Una ola de abatimiento, de conformismo, de pesimismo, de pensar que no se puede hacer otra cosa ha caído sobre la población en general siendo el parapeto de cualquier reforma que recorte los derechos adquiridos. Es preciso luchar contra esa manera de sentir. Y no, tal vez, con la pretensión de arreglar lo que parece que no tiene mucho arreglo, sino con el deseo de que no muera la esperanza y la sed de justicia, de que no se apague en las gargantas de los pobres el grito de su dignidad oscurecida. Esto ha de tener algún lado práctico para que no quede en un mero anhelo. La reflexión puede ayudar, la oración también. La Cuaresma de este año puede ser entendida y vivida en este momento como un volver, convertirse, más humanamente a ese pueblo que somos nosotros y que, en muchos de sus sectores, sufre fuertemente. Jesús, a quien le fue vital el sufrimiento ajeno, nos anima a ello. (Fidel Aizpurúa)
miércoles, 22 de febrero de 2012
viernes, 17 de febrero de 2012
COMENZAR ALGO NUNCA ES FÁCIL
Comenzar algo nunca es fácil. Y mucho menos en estos tiempos de crisis que corren. Pero quizá justamente por eso, y hoy más que nunca la crisis no puede, no debe afectar a los sueños, ilusiones y esperanzas de aquellos que desean empezar algo nuevo. Como dice la canción “es tiempo de cambiar”. Cambiar la dura realidad del consumismo que nos ha hecho dependientes de cosas inservibles y que parece que sin ellas andamos perdidos. Cambiar el feroz e inhumano individualismo. Cambiar el lema del “sálvese quien pueda”. Cambiar, cambiar, cambiar… pero cambiar hacia dónde, por qué… Uno de los cambios más radicales que han existido en la historia fue el de Francisco. Por todos es sabido el antes y el después de la conversión. El estilo de vida disoluta, sin sentido, sin ningún fin aparente. Tal vez la pregunta más importante sea: ¿Tiene hoy sentido un cambio como el que decidió dar Francisco? ¿Tiene, hoy en día, elementos válidos para poder buscar y encontrar la felicidad que se nos escapa por las rendijas del poseer? ¿Podemos llevar a cabo tales ideales? ¿Seríamos capaces de vivir con lo necesario y compartir el resto? Probablemente haya preguntas que sea mejor no hacer, sin embargo, son ese tipo de preguntas, las que llenan y dan sentido a nuestra vida, son las que marcan “los antes y los después”, los horizontes y las metas de vidas plenas. Ante esas preguntas ninguna vida debe ser indiferente. Contestar aquellas preguntas que llenan de luz y sentido la vida de cada uno de nosotros son las que, a su vez, siendo sinceros con nosotros mismos y poniéndolas en práctica, las que nos harán centrar la atención en la verdadera y profunda crisis: aquella en la que vivir carece de sentido. Pero superar este sin sentido no está en manos de políticos, economistas… Debemos asumir la responsabilidad que tenemos en nuestra forma de vida y darnos cuenta de todo aquello que necesitamos cambiar. Cambiando uno mismo es como cambiaremos el mundo. Esa convicción ha de poseernos hasta el límite de llevarnos a actuar. (Hno. Enrique García)
jueves, 16 de febrero de 2012
19 DE FEBRERO, CONTRA TODA HUMILLACIÓN
Aunque el nivel de conciencia de dignidad va subiendo en nuestra sociedad, aún persisten viejos modos de vivir en humillación de unos ante otros. Tan mala es ésta como la soberbia. Es preciso aprender a caminar erguidos sin orgullo. Todavía existen políticos que se consideran como “los reyes magos” que van repartiendo por ahí dones al aire de su generosidad o del humor del momento. No se percatan que gestionan los bienes públicos y que la suya es una función de servicio. Esas actitudes prepotentes generan humillación. También la iglesia oficial ha de revisarse, pues sus viejas estructuras están pensadas como modos de vida que exigen sometimiento y obediencia. No han incorporado algo elemental, que la vivencia de la fe es una realidad comunitaria, no una jerarquía religiosa donde hay superiores y súbditos.
Entender bien a Jesús habría de llevarnos a erradicar cualquier humillación, religiosa, social, política, y hacernos más sensibles al hermoso y evangélico valor de la dignidad. (Fidel Aizpurúa)
jueves, 9 de febrero de 2012
DOMINGO 12 DE FEBRERO: CON MANDO A DISTANCIA
Muchas personas parece que viven con mando a distancia: políticos que todo lo hacen desde sus despachos oficiales, mezclándose con la gente únicamente cuando van a pedir el voto; eclesiásticos que elaboran sus documentos sin haber pisado la arena y la calle que pisa el pueblo; administrativos que se rigen en su trabajo más por las leyes que por las necesidades reales de los ciudadanos; educadores que reducen su educación a trasmitir conceptos sin bajar al terreno vital de los alumnos/as; padres y madres de familia que creen que su trabajo es únicamente mantener el aspecto económico de la comunidad familiar sin percibir las otras necesidades de sus miembros. El denominador común de estas actitudes es que uno no se quiere “pringar”; se trabaja y vive con mando a distancia.
En el Evangelio Jesús toca leprosos, sordos, difuntos, ciegos, mujeres; también Él es tocado. Tocar indica la total cercanía y la mezcla definitiva. Desde ahí es desde donde se puede hacer la oferta del Reino. Entender a Jesús sería animarse a “tocar”, a bajar a la arena de la vida sin temer las consecuencias de nuestros trabajos por la dignidad. Jesús y la comunidad nos amparan. (Fidel Aizpurúa)
domingo, 5 de febrero de 2012
7.000 MILLONES DE AMANTES
Ayer mientras volvía en autobús a casa miré a mi derecha, y en la acera, había una pareja besándose; miré a la izquierda y me encontré con otra pareja que se mostraba su cariño en la calle. No pasaron treinta segundos y otra pareja más, que estaba en el mismo autobús dos asientos más allá, también se besaba con todo su amor.
Una sensación apareció: ¡qué maravilla, cuanto amor se derrama por las calles! ¡Cuántas personas hay dando su amor, haciendo que todos seamos un poco más felices! Y me di cuenta que cada uno de nosotros somos como ‘una célula’ generadora de amor. Cada uno somos un ser que tiene como finalidad amar. Nuestro Buen-Dios-Amor no se ha guardado para sí la capacidad de regalar amor, sino que nos ha hecho a cada uno de nosotros fuentes de amor. Es decir, somos 7000 millones de generadores de amor en este planeta, 7000 millones de amantes. ¿Y si nuestro sentido último fuera que a cada rincón de la tierra llegara el amor? ¿Que ningún espacio, ni persona se quedase sin el mayor regalo que podemos recibir? ¿Y si fuéramos una especie de virus del amor que hace que todo el mundo quede infectado, tocado de este maravilloso veneno?
Es verdad que podemos no actuar como amantes que somos y así es como ocurren todas esas cosas que vemos todos los días en los telediarios. Pero también es verdad que cuando actuamos queriendo, nos sentimos bien por dentro y sobre todo hacemos más dichosos a los que han tenido la suerte de estar cerca de nosotros: dos muy buenos indicadores de que en esos actos hay algo de lo más genuino del ser humano. (Hno. Javier Morala)
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