizé en 2010, después de la larga oración de la tarde, el hermano Roger departió largo rato al fondo de la Iglesia de la Reconciliación con un grupo de franciscanos. El anciano monje, con una lucidez admirable, nos dijo entre otras cosas: “Ustedes tendrían que ser apóstoles del gusto por la vida, porque el gusto por la vida es el mejor don del Espíritu”. Parecen palabras impropias en boca de un anciano que parece haber agotado los recursos de la vida. Pero ahí reside justamente su valor: quien ha entendido la vida la disfruta hasta el último momento y, por paradójico que parezca, la disfruta cada vez más. Esto resultaría imposible si el Espíritu de Dios no aleteara en esta realidad nuestra dinamizándola más allá de sus limitaciones.

Ante tanto acíbar que se ha echado sobre la realidad de la vida (Brines dice que es un “sueño roto”, F. García Lorca dice taxativamente en su Oda a W.Whitman que la vida “ni es buena, ni noble, ni sagrada”; nada digamos de la corriente generalizada en la espiritualidad cristiana de menosprecio de la vida: “hozar en la tierra de la vida”, “sólo Dios basta”, “vida amarga”, “nada me retiene aquí”, etc...), tanta amargura vertida, no estaría mal que caminásemos por la senda de una reconciliación, hecha de benevolencia y amor, con esta vida nuestra, pobre pero hermosa, débil pero interesante, áspera pero conteniendo dentro la perla finísima del amor y de la posibilidad plena. Una formidable reconciliación con la vida, algo de eso está esperando el mundo hoy de los/as creyentes.

Al fondo de todo esto hay un grave problema aún no resuelto: el de la reconciliación con la creación. Porque esa reconciliación no solamente habrían de hacerla los creyentes sino toda persona. Todos nos sentimos en lucha con la vida porque no hemos entendido que aquí está enterrada la hermosa semilla de lo pleno. Por eso es preciso trabajar mucho, fecundo trabajo, el de la reconciliación con la vida. Nos decía aquella tarde el hermano Roger: “¿Se han fijado Uds. que el Cántico del hermano sol de san Francisco es, ante todo, un formidable canto del gusto por la vida?”.

Nada mal estaría que a la vieja lista de los sietes dones del Espíritu se añadiera este, más básico y más decisivo, del gusto por la vida. Aprender ese gusto no es fácil; requiere una perspectiva, un ahondamiento, un afán que quizá solo el Espíritu puede suscitar.

Fidel Aizpurúa

martes, 29 de mayo de 2018

BUSQUEDA DE LA JUSTICIA

Cuando hablamos de San Francisco de Asís, lo asociamos rápidamente a la paz, la fraternidad, la pobreza, la ecología... Pero también hay una dimensión que, aunque no aparezca en sus escritos ni biografías, es necesaria para todo lo demás: la justicia. Nuestra manera de estar en el mundo, de ser solidarios con las vidas de los demás, y sobre todo de los más desfavorecidos, está marcada por la búsqueda de la paz y la reconciliación. La espiritualidad franciscana lleva esta marca en su ADN.

Pero somos sabedores de que la paz y la reconciliación no sólo son fruto de la buena voluntad y de los buenos deseos. Son resultado también del cuidado de las condiciones que ayudan a ellas. Una de las condiciones imprescindibles para la paz y la reconciliación es la justicia; esa situación en la que se reconoce a las personas la dignidad mínima para que puedan ser y desarrollar aquello a lo que están llamadas a ser y hacer. Es inviable, o muy dificultoso al menos, esa paz y reconciliación en situaciones de injustica donde los derechos humanos mínimos no se dan. La paz y la reconciliación no suponen personas ilusas e insensatas que, en nombre de la paz y la armonía son capaces de asumir situaciones de injustica. No vale aquello de “por la paz un avemaría”.

Por ello, la espiritualidad franciscana no está separada de la búsqueda de la justicia. Ciertamente tiene que darse en medio de la búsqueda de la paz y en modos no violentos; pero búsqueda, a fin de cuentas, de las condiciones mejores para esa vida reconciliada consigo mismo, con Dios, y con los demás. Como dijo el Papa Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón (reconciliación)”.
Carta de Asis, mayo 2018

domingo, 27 de mayo de 2018

DOMINGO DE LA TRINIDAD

La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.

jueves, 24 de mayo de 2018

EL VALLE

UN valle como éste,
en el que existen el gorrión, la rosa,
los ríos y los árboles, las nubes,
mayo y septiembre,
y el amor y la luz que en sus anchos dominios
a todos nos acogen, no puede ser que sea
triste valle de lágrimas,
por más que en nuestros ojos prospere el llanto a veces
y aunque lloremos lágrimas de sangre,
o aun a pesar de que la muerte venga
-tan a regañadientes de nosotros-
a transformarnos sin contemplaciones
en redomas ya limpias,
en sustancia de Dios.
Eloy Sánchez Rosillo

martes, 22 de mayo de 2018

“QUIERO UN MARRÓN”

Colectivos ecologistas y vecinales lanzan la campaña “Quiero un marrón” con el objetivo de conseguir una gestión adecuada de la fracción orgánica de los residuos en la Comunidad de Madrid. Entre otras acciones, se realizarán actividades informativas en barrios y municipios para comprometer a los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid a una separación correcta de los residuos orgánicos domésticos.

Distintos colectivos vecinales y ecologistas de la Comunidad de Madrid lanzan “Quiero un marrón”. La campaña pretende explicar y concienciar en los barrios, ciudades y pueblos madrileños sobre la necesidad de conseguir una correcta separación de la materia orgánica en los domicilios. Además, se buscará el compromiso de las corporaciones municipales para implantar sistemas eficientes y eficaces de separación.

“Quiero un marrón” aspira a conseguir un importante apoyo y participación vecinal. Es importante sensibilizar a nuestros vecinos y vecinas sobre las consecuencias positivas de una correcta separación, al tiempo que se incide en los peligros que supone el actual modelo de gestión. Para los colectivos participantes, la recogida selectiva de la materia orgánica y su correcto tratamiento aparecen hoy como fundamentales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación de los suelos por la presencia de vertederos, la producción masiva de materiales fertilizantes que provienen del petróleo y para cumplir con los objetivos europeos de reducción y reciclaje en 2020.

http://www.quierounmarron.org

domingo, 20 de mayo de 2018

¡VEN RUAH DE DIOS!

¡Ven, Santa Ruah!
Renueva la faz de la Tierra.
Reconcílianos con el aire que contaminamos,
reconcílianos con el agua que envenenamos,
reconcílianos con la tierra que llenamos
de asfalto y cemento,
reconcílianos con los hermanos y hermanas
a quienes descartamos.
¡Renueva nuestros deseos
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, Madre de la vida!
Límpianos del deseo de poder,
haznos creer en la reconciliación
entre nosotras y los animales
a los que tratamos como máquinas,
entre nosotros y las plantas
que aparentan ser inútiles para nosotros.
Danos fe para rescatar los árboles,
para que no todos mueran.
¡Renueva nuestras mentes
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, Aliento de Dios,
Maestra de los humildes!
Inspira nuestras vidas para que aprendamos a vivir
en unión con todas las criaturas,
transfórmanos de enemigos en hermanos,
de especuladores de ganancias
en amigos de la Tierra.
¡Renueva nuestros corazones
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, esperanza de los pobres,
juez de los poderosos!
Rescata del naufragio a nuestro planeta,
sácanos de la prisión de nuestra voracidad.
Aliento de vida, ¡sopla sobre nosotros!
Agua de vida, ¡déjanos beber de ti!
¡Déjanos convertirnos en tu morada
y renueva la faz de la Tierra!