Una voz en mi interior me dice:
Te necesito.
Una voz fuera de mí me dice:
No haces falta.
Una voz dentro de mí me dice:
Te elegí para que seas mi amigo.
Una voz de fuera me dice:
No te hagas ilusiones.
¡El tiene otros amigos!
Una voz interior me habla y dice:
El mundo se siente huérfano.
Una voz exterior me dice:
El mundo ya es grandecito
para necesitar un Padre.
Una voz interior me dice:
¡Eres libre! La decisión es tuya.
¡La voz de fuera calla!
¡Ella sabe que no puede afirmar lo mismo!
domingo, 15 de julio de 2012
sábado, 7 de julio de 2012
DESDE EL AIRE
Sin la menor duda que desde el aire te encuentras en otra posición, cómoda, si estás en un avión desde el que puedas ver algo, ¡claro está!; porque no tengo la experiencia de cómo se ve la tierra desde un ala delta o desde un globo. De todos modos han sido varias las ocasiones en que he podido observar la geografía con todos sus accidentes y admirar el espectáculo de las grandes o de las pequeñas ciudades con sus diminutas luces, formando – las grandes ciudades – un mar de fantasiosos tesoros de color.
Nunca había pasado de admirar pantanos, altas montañas, riachuelos, arboledas, sembrados y el frenético ir y venir de los automóviles por las carreteras o las autovías hasta que Luis Silvestre, que lo tenía a mi lado pegada la nariz y toda la cara contra la ventanilla del avión, sugirió por qué no escribíamos algo sobre las impresiones que se tienen viendo la tierra desde arriba, desde el aire. Se dirigía a mí y a otros pocos que estaban en los asientos vecinos y eran conocidos suyos y míos.
¿Y por qué no? ¡Nunca se me había ocurrido!, por lo que podía ser muy bien una ocasión para pensar en algo concreto y distinto.
Desde arriba las cosas se ven diferentes, a distancia, como sí tú no tuvieras nada que ver con ellas, como si aquello que está en la lejanía fuera otra que a ti no te afecta; ¡hasta los problemas parece que se han quedado fuera, que pertenecen a otro mundo! Y me parece una magnífica observación (perdón por la inmodestia), porque si viéramos las cosas, sobre todo las situaciones difíciles y problemáticas, desde fuera, como si a mí no me afectaran, como si nada tuviera que ver con ellas, muchas de las dificultades del día a día desaparecerían, pues, en verdad, gran porcentaje de lo gordo y doloroso de un problema es que me siento totalmente inmerso en él, apegado a él, y, al no tener otra perspectiva, la corta la distancia hace que me coja de lleno, que sea mío, que me duele en la piel y en el alma. Tal vez sea el poner distancia, tener perspectiva, el desapego de que eso no va conmigo lo que nos diera más equilibrio, lucidez y eficacia. (Paco Luzón, capuchino)
Nunca había pasado de admirar pantanos, altas montañas, riachuelos, arboledas, sembrados y el frenético ir y venir de los automóviles por las carreteras o las autovías hasta que Luis Silvestre, que lo tenía a mi lado pegada la nariz y toda la cara contra la ventanilla del avión, sugirió por qué no escribíamos algo sobre las impresiones que se tienen viendo la tierra desde arriba, desde el aire. Se dirigía a mí y a otros pocos que estaban en los asientos vecinos y eran conocidos suyos y míos.
¿Y por qué no? ¡Nunca se me había ocurrido!, por lo que podía ser muy bien una ocasión para pensar en algo concreto y distinto.
Desde arriba las cosas se ven diferentes, a distancia, como sí tú no tuvieras nada que ver con ellas, como si aquello que está en la lejanía fuera otra que a ti no te afecta; ¡hasta los problemas parece que se han quedado fuera, que pertenecen a otro mundo! Y me parece una magnífica observación (perdón por la inmodestia), porque si viéramos las cosas, sobre todo las situaciones difíciles y problemáticas, desde fuera, como si a mí no me afectaran, como si nada tuviera que ver con ellas, muchas de las dificultades del día a día desaparecerían, pues, en verdad, gran porcentaje de lo gordo y doloroso de un problema es que me siento totalmente inmerso en él, apegado a él, y, al no tener otra perspectiva, la corta la distancia hace que me coja de lleno, que sea mío, que me duele en la piel y en el alma. Tal vez sea el poner distancia, tener perspectiva, el desapego de que eso no va conmigo lo que nos diera más equilibrio, lucidez y eficacia. (Paco Luzón, capuchino)
viernes, 29 de junio de 2012
APRENDIZAJES DE PELUQUERÍA
Una mañana de boda, tuve la desacertada idea de irme a cortar el pelo. Desacertada porque me dijeron que el mismo día de un evento no hay que aligerar la cabeza, que a los varones nos queda mejor el pelo una semana después de cortado: primer aprendizaje.
Desde que vine a Zaragoza voy a una peluquería de un marroquí, que es baratita, y que extrañamente tenía varias personas esperando: ¿será que era sábado o es otra consecuencia más de la crisis?
El caso es que para matar el tiempo en la cómodas sillas de peluquería busqué entre “el copioso” elenco de revistas viejas y arrugadas. Y encontré un artículo de XL Semanal, donde aparecía la guerra que están manteniendo Google, Amazon, Facebook y Appel por el control de Internet. Todos, evidentemente, con la necesidad de encontrar esa nueva tendencia que marque el desarrollo tecnológico del futuro.
Y encontré una profecía de Eric Schmidt, el actual presidente del consejo de administración de Google, que en uno de esos discursos llenos de proyectos, intentaba entusiasmar al público sobre los nuevos conceptos, filosofías y tendencias que sus productos van a ser capaces de desarrollar en un futuro próximo. Y decía: “El ser humano del futuro, y la voz de Schmidt temblaba por la emoción, nunca más estaría solo, nunca más se aburriría”. Aquí están los monstruos más feroces, de los que necesitamos ser liberados por los nuevos héroes del siglo XXI: la soledad y el aburrimiento.
Parecen, éstos, los mesías de hoy; y sus productos los que van a liberarnos de nuestras más terribles limitaciones. En el fondo aciertan en que la soledad y el aburrimiento son algunos de los más grandes temores que tenemos cada persona dentro. No somos capaces de encontrarnos en soledad; no aceptamos el silencio de nuestras personas donde quiere aparecer el yo más genuino, pero que nos asusta con la amenaza del vacío. No nos damos cuenta que la soledad es la tierra de donde nace nuestra identidad; que la soledad querida y buscada es el espacio privilegiado de construcción de una persona arraigada y que no se deja llevar por las corrientes del momento. Y si esto fuera poco, el silencio solitario es uno de los lugares más genuinos de encuentro con Dios.
Cuando los chavales y chavalas gimen en clase diciendo: “profe me aburro”, parece que expresan el más terrible de las protestas posibles, la más inadmisible de las situaciones que les puede tocar vivir. Y el entretenimiento es la solución para este gran castigo. Algunos definen esta sociedad como la “cultura del entretenimiento” que quiere vacunar contra el aburrimiento y probablemente también contra el sinsentido. Y nos pasamos la vida entreteniéndola y además de evitar el aburrimiento conseguimos enajenarnos de la vida, pasar por la vida como turistas, consumiéndola, utilizándola pero no viviéndola. Así que el saludable entretenimiento puede convertirse en “el opio del pueblo” que diría Marx, una forma de vivir alienados, desapegados de la realidad, viviendo sin realmente vivir.
Así es que quizá, la soledad y no buscar el entretenimiento por encima de todo, sean buenas propuestas para vivir intensamente la realidad que nos espera cada día: segundo aprendizaje. (Javier Morala, capuchino)
jueves, 28 de junio de 2012
NO ME PUEDO PERDER URBASA
Este verano tenemos otra oportunidad para subir a Urbasa. Si no he ido nunca tengo que probarlo, porque es una experiencia única. Si ya he estado otras veces, no dejes que el paso del tiempo borre las semanas más felices de tu vida, recupera las fotos, las presentaciones y mira este video para rememorar cómo era aquello: único, sencillo, especial, tierno, precioso, amable, divertido, sereno, y un poco salvaje.
Adjuntamos el tríptico de información e inscripción: descargar tríptico
martes, 5 de junio de 2012
ESCOJO LA VIDA
Esta mañana
enderezo mi espalda,
abro mi rostro,
respiro la aurora,
escojo la vida.
Esta mañana
acojo mis golpes,
acallo mis límites,
disuelvo mis miedos,
escojo la vida.
Esta mañana
miro a los ojos,
abrazo una espalda,
doy mi palabra,
escojo la vida.
Esta mañana
remanso la paz,
alimento el futuro,
comparto alegría,
escojo la vida.
Esta mañana
te busco en la muerte,
te alzo del fango,
te cargo tan frágil,
escojo la vida.
Esta mañana
te escucho en silencio,
te dejo llenarme,
te sigo de cerca,
escojo la vida.
Benjamín González Buelta
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