domingo, 15 de marzo de 2026

SER HERMANO EN LA OSCURIDAD

CUARTO DOMINGO DE CUARESMA

Jesús se encuentra con el ciego de nacimiento. No solo le devuelve la vista: le regala una manera nueva de ver. Mientras muchos que “ven” permanecen cerrados por dentro, aquel hombre, tocado por Jesús, descubre la luz verdadera. La curación no es solo física: es interior. Aprende a reconocer a Dios actuando en su propia fragilidad.

Siglos después, San Francisco de Asís vive su propia noche. Casi ciego, enfermo, lleno de dolores, sin fuerzas… y, sin embargo, en esa oscuridad compone el Cántico de las criaturas. Cuando ya no puede contemplar el sol con los ojos, lo ve con el alma. Cuando el cuerpo se apaga, el corazón se enciende. Francisco canta al hermano sol, a la hermana luna, al agua, al fuego, a la tierra… No porque todo esté bien, sino porque ha aprendido a mirar desde Dios.

El ciego recibe la vista. Francisco pierde la suya. Pero ambos descubren lo mismo: La verdadera luz no entra por los ojos, sino por el corazón. La belleza más profunda se revela cuando aceptamos nuestra fragilidad. A veces creemos que necesitamos ver para creer. Pero el Evangelio nos enseña lo contrario: cuando confiamos, empezamos a ver.

Tal vez hoy tu oscuridad no sea un obstáculo, sino el lugar donde Dios quiere enseñarte a cantar.


jueves, 12 de marzo de 2026

REZAR POR LOS QUE SE HAN QUEDADO SIN VOZ

Todos nos hemos sentido alguna vez culpables por algo que hemos hecho; hemos atravesado -o estamos atravesando- un momento que nos causa dolor; tenemos más de una preocupación que nos ronda la cabeza y no nos deja dormir; nos arrepentimos o avergonzamos de algunos de nuestros actos; o, directamente, estamos angustiados ante las injusticias que ocurren en este mundo. Y, pese a todo, Él nos acoge y nos perdona. Pero, aun así, elegimos alejarnos de Él.

Y es que, ante tanta desolación, a veces es difícil confiarle al Señor lo que nos hiere. Sin embargo, hay personas que se dejan ayudar con facilidad y a las que no les cuesta reconocer su vulnerabilidad ante Dios. Si estás en este grupo, te invito a que, en este tiempo de Cuaresma, dediques tus oraciones a pedir por aquellos que se han quedado sin voz ante tanto dolor y sufrimiento.

Pídele al Señor que atienda y escuche el silencio de esa persona que sabes que está sufriendo. Pídele al Señor que esa persona sepa esperar en Él con paciencia y con firme confianza. Pídele al Señor que cuide de los más débiles. Pídele al Señor por tus hermanos, que también rezan por ti. Porque la misericordia de Dios desborda, y Él siempre nos escucha, incluso cuando gritamos desde lo más profundo.

Que en estos días ayunemos de ser el centro y nos volquemos en el otro. Que pongamos a los más frágiles delante de Dios para que Él actúe en sus vidas. Que preparemos el corazón y recordemos su amor por nosotros. Que mantengamos la esperanza en Él, pues bien sabemos que esta nunca defrauda.

Celia Illescas

martes, 10 de marzo de 2026

ORACIÓN COMUNITARIA DE CUARESMA

Haz clic en la imagen para acceder a la oración comunitaria para este mes.

domingo, 8 de marzo de 2026

SER HERMANO EN LA DIFERENCIA

TERCER DOMINGO DE CUARESMA

Jesús se detiene junto al pozo y habla con la samaritana. Para su tiempo, eso era impensable: judío con samaritana, maestro con mujer, puro con impura. Pero Jesús no mira etiquetas. Mira el corazón. No discute religiones: ofrece agua viva. No señala errores primero: reconoce la sed. Y esa mujer, tocada por ser mirada como persona, vuelve transformada a su pueblo.

Siglos después, San Francisco de Asís cruza las líneas del miedo y de la guerra para encontrarse con el sultán Al-Malik al-Kamil. Un cristiano pobre frente a un líder musulmán poderoso. No va a imponer, ni a vencer, ni a debatir. Va a encontrarse. Va a amar.

Y ocurre lo mismo que en el pozo de Samaría: dos mundos distintos se miran sin armas, dos hombres se reconocen como hermanos. Jesús nos enseña que la fe comienza escuchando. Francisco aprende que la paz nace del respeto. Ambos ponen a la persona por encima de la raza, la religión y la cultura. Porque el Evangelio no se anuncia levantando muros, sino tendiendo puentes. No empieza diciendo “tú estás equivocado”, sino preguntando: ¿de qué tienes sed?

Tal vez hoy también nosotros estamos llamados a sentarnos junto al pozo del otro, a cruzar nuestras propias fronteras interiores y a descubrir que Dios ya está allí, esperando el encuentro.


jueves, 5 de marzo de 2026

LA LIMOSNA QUE NADIE VE

En Mt 6, 4 podemos leer: «… tu limosna quedará en secreto; y tu Padre, que ve en lo secreto, te premiará».

Hacer en lo secreto… y hoy lo secreto no se lleva. Queremos airear todo lo nuestro. Lo digo, pero para nada soy un ejemplo a seguir. Las redes nos tienen atrapados, aunque sea para buenos fines: evangelizar; promocionar nuestros grupos, parroquias, colegios…; transmitir nuestros valores; compartir nuestros talentos… Ahí estamos y, probablemente, es ahí donde debemos estar. Pero esta es una reflexión para otro momento.

La Cuaresma invita al sacrificio en secreto, que es doble sacrificio. Y fíjate que el sacrificio puede ser evangelizador, nada más que hay que ver la Cruz. Sin embargo, también Jesús habla de hacer en secreto. Que solo lo sepa Dios.

Hoy hay tantos sufriendo en secreto: quien ha padecido una pérdida, quien no se quiere a sí mismo, quien no ve salida en su vida, quien cree que no tiene nada que ofrecer, quien no encuentra sentido a su dolor, quien vive siempre bajo una perenne sombra… En lo secreto cargan y van tirando, en lo secreto piden, y en lo secreto tenemos que dar nuestra limosna. Eso es una auténtica revolución social: hacer el bien en lo secreto.

Y la limosna más valiosa que podemos dar es nuestro tiempo: para escuchar, para sostener, para animar, para acompañar, para dar esperanza, para arrimar el hombro, para tirar, para empujar.

Como he dicho al principio, no soy un ejemplo. Esto es un recordatorio que me hago a mí misma mientras escribo, y que deseo que sirva también para vosotros. Caridad, sacrificio, limosna…y en secreto. Y Dios, que ve en lo secreto, nos recompensará. Aunque sea esponjando y ensanchando este duro corazón, que ya es mucho.

Almudena Colorado

martes, 3 de marzo de 2026

HACER MEMORIA

En nuestro mundo tan tecnificado, la palabra memoria está asociada casi automáticamente a la capacidad que tienen las computadoras para almacenar datos, números, bits… Sin embargo, memoria es algo bastante más que la mera acumulación de datos para su posterior utilización.

Cuando hablamos de hacer memoria, tiene más que ver con la capacidad de recordar lo vivido. “Re-cordar” sería algo así como volver a pasar por el corazón. Y este re-memorar nos ayuda a vivir la vida de modo más humano. La memoria no solo de lo vivido en nuestra biografía, sino lo vivido por los hombres y mujeres que nos han precedido. Ellos, que vivieron lo que les tocó vivir, nos ayudan ahora en nuestra vida porque nos ha llegado su memoria, sus vivencias, sus apuestas vitales, sus idas y venidas. Y sobre todo, sus aprendizajes sobre nuestra condición humana, y los valores y modos que más ayudan en nuestra situación.

Quizá, si no perdiéramos la memoria de la sabiduría existencial de las vidas pasadas, nuestro modo de vida sería de un modo más humano. Además de tecnología y eficacia, necesitamos aprender que lo que nos hace más humanos no son los avances científicos y técnicos, sino la memoria de la sabiduría que nos ayuda a vivir y a morir; la sabiduría de los consejeros, sean estos letrados o analfabetos. Porque aprendieron en propia carne la sabiduría de la existencia: el nacimiento, el amor, el dolor, la muerte, la esperanza…

Uno de los ejercicios que más ayudan a vivir la fe es el recuerdo, el hacer memoria de la maravillas que Dios ha hecho en el mundo, y en cada uno de nosotros. Los cristianos hacemos memoria de Jesús cada vez que nos reunimos en su nombre. Es más que traer a nuestra mente su recuerdo; es hacerle presente hoy y aquí para nuestra vida y la del mundo.

Carta de Asís, marzo 2026

domingo, 1 de marzo de 2026

SER HERMANO EN LA HERIDA

SEGUNDO DOMINGO DE CUARESMA

En el monte Tabor, los discípulos contemplan a Jesús transfigurado. La luz los envuelve, el miedo se vuelve asombro y quisieran quedarse allí para siempre. Es una experiencia alta, luminosa, donde descubren quién es realmente su Maestro: el Hijo amado de Dios. Pero esa gloria no es para instalarse. Hay que bajar del monte y anunciarlo.

Algo semejante -aunque por el camino contrario- vive san Francisco de Asís cuando se encuentra con el leproso. Pero esta vez no hay luz deslumbrante ni nubes de gloria. Hay olor, rechazo, pobreza, carne herida. Y, sin embargo, Francisco reconoce allí al mismo Jesús, abraza al que le daba repugnancia… y en ese gesto descubre el rostro de Cristo. Al final de sus días dirá algo asombroso: “Lo que me parecía amargo se me volvió dulcedumbre del alma".

Los discípulos ven a Jesús glorioso en el monte. Francisco lo encuentra escondido en el sufrimiento. Ambas experiencias revelan lo mismo: Cristo se manifiesta tanto en la luz como en la herida. Dios se deja encontrar en lo alto… y también en lo más bajo. El Tabor nos enseña quién es Jesús. El leproso nos enseña dónde encontrarlo.

Tal vez hoy nuestro camino no pase por montes luminosos, sino por encuentros incómodos, personas difíciles o situaciones que quisiéramos evitar. Pero allí también espera Cristo. Y muchas veces, justo donde más resistimos amar, Dios prepara nuestra mayor transformación.