martes, 26 de marzo de 2019

PADRE NUESTRO

Si hay algo que toca el corazón de Francisco es la relación personal con Dios. Dios es el amor no amado, es Aquél que lo ha dado todo, hasta lo inimaginable, por amor a nosotros. Dios nos ama de tal modo que no le ha importado que su propio Hijo tenga que morir por nosotros, por puro amor.

Es desde esta clave de relación de amor desde donde vive Francisco a Dios. Y por eso tiene alma de enamorado, porque se sabe envuelto en ese amor incondicionalmente entregado de Dios.

Francisco mira a Jesús, y ve en Él el reflejo de ese amor. Ve en Jesús al hombre que ha encarnado el amor entregado de Dios haciéndose el último, el más pequeño, el más pobre. Ve en Jesús a Aquél que ha vivido las bienaventuranzas en carne propia, a Aquél que se ha abajado hasta lavarnos los pies, a Aquél que nos ha amado hasta dar su vida “como cordero llevado al matadero”.

Francisco se ha visto envuelto en este amor de Dios, y por eso ha querido ser pequeño como Jesús, último como Jesús, amor apasionado como Jesús, hombre de paz como Jesús, hermano de todos como Jesús.

Y por eso, en su oración le gusta dirigirse a Dios como lo hacía Jesús, llamándole Padre, sintiéndose confiadamente en sus brazos, proclamando su grandeza -Tú eres el bien, Tú eres fuerte, Tú eres santo…-, deseando que se haga realidad su presencia en este mundo -“el amor no es amado” era su gemido- y poniendo en sus manos su día a día y su vida.

Desde lo más hondo de su ser le brota continuamente la oración, porque se sabe amado, y sabe que ese amor es el que ha transformado su vida.

Carta de Asís, marzo 2019 

jueves, 21 de marzo de 2019

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO

VIVIR EL CARISMA FRANCISCANO ES… Hacer lo posible para hacer de nuestro planeta un mejor lugar para vivir. Contribuir en lo personal, como familia y comunidad en tener una mayor consciencia en el uso de nuestros recursos naturales.

En hacer grandes cosas y al igual pequeñas, como reciclar la basura, llevar nuestras bolsas de tela al supermercado, no usar tanto el automóvil, en no desperdiciar, en cuidar nuestros jardines y áreas verdes, en ser más humanos con los animales… y todo esto no tanto por pura responsabilidad ecológica, sino como respuesta concreta de filiación con Dios, quien es el artífice de toda la Creación.

El patronazgo de San Francisco en la ecología es de sobra conocido, y no ha estado exenta de romanticismos y edulcorada en imágenes piadosas que solo rozan superficialmente una de las dimensiones del carisma franciscano más profundas: En la creación, cada ser tiene su parte de bondad, de utilidad, y es digno de ser amado por Dios y por las demás criaturas. Ser guardianes de la creación tiene su fundamento teológico en el alma que responde de forma coherente cuidando, respetando e incluso defendiendo nuestra casa común por ser un don gratuito y confiado por Dios.

Vivir el carisma de Francisco es, entre otras cosas más, cuidar la integridad de la creación porque así, en belleza y perfección, Dios la pensó. Es proponer y realizar acciones ecológicas concretas dentro de un espíritu de caridad y en comunión con nuestros hermanos y con “todas sus criaturas”. Es reconocer a Dios en todas las cosas creadas, incluyéndonos a nosotros mismos y en el prójimo, despertando en la alabanza y la gratitud porque en fin, todo lo que ha salido de las manos de Dios tiene un sentido y es bueno.
espirituyvidaofm.wordpress.com