viernes, 2 de enero de 2026

JESÚS ES EL GRAN REGALO

Navidad es tiempo de regalos. Papa Noel, Los Reyes, el tío de Nadal en Cataluña, el Apalpador en Aragón, el Olentzero en Navarra y el País Vasco, las rondas de regalos en la Rioja, etc. Darse un regalo es un lenguaje que tenemos los humanos para indicar que, en realidad, lo que queremos darnos es el corazón, la felicidad, la dicha.

Jesús es el gran regalo para el creyente. Nuestro aprendizaje catequético de la fe nos hace entender a Jesús como Hijo de Dios, Salvador, segunda persona de la Trinidad, Sumo Sacerdote, etc. ¿Por qué no entenderlo como un regalo? Cuando en Navidad dos personas que se aman se dicen: “Tú eres el mejor regalo para mí” se están diciendo una profunda verdad. ¿No podríamos decir a eso a Jesús? ¿No sería esa certeza algo más valioso que las frías frases de un credo oficial?

Si Navidad es tiempo de regalos también habría de ser tiempo de agradecimiento. Decía el recordado Papa Francisco: «Hoy no suele haber ni tiempo ni energías disponibles para detenerse a tratar bien a los demás, a decir “permiso”, “perdón”, “gracias”» (FT 224). Que nos demos generosamente las gracias en Navidad y siempre. Si, como dice el dicho, “de bien nacidos es ser agradecidos” seámoslo con todos, con Jesús, con el mismo Dios. Agradecer es amar.

martes, 30 de diciembre de 2025

EN MEDIO DEL SILENCIO

La Navidad envuelta en el silencio

Como dicen los lingüistas, Navidad y silencio es un oxímoron, una contradicción. A la Navidad parece irle mejor el bullicio, la alegría desbordante, el alborozo. Por eso, plantear una reflexión queriendo mezclar Navidad y silencio no parece la mejor opción.

Pero la cosa se complica cuando reconocemos, tras muchas Navidades vividas, que, con frecuencia, el ambiente festivo de las Navidades se queda en cosas muy superficiales (cantos, regalos, fiestas, etc.). Entonces brota la pregunta: ¿no será un camino para vivir de modo ahondado la encarnación recurrir a la vieja herramienta del silencio? ¿No se podrá entender y vivir mejor desde el silencio el “misterio abrupto” de la Navidad? ¿Puede tener recorrido plantear la Navidad como un itinerario de silencio?

Demasiado fácilmente decimos que el misterio de la encarnación es el silencio de Dios que habla en Jesús. Siendo esto así, ¿no será el silencio una buena propuesta para adentrarse en ese silencio de Dios? Y para escuchar al Dios que habla en el silencio ¿no será necesario bajar el nivel de ruido, de estímulos externos, de extroversión?

Quisiéramos plantear la Navidad de este año como un itinerario de silencio para ahondar más en la Navidad, para vivir con gozo la encarnación del Señor. No creemos estar fuera de onda con un planteamiento así. Para aceptarlo es preciso estar animado a adentrarse en los caminos de una fe adulta y cultivada. De lo contrario, esto no resultará. Que podamos entrar por las sendas de la Navidad desde la hermosa espiritualidad de un silencio habitado.

Fidel Aizpurúa, capuchino

domingo, 28 de diciembre de 2025

POR NUESTRAS FAMILIAS



Señor Jesús, ponemos en tus manos nuestras propias familias, con sus alegrías y también con sus dificultades. Enséñanos a amar como Tú amas, a dialogar sin miedo, a perdonar cuando cuesta y a cuidar unos de otros con gestos sencillos pero sinceros.

Que María nos enseñe a confiar en Dios incluso cuando no entendemos todo, y que José nos inspire a ser responsables, valientes y fieles en lo cotidiano. Ayúdanos, Señor, a ser jóvenes que construyan hogares llenos de respeto, fe y esperanza, donde tu presencia sea el centro y el amor sea siempre más fuerte que cualquier problema. Amén.

jueves, 25 de diciembre de 2025

FELIZ Y FRATERNA NAVIDAD

Tu venida, Señor, rompe nuestros esquemas.
Tu encarnación nos invita
a aceptar con responsabilidad y gozo
nuestra condición humana.

Este es el tiempo de Dios-con-nosotros
del calor en el corazón y en los hogares
y de la ternura desbordada.

Es también nuestro tiempo,
el tiempo de todos, sin excluídos,
pues todos somos hijos, hijas.

Si es así, Jesús,
ven a nuestras casas esta Navidad,
ven a nuestra familia,
ven a nuestra ciudad,
ven a nuestra parroquia,
ven a nuestros grupos,
ven a nuestro mundo...
Y ven, antes que nada,
a nuestro pobre corazón.

¡Feliz Navidad! Dios mismo nos ha anunciado la Buena Noticia del nacimiento de su Hijo, para que no lo dudemos. Acerquémonos a Belén y dejémonos llenar por el amor infinito y gratuito que Dios nos tiene.