viernes, 14 de enero de 2022

FRATELLI TUTTI EN IMÁGENES DE ANTONIO OTEIZA

DESPILFARRO DE ALIMENTOS: En el fondo «no se considera ya a las personas como un valor primario que hay que respetar y amparar, especialmente si son pobres o discapacitadas, si “todavía no son útiles” -como los no nacidos-, o si “ya no sirven” -como los ancianos-. Nos hemos hecho insensibles a cualquier forma de despilfarro, comenzando por el de los alimentos, que es uno de los más vergonzosos» (FT 18)

miércoles, 12 de enero de 2022

SAN BERNARDO DE CORLEONE

San Bernardo nace en Corleone (Sicilia. Italia) el 6 de febrero de 1605 en el seno de una familia muy religiosa. De constitución física fuerte, ejerce el oficio de zapatero. De carácter violento, un día sostiene un duelo en el que hiere gravemente a su adversario. Huido de la justicia se refugia en una iglesia, para después solicitar el ingreso en la vida franciscana en el convento capuchino de Caltanissete (Sicilia). Lleva una vida muy austera hasta el mismo día de su muerte, acaecida el 12 de enero del año 1667. Vive la piedad y contempla las devociones típicas franciscanas, como es el amor a Cristo crucificado y a la Inmaculada.

Escribe Juan Pablo II: "Fray Bernardo, con su historia personal, caracterizada por grandes pasiones civiles y religiosas, con un notable sentido de la justicia y de la verdad en medio de numerosas situaciones de sufrimiento y miseria, encarna, en cierto sentido, la imagen del santo contemporáneo, o sea, la de un hombre que se abre al fuego del amor sobrenatural y se deja inflamar por él, transmitiendo su calor a las almas de los hermanos. Como mostró a sus contemporáneos, también nos indica hoy a nosotros que la santidad, don de Dios, produce una transformación tan profunda de la persona, que la convierte en testimonio vivo de la presencia confortadora de Dios en el mundo".

Es beatificado por Clemente XIII el 15 de mayo de 1768, y canonizado por Juan Pablo II el 10 de junio de 2001.

domingo, 9 de enero de 2022

TÚ ERES MI HIJO AMADO

En la Palestina contemporánea a Jesús estaba extendida la costumbre de las purificaciones rituales por medio del agua. En este contexto apareció Juan predicando conversión, y ofreciendo como signo de la misma un bautismo de tono penitencial. "Convertíos..., Yo os bautizo con agua; pero viene el que puede más que yo... Él os bautizará con Espíritu Santo y fuego".

En aquella sociedad cansada y rutinaria, el Bautista provocaba nuevas expectativas. Su presencia y su mensaje suponían una corriente de aire fresco en la saturada atmósfera de Judea. Y muchos aceptaban su predicación, se arrepentían y recibían su bautismo. Hasta aquí todo normal.

¿Pero qué hace Jesús en la fila de los hombres pecadores? ¿Por qué realiza Él ese gesto de bautizarse, además diluido en un "bautismo general" (Lc 3,21). Sin duda, fue una decisión muy pensada. El mismo Juan se extraña: "Soy yo quien debe ser bautizado por ti…" (Mt 3,14).

Pero es que Jesús no había venido a hacer ostentación de sus privilegios sino que, por libre decisión, se hizo semejante a nosotros en todo (Flp 2,7), excepto en el pecado (2 Cor 5,21). Hasta aquí llegó la encarnación. No terminó en el seno de María, sino que recorrió toda la andadura humana hasta pasar por la muerte, Él que era la Vida.

Por eso Jesús, sin pecado, no duda en mezclarse con los pecadores: porque solo se salva compartiendo, desde dentro y desde abajo, la condición del hombre. Jesús quiso sentir al pueblo y quiso sentirse pueblo, por eso entró en la corriente penitencial de las aguas del Jordán, para, como sal sanadora de las aguas malas (cf. 2 Re 2, 19-22), purificarlas con su presencia. Y así, aunque el pecado no entró en él, él si entró en el pecado, desactivando su poder, convirtiéndose en “el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1,29).

Y al confundirse entre los hombres, al hundirse en la debilidad y asumirla, se abren los cielos para revelar la grandeza y la verdad de Jesús: "Tú eres mi Hijo, el amado, el predilecto".

¡Qué gran lección para nosotros, que preferimos siempre no mezclarnos, distinguirnos de los que consideramos inferiores social, moral, económica, política y hasta religiosamente!

Pero no terminan aquí las lecciones de este día. La 1ª lectura pone de relieve, proféticamente, el estilo y el contenido del auténtico enviado de Dios: "No gritará, no clamará... La caña cascada no la quebrará, el pabilo vacilante no lo apagará. Promoverá fielmente el derecho..."

No quebrar ni ahogar esperanzas... Hay que tener la mirada muy limpia y muy profunda para descubrir vida y esperanza donde otros solo perciben desesperación y muerte. No faltan profetas del pesimismo, inclinados a dar por irrecuperables personas y situaciones, certificando defunción no sólo sobre los muertos sino sobre los dormidos... Muchos se han hundido en lo que llamamos "mala vida" porque no encontraron a tiempo alguien que les concediera un poco de credibilidad y confianza. En vez de manos tendidas, solo vieron dedos anatematizantes y descalificadores. El paso de Jesús fue muy distinto. "Pasó haciendo el bien y curando a los oprimidos..., porque Dios estaba con Él", nos dice la segunda lectura.

Para Jesús, el bautismo supuso un momento crucial en su vida, no fue un momento de conversión sino de discernimiento y marcó profundamente su identidad en un doble sentido: en el de su filiación divina y en el de su misión humana. “Tú eres mi Hijo…”, revela una voz desde el cielo; “Este es el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo”, proclama Juan a la orilla del río Jordán (Jn 1,28-29). El bautismo fue para Jesús el descubrimiento de su ser y de su quehacer.

Y, para nosotros, ¿qué significa el bautismo? Las respuestas teológicas están claras: Nos incorpora a la comunidad de los creyentes, siendo el fundamento de la fraternidad; significa el paso de la muerte a la vida, siendo el fundamento de nuestra libertad; supone una vida coherente, siendo el fundamento de nuestra responsabilidad. Y, sobre todo, nos incorpora al mismo Cristo. Pero, ¿ya advertimos en nosotros esas realidades y damos muestras a los otros de nuestro bautismo?

El bautismo no se acredita con un documento extendido en la parroquia; se acredita con una vida inspirada en el seguimiento del Señor. Nuestra vida no puede ser una negación del bautismo. Al bautismo fuimos presentados; ahora hemos de hacer nosotros presentes el bautismo, avalándolo con la vida.

REFLEXIÓN PERSONAL:

  • ¿Qué significado tiene el bautismo en mi vida?
  • ¿Cómo lo acredito?
  • ¿Es mi paso por la vida como el paso de Jesús?

Domingo Montero, capuchino

 

viernes, 7 de enero de 2022

MIENTRAS TANTO

Defender los Derechos Humanos, de todas todas.
Pero antes, a la vez y mientras tanto
ejercer algunos deberes humanos de solidaridad.
Denunciar la injusticia
de un sistema capitalista estructuralmente injusto.
Pero antes, a la vez y mientras tanto
dar de comer a quien sufre hambre.
Acabar con la violencia machista
pero antes, a la vez y mientras tanto
corregir comportamientos machistas y denunciarlos.
Rechazar la Ley de Extranjería por racista y clasista
pero antes, a la vez y mientras tanto
acudir el último martes de mes a las puertas del CIE por su cierre.
Papeles para todas, permisos de residencia y trabajo
pero antes, a la vez y mientras tanto
al menos un abrazo, una sonrisa, una palabra.
Asilo y acogida a personas refugiadas que huyen de la muerte
pero antes, a la vez y mientras tanto
apoyo a las ONGs que las asisten.
Compromiso político para cambiar leyes y estructuras
pero antes, a la vez y mientras tanto
salir a la calle, asistir, ayudar, acompañar.
Defender una ley de vivienda justa y necesaria
pero antes, a la vez y mientras tanto
acudir mañana con la PAH a parar el próximo desahucio.
Derecho a techo y no a la exclusión social,
pero antes, a la vez y mientras tanto,
al menos un bocadillo con los Amigos de la Calle a las personas sin hogar.
Soñamos y queremos un mundo más justo
pero antes, a la vez y mientras tanto
vivamos con sobriedad, respeto y solidaridad.
Apuntamos al horizonte de la utopía
pero antes, a la vez y mientras tanto
dar un paso y otro, día a día.
Deme Orte