martes, 13 de marzo de 2018

MISERICORDIA QUIERO Y NO SACRIFICIOS

Ya no están de moda las 'penitencias' cuaresmales, y creo que me alegro. Si no se hacen con corazón limpio, algo hay de 'retorcido' en ellas que acaban por llevarnos a creer que 'cumplimos' con lo mandado para este tiempo, y nos acaban poniendo por encima de los demás: «Gracias, Señor, porque no soy como éstos».

Nefasto. Se ha producido justo lo contrario de lo que pretendían: cambiar nuestro corazón para hacerlo más humilde, más hermano, más capaz de ponerse en la piel del otro. Más cercano, en definitiva, al de Dios. En este tiempo fuerte, fuerte para ponerse más en las manos de Dios, me ayuda pensar cómo es mi mirada sobre los otros: ¿respetuosa del misterio sagrado que siempre es la persona, alta, tierna, liberadora, comprensiva, cariñosa…? ¿O tal vez mi mirada hace verdad eso de que «el infierno son los otros» (Sartre)? Y eso sucede siempre que miramos a los demás 'clavándoles' en lo que tienen de defecto, como si fueran mariposas disecadas impotentes para cambiar, cerrando toda salida a su vida y toda posible evolución personal, condenándolos ya de antemano y racaneándoles el amor de Dios, siempre robustecedor y sanante que «en el aprieto nos da anchura y nos regala pies como de gacela».

Entonces recuerdo que el Señor no nos pide sacrificios personales 'inútiles', sino «un corazón quebrantado y humillado» que reconoce su desvarío y la fragilidad en que se mueve, un corazón que es muchas veces 'amnésico', que pierde la memoria de los dones que Dios le da cada día, y se los va apropiando, de modo que se hace exigente, duro, metalizado, en vez de ser cada vez más poroso a la vida y al sufrimiento del otro, es decir, más misericordioso.
Carlos del Valle, jesuita

 

jueves, 8 de marzo de 2018

DÍA DE LA MUJER TRABAJADORA

Se ha recorrido un largo camino desde aquellos movimientos sociales del siglo XX, pero aún falta mucho trabajo y energía. Las mujeres representan el 60% de los más pobres a nivel mundial, las dos terceras partes de los analfabetos y son objeto de violencia de manera sistemática. En cada una de nuestras comunidades y a través de nuestras actividades, tenemos la oportunidad de actuar como agentes de cambio, a través de la educación, del liderazgo y del ejemplo. Podemos trabajar a favor de la igualdad, propiciando acciones que permitan empoderar a otras mujeres.

Que este Día de la Mujer trabajadora sea un día de reflexión y todo el año sea de acción para que hombres y mujeres podamos convivir en armonía en sociedades justas y amorosas.

martes, 6 de marzo de 2018

SOLTERO Y CUARENTÓN…

El otro día comentamos en casa este dicho: "Soltero y cuarentón, qué suerte tienes cabrón". Además de ser simpático, expresa muy bien un ideal de vida muy presente en nuestra sociedad: la felicidad está en hacer lo que a uno le apetece, gozar todo lo posible sin ningún tipo de limitación ni cortapisa. Se supone que el soltero de mediana edad tiene dinero suficiente como para dedicarse a placeres varios -viajar, sexualidad, amigotes, juergas, drogas, etc.- y además, no tiene nada que se lo impida: ya no vive con sus padres, no tiene esposa, ni hijos, ni compromiso alguno.

Pero también hemos visto en muchas ocasiones cómo personas que han vivido así, con sesenta años se han quedado solas, sin nadie con quien compartir alegrías o penas, sin nadie que vele por ellas en los malos momentos. Y al contrario, personas que han dedicado su existencia a sus hijos o a otras personas, al final de su vida están rodeados de seres que los quieren. Se da una extraña paradoja: los que han entregado su vida, los que aparentemente la han perdido por otros, terminan siendo cuidados y sostenidos por los demás; en cambio los que han estado únicamente pendientes de su propia persona acaban en la soledad.

Parece que la vida nos enseña que la tierra del amparo se va cultivando día a día con las semillas del amor y la entrega; y al desierto de la soledad se llega con los vientos del egocentrismo. Es lo que decía Jorge Drexler en su conocida canción: "cada uno da lo que recibe, y luego recibe lo que da". Más claramente lo expresó Jesús: "el que quiera salvar su vida la perderá y el que pierda su vida por mí, la encontrará".
Javi morala, capuchino