jueves, 14 de octubre de 2021

¿QUÉ DICEN LOS EVANGELIOS SOBRE LA ALEGRÍA?

El tema de la alegría no es un constitutivo explícito de los evangelios. Quizá porque es algo ajeno a la espiritualidad de la época o porque la vida de los pobres es dura y en ella encuentra poco eco la alegría. Por eso mismo el perfil de Jesús es ciertamente el de una persona pacifica y bondadosa, pero no especialmente alegre, aunque haya algunas semillas interesantes.

No nos ha de extrañar que si a esto sumamos nuestra rigidez occidental, la fe cristiana no se haya caracterizado por su rostro risueño. Por eso el papa Francisco dice que con una experiencia de Jesús fuerte y con una buena dosis de alegría se puede transmitir hoy la fe. También en esto el nuestro sea un tiempo bueno para volver a Jesús.

  • Uno de los pocos pasajes en que Jesús aparece “exultante de gozo” es a la vuelta de la misión de los discípulos porque Dios revela la fe a los sencillos (Lc 10,21-24). Es una alegría nueva, como si no se la esperara, al ver que la propuesta del reino tiene buena acogida.
  • El texto de Lc 15,8-9 habla de la alegría que experimenta la mujer que encuentra su moneda o en Lc 15,1-10 el pastor que halla a su cordero para indicar que en el cielo hay todavía más alegría cuando alguien va entrando en el cauce del evangelio.
  • Y en Jn 16,22  propone una “alegría inarrebatable”. La alegría es muy frágil. Por eso, si nadie podrá arrebatar la alegría de Jesús, tal alegría tiene que ser compatible con la pena y la limitación. Porque si no, estas borrarán la alegría del corazón del creyente.

Texto: Mt 9,14-15:  «Se aceraron entonces los discípulos de Juan a preguntarle: -Nosotros y los fariseos ayunamos a menudo, ¿por qué razón tus discípulos no ayunan? Jesús les contestó: -¿Pueden estar de luto los amigos del novio mientras el novio está con ellos? Llegará el día en que les arrebaten al novio y entonces ayunarán».

  • Para el evangelio es más importante el comportamiento existencial que las practicas ascéticas, es más importante vivir con disfrute que ser persona religiosa, si esa religiosidad mata el disfrute.
  • Ahora están con el novio (una manera evangélica de denominar a Jesús: Jn 3,27-30), no hay lugar para la tristeza. El irse del novio alude a su muerte, pero, en realidad, este novio nunca se irá, sino que bajará al fondo de la existencia (Jn 14,23). Por eso, siempre será tiempo de alegría para quien entiende lo de Jesús.
  • Una alegría permanente es imposible. Pero puede permanecer un fondo de bonhomía, de disfrute, de admiración contemplativa que haga posible una vida en alegría.

Aplicación: La asignatura pendiente de la alegría. Lo es para el común de las comunidades cristianas. Siempre se ha acusado al cristianismo de su adustez, de su dolorismo, de su negación del placer. La alegría es asignatura pendiente. Nada digamos de la espiritualidad del placer o del disfrute. ¿Qué futuro tiene la experiencia cristiana? Si seguimos manteniendo que dicha y cristianismo hoy son poco compatibles, el futuro es poco. Alejarse de la espiritualidad del gozo es desfigurar lo que Jesús representa para la humanidad. Por eso, el futuro del cristianismo está ligado a un mensaje de felicidad y de bienaventuranza. Para lo cual: abandono del Dios violento; abandono de la ética de obligación sustituyéndola por la de necesidad; abandono de la espiritualidad del dolor y del sacrificio por la de la felicidad. Es preciso elaborar una mística de la felicidad: una felicidad que se construye, que apunta sobre todo a los otros, que no se impone sino que se contagia.

Cuando hablamos de esta alegría “que no se puede arrebatar” estamos hablando de algo más que un mero componente de la psicología humana. La alegría común es frágil, fácilmente arrebatable. Se puede aspirar a un tipo de gozo estable y compatible con situaciones de evidente dificultad. ¿Es esto una quimera? La vida serena y sosegada de muchas personas marcadas por la limitación demuestra que no. Quizá para ello haya que dar un paso más allá del propio sufrimiento para descubrir en el otro la solidaridad que puede sacar a la persona de la cárcel terrible de su mal. Si se es capaz de echar la mirada a horizontes más amplios es entonces cuando se descubre la hermosura de la solidaridad fraterna. La adversidad retrocede hasta sus propios límites sin invadirlo todo.

La recuperación de las alegrías sociales es una cuestión de alta necesidad. Sobre todo la alegría de ver que entre los humanos, desde la mandíbula de Dmanisi hasta la última de las ONG de hoy, ha existido la entrega a los débiles, por mucho que el nivel al que hemos llegado no sea, ni mucho menos, el deseado. Es cierto, contra Darwin, que los grupos que tienen mejor futuro no son los más fuertes, sino los más solidarios. Por eso, al necesario aumento de la solidaridad habría de acompañar un crecimiento del gozo por la sociedad. Quien se entristece o protesta porque la sociedad vaya enfocando sus recursos (una partecita de ellos, nada más) a las causas de los pobres no solamente no entiende el Evangelio, sino que no está en los parámetros de lo humano. Cada logro social, cada pequeño avance en igualdad, en consideración y respeto, cada tratamiento positivo de quien soporta más los pesos de la historia, habría de ser celebrado como el mejor de los triunfos humanos.

Fidel Aizpurúa, capuchino

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