miércoles, 9 de febrero de 2022

BEATO FRAY LEOPOLDO DE ALPANDEIRE

Granada entera lo lloró. Lloraba la luna mientras jugaba en los arabescos de los patios de la Alhambra y las sombras seguían escondiendo secretos de amor y miedo, miradas y tristes lamentos detrás de los arrayanes; lloraba y cantaba el agua escondida en sus patios, en sus cármenes y en sus fuentes. Granada entera lo lloró. Y si un día Boabdil derramó lágrimas por Granada, fue Granada, con un largo “quejío” de copla gitana en el Albaycín, la que lloró y añoró por sus calles el paso benéfico y casi imperceptible de un amigo de Jesús de Nazaret: Fray Leopoldo de Alpandeire.

Con el beso de la hermana muerte, el humilde limosnero de las tres Ave Marías, se durmió en el Señor. Era el 9 de febrero de 1956 y tenía 92 años. Una gran multitud acudió a su funeral, dando así testimonio de la fama de su santidad en el pueblo.

Tanta santidad de vida no podía quedar encerrada en un frasco de perfume. Dios abrió el frasco del aroma de su santidad para que pudieran percibirla en su Iglesia todos los cristianos. Y Fray Leopoldo fue beatificado en Granada, el 12 de septiembre de 2010, fiesta del Dulce Nombre de María, a quien profesó una gran y tierna devoción.

Alfonso Ramírez, capuchino

lunes, 7 de febrero de 2022

LA EUCARISTÍA FUENTE Y CULMEN DE NUESTRA VIDA

En una familia numerosa hay uno de los hijos, el primogénito, que ama y admira sin reparos a su Padre. Para celebrarlo quiere hacerle un regalo precioso. Pero antes de presentar el don al padre pide que todos sus hermanos y hermanas le pongan su firma en el regalo. Llega así al padre como el don de todos sus hijos, aunque uno solo pagó el precio.

Ahora, de la imagen a la realidad. Jesús es el hijo primogénito que ama y admira sin reparos al propio padre. Todos los días quiere hacer el don más precioso que exista, el de su misma vida. Pero antes de ofrecerlo, pide a todos sus hermanos, que somos nosotros, que pongamos nuestra firma sobre el don para que llegue al Padre celeste como un don de toda su familia… aunque que fue uno sólo el que pagó el precio ¡y qué precio!

¡Es lo que pasa en cada Misa! Nuestra firma está simbolizada por las pocas gotas de agua que, unidas al vino, forman una sola bebida; y también en el solemne “Amén” que la asamblea pronuncia o canta como conclusión de la doxología final. Debemos recordar sólo una cosa: quien firma algo, luego debe honrar la propia firma y esto significa que, pasando de liturgia a la vida, debemos esforzarnos por entregar verdaderamente nuestro “cuerpo” y derramar nuestra “sangre” por los hermanos.

Raniero Cantalamessa, capuchino
 

domingo, 6 de febrero de 2022

DEJARON LAS REDES Y LO SIGUIERON

Un pequeño lago, una ensenada, un joven predicador, unos cuantos pescadores sin especial cualificación: así comienza la aventura de la Iglesia que san Lucas va a relatarnos en su obra.

Releyendo esta página evangélica alguno, quizá desalentado, se pregunte: ¿Dónde pescar hoy? y ¿cómo? Eso es lo que pretende esclarecer san Lucas, mostrando la confianza en Jesús como antídoto contra el desánimo o la autosuficiencia, y el estilo de Jesús como la única estrategia con futuro.

Los resultados no habían correspondido a los esfuerzos. Resignado, Simón regresó a puerto y atracó la barca, sin percatarse, quizá, de la presencia del Maestro, o al menos sin prestarle mucha atención, ocupado en el lavado de sus redes (¡sus redes le enredaban...!). Pero Jesús se acercó pidiéndole un favor, la barca, para, desde ella, hablar "a la gente que se agolpaba para oír la Palabra de Dios". Simón se la cedió...Y la barca infecunda de Simón se convirtió en la primera cátedra del Evangelio.

"Cuando acabó de hablar, dijo a Simón: rema mar adentro, y echad las redes". Pero Simón, que no había dudado en cederle la barca, no estaba, sin embargo, dispuesto a recibir lecciones de pesca (y menos de un carpintero). ¡Si conocería él los caladeros del lago..., y acababa de recorrerlos en vano! Al final aceptó, declinando toda responsabilidad, consciente de la inutilidad de la faena. "En tu nombre -porque Tú lo dices-...echaré las redes". ¡Y esto fue lo que le salvó! Las redes se llenaron hasta reventar, y él paso a ser pescador de hombres.

Sí, hay dos modos de pescar, y de vivir: en nombre propio o en nombre del Señor. Vivir concediendo nuevas posibilidades a la realidad, abriéndose a ella con la esperanza de descubrir siempre nuevos caladeros, o dándola por sabida, por agotada, por irrecuperable... Y ambos modos de pescar y de vivir producen resultados diferentes. ¡Cuántos esfuerzos baldíos por falta de estilo, de "modos", de esperanza...!

Aunque nuestros caladeros parezcan sobradamente recorridos; aunque el resultado no parezca compensar los esfuerzos..."echad las redes", pero en el nombre del Señor y a su estilo. Obsesionados no por obtener resultados inmediatos, sino ilusionados por situar nuestra vida en una actitud de esperanza, no dando por definitiva ni por perdida ninguna situación.

“Rema mar adentro”. Sí, hay que adentrarse en la realidad. Eso fue la encarnación del Hijo de Dios: adentrarse en nuestra realidad, y desde dentro la salvó. Hay excesivos espectadores, quizá también entre nosotros, sentados en la orilla, y pocos “pescadores”. Y pescar, como dice san Pablo, no es engañar con cualquier cebo sino anunciar de palabra y de obra a Jesucristo.

Hay dos modos, dos estilos, de vivir: enredados o desenredados, en la orilla o mar adentro, al estilo propio o al estilo de Jesús, pero sólo uno es fructífero: vivir y actuar en el nombre del Señor, a su estilo, creyendo en las posibilidades y bondad de lo creado. ¡Ojalá que ése sea el nuestro

Nunca como hoy al hombre puede definírsele como un ser “enredado”. Las redes son múltiples, no solo las redes sociales, las de la informática. Están las redes del dinero, del sexo, del poder, del miedo…

“Dejaron las redes y lo siguieron”. Así presentan Mateo (4,20) y Marcos (1,18) el inicio del seguimiento. Lucas lo radicaliza: “dejándolo todo, lo siguieron” (5,11). El seguimiento de Jesús exige desenredarse de las redes que nos enredan. Exige abandonar esas redes “estériles” con las que hemos pasado la noche bregando sin coger nada. Una decisión dura porque supone la fractura con el pasado. Y esta es una decisión libre, que ha de asumir todo aquel que quiera ser discípulo de Jesús. Es el umbral que hay que traspasar para entrar en el espacio de la libertad evangélica. Para seguir a Jesús hay que desenredarse, hay que estar disponibles.

Hay dos modos, dos estilos, de vivir: sentados en la orilla o remando mar adentro, enredados o desenredados, al estilo propio o al estilo de Jesús, pero sólo uno es fructífero: vivir y actuar en el nombre del Señor, a su estilo, creyendo en las posibilidades y bondad de lo creado. ¡Ojalá que ése sea el nuestro!

REFLEXIÓN PERSONAL

  • ¿Qué redes son las que me enredan?
  • ¿Vivo al estilo del Señor?
  • ¿Estoy disponible para la misión?
Domingo Montero, capuchino
 

viernes, 4 de febrero de 2022

SAN JOSÉ DE LEONISA

Eufranio Desideri, que es su nombre de bautismo, nació en Leonisa (Italia) el 8 de enero de 1556.

El 3 de enero de 1572 ingresó en el noviciado de los Hermanos Menores Capuchinos en Asís, a pesar de la oposición de sus familiares que intentaron arrancarle del convento por la fuerza y se vieron vencidos por su decisión, su palabra y su actitud. Un año más tarde, 1573, emite la primera profesión, siendo ordenado sacerdote el 24 de septiembre de 1580.

Recibe el título de predicador en 1581 y en 1587 es enviado como misionero a Constantinopla, donde sufrió el martirio del “gancho” (el reo era condenado a ser suspendido de un poste clavado de una mano y un pie hasta morir de hambre y de dolor). Liberado milagrosamente, regresó a Italia y consumió su vida en la predicación por el territorio de los Abruzos y la Umbría.

Después de una larga enfermedad, falleció en el convento de Amtrice 14 de febrero de 1612. Fue beatificado por Clemente XII (1737) y canonizado por Benedicto XIV (1748). Pío XII lo proclamó patrón de las misiones de Turquía (1952).

Además de su carácter indómito, destaca en su vida su íntima unión con Dios, cultivada en su espíritu con una vida de oración incesante. Es la “fuente de energía” en la que bebe lo que transmite a los demás.

De esa fuente de energía manaba lo que transmitía a los demás en la predicación. José de Leonisa fue, antes que nada, un predicador, un anunciador de la buena noticia, dedicándose especialmente a los sencillos, a los más necesitados de recibir el mensaje.

El tercer aspecto destacable en su vida es su amor y dedicación los pobres, a los más necesitados por los que sentía una especial predilección. Son numerosos los casos que los biógrafos destacan de este aspecto de su vida. Solamente recordamos uno: Un día encuentró a un pobre mendigo, viejo y moribundo, tirado al borde del camino; lo cargó a sus espaldas y, atravesando la ciudad, lo llevó hasta el convento donde
cuidó de él con exquisita delicadeza.

Su caridad se extendía también a las cárceles, donde asistía a los condenados a muerte y buscaba siempre, incluso arriesgando su vida, que las familias rivales hicieran las paces y que desaparecieran las injusticias, opresiones y discordias. Con el Crucifijo en la mano, empuñado como una espada, no dudaba cuando tenía que afrontar y meterse en situaciones difíciles para conducir a la gente a la paz y al perdón. 

miércoles, 2 de febrero de 2022

JORNADA MUNDIAL DE LA VIDA CONSAGRADA

Celebramos hoy en la Iglesia la fiesta de la Presentación del Señor. María y José, fieles a la tradición de su pueblo, entran en el Templo con su Hijo a los cuarenta días de su nacimiento. Del mismo modo, también nosotros, cuarenta días después de la Navidad, somos llevados y presentados por nuestra Madre la Iglesia ante el Dios vivo y verdadero.

En esta fiesta litúrgica se celebra la XXVI Jornada Mundial de la Vida Consagrada, cuyo lema para este año, «Caminando juntos», nos lleva a darle gracias a Dios por el gran don de la vida consagrada con su multiplicidad de formas y carismas que nos recuerda que todos somos hermanos y que todos estamos convocados a la ayuda mutua y al apoyo recíproco sin desentendernos de nadie.

La vida consagrada quiere mantener su misión profética y su fascinación, continuando en su ser escuela de fidelidad y comunión para los cercanos y para los lejanos. Para esto, hemos sido convocados: «Caminando juntos» a la escucha del Espíritu Santo.

Que la escucha de la Palabra de Dios y el sacramento de la eucaristía, nos recuerde vivamente a todos la esencia de nuestra vocación consagrada: ser signo y ofrenda generosa al Señor para construir una convivencia humana diferente, el sueño de la fraternidad.

Como nos dice el papa Francisco, siendo testigos de esperanza para todos, mirando más allá de la comodidad personal, de las pequeñas seguridades y compensaciones que estrechan el horizonte, para abrirse a grandes ideales que hacen la vida más bella y digna. ¡Caminemos en esperanza! (Fratelli tutti, 55).



Estamos ante ti, Espíritu Santo,
reunidos en tu nombre.
Tú que eres nuestro verdadero consejero:
ven a nosotros, apóyanos,
entra en nuestros corazones.
Enséñanos el camino,
muéstranos cómo alcanzar la meta.
Impide que perdamos el rumbo
como personas débiles y pecadoras.
No permitas que la ignorancia
nos lleve por falsos caminos.
Concédenos el don del discernimiento,
para que no dejemos que nuestras acciones se guíen
por prejuicios y falsas consideraciones.
Condúcenos a la unidad en ti,
para que no nos desviemos del camino
de la verdad y la justicia,
sino que en nuestro peregrinaje terrenal
nos esforcemos por alcanzar la vida eterna.
Esto te lo pedimos a ti,
que obras en todo tiempo y lugar,
en comunión con el Padre y el Hijo
por los siglos de los siglos. Amén.