jueves, 29 de enero de 2026

INSTRUMENTOS DE PAZ

La paz es un don de Dios, pero también exige nuestro compromiso. No basta con pedirla en oración: hay que buscarla y construirla cada día. San Francisco lo entendió bien e hizo de la paz parte de su misión, llevándola entre las personas divididas, rezando por las ciudades en conflicto y abriéndose al diálogo con todos, incluso con el sultán. La paz nace de un corazón reconciliado y guiado por el Espíritu, y se fundamenta en la verdad, la justicia, el amor, el diálogo, la reconciliación y la libertad. Francisco comprendió que Jesús nos da su paz, diferente de la del mundo, y que nos llama a ser sus artesanos: hombres y mujeres que, con gestos simples y cotidianos, construyen fraternidad, perdón y esperanza. Por eso entrega y comparte con nosotros su última voluntad.

De la leyenda de Los tres compañeros: Era su vivo deseo que tanto él como los hermanos abundasen en aquellas buenas obras mediante las cuales el Señor es alabado. Y les decía: «La paz que anunciáis con los labios, tenedla aún más abundante en vuestros corazones. No provoquéis a nadie a la ira ni al escándalo, sino que todos sean atraídos a la paz, a la bondad y a la concordia por vuestra mansedumbre».

En el Testamento, Francisco recuerda la misión recibida del Señor: «El Señor me reveló que dijéramos este saludo: “El Señor te dé la paz”». Es mucho más que un deseo o una estilo formal de saludo: es un programa de vida y un compromiso de evangelización. Al inicio de su nueva vida, encontramos a Francisco, aquí mismo en la Porciúncula, participando en la Eucaristía, escuchando la Palabra evangélica del envío de los discípulos a predicar, llevando el saludo de paz a donde se dirigían. Se hace explicar de inmediato por el sacerdote la Palabra escuchada y exclama: «¡Esto quiero, esto pido, esto anhelo hacer con todo el corazón!». El saludo y el anuncio de paz son un mandato confiado a los discípulos, a la Iglesia -que Francisco siente como algo urgente para sí mismo y nos transmite a nosotros- y también son el saludo de Cristo Resucitado dirigido a los discípulos en el momento en que estaban “encerrados en sí mismos por el miedo”, vinculando dicho saludo con la tarea de la reconciliación. He aquí la clave para construir la paz: el valor del perdón, de la reconciliación, de la misericordia. Francisco es portador de un don que viene de lo alto, del Señor, y es consciente de ser su mediador. Aprendamos también nosotros a ser operadores y portadores de paz, especialmente cuando se necesita el valor evangélico de lo aparentemente inútil. (Roberto Genuin, Ministro General de los Capuchinos)

lunes, 26 de enero de 2026

ENCUENTRO DE ANIMADORES DE PASTORAL JUVENIL EN EL PARDO, ENERO 2026

El tema "Las palabras de Jesús"… El ponente Alfredo Delgado... ¡esto promete! Nos apuntamos para el 23-25 enero en la casa de espiritualidad de el Pardo, Madrid.

Fin de semana frío, el más frío que hemos pasado en El Pardo; la nieve nos acompañó en el viaje, quería venir con nosotros, pero se quedó por el camino. Allí llegamos representantes de Gijón, Zaragoza, Logroño, Tudela, Madrid y Totana. Y lo que prometía se cumplió, fue un sábado de vértigo entre palabras, citas, géneros literarios, abre la biblia, apunta, esto tatúatelo, trabajos entre nosotros, intentando averiguar si Jesús nos hablaba con “aforismos” porque fue twitero, que sí, y sí dejó ese “ego trip” atrás para hablarnos de ese Dios al que llamaba “Abba padre.” Y sin querer queriendo… era la hora de cenar.

Ana M. Reyes Rojas nos enamoró con un concierto de Arpa, ocho temas que nos ayudaron a imaginar la vida de Francisco que teníamos brevemente relatada. Y cambiamos de piscina, nos metimos en el maravilloso mundo de la guitarra para compartir canciones y aprender nuevas melodías que Madrid y Tudela habían propuesto.

El domingo seguimos profundizando en parábolas, el Padrenuestro… siempre corto el tiempo para temas tan bien llevados. Después ensayo de canciones y eucaristía en comunidad con Víctor, pudimos estrenar las canciones compartidas la noche anterior, ¡éxito! Comida y despedida. Nos llevamos muchas ganas de seguir abriendo la Biblia, leyendo, preguntándonos. Aprendemos y el corazón se ensancha.

¡Siempre Gracias! Próxima parada la Pascua.

Amaya Perales, animadora de Tudela

jueves, 22 de enero de 2026

CUENTOS CON VALORES: EL SACRIFICIO

Nada es imposible

Cuentan que en la periferia de una ciudad canadiense, en un soleado día de invierno, dos niños patinaban alegremente sobre una laguna congelada. Los niños no se habían percatado de que en el centro de la laguna había una bandera roja que anunciaba hielo quebradizo.

Los niños jugaban alegremente, sin preocupación, al no percibir el peligro que corrían.
De pronto, el hielo se reventó y uno de los niños cayó al agua.

El otro niño, viendo que su amiguito era llevado por la ligera corriente unos metros más lejos y se ahogaba debajo del hielo, tomó una piedra y empezó a golpear con todas sus fuerzas hasta que logró romperlo y así salvar a su amigo.

Un automovilista que pasaba dio la alarma y corrió con una manta a socorrerlos, pero no se atrevía a ir más allá de la orilla por temor al hielo quebradizo.

Cuando llegaron los bomberos y vieron lo que había sucedido, se preguntaron: «¿Cómo un niño tan pequeño fue capaz de romper un hielo de más de dos pulgadas de ancho? El hielo está muy grueso, es imposible que lo haya podido quebrar con esa piedra y sus manos tan pequeñas».

En ese instante apareció un anciano, quien les dijo: «Yo sé cómo lo hizo». «¿Cómo», le preguntaron al anciano, que contestó: «No había nadie a su alrededor para decirle que era imposible que lo pudiera hacer».

 

martes, 20 de enero de 2026

EL LEGADO DE FRANCISCO: HUMILDAD

Reconocer la verdad de uno mismo

La humildad de Francisco no nació de sentirse pequeño, sino de reconocer la verdad de lo que era: un hombre amado, frágil y lleno de deseo de bien. Él descubrió que la humildad no es rebajarse, ni negarse el valor, ni aceptar que somos menos; es más bien mirar con honestidad lo que llevamos dentro, sin exagerarlo ni esconderlo.

Vivir con humildad significa aceptar con serenidad nuestras luces y nuestras sombras. Significa comprender que necesitamos a los demás, que no podemos solos, que nadie nace sabiendo amar. Francisco vivía desde esa verdad: escuchaba incluso a quienes pensaban distinto, aceptaba correcciones sin enfadarse y sabía pedir perdón cuando fallaba.

La humildad es la puerta de la libertad interior. Cuando dejamos de aparentar lo que no somos, empezamos a construir relaciones más sinceras. Cuando no nos creemos superiores, aprendemos a caminar con otros. Y cuando no nos sentimos inferiores, nos atrevemos a dar lo mejor de nosotros.

Preguntas para la reflexión personal
  • ¿Qué verdades sobre mí mismo me cuesta aceptar?
  • ¿En qué situaciones me cuesta escuchar o dejarme corregir?
  • ¿Cómo reacciono cuando me equivoco? ¿Qué me enseña eso sobre mi humildad?

jueves, 15 de enero de 2026

EL PRÓJIMO SEÑALA MI VERDAD

Nuestra identidad cristiana y de carácter franciscano en concreto, la solemos asociar a un tipo de espiritualidad con los tintes peculiares del santo de Asís. Así asociamos a Francisco con la sencillez, con la pobreza, con la naturaleza… Pero lo que de verdad nos identifica como cristianos no es el tinte con el que coloreamos la espiritualidad, sino el tipo de relación que mantenemos con los demás.

Sucede con frecuencia que atendemos a cómo va nuestra oración, nuestras mociones interiores, nuestros sentimientos; también si damos tiempo a Dios, si tomamos parte en las celebraciones. Cuidamos que nuestras opiniones sean razonadas desde una sensibilidad creyente, abiertas a la presencia de Dios en nuestra vida, etc. Y todo eso así ha de ser. Sin embargo, la prueba del algodón de nuestra fe y su espiritualidad está en la relación que mantenemos con los hermanos, las hermanas. Ahí se ve en su verdad nuestra fe en el Dios de Jesús.

Y no es tanto si cumplimos o no con el mandato del amor, sino si nuestra vida se va configurando, tomando forma desde el trato de cariño y servicio que damos a los demás. Muchas veces uno no “siente el amor” por los que lo necesitan. Quizá no se dan las mejores circunstancias para “sentir amor”. Pero uno sabe que se debe a esa persona porque está en necesidad, porque su situación requiere atención, dedicación. El centro ya no está en mí, sino en la otra persona. Ese movimiento nos acerca a Jesús, y nos hace sintonizar con El.

No hay que razonar mucho para activar ese movimiento de cercanía hacia quien nos necesita; tampoco tendremos que complicarnos sobre los modos más adecuados de ese acercamiento. Sencillamente, reconociendo que Dios ha hecho por nosotros infinitamente más que lo que imaginamos, dejamos que su amor fluya a través de nosotros hacia los que lo necesitan, lo veamos o no, lo sintamos o no (Jn 2,9-11)

Carta de Asís, enero 2026