martes, 24 de marzo de 2026

EL LEGADO DE FRANCISCO: EL CUIDADO DE LA CREACIÓN

Escuchar el latido del mundo

Para Francisco, la creación no era un recurso útil ni un escenario bonito. Era una familia viva. Veía en cada criatura un destello del amor de Dios: el sol que calienta, el viento que acaricia, la luna que serena, los animales que enseñan. Su espiritualidad brotaba de la contemplación, de detenerse, de escuchar el latido de la vida que lo rodeaba.

Su respeto por la naturaleza no era un gesto romántico, sino una forma de relacionarse con el mundo desde la gratitud y la responsabilidad. Cuidar la creación era, para él, un acto de justicia y de amor. Reconocía que no somos dueños de la tierra, sino huéspedes que recibieron un regalo para custodiarlo.

Hoy, su legado es más urgente que nunca. Nos recuerda que cada gesto —reciclar, no desperdiciar, proteger, plantar, respetar— es un acto espiritual. Es mirar el mundo como él lo miraba: no como un objeto, sino como un hermano que merece cariño.

Preguntas para la reflexión personal
  •  ¿Qué parte de la naturaleza me hace sentir más conectado con Dios o conmigo mismo?
  • ¿Cómo trato, en el día a día, los recursos que uso?
  • ¿Qué pequeño gesto concreto podría hacer para cuidar mejor la creación?

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