jueves, 22 de diciembre de 2022

EL NIÑO QUE NACIÓ EN BELÉN

Belén, pequeña población a unos ocho kilómetros de Jerusalén de donde nadie pensaba que saldría nada bueno. Como dijo el profeta Miqueas: «Mas tú, Belén de Efratá, aunque eres la menor entre las familias de Judá, de ti me ha de salir aquel que ha de dominar en Israel, y cuyos orígenes son de antigüedad, desde los días de antaño.»(Mi. 5,2). Y desde este lugar quiero llegar a la experiencia que me lleva a escribir hoy.

Si de Belén nació un Niño que cambió la historia de la humanidad por completo, de lo pequeño, de lo que no me espero e incluso de lo que no me gusta puede nacer algo que también marque mi vida. Es curioso pararse ante el significado de que nazca un niño, que nazca de repente y en un lugar sin importancia alguna para la economía de Israel. Ni Belén era un sitio importante para nacer, ni en aquellos tiempos era importante más allá de su familia que naciese un niño y además, que naciera al abrigo de unas montañas donde pasaba desapercibido para la población. De la nada, nace el todo. De lo que no me apetece o me pasa desapercibido puede surgir un antes y un después en la vida, nada es suficientemente insignificante para que no pueda dar un gran fruto como la semilla de mostaza.

Por eso es tan importante estar atentos y vigilar. Quizá, distinto hubiera sido si este niño hubiera nacido en Jerusalén y hubiera sido hijo de reyes. Un heredero con título ya es otra cosa. Una noticia que se expande con la aprobación de los medios de comunicación y de los personajes de moda del momento, constituye otra vivencia y otra aprobación en el conjunto de la sociedad, pero ahora estamos ante lo que surge en el silencio, revestido de cotidianidad e incluso procedente de lo que tenemos casi que esconder, como es el caso de una mujer joven embarazada en secreto y el nacimiento en un establo como cualquier peregrino sin nadie que lo acoja.

Desde aquí, mi invitación para los días que quedan: ¿cuál es mi Belén de donde puede surgir la vida? ¿qué parcelas de mi vida duermen bajo las paredes del establo y están esperando la luz porque creo que no me hacen valiosa?

Y para acabar, en esta última semana, que no se nos escape el misterio que supone que todo un Dios Creador haya querido para quedarse entre nosotros hacerse como su propia criatura. ¿Querría un carpintero ser como uno de sus muñecos de madera? ¿Por qué Dios querría hacerse como uno de sus hombres?

Merece la pena celebrar y llevar la Luz a cada uno de nuestros rincones.

Ahora sí, Feliz Navidad.

Clara López

No hay comentarios:

Publicar un comentario