domingo, 4 de octubre de 2026

FIESTA DE SAN FRANCISCO

Francisco ha tenido una vida agobiada en su tramo final. Creía que el ideal evangélico se iba a pique. Y de ahí su noche oscura. Y aprendió a confiar en Jesús en quien decía ser su confianza. Fue la gran lección que tuvo que aprender al final de su vida. Y lo consiguió adhiriéndose a Jesús crucificado y aprendiendo la dura lección de la entrega total. Esa luz fue la que disipó las tinieblas de su oscuridad. Descansó cuando se entregó del todo.

Los franciscanos solemos citar muchas veces aquellas palabras sabias de Francisco: «Es una gran vergüenza para nosotros, siervos de Dios, que los santos hicieron las obras y nosotros, recitándolas, queremos recibir gloria y honor». Lo que quiere decir que quienes celebramos los 800 años de la muerte de Francisco no haríamos nada si, además de celebrarla, no hiciéramos propósito firme de profundizar en la fe, de no quedarnos en el postureo de las meras formas religiosas. Y además, nos queda la tarea de vivir en confianza, en estos tiempos nuestros de temor y de sospecha.

Es incompatible con el franciscanismo la exclusión y el rechazo. La única prioridad posible es la del pobre. El VIII centenario de la muerte de Francisco es celebración y, sobre todo, tarea.

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