martes, 25 de noviembre de 2025
domingo, 23 de noviembre de 2025
UN REY BUENO
Dice el texto evangélico de este domingo y puesto en boca de uno de los crucificados que “este no ha hecho nada malo”. Jesús pasó haciendo el bien, fue un “Maestro bueno”. Por eso mismo, podríamos definirlo como un rey bueno.
Ser un rey bueno, bien lo vemos, no es fácil porque a nadie le resulta fácil ser bueno. Llevamos dentro un enemigo que hay que controlar, reorientar, trabajar. Ser bueno pude parecer poca cosa pero es un ideal divino porque, sencillamente, el Dios de Jesús es un Dios bueno. Por eso, el extraño reino de Jesús es el de un Jesús bueno, de personas buenas, el de quienes alimentan el caudal de bondad que sostiene el mundo.
A veces nos convendría medir el vigor de nuestra fe no por parámetros religiosos (la oración, el amor a la eucaristía, etc.), cosa que está muy bien, sino por parámetros antropológicos: sirves al otro, eres seguidor/a de Jesús; te relacionas bien, eres seguidor/a; crece en ti la bondad, eres seguidor/a; Si ves que, con los años, tu bondad no crece y cada vez te apuntas más al lado oscuro de las cosas, es señal de que el evangelio no está haciendo su obra. Hay que trabajar.
Ser un rey bueno, bien lo vemos, no es fácil porque a nadie le resulta fácil ser bueno. Llevamos dentro un enemigo que hay que controlar, reorientar, trabajar. Ser bueno pude parecer poca cosa pero es un ideal divino porque, sencillamente, el Dios de Jesús es un Dios bueno. Por eso, el extraño reino de Jesús es el de un Jesús bueno, de personas buenas, el de quienes alimentan el caudal de bondad que sostiene el mundo.
A veces nos convendría medir el vigor de nuestra fe no por parámetros religiosos (la oración, el amor a la eucaristía, etc.), cosa que está muy bien, sino por parámetros antropológicos: sirves al otro, eres seguidor/a de Jesús; te relacionas bien, eres seguidor/a; crece en ti la bondad, eres seguidor/a; Si ves que, con los años, tu bondad no crece y cada vez te apuntas más al lado oscuro de las cosas, es señal de que el evangelio no está haciendo su obra. Hay que trabajar.
jueves, 20 de noviembre de 2025
EL LEGADO DE FRANCISCO DE ASÍS: LA SENCILLEZ
Volver a lo esencial
La vida de Francisco comenzó a cambiar el día en que descubrió que lo que estaba buscando no se encontraba en los privilegios ni lujos de su época. Se dio cuenta de que el corazón se vuelve torpe cuando está lleno de cosas materiales que no necesita, de preocupaciones por querer impresionar, de apariencias que quieren disimular vacios personales.
Para Francisco, la sencillez no consistía en vivir sin nada, sino en vivir con algo que le sobrara. Quería tener lo justo para no distraer el corazón. Decía que lo que uno es ante Dios, eso es y nada más. Era una manera de regresar a lo esencial: a lo que hace que el corazón respire hondo, a lo que nos permite encontrarnos con los demás sin máscaras ni falsas apariencias.
Y esa es su invitación para nosotros: aprender a soltar. Soltar expectativas que no son nuestras, relaciones que solo ocupan espacio, objetos que usamos como escudos. La sencillez no nos estrecha la vida, sino que la ensancha. Nos enseña a elegir lo que realmente nos hace crecer, nos libera para estar más presentes y nos abre los ojos a la belleza de las cosas cotidianas.
La sencillez es aprender a mirar dentro y preguntarse: ¿qué es verdaderamente importante? No se trata de renunciar al mundo, sino de caminar más ligeros para poder amar mejor.
La vida de Francisco comenzó a cambiar el día en que descubrió que lo que estaba buscando no se encontraba en los privilegios ni lujos de su época. Se dio cuenta de que el corazón se vuelve torpe cuando está lleno de cosas materiales que no necesita, de preocupaciones por querer impresionar, de apariencias que quieren disimular vacios personales.
Para Francisco, la sencillez no consistía en vivir sin nada, sino en vivir con algo que le sobrara. Quería tener lo justo para no distraer el corazón. Decía que lo que uno es ante Dios, eso es y nada más. Era una manera de regresar a lo esencial: a lo que hace que el corazón respire hondo, a lo que nos permite encontrarnos con los demás sin máscaras ni falsas apariencias.
La sencillez es aprender a mirar dentro y preguntarse: ¿qué es verdaderamente importante? No se trata de renunciar al mundo, sino de caminar más ligeros para poder amar mejor.
domingo, 16 de noviembre de 2025
CONSTANTES EN LA FE
Es una evidencia que somos inconstantes. Vislumbramos algo hermoso y optamos por ello. Pero pronto nos damos cuenta de que eso bello que nos atrae es un camino que hay que andar poco a poco. Y que ese camino está lleno de dificultades y de obstáculos. Y entonces abandonamos, lo dejamos de lado, lo olvidamos. Con ello, el nivel de frustración de nuestra vida sube constantemente. ¿Cómo vivir una vida cristiana perseverante?
- Sé fiel a las promesas del evangelio: porque no interesa tanto que seas fiel a lo que tú has prometido, sino que descubras las maravillas de lo que se te ha prometido y que esas maravillas te encandilen para siempre. La maravilla de una vida en paz, la maravilla de poder tener un corazón perdonador, la maravilla de vivir inmerso en la generosidad.
- Vive una fe lo más lúcida posible: no te eches en brazos de la rutina, de la costumbre, de los meros ritos externos porque eso no terminará por ahogarte. Busca renovar tu oración, vive la eucaristía como un auténtico lugar de encuentro con Jesús, no te canses de leer la Palabra todos los días si es posible.
- Cultiva tu pensamiento cristiano: no vivas con las ideas del catecismo que aprendiste de niño, piensa la posibilidad de hacer parte de alguno de los grupos parroquiales donde se cultiva la Palabra, el pensamiento cristiano. Los tiempos cambian. Hemos de vivir la fe en modos adaptados a nuestro hoy, no de manera rígida e inflexible. Ha pasado el tiempo de comulgar con ruedas de molino y de tener la fe del carbonero.
La mejor forma de ser perseverante es aquella que nos implica algo en la vida familiar, en la vida parroquial o en la vida social. Una vida sin implicación lleva a vivir descolgado, situado en el propio egoísmo, como una isla. Así es imposible mantenerse vivo en la fe. Si vives implicado incrementa tu compromiso; si tu implicación es débil, hoy mismo puedes dar un paso adelante. Ánimo.
- Sé fiel a las promesas del evangelio: porque no interesa tanto que seas fiel a lo que tú has prometido, sino que descubras las maravillas de lo que se te ha prometido y que esas maravillas te encandilen para siempre. La maravilla de una vida en paz, la maravilla de poder tener un corazón perdonador, la maravilla de vivir inmerso en la generosidad.
- Vive una fe lo más lúcida posible: no te eches en brazos de la rutina, de la costumbre, de los meros ritos externos porque eso no terminará por ahogarte. Busca renovar tu oración, vive la eucaristía como un auténtico lugar de encuentro con Jesús, no te canses de leer la Palabra todos los días si es posible.
- Cultiva tu pensamiento cristiano: no vivas con las ideas del catecismo que aprendiste de niño, piensa la posibilidad de hacer parte de alguno de los grupos parroquiales donde se cultiva la Palabra, el pensamiento cristiano. Los tiempos cambian. Hemos de vivir la fe en modos adaptados a nuestro hoy, no de manera rígida e inflexible. Ha pasado el tiempo de comulgar con ruedas de molino y de tener la fe del carbonero.
La mejor forma de ser perseverante es aquella que nos implica algo en la vida familiar, en la vida parroquial o en la vida social. Una vida sin implicación lleva a vivir descolgado, situado en el propio egoísmo, como una isla. Así es imposible mantenerse vivo en la fe. Si vives implicado incrementa tu compromiso; si tu implicación es débil, hoy mismo puedes dar un paso adelante. Ánimo.
Fidel Aizpurúa, capuchino
jueves, 13 de noviembre de 2025
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