martes, 17 de enero de 2023

SEMANA DE ORACIÓN POR LA UNIDAD DE LOS CRISTIANOS

La Semana de Oración por la Unidad de los Cristianos de este año tiene como tema un texto tomado del profeta Isaías: «Haz el bien; busca la justicia» (cf. Is 1, 17). Nos ayuda a comprender su sentido saber que los materiales para el Octavario de oración han sido elaborados por el Consejo de Iglesias de Minnesota (Estados Unidos), después de la ejecución extrajudicial del joven afroamericano George Floyd el 25 de mayo de 2020. Este hecho injusto y vergonzoso, que provocó una fuerte reacción social, también apela a la conciencia de los cristianos y nos estimula a trabajar juntos para ser fuente de unidad y reconciliación en el mundo.

ORACIÓN

Dios de todo lo creado, te damos gracias con todo nuestro cuerpo y nuestro corazón por poder presentarnos ante ti para confesar nuestros pecados de injusticia y división.

Estamos reunidos ante ti como familia santa unida en la belleza de la diversidad de tu creación: unos procedentes de pueblos indígenas, otros descendientes de esclavos, otros de esclavizadores, otros migrantes, otros refugiados, pero todos miembros del único cuerpo de Cristo.

Te alabamos porque a través de las aguas vivas del bautismo nuestros pecados, rojos como escarlata, fueron lavados y fuimos sanados, y llegamos a formar parte de nuestra querida comunidad, la familia de Dios. Te damos gracias y te alabamos, Dios creador.

Hacemos este camino juntos, con nuestro corazón en fiesta y nuestros ojos atentos para comprender y entender cada vez mejor aquella sabiduría divina que se hace presente y se transmite en todos los pueblos. Ayúdanos a abrazar la unidad entre nosotros, y haznos tomar conciencia de que somos una única familia reunida por el Espíritu Santo, en medio de tu creación. Amén.

jueves, 12 de enero de 2023

CARPE DIEM

Carpe diem, vivir el momento, es una idea que nos rodea como leitmotiv mediático, traducida en no perderse las oportunidades, en probarlo todo sin preocupación por el futuro.

En este periodo post pandemia, ese vivir el hoy y el ahora, se ha ido materializando también, como consejo bienintencionado en la calidez de charlas entre amigos y familiares.

Buscar la vivencia de cada momento es bueno. Resulta fácil en las experiencias nuevas o en los grandes acontecimientos, pero más complicado es encontrar valor en los gestos de la vida cotidiana, con todo lo que tienen de costumbre y de conocido.

Contemplemos, con tranquilidad, al Dios de la historia, cuyo primer lugar de reposo fue un objeto insignificante: un pesebre. Pensemos también en la larga etapa de Jesús ocupado con su oficio de carpintería. Podemos imaginarlo acariciando suavemente o agarrando con fuerza los troncos de madera, distintos según el árbol del que procedieran, con su olor, su color, su grosor.

Pensar en las conversaciones con su padre, tratando de decidir los cortes y los ensambles, la utilización de las herramientas; probando soluciones, equivocándose y acertando. Un día tras otro. Y acompañando su quehacer, Dios presente y a la vez escondido.

CVX Valladolid

sábado, 7 de enero de 2023

ELEGIR AMAR

Elegir amar es una tarea que es preciso hacer de por vida porque el amor, en cualquiera de sus manifestaciones, se construye día a día.
  • Elegir amar la sociedad: La ciudad en la que vivimos, el país del que hacemos parte. Es la fraternidad social de la que habla FT. Es el “amor político”, una forma eximia de amar según Juan Pablo II. Vivir en rechazo con la sociedad es imposibilitarse para entender la encarnación. Puede y debe ser, en ocasiones, un amor crítico. Pero, al fin y al cabo, ha de ser amor. Hay que escuchar los latidos profundos del anhelo de justicia (como se ha visto en el campeonato mundial de futbol) y el sueño de un estilo de vida humana más solidario, por muy lejos que estemos del ideal. Elegir amar la sociedad no puede ser un horizonte que no nos incumba.
  • Elegir amar la Iglesia: Aunque también haya que hacerlo con sentido crítico. Elegir amar las diversas experiencias de vida cristiana que, aunque sea en distinto barco, van al mismo puerto. Elegir amar con dolor el cuerpo herido de la Iglesia (abusos, inmatriculaciones) que es cuerpo herido de todos. Elegir amar la Iglesia de los que resisten, de quienes profetizan, de toda persona creyente que sigue viviendo la fe en maneras alternativas, marginales incluso. Elegir amar la Iglesia de los sencillos, de los cansados, de los crédulos incluso, aunque no se dé cancha a su credulidad.
  • Elegir amar la comunidad: En todos sus miembros, en los brillantes y en los opacos, en los que son un respiro y en los que abruman, en los que colaboran y en quien va desganado. Elegir amar a los hermanos/as cada día para que no se nos muera esta planta hermosa y delicada del vivir juntos. Elegir amar la comunidad en esta hora de reducción y pobreza, amarla aún más si cabe porque su debilidad es más clara.
  • Elegir amar a los frágiles: A los más humildes, a quienes tienen fuertes dificultades económicas, a los más desgastados por la enfermedad o la soledad, a quien tiene poca influencia. Desvelar sus valores escondidos, intuir sus pequeños gozos que también los tienen, sumarse a sus causas o, al menos, mirarlas con cierta simpatía. Que no se nos haga tan lejano ese mundo porque es el lugar privilegiado de la encarnación. Elegir con paz, pero con interés.
Fidel Aizpurúa, capuchino

martes, 3 de enero de 2023

COMENCEMOS HERMANOS

“Comencemos hermanos…” Son palabras que nos llevan a Francisco de Asís. Muchas veces acudimos a ellas cuando damos por finalizada una tarea o proyecto y hemos de emprender una nueva marcha.

En los próximos tres años, de 2023 a 2026, la Familia Franciscana celebramos el VIIIº Centenario de unos hechos que nos han marcado en la historia y espiritualidad como familia: la redacción y aprobación de una Regla de vida, la celebración de la Navidad en Greccio, la impresión de las Llagas o Estigmas en San Francisco y el recuerdo de su muerte o Tránsito en la Porciúncula.

El primer año nos lleva al Valle de Rieti. Ahí se encuentran distintos lugares franciscanos. En uno de ellos, en Fonte Colombo, fue donde el santo de Asís escribió la Regla aprobada por el Papa Honorio III en 1223. En ese mismo valle de Rieti, en Greccio, Francisco celebró la Navidad y desde entonces recordamos el lugar del primer Belén o Pesebre de la historia.

Estos dos hechos en la vida de Francisco para nosotros son especiales porque, como dice la comisión encargada de estos centenarios, todos los miembros de la familia franciscana profesamos una misma Regla que consiste en observar el Evangelio. Es lo que dice San Francisco en su Testamento: «el Alti´simo mismo me revelo´ que debería vivir según la forma del santo Evangelio. Y yo hice que se escribiera en pocas palabras y sencillamente, y el señor Papa me lo confirmo´».

Junto a esto, celebrar el centenario de la Navidad de Greccio como Familia Franciscana, es una invitación a detenernos ante el misterio de la Encarnación para contemplar la grandeza del amor de Dios por la humanidad. El Hijo de Dios se hace uno de nosotros, nuestro hermano. Esto nos lleva a descubrir las semillas del Verbo presentes en todas las culturas y en la sociedad contemporánea, para que florezcan las semillas de humanidad que allí´ se encuentran. Además, nos insta no sólo a defender la vida, sino también a convertirnos en instrumentos de vida y humanidad en nuestras familias y fraternidades, para llegar hasta aquellos que ya nadie considera humanos, sino sólo descartables de la sociedad. La concreción con la que Francisco de Asís celebro´ el misterio de la Encarnación en Greccio nos invita a recuperar la conciencia de que «somos depositarios de un bien que humaniza, que ayuda a llevar una vida nueva. No hay nada mejor para transmitir a los demás».

La celebración de un aniversario nos lleva a lanzar la mirada a la historia, al pasado, pero también hacia adelante, a lo que está por venir y desconocemos. Nuestra mirada quiere ser agradecida con el pasado, serena en el presente que nos toca vivir y confiada hacia el futuro.

“Comencemos, hermanos”… y que este nuevo año sea para nosotros y el mundo en el que vivimos un año de Paz y Bien.

Benjamín Echeverría, capuchino