jueves, 15 de enero de 2026

EL PRÓJIMO SEÑALA MI VERDAD

Nuestra identidad cristiana y de carácter franciscano en concreto, la solemos asociar a un tipo de espiritualidad con los tintes peculiares del santo de Asís. Así asociamos a Francisco con la sencillez, con la pobreza, con la naturaleza… Pero lo que de verdad nos identifica como cristianos no es el tinte con el que coloreamos la espiritualidad, sino el tipo de relación que mantenemos con los demás.

Sucede con frecuencia que atendemos a cómo va nuestra oración, nuestras mociones interiores, nuestros sentimientos; también si damos tiempo a Dios, si tomamos parte en las celebraciones. Cuidamos que nuestras opiniones sean razonadas desde una sensibilidad creyente, abiertas a la presencia de Dios en nuestra vida, etc. Y todo eso así ha de ser. Sin embargo, la prueba del algodón de nuestra fe y su espiritualidad está en la relación que mantenemos con los hermanos, las hermanas. Ahí se ve en su verdad nuestra fe en el Dios de Jesús.

Y no es tanto si cumplimos o no con el mandato del amor, sino si nuestra vida se va configurando, tomando forma desde el trato de cariño y servicio que damos a los demás. Muchas veces uno no “siente el amor” por los que lo necesitan. Quizá no se dan las mejores circunstancias para “sentir amor”. Pero uno sabe que se debe a esa persona porque está en necesidad, porque su situación requiere atención, dedicación. El centro ya no está en mí, sino en la otra persona. Ese movimiento nos acerca a Jesús, y nos hace sintonizar con El.

No hay que razonar mucho para activar ese movimiento de cercanía hacia quien nos necesita; tampoco tendremos que complicarnos sobre los modos más adecuados de ese acercamiento. Sencillamente, reconociendo que Dios ha hecho por nosotros infinitamente más que lo que imaginamos, dejamos que su amor fluya a través de nosotros hacia los que lo necesitan, lo veamos o no, lo sintamos o no (Jn 2,9-11)

Carta de Asís, enero 2026

martes, 13 de enero de 2026

INFLUENCER SIN REDES

En el mundo del marketing, uno de los ámbitos que más auge está teniendo en los últimos años es el de la marca personal. Lo que hoy llamamos influencers o youtubers no suelen ser fruto de la improvisación. Detrás de ellos hay, normalmente, un trabajo serio de reflexión, coherencia y constancia. Más que un personaje ficticio, construyen una línea reconocible de presencia en los medios.

Cuando uno entra en sus redes sociales -Instagram, YouTube o cualquier otra- sabe, más o menos, qué se va a encontrar.

Pero esto no es algo reservado solo a profesionales del marketing. En realidad, todas las personas tenemos una marca personal, aunque no la hayamos diseñado conscientemente. Basta con tener una cuenta de WhatsApp, un perfil en alguna red social o, simplemente, participar en un grupo. Desde el momento en que estamos ahí, nos mostramos. Queramos o no, comunicamos algo de nosotros mismos a quienes nos leen o nos observan con curiosidad.

También los frailes.

Por eso se me ha ocurrido este pequeño ‘juego’ de lectura bíblica que comparto con vosotros hoy, festividad del Bautismo del Señor: mirar la figura de san Juan Bautista con las gafas del marketing. No para convertirnos en influencers, ni mucho menos, sino como un ejercicio para pensar, sonreír y tomar conciencia de algo importante: nuestra presencia -también la digital- deja huella y puede convertirse en lugar de evangelización.

jueves, 8 de enero de 2026

ORACIÓN PARA EL INICIO DEL AÑO EN EL OCTAVO CENTENARIO FRANCISCANO

Altísimo, Todopoderoso, Buen Señor,
al comienzo de este nuevo año,
nos presentamos ante Ti
en el tiempo de gracia de los ochocientos años
del testimonio de San Francisco.

Desde Asís,
cuna de un Evangelio vivo,
te damos gracias
por el don de una historia
que aún habla al mundo
de paz, fraternidad y conversión del corazón.

En este año de memoria y profecía,
concédenos no solo celebrar el pasado,
sino acoger la llamada
que a través de San Francisco
sigue resonando en la Iglesia y en la humanidad.

Haznos elegir lo esencial,
caminar con los pequeños,
cuidar la creación como nuestra casa común,
reconocer a cada hombre y mujer
como hermano y hermana.

Bendice este nuevo año,
para que sea un tiempo de renovación interior,
de escucha del Evangelio,
de paz buscada y construida,
de esperanza sembrada incluso en las heridas del mundo.

Por intercesión de San Francisco de Asís,
que también hoy seamos un signo vivo
de tu amor salvador.

Amén.

martes, 6 de enero de 2026

CAMINOS NUEVOS

La fe que dimana del evangelio es, por ello, una fe para los caminos, para el cambio, para vivir en desamparo y en fraternidad. Se ha querido ver a la Iglesia como roca firme que perdura por milenios. Pero, en realidad, el evangelio se nos dio para andar con humanidad nuestros caminos. Somos caminantes en la fe, creyentes que no se instalan en dogmas a perpetuidad, samaritanos compasivos que se vuelcan a los caídos en el camino.

El escritor romano Terencio dijo siglos antes de Cristo: “Nada humano me es ajeno porque soy humano”. Quizá lo más importante en los caminos y sus peligros no sea mantenerse vivo, sino mantenerse humano. La razón de humanidad es la que da sentido a nuestros caminos. Eres humano, caminas bien; no lo eres, tu camino va desviado.

Un camino nuevo que nos cuesta todavía recorrer es el llamado a revertir y controlar el cambio climático por el que muchos pobres y muchos conciudadanos nuestros (6.000 al año en España) mueren a consecuencia de una mala gestión de los gases de efecto invernadero y de los residuos. Son caminos nuevos que se ponen ante nosotros. Al comenzar el año habríamos de animarnos a transitar estas sendas nuevas. Vayamos abrazando los caminos de una economía circular: reutilización, reparación, renovación y reciclaje, en lugar de “extraer-fabricar-desechar”. Nos va en ellos el vigor de nuestra humanidad y de nuestra fe.

domingo, 4 de enero de 2026

ALABADO SEAS POR TU PALABRA


Tu palabra,
ha acampado entre nosotros,
se ha hecho carne humana y tierna,
Alabado seas por tu palabra.

Tu palabra, es buena noticia,
está en el evangelio,
en las personas buenas, en cualquier esquina,
en la naturaleza y, también, en tu Iglesia.
Alabado seas por tu palabra.

Tu palabra hace de nosotros
personas nuevas, sal y levadura,
comunidad de hermanos, Iglesia sin fronteras,
pueblo solidario con todos los derechos humanos,
y zona liberada de tu reino que llega.
Alabado seas por tu palabra.