martes, 13 de diciembre de 2022
viernes, 9 de diciembre de 2022
DESEO CELEBRAR
Ya que tenemos claro que el hombre tiene deseos, hay uno especialmente peculiar y es el deseo de celebrar. Me viene a la mente el relato del evangelio donde Jesús les comunica a sus apóstoles, a sus amigos, el deseo de celebrar, en este caso, de celebrar la Pascua. Y es que Jesús también tuvo en su vida cantidad de deseos, para sí mismo y para los demás y los deseos seguro que le ayudaban a mover su mundo para cambiar y mejorar las cosas, como nosotros.
“Desear celebrar” es algo muy inherente al hombre y de ahí que forme parte de toda la historia de la humanidad, de todas las clases sociales, de todas las edades de la historia y se hace especialmente presente en algunos tiempos y días.
Tenemos tantas ganas de celebrar y nos parece tan importante que hasta en estos últimos años las celebraciones llenan nuestras publicaciones en las redes sociales y parece que no celebramos si no lo compartimos. Si no se ve, no existe, dicen algunos.
Pero el deseo de celebrar es mucho más profundo y nace de las propias entrañas del ser humano. Deseo celebrar una llegada, deseo celebrar un encuentro, deseo celebrar un año más de reunión familiar en la que estemos todos… pero hay un deseo por encima y que nos mueve desde hace muchos años y que Francisco y Clara especialmente lo entendieron: “deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera cómo fue reclinado en el pesebre”. Y al igual que años antes Jesús pidió que se dispusiera todo para preparar la Pascua, Francisco encargó que se dispusiera todo para celebrar también esta pascua, este paso que supuso para la humanidad el nacimiento de Jesús.
Aunque este año no todo esté como te hubiera gustado…¡¡¡celebra!!! Porque por encima de las formas, está el motivo de la celebración y ese motivo sobrepasa nuestras expectativas. Por encima de la tristeza, del desencanto, de la nostalgia, de la falta de salud, no podemos negar que lo que celebramos es el Nacimiento del Hijo De Dios.
“Desear celebrar” es algo muy inherente al hombre y de ahí que forme parte de toda la historia de la humanidad, de todas las clases sociales, de todas las edades de la historia y se hace especialmente presente en algunos tiempos y días.
Tenemos tantas ganas de celebrar y nos parece tan importante que hasta en estos últimos años las celebraciones llenan nuestras publicaciones en las redes sociales y parece que no celebramos si no lo compartimos. Si no se ve, no existe, dicen algunos.
Pero el deseo de celebrar es mucho más profundo y nace de las propias entrañas del ser humano. Deseo celebrar una llegada, deseo celebrar un encuentro, deseo celebrar un año más de reunión familiar en la que estemos todos… pero hay un deseo por encima y que nos mueve desde hace muchos años y que Francisco y Clara especialmente lo entendieron: “deseo celebrar la memoria del Niño que nació en Belén y quiero contemplar de alguna manera cómo fue reclinado en el pesebre”. Y al igual que años antes Jesús pidió que se dispusiera todo para preparar la Pascua, Francisco encargó que se dispusiera todo para celebrar también esta pascua, este paso que supuso para la humanidad el nacimiento de Jesús.
Aunque este año no todo esté como te hubiera gustado…¡¡¡celebra!!! Porque por encima de las formas, está el motivo de la celebración y ese motivo sobrepasa nuestras expectativas. Por encima de la tristeza, del desencanto, de la nostalgia, de la falta de salud, no podemos negar que lo que celebramos es el Nacimiento del Hijo De Dios.
Clara López
jueves, 8 de diciembre de 2022
SOLEMNIDAD DE LA INMACULADA
Saludo de san Francisco a la bienaventurada Virgen María
Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien.
Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya.
Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios.
Salve, Señora, santa Reina, santa Madre de Dios, María, que eres virgen hecha iglesia y elegida por el santísimo Padre del cielo, a la cual consagró Él con su santísimo amado Hijo y el Espíritu Santo Paráclito, en la cual estuvo y está toda la plenitud de la gracia y todo bien.
Salve, palacio suyo; salve, tabernáculo suyo; salve, casa suya.
Salve, vestidura suya; salve, esclava suya; salve, Madre suya y todas vosotras, santas virtudes, que sois infundidas por la gracia e iluminación del Espíritu Santo en los corazones de los fieles, para que de infieles hagáis fieles a Dios.
martes, 6 de diciembre de 2022
GRECCIO, HACE 800 AÑOS
La Familia Franciscana durante los próximos años vamos a celebrar el octavo centenario de una serie de acontecimientos que marcaron la vida de Francisco hasta su muerte. El primero de estos aniversarios es el de la Celebración de la Navidad.
El primer biógrafo de San Francisco, Tomás de Celano, describe con todo entusiasmo cómo celebró el santo la Navidad el año 1223 en un pueblo llamado Greccio.
Francisco quiso reproducir lo más fielmente posible un segundo Belén, con un buey y una mula, en una cueva, en plena naturaleza y en medio de la noche. Quiso que la gente de Greccio y los hermanos de los eremitorios más cercanos participaran de lo que allí se celebraba y que esa celebración los animara a una mayor fe y devoción. Una parte de esa celebración nocturna a cielo abierto fue precisamente, la celebración de una misa, en la que Francisco participó como diácono, leyendo el Evangelio y predicando. Su predicación no fue una predicación doctrinal, sino mímica. Lo hizo con el corazón y con las manos, con el rostro y con los gestos, con las palabras y con todo su ser. Aquella celebración fue mucho más que la representación del misterio del nacimiento del niño Jesús. De hecho, dice Celano en ese relato que la fe apagada en los corazones de muchos se despertó a una nueva vida.
La tradición popular considera a san Francisco como el “inventor de los belenes”, desde lo que vivió aquel día.
El Papa Francisco hace tres años firmó en ese mismo lugar, en Greccio, una Carta apostólica, “Admirabile signum”, sobre el significado y el valor del Belén en Navidad. Cada año, cuando llegan el tiempo navideño muchas familias se afanan por preparar el Belén. Es todo un rito que se vive con expectación, sobre todo se hay pequeños en casa. Incluso en las vacaciones de Navidad, una de las cosas que hacemos es visitar los belenes en iglesias o en lugares donde las asociaciones de belenistas nos muestran todo un arte en la creación y recreación de los mismos.
Para el Papa esta es una tradición que ayuda de manera “dulce y exigente” a trasmitir la fe de padres a hijos. “Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad”.
Al celebrar este año la Navidad y al recordar aquella fecha de 1223, grabada en la espiritualidad franciscana, “también nosotros abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos”.
El primer biógrafo de San Francisco, Tomás de Celano, describe con todo entusiasmo cómo celebró el santo la Navidad el año 1223 en un pueblo llamado Greccio.
Francisco quiso reproducir lo más fielmente posible un segundo Belén, con un buey y una mula, en una cueva, en plena naturaleza y en medio de la noche. Quiso que la gente de Greccio y los hermanos de los eremitorios más cercanos participaran de lo que allí se celebraba y que esa celebración los animara a una mayor fe y devoción. Una parte de esa celebración nocturna a cielo abierto fue precisamente, la celebración de una misa, en la que Francisco participó como diácono, leyendo el Evangelio y predicando. Su predicación no fue una predicación doctrinal, sino mímica. Lo hizo con el corazón y con las manos, con el rostro y con los gestos, con las palabras y con todo su ser. Aquella celebración fue mucho más que la representación del misterio del nacimiento del niño Jesús. De hecho, dice Celano en ese relato que la fe apagada en los corazones de muchos se despertó a una nueva vida.
La tradición popular considera a san Francisco como el “inventor de los belenes”, desde lo que vivió aquel día.
El Papa Francisco hace tres años firmó en ese mismo lugar, en Greccio, una Carta apostólica, “Admirabile signum”, sobre el significado y el valor del Belén en Navidad. Cada año, cuando llegan el tiempo navideño muchas familias se afanan por preparar el Belén. Es todo un rito que se vive con expectación, sobre todo se hay pequeños en casa. Incluso en las vacaciones de Navidad, una de las cosas que hacemos es visitar los belenes en iglesias o en lugares donde las asociaciones de belenistas nos muestran todo un arte en la creación y recreación de los mismos.
Para el Papa esta es una tradición que ayuda de manera “dulce y exigente” a trasmitir la fe de padres a hijos. “Comenzando desde la infancia y luego en cada etapa de la vida, nos educa a contemplar a Jesús, a sentir el amor de Dios por nosotros, a sentir y creer que Dios está con nosotros y que nosotros estamos con Él, todos hijos y hermanos gracias a aquel Niño Hijo de Dios y de la Virgen María. Y a sentir que en esto está la felicidad”.
Al celebrar este año la Navidad y al recordar aquella fecha de 1223, grabada en la espiritualidad franciscana, “también nosotros abramos el corazón a esta gracia sencilla, dejemos que del asombro nazca una oración humilde: nuestro “gracias” a Dios, que ha querido compartir todo con nosotros para no dejarnos nunca solos”.
Benjamín Echeverría, capuchino
jueves, 1 de diciembre de 2022
DESEO
Desear es un verbo, deseado es un adjetivo y deseo es un sustantivo y las tres palabras nos llevan a la misma realidad, una realidad que comienza en el interior de cada uno de nosotros y nos llevan a luchar cada día por algo que nos ilusiona o que creeemos que necesitamos o solamente nos apetece. Y por este impulso surgen de nosotros una cantidad enorme de distintas emociones. Yo también soy una de esas personas que se levantan cada día con un anhelo profundo, con un deseo o con varios y a lo largo de la vida he ido aprendiendo a que ni todos se pueden conseguir ni se pueden hacer realidad en el momento en el que queremos.
Cuando deseo algo material puedo pararme y pensar si de verdad puedo hacerlo realidad o me conviene pero cuando lo que deseo es algo más profundo no me queda otra que ponerme en manos de Dios y esperar y no porque Él me lo vaya a conceder, que hace mucho que dejé de creer en el Dios que concede deseos, sino porque en Él puedo esperar, con Él puedo continuar.
Lo más curioso es que últimamente, casi nada de lo que deseo se hace realidad por el camino o en el momento que lo deseo, sino que más bien viene por otros derroteros. Hace poco tiempo viví la experiencia de largos días de hospital que puedo asegurar que no deseaba para nada, pero un tiempo después tengo que confirmar que varios de mis deseos más profundos que necesitaba hacer realidad sí que se han hecho realidad pero en un tiempo y en una forma que no imaginaba.
María deseó y vio cumplida la promesa, Francisco deseó y preparó en Greccio un pesebre en el que hizo posible una noche la adoración del misterio más grande que tuvimos en la Tierra.
Sigamos deseando, sigamos haciendo realidad nuestros propios deseos y los de los demás pero no olvidemos que desear no es lo mismo que conseguir; en el desear va incluido el confiar y el esperar, actitudes esenciales para este tiempo de Adviento.
Cuando deseo algo material puedo pararme y pensar si de verdad puedo hacerlo realidad o me conviene pero cuando lo que deseo es algo más profundo no me queda otra que ponerme en manos de Dios y esperar y no porque Él me lo vaya a conceder, que hace mucho que dejé de creer en el Dios que concede deseos, sino porque en Él puedo esperar, con Él puedo continuar.
Lo más curioso es que últimamente, casi nada de lo que deseo se hace realidad por el camino o en el momento que lo deseo, sino que más bien viene por otros derroteros. Hace poco tiempo viví la experiencia de largos días de hospital que puedo asegurar que no deseaba para nada, pero un tiempo después tengo que confirmar que varios de mis deseos más profundos que necesitaba hacer realidad sí que se han hecho realidad pero en un tiempo y en una forma que no imaginaba.
María deseó y vio cumplida la promesa, Francisco deseó y preparó en Greccio un pesebre en el que hizo posible una noche la adoración del misterio más grande que tuvimos en la Tierra.
Sigamos deseando, sigamos haciendo realidad nuestros propios deseos y los de los demás pero no olvidemos que desear no es lo mismo que conseguir; en el desear va incluido el confiar y el esperar, actitudes esenciales para este tiempo de Adviento.
Clara López
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