martes, 19 de junio de 2018

RECUPERAR LAS COSAS SENCILLAS

Tendemos a dar poca importancia a los detalles y a las cosas pequeñas. Nos dejamos encandilar por las cosas complejas y espectaculares, corremos tras de ellas frenéticamente y terminamos agotados, incapaces de disfrutar lo que tenemos. Benjamin Franklin decía: “La felicidad humana generalmente no se logra con grandes golpes de suerte, que pueden ocurrir pocas veces, sino con pequeñas cosas que ocurren todos los días”.

Estamos rodeados por cosas sencillas que se esconden a nuestra mirada distraída. No tenemos tiempo para mirar las estrellas. Sería bueno que un día de estos contemplemos un amanecer: los rayos del sol que acarician lo que tocan, el canto de los pájaros que saludan el nuevo día, la multitud de pequeños animales que hacen sentir que en la tierra estalla la vida por doquier. Pongamos atención a este ritual que generalmente nos pasa inadvertido y observemos lo que sucede en nuestro ánimo.

Las cosas sencillas de la vida nos hacen sentir vivos. Si cada día pudiéramos detenernos en esas pequeñas cosas que nos rodean, tal vez nuestro día se llenaría de armonía y paz interior. La contemplación de las cosas pequeñas y humildes nos lleva a descubrirnos a nosotros mismos desde lo sencillo. Si nos detenemos unos minutos en nuestro propio ser, descubrimos la grandeza de la vida que nos envuelve, nos acoge, nos invita a vivirla y sentirla. Entonces nos percatamos de la fuerza escondida en nuestro interior y nos sentimos grandes en nuestra pequeñez, seguros en nuestra debilidad. Entonces nos amamos con nuestras virtudes y defectos, nuestra grandeza y fragilidad. No esperemos el día en que extrañaremos las cosas simples que no supimos y no quisimos valorar.

Benjamín Monroy, Ofm

martes, 12 de junio de 2018

UN HOSPITAL: UN TROCITO DE REINO

Hace unas semanas me tocó acompañar a mi madre en el hospital. Hay momentos de mucho movimiento y otros de una tranquilidad pasmosa que hacen descender el biorritmo y, a veces también, el ánimo. En una de esas tardes, después de comer, donde los minutos se suceden sin otro aliciente que los ronquidos de las pacientes, me di cuenta de una circunstancia.

En un hospital las limpiadoras se afanan cada día para que todo esté pulcro y ordenado; las auxiliares cambian la cama, traen la comida y asean al paciente; con los amables celadores recorres las instalaciones en busca de una radiografía o un TAC, como si de una ruta turística se tratara; las enfermeras ponen vías, hacen curas, suministran la medicación, miden las constantes, calman el dolor físico y emocional con su alegría y su buen hacer; los médicos -los grandes esperados- se preocupan por la paciente, realizan decenas de pruebas para descartar una enfermedad y la otra, explican con tacto el diagnóstico y el pronóstico; y hay que contar también con las personas que están en los laboratorios, los trabajadores de la cocina, de la lavandería, secretaría-recepción, información, informática, etc.

En aquella tarde apática, desperté y me hice consciente de que aquel lugar era una estructura de cientos de trabajadores, pensada y organizada para el cuidado de las personas más vulnerables, de las personas que en otros contextos no son valoradas. Da igual de qué condición social seas, si tienes dinero o no, si eres famoso o un marginado: allí se hace todo lo posible para que recuperes la salud. Muchos podrían decir que tales o cuales personas no merecerían esos cuidados; que no se lo han ganado, que no son de aquí, que no vale la pena tanto gasto. Pero no. Superando la aporofobia, la cultura del descarte, el economicismo, el egocentrismo cultural y la supuesta productividad, los hospitales son capaces de gestionar un ejército de personas y capacidades al servicio de los más débiles. Algo así debe ser el Reino de Dios, algo así debe ser la vida plena, la Vida con mayúsculas. Un trocito de cielo se está construyendo ya en estos edificios llenos de dolor y consuelo.

Luego me di cuenta que este descubrimiento no había sido una mera ocurrencia mía, sino que ya aparece en la bóveda de la Capilla Sixtina pintada por Miguel Ángel. En su visión del juicio final, los que consiguen subir a la presencia del Padre están ayudándose unos a otros, los más fuertes a los más débiles, los que más pueden a los que menos pueden: como en nuestros hospitales.

Gracias a todos los que hacéis posible que experimentemos la maravilla del Reino de Dios ya aquí en esta bendita tierra.
Javi Morala, capuchino

martes, 5 de junio de 2018

ALEGRAOS Y REGOCIJAOS

El papa Francisco acaba de publicar otro gran documento, una Exhortación Apostólica sobre la Llamada a la Santidad en el Mundo Contemporáneo. “Gaudete et Exsultate”, “Alegraos y regocijaos” (Mt 5, 12). No es un tratado sobre la santidad.

El objetivo o el deseo del Papa es que seamos conscientes de la llamada a la santidad que el Señor nos hace a cada uno de nosotros. Haciendo referencia a un texto de la Carta a los Hebreos, nos invita a reconocer que tenemos «una nube ingente de testigos» (12,1) que nos alientan a no detenernos en el camino, nos estimulan a seguir caminando hacia la meta. Entre ellos puede estar nuestra propia madre, una abuela u otras personas cercanas (cf. 2 Tm 1,5). Quizá su vida no fue siempre perfecta, pero aun en medio de imperfecciones y caídas siguieron adelante y agradaron al Señor (GE.3).

Es importante que seamos conscientes de que cada uno de nosotros tiene que recorrer su propio camino, su propia vida. Hemos hecho distintas opciones, hemos elegido estilos distintos de vida, creyendo que eso era lo mejor para nosotros mismos. Desde lo que vivimos cada uno estamos llamados a acertar con lo mejor de nosotros mismos y a sacarlo a la luz… Estamos llamados a hacer la voluntad de Dios.

En este mes de junio recordamos dentro de la familia franciscana al santo más popular, a San Antonio de Padua. Un hombre de origen portugués que, impactado por la muerte de los primeros mártires franciscanos en Marruecos, decidió sumarse al movimiento que se estaba creando en torno a San Francisco de Asís. Al principio pasó desapercibido dentro de la fraternidad franciscana, pero en seguida sus hermanos se dieron cuenta de sus cualidades y capacidades intelectuales.

Cuando Francisco se enteró de que Antonio enseñaba teología a los frailes les escribió estas palabras: «Me agrada que enseñes sagrada teología a los hermanos con tal que, en el estudio de la misma, no apagues el espíritu de oración y devoción». De esta manera le advertía de la tentación de convertir la experiencia cristiana en un conjunto de elucubraciones mentales que terminan alejándonos de la frescura del Evangelio. En esta misma línea se sitúa al Papa al hablarnos de la santidad: “me gusta ver la santidad en el pueblo de Dios paciente: a los padres que crían con tanto amor a sus hijos, en esos hombres y mujeres que trabajan para llevar el pan a su casa, en los enfermos, en las religiosas ancianas que siguen sonriendo. En esta constancia para seguir adelante día a día, veo la santidad de la Iglesia militante. Esa es muchas veces la santidad «de la puerta de al lado», de aquellos que viven cerca de nosotros y son un reflejo de la presencia de Dios, o, para usar otra expresión, «la clase media de la santidad” (GE.7)

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 31 de mayo de 2018

BEBER LA VERDAD DE LA VIDA

Esta evocación parte de un suceso puntual: estando en Taizé en 2010, después de la larga oración de la tarde, el hermano Roger departió largo rato al fondo de la Iglesia de la Reconciliación con un grupo de franciscanos. El anciano monje, con una lucidez admirable, nos dijo entre otras cosas: “Ustedes tendrían que ser apóstoles del gusto por la vida, porque el gusto por la vida es el mejor don del Espíritu”. Parecen palabras impropias en boca de un anciano que parece haber agotado los recursos de la vida. Pero ahí reside justamente su valor: quien ha entendido la vida la disfruta hasta el último momento y, por paradójico que parezca, la disfruta cada vez más. Esto resultaría imposible si el Espíritu de Dios no aleteara en esta realidad nuestra dinamizándola más allá de sus limitaciones.

Ante tanto acíbar que se ha echado sobre la realidad de la vida (Brines dice que es un “sueño roto”, F. García Lorca dice taxativamente en su Oda a W.Whitman que la vida “ni es buena, ni noble, ni sagrada”; nada digamos de la corriente generalizada en la espiritualidad cristiana de menosprecio de la vida: “hozar en la tierra de la vida”, “sólo Dios basta”, “vida amarga”, “nada me retiene aquí”, etc...), tanta amargura vertida, no estaría mal que caminásemos por la senda de una reconciliación, hecha de benevolencia y amor, con esta vida nuestra, pobre pero hermosa, débil pero interesante, áspera pero conteniendo dentro la perla finísima del amor y de la posibilidad plena. Una formidable reconciliación con la vida, algo de eso está esperando el mundo hoy de los/as creyentes.

Al fondo de todo esto hay un grave problema aún no resuelto: el de la reconciliación con la creación. Porque esa reconciliación no solamente habrían de hacerla los creyentes sino toda persona. Todos nos sentimos en lucha con la vida porque no hemos entendido que aquí está enterrada la hermosa semilla de lo pleno. Por eso es preciso trabajar mucho, fecundo trabajo, el de la reconciliación con la vida. Nos decía aquella tarde el hermano Roger: “¿Se han fijado Uds. que el Cántico del hermano sol de san Francisco es, ante todo, un formidable canto del gusto por la vida?”.

Nada mal estaría que a la vieja lista de los sietes dones del Espíritu se añadiera este, más básico y más decisivo, del gusto por la vida. Aprender ese gusto no es fácil; requiere una perspectiva, un ahondamiento, un afán que quizá solo el Espíritu puede suscitar.

Fidel Aizpurúa

martes, 29 de mayo de 2018

BUSQUEDA DE LA JUSTICIA

Cuando hablamos de San Francisco de Asís, lo asociamos rápidamente a la paz, la fraternidad, la pobreza, la ecología... Pero también hay una dimensión que, aunque no aparezca en sus escritos ni biografías, es necesaria para todo lo demás: la justicia. Nuestra manera de estar en el mundo, de ser solidarios con las vidas de los demás, y sobre todo de los más desfavorecidos, está marcada por la búsqueda de la paz y la reconciliación. La espiritualidad franciscana lleva esta marca en su ADN.

Pero somos sabedores de que la paz y la reconciliación no sólo son fruto de la buena voluntad y de los buenos deseos. Son resultado también del cuidado de las condiciones que ayudan a ellas. Una de las condiciones imprescindibles para la paz y la reconciliación es la justicia; esa situación en la que se reconoce a las personas la dignidad mínima para que puedan ser y desarrollar aquello a lo que están llamadas a ser y hacer. Es inviable, o muy dificultoso al menos, esa paz y reconciliación en situaciones de injustica donde los derechos humanos mínimos no se dan. La paz y la reconciliación no suponen personas ilusas e insensatas que, en nombre de la paz y la armonía son capaces de asumir situaciones de injustica. No vale aquello de “por la paz un avemaría”.

Por ello, la espiritualidad franciscana no está separada de la búsqueda de la justicia. Ciertamente tiene que darse en medio de la búsqueda de la paz y en modos no violentos; pero búsqueda, a fin de cuentas, de las condiciones mejores para esa vida reconciliada consigo mismo, con Dios, y con los demás. Como dijo el Papa Juan Pablo II: “No hay paz sin justicia, no hay justicia sin perdón (reconciliación)”.
Carta de Asis, mayo 2018

domingo, 27 de mayo de 2018

DOMINGO DE LA TRINIDAD

La mejor manera de creer en el Dios trinitario no es tratar de entender las explicaciones de los teólogos, sino seguir los pasos de Jesús, que vivió como Hijo querido de un Dios Padre y que, movido por su Espíritu, se dedicó a hacer un mundo más amable para todos.

jueves, 24 de mayo de 2018

EL VALLE

UN valle como éste,
en el que existen el gorrión, la rosa,
los ríos y los árboles, las nubes,
mayo y septiembre,
y el amor y la luz que en sus anchos dominios
a todos nos acogen, no puede ser que sea
triste valle de lágrimas,
por más que en nuestros ojos prospere el llanto a veces
y aunque lloremos lágrimas de sangre,
o aun a pesar de que la muerte venga
-tan a regañadientes de nosotros-
a transformarnos sin contemplaciones
en redomas ya limpias,
en sustancia de Dios.
Eloy Sánchez Rosillo

martes, 22 de mayo de 2018

“QUIERO UN MARRÓN”

Colectivos ecologistas y vecinales lanzan la campaña “Quiero un marrón” con el objetivo de conseguir una gestión adecuada de la fracción orgánica de los residuos en la Comunidad de Madrid. Entre otras acciones, se realizarán actividades informativas en barrios y municipios para comprometer a los ayuntamientos de la Comunidad de Madrid a una separación correcta de los residuos orgánicos domésticos.

Distintos colectivos vecinales y ecologistas de la Comunidad de Madrid lanzan “Quiero un marrón”. La campaña pretende explicar y concienciar en los barrios, ciudades y pueblos madrileños sobre la necesidad de conseguir una correcta separación de la materia orgánica en los domicilios. Además, se buscará el compromiso de las corporaciones municipales para implantar sistemas eficientes y eficaces de separación.

“Quiero un marrón” aspira a conseguir un importante apoyo y participación vecinal. Es importante sensibilizar a nuestros vecinos y vecinas sobre las consecuencias positivas de una correcta separación, al tiempo que se incide en los peligros que supone el actual modelo de gestión. Para los colectivos participantes, la recogida selectiva de la materia orgánica y su correcto tratamiento aparecen hoy como fundamentales para reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, la contaminación de los suelos por la presencia de vertederos, la producción masiva de materiales fertilizantes que provienen del petróleo y para cumplir con los objetivos europeos de reducción y reciclaje en 2020.

http://www.quierounmarron.org

domingo, 20 de mayo de 2018

¡VEN RUAH DE DIOS!

¡Ven, Santa Ruah!
Renueva la faz de la Tierra.
Reconcílianos con el aire que contaminamos,
reconcílianos con el agua que envenenamos,
reconcílianos con la tierra que llenamos
de asfalto y cemento,
reconcílianos con los hermanos y hermanas
a quienes descartamos.
¡Renueva nuestros deseos
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, Madre de la vida!
Límpianos del deseo de poder,
haznos creer en la reconciliación
entre nosotras y los animales
a los que tratamos como máquinas,
entre nosotros y las plantas
que aparentan ser inútiles para nosotros.
Danos fe para rescatar los árboles,
para que no todos mueran.
¡Renueva nuestras mentes
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, Aliento de Dios,
Maestra de los humildes!
Inspira nuestras vidas para que aprendamos a vivir
en unión con todas las criaturas,
transfórmanos de enemigos en hermanos,
de especuladores de ganancias
en amigos de la Tierra.
¡Renueva nuestros corazones
y renueva la faz de la Tierra!

¡Ven, esperanza de los pobres,
juez de los poderosos!
Rescata del naufragio a nuestro planeta,
sácanos de la prisión de nuestra voracidad.
Aliento de vida, ¡sopla sobre nosotros!
Agua de vida, ¡déjanos beber de ti!
¡Déjanos convertirnos en tu morada
y renueva la faz de la Tierra!

jueves, 17 de mayo de 2018

ELOGIO DE LA IMPERFECCIÓN

Esa vieja cordura los desprecia.
Tontos, enfermos, locos, raros, poquita cosa:
piezas inacabadas.
Pero a Él le sirven todos,
piedras de su Edificio. Algunas veces
los usa como piedras angulares
–véase el Evangelio– y otras veces con ellos
le hace a la Historia vados, aceras, jardincitos,
poyetes en que toman el sol los jubilados.
Nada se desperdicia. Ninguno queda fuera.

Quién sabe si por ellos, solamente por ellos,
siguen Aldebarán y el Cisne y la Vía Láctea
girando en el silencio de las noches. Quién sabe
si a ésos que tienen pájaros
en la cabeza, a aquéllos que están como una cabra,
a los que oyen campanas y nunca saben dónde,
a los que les han dado calabazas…
Él no los ha elegido como sus proveedores
de materiales para hacer sus primaveras.
Miguel D’Ors

martes, 15 de mayo de 2018

UN DIOS DENTRO

La física cuántica nos muestra cómo el universo está en expansión debido a una fuerza que explotó hace millones de años cuando la energía del silencio descansó sobre un horizonte de nada pura. Entonces, un sonido poderoso explotó como una bola de fuego imponente. El silencio engendró la danza y la danza explotó en la vida. Esta energía infinita danzó hacia la existencia en modos de gran creatividad. Por eso la tierra es tan radioactiva y mantiene su centro caliente por las continuas reacciones nucleares. Incluso muchos átomos en toda la superficie siguen todavía explotando.

Está calculado que en nuestro propio cuerpo tres millones de átomos de potasio explotan cada minuto. Esa fuerza de dentro puede recibir el nombre de Dios: un Dios que es fuente de energía, de vida, y, si se mira desde el amor, fuente de amor. No un Dios lejos, fuera, en su cielo, no se sabe dónde. No, se sabe dónde: en el centro de la vida, sosteniéndola, produciéndola, amándola. La verdad de Dios en ese centro es lo que la resurrección de Jesús quiere enseñarnos.

La mejor respuesta es la contemplación admirativa, la alabanza, el éxtasis ante aquello a lo que pertenecemos. ¿Puede ser esto rodeado de cordialidad hasta que pueda entrar en nuestro corazón tanto o más que lo que entró con las representaciones religiosas tradicionales?

Ojalá.
Fidel Aizpurúa

jueves, 10 de mayo de 2018

EXTRACTO DE “EL BAJÍSIMO”

La belleza viene del amor, el amor viene de la atención. La atención simple a lo simple, la atención humilde a los humildes, la atención viva a toda vida.

Ante el amor no hay ningún adulto, no hay más que niños, más que esa inocencia que es abandono, despreocupación, mente perdida. La edad suma. La experiencia acumula. La razón construye. La inocencia no cuenta nada, no amontona nada, no edifica nada. La inocencia es siempre nueva, se va siempre a los comienzos del mundo, a los primeros pasos del amor. El hombre de razón es un hombre acumulado, amontonado, construido. El hombre inocente es lo contrario de un hombre cargado sobre sí mismo: es un hombre liberado de sí, renaciendo en el total nacimiento de todo.

Os invito a ser como la tierra desnuda, olvidada de sí misma, acogiendo igualmente la lluvia que la golpea y el sol que la reseca. Y decir a los otros: buscáis la perfección en los desiertos de vuestro espíritu. Pero yo no os pido ser perfectos. Os pido ser amantes.

Esperáis del amor que os colme. Pero el amor no colma nada- ni el hueco que tenéis en la mente, ni ese abismo que tenéis en el corazón. El amor es vacío más que plenitud. El amor es la plenitud del vacío. Es , os lo recuerdo, una cosa incomprensible. Pero aquello que es imposible de comprender es muy simple de vivir.
Christian Bobin

martes, 8 de mayo de 2018

EL CARRO DE LO ETERNO CON SUS RUEDAS DE MADERA

Cuando preguntamos qué quieres ser de mayor, muchos niños responden: “Mesi” y otros “Ronaldo”. Y los no tan niños, no lo dicen pero suspiran por tener un cuerpo diez, ser famosos o tener mucho dinero. Parece que para ser dichoso hay que ser alguien especial, alguien diferente, alguien único, el mejor. Pero ser como Mesi o Ronaldo lo consiguen uno o dos entre los más de 7 mil millones de habitantes del planeta. El cuerpo diez realmente no existe porque lo crean con Photoshop, maquillajes o liposucciones. Famosos son unos pocos y también son minoría los que tienen dinero a espuertas. Así es que realmente, la gente de a pie, parece que lo tenemos un poco difícil para ser felices.

Me sigue llamando la atención que cada vez sea más normal que mujeres y hombres vayan a clínicas plásticas a operarse para quitarse grasa, cambiarse lo labios o los pechos. Es la mayor barbaridad que uno puede hacerse: cambiar su cuerpo, salvo en situaciones extremas claro. Sobre todo porque indica una falta de aceptación de uno mismo brutal. Estás diciendo que quieres ser de otra manera, que no quieres ser como eres. Creo que justo esta situación es la que nos impide ser felices: la falta de aceptación de lo que somos; la pretensión de ser lo que no somos.

Me da la impresión de que la felicidad tiene que ver con aceptarte tal y como eres, acoger tu debilidad, saber lo que eres y quererte tal cual. Y eso es justamente la humildad cristiana, que tan poco se entiende: es saberte valioso y digno en tu fragilidad. Es el sentimiento que expresa María de Nazaret cuando dice que Dios “ha mirado la humildad de su esclava” (Lc 1, 48). La humildad no se trata de una virtud que te haga sentir bueno, de una “pose” para parecer lo que no eres. La humildad es saber y aceptar lo que eres, tu realidad, tu tierra, tu humus (de ahí viene la palabra). El ser dichoso también necesita acoger la realidad que te toca, aceptar la vida que se te presenta, abrir las puertas a cada instante, sin querer vivir otra cosa, adentrándote en lo sagrado de cada momento, aunque parezca que sea vulgar o doloroso. Algo de esto expresa Christian Bobin:

La libélula al verme, se detiene en la empalizada. Me paro a mirarla. El carro de lo eterno con sus ruedas de madera pasa entre nosotros sin un ruido: luego la libélula vuelve a sus cosas y yo prosigo mi paseo con una nueva tonalidad de azul en el alma”.

Javi Morala, capuchino

jueves, 3 de mayo de 2018

NO SE ENSOBERBECE SEÑOR MI CORAZÓN

No se ensoberbece Señor mi corazón.

Yo no quiero ser millonario,
ni ser líder,
ni ser primer ministro.

Ni aspiro a puestos públicos,
ni corro detrás de las conderaciones.

Yo no tengo propiedades, ni libreta de cheques
y sin seguros de vida
estoy seguro,
como un niño dormido en los brazos de su madre...

Confíe Israel en el Señor,
y no en los líderes.

Ernesto Cardenal

martes, 1 de mayo de 2018

MARÍA, MADRE DE LA IGLESIA

La Iglesia ha dado un protagonismo especial siempre a la figura de la Virgen. Si nos fijamos en la presencia que ella tuvo desde el primer momento en el seno de la comunidad cristiana nos lleva a recordar los últimos momentos en la vida de Jesús.

Desde la Cruz, antes de morir, nos la entrega por madre nuestra en la persona de San Juan. Aquel discípulo la acogió como Madre. Nosotros, como cristianos, hemos tratado de tener la misma actitud que el Discípulo Amado.

En fechas mucho más recientes, el Papa Pablo VI, el 21 de noviembre de 1964, como conclusión de la tercera sesión del Concilio Vaticano II, declaró a la bienaventurada Virgen María “Madre de la Iglesia”. De esta manera Pablo VI quería que la viéramos como “Madre de todo el pueblo de Dios, tanto de los fieles como de los pastores que la llaman Madre amorosa”. Este fue su deseo: que «de ahora en adelante la Madre de Dios sea honrada por todo el pueblo cristiano con este gratísimo título». Con este título nos dirigimos a ella desde el año 1980 en las letanías del rezo del Rosario.

Ahora, el Papa Francisco, retomando esta tradición y convicción eclesial, quiere que cada año, el lunes después de Pentecostés celebremos la memoria de María, Madre de la Iglesia.

De esta manera, el Papa actual pretende que esta celebración nos ayude a “recordar que el crecimiento de la vida cristiana, debe fundamentarse en el misterio de la Cruz, en la ofrenda de Cristo en el banquete eucarístico, y en la Virgen oferente, Madre del Redentor y de los redimidos”.

Que esta celebración de la Virgen como Madre de la Iglesia nos ayude en nuestros tiempos a resituar a María en nuestra forma de vivir la fe. Que no cree en nosotros ni en la comunidad cristiana una visión de ella mojigata, pues ella no lo fue. De ella se han dicho y se dirán muchas cosas, acertadas unas y totalmente desacertadas. Las personas que me iniciaron en la fe siempre me transmitieron la imagen de la Virgen María como la de una mujer valiente que, como discípula, formó parte activa de la Comunidad creada por su Hijo. Una mujer que por su fe, amor y entereza, se convirtió en un elemento importante en la comunidad cristiana. Como ella se han situado y lo siguen haciendo ahora muchas mujeres que animan la vida y la fe de muchas de nuestras sencillas comunidades cristianas.
Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 24 de abril de 2018

ACEPTACIÓN Y LUCHA

En la vida se llega a situaciones curiosas, aunque parezcan del todo contradictorias. Por una parte, se llega a experimentar los límites de uno mismo y de los demás en propia carne. No somos tan maravillosos como quisiéramos, ni podremos serlo jamás; no podemos alcanzar todo cuanto quisiéramos, ni mucho menos; las condiciones del entorno no son las más deseables, etc. Somos conscientes de lo que la realidad puede dar y no puede dar en primera persona. Y a la vez, el amor que hemos vivido, que aún nos mueve y nos inspira nos empuja a luchar por lo que parece imposible. No podemos más que seguir en la brecha por la vida, por los demás, por los que amamos, por Dios...

¿Cómo se vive esta contradicción, aparentemente sin solución? Hay dos vertientes por las cuales podemos deslizarnos sin darnos cuenta. Uno es el derrotismo realista del que no espera nada porque la realidad se impone hasta ahogar en nosotros lo más genuino de nuestra vida. Quizá lo adornemos de sabiduría, de elegancia, de literatura... pero la vida ha terminado en nosotros. La otra vertiente nos lleva al voluntarismo asfixiante que avinagra toda la existencia de uno mismo y de los demás. Podemos alzar la voz, revolvernos ante las dificultades, levantarnos haciendo un inmenso esfuerzo de ideas y de ilusión, pero el corazón no está fresco sino resentido, revuelto, envenenado.

Y sin embargo, hay personas que han encontrado el resquicio vital, o se les ha dado el regalo de entrar en una nueva fase en la vida donde sabiendo lo que pueden dar son capaces de elevar su mirada y luchar con un corazón fresco, amante, apasionado. Luchan humildemente, son humildes luchadores porque han aceptado lo que la vida puede dar y son capaces de entregarse del todo con la esperanza de ir más allá. Sabiendo lo que son lo arriesgan todo y así abren la puerta a lo insospechado. Sólo los tocados por Dios en lo más hondo de su corazón dan la vida por los demás. Aceptan la vida y luchan por ella.
Carta de Asís, abril 2018

jueves, 19 de abril de 2018

TODO ESTÁ CLARO

Estoy en el Sur
Sola, en una casa, junto al mar.
Es invierno. Amanece muy tarde.
Estudio siempre el comienzo del día.

Sale el azul cielo,
el gris-agua amarinado,
los rebabas blancas de las olas,
las dunas terracota
los puntos verdes entre los pinos.

Saca Dios su flexo sobre el mundo,
abrillanta los colores.
Todo está claro. Se ha hecho la luz.
Que gran acuarelista,
Que gran trabajo.
María Antonia García de León

 

martes, 17 de abril de 2018

LA RESURRECCIÓN ENTENDIDA COMO MANANTIAL DE AMOR

Hay muchas maneras de decir la resurrección de Jesús. Casi todas ellas de componente ideológico, dogmático. Algo inapelable envuelto en el misterio. No se sabe qué es, no se entiende, porque es misterio. ¿No habría otra manera de decirlo, una manera que nutriese más, que alegrase más, que sugiriese más? ¿Una manera que no fuese fría e impenetrable? ¿Cómo reproducir la exclamación de aquel o de aquella primera discípula que dijo “está vivo”?

Es la pregunta que muchos se han hecho, aunque su pregunta pase casi desapercibida por su contraria: ¿de dónde brotan el bien y la belleza? Casi siempre nos preguntamos por la fuente del mal. ¿Y la fuente de la bondad, dónde está? Esa misma es la pregunta de la resurrección.

Tiene que brotar, necesariamente, de una fuente de amor donde se halle el origen del amor. La física cuántica ha querido llegar al último ladrillo de la existencia analizando las partículas más indivisibles. Hasta que ha logrado intuir que lo último está en la interdependencia, en el amor.

Por eso, ¿cómo reformular la resurrección desde su fuente, desde el amor? ¿Cómo entender que para saber de resurrección (?) hay que saber de amor? ¿Cómo caer en la cuenta de que hablar de resurrección sin experiencia de amor es hablar de algo que se ignora? ¿Se podría hacer un intento de reformulación de la resurrección desde la perspectiva del amor?

Por cansina y estéril que nos parezca la palabra “amor”, volver sobre ella quizá pueda contribuir a una espiritualidad “nueva” sobre la resurrección y nos sitúe en parámetros alejados de una ideología que nos aporta poco. Quizá sea ingenuo plantearse una Pascua como Pascua desde el amor y para el amor. Pero tal vez haya ahí alguna posibilidad.
Fidel Aizpurúa, capuchino 

jueves, 12 de abril de 2018

VIVE LA VIDA

Vive la vida. Vívela en la calle
y en el silencio de tu biblioteca.
Vívela con los demás, que son las únicas
pistas que tienes para conocerte.
Vive la vida en esos barrios pobres
hechos para la droga o el desahucio
y en los grises palacios de los ricos.
Vive la vida con sus alegrías
incomprensibles, con sus decepciones
(casi siempre excesivas), con su vértigo.
Vívela en madrugadas infelices
o en mañanas gloriosas, a caballo
por ciudades en ruinas o por selvas
contaminadas o por paraísos,
sin mirar hacia atrás.
Vive la vida.
Luis Alberto de Cuenca

martes, 10 de abril de 2018

SOLTERO Y CUARENTÓN… (II)

El mes pasado citábamos este dicho: “soltero y cuarentón que suerte tienes cabrón”. Veíamos cómo reflejaba una idea de felicidad muy extendida en la actualidad, que tiene que ver con disfrutar y no tener incomodidades ni compromisos. Además defendíamos que se daba una extraña paradoja: que las personas que viven de esta manera -centradas en su disfrute- terminan solas en la vida, mientras que las que se entregan a los demás acaban, sus días, acompañadas.

Una amiga, al leer la reflexión, me comentó que no estaba de acuerdo y me ha hecho pensar y afinar mi argumentación. Creo que tiene razón –mi amiga- porque muchas personas que han entregado su vida terminan solas. El mismo Jesús, que “pasó por la vida haciendo el bien”, murió abandonado de su pueblo, de sus amigos y de sus discípulos. Si defendiéramos, en todos los casos, la literalidad de la paradoja citada, caeríamos en la religión utilitarista, de un Dios que premia a los buenos y castiga a los malos, que parece que ya está superada.

Pero sí creo que la susodicha paradoja –"el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará"- encierra una verdad un tanto sutil. Cuando me he encontrado con personas con un recorrido vital de entrega auténtica, en medio de su anciana fragilidad, mantienen una alegría y una manera de afrontar su vejez, envidiables. Encierran en su persona una valía, un sentido vital, una serenidad y una fortaleza que se trasparentan en su forma de hablar y relacionarse. No sé si todos y cada uno terminarán su vida más o menos acompañados, pero lo que sí voy viendo es que el darse a los demás, construye la persona y la hace recorrer la debilidad con entereza y esperanza.

Javi Morala, capuchino

jueves, 5 de abril de 2018

RESURRECCIÓN

Muchas personas están convencidas de que la clave del cristianismo, es decir, lo que lo distingue de otras religiones es el amor. A menudo recordamos las palabras de Jesús: “amaos los unos a los otros”.

Tratamos de hacerlas realidad, conscientes de que no siempre resulta fácil, ante las heridas y fatigas de cada día. Aun así, tratamos de querernos unos a otros y perdonarnos. Nos encontramos estas palabras en el evangelio, pero es patrimonio común de otros credos. Damos un paso más las completamos con otras palabras de Jesús: “Amaos los uno a los otros, como yo os he amado”.

En este mes de abril, en pleno tiempo de Pascua, celebramos y revivimos de manera especial el significado de esta afirmación de Jesús. Recordamos que, como se dice en el libro bíblico del Cantar de los Cantares, “el amor es mas fuerte que la muerte”. Celebramos que la muerte no tiene la última palabra, que la muerte es el camino de la resurrección, que la Cruz es símbolo de toda una vida entregada, que Jesús se entregó por nosotros, se desvivió y Dios lo resucitó…

La Pascua no ocurrió una vez, hace más de dos mil años, sino que sucede cada vez que renace la vida, y la vida no cesa de renacer ante nuestros ojos. No hay más que mirar a la creación en este tiempo de primavera. Recuerdo que en las clases de teología, hace ya unos cuantos años, el profesor nos hablaba del origen de la Pascua como de una fiesta de primavera: una fiesta de agricultores que celebraban la nueva cosecha, y otra fiesta de pastores que celebraban la “parición”, los nuevos nacimientos en los rebaños y los deseos de protegerlos de cualquier peligro. Luego se unieron las dos fiestas, y la fiesta de la naturaleza se convirtió en fiesta de la historia, en sacramento de todas las liberaciones pasadas y futuras como nos recuerdan diversos relatos bíblicos.

La Pascua no es la celebración de la muerte de un hombre en la Cruz. Es la transformación de la muerte en Vida.

La palabra fundamental de nuestro credo no es un sustantivo o un adjetivo sino un verbo suspendido entre el infinitivo y el participio: el resucitar, el Resucitado. Él nos pide que renazcamos cada día. Dios quiere que todo en nosotros sea vida, libertad, nobleza, grandeza y alegría.

La resurrección afecta hoy a nuestra vida y cada uno de nosotros está llamado a resucitar. Jesús no nos espera solo en el momento de la muerte, sino ya desde ahora, en cada latido de nuestro corazón.
Benjamín Echeverría, capuchino

martes, 3 de abril de 2018

Y APARECES TÚ

Tiene la cantante Rozalén una canción simpática: “Ahora vas, y apareces tú”. Viene a decir que, cuando tenía mi vida organizada a mi gusto y capricho, apareces tú, aparece el otro. Y uno entonces no sabe qué hacer, si cerrarse en su rutina o abrirse al misterio del otro con todos sus interrogantes.

Esta Pascua podemos vivirla en esas maneras que tiene Jesús de aparecerse a nuestra vida. Lo tenemos todo organizado, todo planeado y, de repente, aparece Él y las cosas se mueven, empiezan a ir de otra manera. Vamos a pensarlo:
  • Jesús se aparece cuando no queremos saber de nadie y cuando nos cerramos a los demás. Se aparece en el rostro de quien lo pasa mal y nos dice: no te cierres, acógeme, ponte en mi lugar.
  • Jesús se aparece cuando no te falta de nada y consigues todos tus caprichos para decirte: hay gente que lo pasa mal, lo tuyo no es solamente tuyo, hay alguien que espera algo de ti.
  • Jesús se aparece cuando quieres no pensar en tu vida, dejarte llevar superficialmente, andar siempre como flotando. Jesús se aparece y te dice: ahonda, piensa un poco, plantéate las cosas con un poco de seriedad.
  • Jesús se te aparece cuando sabes que te estás aprovechando de alguien y sabes que estás haciendo daño a los demás. Se te aparece y te dice: no hay derecho a que hagas sufrir a nadie y menos a quien te quiere.
  • Jesús se te aparece cuando siempre estás con cara amargada e incordiando a quien te rodea. Se te aparece y te dice: disfruta de lo sencillo, alégrate con lo que tienes, mira en derredor y verás cosas hermosas aunque sean pequeñas. Si no sabes disfrutar, no sabes de la vida.
  • Jesús se aparece te alejas del que sufre, cuando no te importan las situaciones de los pobres, cuando solo vas a lo tuyo. Jesús te dice: mi rostro es el de esos que no quieres ver, mis manos son las que se tienden a ti, mi cuerpo es el de quien anda postrado por la vida.
  • Jesús se te aparece cuando dices que no te interesa cómo va la sociedad, que tú pasas de todo, que no te interesa ni la política ni nada. Jesús te dice: somos familia, somos humanidad. Tienes responsabilidades adquiridas con la sociedad. No es de recibo que te alejes. Has de pensar en colaborar.
  • Jesús se te aparece cuando quieres imponerte a los demás, tener siempre razón, estar por encima de los otros. Jesús te dice: si sirves puedes estar más contento, si te haces hermano del otro tu corazón puede saltar de alegría.
  • Jesús se te aparece cuando lo sientes lejos, cuando no tienes ganas de rezar, cuando no sabes dónde está. Y te dice: yo sigo contigo, yo nunca te dejo, no me alejo jamás de tu casa, de tus preocupaciones, de tu corazón.
Jesús no se aparece para trastocar tus planes sin más, sino para hacerte ver que él está contigo todo el tiempo, sosteniéndote e impulsándote. Si en esta Pascua lo ves más cercano a ti, si lo “palpas”, sería algo estupendo y verdadero. Él te abraza; siente su abrazo.
Fidel Aizpurúa, capuchino

domingo, 1 de abril de 2018

DOMINGO DE RESURRECCIÓN: LA FUENTE DEL AMOR

La cantante Rosalía hace una versión del poema de san Juan de la Cruz que antes cantara Enrique Morente que comienza diciendo “¡Qué bien sé yo la fuente que mana y corre, aunque es de noche!”. Los místicos se han preguntado muchas veces por “la fuente”. De dónde viene el amor, la belleza, la dulzura, de qué fuente brota lo mejor que tenemos, lo más valioso del corazón, lo más cálido de la ternura. Y no han dudado en responder: de la fuente del amor.

Algo de eso es lo que celebramos cada año cuando llega la resurrección. Porque ésta no es, principalmente, un dogma, una creencia, un recuerdo de lo que parece que pasó en los albores del cristianismo. Es algo más profundo que eso: es creer que todo brota de la fuente del amor, que lo mejor de nosotros mismos tiene que ver con el amor. Y que si esa fuente del amor se seca, no hay nada que hacer. Todo estaría perdido.

Jesús habló con aquella mujer de Samaría de una fuente que salta hasta la vida eterna, de una fuente de aguas de plenitud, de aguas que calman cualquier sed. Esa fuente no es otra que el amor en cualquiera de sus variantes. Dante decía que el amor mueve el cielo y las estrellas. Es otra forma de decirlo, pero es verdad. Sin la fuente del amor la vida se volvería inhóspita, seca, sin brillo, gris.

Celebrar la resurrección es decir que esa fuente del amor sigue manando, que sus recursos no solamente no se han agotado, sino que se han multiplicado. Decir que Jesús ha resucitado es lo mismo que decir que el agua de la fuente del amor está llegando nosotros, que seguimos bebiendo las aguas puras del amor más delicado, que no deberíamos nunca descreer del amor, apearnos de él, renegar para siempre de su abrazo.

Por todo ello, quien sabe de amor puede saber de la resurrección, y quien deja de lado el amor, deja de lado la resurrección por más que diga que cree en la doctrina. De manera que puedes ser un experto en la resurrección no sabiendo mucha doctrina, sino viviendo con el amor vivo, a flor de piel, interesado siempre por los caminos del corazón.

A Francisco de Asís también le gustaban las fuentes. Dice un autor de la época que “aquella fuente en la que se manifiesta toda bondad, Jesús, se manifestaba a san Francisco en todas las cosas”. O sea, que todas las cosas le llevaban siempre al mismo lugar: a la fuente del amor, a Jesús que comparte y derrama su amor hasta las últimas consecuencias.

Puede ser que, incluso con razón, estés cansado del amor, de ser amable, de entregarte, de querer. No te apees del amor. Cobra fuerza y ánimo celebrando este año la resurrección de Jesús como la certeza de que esa fuente del amor que todo lo riega sigue manando y que puede tocar también tu corazón.

Fuente amor, fuente de ternura, fuente de amable calor, fuente de consuelo cuando las cosas no van bien, fuente de energía para estar siempre atento a la vida, fuente de compasión que levanta el ánimo, fuente de empeño para hacer bien las cosas. Fuente de amor: eso es la resurrección.

Para pensar y orar:
  1. ¿Cómo te imaginas la fuente del amor?
  2. ¿Crees que la resurrección es, sobre todo, cuestión de amor?
  3. ¿Cómo ayudarnos a no desanimarnos cuando no sabemos amar o cuando creemos que nos aman?

viernes, 30 de marzo de 2018

VIERNES SANTO: AMOR QUE CRECE CUANDO SE REPARTE

Es una frase que atribuyen a Saint-Exupéry, el autor del El principito: “El amor crece cuando se reparte”. Porque el amor es una realidad que, al darlo al otro, no mengua, sino que aumenta. Es que el amor está hecho para ser repartido, no para ser guardado. El amor guardado es como el agua guardada, estancada: se pudre, se corrompe, se seca.

Es que la pasión de Jesús que todos los años la recordamos y leemos en el Viernes Santo, más allá de sus aspectos externos que son en lo que se queda mucha gente, es la historia de un amor que se reparte. Efectivamente, la entrega de Jesús es el amor repartido ahsta el límite, hasta el último trozo. El Jesús del Viernes Santo es uno que dio hasta la última migaja de su amor, que no se guardó nada para sí, que se vació totalmente a favor de la persona, a la que amó sin límites.

En realidad, toda su vida fue un compartir absoluto. Él no salió a los caminos por sus propios dolores, sino por el sufrimiento de los demás. Se dio a todos en los caminos. Él recogió las lágrimas de los demás como si fueran lágrimas suyas y ahí quiso compartir el consuelo con que Dios consuela a los pobres. Él creyó a pie juntillas que compartiendo llega para todos, como lo hizo ver en aquel signo de la multiplicación de los panes.

Por eso, su amor compartido es el que nos ha llegado a nosotros; eso es lo que vemos hoy cuando miramos la cruz: un amor compartido, troceado, desmigado, entregado sin pedir nada a cambio. Un amor que puede ser acogido por cualquier corazón, sin pedir condiciones ni exigir ningún pago a cambio.

Francisco de Asís lo comprendió muy bien y veía en cada una de las criaturas ese amor compartido, sembrado, desmigado de Jesús que crece en toda la creación. “En las criaturas, buscaba a su amado”, dicen sus biógrafos. Hizo de la búsqueda del amor su verdadera pasión. Y cuando lo encontraba, lo derramaba en los demás, en los más sencillos: amor repartido siempre.

Si en este Viernes Santo no llegas a ver, más allá del signo de la cruz, el amor compartido de Jesús, tendrías que pedir a Dios y a tus amigos que te presten una gafas de amor hondo, porque de eso se trata hoy: de ver un amor que se comparte. Entenderías entonces fácilmente que tu amor, por pequeño que sea, también ha de ser compartido. Y has de tener por cierto que, al compartirlo, tu amor no se a ser más pequeño, menos vivo, sino que se agrandará, se enriquecerá, tendrá más brillo.

Amor que se comparte, amor que se divide, amor que se trocea, amor que se desmiga, amor que se mezcla, amor que llega a cualquier rincón, amor de Jesús, amor tuyo. Amor en el Viernes Santo.

Para pensar o preguntar:
  1. ¿Crees que tras lo duro de la cruz está el misterio del amor repartido?
  2. ¿Te parece que si repartes tu amor, éste no disminuye?
  3. ¿En qué cosa concreta tendrías que dar más amor, más acompañamiento, más amabilidad?
 

jueves, 29 de marzo de 2018

JUEVES SANTO: AMOR EN FORMA DE AGUA

“La forma del agua”, ganadora del Oscar de este año, es una bonita película donde el agua tiene una importancia muy grande: el agua es la humildad del personaje principal que es una limpiadora; el agua es la que guarda con vida al monstruo que han atrapado los poderosos; el agua es el escenario del amor y de la danza de los personajes principales. Es como si sin agua no pudiera haber amor.

Algo parecido le pasa a Jesús: su amor toma, a veces, la forma de agua: por eso dice que él bautiza con agua, que si uno no nace del agua y del espíritu no entra en el reino, que si uno bebe de él no volverá a tener sed, que si se cree en él le brotarán dentro fuentes de agua viva. Se ve que en la época de Jesús el agua era un bien muy preciado, de acceso mucho más difícil que en el nuestro. Por eso habla tantas veces del agua.

Pero el texto más importante sobre el agua es el que leeremos esta tarde en la escena del lavatorio de los pies: ahí el agua se convierte en signo de amor. Por eso es tan importante dejarse lavar los pies, porque si no se entiende eso, es que no se ama. Cuando Jesús lava los pies, en realidad está lavando y perfumando el corazón del otro. Le está diciendo: te lavo los pies porque para mí eres importante, porque me importas, porque estoy contigo.

Por eso es tan decisivo lavar y dejarse lavar los pies. Es tan decisivo que si uno no entiende esto no puede ser seguidor o seguidora de Jesús. Al fin y al cabo, ser seguidor es lavar pies, amar los lados débiles de la persona, servir las necesidades más elementales, acercarse a los silencios y estar ahí, mirar con empatía como si yo mismo estuviese en esa situación que veo.

Francisco de Asís tenía una especial predilección por este asunto de lavar los pies. Por eso mandaba que sus hermanos se lavasen los pies unos a otros para significar que eran eso, hermanos y nada más, iguales y nadie por encima del otro. Y, cuando estaba para morir, pidió que le leyeran este pasaje del jueves santo en que Jesús lava los pies a los discípulos, como si dijera que ese era el ideal de quien quiera vivir al estilo franciscano.

Por eso hoy, jueves santo, día del amor que envuelve a la persona y lo limpia como el agua cuando te lavas, tendrías que emocionarte ante el agua, tocarla, bendecirla, amarla, porque es signo de lo que de verdad debería ser tu vida: un canto al amor cada día, un trabajo fiel por amar, un deseo imparable de no dejar de amar nunca, por muchos que sean los fallos y las dificultades.

Amor en forma de agua, tan fiel como ella, tan limpio como ella, tan humilde como ella, tan servicial como ella, tan sencillo como ella, tan generoso como ella, tan callado como ella, tan perdonador como ella, tan envolvente como ella.

Tres preguntas para pensar:

  1. ¿Te parece interesante que Jesús hable tantas veces del agua?
  2. ¿Es tu amor tan sencillo y fiel como el agua?
  3. ¿Qué deberías lavar en tu vida para vivir más al estilo de Jesús?
 

martes, 27 de marzo de 2018

INFINITAMENTE AMABLE: UNA SEMANA DE AMOR

La saga de “La Guerra de las galaxias” tiene muchos fans, followers que se dice ahora. Y en ese mundo imaginario una de las cosas que nos cautiva a nosotros es el espacio infinito, algo que no es hoy inasequible a los humanos porque vivimos en un planetilla, la Tierra, en la esquina de una galaxia, la Vía láctea, en un universo de millones de galaxias y de millones de universos. Podemos decir “infinito” y no sabemos muy bien lo que decimos. Pero eso nos atrae.

Y esta temporada en nuestros encuentros venimos hablando de que “el amor es otra cosa” porque creemos que el amor no es poseer a alguien, tener muchos seguidores en el Facebook, recibir alabanzas sin cuestionarnos nada. Igual tienes que pensar que el amor es otra cosa: que tú llegues a mirar al otro con los ojos de quien descubre en él algo interesante, que saltes la valla de las apariencias y seas capaz de “tocar” el corazón del otro, que cuides de la vida del otro con el mimo de quien acaricia.

Por eso podemos hablar de un amor infinitamente amable, como el de Jesús. La Semana Santa, en el fondo, es eso: quedarse tontos ante el amor infinitamente amable de Jesús, delicado, profundo, interesante, sensible. Su amor se expandió hasta el infinito, hasta el punto de que ahora mismo, esta semana casi lo tocamos, de tan vivo como és. El amor de Jesús no está atrapado en el tiempo, sino que se mete por cualquier rendija del corazón. Basta con dejarle entrar.

Cuentan algunos que de san Francisco que se volvía medio loco cuando se dejaba envolver por este amor infinito de Jesús y que gritaba a voz en cuello: “el amor no es amado”. Y podría decirnos hoy: “tú puedes amar al amor que te ama”. Puedes entender la Semana Santa de muchas maneras. Pero una de las mejores puede ser vivirla como una semana de amor a Jesús, con Jesús, con todos los demás. Una Semana de Amor.

Fidel Aizpurúa, capuchino

jueves, 22 de marzo de 2018

VIVIR CADA DÍA

Con frecuencia oímos decir que es importante “vivir cada día”: “vivir el don de cada día”, “vivir el presente”, “aprovechar y vivir a fondo cada día”, “carpe diem”. Pero conviene pararse a ver qué hay detrás, porque no es lo mismo...

No es raro oír esa expresión, por ejemplo, ante la muerte o enfermedad de personas cercanas o ante fracasos afectivos o de proyectos. Es una sabiduría que tiene, evidentemente, aspectos muy positivos de no dejar pasar la vida, vivir con intensidad, aprovechar todo lo bueno que se nos ofrece desde lo sencillo y pequeño. No es poco. Sin embargo, ¿podría quizá también esconder cierta resistencia a la finitud, miedo ante el tiempo que se nos escapa, e incluso una visión de la realidad donde lo que más vale es lo que se hace, lo activo, el bienestar, y se reniega de lo menos agradable, del sufrimiento, el dolor? Cuestión abierta, sana sospecha ante criterios muy propios de nuestro tiempo y nuestra cultura, que parecen incuestionables, pero que a lo mejor no lo son tanto...

Jesús dice en el Evangelio que no andemos preocupados por el día de mañana, que a cada día le basta su propio afán (Mt 6, 34). Y de primeras puede sonar a lo mismo. Pero no. En Jesús estas palabras son mucho más que una sabiduría de la vida o un consejo para vivir más felices. Son palabras que remiten al misterio personal de Jesús.

Impresiona caer en la cuenta de que Jesús, teniendo conciencia plena de estar poniendo en marcha el Reinado de Dios en la tierra, vive despreocupado de sus propias necesidades. Así vive Él, colgado de lo que el Padre le quiera dar cada día. Desde ahí se entiende la intensidad de lo que hace cada día, como si fuera el último (curar a los enfermos, liberar a los oprimidos, acercarse a los pobres y desfavorecidos, denunciar al poder religioso de su tiempo, entregarse hasta el extremo) y la confianza con que se retira a orar cada día, descansándolo todo en el Padre, bebiendo de Su voluntad, tratando solo de obedecer en cada momento. Para Jesús, el afán de cada día no es una lucha por aferrarse a lo positivo, a lo deseable, ni siquiera a la virtud. Es certeza de que la vida viene solo de obedecer al Padre, de “amoldarse” a lo que le dé cada día, a lo que quiera cada día.
Carta de Asís, marzo 2018

martes, 20 de marzo de 2018

NO ME DA LA GANA

A veces al leer las noticias parece que todos los políticos son corruptos y solo buscan aprovecharse de los demás, que todos los jóvenes son unos vagos que solo quieren beber y pasarlo bien, que las parejas no tienen futuro porque eso del amor para siempre no existe, que todos los curas hablan mucho diciéndole a todo el mundo lo que tienen que hacer pero ellos no hacen nada, que los inmigrantes solo vienen para aprovecharse de nuestra sociedad, que todos los deportistas nos engañan dopándose... Ante este panorama puede parecer que uno solo puede cruzarse de brazos y decir “que se pare el mundo que me bajo”, esto no tiene arreglo. Pero no me da la gana.

No me da la gana porque he conocido políticos que se dejan la piel por el bien común, he conocido jóvenes que trabajan hasta la extenuación y sueñan con aportar su granito de arena al mundo, parejas que con muchas dificultades siguen peleando por su proyecto de amor, curas que con su vida y sin palabras transparentan el evangelio de Jesús, inmigrantes que se empeñan en integrarse en una sociedad que no les pone las cosas fáciles, deportistas que con constancia luchan por superarse. No me da la gana estar todo el día lamentándome, porque aunque es verdad que hay muchas razones para desanimarse, sigo viendo otras para la esperanza, aunque estas no salgan en las portadas.

Javi Montes, sj

sábado, 17 de marzo de 2018

ACOGER AL OTRO

Venimos al mundo desnudos, y salimos de él como un despojo. En el interín, en el mientras tanto, el gesto más humano de todos es el del amparo. Sí. Lo más humano de lo humano reside en acoger al otro. Venimos desnudos al mundo, y hace frío, y nos acogemos unos a otros. La comunidad más básica es la del amparo. Es la comunidad que cura, que nos cura.
Josep María Esquirol

jueves, 15 de marzo de 2018

SCHUBERTIANA IV

¡Tenemos que confiar en tantas cosas para poder vivir nuestro día diario sin hundirnos en la tierra! Confiar en las masas de nieve que se agarran a la pendiente de la montaña que hay encima del pueblo. Confiar en las promesas de silencio y en la sonrisa del consenso, confiar en que el telegrama fatal no nos ataña a nosotros y que no llegue a descargar el repentino hachazo desde dentro. Confiar en los ejes de las ruedas que nos llevan por las autopistas en medio del enjambre de abejas de acero trescientas veces ampliado.

Pero en realidad nada de eso merece nuestra confianza. Los cinco instrumentos de cuerda dicen que podemos confiar en otra cosa. ¿En qué? en otra cosa y nos acompañan un trecho en el camino hacia allí. Como cuando se apaga la luz en la escalera y la mano sigue -con confianza- el ciego pasamanos que encuentra el camino en la oscuridad.
Tomas Tranströmer

martes, 13 de marzo de 2018

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS

Ya no están de moda las 'penitencias' cuaresmales, y creo que me alegro. Si no se hacen con corazón limpio, algo hay de 'retorcido' en ellas que acaban por llevarnos a creer que 'cumplimos' con lo mandado para este tiempo, y nos acaban poniendo por encima de los demás: «Gracias, Señor, porque no soy como éstos».

Nefasto. Se ha producido justo lo contrario de lo que pretendían: cambiar nuestro corazón para hacerlo más humilde, más hermano, más capaz de ponerse en la piel del otro. Más cercano, en definitiva, al de Dios. En este tiempo fuerte, fuerte para ponerse más en las manos de Dios, me ayuda pensar cómo es mi mirada sobre los otros: ¿respetuosa del misterio sagrado que siempre es la persona, alta, tierna, liberadora, comprensiva, cariñosa…? ¿O tal vez mi mirada hace verdad eso de que «el infierno son los otros» (Sartre)? Y eso sucede siempre que miramos a los demás 'clavándoles' en lo que tienen de defecto, como si fueran mariposas disecadas impotentes para cambiar, cerrando toda salida a su vida y toda posible evolución personal, condenándolos ya de antemano y racaneándoles el amor de Dios, siempre robustecedor y sanante que «en el aprieto nos da anchura y nos regala pies como de gacela».

Entonces recuerdo que el Señor no nos pide sacrificios personales 'inútiles', sino «un corazón quebrantado y humillado» que reconoce su desvarío y la fragilidad en que se mueve, un corazón que es muchas veces 'amnésico', que pierde la memoria de los dones que Dios le da cada día, y se los va apropiando, de modo que se hace exigente, duro, metalizado, en vez de ser cada vez más poroso a la vida y al sufrimiento del otro, es decir, más misericordioso.
Carlos del Valle, jesuita

 

jueves, 8 de marzo de 2018

DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

Se ha recorrido un largo camino desde aquellos movimientos sociales del siglo XX, pero aún falta mucho trabajo y energía. Las mujeres representan el 60% de los más pobres a nivel mundial, las dos terceras partes de los analfabetos y son objeto de violencia de manera sistemática. En cada una de nuestras comunidades y a través de nuestras actividades, tenemos la oportunidad de actuar como agentes de cambio, a través de la educación, del liderazgo y del ejemplo. Podemos trabajar a favor de la igualdad, propiciando acciones que permitan empoderar a otras mujeres.

Que este Día de la Mujer trabajadora sea un día de reflexión y todo el año sea de acción para que hombres y mujeres podamos convivir en armonía en sociedades justas y amorosas.

martes, 6 de marzo de 2018

SOLTERO Y CUARENTÓN…

El otro día comentamos en casa este dicho: "Soltero y cuarentón, qué suerte tienes cabrón". Además de ser simpático, expresa muy bien un ideal de vida muy presente en nuestra sociedad: la felicidad está en hacer lo que a uno le apetece, gozar todo lo posible sin ningún tipo de limitación ni cortapisa. Se supone que el soltero de mediana edad tiene dinero suficiente como para dedicarse a placeres varios -viajar, sexualidad, amigotes, juergas, drogas, etc.- y además, no tiene nada que se lo impida: ya no vive con sus padres, no tiene esposa, ni hijos, ni compromiso alguno.

Pero también hemos visto en muchas ocasiones cómo personas que han vivido así, con sesenta años se han quedado solas, sin nadie con quien compartir alegrías o penas, sin nadie que vele por ellas en los malos momentos. Y al contrario, personas que han dedicado su existencia a sus hijos o a otras personas, al final de su vida están rodeados de seres que los quieren. Se da una extraña paradoja: los que han entregado su vida, los que aparentemente la han perdido por otros, terminan siendo cuidados y sostenidos por los demás; en cambio los que han estado únicamente pendientes de su propia persona acaban en la soledad.

Parece que la vida nos enseña que la tierra del amparo se va cultivando día a día con las semillas del amor y la entrega; y al desierto de la soledad se llega con los vientos del egocentrismo. Es lo que decía Jorge Drexler en su conocida canción: "cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da". Más claramente lo expresó Jesús: "el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará".
Javi morala, capuchino

martes, 27 de febrero de 2018

DAR Y RECIBIR EN CONFIANZA

La fraternidad se va haciendo en la medida que somos más capaces de dar y recibir en un clima de mayor confianza. A veces pensamos que amamos al hermano, hermana, marido, mujer... cuanto más damos. Y nos olvidamos que amar supone también la capacidad de recibir. Y todo en confianza. La confianza es el ambiente en el cual, sin necesidad de explicitarlo continuamente, uno se relaciona dando y recibiendo.

La fraternidad es el lugar humano donde, pudiendo mostrar nuestras pobrezas -todos somos pobres en algo- sin miedo a ser rechazados, recibimos de los demás aquello que nos falta y damos lo que los demás necesitan. Cada cual nombrará esas realidades que echa en falta y que recibe de los demás. No es cuestión de medir mercantilmente lo que damos y recibimos, sino que siempre estamos dando y recibiendo en un clima de confianza. Ese clima de confianza en dar y recibir es lo que muestra el nivel fraterno que vivimos.

Hay peligros que amenazan este dar y recibir en confianza. Está el paternalismo que se alimenta del solo dar y que en el fondo responde a una necesidad de reconocimiento, de autovaloración, etc. Y está también la dependencia que solo sabe recibir que también responde a etapas infantiles de la persona. Nadie está exento de estos riesgos que enferman la fraternidad.

Nunca terminaremos de lograr un equilibrio en esto de dar y recibir porque las relaciones entre las personas, siendo tan cambiantes, son una continua creación de fraternidad, una continua maduración, una continua vuelta a empezar. Nos necesitamos los uno a los otros y, a su vez, la fraternidad es un don gratuito.

Dicen los teólogos que nuestro Dios es relación que siempre está dando y recibiendo, es comunión de amor, es ser en relación. Estamos llamados a este darse y recibir al hermano, a la hermana. Así seremos algo más parecidos a Dios.

Carta de Asís, febrero 2018

jueves, 22 de febrero de 2018

TIEMPOS OSCUROS/TIEMPOS SIN NOMBRE

Dicen que habitamos tiempos oscuros,
tiempos sin Dios.

Hoy siento un deseo irrefrenable,
de arrodillarme,
de adorar algo que sea más que yo.
Que esté antes y más allá de mí.

Algo que no entienda.
Algo que no se pueda demostrar,
que está en mi secreto, en mi sagrado.

Me quito la máscara, sé que existe.
Intuyo qué es
con más fuerza que lo que está.

María Antonia García de León

 

martes, 20 de febrero de 2018

ESTO NO ES UN LIBRO

Se llamaba Pablo, pero todos lo conocían como el pobre de la manta. Cubierto por una, vieja y sucia, se arrastraba por las calles de Salamanca. Lo que sacaba de la mendicidad lo invertía en droga. Una noche lo encontré arrodillado frente a una alcantarilla. Lloraba tirándose del pelo. Me quedé observando. Percibí que, mezcladas con lágrimas, balbucía palabras. Presté atención y comprendí qué es lo que sucedía: por aquella alcantarilla se había caído el billete con que pensaba adquirir su próxima dosis de heroína. Pablo, lamentándose, hablaba con Dios: blasfemando, preguntaba repetidamente por qué, por qué, por qué le sucedía a él eso.

Años después, frente a esta pantalla, recuerdo aquella escena con una nitidez que aún duele: Pablo, con su manta rota por la vida, hablando a Dios desde la cubierta de una alcantarilla, es para mí el rostro de Job, esa voz que grita a lo alto desde los abismos de la Biblia Hebrea. En la historia de Job, leída en el cuerpo de Pablo, se verifican las palabras que Whitman situó en el inicio de sus poemas: Esto no es un libro: quien toca esto, toca a un hombre.
Victor Herrero, capuchino

jueves, 15 de febrero de 2018

¡EL BIEN, QUÉ FASCINANTE!

La cuaresma entendida como conversión al bien.

Por muchas que sean las noticias que nos hablan del mal, de desastres, de fuertes heridas, de daños irreparables, de caminos extraviados, de sufrimientos injustos, el bien sigue siendo fascinante.

Por mucha que sea nuestra desgana, nuestro abandono de los caminos de la fraternidad, nuestros imperdonables olvidos, nuestros desplantes innecesarios y gratuitos, el bien sigue siendo fascinante.

Por mucho que comprobemos cómo las comunidades cristianas, en sus responsables y en sus miembros, no saltan del asiento cuando se hace el mal, por mucho que los cristianos mismos colaboremos a caminos de dudosa bondad cuando no de maldad explícita, el bien sigue siendo fascinante.

Por muchos que sean los miedos que nos atenazan y bloquean nuestro comportamiento bondadoso, por muchas que sean las ocasiones que no aprovechamos para hacer ese pequeño bien que hace más llevadera la carga que la vida nos impone, el bien sigue siendo fascinante.

Por eso nos preguntamos si no será la Cuaresma un tiempo bueno para “convertirse al bien”, para “volver al camino de la bondad”, para no desistir (como dicen sus biógrafos que vivía san Francisco) de aquella “bondad original” que no está en un paraíso perdido, sino en uno por encontrar.

La Cuaresma llega cada año puntualmente. Tiene de bueno el que se nos sirve una posibilidad más de avanzar en nuestro proceso cristiano. Tiene de “peligroso” la amenaza de la rutina y de vacío. Esto es lo habrá que trabajar, en la reflexión, en la oración, en la celebración y en los caminos de la vida. Si esta reflexión colabora a ello, la daremos por bien empleada.

Quizá este anhelo cuaresmal no sea sino la búsqueda de siempre de aquel Jesús que “pasó haciendo el bien” (Hech 10,38) y el anhelo de ir pasando nuestros días, simplemente, queriendo seguir aquella orientación explícita del Evangelio: “Sed buenos del todo como vuestro padre celestial es bueno del todo” (Mt 5,48).

Fidel Aizpurúa, capuchino

miércoles, 14 de febrero de 2018

PREGÓN DE CUARESMA

Empezar la Cuaresma bien lavado y aseado;
despierto, como la creación que gime y canta;
limpio, como el firmamento allá arriba;
luminoso y fresco, como son las alboradas;
y perfumado, como el aire de mi tierra.

Empezar la Cuaresma sin barreras ni murallas;
con las puertas y ventanas abiertas;
con las antenas altas y bien orientadas;
sin miedos, con esperanza y muchas ganas,
y con la casa barrida y bien oreada.

Empezar la Cuaresma sin hacer trampas;
caminando, sin fijar la vista en las renuncias,
ni retener el carnaval que susurra otras cosas;
dejándonos llevar por el Espíritu
y exponiéndonos, desnudos, a su brisa y fuego.

Empezar la Cuaresma desmarcándose con firmeza
de políticas partidarias y corruptas,
de compromisos con plebendas,
de privilegios huecos y egoístas
y de dobles contabilidades con cajas oscuras.

Empezar la Cuaresma ayunando sin complejos,
orando en lo secreto al Padre que nos ama
pidiendo por su proyecto y lo que necesitamos,
y haciendo de la limosna, tan denostada,
causa alegre, generosa y muy humana.

Empezar la Cuaresma con un saludo de bienvenida;
dejando las tinieblas en sus cuevas;
dando gracias por la vida; recibida
con ganas infinitas de recorrer sus sendas
y con la mochila preparada y ligera.

Empezar la Cuaresma en tu compañía, Señor,
...¡y a la aventura, cada día!

Florentino Ulibarri

martes, 13 de febrero de 2018

LA BONDAD INVISIBLE

Aquella tarde, víspera de Reyes, era muy desagradable. El frío, la lluvia, la oscuridad empapaban la ciudad. De camino a comprar me encontré con todas las familias que volvían de la cabalgata. Daba gusto ver cómo los padres superaban todos estos inconvenientes atmosféricos y hablaban a los niños sobre los reyes, los regalos o los caramelos. Con los paraguas y los abrigos, los mayores sostenían en sus hombros a los pequeños mientras alimentaban su ilusión y alegría, creando una complicidad maravillosa.

Me admiraba ver tanta generosidad: ¿no hubiera sido más cómodo para todos quedarse en casa, verlo por la televisión y no terminar mojados y ateridos? Pero cientos de padres y madres habían elegido la lluvia y la incomodidad. Me asombraba ver que la bondad se derramaba por todos los lados y llenaba la ciudad; no por el tópico de la Navidad, sino porque los padres, una vez más, anteponían el bien de sus hijos a su propio bienestar.

Cuando hacemos una valoración del ser humano, la mayoría de las veces nos viene a la cabeza su egoísmo, su capacidad de destruir la naturaleza y la injusticia, la violencia y la desigualdad que existen en el planeta. ¿Y por qué se instalan en nuestro cerebro estas imágenes cuando hay tanta generosidad en las personas? Habrá diferentes motivos, pero uno de ellos es que en las noticias de todos los días nos llenan el salón de bombas, guerras, terrorismo, etc. Un asesinato atroz, aunque haya sido el único en todo el país, entra a formar parte de nuestra vida. La televisión tiene la capacidad de hacernos creer que es habitual y cotidiano lo que ocurre a una persona entre 46 millones, en un metro cuadrado entre los 506.000 millones de Km2 del país.

Y por eso me sorprendo cuando la bondad se manifiesta. No me doy cuenta que hay infinidad de padres que lo dan todo por sus hijos; existen millones de voluntarios que dedican su tiempo a los demás; incontables religiosos que han optado en su vida por los otros; maestros que trabajan más allá de su horario para que sus alumnos aprendan; sanitarios que dedican horas y horas a sanar a los enfermos; personas anónimas cuya vida tiene más sentido porque la dedican a los demás. Es la bondad invisible que sostiene el mundo, es el Reino de Dios que está cerca. Muchas gracias a todos por hacerlo presente.
Javi Morala, capuchino.

jueves, 8 de febrero de 2018

CUANDO MIRAS DESPACIO

"Si te quedas mirando largamente
cualquier cosa del mundo
—un gorrión, una mujer, un árbol,
un río, un desengaño, tal poema
por el que pasa un río
y una mujer desengañada y sola
y en el que se alza un árbol al que acuden
los gorriones mientras cae la tarde—,
si miras cualquier cosa un largo rato
y dejas que entre en ti,
que te vacíe de tu oscuridad
y que en tu ser halle cobijo y sea,
verás y sentirás que cuando miras
tú eres mundo también,
que en ti la vida se entrecruza y canta,
y que todo es sagrado."

Eloy Sánchez Rosillo

martes, 6 de febrero de 2018

SEÑOR, ¿QUÉ QUIERES QUE HAGA?

El día 2 de febrero, fiesta de la Presentación y de la Candelaria, celebramos el día de la Vida Consagrada, de la vida Religiosa. Cuando echamos una mirada hacia nuestra forma de vida nos solemos fijar en la crisis por la que atravesamos. Por lo menos en esta parte del mundo vemos que las Órdenes religiosas y Congregaciones nos encontramos en un proceso de envejecimiento y de disminución. No así en otros lugares del mundo en los que hay un crecimiento.

Solemos decir que a los jóvenes de hoy les cuesta cada vez más tomar decisiones, elegir. Les cuesta sobre todo tomar decisiones que afectan o abarcan toda la vida. En la cultura en la que nos movemos se va creando la idea de que no se puede comprometer uno para siempre, ni con una persona ni con una determinada opción de vida. Parece que lo que importa es vivir al día y, si hay que optar, que sea por un tiempo determinado. Hay quien afirma que la actual crisis vocacional está muy unida a la alergia a tomar decisiones, a hacer una elección, pues vivimos en la cultura de la indecisión.

Tal vez sea exagerado decir que en la cultura en la que nos movemos hoy no hay ideales. Yo creo que sí los hay, aunque determinados valores van cambiando o han sido desplazados en nuestra sociedad. Lo que está claro es que, si no hay algo que me atraiga o me guste, difícilmente lo podré elegir. Anterior a cualquier decisión está el deseo. El deseo y la capacidad de desear forman parte de la sensibilidad de una persona. Es algo que hace que orientes tu vida de una u otra manera.

Desear es concentrar las energías en la búsqueda de algo que uno siente cada vez más que es central en su vida. Cada uno somos responsables de nuestra propia sensibilidad y, desde las experiencias que vamos teniendo, la vamos construyendo a lo largo de nuestra vida.

Hubo un día en la vida de San Francisco de Asís, como lo ha habido en las personas que han orientado su vida desde Dios, que se planteó la siguiente cuestión: Señor, ¿Qué quieres que haga? Deseó encontrar su propio lugar en la vida y se puso a la escucha de todo lo que le ayudaba en esa búsqueda para tratar de decidir en libertad y con responsabilidad. Quiso comprender el plan que Dios tenía sobre su propia vida y emprendió todo un camino de búsqueda de Dios. Su propia experiencia nos ayuda a otras muchas personas a plantearnos la vida desde lo que él mismo descubrió.

Benjamín Echeverría, capuchino

jueves, 1 de febrero de 2018

EL VIDEO DEL PAPA, ENERO 2018

ENCUENTRO DE FORMACIÓN DE ANIMADORES DE PASTORAL JUVENIL, ENERO 2018

El fin de semana del 20 y 21 de enero, los jóvenes de la parroquia San Antonio de Cuatro Caminos acudimos a la Casa de capuchinos de El Pardo, también en Madrid. Allí pudimos disfrutar de una jornada de formación con jóvenes pertenecientes a otras parroquias de los capuchinos en España, como lo son las parroquias de Usera (Madrid), Totana (Murcia) y Zaragoza.

La razón de este encuentro era la jornada de formación para actuales o futuros agentes pastoral juvenil. Este encuentro estaba destinado a que los monitores y catequistas podamos llegar más a nuestros chavales y poder dar respuestas a sus preguntas, además de contestar cuestiones que nosotros mismos nos planteamos. El tema a tratar era “Ciencia y Biblia. Qué es y qué no es la Biblia”. Este tema es realmente de gran interés teniendo en cuenta que la ciencia siempre es aceptada como única verdad absoluta con la que debemos interpretar la realidad. También aprendimos un poquito más sobre la Biblia, cómo usarla y qué significa.

Como ponente repetía Alfredo Delgado, un sacerdote de parroquia que con su cercanía y entrega nos ayudó a entender de una manera mucho más completa el tema tratado y nos dio claves esenciales a la hora de tratar y contestar las preguntas de nuestros chavales.

La jornada del sábado trascurrió realizando distintos talleres, referentes a la ciencia por la mañana y a la fe por la tarde. Trabajamos en grupo distintas actividades referentes a Biblia y ciencia. Por la noche disfrutamos de una agradable y divertida velada con un juego que nos permitió conocernos mejor. El domingo trabajamos el amor y las relaciones afectivas realizando un taller consistente en una divertida dinámica para conocer nuestras emociones. Después tuvo lugar la Eucaristía, un momento muy emotivo que todos compartimos, incluidos los más pequeños que quisieron participar haciendo una preciosa ofrenda que presentaron en el ofertorio.

Después de la comida cada uno puso rumbo a su lugar de origen guardando en el corazón todo lo aprendido durante el fin de semana y dispuesto a poner todo ello en práctica con nuestros chicos.
Almudena Muñoz Soberón

martes, 30 de enero de 2018

ECOLOGÍA SOCIAL

¿Nos imaginamos qué cara pondría Francisco de Asís si escuchara hablar de “ecología social”? Seguramente no entendería nada, como es lógico. No podemos pensar que palabras e ideas actuales fueran entendidas en otras épocas. Pero es curioso cómo las intuiciones que han vivido hombres y mujeres de tiempos pasados nos pueden animar a vivir cuestiones actuales, en ideas y palabras de hoy, de una forma más humana y solidaria.

Cuando se optaba por vivir en pobreza generalmente se asociaba a dimensiones personales como saber vivir en libertad, no atados a la mera satisfacción de las necesidades físicas o psíquicas; otra veces, se asociaba a alcanzar alguna virtud, o se leía como sacrificio que traía otras ganancias de tipo moral o religiosa, etc. Hoy, en cambio, estamos movidos por sensibilidades que atienden a dimensiones que hasta hace poco impensables, o no eran objeto de cuidado; como pueden ser las dimensiones más sociales, políticas, ecológicas, etc.

En este orden de cosas, vamos aprendiendo que nuestro modo de vida más frugal y austero no sólo puede responder a aquellos motivos que importaban en otros tiempos como la ascesis, algún tipo de mortificación como algo meritorio, etc. Hoy en día somos más conscientes de que nuestra austeridad y frugalidad tiene influencia en el bienestar o malestar de otras gentes y que incide en la marcha mejor o peor de este planeta tan frágil y caduco. Nuestras opciones en materia de consumo, gasto, desperdicios, nuestro aprovechamiento óptimo o no de nuestros recursos personales y sociales están determinando la realidad social y ecológica.

Por ello, la espiritualidad franciscana también tiene algo que decir, y mucho en estos nuevos territorios de las preocupaciones actuales de la humanidad. Francisco no fue un ecologista como nosotros lo entendemos, ni mucho menos. Pero sus intuiciones en planos cortos, cuando quería repartir sus pocas pertenencias con los más pobres, cuando invitaba a una vida frugal, etc. tienen hoy gran actualidad a nivel más global, social y planetario. Sus intuiciones más hondas son hondamente actuales.

Carta de Asís, enero 2018

jueves, 25 de enero de 2018

BLANCO EN LO BLANCO

Haz una llave, aunque sea pequeña,
entra en la casa.
Consiente en la dulzura, ten piedad
de la materia de los sueños y de las aves.

Invoca el fuego, la claridad, la música
de los flancos.
No digas piedra, di ventana.
No seas como la sombra.

Di hombre, di niño, di estrella.
Repite las sílabas
donde la luz es feliz y se demora,

vuelve a decir: hombre, mujer, niño.
Donde la belleza es más nueva.

Eugénio Andrade

martes, 23 de enero de 2018

ESTATUTOS DE LA AMABILIDAD

Un buen cristiano se inventó los “estatutos de la amabilidad” y los tenía enmarcados en su cuarto para repasarlos a diario. Forman una especie de código de la felicidad sencillo, de andar por casa, pero sincero y realista. Escribió así:

1. Sonreír siempre a las personas con las que convives
2. Ofrecerte siempre para ayudar
3. Evitar o suavizar las penas a los demás
4. Contener todo gesto de impaciencia o mal humor
5. Cuidar especialmente a las personas difíciles
6. Mandar siempre con benevolencia
7. Ser comprensivo con los defectos y miserias del prójimo
8. Excusar y defender a los que han fallado
9. Corregir con delicadeza y sintiendo dolor por ello
10. Ser respetuoso y cortés sin ser empalagoso
11. Hablar siempre bien de los demás o mejor callar

jueves, 18 de enero de 2018

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS 2018

“Fue tu diestra quien lo hizo, Señor, resplandeciente de poder” (Ex 15, 16) es el lema para la Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos 2018 que se celebra del 18 al 25 de enero. Desde hace ya algunos años, el Consejo Ecuménico de las Iglesias y el Pontificio Consejo para la Promoción de la Unidad de los Cristianos encargan los materiales de oración para esta semana a Iglesias y Comunidades eclesiales confesionales diversas de alguna región geográfica. En esta ocasión, para la semana de oración de 2018, se lo han pedido a las Iglesias y comunidades de la región del Caribe.

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos, recuerdan los obispos de la Comisión Episcopal de Relaciones Interconfesionales en su mensaje, “es ocasión propicia para que conozcamos mejor el diálogo de la Iglesia católica con las Iglesias y Comunidades eclesiales sobre la doctrina de la fe, llevado adelante con gran esfuerzo y dedicación”.

Los materiales preparado para este año están disponibles en el siguiente ENLACE