miércoles, 14 de junio de 2023
miércoles, 7 de junio de 2023
RATIO FORMATIONIS: LA BELLEZA
El ser humano muestra una atracción natural hacia todo lo hermoso, porque el encuentro con la belleza ayuda a superar la experiencia de la fragmentación (Gen 1, 24-31). La belleza del mundo nos abre a una relación de interdependencia que nos convierte en hermanos. No se trata, por eso, de algo superficial: el contacto con la verdadera belleza nos permite conocer quiénes somos y qué hacemos en la vida (Itin 2,8).
Si miramos bien, vemos cómo el Evangelio también nos habla de la relación de Jesús con las criaturas: en ellas, encuentra un lugar para contemplar a Dios. El descubrimiento que Jesús hace de la belleza del mundo ––la armonía de los seres, su dependencia absoluta de Dios–– le ayuda a construir un mundo fraterno, a estar junto a todo lo que existe. La forma de vida de Jesús es la belleza más plena: su autenticidad, su libertad interior, sus manos siempre abiertas, sus ojos llenos de misericordia y de ternura. La suya es la vida más bella.
Francisco, lector del Evangelio, (1Cel 22; TC 25; AP 11; TC 29) es también lector de la Creación, libro de la Vida (1Cel 80-82; 2Cel 165; LM 8,6; Brev 1,2), donde descubre el deseo que Dios tiene de entrar en relación con todas las criaturas. En cada una de ellas contempla los diversos modos en los que Dios se hace presente y, junto a ellas, se convierte en testigo fascinado del Dios Creador, a quien se dirige exclamando: Tú eres belleza (AlD 4. 5).
Si miramos bien, vemos cómo el Evangelio también nos habla de la relación de Jesús con las criaturas: en ellas, encuentra un lugar para contemplar a Dios. El descubrimiento que Jesús hace de la belleza del mundo ––la armonía de los seres, su dependencia absoluta de Dios–– le ayuda a construir un mundo fraterno, a estar junto a todo lo que existe. La forma de vida de Jesús es la belleza más plena: su autenticidad, su libertad interior, sus manos siempre abiertas, sus ojos llenos de misericordia y de ternura. La suya es la vida más bella.
Francisco, lector del Evangelio, (1Cel 22; TC 25; AP 11; TC 29) es también lector de la Creación, libro de la Vida (1Cel 80-82; 2Cel 165; LM 8,6; Brev 1,2), donde descubre el deseo que Dios tiene de entrar en relación con todas las criaturas. En cada una de ellas contempla los diversos modos en los que Dios se hace presente y, junto a ellas, se convierte en testigo fascinado del Dios Creador, a quien se dirige exclamando: Tú eres belleza (AlD 4. 5).
domingo, 4 de junio de 2023
CORPUS CHRISTI
El día 11 de junio, domingo, este año celebramos la fiesta del Corpus Christi. La Solemnidad del Cuerpo y la Sangre de Cristo es una fiesta móvil, que el calendario establece el jueves o el domingo de la segunda semana después de Pentecostés o el jueves o domingo después de la Santísima Trinidad.
En España dejó de ser festivo en 1989 y se trasladó al domingo. Todavía hay algunos lugares en nuestra tierra que se sigue celebrando el jueves, por aquello de que “tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.
Es día de procesiones y de ornamentar las calles. De manera pública, en este día los católicos damos testimonio de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades. De esta manera, desde el siglo XIII, tiempo en el que comenzó a celebrarse el Corpus, la comunidad cristiana ha expresado la convicción de que Jesús no puede quedar encerrado en las paredes de una iglesia, sino que pasa en medio del pueblo santificando las calles con su presencia.
El día del Corpus está muy relacionado con el día de Jueves Santo, día en que recordamos el momento en el que Jesús quiso que lo suyos continuaran celebrando la cena a través del tiempo, haciendo realidad y vida sus palabras: “haced esto en memoria mía”. El evangelista Juan, en ese gran discurso que conocemos como el del pan de vida, pone en boca de Jesús estas palabras: “y el pan que yo daré es mi carne para la salvación del mundo”. Cuando en la Última Cena, en el Jueves Santo, Cristo lavó los pies a sus discípulos nos dejó el mandamiento nuevo del amor: “que os améis uno a otros; como yo os he amado, amaos también los unos a los otros” (Jn 13,34). Pero, dado que esto sólo es posible si permanecemos unidos a Él, como los sarmientos a la vida (cf. Lc 15, 18), decidió quedarse con nosotros en la Eucaristía para que pudiéramos nosotros permanecer en Él. El encuentro con el Señor en la Eucaristía nos recuerda que el amar a Dios y al prójimo son inseparables.
Quienes participamos de la espiritualidad franciscana sabemos de la devoción que tenía San Francisco de Asís a la Eucaristía. Los tiempos en los que vivió fueron complicados, en el sentido de que la celebración de la Eucaristía sufría numerosos abusos y prácticas supersticiosas. San Buenaventura nos trasmite la devoción de Francisco con estas palabras: “Su amor al sacramento del cuerpo del Señor era un fuego que abrasaba todo su ser, sumergiéndose en sumo estupor al contemplar tal condescendencia amorosa y un amor tan condescendiente. Comulgaba frecuentemente y con tal devoción, que contagiaba su fervor a los demás, y al degustar la suavidad del Cordero inmaculado, era muchas veces, como ebrio de espíritu, arrebatado en éxtasis”. (LM 9,2)
En España dejó de ser festivo en 1989 y se trasladó al domingo. Todavía hay algunos lugares en nuestra tierra que se sigue celebrando el jueves, por aquello de que “tres jueves hay en el año que relucen más que el sol: jueves Santo, Corpus Christi y el día de la Ascensión”.
Es día de procesiones y de ornamentar las calles. De manera pública, en este día los católicos damos testimonio de la fe en la presencia real de Cristo en la Eucaristía por las calles y plazas de nuestros pueblos y ciudades. De esta manera, desde el siglo XIII, tiempo en el que comenzó a celebrarse el Corpus, la comunidad cristiana ha expresado la convicción de que Jesús no puede quedar encerrado en las paredes de una iglesia, sino que pasa en medio del pueblo santificando las calles con su presencia.
El día del Corpus está muy relacionado con el día de Jueves Santo, día en que recordamos el momento en el que Jesús quiso que lo suyos continuaran celebrando la cena a través del tiempo, haciendo realidad y vida sus palabras: “haced esto en memoria mía”. El evangelista Juan, en ese gran discurso que conocemos como el del pan de vida, pone en boca de Jesús estas palabras: “y el pan que yo daré es mi carne para la salvación del mundo”. Cuando en la Última Cena, en el Jueves Santo, Cristo lavó los pies a sus discípulos nos dejó el mandamiento nuevo del amor: “que os améis uno a otros; como yo os he amado, amaos también los unos a los otros” (Jn 13,34). Pero, dado que esto sólo es posible si permanecemos unidos a Él, como los sarmientos a la vida (cf. Lc 15, 18), decidió quedarse con nosotros en la Eucaristía para que pudiéramos nosotros permanecer en Él. El encuentro con el Señor en la Eucaristía nos recuerda que el amar a Dios y al prójimo son inseparables.
Quienes participamos de la espiritualidad franciscana sabemos de la devoción que tenía San Francisco de Asís a la Eucaristía. Los tiempos en los que vivió fueron complicados, en el sentido de que la celebración de la Eucaristía sufría numerosos abusos y prácticas supersticiosas. San Buenaventura nos trasmite la devoción de Francisco con estas palabras: “Su amor al sacramento del cuerpo del Señor era un fuego que abrasaba todo su ser, sumergiéndose en sumo estupor al contemplar tal condescendencia amorosa y un amor tan condescendiente. Comulgaba frecuentemente y con tal devoción, que contagiaba su fervor a los demás, y al degustar la suavidad del Cordero inmaculado, era muchas veces, como ebrio de espíritu, arrebatado en éxtasis”. (LM 9,2)
Benjamín Echeverría, capuchino
sábado, 27 de mayo de 2023
miércoles, 24 de mayo de 2023
ABIERTOS A LA ESPERANZA
La solidaridad nace en las personas por muchos motivos. La realidad nos llama a salir de nosotros mismos para volcarnos en auxilio de los demás. Pero la solidaridad también tiene otra vertiente: la de la esperanza. Todo movimiento a favor de los demás está llamado a la búsqueda y logro de una nueva situación mejor para todos, que hoy no se da. Y, por otra parte, la acción solidaria nos ayudará a ir aquilatando la esperanza que nos mueve; porque no todas las esperanzas son de la misma calidad.
Hay esperanzas que son mero optimismo. Se alimentan del sueño de algo nuevo deseable, pero que no ha sido contrastado con las dificultades y reveses de la realidad. En este tipo de esperanza puede más el deseo que otra cosa. No siendo mala, es de poco alcance. Cuando se frustran los deseos, cuando no se logra lo que se había soñado, nos rompemos por dentro. Si no somos capaces de reformular lo que pretendemos, la realidad nos aplastará y la solidaridad se reducirá a mero sueño.
También hay esperanzas que solo pretenden alcanzar lo que se puede controlar; la esperanza está atada al pragmatismo, a lo medible y evaluable. Está prohibido soñar. El porvenir solo será una modalidad de lo presente donde impera una especie de “es lo que hay”. En este tipo de solidaridad no hay lugar para la esperanza más allá de lo que conocemos. No hay proceso hacia lo nuevo. Así, la solidaridad será mera gestión de la realidad.
La solidaridad requiere una esperanza que es deseo y sueño de un cambio de la realidad; y a la vez, haciéndose cargo de las limitaciones y dificultades reales para avanzar en ese cambio. Sin embargo, es más que un mero equilibrio; es la apertura a lo nuevo que no será tal como lo soñamos, pero requerirá de nuestros esfuerzos. En el fondo, la solidaridad está pidiendo la Esperanza de que Dios sigue operando.
Hay esperanzas que son mero optimismo. Se alimentan del sueño de algo nuevo deseable, pero que no ha sido contrastado con las dificultades y reveses de la realidad. En este tipo de esperanza puede más el deseo que otra cosa. No siendo mala, es de poco alcance. Cuando se frustran los deseos, cuando no se logra lo que se había soñado, nos rompemos por dentro. Si no somos capaces de reformular lo que pretendemos, la realidad nos aplastará y la solidaridad se reducirá a mero sueño.
También hay esperanzas que solo pretenden alcanzar lo que se puede controlar; la esperanza está atada al pragmatismo, a lo medible y evaluable. Está prohibido soñar. El porvenir solo será una modalidad de lo presente donde impera una especie de “es lo que hay”. En este tipo de solidaridad no hay lugar para la esperanza más allá de lo que conocemos. No hay proceso hacia lo nuevo. Así, la solidaridad será mera gestión de la realidad.
La solidaridad requiere una esperanza que es deseo y sueño de un cambio de la realidad; y a la vez, haciéndose cargo de las limitaciones y dificultades reales para avanzar en ese cambio. Sin embargo, es más que un mero equilibrio; es la apertura a lo nuevo que no será tal como lo soñamos, pero requerirá de nuestros esfuerzos. En el fondo, la solidaridad está pidiendo la Esperanza de que Dios sigue operando.
Carta de Asís, mayo 2023
Suscribirse a:
Entradas (Atom)

