jueves, 5 de noviembre de 2026

MORIR ES DEVOLVER LA VIDA

Continuando con los 800 años de la muerte de San Francisco, y siendo ésta una muerte tan original, cualquier detalle que relatan los biógrafos, da qué pensar.

Por ejemplo, cuenta Celano, unos de sus biógrafos: “Acabado, pues, con aquella enfermedad tan grave que puso fin a todos los dolores, (Francisco) hizo que lo pusieran desnudo sobe la desnuda tierra, para que en aquellas horas últimas… pudiese luchar desnudo con el desnudo” (2 Cel 214).

¿Qué hay detrás de esta petición de Francisco de que lo pusieran desnudo sobre la desnuda tierra? Sin duda, es un modo de entender su muerte como una devolución de todo lo que no es suyo, es decir, es un desposeerse de lo que no es mío, nuestro. Devolver, restituir es la forma franciscana de entender también la muerte. Por eso, morir es devolver la vida.

Nuestra vida es algo que se nos ha entregado, regalado. La vida es don de Dios; algo que hemos recibido inmerecidamente y sin cálculo por nuestra parte: nuestros padres, nuestro pueblo, nuestro día de nacimiento... No los hemos programado nosotros ni decidido ni pedido... Se nos ha dado, gratuitamente, sin pedirlo, sin merecerlo.

Y este regalo lo hemos recibido para poder entregarlo cada día. Edith Stein escribió en sus memorias: “cada día empiezo una vida nueva y cada noche es como el fin de mi vida”. Por ello, la vida, nuestra vida, no es algo que nos pertenece y de lo que podemos hacer lo que nos parezca, sino algo recibido, regalado...y que, al final lo devolvemos al que nos lo ha dado; al Dios de la vida.

Por eso, es importante el esfuerzo de aprender a manejar cada cosa, cada relación, cada instante, cada día… como un regalo recibido y tratarlo con cuidado porque no nos pertenece; y aprender por ello a descentrarse, desposeerse, devolver lo que hemos recibido. Se trata de vivir no para nosotros mismos, sino para los demás, para Dios. Es obvio: nuestra vida y todo lo que tengamos en ella o lo entregamos cada día gratuitamente o nos lo arrebatarán contra nuestra voluntad.

Carta de Asís, noviembre 2026

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