miércoles, 19 de septiembre de 2018

SER TODISTA

A menudo nos encontramos con nuevas palabras que incorporamos a nuestro lenguaje. Eso es lo que me ha pasado a mí con la palabra “todista”. He tenido que mirar en distintos lugares para ver qué es lo que significa, pues no aparece en el diccionario. Os ofrezco mi “descubrimiento” a modo de reflexión.

Parece ser que se utiliza esta palabra con cierto matiz negativo refiriéndose a las empresas o profesionales que quieren abarcar muchas áreas y no están especializados en nada. Por otro lado, de manera coloquial, se aplica a la persona que lo quiere todo. Me centro en esta segunda acepción.

El mundo de la publicidad y del consumo se encargan de recordarnos que no tenemos por qué renunciar a nada, que podemos tenerlo todo, que tenemos que tenerlo todo, que no podemos no tenerlo todo. Así ese “Todo”, se convierte en una forma de ser. Por eso se nos anima a ser “Todista”. Es el signo de los tiempos. Se nos quiere hacer creer que un todista lo puede tener todo, libertad y seguridad, lo real y lo posible, lo limitado y lo ilimitado.

Sin embargo, las contradicciones forman parte de nuestra vida. Nos encontramos con personas que parece que lo tienen todo, jóvenes y mayores, pero sienten que su vida no es del todo completa. Escuchamos también las quejas de los padres y madres hacia sus hijos, resumidas en una frase: “Pero si se lo he dado todo…” Las generaciones mayores, que han vivido toda clase de privaciones y necesidades, al mirar a las jóvenes sienten que éstas han tenido de todo. Sin embargo, hay personas a las que parece que siempre les falta algo porque todo les parece poco.

No es fácil salir de esa espiral del tenerlo y quererlo todo. Como decía Eric From: “el hombre puede ser un esclavo sin cadenas”. De hecho, ese afán de poseerlo todo nos muestra que interiormente estamos atados a un montón de caprichos y de falsas ilusiones. Creemos que vivimos en la sociedad más libre, con más posibilidades que nunca, etc. y sin embargo nos cuesta cada día más pararnos un poco a reflexionar y a replantearnos nuestra forma de vida.

Nuestra gran equivocación es creer que nos basta con un poco más de bienestar, un poco más de dinero, de salud, de suerte, de seguridad… Todo esto es importante. Pero nos equivocamos si luchamos por tenerlo todo. Todo menos Dios.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 13 de septiembre de 2018

CAMPAMENTO JUFRACHEF

Como viene siendo habitual, cada mes de agosto, tuvo lugar el campamento de las Juventudes Franciscanas de Totana. El lugar, como no podía ser de otra manera, fue el Aula de Naturaleza de las Alquerías, situado en el Parque Regional de Sierra Espuña.

Se desarrollaron dos tandas de campamentos: el de pequeños, con niños desde los 8 a 12 años, se llevó a cabo del día 6 al 9 de Agosto; mientras que el de los grandes, preparado para adolescentes de entre 14 y 17 años, fue del 10 al 16 de Agosto. En ambos campamentos, la temática fue “Jufrachef”, por lo que las diversas actividades estuvieron enfocadas al mundo culinario.

Los pequeños, que fueron los primeros en llegar, participaron en juegos y gymkanas, como un pasapalabra culinario, y elaboraron el regalo del amigo invisible, un tarro de sal con colores y un marco de fotos, en talleres. También se realizó una marcha para que los pequeños conocieran el entorno, y hubo tiempo para la reflexión en las dinámicas (las cuales realizaban separados en grupos) y en la oración de la tarde y la mañana. Los propios acampados también se encargaban de mantener limpio el recinto, ya que realizaban diariamente las tareas por grupos: limpieza de la comida, cena, duchas y aseos, y recogida de basura.

Como no podía ser de otra manera, en Jufrachef, los acampados también se adentraron en el mundo de la cocina y realizaron un delicioso postre por grupo, que posteriormente presentarían ante un jurado en una gala en la que se entregarían los galardones “Estrella Michelin”.

Por último, los acampados realizaron en grupo una evaluación del campamento, se realizaron la limpieza de cabañas y la despedida del campamento, con la entrega del regalo del amigo invisible, y pusieron fin al primero de los campamentos.

El día 12 les llegaba el turno a los “mayores”, que, al igual que los pequeños, realizaron diversas actividades. La gran novedad fue la excursión realizada a la Granja Escuela del Collado, en Mazarrón. Allí, los acampados cocinaron un trozo de pan personalizado, con la forma que ellos quisieron, y también se bañaron en la piscina del complejo. También, como novedad, el taller consistió en realizar una camiseta con un dibujo personalizado, el cual realizaban con virutas de plastidercor, para su amigo invisible.

El último día del campamento, marcado por la gran tormenta que precipitó sobre las Alquerías, puso fin a 11 días de diversión y buen ambiente entre monitores, premonitores, cocineras y acampados de ambas tandas. Sin duda, pusimos ese sabor a la vida tan necesario, que nos acompañará durante todo el año en nuestra rutina, y que mantendremos los sábados reunidos en JUFRA.
Alberto Heredia, Jufra de Totana 

martes, 11 de septiembre de 2018

EL CAMINO DE SANTIAGO POR LA COSTA

Una de las cosas que aprendí en el Camino de Santiago es que es, en los momentos más complicados en los que la gente une sus fuerzas para superar un obstáculo.

Fue ahí cuando nos encontramos dieciocho personas, algunos completos desconocidos, otros, en cambio, amigos de la infancia, de diferentes edades, con distintas inquietudes y de diversos puntos de la geografía española con un mismo reto: superar los próximos 300 kilómetros y llegar a la Catedral de Santiago de Compostela.

Llegamos un miércoles por la tarde a un pequeño albergue después de casi un día entero viajando. Ya que desconocíamos cual iba a ser la dinámica de las próximas dos semanas, el tiempo que nos quedaba hasta la cena lo empleamos para organizarnos e intercambiar las primeras palabras con quienes iban a ser nuestros compañeros peregrinos.

Durante los siguientes doce días nos levantamos más pronto que tarde -entre las cinco y media y las seis- y al mismo tiempo que el sol salía por el horizonte, nosotros ya estábamos dando nuestros primeros pasos. A lo largo de la mañana no solo hablábamos o compartíamos cacahuetes y chocolate, también teníamos momentos de reflexión individual mediante la denominada “hilera”, en la que se nos planteaba una cuestión, una idea, y siguiendo la fila india que marcaba el grupo, cada uno intentaba obtener alguna conclusión acerca del tema. Había días en los que nuestra respuesta era clara y concisa, habíamos pensado en el tema anteriormente y no se nos hacía desconocido. Otros días, en cambio, era imposible concentrarse, buscar respuesta o incluso recordar la pregunta planeada. Para poner orden a nuestras ideas, durante la tarde buscábamos un pequeño momento en el que nos reuníamos todos con el fin de compartir nuestros pensamientos, vivencias e incluso diferentes dudas que nos surgían a partir de la dada.

Conforme pasaban los días crecían nuestros lazos y el sentimiento de grupo. Esto nos llevó no solo a compartir comidas, pasta de dientes y cervezas, si no a descubrir las personas con las que pasábamos andando ocho horas. Descubrimos las historias de cada uno de nosotros, desde los mejores momentos vividos hasta nuestros peores secretos. Forjamos nuevas amistades y fortalecimos aquellas que ya teníamos.

Por otra parte, estoy orgullosa de poder decir que no solo recorrimos kilómetros, también conocimos los pueblos donde nos alojábamos, hablamos con su gente y probamos la gastronomía típica; llevándonos con nosotros un poquito de ahí donde habíamos estado.

A su vez, conocimos a lo largo del camino a otros peregrinos con los que intercambiamos experiencias de las etapas e intereses de nuestra vida cotidiana.

A pesar de que todo el camino fue una experiencia renovadora, el momento más emocionante fue la llegada a Santiago. El último albergue en el que nos alojábamos estaba a tan solo cuatro kilómetros de nuestro destino por lo que la última etapa fue un paseo en comparación al resto de días. Nos levantamos pronto, el cansancio acumulado se notaba en nuestras pisadas, sin embargo, nuestras expresiones eran cuanto menos nerviosas, llenas de alegría. No tardamos más de una hora en llegar a nuestro destino. Era un día lluvioso, y aunque el agua no calaba, todas las aceras resbalaban, lo que hizo que una peregrina que iba delante de nosotros se cayese. En ese desafortunado tropiezo se rompió la rodilla, justo a escasos metros de completar su larga peregrinación. Este incidente nos marcó a todos y nos hizo ver que, si alguno no llegase al destino, una parte de nosotros tampoco llegaría, éramos un grupo.

Después de trescientos kilómetros, con los sentimientos a flor de piel y cogidos de la mano, pasamos por el arco que llevaba finalmente a la plaza del Obradoiro. Ya no dolían las ampollas ni las rodillas. El cansancio se había vuelto insignificante. Frente a nosotros se hallaba la fachada de la Catedral de Santiago y a pesar de estar mojada y el cielo gris, la situación nos inundó de felicidad y satisfacción.
No puedo explicar con palabras el sentimiento que esto produce, supongo que para cada persona es diferente y tienes que descubrirlo; pero puedo asegurarte que es, cuanto menos, gratificante.
Irene Cobo, Jufra de Zaragoza

jueves, 6 de septiembre de 2018

LA RESACA DE LAS VACACIONES

Algo que intento que no falte en mis vacaciones de verano es una travesía por Pirineos. Este año hemos caminado siguiendo un tramo de la GR-10 (la transpirenaica francesa), en la zona de Béarn. Muchas de las veces que volvía la mirada para tomar aire, en medio de una subida de varias horas, me encontraba con un valle de montaña verdísimo, de mucha altura e inclinación, con unas paredes casi verticales que, mezcladas con la roca, despertaban en mí asombro y admiración. Además, no era sólo ese valle, sino que estaba superpuesto a varios más, con un horizonte de cumbres rocosas como telón de fondo. El conjunto era sorprendente, bellísimo y me acercaba a lo que tiene el mundo de infinito, de inconmensurable, de trascendente, de mágico, de Dios.

Y, de alguna forma, también me reconcilia con la vida porque me surge decir algo parecido a esto: “¡Qué bello es el mundo!”. Me podréis responder diciendo que en el mundo hay también muchas realidades espeluznantes, horribles. Es verdad, pero creo que la belleza, es anterior, es primera, es más básica y esencial al mundo que lo repugnante de este. Es algo muy parecido a lo que expresa Josep María Esquirol en su libro La penúltima bondad: “a pesar de que el mal es muy radical, el bien aún lo es más; el mundo humano se sostiene por la bondad”.
Javi Morala, capuchino

martes, 4 de septiembre de 2018

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO: FRATERNIDAD

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… caminar en fraternidad, tratar como hermanos tanto a propios y como a extraños. Desechar la idea de vernos tanto el ombligo y mejor tratar de ver más a los ojos de los que están a nuestro lado.

Seguir el Santo Evangelio evitando caminos solitarios, aprendiendo a compartir, a respetar, a tolerar, a perdonar, a echarnos la mano y amarnos aunque cueste mucho e incluso parezca absurdo para los demás, porque así con esa transparencia amaba nuestro maestro Jesús.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, optar por la unidad aunque muchos quieran o les convenga dividirnos. Ser un solo rebaño, en fraternidad, con el corazón vuelto al Señor para anunciar al mundo, con la vida y la palabra, que sólo él es grande, altísimo y todo poderoso, pero al mismo tiempo íntimo, cercano y todo cariñoso.

espirituyvidaofm.wordpress.com

miércoles, 29 de agosto de 2018

¿QUIÉN SOMOS?

Esta es una pregunta que nos hacemos continuamente: “¿Quién soy yo?” Y no nos resulta fácil responder. Tenemos tantas facetas, tenemos tantos ángulos desde los que mirarnos, que no nos es fácil una mirada de conjunto o una mirada que nos haga de guía para encajar todas las piezas que nos conforman.

Pero vamos a hacer un pequeño intento de colocarnos ante el espejo, pero ante el espejo de Dios. Porque somos lo que somos a los ojos de Dios. Por tanto, somos como Dios nos ve. Y para ello, nos vamos a servir de Pedro.

Cuando Jesús pregunta a Pedro “¿Me amas?” no ignora nada de Pedro. Pedro podría mirarse al espejo y decir: “soy un hombre capaz, soy padre de familia, pescador, y además con liderazgo. Soy hombre de una pieza, que me lo juego todo a una carta. Soy un hombre de fe, que ha creído en Jesús y lo he seguido dejándolo todo.” Y es verdad, o casi. También podría añadir: “soy un creído, un falso y un traidor. He estado tentado por la grandeza, por querer ocupar el primer puesto al lado de Jesús, me he peleado con mis compañeros, y he acabado traicionando al hombre que más he querido en este mundo”. Y esto también es verdad. Pero tampoco toda la verdad ni mucho menos.

Porque la verdad de Pedro es que ha sido elegido por Jesús, ha sido estimado y estimulado por Jesús, ha sido reprendido por Jesús, ha sido mirado por Jesús en su negación, ha sido llamado por Jesús para confesar su amor y su tarea.

La verdad de Pedro es Jesús. Cada vez que, en vez de mirar a Jesús, se ha mirado a sí mismo, se ha hundido, o se ha visto envuelto en su soberbia. Y la verdad de Pedro es Jesús, porque lo ha amado incluso en el pecado. Lo ha amado hasta dar la vida por él. ¿Qué importan todos los análisis que hacíamos comparados con esto?

Solo cuando nos miramos a la luz del amor de Dios sabemos quién somos.

Carta de Asís, agosto 2018


miércoles, 15 de agosto de 2018

EL ANHELO DE UNA VIDA PLENA

Resulta casi imposible encontrar términos alternativos a los ya consagrados, desde siglos, por el vocabulario religioso. Uno de ellos es el término “santidad”. Si abrimos cualquier diccionario bíblico ahí está expresada con exactitud toda la espiritualidad en torno a la santidad religiosa. Cambiar eso resulta casi imposible.

Y ¿por qué cambiarlo? Porque el encasillamiento del tema lo ha alejado tanto de la vida real de los creyentes, que hoy un término como el de “santidad” resulta irrelevante para ellos y no sube una pulsación el interior de la mayoría de quienes nos decimos cristianos.

El Papa Francisco ha hecho un esfuerzo gigantesco en la exhortación “Gaudete et exultate” por aproximar a la cotidianeidad del seguir de Jesús ese tema de la santidad. Pero no logra romper el “maleficio” del término y nos tememos que un documento, tan hermoso y tan bien intencionado, quede en nada en relación con la vida de los creyentes de a pie.

¿Existe la posibilidad de dar con otra expresión alternativa que lleve a una orientación espiritual distinta a la tradicional de la “santidad”? ¿Podríamos intentarlo con la expresión “vida plena”?

La primera objeción a una “traducción” tal, brotaría de quien piensa, y piensa bien, que aspirar a una vida plena en esta historia nuestra mezclada irremediablemente a la limitación, a la gran limitación a veces, es no solo una imposibilidad sino una ironía inaceptable para quien aguanta pesos enormes.

Por eso mismo, habrá que entender tal aspiración de una manera dinámica: la vida plena es un horizonte, un anhelo, una luz, a la que se puede tender desde el punto, por muy oscuro que sea, en el que uno se encuentra. Es, ciertamente, una aspiración, pero es también un dinamismo, una fuerza que anida en los últimos pliegues del alma.

Los trabajos que se hagan, sobre todo, para que al frágil le sea “soñable” la posibilidad de una vida más plena, son trabajos de honda humanidad y de honda fe. No nos parece que sean trabajos ingenuamente soñados, de total imposibilidad. La vida de cada día muestra que esos trabajos tejen la alfombra de la dicha que logra contraponerse al inevitable telar que elabora la muerte.

Además, el anhelo de la vida plena se hace compatible con el cosmos en expansión, termine este en plenitud o no, ya que el concepto mismo de plenitud puede que sea ajeno a la realidad del cosmos. Pero es compatible en su devenir, porque la expansión cósmica puede ser leída sin finalidad, pero puede entenderse como un grito de proporciones vedadas a nosotros que apunta a plenitudes cósmicas, sean estas las que sean.

Y además, para terminar, se adecúa al pequeño camino diario, a un kilómetro de la propia casa, que quiere hacer ver que lo pleno no es un espejismo, sino un anhelo de curso legal, un algo inerradicable del “arcaico corazón” del que nos habló B. Atxaga.

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 8 de agosto de 2018

ELOGIO DE LA AMABILIDAD (O EN QUÉ MOMENTO PERDIMOS LA CORTESÍA) 2ª PARTE

La vuelta a la afectividad tras la crisis

La crisis económica que detonó en 2008 cambió el sentido del estudio de Elzo y Silvestre, al punto que en 2014, dentro del Informe sobre exclusión y desarrollo social en España de la Fundación Foessa (Fomento de Estudios Sociales y de Sociología Aplicada) redefinía el estado del individualismo placentero y protegido como individualismo no placentero y desprotegido. Este nuevo estudio recoge que el 52% de la población sentía que había descendido de clase social económica durante la crisis.

Ante el fallo del Estado del Bienestar se estableció un discurso de la queja, de la protesta, que de alguna forma renovó la confianza en las personas. La amabilidad, entendida como la afectividad entre iguales, regresó cuando nos sentimos individuos, sí, pero desprotegidos, cuando empatizamos de nuevo con los problemas colectivos. Movimientos como el 15-M, o el posicionamiento del feminismo como valor en las sucesivas manifestaciones del 8 de marzo o ante la sentencia del caso de La Manada muestran que la afectividad, que la amabilidad, permanece. De no existir sería imposible que hubieran surgido lemas como "yo te creo, hermana".

"Vivimos en sociedades de individuos, pero con una fuerte implicación afectiva", subraya José Antonio Santiago, que apostilla: "El problema es cómo canalizarlos en acciones colectivas". Para el profesor de Sociología estamos lejos de ser "una sociedad atomizada", y pone como ejemplo la actitud ante los mayores en situación de dependencia: "Todo lo que tiene que ver con los cuidados todavía es una cuestión que se vive muy de puertas para adentro", en un núcleo de afecto y amabilidad. Es la consecuencia, explica, de que el Estado del Bienestar español se nutra del modelo de familia mediterráneo. Del clan, dicho en lenguaje plano.

Del individualismo a la singularidad

La pérdida de la sociedad cortés, amable en las muchas situaciones sociales de ocio o de obligación compartidas, y la defensa del individualismo no son el punto final de nuestra relación con los demás. El sociólogo francés Danilo Martuccelli defiende la existencia de una sociedad singularista, que sostiene que las singularidades del individuo le distinguen ante la idea de que nuestras vidas están estandarizadas y que con una vida social más compleja es más difícil encontrarnos con iguales. Dicho de otro modo: por estadística, una persona con una afición muy concreta —coleccionar sellos prusianos del XIX, por ejemplo— difícilmente encontrará en su entorno próximo individuos que compartan su afición, pero se aferrará a esa particularidad, a esa singularidad, como factor diferencial del resto.

La de Martuccelli es una idea que comparte Santiago, que pone como ejemplo los objetos de consumo: cada vez son más singulares. "Pensemos en la música: antes, cuando querías escuchar una canción tenías que comprarte el disco, todo el disco. Ahora, creas tu propia lista, canción a canción en Spotify, y la compartes, sin necesidad de comprar el disco". Sucede lo mismo con determinada alimentación. El chocolate ya no es solo chocolate: hay diferentes tipos, tamaños, mezclas y texturas para atender, precisamente, a las demandas singulares.

"La vida social —prosigue el profesor Santiago— lleva consigo este proceso de singularización, que es paralelo al de estandarización. Estamos rodeados de singularidades que dificultan encontrarse con iguales en la misma situación que uno. Contrariamente, para los obreros de fábrica del XIX era fácil encontrarse entre sí: compartían sueldos, trabajo, horarios y procedencia". Y es precisamente en el XIX cuando emergen los movimientos sociales de corte obrero. En el siglo XXI, al reducirse esas tareas colectivas y extenderse las individuales y, posteriormente, las singulares, es más complejo empatizar con situaciones ajenas y ser amables. Y en consecuencia se multiplica la actitud de ver al otro como un ser ajeno: "Es tu problema, no el mío".

La ventana digital

Cualquier mirada a las relaciones asociales actuales tiene que pasar por la ventana digital: internet y las diversas redes sociales. En la sociedad singularista de Martuccelli, es el entorno digital el que permite establecer relaciones entre individuos singulares. En primer lugar, porque dan una voz. No hace mucho, antes de la revolución digital, las voces públicas estaban limitadas a las instituciones: llámense partidos políticos, instituciones, portavoces religiosos o sindicales. Hoy, cada persona con acceso a conexión a internet tiene, si lo desea, una voz pública, y capacidad de encontrar a quien comparte sus intereses. La construcción de nuestro entorno social no es ya por proximidad física o por las circunstancias vitales. La proximidad se produce en una dimensión digital. Nos buscamos más que encontrarnos en canales diferentes de los tradicionales, y con códigos afectivos distintos.

Así que pese a todo seguimos siendo una sociedad amable, aunque de un modo distinto: menos formal en las distancias cortas. Tal vez se ha perdido la costumbre de saludarnos cada mañana, pero la fuerza de los movimientos colectivos demuestra que los lazos afectivos sociales mantienen su vigor. No somos una sociedad amable en el sentido cortés, porque nos hemos construido como una sociedad de la urgencia, de la falta de tiempo, del estrés. Y quizá por eso no nos queda tiempo para darnos los buenos días. O eso creemos.

Javier Dale

miércoles, 1 de agosto de 2018

ELOGIO DE LA AMABILIDAD (O EN QUÉ MOMENTO PERDIMOS LA CORTESÍA) 1ª PARTE

Para cerrar la campaña de este año ofrecemos este "Elogio de la amabilidad" de Javier Dale.

Cuando uno visita el Palacio Real de Madrid puede dejarse sorprender con el contenido de sus salones (el edificio tiene más de 3.400 habitaciones), pero es inevitable acabar reparando en una particularidad: la ausencia casi absoluta de pasillos. Las estancias se conectan unas con otras, de modo que la manera más habitual de ir de una habitación a otra cinco estancias más alejada es atravesando todas y cada una de las cámaras interpuestas entre ambas.

El Palacio Real es una construcción del siglo XVIII, una época en la que la intimidad, que hoy es todo un derecho, no era ni siquiera un valor. Por eso no existen los pasillos: porque las habitaciones no eran tanto espacios privados como estancias de tránsito donde socializar y ser amable. Y con la corte como modelo de comportamiento, los hábitos de la corte —la cortesía— no eran tanto un trámite como una forma de hacer.

En el mundo actual —donde la conciencia individual es dominante— la cortesía, entendida como la amabilidad en las formas entre personas, se ha perdido. Encontrarse con un "buenos días", con un "que pase una buena tarde" o con un saludo casual pero cortés entre desconocidos es una rareza, particularmente en las ciudades ¿Hemos perdido la capacidad de ser amables unos con otros? ¿Vivimos, de alguna manera, enfrentados a los demás?

Los individuos se distancian de las instituciones

"Es evidente que en la sociedad hay una búsqueda de espacios individuales", explica el profesor de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid, José Antonio Santiago. "No solo de espacios sino de tiempos. Cada vez se reivindican más los momentos de intimidad, bien para estar con uno mismo o simplemente para no hacer nada".

La sensación del tiempo propio como un valor conlleva incluso que el rato de ocio, generalmente empleado para la vida social, derive en una especie de cadena de montaje: una tarde de distensión es una tarde de planes consecutivos y cerrados, dibujados en una agenda. "Las personas quieren rentabilizar su tiempo, lo que provoca una sensación de estrés", sostiene Santiago. Es así: a veces, relacionarse con otras personas se convierte en una actividad para la que no tenemos tiempo.

Santiago añade que "hemos pasado de ser sociedades donde las instituciones ejercían un poder muy fuerte sobre los individuos a sociedades donde los individuos marcan distancias y pueden elegir y tomar decisiones que antes les venían dadas por las instituciones". Un ejemplo está en el cambio del modelo familiar: se ha pasado de la familia nuclear normativa y de la presión que ejercía ("a ver cuándo te casas", "¿para cuándo los hijos?") a un modelo que acepta lo que antes estaba estigmatizado, como puede ser el de las parejas que no se casan, las madres solteras, las parejas del mismo sexo o, incluso, la soltería elegida.

El Estado del Bienestar y el "atrévete"

No obstante, el profesor de la UCM opina que hoy en día no existe una sociedad más egoísta, sino que es la propia sociedad la que fomenta la individualidad. "Hay un cambio de relación entre la sociedad y el individuo. Porque es el propio entorno el que impone a las personas un discurso individual: sé tú mismo, sé responsable, atrévete, busca la realización personal".

A la sociedad individual que habitamos se le suman las contradicciones del beneficio que supone el Estado del Bienestar, al menos antes de la crisis económica. En su libro, Un individualismo placentero y protegido (Deusto, 2010), los profesores Javier Elzo y María Silvestre señalan una paradoja que se manifiesta en la sociedad española: "La protección viene de la mano de una concepción del Estado de bienestar protector y prácticamente omnipresente (…) El individuo se afirma en su principio de libertad individual, pero se protege desde una concepción universalista del papel del Estado social". Esto es, como sociedad individualista anteponemos nuestros deseos a los de los demás, pero sustentamos esa libertad en las obligaciones de un Estado que, en ocasiones, damos por supuesto y del que no nos sentimos obligados a participar.

El trabajo de Elzo y Silvestre señala además que la evolución del grado de satisfacción de la sociedad española entre 1981 y 2008, fundamentado en el Estado del Bienestar, no alimentó la confianza entre las personas: si en 1981 el 61% de la población afirmaba ser prudente a la hora de confiar en la gente, en 2008 esa cifra aumentaba tres puntos, hasta el 64%. ¿Cómo se puede ser amable con alguien en quien no confías?

Javier Dale

miércoles, 25 de julio de 2018

DESCUBRIR A DIOS EN LAS CRIATURAS

El jesuita Toni Catalá, en una de sus reflexiones, nos dice que nuestra mirada a la realidad, al entorno, a las personas... normalmente es juzgadora, aunque pensemos que es una mirada religiosa. Y nos pone el ejemplo de Simón el fariseo. Cuando Jesús está en casa de Simón el fariseo y entra la pecadora de la ciudad los dos miran a la misma mujer pero no perciben la misma realidad. El fariseo percibe comportamientos “morales”, Jesús percibe a una criatura del Dios de la Vida que está rota. La mirada de Jesús no es religiosa, sino evangélica. Y nos damos cuenta de que la mirada Jesús y Simón generan prácticas diversas.

Siguiendo en la misma línea de reflexión, tenemos la cita de un gran jurista italiano, Francesco Carnelutti:

“Ante mis ojos pasaron asesinos, violadores, parricidas, ladrones, y toda esa humanidad desconcertante, reducida con frecuencia a la condición animal. Y vi que el Dios de los cristianos se identificaba con ellos, sin excepciones ni exclusiones. No se identificaba sólo con la aristocracia de los presos políticos, o con los condenados injustamente, sino con el delincuente común. Entonces comprendí que ninguna fantasía religiosa podía haber inventado un Dios así. Sólo el propio creador de esa humanidad oscura y desesperada podía haberse identificado con ella”

Mirar cómo Dios habita en las criaturas y percibirlo en ellas no está en función del comportamiento de las mismas, esto es lo “normal” y “natural”, sino percibir a Dios en las criaturas sólo lo podemos hacer cuando nos dejarnos transformar el corazón y la mirada por el Compasivo.

Sólo cuando tenemos la profunda persuasión de la radical dignidad del otro porque es de Dios, sólo cuando percibimos la naturaleza como obra de sus manos nuestra mirada se limpia y todo lo empezamos a ver con “ojos nuevos”.

Carta de Asís, julio 2018

viernes, 13 de julio de 2018

EDIFICAR SOBRE LA ARENA

Nada se edifica sobre la piedra, todo sobre la arena, pero nuestro deber es edificar como si fuera piedra la arena.
Borges

martes, 10 de julio de 2018

EL DESEO TIENE UN ANHELO DE INFINITO

Todos hemos oído o incluso conocemos casos en los que personas compran compulsivamente ropa u otro tipo de objetos, sin necesitarlos. Llenan la casa y los armarios de cosas que ni siquiera utilizan. Estos hombres o mujeres pueden decir que compran por aburrimiento, por insatisfacción con ellas mismas, etc. Detrás de todo deseo, también de los compulsivos, hay un sentimiento de carencia personal. Ya lo dice el Salmo 63 (62) referido al deseo del mismo Dios: “Oh Dios, (…). Mi alma está sedienta de ti, mi carne tiene ansia de ti como tierra reseca agostada sin agua”. Me llama la atención que el deseo de Dios toma cuerpo “en nuestra tierra reseca”. El sabernos carentes nos despierta el deseo de Dios y todo auténtico deseo. Nos reconocemos como incompletos, faltos de algo, y esa conciencia nos lanza a la búsqueda de otra cosa. Pero nosotros lo tenemos todo: tiramos comida; los juguetes de los niños no caben en las casas; cambiamos de ropa cada temporada; queremos el último modelo de móvil o coche; ayer era la peluquería o la depilación y hoy es la manicura o la cirugía. Por eso, nuestra cultura saciada, tiene atrofiado el deseo profundo y corre tras deseos efímeros. Somos una sociedad saciada e insatisfecha, colmada y vacía.

Pero creo que, además de esta conciencia de seres incompletos, necesitamos aceptar que la carencia forma parte de nuestra vida de forma natural y saludable, porque si no, podemos entender la fragilidad como una maldición, no como un elemento propio de mi camino personal. Y aceptarla de forma serena, manteniéndome pacientemente en la necesidad, sin correr ansiosamente por cubrir esa pobreza, me hace conectar con el deseo profundo, no con los deseos mentirosos.

Francisco de Asís organizó toda su juventud en torno al deseo caballeresco. Pero, en la guerra, es hecho prisionero y cae enfermo, con lo que su ideal se desbarata. Él podría hacer amputado su ideal de ser caballero pero orienta toda esa energía del deseo hacia otro lugar: el Altísimo. Se convierte en Juglar para cantar sus maravillas, y celebra sus esponsales con la dama pobreza. Francisco sondea sus deseos de ser caballero y descubre qué hay en ellos de pernicioso - la violencia, el ansia de poder y posesión- y qué hay de verdadero, de constructivo - la belleza, el compromiso, la entrega de una vida por un ideal-. Esa capacidad de orientar el deseo, sin castrarlo, de potenciar lo auténtico y desechar lo negativo es lo que canaliza nuestra energía vital.

Es lo mismo que hace Jesús cuando va por el lago de Galilea llamando a que le sigan. Los discípulos le dirían: “¡pero sí estamos muy bien siendo pescadores!”. Y Jesús contesta: “Os haré pescadores de hombres” (Mt 4, 19). Es decir, Jesús orienta ese deseo de ser pescadores y además lo lanza al infinito, lo trasciende: “os haré pescadores de hombres”. Por eso, como cita José A. García, personas no creyentes como Horkheimer hablan del “anhelo de lo totalmente Otro”, o Nietzsche dirá que “el gozo, término del deseo, quiere ser eterno”. Porque el deseo humano tiene un anhelo de infinito.

Javi Morala, capuchino

domingo, 8 de julio de 2018

PREGÓN PARA PASAR UNAS VACACIONES MARAVILLOSAS

Amiga, amigo:
Aunque tuviese todo el dinero del mundo
para poder elegir los mejores destinos vocacionales...,
si no veraneo con Jesús, mi corazón seguirá estando
en el mismo lugar de todos los años:
en la monotonía, el aburrimiento y la desdicha.

Aunque tuviese dos, tres, seis meses de vacaciones...,
si no paso ese tiempo con Jesús, serán días perdidos, tiempo inútil.

Aunque tuviese amigos en todos partes del mundo,
si entre ellos no se encuentra Jesús, de nada me sirve.
"enchufes" en las embajadas, contactos en hoteles cinco estrellas...,

Amiga, amigo:
El verano con Jesús es maravilloso, agradable;
no es para nada aburrido ni costoso ni monótono.
En un verano con Jesús todo lo aprendes,
todo lo conoces, todo lo disfrutas, todo lo amas.
El verano con Jesús no falla nunca.

Amiga, amigo:
Las vacaciones podrán ser suprimidas, las playas podrán desaparecer,
los hoteles de ensueño cerrar sus puertas,
los lugares paradisiacos dejar de tener su encanto,
incluso la gastronomía exquisita podrá perder su exquisito sabor...
Sin embargo, Jesús, y con Él la posibilidad
de unas vacaciones 10..., jamás desaparecerá.

Amiga, amigo:
De ti depende pasar unos días magníficos, unas semanas de ensueño.
Tú, Jesús y un verano por delante.
Tú, Jesús y una vida llena de Sol, de Amor, de Felicidad.
¡Tú decides!
José María Escudero

martes, 3 de julio de 2018

SLOW LIFE

Aprovechamos el tiempo de verano para salir, viajar, intentar desconectar del ritmo acelerado. Queremos hacer cosas a las que no llegamos a lo largo del año, pues el ritmo y las tareas a las que hacer frente nos lo impiden.

Actualmente, vivimos a toda velocidad, y el mundo que nos rodea se mueve con más rapidez que nunca. Día a día nos esforzamos por conseguir ser más eficientes, por hacer más cosas y más rápido. Sin embargo estamos convencidos que este estilo de vida genera mayor estrés, ansiedad, malestar físico y psíquico entre nosotros. En este tiempo, la playa, el monte, el pueblo, un viaje, etc son alguno de los modos o posibilidades que tenemos para desconectar.

Al pensar en el tiempo de verano, en cómo vamos a organizarnos las vacaciones, si es que podemos, me he acordado de ese movimiento o filosofía de vida que se da en nuestro mundo de “Slow Life”, desacelerar para ser más feliz.

Dentro de nuestra sociedad hace algunos años surgió este movimiento alternativo a esa forma acelerada de vida. Es un movimiento o filosofía que reacciona contra el ritmo desenfrenado de la vida, con el objetivo de disfrutar y saborear la vida al máximo. Nos propone que seamos capaces de dedicarnos a hacer las cosas tranquilamente, sin ninguna prisa y disfrutando de cada una de ellas.

De hecho, quienes lo practican nos dicen que este modo de vida nos hace más sensible a un mayor contacto con la naturaleza, nos educa para la solidaridad y no la competitividad, nos ayuda en la creación de un sistema sanitario más personalizado y un trabajo más creativo. La lentitud aporta tranquilidad y relax para que podamos conectarnos con ese deseo de felicidad que anida en nosotros.

Una vida lenta, sin prisas, no es sinónimo de pasividad, de ir a paso de tortuga, sino de realizar la actividad de otra manera. Nos invita a vivir la vida más despacio y más conscientemente para poder disfrutar de ella. Parece que si te tomas las cosas de otro modo es que eres un vago y que no quieres hacerlo. Cuando precisamente, haciendo las cosas con más calma se hacen mejor, se disfrutan más, le puedes poner más atención y cariño, y eso te permite recargar de nuevo las pilas.

Benjamín Echeverría, capuchino

viernes, 29 de junio de 2018

BÚSQUEDA DE LA JUSTICIA

Cuántas veces hemos oído en la toma de posesión de algún cargo la expresión: “tomo este cargo como servicio a la comunidad”. Y luego vemos muchas veces que, a la vista de todos o disimuladamente, el servicio es a los intereses de uno mismo. En nuestra época no se nos hace fácil entender bien eso de la autoridad como servicio. Y ciertamente, en todo colectivo humano hay alguien que formal o informalmente funciona como autoridad con ascendencia sobre los demás. ¿Cómo ejercer ese papel de modo que sea al servicio de la comunidad?

La autoridad no es un estado sino un modo de relación, algo dinámico, en continuo movimiento, en continuo ejercicio, tanto por parte del que lo detenta como por parte de los que están bajo dicha autoridad. También es cierto que en cada contexto la autoridad ha adquirido una forma diferente. De todos modos, hay algunos aspectos importantes para que sea verdad eso del “servicio de la autoridad”.

Uno es que la autoridad no es propiedad del que debe ejercerlo. Es una gran tentación la apropiación de la autoridad por parte de la persona que ejerce. En la fraternidad, entre hermanos la autoridad no se consigue sino se recibe, por lo que no es propiedad sino concesión. Así, es sólo temporal, caduco. Y otro de los aspectos de la autoridad entre hermanos, hermanas, es que el destinatario de ese ejercicio responsable son las personas de la fraternidad. Así, la mirada no se fija en el sistema, en el orden del colectivo, en la lógica del organismo, etc. sino en las personas que formamos la fraternidad. La autoridad no es dominio sino una forma de servicio temporal, una forma de ser hermano determinada por un tiempo.

Si se pierde estas intuiciones el ejercicio de la autoridad en la fraternidad podrá derivar en otras cosas: autoritarismo, caos, mero equilibrio de fuerzas, etc. y los que saldrán perdiendo serán los pequeños en primer lugar, y todos a fin de cuentas. Jesús tenía autoridad, como nadie, pero lo ejerció dando su vida por todos.
Carta de Asís, junio 2018 

martes, 26 de junio de 2018

EL ARREPENTIDO



«El Arrepentido» es una canción interpretada por Melendi, con Carlos Vives, publicada en el álbum «Ahora» en febrero del 2018. Esta canción reflexiona sobre distintas actitudes que nos impiden vivir en el momento presente. Acompañamos al videoclip unos puntos para pensar sobre este tema.

1. A veces vivimos como ciegos
Vamos por la vida sin prestar mucha atención en lo que pasa a nuestro alrededor. La canción habla de cuando estamos tan metidos en el pasado o en el futuro que somos como «sordos, ciegos y mudos». No es malo recordar viejos tiempos o hacer proyectos para el futuro pero a veces estas actitudes no nos dejan vivir prestando atención al momento presente.

2. El dolor nos puede impedir ver claramente
Cuando estamos muy heridos podemos recurrir a encerrarnos en nosotros mismos y echarle la culpa a los demás de nuestros problemas. Parecería la forma más fácil de lidiar con la situación pero a medida que pasa el tiempo esa herida nos va impidiendo vivir con alegría y vamos caminando con un dolor muy grande en el corazón.

3. Jesús viene a devolvernos la vista
Él conoce nuestras cegueras mejor que nadie y quiere curarlas todas. Sólo tenemos que pedírselo y nos va a devolver la vista y sanar todo ese dolor que nos impide ver. Podemos acercarnos a la Adoración Eucarística para hablar con Él, contarle todo lo que nos pasa, poner en sus manos las preocupaciones y miedos que ocupan nuestra mente y pedirle la confianza para vivir con alegría la situación que estemos pasando en este momento.

4. Cuando despertamos podemos escuchar el grito del planeta
Cuando empezamos a vivir en el ahora, nos damos cuenta que no estamos solos, que tenemos hermanos y que necesitan de nosotros. Descubrimos que tenemos mil y una oportunidades para amar en nuestro día a día; mil y una oportunidades para celebrar esta vida tan linda que Dios nos regala, y mil y una oportunidades para encontrarnos con nuestros hermanos en mi familia, en el trabajo, en el estudio y con mis amigos.

Tomado de catholic-link.com

martes, 19 de junio de 2018

RECUPERAR LAS COSAS SENCILLAS

Tendemos a dar poca importancia a los detalles y a las cosas pequeñas. Nos dejamos encandilar por las cosas complejas y espectaculares, corremos tras de ellas frenéticamente y terminamos agotados, incapaces de disfrutar lo que tenemos. Benjamin Franklin decía: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Estamos rodeados por cosas sencillas que se esconden a nuestra mirada distraída. No tenemos tiempo para mirar las estrellas. Sería bueno que un día de estos contemplemos un amanecer: los rayos del sol que acarician lo que tocan, el canto de los pájaros que saludan el nuevo día, la multitud de pequeños animales que hacen sentir que en la tierra estalla la vida por doquier. Pongamos atención a este ritual que generalmente nos pasa inadvertido y observemos lo que sucede en nuestro ánimo.

Las cosas sencillas de la vida nos hacen sentir vivos. Si cada día pudiéramos detenernos en esas pequeñas cosas que nos rodean, tal vez nuestro día se llenaría de armonía y paz interior. La contemplación de las cosas pequeñas y humildes nos lleva a descubrirnos a nosotros mismos desde lo sencillo. Si nos detenemos unos minutos en nuestro propio ser, descubrimos la grandeza de la vida que nos envuelve, nos acoge, nos invita a vivirla y sentirla. Entonces nos percatamos de la fuerza escondida en nuestro interior y nos sentimos grandes en nuestra pequeñez, seguros en nuestra debilidad. Entonces nos amamos con nuestras virtudes y defectos, nuestra grandeza y fragilidad. No esperemos el día en que extrañaremos las cosas simples que no supimos y no quisimos valorar.

Benjamín Monroy, Ofm

martes, 12 de junio de 2018

UN HOSPITAL: UN TROCITO DE REINO

Hace unas semanas me tocó acompañar a mi madre en el hospital. Hay momentos de mucho movimiento y otros de una tranquilidad pasmosa que hacen descender el biorritmo y, a veces también, el ánimo. En una de esas tardes, después de comer, donde los minutos se suceden sin otro aliciente que los ronquidos de las pacientes, me di cuenta de una circunstancia.

En un hospital las limpiadoras se afanan cada día para que todo esté pulcro y ordenado; las auxiliares cambian la cama, traen la comida y asean al paciente; con los amables celadores recorres las instalaciones en busca de una radiografía o un TAC, como si de una ruta turística se tratara; las enfermeras ponen vías, hacen curas, suministran la medicación, miden las constantes, calman el dolor físico y emocional con su alegría y su buen hacer; los médicos -los grandes esperados- se preocupan por la paciente, realizan decenas de pruebas para descartar una enfermedad y la otra, explican con tacto el diagnóstico y el pronóstico; y hay que contar también con las personas que están en los laboratorios, los trabajadores de la cocina, de la lavandería, secretaría-recepción, información, informática, etc.

En aquella tarde apática, desperté y me hice consciente de que aquel lugar era una estructura de cientos de trabajadores, pensada y organizada para el cuidado de las personas más vulnerables, de las personas que en otros contextos no son valoradas. Da igual de qué condición social seas, si tienes dinero o no, si eres famoso o un marginado: allí se hace todo lo posible para que recuperes la salud. Muchos podrían decir que tales o cuales personas no merecerían esos cuidados; que no se lo han ganado, que no son de aquí, que no vale la pena tanto gasto. Pero no. Superando la aporofobia, la cultura del descarte, el economicismo, el egocentrismo cultural y la supuesta productividad, los hospitales son capaces de gestionar un ejército de personas y capacidades al servicio de los más débiles. Algo así debe ser el Reino de Dios, algo así debe ser la vida plena, la Vida con mayúsculas. Un trocito de cielo se está construyendo ya en estos edificios llenos de dolor y consuelo.

Luego me di cuenta que este descubrimiento no había sido una mera ocurrencia mía, sino que ya aparece en la bóveda de la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel. En su visión del juicio final, los que consiguen subir a la presencia del Padre están ayudándose unos a otros, los más fuertes a los más débiles, los que más pueden a los que menos pueden: como en nuestros hospitales.

Gracias a todos los que hacéis posible que experimentemos la maravilla del Reino de Dios ya aquí en esta bendita tierra.
Javi Morala, capuchino

martes, 5 de junio de 2018

ALEGRAOS Y REGOCIJAOS

El papa Francisco acaba de publicar otro gran documento, una Exhortación Apostólica sobre la Llamada a la Santidad en el Mundo Contemporáneo. “Gaudete et Exsultate”, “Alegraos y regocijaos” (Mt 5, 12). No es un tratado sobre la santidad.

El objetivo o el deseo del Papa es que seamos conscientes de la llamada a la santidad que el Señor nos hace a cada uno de nosotros. Haciendo referencia a un texto de la Carta a los Hebreos, nos invita a reconocer que tenemos «una nube ingente de testigos» (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor (GE.3).

Es importante que seamos conscientes de que cada uno de nosotros tiene que recorrer su propio camino, su propia vida. Hemos hecho distintas opciones, hemos elegido estilos distintos de vida, creyendo que eso era lo mejor para nosotros mismos. Desde lo que vivimos cada uno estamos llamados a acertar con lo mejor de nosotros mismos y a sacarlo a la luz… Estamos llamados a hacer la voluntad de Dios.

En este mes de junio recordamos dentro de la familia franciscana al santo más popular, a San Antonio de Padua. Un hombre de origen portugués que, impactado por la muerte de los primeros mártires franciscanos en Marruecos, decidió sumarse al movimiento que se estaba creando en torno a San Francisco de Asís. Al principio pasó desapercibido dentro de la fraternidad franciscana, pero en seguida sus hermanos se dieron cuenta de sus cualidades y capacidades intelectuales.

Cuando Francisco se enteró de que Antonio enseñaba teología a los frailes les escribió estas palabras: «Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción». De esta manera le advertía de la tentación de convertir la experiencia cristiana en un conjunto de elucubraciones mentales que terminan alejándonos de la frescura del Evangelio. En esta misma línea se sitúa al Papa al hablarnos de la santidad: “me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad” (GE.7)

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 31 de mayo de 2018

BEBER LA VERDAD DE LA VIDA

Esta evocación parte de un suceso puntual: estando en Taizé en 2010, después de la larga oración de la tarde, el hermano Roger departió largo rato al fondo de la Iglesia de la Reconciliación con un grupo de franciscanos. El anciano monje, con una lucidez admirable, nos dijo entre otras cosas: “Ustedes tendrían que ser apóstoles del gusto por la vida, porque el gusto por la vida es el mejor don del Espíritu”. Parecen palabras impropias en boca de un anciano que parece haber agotado los recursos de la vida. Pero ahí reside justamente su valor: quien ha entendido la vida la disfruta hasta el último momento y, por paradójico que parezca, la disfruta cada vez más. Esto resultaría imposible si el Espíritu de Dios no aleteara en esta realidad nuestra dinamizándola más allá de sus limitaciones.

Ante tanto acíbar que se ha echado sobre la realidad de la vida (Brines dice que es un “sueño roto”, F. García Lorca dice taxativamente en su Oda a W.Whitman que la vida “ni es buena, ni noble, ni sagrada”; nada digamos de la corriente generalizada en la espiritualidad cristiana de menosprecio de la vida: “hozar en la tierra de la vida”, “sólo Dios basta”, “vida amarga”, “nada me retiene aquí”, etc...), tanta amargura vertida, no estaría mal que caminásemos por la senda de una reconciliación, hecha de benevolencia y amor, con esta vida nuestra, pobre pero hermosa, débil pero interesante, áspera pero conteniendo dentro la perla finísima del amor y de la posibilidad plena. Una formidable reconciliación con la vida, algo de eso está esperando el mundo hoy de los/as creyentes.

Al fondo de todo esto hay un grave problema aún no resuelto: el de la reconciliación con la creación. Porque esa reconciliación no solamente habrían de hacerla los creyentes sino toda persona. Todos nos sentimos en lucha con la vida porque no hemos entendido que aquí está enterrada la hermosa semilla de lo pleno. Por eso es preciso trabajar mucho, fecundo trabajo, el de la reconciliación con la vida. Nos decía aquella tarde el hermano Roger: “¿Se han fijado Uds. que el Cántico del hermano sol de san Francisco es, ante todo, un formidable canto del gusto por la vida?”.

Nada mal estaría que a la vieja lista de los sietes dones del Espíritu se añadiera este, más básico y más decisivo, del gusto por la vida. Aprender ese gusto no es fácil; requiere una perspectiva, un ahondamiento, un afán que quizá solo el Espíritu puede suscitar.

Fidel Aizpurúa

martes, 29 de mayo de 2018

BUSQUEDA DE LA JUSTICIA

Cuando hablamos de San Francisco de Asís, lo asociamos rápidamente a la paz, la fraternidad, la pobreza, la ecología... Pero también hay una dimensión que, aunque no aparezca en sus escritos ni biografías, es necesaria para todo lo demás: la justicia. Nuestra manera de estar en el mundo, de ser solidarios con las vidas de los demás, y sobre todo de los más desfavorecidos, está marcada por la búsqueda de la paz y la reconciliación. La espiritualidad franciscana lleva esta marca en su ADN.

Pero somos sabedores de que la paz y la reconciliación no sólo son fruto de la buena voluntad y de los buenos deseos. Son resultado también del cuidado de las condiciones que ayudan a ellas. Una de las condiciones imprescindibles para la paz y la reconciliación es la justicia; esa situación en la que se reconoce a las personas la dignidad mínima para que puedan ser y desarrollar aquello a lo que están llamadas a ser y hacer. Es inviable, o muy dificultoso al menos, esa paz y reconciliación en situaciones de injustica donde los derechos humanos mínimos no se dan. La paz y la reconciliación no suponen personas ilusas e insensatas que, en nombre de la paz y la armonía son capaces de asumir situaciones de injustica. No vale aquello de “por la paz un avemaría”.

Por ello, la espiritualidad franciscana no está separada de la búsqueda de la justicia. Ciertamente tiene que darse en medio de la búsqueda de la paz y en modos no violentos; pero búsqueda, a fin de cuentas, de las condiciones mejores para esa vida reconciliada consigo mismo, con Dios, y con los demás. Como dijo el Papa Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón (reconciliación)”.
Carta de Asis, mayo 2018

domingo, 27 de mayo de 2018

DOMINGO DE LA TRINIDAD

La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.

jueves, 24 de mayo de 2018

EL VALLE

UN valle como éste,
en el que existen el gorrión, la rosa,
los ríos y los árboles, las nubes,
mayo y septiembre,
y el amor y la luz que en sus anchos dominios
a todos nos acogen, no puede ser que sea
triste valle de lágrimas,
por más que en nuestros ojos prospere el llanto a veces
y aunque lloremos lágrimas de sangre,
o aun a pesar de que la muerte venga
-tan a regañadientes de nosotros-
a transformarnos sin contemplaciones
en redomas ya limpias,
en sustancia de Dios.
Eloy Sánchez Rosillo

martes, 22 de mayo de 2018

“QUIERO UN MARRÓN”

Colectivos ecologistas y vecinales lanzan la campaña “Quiero un marrón” con el objetivo de conseguir una gestión adecuada de la fracción orgánica de los residuos en la Comunidad de Madrid. Entre otras acciones, se realizarán actividades informativas en barrios y municipios para comprometer a los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid a una separación correcta de los residuos orgánicos domésticos.

Distintos colectivos vecinales y ecologistas de la Comunidad de Madrid lanzan “Quiero un marrón”. La campaña pretende explicar y concienciar en los barrios, ciudades y pueblos madrileños sobre la necesidad de conseguir una correcta separación de la materia orgánica en los domicilios. Además, se buscará el compromiso de las corporaciones municipales para implantar sistemas eficientes y eficaces de separación.

“Quiero un marrón” aspira a conseguir un importante apoyo y participación vecinal. Es importante sensibilizar a nuestros vecinos y vecinas sobre las consecuencias positivas de una correcta separación, al tiempo que se incide en los peligros que supone el actual modelo de gestión. Para los colectivos participantes, la recogida selectiva de la materia orgánica y su correcto tratamiento aparecen hoy como fundamentales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación de los suelos por la presencia de vertederos, la producción masiva de materiales fertilizantes que provienen del petróleo y para cumplir con los objetivos europeos de reducción y reciclaje en 2020.

http://www.quierounmarron.org

domingo, 20 de mayo de 2018

¡VEN RUAH DE DIOS!

¡Ven, Santa Ruah!
Renueva la faz de la Tierra.
Reconcílianos con el aire que contaminamos,
reconcílianos con el agua que envenenamos,
reconcílianos con la tierra que llenamos
de asfalto y cemento,
reconcílianos con los hermanos y hermanas
a quienes descartamos.
¡Renueva nuestros deseos
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, Madre de la vida!
Límpianos del deseo de poder,
haznos creer en la reconciliación
entre nosotras y los animales
a los que tratamos como máquinas,
entre nosotros y las plantas
que aparentan ser inútiles para nosotros.
Danos fe para rescatar los árboles,
para que no todos mueran.
¡Renueva nuestras mentes
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, Aliento de Dios,
Maestra de los humildes!
Inspira nuestras vidas para que aprendamos a vivir
en unión con todas las criaturas,
transfórmanos de enemigos en hermanos,
de especuladores de ganancias
en amigos de la Tierra.
¡Renueva nuestros corazones
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, esperanza de los pobres,
juez de los poderosos!
Rescata del naufragio a nuestro planeta,
sácanos de la prisión de nuestra voracidad.
Aliento de vida, ¡sopla sobre nosotros!
Agua de vida, ¡déjanos beber de ti!
¡Déjanos convertirnos en tu morada
y renueva la faz de la Tierra!

jueves, 17 de mayo de 2018

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN

Esa vieja cordura los desprecia.
Tontos, enfermos, locos, raros, poquita cosa:
piezas inacabadas.
Pero a Él le sirven todos,
piedras de su Edificio. Algunas veces
los usa como piedras angulares
–véase el Evangelio– y otras veces con ellos
le hace a la Historia vados, aceras, jardincitos,
poyetes en que toman el sol los jubilados.
Nada se desperdicia. Ninguno queda fuera.

Quién sabe si por ellos, solamente por ellos,
siguen Aldebarán y el Cisne y la Vía Láctea
girando en el silencio de las noches. Quién sabe
si a ésos que tienen pájaros
en la cabeza, a aquéllos que están como una cabra,
a los que oyen campanas y nunca saben dónde,
a los que les han dado calabazas…
Él no los ha elegido como sus proveedores
de materiales para hacer sus primaveras.
Miguel D’Ors

martes, 15 de mayo de 2018

UN DIOS DENTRO

La física cuántica nos muestra cómo el universo está en expansión debido a una fuerza que explotó hace millones de años cuando la energía del silencio descansó sobre un horizonte de nada pura. Entonces, un sonido poderoso explotó como una bola de fuego imponente. El silencio engendró la danza y la danza explotó en la vida. Esta energía infinita danzó hacia la existencia en modos de gran creatividad. Por eso la tierra es tan radioactiva y mantiene su centro caliente por las continuas reacciones nucleares. Incluso muchos átomos en toda la superficie siguen todavía explotando.

Está calculado que en nuestro propio cuerpo tres millones de átomos de potasio explotan cada minuto. Esa fuerza de dentro puede recibir el nombre de Dios: un Dios que es fuente de energía, de vida, y, si se mira desde el amor, fuente de amor. No un Dios lejos, fuera, en su cielo, no se sabe dónde. No, se sabe dónde: en el centro de la vida, sosteniéndola, produciéndola, amándola. La verdad de Dios en ese centro es lo que la resurrección de Jesús quiere enseñarnos.

La mejor respuesta es la contemplación admirativa, la alabanza, el éxtasis ante aquello a lo que pertenecemos. ¿Puede ser esto rodeado de cordialidad hasta que pueda entrar en nuestro corazón tanto o más que lo que entró con las representaciones religiosas tradicionales?

Ojalá.
Fidel Aizpurúa

jueves, 10 de mayo de 2018

EXTRACTO DE “EL BAJÍSIMO”

La belleza viene del amor, el amor viene de la atención. La atención simple a lo simple, la atención humilde a los humildes, la atención viva a toda vida.

Ante el amor no hay ningún adulto, no hay más que niños, más que esa inocencia que es abandono, despreocupación, mente perdida. La edad suma. La experiencia acumula. La razón construye. La inocencia no cuenta nada, no amontona nada, no edifica nada. La inocencia es siempre nueva, se va siempre a los comienzos del mundo, a los primeros pasos del amor. El hombre de razón es un hombre acumulado, amontonado, construido. El hombre inocente es lo contrario de un hombre cargado sobre sí mismo: es un hombre liberado de sí, renaciendo en el total nacimiento de todo.

Os invito a ser como la tierra desnuda, olvidada de sí misma, acogiendo igualmente la lluvia que la golpea y el sol que la reseca. Y decir a los otros: buscáis la perfección en los desiertos de vuestro espíritu. Pero yo no os pido ser perfectos. Os pido ser amantes.

Esperáis del amor que os colme. Pero el amor no colma nada- ni el hueco que tenéis en la mente, ni ese abismo que tenéis en el corazón. El amor es vacío más que plenitud. El amor es la plenitud del vacío. Es , os lo recuerdo, una cosa incomprensible. Pero aquello que es imposible de comprender es muy simple de vivir.
Christian Bobin

martes, 8 de mayo de 2018

EL CARRO DE LO ETERNO CON SUS RUEDAS DE MADERA

Cuando preguntamos qué quieres ser de mayor, muchos niños responden: “Mesi” y otros “Ronaldo”. Y los no tan niños, no lo dicen pero suspiran por tener un cuerpo diez, ser famosos o tener mucho dinero. Parece que para ser dichoso hay que ser alguien especial, alguien diferente, alguien único, el mejor. Pero ser como Mesi o Ronaldo lo consiguen uno o dos entre los más de 7 mil millones de habitantes del planeta. El cuerpo diez realmente no existe porque lo crean con Photoshop, maquillajes o liposucciones. Famosos son unos pocos y también son minoría los que tienen dinero a espuertas. Así es que realmente, la gente de a pie, parece que lo tenemos un poco difícil para ser felices.

Me sigue llamando la atención que cada vez sea más normal que mujeres y hombres vayan a clínicas plásticas a operarse para quitarse grasa, cambiarse lo labios o los pechos. Es la mayor barbaridad que uno puede hacerse: cambiar su cuerpo, salvo en situaciones extremas claro. Sobre todo porque indica una falta de aceptación de uno mismo brutal. Estás diciendo que quieres ser de otra manera, que no quieres ser como eres. Creo que justo esta situación es la que nos impide ser felices: la falta de aceptación de lo que somos; la pretensión de ser lo que no somos.

Me da la impresión de que la felicidad tiene que ver con aceptarte tal y como eres, acoger tu debilidad, saber lo que eres y quererte tal cual. Y eso es justamente la humildad cristiana, que tan poco se entiende: es saberte valioso y digno en tu fragilidad. Es el sentimiento que expresa María de Nazaret cuando dice que Dios “ha mirado la humildad de su esclava” (Lc 1, 48). La humildad no se trata de una virtud que te haga sentir bueno, de una “pose” para parecer lo que no eres. La humildad es saber y aceptar lo que eres, tu realidad, tu tierra, tu humus (de ahí viene la palabra). El ser dichoso también necesita acoger la realidad que te toca, aceptar la vida que se te presenta, abrir las puertas a cada instante, sin querer vivir otra cosa, adentrándote en lo sagrado de cada momento, aunque parezca que sea vulgar o doloroso. Algo de esto expresa Christian Bobin:

La libélula al verme, se detiene en la empalizada. Me paro a mirarla. El carro de lo eterno con sus ruedas de madera pasa entre nosotros sin un ruido: luego la libélula vuelve a sus cosas y yo prosigo mi paseo con una nueva tonalidad de azul en el alma”.

Javi Morala, capuchino

jueves, 3 de mayo de 2018

NO SE ENSOBERBECE SEÑOR MI CORAZÓN

No se ensoberbece Señor mi corazón.

Yo no quiero ser millonario,
ni ser líder,
ni ser primer ministro.

Ni aspiro a puestos públicos,
ni corro detrás de las conderaciones.

Yo no tengo propiedades, ni libreta de cheques
y sin seguros de vida
estoy seguro,
como un niño dormido en los brazos de su madre...

Confíe Israel en el Señor,
y no en los líderes.

Ernesto Cardenal

martes, 1 de mayo de 2018

MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

La Iglesia ha dado un protagonismo especial siempre a la figura de la Virgen. Si nos fijamos en la presencia que ella tuvo desde el primer momento en el seno de la comunidad cristiana nos lleva a recordar los últimos momentos en la vida de Jesús.

Desde la Cruz, antes de morir, nos la entrega por madre nuestra en la persona de San Juan. Aquel discípulo la acogió como Madre. Nosotros, como cristianos, hemos tratado de tener la misma actitud que el Discípulo Amado.

En fechas mucho más recientes, el Papa Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, declaró a la bienaventurada Virgen María “Madre de la Iglesia”. De esta manera Pablo VI quería que la viéramos como “Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa”. Este fue su deseo: que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título». Con este título nos dirigimos a ella desde el año 1980 en las letanías del rezo del Rosario.

Ahora, el Papa Francisco, retomando esta tradición y convicción eclesial, quiere que cada año, el lunes después de Pentecostés celebremos la memoria de María, Madre de la Iglesia.

De esta manera, el Papa actual pretende que esta celebración nos ayude a “recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.

Que esta celebración de la Virgen como Madre de la Iglesia nos ayude en nuestros tiempos a resituar a María en nuestra forma de vivir la fe. Que no cree en nosotros ni en la comunidad cristiana una visión de ella mojigata, pues ella no lo fue. De ella se han dicho y se dirán muchas cosas, acertadas unas y totalmente desacertadas. Las personas que me iniciaron en la fe siempre me transmitieron la imagen de la Virgen María como la de una mujer valiente que, como discípula, formó parte activa de la Comunidad creada por su Hijo. Una mujer que por su fe, amor y entereza, se convirtió en un elemento importante en la comunidad cristiana. Como ella se han situado y lo siguen haciendo ahora muchas mujeres que animan la vida y la fe de muchas de nuestras sencillas comunidades cristianas.
Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 24 de abril de 2018

ACEPTACIÓN Y LUCHA

En la vida se llega a situaciones curiosas, aunque parezcan del todo contradictorias. Por una parte, se llega a experimentar los límites de uno mismo y de los demás en propia carne. No somos tan maravillosos como quisiéramos, ni podremos serlo jamás; no podemos alcanzar todo cuanto quisiéramos, ni mucho menos; las condiciones del entorno no son las más deseables, etc. Somos conscientes de lo que la realidad puede dar y no puede dar en primera persona. Y a la vez, el amor que hemos vivido, que aún nos mueve y nos inspira nos empuja a luchar por lo que parece imposible. No podemos más que seguir en la brecha por la vida, por los demás, por los que amamos, por Dios...

¿Cómo se vive esta contradicción, aparentemente sin solución? Hay dos vertientes por las cuales podemos deslizarnos sin darnos cuenta. Uno es el derrotismo realista del que no espera nada porque la realidad se impone hasta ahogar en nosotros lo más genuino de nuestra vida. Quizá lo adornemos de sabiduría, de elegancia, de literatura... pero la vida ha terminado en nosotros. La otra vertiente nos lleva al voluntarismo asfixiante que avinagra toda la existencia de uno mismo y de los demás. Podemos alzar la voz, revolvernos ante las dificultades, levantarnos haciendo un inmenso esfuerzo de ideas y de ilusión, pero el corazón no está fresco sino resentido, revuelto, envenenado.

Y sin embargo, hay personas que han encontrado el resquicio vital, o se les ha dado el regalo de entrar en una nueva fase en la vida donde sabiendo lo que pueden dar son capaces de elevar su mirada y luchar con un corazón fresco, amante, apasionado. Luchan humildemente, son humildes luchadores porque han aceptado lo que la vida puede dar y son capaces de entregarse del todo con la esperanza de ir más allá. Sabiendo lo que son lo arriesgan todo y así abren la puerta a lo insospechado. Sólo los tocados por Dios en lo más hondo de su corazón dan la vida por los demás. Aceptan la vida y luchan por ella.
Carta de Asís, abril 2018

jueves, 19 de abril de 2018

TODO ESTÁ CLARO

Estoy en el Sur
Sola, en una casa, junto al mar.
Es invierno. Amanece muy tarde.
Estudio siempre el comienzo del día.

Sale el azul cielo,
el gris-agua amarinado,
los rebabas blancas de las olas,
las dunas terracota
los puntos verdes entre los pinos.

Saca Dios su flexo sobre el mundo,
abrillanta los colores.
Todo está claro. Se ha hecho la luz.
Que gran acuarelista,
Que gran trabajo.
María Antonia García de León

 

martes, 17 de abril de 2018

LA RESURRECCIÓN ENTENDIDA COMO MANANTIAL DE AMOR

Hay muchas maneras de decir la resurrección de Jesús. Casi todas ellas de componente ideológico, dogmático. Algo inapelable envuelto en el misterio. No se sabe qué es, no se entiende, porque es misterio. ¿No habría otra manera de decirlo, una manera que nutriese más, que alegrase más, que sugiriese más? ¿Una manera que no fuese fría e impenetrable? ¿Cómo reproducir la exclamación de aquel o de aquella primera discípula que dijo “está vivo”?

Es la pregunta que muchos se han hecho, aunque su pregunta pase casi desapercibida por su contraria: ¿de dónde brotan el bien y la belleza? Casi siempre nos preguntamos por la fuente del mal. ¿Y la fuente de la bondad, dónde está? Esa misma es la pregunta de la resurrección.

Tiene que brotar, necesariamente, de una fuente de amor donde se halle el origen del amor. La física cuántica ha querido llegar al último ladrillo de la existencia analizando las partículas más indivisibles. Hasta que ha logrado intuir que lo último está en la interdependencia, en el amor.

Por eso, ¿cómo reformular la resurrección desde su fuente, desde el amor? ¿Cómo entender que para saber de resurrección (?) hay que saber de amor? ¿Cómo caer en la cuenta de que hablar de resurrección sin experiencia de amor es hablar de algo que se ignora? ¿Se podría hacer un intento de reformulación de la resurrección desde la perspectiva del amor?

Por cansina y estéril que nos parezca la palabra “amor”, volver sobre ella quizá pueda contribuir a una espiritualidad “nueva” sobre la resurrección y nos sitúe en parámetros alejados de una ideología que nos aporta poco. Quizá sea ingenuo plantearse una Pascua como Pascua desde el amor y para el amor. Pero tal vez haya ahí alguna posibilidad.
Fidel Aizpurúa, capuchino 

jueves, 12 de abril de 2018

VIVE LA VIDA

Vive la vida. Vívela en la calle
y en el silencio de tu biblioteca.
Vívela con los demás, que son las únicas
pistas que tienes para conocerte.
Vive la vida en esos barrios pobres
hechos para la droga o el desahucio
y en los grises palacios de los ricos.
Vive la vida con sus alegrías
incomprensibles, con sus decepciones
(casi siempre excesivas), con su vértigo.
Vívela en madrugadas infelices
o en mañanas gloriosas, a caballo
por ciudades en ruinas o por selvas
contaminadas o por paraísos,
sin mirar hacia atrás.
Vive la vida.
Luis Alberto de Cuenca

martes, 10 de abril de 2018

SOLTERO Y CUARENTÓN… (II)

El mes pasado citábamos este dicho: “soltero y cuarentón que suerte tienes cabrón”. Veíamos cómo reflejaba una idea de felicidad muy extendida en la actualidad, que tiene que ver con disfrutar y no tener incomodidades ni compromisos. Además defendíamos que se daba una extraña paradoja: que las personas que viven de esta manera -centradas en su disfrute- terminan solas en la vida, mientras que las que se entregan a los demás acaban, sus días, acompañadas.

Una amiga, al leer la reflexión, me comentó que no estaba de acuerdo y me ha hecho pensar y afinar mi argumentación. Creo que tiene razón –mi amiga- porque muchas personas que han entregado su vida terminan solas. El mismo Jesús, que “pasó por la vida haciendo el bien”, murió abandonado de su pueblo, de sus amigos y de sus discípulos. Si defendiéramos, en todos los casos, la literalidad de la paradoja citada, caeríamos en la religión utilitarista, de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, que parece que ya está superada.

Pero sí creo que la susodicha paradoja –"el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará"- encierra una verdad un tanto sutil. Cuando me he encontrado con personas con un recorrido vital de entrega auténtica, en medio de su anciana fragilidad, mantienen una alegría y una manera de afrontar su vejez, envidiables. Encierran en su persona una valía, un sentido vital, una serenidad y una fortaleza que se trasparentan en su forma de hablar y relacionarse. No sé si todos y cada uno terminarán su vida más o menos acompañados, pero lo que sí voy viendo es que el darse a los demás, construye la persona y la hace recorrer la debilidad con entereza y esperanza.

Javi Morala, capuchino

jueves, 5 de abril de 2018

RESURRECCIÓN

Muchas personas están convencidas de que la clave del cristianismo, es decir, lo que lo distingue de otras religiones es el amor. A menudo recordamos las palabras de Jesús: “amaos los unos a los otros”.

Tratamos de hacerlas realidad, conscientes de que no siempre resulta fácil, ante las heridas y fatigas de cada día. Aun así, tratamos de querernos unos a otros y perdonarnos. Nos encontramos estas palabras en el evangelio, pero es patrimonio común de otros credos. Damos un paso más las completamos con otras palabras de Jesús: “Amaos los uno a los otros, como yo os he amado”.

En este mes de abril, en pleno tiempo de Pascua, celebramos y revivimos de manera especial el significado de esta afirmación de Jesús. Recordamos que, como se dice en el libro bíblico del Cantar de los Cantares, “el amor es mas fuerte que la muerte”. Celebramos que la muerte no tiene la última palabra, que la muerte es el camino de la resurrección, que la Cruz es símbolo de toda una vida entregada, que Jesús se entregó por nosotros, se desvivió y Dios lo resucitó…

La Pascua no ocurrió una vez, hace más de dos mil años, sino que sucede cada vez que renace la vida, y la vida no cesa de renacer ante nuestros ojos. No hay más que mirar a la creación en este tiempo de primavera. Recuerdo que en las clases de teología, hace ya unos cuantos años, el profesor nos hablaba del origen de la Pascua como de una fiesta de primavera: una fiesta de agricultores que celebraban la nueva cosecha, y otra fiesta de pastores que celebraban la “parición”, los nuevos nacimientos en los rebaños y los deseos de protegerlos de cualquier peligro. Luego se unieron las dos fiestas, y la fiesta de la naturaleza se convirtió en fiesta de la historia, en sacramento de todas las liberaciones pasadas y futuras como nos recuerdan diversos relatos bíblicos.

La Pascua no es la celebración de la muerte de un hombre en la Cruz. Es la transformación de la muerte en Vida.

La palabra fundamental de nuestro credo no es un sustantivo o un adjetivo sino un verbo suspendido entre el infinitivo y el participio: el resucitar, el Resucitado. Él nos pide que renazcamos cada día. Dios quiere que todo en nosotros sea vida, libertad, nobleza, grandeza y alegría.

La resurrección afecta hoy a nuestra vida y cada uno de nosotros está llamado a resucitar. Jesús no nos espera solo en el momento de la muerte, sino ya desde ahora, en cada latido de nuestro corazón.
Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 3 de abril de 2018

Y APARECES TÚ

Tiene la cantante Rozalén una canción simpática: “Ahora vas, y apareces tú”. Viene a decir que, cuando tenía mi vida organizada a mi gusto y capricho, apareces tú, aparece el otro. Y uno entonces no sabe qué hacer, si cerrarse en su rutina o abrirse al misterio del otro con todos sus interrogantes.

Esta Pascua podemos vivirla en esas maneras que tiene Jesús de aparecerse a nuestra vida. Lo tenemos todo organizado, todo planeado y, de repente, aparece Él y las cosas se mueven, empiezan a ir de otra manera. Vamos a pensarlo:
  • Jesús se aparece cuando no queremos saber de nadie y cuando nos cerramos a los demás. Se aparece en el rostro de quien lo pasa mal y nos dice: no te cierres, acógeme, ponte en mi lugar.
  • Jesús se aparece cuando no te falta de nada y consigues todos tus caprichos para decirte: hay gente que lo pasa mal, lo tuyo no es solamente tuyo, hay alguien que espera algo de ti.
  • Jesús se aparece cuando quieres no pensar en tu vida, dejarte llevar superficialmente, andar siempre como flotando. Jesús se aparece y te dice: ahonda, piensa un poco, plantéate las cosas con un poco de seriedad.
  • Jesús se te aparece cuando sabes que te estás aprovechando de alguien y sabes que estás haciendo daño a los demás. Se te aparece y te dice: no hay derecho a que hagas sufrir a nadie y menos a quien te quiere.
  • Jesús se te aparece cuando siempre estás con cara amargada e incordiando a quien te rodea. Se te aparece y te dice: disfruta de lo sencillo, alégrate con lo que tienes, mira en derredor y verás cosas hermosas aunque sean pequeñas. Si no sabes disfrutar, no sabes de la vida.
  • Jesús se aparece te alejas del que sufre, cuando no te importan las situaciones de los pobres, cuando solo vas a lo tuyo. Jesús te dice: mi rostro es el de esos que no quieres ver, mis manos son las que se tienden a ti, mi cuerpo es el de quien anda postrado por la vida.
  • Jesús se te aparece cuando dices que no te interesa cómo va la sociedad, que tú pasas de todo, que no te interesa ni la política ni nada. Jesús te dice: somos familia, somos humanidad. Tienes responsabilidades adquiridas con la sociedad. No es de recibo que te alejes. Has de pensar en colaborar.
  • Jesús se te aparece cuando quieres imponerte a los demás, tener siempre razón, estar por encima de los otros. Jesús te dice: si sirves puedes estar más contento, si te haces hermano del otro tu corazón puede saltar de alegría.
  • Jesús se te aparece cuando lo sientes lejos, cuando no tienes ganas de rezar, cuando no sabes dónde está. Y te dice: yo sigo contigo, yo nunca te dejo, no me alejo jamás de tu casa, de tus preocupaciones, de tu corazón.
Jesús no se aparece para trastocar tus planes sin más, sino para hacerte ver que él está contigo todo el tiempo, sosteniéndote e impulsándote. Si en esta Pascua lo ves más cercano a ti, si lo “palpas”, sería algo estupendo y verdadero. Él te abraza; siente su abrazo.
Fidel Aizpurúa, capuchino

domingo, 1 de abril de 2018

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: LA FUENTE DEL AMOR

La cantante Rosalía hace una versión del poema de san Juan de la Cruz que antes cantara Enrique Morente que comienza diciendo “¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche!”. Los místicos se han preguntado muchas veces por “la fuente”. De dónde viene el amor, la belleza, la dulzura, de qué fuente brota lo mejor que tenemos, lo más valioso del corazón, lo más cálido de la ternura. Y no han dudado en responder: de la fuente del amor.

Algo de eso es lo que celebramos cada año cuando llega la resurrección. Porque ésta no es, principalmente, un dogma, una creencia, un recuerdo de lo que parece que pasó en los albores del cristianismo. Es algo más profundo que eso: es creer que todo brota de la fuente del amor, que lo mejor de nosotros mismos tiene que ver con el amor. Y que si esa fuente del amor se seca, no hay nada que hacer. Todo estaría perdido.

Jesús habló con aquella mujer de Samaría de una fuente que salta hasta la vida eterna, de una fuente de aguas de plenitud, de aguas que calman cualquier sed. Esa fuente no es otra que el amor en cualquiera de sus variantes. Dante decía que el amor mueve el cielo y las estrellas. Es otra forma de decirlo, pero es verdad. Sin la fuente del amor la vida se volvería inhóspita, seca, sin brillo, gris.

Celebrar la resurrección es decir que esa fuente del amor sigue manando, que sus recursos no solamente no se han agotado, sino que se han multiplicado. Decir que Jesús ha resucitado es lo mismo que decir que el agua de la fuente del amor está llegando nosotros, que seguimos bebiendo las aguas puras del amor más delicado, que no deberíamos nunca descreer del amor, apearnos de él, renegar para siempre de su abrazo.

Por todo ello, quien sabe de amor puede saber de la resurrección, y quien deja de lado el amor, deja de lado la resurrección por más que diga que cree en la doctrina. De manera que puedes ser un experto en la resurrección no sabiendo mucha doctrina, sino viviendo con el amor vivo, a flor de piel, interesado siempre por los caminos del corazón.

A Francisco de Asís también le gustaban las fuentes. Dice un autor de la época que “aquella fuente en la que se manifiesta toda bondad, Jesús, se manifestaba a san Francisco en todas las cosas”. O sea, que todas las cosas le llevaban siempre al mismo lugar: a la fuente del amor, a Jesús que comparte y derrama su amor hasta las últimas consecuencias.

Puede ser que, incluso con razón, estés cansado del amor, de ser amable, de entregarte, de querer. No te apees del amor. Cobra fuerza y ánimo celebrando este año la resurrección de Jesús como la certeza de que esa fuente del amor que todo lo riega sigue manando y que puede tocar también tu corazón.

Fuente amor, fuente de ternura, fuente de amable calor, fuente de consuelo cuando las cosas no van bien, fuente de energía para estar siempre atento a la vida, fuente de compasión que levanta el ánimo, fuente de empeño para hacer bien las cosas. Fuente de amor: eso es la resurrección.

Para pensar y orar:
  1. ¿Cómo te imaginas la fuente del amor?
  2. ¿Crees que la resurrección es, sobre todo, cuestión de amor?
  3. ¿Cómo ayudarnos a no desanimarnos cuando no sabemos amar o cuando creemos que nos aman?