jueves, 2 de febrero de 2023

HACER PRESENTE A DIOS

El mes pasado dialogaba con un chico de diez y seis años, de primero de bachillerato, y me decía que él era el único creyente de su clase. Sus amigos le decían que eso de la fe es de personas mayores, de “viejos”, de gente de otros tiempos.

Él se sentía “descolocado” por el contraste entre su vivencia interior y la presión de su entorno. Esta es una realidad que vivimos en nuestra sociedad. A menudo se piensa, y las generaciones jóvenes especialmente, que la fe o la religión católica en este caso, ya no es tan necesaria en nuestro mundo como lo ha sido en otros tiempos.

Generalmente no se vive ni se entiende la fe como una fuerza para vivir. No se aprecia la capacidad innovadora que tiene porque no se la considera capaz de generar una nueva cultura para afrontar los problemas que surgen en nuestro mundo. Sin embargo, como creyentes tenemos la experiencia y la convicción que pone por escrito el Papa Francisco en su Encíclica Fratelli Tutti, Hermanos todos, con la siguiente afirmación: “los creyentes de distintas religiones sabemos que hacer presente a Dios es un bien para nuestras sociedades”. (n.274)

A menudo suelo recordar que la fe tiene siempre una dimensión personal. Nadie nos puede obligar a creer. Cada uno tenemos nuestra propia experiencia y recorrido. Junto a esa dimensión personal, la fe tiene también una dimensión social. Esta nos anima a mirar más allá de nosotros mismos y a seguir contribuyendo con la construcción de una sociedad más justa, fraterna, solidaria, respetuosa con la dignidad de toda persona. Por eso a nosotros también nos interesan los asuntos públicos, lo que es de todos, su gestión.

Queremos ser buenos cristianos y buenos ciudadanos, porque así es como entendemos que se construye el Reino de Dios en este mundo. Así es como esperamos y trabajamos por un cielo nuevo y una tierra nueva en la que habite la justicia. Desde la implicación, la responsabilidad y no el desentendimiento.

Ya hace bastantes años, el Papa Pablo VI, en otro gran documento suyo, al hablar del progreso de los pueblos, decía que “el mundo sufre de falta de pensamiento”. En una sociedad tan interconectada como es la nuestra, con los cambios tan fuertes y tan rápidos que se van produciendo, necesitamos pensar y ordenar nuestro pensamiento. “Pensar” es algo que ya se hace en nuestro mundo. Si no pensamos nosotros, ya hay quien lo hace por nosotros. Por eso necesitamos pensar y saber pensar para permanecer de manera libre y creativa dentro de la realidad en la que vivimos.

Aunque ahora se defina nuestra sociedad como “la sociedad del cansancio”, como creyentes pensamos que Dios no debe desaparecer de nuestro mundo. Lo sentimos como un bien, que pretende ayudarnos a los seres humanos en ese camino de la salvación.

Benjamín Echeverría, capuchino 

lunes, 30 de enero de 2023

CONTRABIENAVENTURANZAS

Promesas de felicidad que nos traen infelicidad:
  • Felices los que tienen como único anhelo ser cada día más ricos. Rechazarán toda tentación de compartir y permanecerán insensibles a las personas en paro, sin casa y pasando hambre. Por no ver disminuida su fortuna faltarán a la palabra dada, traicionarán a los amigos, cometerán injusticias.
  • Felices los guapos, los jóvenes, los ricos, los sanos, los que triunfan sin esfuerzo. No aceptarán la enfermedad y la vejez propias, ignorarán el sufrimiento de los demás y no sabrán lo que es consolar, acompañar en los momentos difíciles, acoger con la palabra, el gesto o la mirada.
  • Felices los que se imponen por la fuerza. Son violentos y responderán a la violencia con la violencia. Toda ofensa, desconsideración o mal trato recibidos tendrán su venganza. Cultivarán el resentimiento y alimentarán la espiral de violencia hasta hacer invivible la vida propia y la de los demás.
  • Felices los que se oponen al plan de Dios de un mundo más justo y más fraterno. Ven peligrar sus propios intereses y son muy capaces de poner toda clase de zancadillas al progreso en la igualdad. Se desentienden del injustamente tratado y se niegan a la solidaridad.
  • Felices los implacables, los que no dejan ningún resquicio a la compasión. Cumplen con la estricta legalidad y no dan ningún paso más. En las situaciones imprevistas remiten a las normas y a los organismos oficiales. Piensan que no hay que dejarse ablandar el corazón por la misericordia.
  • Felices los que hacen de la mentira y del disimulo ley de vida. Cuidarán de no descubrir nunca lo que piensan para tener siempre un as de la baraja disponible. Pisotearán a quien sea preciso para conseguir los propios fines. Serán astutos para dejar a alguien en la estacada y salir ellos sin mancha.
  • Felices los que crean conflictos y están siempre en conflicto. Su relación en la familia, en el vecindario, en el trabajo será siempre conflictiva. Estarán constantemente en contra o pondrán trabas a toda buena causa. Verán en todas partes enemigos a los que derribar. Ni tendrán ni sembrarán paz.
  • Felices los que buscan toda clase de componendas con tal de quedar bien con todos. Les parece arriesgado optar por la verdad, es más cómodo seguir la corriente. Para evitarse complicaciones, apoyarán siempre la opinión más en boga sin medir las consecuencias.
Iñaki Otano

martes, 24 de enero de 2023

ELEVANDO LA MIRADA

La solidaridad, el movimiento a favor de los demás generada por la novedad de Jesús, de Dios con nosotros, además de ayudarnos a mirar en profundidad la realidad personal y social, y ayudarnos a vincularnos con otras personas tanto necesitadas y como otras solidarias, nos empuja a transformar el mundo. La solidaridad nos hace alzar la mirada más allá de los casos individuales de las personas y así alcanzar a ver muchos de los mecanismos que hacen que haya tantas gentes sufrientes. El mundo tal como lo conocemos puede ser de otro modo, se puede organizar de otra forma más justa y misericordiosa. Hay sufrimientos que son imponderables, pero también los hay que se pueden evitar si se ponen los medios para ello, o se organiza la sociedad de otra manera.

Esta mirada más elevada a la cual nos empuja la solidaridad implica trabajar por cambiar la realidad social y política en aspectos tanto globales a nivel mundial y planetario como en otros más particulares a nivel más municipal y del entorno más cercano. Es verdad que esto genera un cierto malestar en bastantes ámbitos sociales y eclesiales, pero la doctrina social de la Iglesia siempre ha afirmado esta dimensión importante de la fe: el trabajo por el cambio hacia una sociedad más justa en atención a los pobres y desheredados del mundo.

Ciertamente la solidaridad cristiana nace de la misericordia que Dios tiene hacia nosotros, pero esta dimensión de nuestra fe tiene implicaciones que nos sacan de nuestros individualismos, nos hacen mirar los mecanismos que hacen que el mundo sea así y nos empujan a trabajar por cambiar hacia otros escenarios más justos y misericordiosos para todos.

En medio de esta sociedad donde parece que las decisiones se dejan solo para los expertos y profesionales de lo político y económico, la solidaridad también me lleva a mirar la sociedad y su marcha con una mirada más elevada de lo individual y particular y trabajar por el cambio de la realidad tanto particular como más global.

Carta de Asís, enero 2023

jueves, 19 de enero de 2023

FRATELLI TUTTI EN IMÁGENES DE ANTONIO OTEIZA

TODOS UNIDOS: Ojalá que tanto dolor no sea inútil, que demos un salto hacia una forma nueva de vida y descubramos definitivamente que nos necesitamos y nos debemos los unos a los otros, para que la humanidad renazca con todos los rostros, todas las manos y todas las voces, más allá de las fronteras que hemos creado. (FT 35)