sábado, 24 de marzo de 2018
jueves, 22 de marzo de 2018
VIVIR CADA DÍA
Con frecuencia oímos decir que es importante “vivir cada día”: “vivir el don de cada día”, “vivir el presente”, “aprovechar y vivir a fondo cada día”, “carpe diem”. Pero conviene pararse a ver qué hay detrás, porque no es lo mismo...
No es raro oír esa expresión, por ejemplo, ante la muerte o enfermedad de personas cercanas o ante fracasos afectivos o de proyectos. Es una sabiduría que tiene, evidentemente, aspectos muy positivos de no dejar pasar la vida, vivir con intensidad, aprovechar todo lo bueno que se nos ofrece desde lo sencillo y pequeño. No es poco. Sin embargo, ¿podría quizá también esconder cierta resistencia a la finitud, miedo ante el tiempo que se nos escapa, e incluso una visión de la realidad donde lo que más vale es lo que se hace, lo activo, el bienestar, y se reniega de lo menos agradable, del sufrimiento, el dolor? Cuestión abierta, sana sospecha ante criterios muy propios de nuestro tiempo y nuestra cultura, que parecen incuestionables, pero que a lo mejor no lo son tanto...
Jesús dice en el Evangelio que no andemos preocupados por el día de mañana, que a cada día le basta su propio afán (Mt 6, 34). Y de primeras puede sonar a lo mismo. Pero no. En Jesús estas palabras son mucho más que una sabiduría de la vida o un consejo para vivir más felices. Son palabras que remiten al misterio personal de Jesús.
Impresiona caer en la cuenta de que Jesús, teniendo conciencia plena de estar poniendo en marcha el Reinado de Dios en la tierra, vive despreocupado de sus propias necesidades. Así vive Él, colgado de lo que el Padre le quiera dar cada día. Desde ahí se entiende la intensidad de lo que hace cada día, como si fuera el último (curar a los enfermos, liberar a los oprimidos, acercarse a los pobres y desfavorecidos, denunciar al poder religioso de su tiempo, entregarse hasta el extremo) y la confianza con que se retira a orar cada día, descansándolo todo en el Padre, bebiendo de Su voluntad, tratando solo de obedecer en cada momento. Para Jesús, el afán de cada día no es una lucha por aferrarse a lo positivo, a lo deseable, ni siquiera a la virtud. Es certeza de que la vida viene solo de obedecer al Padre, de “amoldarse” a lo que le dé cada día, a lo que quiera cada día.
No es raro oír esa expresión, por ejemplo, ante la muerte o enfermedad de personas cercanas o ante fracasos afectivos o de proyectos. Es una sabiduría que tiene, evidentemente, aspectos muy positivos de no dejar pasar la vida, vivir con intensidad, aprovechar todo lo bueno que se nos ofrece desde lo sencillo y pequeño. No es poco. Sin embargo, ¿podría quizá también esconder cierta resistencia a la finitud, miedo ante el tiempo que se nos escapa, e incluso una visión de la realidad donde lo que más vale es lo que se hace, lo activo, el bienestar, y se reniega de lo menos agradable, del sufrimiento, el dolor? Cuestión abierta, sana sospecha ante criterios muy propios de nuestro tiempo y nuestra cultura, que parecen incuestionables, pero que a lo mejor no lo son tanto...
Jesús dice en el Evangelio que no andemos preocupados por el día de mañana, que a cada día le basta su propio afán (Mt 6, 34). Y de primeras puede sonar a lo mismo. Pero no. En Jesús estas palabras son mucho más que una sabiduría de la vida o un consejo para vivir más felices. Son palabras que remiten al misterio personal de Jesús.
Impresiona caer en la cuenta de que Jesús, teniendo conciencia plena de estar poniendo en marcha el Reinado de Dios en la tierra, vive despreocupado de sus propias necesidades. Así vive Él, colgado de lo que el Padre le quiera dar cada día. Desde ahí se entiende la intensidad de lo que hace cada día, como si fuera el último (curar a los enfermos, liberar a los oprimidos, acercarse a los pobres y desfavorecidos, denunciar al poder religioso de su tiempo, entregarse hasta el extremo) y la confianza con que se retira a orar cada día, descansándolo todo en el Padre, bebiendo de Su voluntad, tratando solo de obedecer en cada momento. Para Jesús, el afán de cada día no es una lucha por aferrarse a lo positivo, a lo deseable, ni siquiera a la virtud. Es certeza de que la vida viene solo de obedecer al Padre, de “amoldarse” a lo que le dé cada día, a lo que quiera cada día.
Carta de Asís, marzo 2018
martes, 20 de marzo de 2018
NO ME DA LA GANA
A veces al leer las noticias parece que todos los políticos son corruptos y solo buscan aprovecharse de los demás, que todos los jóvenes son unos vagos que solo quieren beber y pasarlo bien, que las parejas no tienen futuro porque eso del amor para siempre no existe, que todos los curas hablan mucho diciéndole a todo el mundo lo que tienen que hacer pero ellos no hacen nada, que los inmigrantes solo vienen para aprovecharse de nuestra sociedad, que todos los deportistas nos engañan dopándose... Ante este panorama puede parecer que uno solo puede cruzarse de brazos y decir “que se pare el mundo que me bajo”, esto no tiene arreglo. Pero no me da la gana.
No me da la gana porque he conocido políticos que se dejan la piel por el bien común, he conocido jóvenes que trabajan hasta la extenuación y sueñan con aportar su granito de arena al mundo, parejas que con muchas dificultades siguen peleando por su proyecto de amor, curas que con su vida y sin palabras transparentan el evangelio de Jesús, inmigrantes que se empeñan en integrarse en una sociedad que no les pone las cosas fáciles, deportistas que con constancia luchan por superarse. No me da la gana estar todo el día lamentándome, porque aunque es verdad que hay muchas razones para desanimarse, sigo viendo otras para la esperanza, aunque estas no salgan en las portadas.
No me da la gana porque he conocido políticos que se dejan la piel por el bien común, he conocido jóvenes que trabajan hasta la extenuación y sueñan con aportar su granito de arena al mundo, parejas que con muchas dificultades siguen peleando por su proyecto de amor, curas que con su vida y sin palabras transparentan el evangelio de Jesús, inmigrantes que se empeñan en integrarse en una sociedad que no les pone las cosas fáciles, deportistas que con constancia luchan por superarse. No me da la gana estar todo el día lamentándome, porque aunque es verdad que hay muchas razones para desanimarse, sigo viendo otras para la esperanza, aunque estas no salgan en las portadas.
Javi Montes, sj
sábado, 17 de marzo de 2018
ACOGER AL OTRO
Venimos al mundo desnudos, y salimos de él como un despojo. En el interín, en el mientras tanto, el gesto más humano de todos es el del amparo. Sí. Lo más humano de lo humano reside en acoger al otro. Venimos desnudos al mundo, y hace frío, y nos acogemos unos a otros. La comunidad más básica es la del amparo. Es la comunidad que cura, que nos cura.
Josep María Esquirol
jueves, 15 de marzo de 2018
SCHUBERTIANA IV
¡Tenemos que confiar en tantas cosas para poder vivir nuestro día diario sin hundirnos en la tierra! Confiar en las masas de nieve que se agarran a la pendiente de la montaña que hay encima del pueblo. Confiar en las promesas de silencio y en la sonrisa del consenso, confiar en que el telegrama fatal no nos ataña a nosotros y que no llegue a descargar el repentino hachazo desde dentro. Confiar en los ejes de las ruedas que nos llevan por las autopistas en medio del enjambre de abejas de acero trescientas veces ampliado.
Pero en realidad nada de eso merece nuestra confianza. Los cinco instrumentos de cuerda dicen que podemos confiar en otra cosa. ¿En qué? en otra cosa y nos acompañan un trecho en el camino hacia allí. Como cuando se apaga la luz en la escalera y la mano sigue -con confianza- el ciego pasamanos que encuentra el camino en la oscuridad.
Pero en realidad nada de eso merece nuestra confianza. Los cinco instrumentos de cuerda dicen que podemos confiar en otra cosa. ¿En qué? en otra cosa y nos acompañan un trecho en el camino hacia allí. Como cuando se apaga la luz en la escalera y la mano sigue -con confianza- el ciego pasamanos que encuentra el camino en la oscuridad.
Tomas Tranströmer
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