miércoles, 18 de marzo de 2020

EL AMOR EN TIEMPO DE CRISIS

Otra seña de identidad de nuestro tiempo eran las prisas, falta de tiempo, aceleración,… Ahora tenemos la oportunidad de pararnos y dedicar tiempo a aquello que dejábamos para lo último en nuestra rutina diaria, puede que esta crisis nos haga establecer prioridades de dedicación del tiempo alternativas, y quizá también plantearnos si no deberían cambiar para siempre. Basta meterse en Instagram para descubrir que los juegos de mesa se han hecho trending topic. Y estos están siendo instrumento de reencuentro de las familias.

¡Qué bonita oportunidad de pasar tiempo juntos, de volver a pensar lo que significa ser familia, de fortalecer vínculos y olvidar rencillas!

¡Qué oportunidad para dedicarse tiempo a uno mismo, a revisar el proyecto de vida, a conocernos mejor, a descubrir el aliento de Dios en cada una de nosotras! Podremos hacer hueco al silencio, dejar espacio para curarnos y, en definitiva, salir reforzados cuando esto pase.

¡Qué oportunidad para leer, ver series y expandir nuestra cultura!

¡Qué oportunidad para …!

… para caer en la cuenta de lo afortunados que somos y valorar lo que tenemos. Podemos aprender mucho del momento presente, creo que sobre todo en cuanto a lo privilegiados que somos, porque perder o sentir amenazados nuestros privilegios debería inspirarnos una enorme empatía con aquellas personas que no gozan de nuestra suerte. Para acabar deseo que no olvidemos esta situación cuando salgamos de ella, que no olvidemos que un día tuvimos hambre y nos dieron de comer, que tuvimos sed y nos dieron de beber, que estuvimos desnudos y nos vistieron. Ojalá que la humanidad que despierta en nosotros no se aletargue y nos empuje avanzar en la historia de la Salvación.

Enrique Fraga Sierra
Tomado de rpj.es

lunes, 16 de marzo de 2020

LA OPORTUNIDAD DE PENSAR EN EL BIEN COMÚN

Todavía somos muchos los que vivimos entre el asombro y la preocupación por lo vivido estos días, sobre todo en las grandes ciudades donde parece que esto del coronavirus es más serio de lo que pensábamos en un principio. Hemos pasado en horas del «todo está controlado» a vaciar supermercados compulsivamente, de considerar las manifestaciones como un festival de unidad, de libertad y de orgullo a un espacio de riesgo e inconsciencia, de los exámenes a la ausencia de clases, de bromear como solo los españoles sabemos hacer a criminalizar el sentido del humor…

No es exagerado afirmar que aquí se entremezcla la crisis sanitaria con la política, y en unos días con la económica. Sin embargo, más allá de intentar no perder el norte, tomar precauciones, asimilar la información de forma clara y de no dejarnos llevar por el alarmismo hay un aspecto muy positivo, podemos recuperar el bien común como valor de nuestra sociedad. Muchos sabemos que en principio no es una enfermedad severa si estás sano, pero sí que es peligrosa si eres población vulnerable. Esto nos sitúa a todo el mundo ante el reto de intentar transmitir lo menos posible un virus –o mejor dicho coronavirus– que se mueve como pez en el agua. Es hacernos conscientes que nuestras decisiones condicionan la salud pública, que es patrimonio de todos.

En una época profundamente individualista nos encontramos en una situación en la que más que nunca nuestras decisiones cuentan. Se trata de una oportunidad como sociedad de pensar más en el otro, y considerar que muchas de nuestras acciones tendrán repercusión, para bien y para mal, en alguien que no conocemos sin saber cuándo ni cómo. Ojalá descubramos que detrás de la salud pública está el cuidado del bien común, algo que ocurre con la ecología, la economía, la política y así una lista larga de posibilidades que a menudo nos negamos a ver.

Álvaro Lobo, sj



sábado, 14 de marzo de 2020

DAME DE BEBER

Es Jesús mismo quien siente sed y pide agua a la samaritana. Resulta algo inusitado. Se para a hablar con una mujer, lo que estaba prohibido para los judíos. Es una mujer pecadora, fulminada por la gente, especialmente por la que se consideraba de más clase que la gente vulgar. Para remate, era una samaritana, cuando los judíos y los samaritanos no se podían ni ver.

Jesús desafía los prejuicios y tabúes de su tiempo, inicia el encuentro y le pide de beber. Ante aquella mujer, tan frágil y por eso mismo tan despreciada, Jesús no se presenta con prepotencia. Al contrario, es un Jesús fatigado, sediento, necesitado. Dios se muestra frágil y sediento en Jesús.

Jesús se fatigó como nosotros. Aprendo así que el cansancio es humano, que es bueno y necesario sentarse a descansar: que tiene que haber momentos gratificantes a lo largo de la jornada; que hay que agradecer la tertulia y el café, y la buena película y el partido o juego relajante; y las vacaciones en calidad; el sueño, siempre reparador.

Jesús no se limitó a sentir la fatiga humana, sino que acoge y alivia a los hombres y mujeres fatigados. Por eso invita: “Venid a mí los que estáis cansados y agobiados, que yo os aliviaré” (Mt 11,28). Venid a mí y descargad sobre mis hombros y mis espaldas vuestro peso, vuestro agobio, vuestra debilidad, vuestra preocupación. Descargad sobre mí todo lo que os cansa y os deprime. Yo seré vuestra fuerza y consuelo, vuestra esperanza y alegría.

La sed de Dios se encuentra con la sed de la mujer, con nuestra sed. El que pide de beber está listo para ofrecer un agua nueva y eterna que regenera y transforma la vida.

La actitud y las palabras de aquel hombre cautivan a la samaritana. Esta mujer lleva en su corazón una historia de relaciones heridas. Jesús se va revelando al ritmo de las inquietudes que descubre en la mujer. El misterioso maestro no la condena, sino que le habla con palabras nuevas que llegan hasta su corazón sediento de relaciones intensas.

La mujer, tras el encuentro, anuncia a un “Mesías” que conoce sin condenar y que orienta la sed hacia las aguas que saltan hasta la Vida eterna,

La samaritana será un símbolo del hombre que no consigue apagar su sed. Todo hombre está herido de insatisfacción: Vamos de un pozo a otro, de un bar a otro, de un mercado a otro, buscando nuevos productos para calmar la sed que nos tortura, pero al final seguimos con más sed.

En la samaritana descubrimos sed de de felicidad, sed de amor – iba ya por el sexto hombre -, sed religiosa, sed del Mesías, sed de Dios.

Jesús ofrece a la samaritana el agua viva… Se necesita una cosa: ir a Jesús, creer en Él, pedirle de beber. Aceptar que Jesús es el Dios que te salva, que te ama, que está contigo. Aceptar su amor confiado y responder con amor confiado.

martes, 10 de marzo de 2020

PEQUEÑOS DUENDES

A nuestro centro acuden diariamente ciertas personas, o como me gusta llamarlo a mí, pequeños duendes mágicos. En la sociedad actual, nos hemos acostumbrado a que lo más importante son los números. Cuánto tienes, cuánto vale lo que tienes, aunque no necesitemos ciertos artículos cuantos más tengamos mejor.

Hacemos fotos, que muchas veces no son realistas ni objetivas con el único motivo de colgarlas en redes sociales y que se vuelvan virales aunque en poco tiempo ya nadie recuerde esa foto.

En el Centro Social San Antonio somos muy afortunados, pues aquí existe un grupo de personas que piensa diferente, piensa en “calidad” y no en “cantidad”. Aquí somos de “otro equipo”. Somos pequeños. Esto no quiere decir pequeños de tamaño, que seamos pocos o que nuestros actos carezcan de importancia. Formar parte de este grupo significa que eres una persona que valora otras cosas y no lo que la sociedad te exige. Que eres capaz de mirar el mundo con otros ojos y valoras lo sencillo, lo humilde, lo pequeño.

En el Centro Social San Antonio existen diferentes voluntariados donde poder integrarse y colaborar. Aquí todos podemos hacer algo buscando el espacio adecuado donde desarrollar mejor las capacitaciones de cada uno. Existen espacios que pasan más desapercibidos y en cambio otros requieres más esfuerzo físico. Todo depende del tiempo de dedicación, gustos, y trabajos a desarrollar. Pero toda colaboración tiene un único objetivo y es el de poder aportar nuestro granito de arena por una sociedad más justa y digna.

Con el voluntariado se presenta la oportunidad de poder compartir espacios y vivencias con otras personas que pasan dificultades y de esta manera colaborar en su proceso para que esa situación tan difícil por la que atraviesan sea lo más corta y menos dolorosa posible.

Comprobar que gracias a esa labor humanitaria que realizan los voluntarios, esos rostros duros, tristes y desorientados pueden devolver una sonrisa o simplemente les da fuerza para luchar por salir adelante, constata que con pequeños gestos podemos ayudar a construir una sociedad más justa y equitativa.

Ser voluntario del Centro Social es vivir y comprobar en primera persona que es posible este cambio, apostando por lo sencillo y lo humilde. Y eso sólo se consigue haciéndose pequeño...

Óscar Matés
Centro Social San Antonio de Zaragoza

lunes, 9 de marzo de 2020

CAMINOS PARA EL SILENCIAMIENTO

El silenciamiento es la acción y el efecto de silenciar. Es decir, hay que construir el silencio poco a poco. Si no se hacen trabajos de silenciamiento, el ruido nos come el alma y termina invadiéndolo todo. Propongamos algunos caminos a la sombra de frases luminosas que la gente espiritual ha dicho del silencio. Esto podía ser un buen trabajo espiritual en esta Cuaresma.
  1. El camino de las distancias saludables: «No toda distancia es ausencia, ni todo silencio es olvido». Puede venir muy bien el silencio para apaciguar situaciones que tienen, hoy por hoy, difícil salida.
  2. El camino del logro que viene lento: «El silencio es el sol que madura los frutos del alma». Hay que se paciente activo. Para ello, el silencio que celebra lo que viene lento puede ser, a la vez, apaciguador y animador.
  3. El camino de un saludable control: «Manejar el silencio es más difícil que manejar la palabra». El silencio puede ser una herramienta de control para que no muramos, como el pez, por la boca.
  4. El camino de la voz que se levanta contra lo injusto: «Lo más atroz de las cosas malas de la gente mala es el silencio de la gente buena». Lo peor es la gente que se queda callada cuando hay que hablar. El silencio no está reñido con bajar a la arena cuando hay que hacerlo.
  5. El camino de quien ama una Palabra que pasa por el silencio: «Aquel que no entiende tus silencios, lo más seguro es que tampoco entienda tus palabras». Para entender la Palabra hay que mirar tenazmente al Dios del silencio.
  6. El camino de saber aguantar las preguntas: «El silencio es oro cuando no puedes pensar en una respuesta correcta». Porque las preguntas son beneficiosas aunque no tengan respuestas. Para seguir en la búsqueda de las preguntas hay que manejar el silencio.
  7. El camino de otra mirada: «Es hermoso mirar las cosas bellas desde el silencio». Porque el silencio puede ayudar al logro de esa otra mirada “integral” de la que habla el papa Francisco.
  8. El camino de la interconexión: «La respiración continua del cosmos es aquello que llamamos silencio». “Todo está conectado” proclama la Laudato Si’. El cosmos es silencio más que ruido. Afiliarse al silencio es acercarse a ese abismo de vida en el que estamos montados.
  9. El camino extraño de la oración silenciosa: «Alguna vez, ¿callaré en el silencio?». Porque a la oración le va muy bien el silencio cuando este se halla habitado. Es la “casa sosegada” de san Juan de la Cruz.
Cuaresma 2020
Fidel Aizpurúa, capuchino