domingo, 25 de diciembre de 2022

DIOS CERCANO

Te creíamos distante, escondido, perdido en ese rincón último
donde están los que no quieren saber nada con las personas pecadoras.

Te creíamos tan lejos, tan en las nubes, que no nos hacemos a la idea
de que seas un Dios entre “nosotros/as”.

Pero Tú has bajado.
Tú has entrado en el mundo, que es nuestro mundo,
no sólo para visitarnos,
sino para ser de los nuestros/as,
compartiendo todo con nosotros/as,
menos nuestra condición de pecadores.

Ahora ya se te puede encontrar por nuestros caminos.
La música nos ayuda y nos alegran el día a día.
Ahora ya late tu corazón, en el hombre y en la mujer de hoy.
Seguirte es un reto en la sociedad en la que estamos actualmente.

Dios con nosotros, enséñanos a reconocerte, a seguirte con alegría e ilusión.
Dios con nosotros y cercano, danos un corazón de misericordia
y condúcenos a la verdadera libertad para seguirte.

jueves, 22 de diciembre de 2022

EL NIÑO QUE NACIÓ EN BELÉN

Belén, pequeña población a unos ocho kilómetros de Jerusalén de donde nadie pensaba que saldría nada bueno. Como dijo el profeta Miqueas: «Mas tú, Belén de Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño.»(Mi. 5,2). Y desde este lugar quiero llegar a la experiencia que me lleva a escribir hoy.

Si de Belén nació un Niño que cambió la historia de la humanidad por completo, de lo pequeño, de lo que no me espero e incluso de lo que no me gusta puede nacer algo que también marque mi vida. Es curioso pararse ante el significado de que nazca un niño, que nazca de repente y en un lugar sin importancia alguna para la economía de Israel. Ni Belén era un sitio importante para nacer, ni en aquellos tiempos era importante más allá de su familia que naciese un niño y además, que naciera al abrigo de unas montañas donde pasaba desapercibido para la población. De la nada, nace el todo. De lo que no me apetece o me pasa desapercibido puede surgir un antes y un después en la vida, nada es suficientemente insignificante para que no pueda dar un gran fruto como la semilla de mostaza.

Por eso es tan importante estar atentos y vigilar. Quizá, distinto hubiera sido si este niño hubiera nacido en Jerusalén y hubiera sido hijo de reyes. Un heredero con título ya es otra cosa. Una noticia que se expande con la aprobación de los medios de comunicación y de los personajes de moda del momento, constituye otra vivencia y otra aprobación en el conjunto de la sociedad, pero ahora estamos ante lo que surge en el silencio, revestido de cotidianidad e incluso procedente de lo que tenemos casi que esconder, como es el caso de una mujer joven embarazada en secreto y el nacimiento en un establo como cualquier peregrino sin nadie que lo acoja.

Desde aquí, mi invitación para los días que quedan: ¿cuál es mi Belén de donde puede surgir la vida? ¿qué parcelas de mi vida duermen bajo las paredes del establo y están esperando la luz porque creo que no me hacen valiosa?

Y para acabar, en esta última semana, que no se nos escape el misterio que supone que todo un Dios Creador haya querido para quedarse entre nosotros hacerse como su propia criatura. ¿Querría un carpintero ser como uno de sus muñecos de madera? ¿Por qué Dios querría hacerse como uno de sus hombres?

Merece la pena celebrar y llevar la Luz a cada uno de nuestros rincones.

Ahora sí, Feliz Navidad.

Clara López

martes, 20 de diciembre de 2022

CONFLICTOS CONMIGO MISMO

¿Por qué será que solo en unas pocas épocas de nuestra vida podemos decir que no tenemos conflictos pendientes con nosotros mismos? En su gran mayoría no son grandes problemas, pero siempre hay algún asunto que otro que no nos deja en paz: alguna relación difícil o rota que vivo como herida sangrante, algo en mí que no me gusta y no puedo evitar, alguna situación del entorno o familiar que es fuente de sufrimiento para mí aunque nadie se dé cuenta, algún mal que he hecho y no tiene vuelta… Hay personas que aparentemente viven felices, como si siempre estuvieran contentos consigo mismos, sin nada que les resulte oscuro; pero a menudo resulta ser mera escapatoria para no enfrentarse con los demonios interiores y así poder sobrevivir.

Habitualmente intentamos darle cauce a eso que nos incomoda la vida. Aplicamos algunos remedios, buscamos salidas a las situaciones de dolor, abordamos los problemas con la mejor buena voluntad, etc. En muchos casos los nudos se desatan y la vida vuelve a adquirir la paz deseada. Sin embargo, en otros muchos casos no somos capaces de encontrar la salida y el problema se convierte crónico. ¿Qué hacer?

Nos debatimos entre dos extremos. Por un lado, está la conciencia de nuestra limitación y pecado. Jugar en verdad con nosotros mismos nos enseña a ser humildes. Por otro lado, está la confianza en la misericordia de Dios por encima de nuestras deficiencias insalvables. Ello nos invita a vivir sumamente agradecidos con El. Todo depende de si apoyo mi vida en el logro del ideal que espero de mí, o desde la confianza en Dios en fe. Me muevo entre las dos tendencias. Ojalá que vaya aprendiendo a vivir responsablemente intentando dar salida a mis conflictos interiores, pero sabiendo que la fuente de mi vida está en la misericordia de Dios. Ni crispación por no dar la talla, ni dejación del esfuerzo por espiritualismo. Al final, ojalá sea la misericordia quien venza al juicio.

Carta de Asís, diciembre 2022

sábado, 17 de diciembre de 2022

FRATELLI TUTTI EN IMÁGENES DE ANTONIO OTEIZA

LAS RAÍCES: Se olvida que «no existe peor alienación que experimentar que no se tienen raíces, que no se pertenece a nadie. Una tierra será fecunda, un pueblo dará fruto, y podrá engendrar el día de mañana sólo en la medida que genere relaciones de pertenencia entre sus miembros, que cree lazos de integración entre las generaciones y las distintas comunidades que la conforman; y también en la medida que rompa los círculos que aturden los sentidos alejándonos cada vez más los unos de los otros» (FT 53)

jueves, 15 de diciembre de 2022

MEMORIA

En las dos semanas anteriores de Adviento nos hemos parado ante una actitud que forma parte de lo más profundo de nuestra existencia, “el deseo” y una acción que llena de alegría nuestra vida, “celebrar” y damos esta semana un paso más y nos predisponemos ante el objeto de lo que queremos celebrar, “la memoria”. Nadie se pone a celebrar porque sí, cuando celebramos, celebramos algo y nosotros, los cristianos, hacemos “memoria”.

Está muy de moda últimamente la memoria histórica y por desgracia algunos de los temas que se han tratado en ella han dividido a la población. Ahora no, si algo nos une a los cristianos es el reconocimiento del nacimiento del Hijo de Dios y de ello hacemos memoria.

Relacionado con el término “memoria” está “memorial”, una palabra bíblica que aparece en el libro del Éxodo. Es una palabra que me parece preciosa, que conecta con algo para mí muy auténtico, porque se refiere no al mero recuerdo de la acción de Dios en el pasado, sino a la actualización en el rito de ese pasado para que otras personas puedan participar en él. De ese modo, cualquier forma de celebrar que yo tenga en estos días, cualquier rito que haga, se convertirá en un memorial del misterio del Nacimiento y podré participar de él tal cual como lo hicieron hace más de dos mil años.

Qué bien lo entendió Francisco cuando dispuso todo en Greccio frente al pesebre que preparó. Con razón lloraba y se emocionaba pues de ese modo traía hasta lo más profundo de sus entrañas el Misterio pudiendo así participar de él.

Cuando llegan estas fechas hay una tendencia a la tristeza, al desánimo y a la huida y a mí desde hace años, lo que me salva, lo que me centra es hacer real esta memoria. La Navidad no es en sí una fiesta familiar, aunque sí se celebre en familia. No es una fiesta gastronómica, aunque prefiramos cuidar durante esos días lo que comemos y menos aún es la fiesta de los regalos, aunque sea un medio de demostrarnos el cariño. Nada de eso hace la Navidad.

Si consiguiésemos poner el acento en lo único que de verdad forma parte de la Navidad que es la memoria del Nacimiento de Jesús, muchas de nuestras frustraciones no tendrían lugar o sería más fácil vencerlas. A ello os invito y me lo recuerdo a mí misma: este año DESEO CELEBRAR algo que me llevará a vivir y participar como si estuviera en Belén, un Nacimiento que hace que mi vida sea diferente, lo demás, adornos que prefiero pero que intentaré no necesitar.

Clara López