martes, 6 de enero de 2026

CAMINOS NUEVOS

La fe que dimana del evangelio es, por ello, una fe para los caminos, para el cambio, para vivir en desamparo y en fraternidad. Se ha querido ver a la Iglesia como roca firme que perdura por milenios. Pero, en realidad, el evangelio se nos dio para andar con humanidad nuestros caminos. Somos caminantes en la fe, creyentes que no se instalan en dogmas a perpetuidad, samaritanos compasivos que se vuelcan a los caídos en el camino.

El escritor romano Terencio dijo siglos antes de Cristo: “Nada humano me es ajeno porque soy humano”. Quizá lo más importante en los caminos y sus peligros no sea mantenerse vivo, sino mantenerse humano. La razón de humanidad es la que da sentido a nuestros caminos. Eres humano, caminas bien; no lo eres, tu camino va desviado.

Un camino nuevo que nos cuesta todavía recorrer es el llamado a revertir y controlar el cambio climático por el que muchos pobres y muchos conciudadanos nuestros (6.000 al año en España) mueren a consecuencia de una mala gestión de los gases de efecto invernadero y de los residuos. Son caminos nuevos que se ponen ante nosotros. Al comenzar el año habríamos de animarnos a transitar estas sendas nuevas. Vayamos abrazando los caminos de una economía circular: reutilización, reparación, renovación y reciclaje, en lugar de “extraer-fabricar-desechar”. Nos va en ellos el vigor de nuestra humanidad y de nuestra fe.

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