martes, 17 de octubre de 2023

GRATUIDAD

La fraternidad es mucho más que una mera convivencia pactada donde cada uno pone de sí y recibe de los demás. Ciertamente, tiene que haber una cierta corresponsabilidad en la marcha de la vida en comunidad. Una familia, una pareja, una fraternidad donde unos ponen todo y otros solo reciben sin aportar en absoluto no tiene mucho futuro. Es necesario conocer los límites y las condiciones de la convivencia. Pero tampoco tiene futuro una vida en común si siempre estamos mirando a la correspondencia exacta a lo que cada cual pone de su parte. Las relaciones pierden frescura si todo queda marcado por la contrapartida a lo que cada cual pone de su parte. La convivencia funcionará, pero no genera vida comunitaria.

La fraternidad necesita vivir en gratuidad. Es esa actitud de no querer medir, de no llevar cuentas; es aceptar que somos diferentes y que siempre no podemos aportar en la misma medida. Gratuidad es aprender a respetar que todos tenemos diversos modos de sumar, de entregarse, de darse. La gratuidad también sabe de tiempos, de los diversos ritmos, caracteres, habilidades y límites de los integrantes de la comunidad. No siempre se puede dar en la misma cantidad y de la misma manera. Gratuidad no es que no espere respuesta, sino que no exijo respuesta como condición para amar.

Dios sabe absolutamente de gratuidad. Solo hace falta darse cuenta de lo que nos da sin esperar recibir de nosotros en la misma proporción. No podríamos corresponderle en absoluto, pero nos sigue amando gratuitamente. Y esa desproporción es absoluta. Ojalá que alguna vez se nos dé la gracia de caer en la cuenta de este misterio de Dios. Nos cambiará la vida. Esta luz nos ayuda a vivir en la fraternidad con gratuidad.

Carta de Asís, octubre 2023

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