domingo, 19 de junio de 2022

CORPUS CRISTI

La Eucaristía nos habla del amor de Dios hecho presencia: Dios está con nosotros; en nuestros pueblos y ciudades siempre hay una casa abierta en la que habita Dios hecho vecino de nuestras penas y alegrías, dispuesto siempre a la confidencia. ¡Cómo cambiarían nuestras vidas si fuésemos conscientes de esa verdad! La calidad de nuestra convivencia subiría muchos enteros si la contrastáramos con este divino interlocutor.

La Eucaristía nos habla del amor de Dios hecho entrega. “Tanto amó Dios al mundo que entregó a su Hijo”. Y éste se tomó a sí mismo, se hizo Eucaristía y dijo: “Esto es mi Cuerpo entregado...; esta es mi Sangre derramada; tomad”.

La Eucaristía nos habla del amor de Dios hecho comunión: “Comed, bebed...; el que come mi carne tiene vida eterna”.

jueves, 16 de junio de 2022

AGARRARTE A LA VIDA

“Agarrarte a la vida” Así se llama esta nueva canción. Y quiero contaros el porqué de esta nueva composición… Desde hace años recibo mensajes pidiéndome que escriba sobre el suicidio. Desde que estudiaba Psicología es algo que siempre me ha costado comprender. Huía de él, como también lo ha hecho nuestra sociedad. Pero hace pocos meses fueron varias las señales que me hicieron por fin componer esta canción que, por supuesto, han revisado expertos, compañeros psicólogos y profesores míos de la Universidad. La he escrito de la mano de una amiga de toda la vida que está viviendo este proceso. La he hecho para ella, para mí y para todo aquel que la quiera y necesite. Y sobre todo, la he escrito para quienes viven cerca de personas que no logran ver la luz. Hay mucho estudio, trabajo, respeto, mucha emoción y muchísimo cuidado en todo lo que vais a ver y escuchar. Afortunadamente cada vez se habla más de salud mental, depresión y suicidio. Ojalá esta canción sea una herramienta más para seguir dando visibilidad a nuestro bienestar mental y emocional.

Rozalen

domingo, 12 de junio de 2022

LA TRINIDAD, UN MISTERIO QUE DA VIDA

Celebramos la fiesta del Misterio de la Santísima Trinidad: la verdad íntima de Dios, su misterio. Y la verdad fundamental del cristiano. Para unos resulta prácticamente insignificante; para otros, teóricamente incomprensible...Y así, unos y otros, por una u otra sinrazón, “pasan” de él. ¿Tanto nos habremos insensibilizado y distanciado de nuestros núcleos originales? En su nombre somos bautizados; en su nombre se nos perdonan los pecados; en su nombre iniciamos la Eucaristía; en su nombre vivimos y morimos: en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo.

Hoy se constata una tendencia a prescindir de Dios. Insensibles, vamos acostumbrándonos o resignándonos a eso que ha dado en llamarse “el silencio de Dios”, y que otros, más audaces, denominaron “la muerte de Dios”; sin percatarse de que, en esa atenuación o desaparición del sentido de Dios, el más perjudicado es el hombre, que pierde así su referencia fundamental (Gén 1, 26-27), hundiéndose en el caos de sus propios enigmas.

¿Quién es Dios? Una pregunta desigualmente respondida, pero una pregunta ineludible, inevitable, porque Dios no deja indiferente al hombre; lo lleva muy dentro para desentenderse de Él.

Para nosotros, ¿quién es Dios? Dios no puede ser afirmado si, de alguna manera, no es experienciado. ¿Qué experiencia tenemos de Dios? ¿Tenemos alguna? ¿O solo lo conocemos de oídas? Estamos expuestos a un grave riesgo: acostumbrarnos a Dios, un Dios cada vez más deteriorado por nuestras rutinas. Un Dios al que llamamos “nuestro dios”, quizá porque le hemos hecho nosotros, a nuestra medida, y que sirve para justificar nuestras cómodas posturas, sin preguntarnos si ese “dios” es el Dios verdadero.

“A Dios nadie le ha visto jamás: el Hijo único, que está en el seno del Padre, él lo ha contado” (Jn 1 ,18). Jesús es quien esclarece el auténtico rostro de Dios, su auténtico nombre. Y no recurrió a un lenguaje difícil, para técnicos, sino accesible a todos: Dios con nombres familiares: Padre, Hijo y Espíritu de Amor. Dios es familia, diálogo, comunión. Jesús no tuvo interés en hacer una revelación teórica de Dios, esencialista, sino concreta. Por eso Dios para nosotros más que un misterio, aunque no podemos por menos de reconocer un porcentaje de misterio, es un modelo de vida (Mt 5, 48; Lc 6,36).

Porque Dios es Familia, quiere que “todos sean uno, como Tú y Yo somos uno” (Jn 17,21); porque es Diálogo, quiere veracidad en nuestras relaciones: “Vuestro sí sea sí...” (Mt 5,37); porque es Salvador, quiere que nadie se coloque de espaldas a las urgencias del hermano: “Tuve hambre...” (Mt 25,35); porque “es Amor” (8I Jn 4,), quiere que nos amemos...

Esto es creer en Dios, vivir a Dios. “Si vivimos, vivimos para Dios” (Rom 14,8)... Ser creyente es una cuestión práctica y de prácticas. Dejar que Dios sea Dios en la vida. Dejar que Dios sea realmente lo Absoluto, el Primero y Principal. Lo Mejor. Solo Dios. Pero no solos con Dios, porque Dios no aísla. Quien abre su corazón a Dios de par en par experimenta inmediatamente que ese corazón se convierte en “casa de acogida”.

REFLEXIÓN PERSONAL

  • ¿Qué experiencia tengo y testimonio de Dios?
  • ¿Es un “por si acaso” en mi vida?
  • ¿Con qué pasión busco su rostro?
Domingo Montero, capuchino

jueves, 9 de junio de 2022

ESPÍRITU DE HUMILDAD

La humildad no vende. Esta pasada de moda, caduca, vencida, demodé. Pertenece a otra época, a otra moral, incluso. Pasa lo mismo con el espíritu de sacrificio, que mi abuela aún invoca, porque se ve que en su niñez les inculcaron que tenían que sacrificarse y ofrecer esos sacrificios. En plan un poco comercial, la verdad, como si porque uno no bebiera cuando le acuciaba la sed fuera a aparecer un pozo en África.

Tal vez pedagógicamente no fuera perfecto, pero esas enseñanzas que hoy ya no se imparten no han sido sustituidas de forma eficaz. La Iglesia, y nosotros como Iglesia, seguimos necesitando humildad y también espíritu de sacrificio.

La humildad es necesaria, pero es muy difícil reivindicarla. Si a un especialista en marketing le pides una campaña sobre la humildad se echa a llorar. ¿Qué promocionas ahí, a qué estímulos apelas?

La humildad es necesaria porque no somos perfectos, y hemos de ser capaces de reconocer nuestras limitaciones. Implica ver en el otro no a un competidor, sino a un maestro, en tanto que es mejor que uno mismo en determinados aspectos.

La humildad se predica de las personas, pero la misma palabra lleva implícita un matiz peyorativo o, peor aún, conmiserativo. «Humildes orígenes», decimos, para añadir: «pero supo labrarse un porvenir»… Es una 'cualidad' a superar, no es algo en lo que instalarse.
Sin embargo, es una cualidad cada día más necesaria en este mundo de petulantes en el que todos sabemos de todo y nunca nos equivocamos.

Un sacerdote fallecido en la pandemia predicaba mucho sobre la humildad. De las personas, y de las instituciones. De la Iglesia. Porque cuanta mayor altura intelectual se tenga, decía, más humilde se debe ser.

De poca gente se puede decir que sea humilde como algo positivo. No sabemos reconocer la grandeza de la humildad, no hemos sido educados para ello. Por eso nuestra cultura no es completa. Trabajamos para el reconocimiento, y llegamos a creer, humanamente, que nuestros logros nos pertenecen, que nos los hemos ganado.

No sabemos reconocer la mano de Dios en nuestros talentos, muy raras veces se los agradecemos. Y mucho menos admitimos que Dios también se ha esforzado en los demás, y los ha hecho mejores que nosotros. Aceptar una cosa tan simple nos cuesta tanto, que optamos por no hacerlo. Y no voy a echarle la culpa al mundo, a los anuncios y al modelo de sociedad que se nos propone. Porque es la propia Iglesia la que tiene que predicar desde la humildad y recordarnos, a día de hoy, esa actitud que mantiene su vigencia. Y somos nosotros los que debemos aceptar nuestra limitación, y hacerlo de buen grado, aceptando la humildad no como una pose, sino como una actitud de agradecimiento a Dios y reconocimiento a los otros.

Isabel Ferrando