Tu encarnación nos invita
a aceptar con responsabilidad y gozo
nuestra condición humana.
Este es el tiempo de Dios-con-nosotros
del calor en el corazón y en los hogares
y de la ternura desbordada.
Es también nuestro tiempo,
el tiempo de todos, sin excluídos,
pues todos somos hijos, hijas.
Si es así, Jesús,
ven a nuestras casas esta Navidad,
ven a nuestra familia,
ven a nuestra ciudad,
ven a nuestra parroquia,
ven a nuestros grupos,
ven a nuestro mundo...
Y ven, antes que nada,
a nuestro pobre corazón.
¡Feliz Navidad! Dios mismo nos ha anunciado la Buena Noticia del nacimiento de su Hijo, para que no lo dudemos. Acerquémonos a Belén y dejémonos llenar por el amor infinito y gratuito que Dios nos tiene.

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