Cuando uno entra en sus redes sociales -Instagram, YouTube o cualquier otra- sabe, más o menos, qué se va a encontrar.
Pero esto no es algo reservado solo a profesionales del marketing. En realidad, todas las personas tenemos una marca personal, aunque no la hayamos diseñado conscientemente. Basta con tener una cuenta de WhatsApp, un perfil en alguna red social o, simplemente, participar en un grupo. Desde el momento en que estamos ahí, nos mostramos. Queramos o no, comunicamos algo de nosotros mismos a quienes nos leen o nos observan con curiosidad.
También los frailes.
Por eso se me ha ocurrido este pequeño ‘juego’ de lectura bíblica que comparto con vosotros hoy, festividad del Bautismo del Señor: mirar la figura de san Juan Bautista con las gafas del marketing. No para convertirnos en influencers, ni mucho menos, sino como un ejercicio para pensar, sonreír y tomar conciencia de algo importante: nuestra presencia -también la digital- deja huella y puede convertirse en lugar de evangelización.
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